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martes, 17 de enero de 2017

Insultos y bravatas, pero contra una idea fija





A Raúl Gámez, presidente de Vélez Sársfield, se le fue la lengua. Y no es la primera vez. Ya le había sucedido en tiempos del grondonato y muerto el pope, acaba de descubrir que el presidente Mauricio Macri, contra quien se enfrentó en los noventa defendiendo el modelo opuesto, sigue con su idea fija de generar un vacío para que por fin entren al fútbol las sociedades anónimas que no pudo introducir desde el “llano empresario” hace dos décadas.

Gámez dice que se arrepiente por haber votado a Macri para presidente argentino pero se da cuenta de que se encuentra ante la misma trampa de muchos de sus compatriotas: no quiso votar por la continuidad del gobierno anterior, y se metió en la boca del lobo, con mucha ingenuidad porque un dirigente de su experiencia no puede descubrir ahora lo que alguien como él podía percibir de antemano.

Horas antes, en su primera conferencia de prensa de 2017, Macri había ratificado que el Estado no pondrá más dinero para el Fútbol Para Todos, tal como se anunciara en diciembre pasado que ocurriría desde el primer día de este año, y de poco vale que Gámez lo insulte o recuerde lo obvio, que lo único que le importa al Gobierno es que las SA se cuelen en el fútbol y por eso siempre apoyó la creación de la Superliga, para generar en su nuevo estatuto la chance de que las empresas copen el fútbol, sin importar  que Racing no desapareció en 2001 (aunque la síndico Liliana Ripoll lo anunciara oficialmente) porque nadie quiso poner la firma a la resolución, o San Lorenzo no se fundió de la mano de ISL porque sus socios e hinchas se movilizaron en el mismo año.

Macri no se quedó en que el Estado no pondrá más dinero para el fútbol, lo cual sería una situación inédita en la historia de las relaciones entre la industria ligada a este deporte y los gobiernos de turno (lo que se estudia en mi libro “AFA, el fútbol pasa, los negocios quedan”, de 2016), sino que además reclama que los clubes, ya exhaustos aunque por su propia impericia y sólo en el final de 2016, por el vaciamiento que también se intenta desde el poder político, paguen sus impuestos y se hagan cargo de sus obligaciones “sin excepciones”, según se desprendió de la boca del primer mandatario.

Claro que en la Argentina ninguna lectura es ni puede ser lineal. Y no es que lo que Macri dice textualmente pueda interpretarse como que el Estado se desentiende del fútbol. Todo lo contrario. Hoy, el gobierno forma parte de una extraña intervención y tiene un alto porcentaje en la toma de decisiones de una Comisión Normacrizadora que mientras estuvo internado el titular, Armando Pérez, fue manejada por el abogado Javier Medín, que le reporta directamente, aunque debe tener cuidado y sintonizar con Zurich, la sede de la FIFA, que tiene la otra parte de la intervención.

La otra bravata es la que acostumbran a lanzar los dirigentes del ascenso, que ahora amagan a parar el fútbol “por seis meses, si es necesario” en el caso de que el Estado no ponga dinero, lo cual forma parte de un absurdo doble, porque ellos mismos firmaron el pedido de rescisión del FPT con el Estado por tener, supuestamente, una oferta mejor, hace medio año, pero además, porque exigen como condición tener una conducción elegida por los propios dirigentes y eso ya forma parte del cronograma establecido por la FIFA la semana pasada, que fija la fecha electoral para el próximo 28 de abril.

Sosteníamos párrafos arriba que hay que leer con doble rasero lo que se dice desde los funcionarios o dirigentes porque aunque desde la boca de Macri parece que el Estado se desentiende del fútbol, lo cierto es que negarle dinero significa vaciarlo y propiciar, ante la desesperación económica de los clubes, las llegada de las SA a través de la ventana de la Superliga.

A propósito de la Superliga, ahora parece que entre tantas vueltas, aparece la chance de retomar el pacto que casi se lleva a cabo en junio pasado entre Hugo Moyano y Marcelo Tinelli, cuando salieron todos abrazados de la reunión con AFA-Turner y parecía que volaban los papelítos y las guirnaldas: la casa madre del fútbol quedaba para el camionero, con las categorías del ascenso desde Primera B Metropolitana, y el negocio de la selección nacional, mientras que el showman se quedaba con la Superliga en Puerto Madero, que contendría a la Primera A y al Nacional B (http://sergiol-nimasnimenos.blogspot.com.ar/search?q=Hugo+Moyano).

En aquel momento sonó un teléfono desde muy alto nivel y se les dijo que se les bajaba el pulgar porque la Inspección general de Justicia se oponía a las candidaturas aunque de fondo, el mayor problema era que el grupo mediático más importante de la Argentina se quedaba afuera del negocio de la TV, y era el grupo que había sostenido la más importante campaña presidencial.

Sin embargo, los dirigentes no escarmientan y ahora es Daniel Angelici, el todo poderoso presidente de Boca Juniors, el que retoma la chance de reflotar esta idea, aunque subió la apuesta como representante de los intereses de los clubes grandes (excepto el eje CNBA, es decir, River-San Lorenzo) y de clase media alta: Superliga por un lado, aunque sólo con la Primera A, y Ascenso por el otro, desde el Nacional B para abajo, sumado al negocio de la selección argentina.

Las posibilidades de acuerdo no cambian. Ya eran altas hasta que apareció en junio aquella llamada que interpuso la necesidad de que el gran grupo tuviera participación en el negocio, y ahora siguen siéndolo porque de todos modos, cuando en las próximas horas llegue el Estatuto reformado por la FIFA para su consideración, en principio daría la chance de que los clubes grandes equilibren la fuerza con los votos y el resto debería ir al pie, como nunca antes había ocurrido.

