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viernes, 23 de febrero de 2018

El secreto mejor guardado de cristiano Ronaldo (Infobae)




Obsesivo, meticuloso, determinado y eterno adolescente. Son distintos adjetivos para enmarcar al portugués Cristiano Ronaldo, un notable futbolista que muchos en el mundo discuten aún si debe o no formar parte de la mesa de los elegidos en la historia del deporte masivo por excelencia, como Pelé, Diego Maradona, Johan Cruff y Alfredo Di Stéfano y al que ahora se sumó a Lionel Messi, con la misma cantidad de Balones de Oro y un promedio de gol muy parecido, y con quien compite ferozmente por el cetro del Número Uno del planeta.

Jorge Valdano, quien lo conoce de cerca por haber sido secretario general del Real Madrid y porque desde el primer día persiguió su contratación al Manchester United cuando tan sólo contaba con dieciocho años, hizo una síntesis perfecta: “Cristiano representa un fútbol modelo Siglo XXI. El superhéroe con condiciones futbolísticas que parecen surgidas de un laboratorio. Desde su aspecto de androide, pasando por una gesticulación más mecánica que artística, hasta llegar a esa zancada, ese tiro y ese salto que tienen una potencia sobrenatural, todo en Ronaldo nos remite al futuro”.

¿Cómo llegó a gestarse este fenómeno que puede llegar a competir mano a mano con un genio natural como Messi, y desde hace años incluso en su misma liga, la española? La de Cristiano Ronaldo es la historia de un hombre que se construyó a sí mismo, de absoluta autosuperación.

Cristiano es de Madeira, una isla portuguesa de la costa oeste africana, cuya capital es Funchal. En Lisboa muchos suelen decir que los madeirenses “hablan raro” y otros, que directamente “son raros”. Al estar en el cruce de caminos entre Europa, América y Africa, generó que sus habitantes buscaran fortuna en los tres continentes y hay colonias de madeirenses especialmente en Sudáfrica y Venezuela, que han llegado lejos, con mucho éxito, pero a su vez existe una gran desigualdad, con un alto porcentaje de gente que vive por debajo del umbral de la pobreza y una minoría de ricos.

Madeira vive, en parte, del “turismo de la clase baja inglesa” y en ese contexto de pobreza fue criada la madre de Cristiano, Dolores Aveiro, quien debió atravesar duros momentos en su vida para salir adelante.

Perdió a su madre a los cinco años y tuvo que hacerse cargo de sus tres hermanos a los que tuvo que rescatar de un orfanato, recibió palizas de su padre y su madrastra, con los que convivió en una casa de doce personas y hasta llegó a pensar en acabar con su vida por tanta infelicidad.

Conoció siendo adolescente a José Dinis, un chico del barrio fino, atento, y su familia, acaso para quitarse otra boca para alimentar, les dio tres meses para casarse. Tuvieron dos hijos, Elma y Hugo antes de que José tuviera que ir a la guerra a defender a Portugal ante la rebelión independentista de Angola, Guinea Bissay y Mozambique y ya al volver, nunca más fue el mismo. Aparecía ensimismado, se dio a la bebida y nacieron Katia y cuando finalmente en febrero de 1985 nació Cristiano, el médico le comentó a su madre Dolores “con un peso como este, está para ser jugador de fútbol”.
Cristiano Ronaldo Dos Santos Aveiro no llegó en un buen momento familiar. Con su padre ausente y su madre teniendo que trabajar todo el día, todo se complicaba. Dolores pensó entonces en abortar. . Una vecina le dijo  que bebiera cerveza negra hervida y luego corriera hasta desmayarse…pero no surtió efecto.

Todos recuerdan a Cristiano de niño con una pelota bajo el brazo, no haciendo caso a su hermana Katia a la hora de hacer la tarea escolar para dedicarse al fútbol y no fue de extrañar que acabara en el club de la zona, el Andorinha con tan solo ocho años. Era el club al que frecuentaba su padre, que allí hacía un poco de todo, también jugaban sus hermanos en categorías mayores, y en el que el capitán era su padrino, Fernando Barros Sousa.



Y aquí comenzó una historia que ya se proyectaría sin límites, porque uno de los grandes propulsores de cristiano fue su madre Dolores, fanática del fútbol y del Sporting y especialmente de Luis Figo (no casualmente otro número siete), quien lo protegió hasta de los reclamos de los maestros por las desatenciones del chico. Dolores sentía que el fútbol podía ser la tabla de salvación de su hijo y comprendió que hacia allí debía apuntar.

“Hijo, yo no te voy a dejar que un día me mires a la cara y me digas que no fuiste jugador por mi culpa. O por tu papá. Por eso, lucha por tu sueño”, cuenta Cristiano que le dijo su madre en el documental “La sonrisa de Ronaldo”, de 2010.

A los diez años, Cristiano arrasaba en el Andoerinha y acabó siendo contratado por el mejor equipo de Madeira, Nacional, que pagó con dos equipaciones y veinte pelotas. Lo lógico era que Cristiano recalara primero en el Marítimo, que era el club de la zona.
Davide Gomes, uno de sus entrenadores de esa época, parece dar en el clavo: “un chico normal con una familia estable, que pasa mucho tiempo en casa y que no falta a la escuela, tiene hora y media o dos horas de entrenamiento. Ronaldo venía con 10 a 12 horas por día”.

No pasaron muchos meses y ya Sporting de Lisboa lo seguía. Era claramente el mejor jugador de Madeira y entonces Joao Marques de Freitas, presidente de la peña del Sporting en Madeira, llamó entonces al responsable de fichajes del club, Aurelio Pereira, quien había contratado a Futre, Figo, Simao,  Quaresma, Nani y Moutinho. Coincidió que Nacional le debía al Sporting 25.000 euros por Franco, un jugador que no hizo carrera, y Cristiano viajó solo a Lisboa.

Quienes lo probaron, cuando tenía doce años, Cardoso y Silva, escribieron en el informe: “jugador con un talento fuera de serie y técnicamente muy desarrollado. A destacar su capacidad de regate con movimiento o parado. Gran variedad de regates, buenísimo con los dos pies, sin miedo y atrevido”.

Lo pusieron en el sub-14 y en el segundo entrenamiento, ya era líder. Los directivos del Sporting viajaron entonces a Madeira para hablar con Dolores y le propusieron poner tutores al chico, ella sería consultada siempre y podría viajar a Lisboa tres veces al año, y la mensualidad se depositaría en la cuenta familiar (en el primer año fueron 10.000 euros).