Para los clubes medianos, chicos o del Ascenso, se abre una etapa complicada por su muy mala relación con el macrismo, y justamente Claudio Tapia aparece como uno de los únicos interlocutores posibles de este grupo junto a Pablo Toviggino, respetado dirigente del interior e integrante de la Comisión Normacrizadora.

En tanto, Hugo Moyano y Angelici, antes muy enfrentados y ahora reunidos para encontrarle la vuelta al asunto, buscan un candidato para la Superliga aunque el mayor problema es la oposición de los presidentes de San Lorenzo, Matías Lammens y de River Plate, Rodolfo D’Onofrio, a cualquier intento de SA en el fútbol, por lo que no entran en el plan de Macri. Allí radica hoy el punto clave para obtener los votos de esos clubes “díscolos”.

Con la llegada del Estatuto vendrá la nueva batalla, la de aceptarlo como viene (cosa harto improbable porque uno de los dos sectores en pugna estará perdiendo en votos) o modificarlo según los intereses de cada uno, lo cual significará una vez más, con bravatas, insultos y negociaciones, que todo sigue igual que en el 38-38 de diciembre de 2015.


domingo, 15 de enero de 2017

El Sevilla eleva sus objetivos (Yahoo)





En el verano europeo pasado, la dirigencia del Sevilla tuvo su única duda: fue cuando se enteró de que existía una mínima chance, pero chance al fin, de que su nuevo entrenador, el argentino Jorge Sampaoli, al que fue a buscar con total convicción, abandonara el club para irse a dirigir nada menos que a su selección nacional, como es su sueño desde hace mucho tiempo.

Pero el entrenador tenía una altísima cláusula de rescisión, sabía que de irse posiblemente las puertas del fútbol europeo se le cerrarían por mucho tiempo al abandonar su lugar demasiado pronto (de todos modos, ya la AFA había hecho lo mismo con Marcelo Bielsa cuando éste dirigía al Espanyol en 1998), y al fin de cuentas, luego de dirigir a equipos pequeños en Sudamérica y tener un resonante éxito al ganar la Copa América con la selección chilena, esta era una gran ocasión para demostrar que estaba para más en su carrera.

Esta situación actual del Sevilla, cuando promedia la temporada 2016/17, es un evidente salto de calidad respecto de las anteriores en todo sentido y tiene, también, un gran mérito de la dirigencia, pero en especial de su director general deportivo, Ramón Rodríguez Verdejo, (más conocido como “Monchi” en el ámbito futbolero), que no quiso quedarse con los laureles nada desdeñables de las cinco Europa Leagues ganadas (de hecho, es el campeón vigente) y apostó por mucho más, por tratar de acercarse a las potencias como Real Madrid, Barcelona y Atlético Madrid.

De hecho, hoy el Sevilla, por títulos, riqueza de su plantilla, funcionamiento, continuidad y resultados, comienza a ocupar el lugar dejado por el Valencia, cuyos dislates institucionales lo han llevado a pelear ahora por salvarse de descender a Segunda.

No resulta entonces para nada casual este presente del Sevilla, segundo en la Liga con 39 puntos, a uno del puntero Real Madrid (que tiene un partido menos y podría alejarse hasta cuatro puntos), y también clasificado para octavos de final de la Champions League, algo que no había conseguido en ediciones anteriores en las que al no poder pasar su grupo inicial, acabó jugando (y luego ganando) la Europa League.

Tampoco es casual que el Sevilla haya vencido el pasado domingo al Real Madrid, quitándole un invicto de 40 partidos, récord  histórico en España, porque ya había estado a punto de conseguirlo a mediados de semana por la Copa del Rey pero en aquella ocasión, una genialidad de Karim Benzema en la última jugada del partido logró impedirlo.

También por la Liga, en un colmado y eufórico estadio Ramón Sánchez Pizjuán, el Real Madrid estuvo a segundos de continuar con el récord pero a diferencia del partido de Copa, se encontró con un golazo del nuevo fichaje de los andaluces, el experimentado delantero montenegrino Stevan Jovetic, quien ya ha marcado dos goles en ambos encuentros ante los blancos y quien acaba de llegar cedido con una opción de compra de 14 millones de euros.

Si el Sevilla venía mejorando su plantilla, no cabe duda de que esta vez la dirigencia ha querido complacer al cotizado entrenador Sampaoli (uno de los preferidos por los jugadores de la selección argentina, que habían pedido su fichaje), y por esta razón, los jugadores que han llegado han sido todos de gran nivel, como el brasileño Paulo Henrique Ganso, el francés Samir Nasri, o los argentinos Gabriel Mercado y Franco Vázquez.

En cuanto al juego, Sampaoli tiene un parecido a su compatriota Diego Simeone en cuanto al esfuerzo de sus jugadores y a cómo vive intensamente cada uno de los partidos, casi jugándolos a la par de sus dirigidos desde la línea de cal, pero hay una diferencia en el sentido estético.

Si Simeone es un defensor acérrimo del pragmatismo y los resultados, Sampaoli, quien proviene de la escuela de Marcelo Bielsa, cree en el aceitamiento de un sistema y en determinados métodos para que sus equipos tengan una determinada estética, más allá de la cosecha de puntos.

Pueden dar fe los chilenos, que nunca habían ganado un torneo sudamericano hasta que Sampoli sacó absoluto provecho de la localía en la Copa América de 2015 y hasta tuvo que manejar situaciones disciplinarias muy complejas como el accidente de una de sus máximas estrellas, Arturo Vidal, durante el torneo.