En el Sporting aprendió lo que es la disciplina, el respeto por la autoridad, el trabajo como método para alcanzar el éxito, el resultado como forma de medir.
Cristiano, siendo un adolescente temprano, estaba solo en Lisboa.  Se tuvo que planchar su ropa, hacer la cama, lavarse su ropa. “Aprendí mucho, crecí como hombre”. Tenía doce años, cuando llegó en 1997, y se fue con dieciocho, en 2003. Cuando llegó, en Sporting no había ningún chico menor de catorce.



Es en este tiempo, en plena adolescencia, cuando Cristiano comienza a construirse con más conciencia y en este sentido, es revelador lo que cuenta su ex compañero Hugo Pina en el monumental libro “Cristiano Ronaldo, la biografía”, del español Guillem Balagué, a punto de llegar a Sudamérica.

“Como madeirense, tenía un portugués distinto y en su primer día en la escuela, llegó tarde, lo mencionaron pronto, levantó la mano y cuando habló, muchos chicos se rieron y él se quería ir, se lo dijo a su madre y fue la primera crisis, pero luego se fue ganando el respeto por su juego y porque siempre fue bromista. Y además, sorprendía por las cosas que hacía, como tratar de correr tan rápido como Thierry Henry, el jugador más veloz. “Denme dos semanas y seré tan rápido como él”, decía.

En el equipo había un brasileño, André Cruz, con una masa muscular enorme que levantaba pesas de 90 kilos, por lo que Cristiano dijo que levantaría 95. Practicó y lo consiguió. En su habitación hacía abdominales y brazos todos los días. Era un fenómeno. Con catorce años, se levantaba a la noche en silencio para ir al gimnasio. Tenía que saltar una valla y entrar por la ventana. Hacía pesas y corría cuarenta minutos por la cinta. ¡Le tuvieron que poner candados al gimnasio! Una vez me llevó con él de vacaciones a Madeira y salía a correr con pesas en los tobillos, en calles empinadas, con 35 grados de calor. O jugaba con pelotas imaginarias para, según él, ganar en velocidad de piernas”.

También siendo adolescente estuvo tres temporadas cobrando cinco euros por partido como alcanza pelotas en el Sporting (Gabriel Heinze, luego compañero suyo en el Manchester United, lo recuerda).

También a los catorce años, en el Sporting le descubrieron una arritmia cardíaca. Tuvo que suspender los entrenamientos y fue operado y aunque Dolores pensó que podía ser el final de la carrera, la cirugía fue sencilla y fue operado en junio de 2000 en el Hospital do Coraçao, cerca de Lisboa. Volvió a entrenarse tres meses más tarde. 

También en ese tiempo,  su hermano Hugo cayó en las drogas y luego volvió a reincidir varias veces, y Cristiano se hizo cargo de las facturas, haciendo de padre de familia, e insistió mucho a su hermano cuando éste se negaba a entrar a una clínica de rehabilitación. Hoy está totalmente recuperado.

Al poco tiempo de su debut en Primera, el recordado crack español de los Sesenta,Luis Suárez, fue enviado por el Inter para verlo en un Belenenses-Sporting, como consejero del presidente Massimo Moratti: “Tenemos que ficharlo, será uno de los mejores del mundo”, le dijo,  a lo que el dirigente le preguntó la edad (16) y respondió “bah, nosotros fichamos figuras consagradas”. “Cuesta 2 millones de dólares, yo pongo uno de mi bolsillo”, insistió Suárez.

El que sí tuvo ojo fue el empresario Jorge Mendes, de Gestifute, la agencia de representación más grande del mundo. CR7 no tenía 19 años y lo contrató junto a Ricardo Quaresma y Hugo Viana. Viana terminó en el Newcastle, Quaresma en el Barcelona.  Cristiano sigue definiendo a Mendes como “un padre para mí” tras reunirse con él y con Dolores y convencerlos de los pasos futuros.

Los resultados llegarían pronto. Tras un gran torneo sub-20 en Toulon, en el que Javier Mascherano fue considerado el mejor jugador del torneo, Francisco Roig, que se postulaba a la presidencia del Valencia,  pero la oferta de seuis millones y Diego Alonso fue rechazada. También viajó de incógnito a Londres para visitar las instalaciones del Arsenal, donde jugaba su admirado Henry, y hasta el director técnico Arsene Wenger le había reservado la camiseta nueve, pero el club hizo una oferta por debajo de lo esperado.

Así es que el director técnico Carlos Queirós, muy amigo de Alex Ferguson, su colega del Manchester United, aconsejó su contratación. El escocés múltiple ganador de títulos, decidió forzar un “acuerdo de cooperación” en la formación de jugadores y entrenadores, y así surgió la chance de un amistoso para agosto. La excusa fue la inauguración del nuevo estadio José Alvalade.

 El Manchester United venía de una larga gira y ni se preocupó por Cristiano, que parecía gracioso por sus piernas largas y por haberse dejado dos mechones de otro color. Lo tuvo que marcar John O’Shea, quien se comió un baile infernal, reconocido por él mismo. Roy Keane dijo después “hay que fichar a este tío”, y Ferguson le dijo al manager Peter Kenyon “no salimos de este país hasta que fichemos a Cristiano Ronaldo”. El diario deportivo Récord tituló en su tapa al día siguiente “Ronaldo maravilla·. The Guardian, en cambio, tituló “amistoso sin sentido”.

Ferguson le dijo que jugaría cerca de la mitad de los partidos en esa primera temporada y el pase se cerró en los 18 millones de euros y su sueldo pasó de los 24.000 euros anuales a los 2 millones anuales ahora.  Cuando se cruzó con O’Shea, éste le hizo una primera broma pidiéndole su comisión por el pase. Su vestimenta pareció estrafalaria en un vestuario de mucha experiencia. Mucho colorido, poca discreción, lo que lo hizo aparecer como presumido.

Otra sorpresa es que pidió la camiseta 28 pero le dieron la 7 que habían usado ídolos como George Best, Steve Coppel, Bryan Robson, Eric Cantoná y David Beckham. Cristiano se incorporó a un Manchester Unied que venía de ganar tres ligas seguidas y un ciclo que incluía la Champions y la Intercontinental de 1999.

Recibió los primeros foules de “bienvenida” y se hizo amigo del grupo que hablaba español (Quinton Fortune, Diego Forlán, el arquero Ricardo, el preparador físico Walter Di Salvo, Gerard Piqué y Gabriel Heinze).

Vestía jeans apretados, anteojos de sol, camisetas transparentes., El vestuario se reía de él, que pronto empezó a arreglarse el cutis, se cambió la dentadura, pero todos lo empezaron a respetar porque cuando nadie se atrevía a mirar a los ojos a las figuras como Keane, Gary Neville, Ryan Giggs, él sentía que era donde debía estar y lo hacía sentir.”Hablame cuando hayas jugado un Mundial”, le decía Río Ferdinand y como Cristiano se molestaba, le insistían aún más.

 Fue moldeado en la filosofía del United. Le daban duros golpes en las prácticas para que reaccionara, lo criticaban si en vez de dar un pase o definir, prefería una emboquillada, como cuando Gary Neville le gritó por eso en un 4-0 en Old Trafford: “¡no vuelvas a hacer eso!”. Mike Phelan, asistente de Ferguson, recuerda que el United “es un club de clase obrera en una ciudad que le gusta sentirse como tal. La habilidad es para mostrarla de vez en cuando”.



Ferguson también lo criticó duro muchas veces por no colaborar con sus compañeros, no bajar a marcar o no dar pases, pero lo acabó defendiendo en la batalla más dura, cuando Ruud Van Nistelrooy, que llevaba 150 goles en 5 temporadas, se quejaba de su individualismo, pero el holandés tuvo que marcharse. Con el tiempo, también lo protegió fuera de la cancha, entendiendo sus necesidades como no-británico y siendo muy joven.

Ole Gunnar Solkjaer, el noruego que estuvo 11 años en el MU, dice que CR7 “es el único jugador que recuerdo al que Ferguson le dijo que se quedara arriba a ver qué hacía el rival”. El plantel lo gastaba entre bromas cantándole “es tu papá, es tu papá”. Le llegó a hacer bromas a Ferguson que nadie nunca se había atrevido y éste tardaba en aceptarlas.

A Edwin Van der Saar le decía de quedarse a practicar tiros después de hora “porque para ser el mejor del mundo tengo que practicar con los mejores”. Van der Saar le decía “por qué no le dices a Tomasz Kuszczak o a cualquier otro?”
Lo cierto es que hasta en los “locos”, Cristiano se dio cuenta del cambio, cuando pasó del grupo de los llamados “Championship” (los que recién empiezan) –David Bellion, Louis Saha, Kleberson, Djemba.Djemba, Diego Forlán o Fortune- al llamado “Champions League” de los mejores.

Mike Clegg se había convertido en el MU en el “entrenador del desarrollo de la potencia”. Con su trabajo, alargó la carrera de jugadores como Keane o Giggs hasta casi los 40 años. Y CR7 comenzó a trabajar con él en el gimnasio con la idea de “llegar a ser el mejor jugador del mundo”.

Clegg hizo que Ronaldo boxeara, nadara, hiciera estiramientos. Cuenta que tiene “un cerebro privilegiado” y que “ama el camino, la batalla, perdió varias batallas, pero eso es muy bueno.  Lo importante es que lo tenía todo planeado en su cabeza. Lo que tenía que hacer y cómo lo tenía que hacer. Es un genio justamente por eso. Nunca antes me había encontrado un jugador como él”. 

No fue distinto en sus primeros pasos en la selección portuguesa de Luiz Felipe Scolari porque le tocó ser local en la Eurocopa de 2004, y con la “Generación Dorada” que había sido campeona del mundo sub-20 en 1991. Luis Figo o Rui Costa tuvieron que decirle que bajara la intensidad en los entrenamientos. El periodista Enrique Ortego cuenta en su biografía que Scolari veía a Ronaldo egoísta e inmaduro, pero un prodigio de técnica.

Wayne Rooney describía cómo se cambiaba en el vestuario: “Se viste, se pone los botines, después se mira en el espejo con concentración…no he visto a nadie hasta ahora con la autoconfianza de Ronaldo”.

Justamente con Rooney, su compañero de ataque en el Manchester United (luego se sumaría Carlos Tévez), vivió una tensa situación en el Mundial 2006 cuando en cuartos de final Portugal tuvo que eliminarse con la Inglaterra de Beckham, Lampard, Gerrard. Tras una hora de partido y sin goles, Rooney fue a trabar una pelota con Petit y Carvalho de manera muy dura, soltando la pierna un segundo. Cristiano hizo un sprint para protestar la jugada ante Horacio Elizondo, quien acabó echando a Rooney.

 El primer plano de la cámara tomó a CR7 justo guiñando un ojo a un auxiliar de su banco de suplentes y eso generó un escándalo para su regreso al Manchester United. Portugal eliminaría a Inglaterra pero caería en semifinales ante Francia, aunque Cristiano sería elegido como tercer mejor jugador joven del torneo, detrás de Lucas Podolski y Luis Valencia.

 En Inglaterra circulaban masivamente las camisetas con la inscripción “Yo odio a Ronaldo”. Colgaban esfinges de Cristiano en los pubs en toda Inglaterra y evaluó irse. Sin embargo, sus “padres” Ferguson y Mendes lo convencieron de seguir y el test fue el comienzo de temporada 2006/7 ante Fulham, cuando volvieran a jugar juntos con Rooney, pero ganaron 5-1, los dos marcaron goles y hubo reconciliación aunque en todos los estadios no le perdonaron aquel guiño de ojo.

La final de la Champions 2008 tuvo el condimento del durísimo enfrentamiento de CR7 con su compatriota DT José Mourinho, en el Chelsea. El tiempo los reuniría en el Real Madrid, pero se enfrentaron en el estadio Luzhniki y tras el empate final, tuvieron que ir a penales y allí, extrañamente, Cristiano falló el suyo, el único no convertido de toda la serie. Lo salvó que justo en el último, John Terry resbaló y falló el suyo, y al final, MU acabó ganando, pero CR7 otra vez lloró como un chico. Al de CR7 se lo había atajado Peter Cech, luego de una corta carrera, detuvo la velocidad y remató demasiado centrado, a la derecha del arquero. Luego, Edwin Van der Sar pararía su tiro a Nicolás Anelka y el United sería campeón de la Premier League y de la Champions en una temporada sensacional.