Pero en la final, tanto Lionel Messi como sus compañeros de Argentina tuvieron que sentir el rigor en la marca y la asfixia en la presión característica de los equipos de Sampaoli, quien no por eso impidió que brillaran un diez clásico como Jorge Valdivia o sus delanteros Vidal y Alexis Sánchez.

A diferencia del Atlético Madrid de Simeone, si biel el Sevilla presiona en todos los sectores de la cancha, también utiliza jugadores con muy buen pie como ejes, especialmente Nasri y Vázquez, pero también Ganso si es necesario.

En un fútbol mundial que va perdiendo las características de los “números diez”, Sampaoli trata de recurrir a los que puede, y busca delanteros no sólo con gol sino con capacidad resolutiva a partir de la técnica, como el recién llegado Jovetic pero también como Wissan Ben Yedder o Luciano Vietto.

El Sevilla no se ha conformado con lo que ha ganado y va por más. Parece tener con qué, y esa es una buena noticia para un fútbol español que siempre oscilaba entre los mismos ganadores.


miércoles, 11 de enero de 2017

Cada vez menos fútbol, cada vez más negocio




Los medios israelíes festejaron la nueva determinación (que deberá ser confirmada en mayo en Bahrein y a la que apelarán la ECA, la Asociación de Clubes Europeos, y la LFP, Liga de Fútbol Profesional de España) de que para el Mundial de 2026 (cuya sede se definirá en 2020), haya 48 selecciones directamente clasificadas al Mundial, desde las 32 actuales, desde el formato iniciado en Francia 1998.

No es para menos. Si para un fútbol como el israelí, sólo presente en el Mundial de México 1970 es una posibilidad cierta de participar de la fiesta de un Mundial tras haber merodeado la chance en las últimas clasificaciones, más aún es una gran noticia para países emergentes que apuestan un dineral en un duro desarrollo inicial, como China o India, que han puesto fortunas con ese propósito, aunque técnicamente estén muy lejos.

Tal como se escribió en este blog cuando Gianni Infantino fue entronizado presidente de la FIFA en marzo pasado, el dirigente ítalo-suizo no era otra cosa que el candidato del régimen, y esto significaba, más que ninguna otra cosa, seguir con aquellos lineamientos de Joao Havelange (en mayor medida) y Joseph Blatter, pero también, continuar con la línea de Michel Platini, el destituido presidente de la UEFA, riñón de donde sale el ahora titular de la casa mayor del fútbol.

Para tenerlo claro, Platini, en esta última elección de presidente de la FIFA, fue el Carlos Reutemann de Eduardo Duhalde en 2003, mientras que Infantino terminó siendo el Néstor Kirchner, es decir, la carta que le quedaba al establishment a partir de que el verdadero candidato del momento no pudo asumir, y entonces el tapado, el que nadie esperaba, el único que quedaba como potable para garantizar que no se rompiera el puente de oro entre la UEFA y la Conmebol, tomó su propio camino manteniendo los lineamientos del francés.

Hoy más que nunca puede verse el resultado de aquella reunión en el cada vez más célebre (no siempre por buenas razones, independientemente de su enorme calidad y ubicación) hotel Baur Au Lac, en Zurich, cuando llevados por la dupla de los Villar (Angel, de mando en Europa, y su hijo Gorka, empotrado en la Conmebol), se determinó que para continuar con el establishment, y ante la chance de perderlo todo ante un príncipe jordano del que no se sabe para dónde pateará, sólo quedaba la simpática figura del políglota Infantino, que garantizaba lo principal que estuvo y está en juego: preservar a la FIFA como entidad madre global, por fuera de los intereses de los clubes poderosos europeos.

Algo así como que nadie atente “contra la familia del fútbol” y como sucede con el periodismo, se invita a todos a integrarse a “la Gran Familia del fútbol” y que nadie haga negocios por fuera de él. Por esa misma razón, siempre la FIFA, desde los tiempos de Havelange (1974-1998), miró de reojo a la UEFA porque la veía como una amenaza: desde sus extraños cuestionamientos éticos (la entidad europea tiene lo suyo, pero critica lo otro) hasta su intento por dominarlo todo desde un creciente poder económico de sus clubes.

No hay que engañarse: el real conflicto de intereses en el fútbol del mundo es, desde hace ya décadas, el enfrentamiento entre “clubes poderosos” que pagan los sueldos de las grandes estrellas, y los “seleccionados nacionales” que no sólo manejan la cuestión simbólica sino que engloban el mayor de los éxitos de interés popular internacional, la gran liturgia de este tiempo comparable a las religiones: los Mundiales de fútbol.

Lo que determinó ahora la FIFA en Zurich, a propósito de la entrega del premio “The Best”, es parte de este mismo conflicto, aunque con un pequeño intento de acercamiento mucho más a la usanza de Platini que de Blatter: muchos más equipos, más dinero, más votos en el futuro, más negocio que nunca porque con la misma cantidad de días de partidos (32) y la misma cantidad de estadios (12) ahora habrá otras 16 selecciones con chances.

Si se estudia la llegada de Platini a la UEFA, justo cuando por fin Blatter puso a su entonces delfín para terminar con los cuestionamientos europeos y colocó a un Caballo de Troya en la confederación más conflictiva, una de sus primeras medidas fue introducir a los clubes de Europa de Este con más chande de competir con los poderosos. E Infantino formaba parte de esta conducción. Es decir, nada nuevo bajo el sol: lo que hizo el nuevo presidente de la FIFA fue llevar a Zurich lo que ya había visto en Nyon.