Por fin ganaba su primer Balón de Oro. Allí dijo, fiel a su costumbre, dijo que “Este trofeo es tan importante que quiero volver a ganarlo.  Me levantaré cada día y diré “tengo que seguir mejorando”.

En la temporada 2009/10 fue transferido al Real Madrid por 94 millones de euros. En realidad, ya se había querido ir un año antes pero Ferguson, enojado por la presión blanca desde el club y los medios, no lo dejó salir, aunque Guillem Balagué cuenta en su libro que secretamente se firmó un precontrato -rigurosamente secreto-, que fue depositado ante el notario Pablo Durán de la Colina en Madrid. La cláusula de rescisión que se fijó fue de 80 millones de libras.

Llegó junto a Kaká y Benzema.  “94 millones de euros fue una barbaridad que el tiempo convirtió en razonable. Cuando un fichaje es estratégico, no tiene alternativa posible. En ese momento, el dinero deja de ser importante”, sostiene Valdano, secretario general del Real Madrid en aquel momento.



La historia más reciente de Cristiano es conocida. La Liga española le costó trabajo porque siempre tuvo que salir a demostrar quién era, ante la exigencia general porque ya era una gran estrella y debió enfrentarse también con la gran etapa del Barcelona de Josep Guardiola y Lionel Messi, en una competencia feroz –aunque los Balones de oro lo domesticaron y ya no lo considera enemigo, sino rival, ni tampoco se conoce que le siga llamando “motherfucker” (cabrón) en los entrenamientos –como se cuenta en el libro “Messi”, también de Guillem Balagué-.

Primero le costó en imagen, especialmente cuando el Real Madrid tuvo a su compatriota José Mourinho como director técnico, porque éste llevó al club, y a Cristiano, a una situación de antipatía general, pero salió airoso.

Estrella mundial con más goles que partidos jugados en el Real Madrid (432 en 424) y 55 goles en sus 747 partidos en toda su carrera y títulos de todos los colores, Cristiano también lidió con las publicaciones de su affaire con Paris Hilron en Los Angeles, con su noviazgo con la reconocida modelo Irina Shayk, contra los rumores de homosexualidad o con los que lo tildan de metrosexual.

Acaso nuevamente Valdano en “Cristiano, el Di Stéfano de nuestro tiempo”, de Mario Torrejón,  sea el mejor resumen: “Cristiano trabaja por encima de cualquier circunstancia que lo rodee. Si gana el Balón de Oro, al día siguiente se entrena. Si no lo gana, también. Si gana un partido, al día siguiente está entrenándose. Si no lo gana, también. Si renueva su contrato, al día siguiente se entrena. Si no lo renueva, también. Fíjate que todo lo que digo son condicionantes que afectan mucho a un deportista, pero en su caso no ha habido ni un solo día que se lo haya tomado para respirar y decir que ha conseguido alguno de esos objetivos”.



El Cristiano de hoy, padre de familia, que se muestra siempre acompañado de su pareja, Georgina Rodríguez (hija de un argentino)  y luchando contra la amenaza estatal de un millonario pago de impuestos supuestamente adeudados, sea la nueva cara, aunque de fondo, permanezca el espíritu de luchador, el que lo convirtió en el jugador más emblemático del Real Madrid después de Alfredo Di Stéfano, o el que lloró en el Stade de France, en 2016, cuando su Portugal ganó la Eurocopa y él tuvo que salir por una lesión.  “Fue el momento más grande de mi carrera”, reconoció.



Cristiano llora mucho, pero se pone los cortos y es capaz de volver a construirse siempre.


domingo, 18 de febrero de 2018

La vuelta del Madrid (Yahoo)




En una de nuestras columnas habíamos señalado que el PSG significaba un límite preciso en la actual temporada para el Real Madrid. Eliminado muy temprano de la Copa del Rey y sin chances en la Liga casi desde el inicio, lo único que le quedaba era la Champions League y ante un rival complicado, sumado al hecho de que debe definir en París.

Entre la enorme inversión del PSG en un jugador de la talla de Neymar (a quien ahora los crecientes rumores visten de blanco desde la próxima temporada) y el paso demoledor de los franceses en su liga y su muy buena performance en la fase de grupos, algo que no ocurrió con el Real Madrid, colocaba a los parisinos como amplios candidatos a pasar a cuartos de final, y eso mismo se vio reflejado en las apuestas.

Sin embargo, otra vez, por si hiciera falta, quedó claro que los blancos juegan mejor en estas situaciones al borde del colapso y en el torneo que más les gusta, la Champions League y no sólo sacaron adelante un partido complicado en el Bernabeu, que estuvieron perdiendo y luego empatando en gran parte del transcurso, sino que dieron otra prueba de carácter que, en verdad, empezó a gestarse en los días previos.

Lo que sucedía es que el Madrid deambulaba por la Liga sin mucho sentido. Los blancos no están acostumbrados a que faltando más de una rueda sólo puedan pelear por un lugar en las copas europeas de la temporada siguiente porque es demasiado pobre (e incluso, de nada serviría si ganaran esta tercera Champions consecutiva), pero a pocos días de tener el partido decisivo ante el PSG se activaron todos los mecanismos y rápidamente apareció el equipo depredador que conocimos hasta finales de mayo pasado, el que destruyó a una sólida Juventus en la final de Cardiff.

El Real Madrid que ya jugó por la Liga en la previa de la Champions ante la Real Sociedad en el Bernabeu (5-2) poco se pareció al de los últimos meses. Ya Luka Modric y Toni Kroos manejaban el medio del campo sin alternativas, y adelante ya aparecía la potencia de siempre de cualquiera de sus atacantes y Cristiano Ronaldo fue recuperando su capacidad de gol que sólo parecía estar en el torneo europeo. ¿La motivación? No es difícil determinarlo: se acercaba el día esperado, el que serviría para refocalizarse en el principal objetivo de la temporada.

Así es que sin jugar un partido perfecto ante el PSG, al menos el Real Madrid sí recuperó la concentración, el equilibrio en el medio y la voracidad ofensiva de las dos ediciones anteriores de la Champions, aunque hay que puntualizar que también fue ayudado, como el Barcelona en el memorable 6-1 de la temporada pasada, por una actitud entre mezquina y errática de los franceses, con algunos inentendibles movimientos de su extraño entrenador español, Unai Emery.

Si Emery no recurrió entre los titulares a un Angel Di María en estado de gracia y además, a sabiendas de la motivación especial que sería para él ingresar en el Bernabeu a jugar contra su ex equipo, quitó del campo a su goleador Edinson Cavani para reemplazarlo por un híbrido Thomas Meunier, sin ningún peso en el momento decisivo, cuando los franceses quedaron en desventaja 3-1 y un gol más los hubiera acercado en la serie, que ahora parece ya muy complicada por los dos goles de diferencia en contra ante el bicampeón vigente.

En cambio, puede afirmarse que al menos desde los banquillos, Zinedine Zidane ha sido la contracara de Emery porque con aciertos o errores, al menos tuvo una virtud que es la misma que apareció en estas dos semanas de Liga, tras el nuevo triunfo también ante el Betis en el Benito Villamarín (3-5): en los momentos importantes, cuando hay que salir a ganar, se la juega por cambios ofensivos en lo que al menos significa una señal importante de cara a la afición: cree absolutamente en sus jugadores en otra clara demostración de ello, como cuando en el reciente mercado de invierno decidió que no necesitaba ningún fichaje y pidió a la dirigencia del club que tampoco dejara ir a nadie.

No es para nada casual que en una sola semana, entre los dos partidos de Liga y el de la Champions, el Real Madrid haya convertido 13 goles. Y eso no es sólo mérito de la enorme capacidad de su ataque, sino en buena parte por la tranquilidad, el equilibrio y la valentía de Zidane, quien fue jugador y sí entiende perfectamente lo que se juega su equipo y la tradición del mismo. 

Y bastó que se jugara con más ataque, sin especular, sin miedo, para que el Real Madrid ya sacara seis puntos de ventaja al Sevilla (y con un partido menos), su inmediato perseguidor en la Liga en la competencia por la última plaza para ingresar en la Champions siguiente, sino que ahora sacó dos goles de ventaja al PSG con la mira en la clasificación para los cuartos de final en la búsqueda de la decimotercera Orejona, la tercera consecutiva.

Días atrás, y en ocasión a la cercanía con el partido ante el PSG, Pedja Mijatovic recordaba una situación parecida en la temporada 1997/98m cuando el Real Madrid había sido eliminado muy pronto en la Copa del Rey, estaba lejos del Barcelona en la Liga y sólo le quedaba la Champions, que no ganaba desde hacía 32 años.

Mijatovic recordó entonces que aquellos jugadores que acabaron ganando “La Séptima” tuvieron “hambre” y “necesidad” de ganar aquel título, pero fue sincero con la plantilla actual, al reconocer que “no está como nosotros. Ellos ganaron todo y llevan dos Champions seguidas y van por la tercera. Lo de ellos es vigencia y capacidad de motivarse siempre ante retos como estos”.


De eso se trata y de allí lo loable de este Real Madrid. No estaba jugando bien. No era un gran momento en la temporada, pero su plantilla y su entrenador supieron entender que era todo o nada y prefirieron ser “toreros” que “toros” en esa situación.

viernes, 16 de febrero de 2018

Derechos del Mundial rigurosamente cerrados



Por estos días, varios reconocidos colegas de prensa, muchos de ellos con experiencia en varios mundiales, con capacidad contrastada, deambulan por todos los medios de prensa buscando un resquicio, un atajo, por el que acreditarse al próximo Mundial de Rusia 2018 ante el inminente cierre de inscripciones por parte de la FIFA.

Dos de estos colegas, de una importante ciudad litoraleña,  con quienes hemos tratado y vimos trabajar a excelente nivel en los últimos seis Mundiales y en las últimas seis Copas América, cuentan, para la cobertura de Rusia, con suficientes publicidades para su radio y todo el operativo armado, pero buscaban desesperadamente un lugar entre los acreditados al certamen, o un hueco entre los escasos medios con derechos de transmisión.

Otro colega, en este caso con un programa de TV de muchísimos años, con invitados de primer nivel, tampoco logra acceder al torneo y en este caso, parece ya resignado a verlo a distancia, luego de haber estado acreditado en otros. Esto se repite, por lo que hemos comprobado y chequeado, en toda Latinoamérica.

Este colega, junto a otro, prestigioso abogado argentino que vive en el exterior y que tampoco consigue una acreditación, intentó en vano inscribirse en el Canal de Medios de la FIFA como parte de la prensa gráfica para que se contemple, un poco más accesible desde allí, la chance de conseguir la ansiada acreditación, pero el organismo mundial del fútbol les respondió secamente, en todos los casos, que aunque hayan escrito decenas de artículos “ya se han registrado” como prensa oral y que entonces no podrán cambiar de status.

La FIFA sigue sin contemplar que en este tiempo que nos toca vivir, haya periodistas que trabajan para medios gráficos y al mismo tiempo también se desempeñan para medios orales como radio y TV, por lo que separa unos de otros: o se es periodista gráfico o se es periodista de radio y TV.

Por esta razón, los periodistas que logran registrarse como gráficos no suelen tener problemas de acreditación pero en cambio quienes figuran como de radio o TV, sólo pueden acreditarse si pertenecen a medios orales que tengan derechos de transmisión adquiridos. Caso contrario, los muy pocos periodistas acreditados, con radios o TV sin derechos, no pueden ingresar al estadio los días de partido. Ya no al partido. Tampoco al estadio para hacer notas en la previa o a posteriori.

¿Por qué razón ocurre esto? Por un grave problema que pasaremos a analizar y que creemos que debe tener una solución urgente, a muy corto plazo. Pero de forma, lo que se ve, lo tangible, es que los medios orales que compraron esos derechos de transmisión se oponen a que quienes no los tienen formen parte de la fiesta. Algo parecido a lo que ya hemos conocido en la Argentina hasta 2009, cuando Torneos y Competencias (TyC) no permitía que otras cámaras ingresaran a tomar imágenes de los partidos de los torneos locales, o cuando bloqueaba la chance de que el público que no había abonado el sistema Pay Per View (PPV) viera los goles hasta las 22 horas del domingo cuando por TV abierta se emitía “Fútbol De Primera”, producido por la propia TyC.

Lo cierto es que no se trata de un motivo comercial, para aquellos que creen que quien compra los derechos de TV puede arrogarse el derecho, a su vez, de no permitir el ingreso de los demás competidores. Porque, por ejemplo, sabemos del caso de una radio de una ciudad pequeña de Córdoba a la que Torneos, dueña de los derechos de TV, radio, internet y telefonía móvil para Rusia 2018, llegó a pedirle 250.000 dólares por venderle parte o la totalidad de esos derechos, una cifra directamente obscena, como para que la emisora no responda más o para que simplemente se retire de la operación.