Desde el punto de vista de la estructura, y tal como festejaban los israelíes (como tantas otras federaciones de clase media baja del fútbol, o directamente baja, en cuanto a juego), puede decirse que pese a las airadas protestas de la ECA y de la LFP, sucede todo lo contrario: para las selecciones tradicionales es prácticamente el fin de las mal llamadas “Eliminatorias” (porque el objetivo es clasificarse, no quedar eliminado, y por eso en inglés es “Qualyfication”).

Si tomamos el caso de Argentina o Brasil en la Conmebol, con 6,5 plazas sobre 10 equipos, y teniendo en cuenta que el séptimo aún debería jugar un repechaje contra un flojísimo rival de Asia o Concacaf (porque también esas confederaciones tendrán más clasificados en forma directa a los mundiales y los lugares retrasados quedarán para equipos sin potencial alguno), las chances de no ir a un Mundial se redicen casi a la nada, y esto mismo es aplicable a las principales potencias europeas, como a México o los Estados Unidos en la Concacaf, o a Australia y Japón en Asia.

Para 2026, no ir al Mundial, para una potencia, será casi imposible, y por tanto, no tiene casi sentido la crítica de la ECA o la LFP, que suena mucho más a política que a efectiva: si la clasificación pierde sentido, por lo fácil que puede resultar para las potencias (al fin y al cabo, las que aportan jugadores a los clubes poderosos), eso significará también que posiblemente en la mitad de las mismas los partidos carezcan de valor real, y entonces de lugar a lógicas negociaciones “federaciones-clubes poderosos”, con concesiones de ambos lados.

Es decir, si Argentina o Brasil ya están casi clasificados o directamente clasificados en la mitad de camino, será más fácil aceptar que algunas de sus estrellas no sean cedidas y que en cambio, sí puedan formar parte de un tour por Asia que paga fortunas y en el peor caso, las fechas FIFA serán las mismas de siempre y nada cambiaría, con lo cual nunca la cosa estaría peor que antes.

Lo que sucede es que la ECA viene recelando de lo que se da en llamar “virus FIFA” por el cual se ceden los jugadores para largos viajes, supuestamente por partidos “inútiles” (que en general no lo son, porque son nada menos que para clasificarse a los Mundiales, en una mayor proporción), y en algunos casos regresan lesionados o agotados por el viaje.

Y en el caso de la LFP, es claro que el durísimo enfrentamiento de años entre su presidente, Javier Tebas, y el hombre fuerte del fútbol español, Angel Villar, juega mucho más su partido que lo que realmente pueda pasar en otros niveles.

La gran pregunta que nos formulamos es si no era más fácil para las dos partes litigantes, las federaciones y los clubes europeos poderosos, que las selecciones campeonas del mundo se clasificaran directamente a los Mundiales y de manera definitiva.

De esta forma, se habría evitado todo conflicto porque estas selecciones (hoy son ocho y hasta 1998 eran apenas seis) no habrían jugado partidos por la clasificación a los mundiales, habrían dejado entonces el problema del virus FIFA, se habrían podido negociar cesiones para determinados partidos amistosos de mucha importancia o de gran cachet y al mismo tiempo, se aseguraba una fiesta mundialista con la presencia de todos los campeones.

Lo cierto es que cada vez importa menos el mérito deportivo. Cada vez importa menos el fútbol y cada vez importa más el negocio.


domingo, 8 de enero de 2017

El Barcelona, ¿camino al fin de ciclo de Luis Enrique? (Yahoo)




No parece casual que durante la pasada semana haya trascendido la posibilidad de que Luis Enrique Martínez, el actual entrenador del Barcelona, no continúe en su cargo cuando acabe la presente temporada 2016/17.

Si bien el rumor comenzó a correr antes de los dos partidos que el equipo debía jugar oficialmente, inaugurando 2017, ambos resultados negativos y especialmente el rendimiento en buena parte de ambos, parecen ir lentamente orientándose hacia esta posibilidad.

El próximo miércoles, en el Camp Nou, el Barcelona tendrá una accesible oportunidad de clasificarse a los cuartos de final de la Copa del Rey con sólo vencer 1-0 al Athletic de Bilbao, un clásico adversario de esta competencia (de hecho, son los dos equipos que más veces la ganaron), pero ni siquiera si se cumple el objetivo en el marcador el saldo será positivo.

Sólo lo será si, por fin, el Barcelona retoma una línea de juego que se fue desdibujando a lo largo de la temporada y que tampoco encontró al equipo en su mejor forma ni en la ida en el nuevo San Mamés, donde cayó derrotado 2-1 y que sin embargo estuvo muy cerca de empatar en el final cuando quedó con dos jugadores de más.

Tampoco el Barcelona mostró su mejor nivel en el rebautizado estadio “La Cerámica” del Villarreal por la Liga Española, cuando pudo conseguir en el último minuto, por un libre directo de Lionel Messi, el empate que no logró entre semana por la Copa del Rey, cuando el propio jugador argentino hizo estrellar el último balón en el palo derecho de Gorka Iraizoz antes de que se decretara el final de los noventa minutos.

En general, los resultados muchas veces tapan rendimientos o esconden debilidades, cuando resultan a favor, aunque también pueden derivar en exageraciones negativas cuando ocurren en contra.

Lo claro en este caso, y lo venimos sosteniendo en estas columnas desde hace tiempo, es que el Barcelona no tiene un esquema, un sistema táctico que pueda ser útil o al que pueda acudir en el caso de que sus principales jugadores no se encuentren en una buena jornada, y eso es pura y exclusiva responsabilidad de su entrenador.

Y también es el problema que el Barcelona encontró al regresar del receso invernal, cuando varios de sus estrellas no se encuentran en su mejor estado físico y han aparecido lentas adelante, y superadas en velocidad atrás (como ocurrió con Javier Mascherano, especialmente notorio en el uno contra uno de los contragolpes de Sansone  ante el Villarreal).