Tampoco, hasta hoy, pueden acceder otras emisoras fuertes o con nombre de Buenos Aires como AM 750, donde relata Víctor Hugo Morales, muy enfrentado con TyC, y Radio Continental no lograba llegar a un acuerdo, en tanto que sólo Cadena 3 (Radiodifusora del Centro SA) y los medios estatales como TV Pública y Radio Nacional, agrupados en Radio y Televisión Argentina S.E. (en este caso, con algunos partidos, no todos, y pagando 8 millones de pesos por ello) eran los únicos que habían conseguido comprarlos.

Ahora bien, ¿cómo puede ser que esta FIFA del “cambio”, que tanto pregonó su nuevo presidente, el ítalo-suizo Gianni Infantino, haya permitido que una empresa como Torneos, cuyo ex CEO, Alejandro Burzaco, estuvo preso y tuvo que pagar una fianza de casi 113 millones de dólares a la Justicia de los Estados Unidos por haber admitido coimas para quedarse con derechos de Mundiales y Copas América, siga ostentando esos derechos pese a todo lo que ya se sabe que ocurrió?

Esta pregunta comienza a responderse en un entramado muy complejo que en verdad comienza ya en tiempos de Joao Havelange pero que siguió nítidamente en tiempos de Joseph Blatter como presidente de la FIFA (1998-2015), cuando la entidad madre del fútbol mundial le vendió los derechos a una tal Mountrigi Management Group LTD, que a su vez, para otros Mundiales y para éste de Rusiam, es la empresa que le vendió los derechos para Argentina as TyC International BV para TV, radio, telefonía móvil e internet.

La historia de Mountrigi se originó a partir de dos nombres, Miguel Diez de Urdanivia y Mauricio Simón Fajer, que comenzaron teniendo un extraño intercambio comercial con el gigante de la comunicación mexicana Televisa, y poseen un permiso (no menos llamativo) para comerciar sin intermediarios en países latinoamericanos, una prerrogativa sugestiva en tiempos de FIFA-Gate.

En verdad, Mountrigi había nacido en 2001 (ya en tiempos de Blatter) como Videoserpel LTD en Suiza, o sea, tierra de Blatter, y con la presidencia empresarial de un tal Willi Dietschi e inmediatamente firmó un contrato con Televisa de “aportaciones no dinerarias” pero que incluían la transmisión de bienes inmateriales para operaciones de programas de radio, derechos de autor, derechos de contenido de programas, etc.

El 12 de noviembre de 2002, Videoserpel y Televissa se fusionaron y la empresa mexicana acabó quedándose con todos los derechos pero en otra extraña operación, un mes más tarde, el 14 de diciembre, Televisa volvió a cedérselos a Videoserpel, que entonces se cambió de nombre a la actual Mountrigi.

Los dos empresarios (Urdanivia y Fajer) siempre contaron con la cobertura de la Organización de Televisión Iberoamericana (OTI)  y con Emilio Azcárraga Jean, presidente e hijo del fundador de Televisa, prolongando aquel poderío de Guillermo Cañedo, un hombre muy cercano a Joao Havelange en los primeros tiempos del brasileño en la FIFA.

Esto que repercute en la Argentina, con el bloqueo de los derechos para casi todos los medios, se repite en toda América, casi como un espejo.

La pregunta final es por qué, si Infantino pregona tantos cambios, si su campaña electoral para llegar a la presidencia de la FIFA fue basada en la transparencia, resulta que los mismos de siempre tienen los derechos, los que en muchos casos se ha comprobado que pagaron coimas para conseguirlos y no contentos con eso, y pese a sanciones judiciales graves, siguen como si nada pasara y no sólo eso, sino que bloquean el ingreso del resto de los medios.

¿Por qué no hay, en tiempos de pregonados cambios en Zurich, una subasta pública en la que, además, queden fuera de la compulsa los que hicieron trampa en el pasado?
Lo concreto es que para Argentina, TyC  International BV, sólo vendió parte de los derechos al estado, a Cadena 3 de Córdoba, a Tele Red Imagen SA (TRISA), que es una asociación con el Grupo Clarín, y a DirecTV Latin América LLC, que a su vez tiene un 40 por ciento de TyC.

Es decir, que todo queda en “familia”.

Si eso no es monopolio, que la cuenten como quieran.



lunes, 12 de febrero de 2018

Boca y River, con deudas diferentes




A casi un mes de la disputa de la Supercopa Argentina, mucho es lo que se habla desde la prensa tratando de levantar un Superclásico que adquiere un poquito más de valor por tratarse de una final forzada de un torneo de pocas luces y que acaso pueda alterar cierta marcha de la temporada –en el caso de que se imponga River Plate- pero conceptualmente no debería ser decisiva.

Al menos hasta ahora, si es por la producción de ambos en los últimos meses, Boca y River están llegando al Superclásico de la Supercopa con producciones muy bajas, muy lejos de lo que potencialmente podrían ser, y no se trata de nada relacionado con la falta de puesta a punto del verano sino simplemente a distintos motivos dependiendo del caso: en River, un tremendo bajón sumado  a la falta de confianza tras la inesperada derrota ante Lanús por la Copa Libertadores. En Boca, porque pese a contar con un amplio plantel (no necesariamente bien compensado en cuanto a puestos), no logra armonizar un juego aceptable pese a la cómoda punta en el torneo.

Contrariamente a lo que suele fogonear una buena parte de la prensa, tal vez para darle más realce a una final a la que, además, compara sin sentido con la única oficial jugada hasta ahora por los dos equipos, la del Nacional 1976 (cuando los dos llegaron en igualdad de condiciones, paso por paso, en un mismo torneo), la final de la Supercopa importa mucho más a River que a Boca, por la sencilla razón de que a los Millonarios sólo les queda esta competencia hasta que termine la actual temporada, a fines de junio.

River mismo tiene su responsabilidad en lo que le sucede, porque desechó demasiado pronto el torneo local para dedicarse a full a la Copa Libertadores de 2017, un mal que viene acechando al fútbol argentino: el descuido de los campeonatos locales para darle prioridad a los internacionales, cuando  justifican lo contrario a la hora de fichar jugadores para completar planteles numerosos y ricos en calidad.