Luis Enrique no le ha podido encontrar la vuelta a varias cuestiones del rendimiento del equipo en estas últimas dos temporadas. La primera y principal, como ya hemos señalado, es la referente a un sistema madre que pueda salvar al equipo en situaciones de crisis y entonces acaba dependiendo excesivamente de sus jugadores.

Entonces ocurre que si muchos de ellos están bajos de forma, o se lesionan los más trascendentes por andamiaje de juego, como ocurrió un par de veces con Andrés Iniesta, todo se complica demasiado.

Pero también el entrenador ha fallado en no haber podido recuperar la fortaleza de la banda derecha en el aspecto defensivo. Con la salida de Daniel Alves a la Juventus y la aceptación de la salida de Adriano, ha quedado ese lugar para Sergi Roberto, un jugador de la cantera que ha aparecido como volante, que ha encontrado un hueco en la línea de cuatro final, pero que no siente la marca y prefiere jugar con el balón, y al que muchas veces los rivales toman retrocediendo y aprovechan sus espaldas, tanto en los contragolpes como en los centros al segundo palo desde la derecha hacia la izquierda.

A la situación defensiva de Sergi Roberto, jugando como lateral derecho sin tener ese oficio, se le ha sumado este año que Ivan Rakitic no ha podido mantener una regularidad pero tampoco el Barcelona ha encontrado buenas respuestas en la mayoría de sus fichajes y esto pudo notarse especialmente en el centro del campo.

Lo cierto es que salvo casos aislados como los de Samuel Umtiti o Arda Turan, el Barcelona tampoco ha acertado en los fichajes. Ni Lucas Digné, ni Denis Suárez, ni mucho menos André Gomes o Paco Alcácer, ni anteriormente Aleix Vidal, han resultado jugadores de un nivel como el que posee la mayoría de sus jugadores con más antigüedad en el club.

Entonces, acaba ocurriendo que el Barcelona depende demasiado de su tridente sudamericano en la primera línea, y de lo que genere Iniesta como enlace, pero ya el aporte de los laterales, los errores en el medio, y la lentitud defensiva, sumada a los espacios libres que los rivales comienzan a entender que pueden aprovechar, van determinando una merma y un cansancio que exige una renovación en la plantilla.

Claro que como toda renovación, lo primero que un equipo tiene que preguntarse es a qué quiere jugar, qué es lo que pretende, qué sistema busca y para eso, qué tipo de jugadores necesitará.

Es evidente que para una importante cantidad de seguidores azulgranas, Luis Enrique es un auténtico ídolo. El hecho de que haya jugado primero en el Real Madrid pero luego se haya identificado con el Barcelona y haya sido campeón, sumados a su carácter ganador, le otorgan un plus, pero esto de ninguna manera significa que su aporte para el equipo haya sido el de los entrenadores más destacados.

A cinco puntos del Real Madrid con un partido más que los blancos, y teniendo que ir a jugar al Santiago Bernabeu, la Liga parece muy complicada, pero quedan objetivos importantes que cumplir y queda media temporada por jugar y llega el momento de la verdad.


Sin embargo, no parece nada casual que los rumores de fin de ciclo ya hayan comenzado.

viernes, 6 de enero de 2017

El juego peligroso del neogrondonismo, otra vez



El neogrondonismo, es decir, los que siempre se alinearon con Claudio “Chiqui” Tapia y que son beneficiarios del viejo, centralista y antidemocrático estatuto de la AFA, dio un paso más en su intento por acabar con la Comisión Normacrizadora, y con la suma de otros cinco clubes de Primera A (algunos de clase media como Rosario Central, Newell’s Old Boys y Colòn), llegó a los 50 miembros como para convocar a una Asamblea Extraordinaria el próximo 15 de febrero, aunque esto represente un abierto desafío a la FIFA, que por cierto no es el primero.

Ya en plena Copa América pasada, esto es en junio de 2016, la misma agrupación original intentó una jugada que no acabó bien en lo político, cuando buscó impedir que asumiera esta intervención, que a diferencia de tantas otras en la historia del fútbol argentino, esta vez aporta mayor confusión al depender en parte del Gobierno nacional (como siempre ocurrió) y en parte de la FIFA (allí radica la novedad).

Habíamos escrito en otros artículos anteriores en este blog que este mismo sector, que va sumando clubes desencantados por razones de diversa índole, es decir que no les une el  amor, sino el espanto (imposibilidad de disponer de fondos para pagar sueldos o para hacer frente al día a día a partir del impago del Estado de los últimos meses del Fútbol Para Todos, el no haber llegado a un acuerdo con ningún medio televisivo, de momento, para la temporada 2017, desacuerdo en la imposición del Gobierno de la implementación de la Superliga), ya había osado desafiar a la FIFA quejándose hasta por carta de la Comisión Normacrizadora, que es algo  así como quejarse ante la mamá sobre su propio hijo.

Este grupo de 50 clubes, que llega al quórum porque además, de los 75 asambleistas totales hay tres menos del Nacional B por no haber renovado esos cargos por distintas causas, está conformado básicamente por Ascenso Unido y si bien reglamentariamente su llamado a Asamblea Extraordinaria es posible, choca con la situación que vive el fútbol argentino desde la entrada en vigor de la Comisión, como por ejemplo, que ésta depende de la FIFA, y que su obligatoriedad pasa por entregar el mandato “no después” del 30 de junio de 2017 y que una de las condiciones sine qua non es la aprobación, antes que la elección de autoridades, del nuevo estatuto que está terminándose de redactar en Zurich y que, se insiste y se sostiene, que estará para su relectura y aprobación el próximo 16 de enero.

Si el estatuto de la FIFA puede llegar a estar en unos 10 días, ¿cuál es el apuro de los 50 clubes para llamar justo ahora a una Asamblea y no esperar a que se cumpla un requisito que saben bien que es básico para tener el beneplácito de Zurich y no arriesgar una sanción que hasta puede afectar a la selección nacional?

¿Desde dónde se explica que los clubes, que es verdad que están en una grave situación económica por no haber cobrado las últimas cuotas del Fútbol Para Todos de fines de 2016 -por el intento del Gobierno de vaciarlos para justificar el ingreso de las sociedades anónimas-, necesiten de estos dirigentes que cuando sí cobraron al día, y fortunas, dejaron un agujero sin fin aunque tenían la chancha, los veinte, y la máquina de hacer chorizos? ¿Desde cuándo esos dirigentes, o la mayoría de ellos, pueden ser considerados ya no imprescindibles, sino mínimamente viables, máxime luego del papelón del 38-38 de diciembre pasado?

Tapia llegó a manifestar, sin que se le moviera un músculo de la cara, que si no se llegó a un acuerdo con Adidas para mejorar el contrato en Herzogenaurach, o no hubo acuerdo con los derechos de TV, fue solamente “porque no se aprobó la Memoria y Balance”. Como si las marcas o los consorcios de TV no conocieran los desquicios de dirigentes que no van a congresos, no estudian lo que ocurre con el marketing y la TV, no se cultivan, y siguen fichando jugadores aunque sus clubes no tengan para pagarle a sus empleados.

Desde el punto de vista más político, cabe preguntarse si puede ser viable una AFA manejada sin ningún apoyo de los clubes grandes (todos menos Independiente, que si coquetea con Tapia es porque su presidente, el sindicalista Hugo Moyano, es el suegro del líder de la agrupación). Hay que recordar que tras la muerte de Julio Grondona, el 31 de julio de 2014, lo primero que hizo su sucesor en el cargo de presidente de la bastardeada institución, Luis Segura, fue convocar de inmediato a los presidentes de los clubes grandes para saber si contaba con su apoyo.

Es cierto también que los clubes grandes tampoco son ningunos santos y que cuando en 2016 notaron que no les daban los votos en la Asamblea, bien que intentaron dar un golpe de Estado y armar por fuera la Superliga, sin aceptar que les ganaran en las urnas.

De cualquier manera, y como se sostiene en el libro “AFA, el fútbol pasa y los negocios quedan” –que sería interesante que los dirigentes en pugna pudieran acceder y estudiar-,se mantiene desde siempre un debate sin solución porque los clubes chicos siguen creyendo que la votación debe realizarse con la metodología del Senado (la misma cantidad de representantes por provincia) y los grandes, como en Diputados (por cantidad de habitantes) y por supuesto que a las dos partes les asiste algo de razón.

Pero así como las dos partes han tenido argumentos en los 82 años de existencia real de la AFA como tal, hoy por hoy ambas carecen de legitimidad por el desastre que han causado en tantos años de dislates (sumados al corolario de 38-38) y que dieron lugar a esta última intervención rara avis in extremis, y que todavía puede derivar en mayores problemas.

De nada sirve reunir el número indicado de asambleístas sin la FIFA insiste con que primero hay que votar el estatuto nuevo como requisito para llamar a elecciones, y mucho menos sin el apoyo de los clubes más representativos.

La jugada, es claro, apunta a mantener desesperadamente el statu quo, es decir, el viejo sistema del grondonismo, de favores por favores, y del centralismo por el cual el Conurbano Bonaerense es más poderoso que clubes provinciales con miles de seguidores y una historia riquísima, pero que jamás se atreven a dar el paso definitivo hacia un fútbol distinto.

El fútbol argentino parece marchar cada día con más fuerza hacia sanciones mayores que le pueden ocasionar desastres aún peores, aunque tal vez le sirva para que cuando ocurran, la culpa la tengan los de afuera.

Otra vez sopa…

miércoles, 4 de enero de 2017

Leicester, Glasgow y Twitter, o sobre la importancia del fútbol como campo de estudio social III (Por Marcelo Wio)




2. Fútbol, identidad, y su utilización política y religiosa

Daniel Burdsey y Robert Chappell, de la Brunel University, del Reino Unido, afirmaban (Soldiers, sashes and shamrocks: Football and social identity in Scotland and Northern Ireland) que hay que destacar el continuado papel del fútbol en el proceso de construcción y mantenimiento de la identidad desde tiempos remotos (cuando era algo muy distinto del deporte que es hoy en día).

Y añadían que, aunque algunas personas buscan la competición deportiva exclusivamente por su valor intríneso, es importante reconocer que para muchos otros, el deporte, y en especial el fútbol, juega un papel mucho más importante en sus vidas. 

Así, citaban a J. Coelho, que resaltaba cómo “los equipos de fútbol adquieren una vasta y compleja significación y simbolismo sociales que terminan por superar el siemple resultado de una competición deportiva”

Y es que, como remarcaban  John Sugden y Alan Tomlinson (Hosts and Champions: Soccer Cultures, National Identities and the USA World Cup), el deporte, en muchos casos, “informa sobre y renueva la memoria popular de las comunidades, y ofrece una fuente colectiva de identificación y expresión comunitaria para aquellos que siguen a equipos”. En este sentido, Jeremy MacClancy (Sport, identity and ethnicity) sugería que los deportes “son vehículos de identidad, proveyendo a la gente con un sentido de diferenciación y una manera de clasificarse a sí mismos y a otros”.