Cuando el conjunto de Marcelo Gallardo se dio cuenta de que estaba a años luz del líder, que además es Boca, ya era demasiado tarde y navega por el torneo sin ningún sentido, con la única motivación de no quedarse fuera de las copas de 2019 y si así fuera, aún tendría otras dos instancias de clasificación (ganando la Copa Argentina o la Copa Libertadores 2018). Lo cierto es que la situación actual, con refuerzos como Armani o Pratto, es escandalosa para la historia de River aunque cabe recordar que desde que asumió Gallardo a mediados de 2014, aún no ha conseguido ganar ningún torneo argentino, sino dos Copas locales y el resto, internacionales.

Lo que le sucede a Boca es totalmente distinto. No se trata de un problema estadístico sino, como ya nos hemos referido en este blog, a una cuestión de juego y de ordenamiento táctico a partir de muy malas decisiones de un director técnico sobrevalorado por buena parte de la prensa que confunde su idolatría como gran jugador que fue, con sus conocimientos en su actual función.

Es cierto, y no es poca cosa, que Boca ha perdido a dos de sus mejores jugadores por lesión (Fernando Gago y Darío Benedetto) pero con todo el dinero para fichar más jugadores y con el recambio que ya tenía en el banco, no es ésta una excusa a la hora de justificar tan mal performance en los campos de juego.

Guillermo Barros Schelotto tuvo todas las posibilidades para armar un plantel para apuntar a la tan deseada Copa Libertadores que se le niega al club desde 2007, pero se ha quedado con tres centrales para lo que resta de temporada porque además, dejó ir a Juan Martín Insaurralde, tiene un solo volante de contención de nivel (Wilmar Barrios), tiene un solo extremo en quien confíe (Cristian Pavón), un centrodelantero de nivel pero que no quiere porque fue traído por el presidente Daniel Angelici (Ramón “Wanchope” Ábila), y está atado de pies y manos para darle titularidad y capitanía a su amigo Carlos Tévez quien, al menos hasta ahora, está muy lejos del nivel requerido para salir al campo sin que nadie le cuestione el puesto.

Estos partidos, por más tachín tachín desde los medios para instalarlo como candidato a jugar el Mundial en la selección argentina, han demostrado claramente que haber jugado un año en el fútbol chino (y más en su caso que se trató casi de unas “vacaciones”, como él mismo reconoció), generan un declive en lo futbolístico del que cuesta mucho salir (lo cual es también un alerta roja para Javier Mascherano y sus reales chances mundialistas, más allá de que le sucede con Jorge Sampaoli algo muy parecido a lo de Tévez con Barros Schelotto).

Boca no pudo superar futbolísticamente como local al modesto Témperley, que se encuentra en zona de descenso y esto lo dice casi todo.

Seguramente aparecerán quienes nos señalen las estadísticas, números fríos que no siempre representan argumentos válidos: el tiempo que Boca lleva como puntero, la distancia con sus perseguidores y tantas otras cuestiones estadísticas o matemáticas. 

Pero el fútbol no son números, sino un juego, un espectáculo cuando se trata de profesionales que se dedican a ello y a los que hay que pagar para ver. Y es allí cuando todo el castillo se desmorona y es evidente que pese a todo, Boca no juega nada bien y no tiene una idea de su rumbo. Desde ya que los demás disponen de menos planteles y de menos riqueza técnica por lo cual, ir puntero es de lógica pura, no una consecuencia del juego.

Por todas estas razones, más que “Superclásico de Supercopa” parece que Boca y River se encaminaran a un “Miniclásico de Minicopa”, si siguen con este nivel futbolístico. Claro, hay que vender, hay que ir generando un estado casi bélico entre ambos. El sistema así lo requiere.

Pero a no engañarse: cada uno a su manera, Boca y River siguen en deuda con el juego y con la gente.


domingo, 11 de febrero de 2018

¿Hay Liga todavía? (Yahoo)




Hace seis jornadas, en la 17 de la Liga Española, el Barcelona parecía dar un paso decisivo hacia el título cuando venció 0-3 al Real Madrid en el Santiago Bernabeu. Los blancos quedaban demasiado lejos, a poco más de una rueda en juego, y nadie podía imaginar otro rival para los azulgranas porque si quedaba alguna chance para el Atlético Madrid, éste caía en Corneliá ante el Espanyol, y entonces la distancia aparecía como casi indescontable.

Sin embargo, aunque el Real Madrid sí dio por perdida la Liga y de hecho se sumió en una crisis cuando también se quedó pronto sin la chance de ganar la Copa del Rey y tuvo que apostar todo a la Champions League, el Atlético Madrid de Diego Simeone volvió a dar una nueva muestra de su duro carácter y apenas si cedió un empate (en casa y ante el Girona) en los seis partidos siguientes, es decir que obtuvo 16 de los 18 puntos en juego, en el mismo tiempo en el que el Barcelona logró 14 porque, sorpresivamente, no pudo ganar el pasado domingo, en el Camp Nou, al Getafe.

La distancia entre el líder Barcelona y el segundo, el Atlético, sigue siendo amplia (7 puntos) pero ya no es tan segura si tomamos en cuenta el momento futbolístico y anímico de cada uno y que, además, y aunque en el Camp Nou, deben enfrentarse dentro de cuatro jornadas en un partido que entonces sí podría ser decisivo si alguno de los dos se impone, aunque no tanto si empataran.

Seguramente muchos lectores creerán que este columnista exagera y que la distancia es suficientemente amplia entre los dos equipos, pero es entonces que hay que remontarse a lo que ocurrió en el Torneo Apertura de Argentina en 2006, cuando Simeone dirigía a Estudiantes de La Plata en el que aún jugaba Juan Sebastián Verón.

Estudiantes perseguía como segundo en las posiciones a un Boca Juniors que había sido campeón argentino en los dos torneos anteriores e iba por el tricampeonato consecutivo en un campeonato corto, de apenas 19 jornadas, en las que había obtenido los 18 puntos en las primeras 6, pero su entrenador, Alfio Basile, fue convocado a la selección argentina, fue reemplazado por Ricardo Lavolpe, y aunque el equipo siguió obteniendo buenos resultados, ya su funcionamiento no era tan seguro y nadie entendía por qué muchas cosas fueron cambiadas cuando todo venía funcionando tan bien.