Así, comentaban Burdsey y Chappel, apoyar a un equipo de fútbol particular, no sólo ayuda a sentir una identidad compartida con los pares, sino que funge como medio para diferenciarse de otros grupos. “En muchos casos, la identificación con un equipo en particular indica qué o quién uno es; e, igualmente importante, qué o quién uno no es”, resumían; y citaban a Brainer y Shirlow, que proponía que “apoyar a un equipo de fútbol permite a los hinchas expresar su oposición a identidades rivales, mientras celebran la propia”.

Para ello, el fútbol debe ocupar un lugar prioritario o, cuanto menos, relevante en las preferencias de una sociedad dada.

Pero, para Steve Bruce, “la mayoría de los escoceses no son aficionados al futbol”, y, además, “la mayoría de los aficionados no apoyan al Rangers y al Celtic”.  Algo que vendría a echar por tierra una amplia cantidad de investigaciones y ensayos. Uno de ellos, precisamente, el de Burdsey y Robert Chappell, que explicaban que dentro de la mayor parte de las sociedades existe una variedad de medios a través de los cuales la identidad social puede ser expresada y que, para muchos grupos (especialmente, las minorías), el fútbol puede ser la única o, al menos, la principal, válvula de escape para tales sentimientos. “Y este es, ciertamente, el caso en... Escocia e Irlanda del Norte. El fútbol es utilizado como forum de expresión de identidad social”, afirmaban.

Y ampliaban diciendo que “la lealtad futbolística juega una parte significativa en las respectivas identidades sociales para protestantes y católicos en estos países (Escocia e Irlanda del Norte).”

Es decir, el fútbol, brindaría así un contexto, un ámbito de expresión, de escenificación, de cuestiones y mecanismos sociales que de otra manera, muy probablemente permanecerían “ocultos” a la mirada cotidiana. Este marco, pues, pondría en evidencia (a la vez que serviría como una suerte de reservorio y amplificador de sentimientos,)  aspectos sociales “esquivos”, a problemáticas preexistenes que, en su versión más extrema, se manifiestan de manera violenta (esa violencia que se esqiva restringiéndola a un fenómeno exclusivamente “futbolístico”); además de ofrecer un ámbito – especialmente la grada - muy particular para ciertas desinhibiciones, para una no siempre sutil ruptura con las “reglas” que regulan las relaciones cotidianas.

Justamente,  Burdsey y Chappell referían que con el Celtic y los Rangers – los clubes con las más fuertes tradiciones político-religiosas en Escocia -, el fútbol parece ser utilizado como guardián y promotor de identidad la identidad histórica asumida por estos clubes. Y, añadían, la manera más efectiva en que los hinchas de fútbol pueden articular los elementos de su identidad es a través de su comportamiento en un partido de fútbol, ya que no sólo se encuentran juntos individuos similares, sino que se encuentra el “otro”, “lo que brinda a ambos grupos de hinchas un ambiente relativamente seguro – en la Argentina, por ejemplo, ni eso – en el cual pueden expresar los aspectos de su identidad y comportarse de una manera que no sería socialmente aceptable en otro lugar”.

El fútbol devenido en algo así como un “corralito” y en un canal de expresión para la afición, o facciones (muy visibles, que suelen actuar con la anuencia o silencio de la mayoría) de la misma, que operarían como un reflejo o como un testimonio de cuestiones sociales más profundas. De esta manera, podría incluso llegar a funcionar como coartada involuntaria de ciertos comportamientos a los que arranca de la marginalidad, del ostracismo, y  echa en pleno rostro a la sociedad que, por lo general, se hace la desentendida, encubriendo la realidad con interpretaciones y eslóganes fraudulentos y vacuos: la “violencia del fútbol”, el “problema del fútbol”.

En este sentido, Brian Phillips (The Scotish Play, Celtic vs. Rangers, and what happens when a sports rivalry gets completely out of hand; Slate, 23 de marzo de 2011) apuntaba al corazón del problema: “Ahora, politicos, la policía, los medios y la iglesia están exigiendo un cambio. Pero la rivalidad [entre el Rangers y el Celtic] refleja tensiones sociales que nadie ha hecho tanto por fomentar como las propias instituciones sociales que ahora culpan al fútbol por los males del país... Que los políticos y curas lancen un J'accuse contra los clubes, mientras ignoran las formas en que sus propios predecesores alimentaron ese mismo conflicto, es tratar un síntoma como si fuese la enfermedad”.


Y la prensa repite, tan cómodamete: “la violencia del fúbol”. Y todos tan contentos: localizado el “problema”, prudentemente vestidos de todos de “moral” y “corrección”...



Finalizando

Comentaba Levinsky, en una oportunidad, que durante los  años 1990, desde Argentina, se buscó asesoramiento en Inglaterra para atajar la violencia en el fútbol. La respuesta que llegó fue evidente (menos, claro está, para quienes creían que toda violencia es la misma, en tanto y en cuanto se manifieste en las gradas o en los aledaños de un estadio de fútbol; es decir, que la violencia se circunscribe exclusivamente a ese ámbito): los contextos no son los mismos, las causas no son las mismas. Es decir, las sociedades que engendran esa violencia, no son las mismas.

Así, estudiar al fútbol desde las ciencias sociales es, dada la relevancia de este deporte a nivel internacional, de suma relevancia, porque por intermediación suya existe la posibilidad de comprender diversos hechos sociales, así como detectar problemáticas que no se evidencian cotidianamente.

Precisamente, Daniel Burdsey y  Robert Chappell decían que sería interesante llevar a cabo un estudio etnográfico del fútbol. Los académicos se referían al ámbito de su estudio (Irlanda del Norte y Escocia), pero sin duda su inquietud cuya escala trasciende aquél ámbito, puesto que proponían un estudio con un acercamiento particularmente centrado en las historias vida/ la historia oral, con el fin de examinar las interpretaciones y reflexiones personales de individuos sobre el fútbol en contextos particulares: qué papel juega en sus vidas, qué les aporta en términos sociales, qué les exige en dichos términos; qué les evidencia.



domingo, 1 de enero de 2017

El fútbol español se debate para seguir en la élite (Yahoo)




Alguna vez, allá por 2004, cuando se acercaba una nueva edición de la Europa, en aquel caso la de Portugal, el entrenador argentino César Luis Menotti, campeón mundial en 1978, llegó a manifestar a este periodista que España debía plantearse en fútbol si definitivamente quería ser torero o toro, algo así como tener que definir de qué lado del juego quería estar.

Por muchos años, y con el título europeo de 1964 como local, al que se sumó la medalla dorada olímpica de Barcelona 1992, la selección española era 2La Roja” o “La Furia”. Pese a las buenas condiciones técnicas de muchos de sus jugadores, había que correr, transpirar, luchar, meter goles, defender.

Hoy, y desde hace ya un poco más de una década, el fútbol argentino es diferente y así es analizado por el mundo de la pelota. Juega mucho más de lo que corre, y con épocas de más o menos talento, ha podido desarrollar una filosofía propia, que tomó muchas cosas de lo que se pregona desde el barcelonismo: tenencia del balón, fina administración, no depender de fallos de los rivales, salir a ganar todos los partidos.

Primero Luis Aragonés y luego Vicente Del Bosque, y todo indica que ahora Julen Lopetegui, desde que finalizó la Eurocopa 2016 de Francia, está buscando continuar por el mismo camino, aunque se encuentra con algunos problemas lógicos: un plantel que se va alterando por el paso del tiempo y el paulatino alejamiento de grandes estrellas y el desgaste de otras, que van dando paso a una nueva generación, con las incógnitas que esto plantea.

¿Podrá de aquí en más, el fútbol español, mantener aquella primacía conseguida desde 2006 hasta el golpe que significó el Mundial de Brasil?  No parece fácil, desde que jugadores muy ganadores van dejando sus lugares, luego de haber conquistado las Eurocopas 2008 y 2012 y el Mundial 2010, todo en forma consecutiva, y mucho más que eso, el haber mantenido un estilo que generó grandes espectáculos.

De todos modos, no todo pasa por la selección española, que deberá luchar por un lugar directo en el Mundial de Rusia 2018 ante una de mucha tradición como la italiana, que ya le planteó exigencias en el empate de la primera ronda del grupo clasificatorio, si quiere evitar ir a una repesca que puede complicar las cosas.

También el fútbol español plantea para los próximos tiempos un debate acerca de la viabilidad de continuar con una Liga que parecía que por fin lograba equiparar a sus equipos de vanguardia, pero que con el paso de las jornadas y acercándose a la mitad de la temporada, comienza a notar que otra vez se alejan los más poderosos, y el resto se va quedando en el camino, aspirando a ingresar en los torneos europeos para 2017/18, sin otra opción que ésta.

Así es que el fútbol español presenta generalmente en Europa equipos muy competitivos, capaces de llegar a las instancias finales, pero la distancia de poderío económico y futbolístico entre las dos grandes potencias (Real Madrid y Barcelona) sobre el resto es tan grande, que en el medio aparece la mayoría de los clubes ingleses o alemanes y recién luego, todo el resto de los españoles.

El dinero que mueven el Real Madrid y el Barcelona ha ido generando en estos años, salvo el honroso caso del Atlético Madrid, que les ha dado una casi insólita batalla a los dos, con muchos menos recursos (aunque más que los otros diecisiete de Primera, también hay que aclararlo), una diferencia enorme que llevará muchos años, seguramente, para equilibrar y conseguir una liga más competitiva, algo que aún no logra pero busca la Bundesliga y que aunque el Chelsea se va alejando en la Premier League, también parece que puede ocurrir próximamente en Inglaterra.

Uno de los grandes problemas que puede enfrentar el fútbol español es el desgaste de algunos cracks y el lento declive de aquel juego preciosista del Barcelona, ahora mucho más frontal y buscador de la red contraria sin tanto detenimiento en la horizontalidad, aunque sigue teniendo la ventaja de contar con los cinco de los diez mejores jugadores del mundo, y al menos tres o cuatro de ellos (seguro Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, pero también Antoine Griezmann, Luis Suárez y Neymar, y acaso Marcelo, Gareth Bale, Luka Modric, Gerard Piqué y Sergio Busquets) en los primeros lugares del escalafón.

Otro de los grandes inconvenientes del fútbol español es la llegada de los mercados emergentes. La amenaza de la liga china y el colchón de dólares para llevarse figuras, puede distraer el foco de la atención en los próximos años, a lo que puede llegar a sumarse la MLS estadounidense y también, unas ordenadas ligas europeas vecinas, mientras deberá ir buscando un lento reemplazo de sus estrellas, que entran en los últimos años de sus carreras en sus potentes equipos.

Pero también institucionalmente el fútbol español debe ser muy cuidadoso. La muy mala experiencia del Valencia con la administración de Peter Lim, el protagonismo que asumen algunos intermediarios poderosos como Jorge Mendes, o la espuria relación con el Estado, son llamados de atención para que los dirigentes entiendan que la cristalinidad en los manejos, ante tantos seguidores y socios, pasa a ser fundamental, si se quiere conservar el lugar de privilegio que se ha conseguido.

Son muchos, entonces, los desafíos del fútbol español para este 2017 que comienza.