Estudiantes, dirigido por el “Cholo” Simeone, hizo lo que tenía que hacer: ganó sus partidos, se concentró en ganar todo lo que estaba a su alcance para luego, esperar el traspié del líder y así fue que llegó el milagro. A sólo dos  jornadas del final se encontraba a 6 puntos, pero Boca perdió esos dos partidos, y tuvieron que ir a una final tres días después de la finalización del campeonato, en la que Boca ganaba 1-0 y Estudiantes terminó venciendo 2-1 y se quedó con el título.

Cualquier parecido con lo que ocurre ahora puede ser, tal vez, aventurado o exagerado, pero lo cierto es que Simeone conoce de estas proezas, como aquella otra de ser campeón en el Camp Nou en el último y decisivo partido de Liga en 2014, cuando necesitaba un empate, perdía ante el Barcelona, y Diego Godín lo pudo empatar.

Si fríamente analizamos el calendario de cada uno de los dos, es evidente que el Barcelona lo tiene mucho más favorable porque ante los rivales más duros jugará en el Camp Nou (Athletic, Sevilla, Valencia, Real Madrid y Real Sociedad, además del ya comentado ante el Atlético), pero también debe visitar a los tres equipos que ahora ocupan posiciones de descenso de categoría (Las Palmas, Deportivo y Málaga), y tampoco parece nada fácil su visita al Eibar del próximo compromiso, con los vascos a apenas un punto del Sevilla para entrar a la Europa League.

Por contrario, el Atlético debe visitar a la mayoría de los equipos más fuertes (desde el Barcelona hasta el Real Madrid, pasando por  el Sevilla y la Real Sociedad), y debe recibir al deportivo en el Wanda Metropolitano.

De todos modos, no todo lo referente al fútbol pasa por los números sino también por el nivel de juego y el Barcelona ha mostrado una baja importante en los últimos tiempos, especialmente en el ataque, en el que no terminan de adaptarse los nuevos, Philippe Coutinho y Osmane Dembélé, como pudo verse ante el Getafe.

De momento, y más allá de los buenos resultados, el entrenador Ernesto Valverde no pudo solucionar la salida de Neymar porque sigue faltando la tercera pata ofensiva, y a esto se suma que Lionel Messi suele tener que bajar a buscar el balón ante la falta de jugadores que lo alcancen a las posiciones ofensivas, excepto Luis Suárez.

En cambio, el Atlético Madrid no tiene ese problema porque su juego general permanece inalterable desde su bloque, su 4-4-2 con pocas variantes, y sus dos grandes atacantes, Diego Costa y Antoine Griezmann. Si bien tuvo cierta irregularidad defensiva por los constantes cambios en sus alineaciones, el equipo de Diego Simeone tiene una base estable en lo táctico que le permite sostenerse en las posiciones de arriba.

¿7 puntos son mucho o poco en una distancia a 15 partidos hasta el final de la Liga? Siempre todo es relativo, pero teniendo en cuenta las producciones de los dos equipos, y que ahora el Barcelona entrará a jugar ante el Chelsea por los octavos de final de la Champions y que deben enfrentarse próximamente, puede afirmarse que aún hay Liga, y que difícilmente el Atlético renuncie a la pelea, mientras tenga alguna chance.


viernes, 9 de febrero de 2018

Los presidentes, los DT y la selección argentina



Faltaba poco para que Argentinos Juniors viajara a Japón para jugar allí la Copa Intercontinental ante la Juventus, cuando el plantel de los “Bichitos Colorados” fue recibido por el presidente Raúl Alfonsín a fines de 1985. Fue entonces que el presidente argentino aprovechó para llevarse aparte a dos de las figuras de ese plantel, Serbio Batista y Claudio Borghi, para expresarles su preocupación por lo mal que estaba jugando la selección argentina de Carlos Bilardo a poco más de medio año del Mundial de México, al que se había clasificado angustiosamente contra Perú.

Dos días más tarde, Bilardo se comunicó con el diario La Nación –uno de sus sostenedores desde la prensa escrita ante los embates de Clarín- con motivo de explicar su intención de mantener una reunión con Alfonsín a fin de explicarle los planes hasta el Mundial. El diario, entonces, ilustró el artículo con un pizarrón, Bilardo frente a él, y Alfonsín sentado escuchándolo con cara de sufrimiento.

En ese tiempo, Bilardo hablaba de “complots desestabilizadores” e incluía en ellos al gobierno de Alfonsín y que representaban “intereses más allá del fútbol propiamente dicho”. Por ese tiempo, el secretario de Deportes de la Nación, que dependía del Ministerio de Bienestar Social, el ex rugbier Rodolfo O’Reilly, manifestó que la selección “no juega a nada” y que no le agradaba “para nada” el estilo que Bilardo le daba al equipo, mientras crecían los rumores de una salida del director técnico, respaldado por el presidente de la AFA, Julio Grondona, y un grupo de periodistas.

En una reunión de trabajo, Grondona llegó a preguntar si aún había tiempo para un cambio (medio en broma y medio en serio) por lo que O’Reilly y el subsecretario de Deportes, Osvaldo Otero, llamaron a Grondona a Zurich pero se encontraron con la rotunda negativa del dirigente: “siempre pusieron piedras en el camino, pero ahora son adoquines. No nos bajaron antes y menos nos van a bajar ahora, a tan pocos meses para el Mundial”.

El propio O’Reilly lo reconocería años más tarde. “Lo llamé a Zurich y le dije ‘che, Julio, esto no se banca más’ y me dijo ‘vos dedicate al rugby, que de esto no entendés un carajo’ pero lo cierto es que en una comida, Alfonsín nos preguntó ‘¿cuándo echan a Bilardo?”.

El resultado final ya se conoce: la selección argentina fue campeona del mundo en México, sin Alfonsín en el palco, sino con su ministro de Bienestar Social Conrado Storani, y el presidente mantuvo el perfil bajo y cedió el balcón de la Casa Rosada y no formó parte de la imagen de los festejos.

Bilardo se mantuvo en el cargo pero cuatro años más tarde, para Italia 90, el presidente era otro, Carlos Saúl Menem, mucho más involucrado en el deporte que su antecesor, al punto de vestirse la camiseta celeste y blanca en un amistoso en el que Diego Maradona lo madrugó en un tiro libre.

Se acercaba el Mundial y la polémica rondaba acerca de que el riojano (como Menem) Ramón Angel Díaz no tenía lugar pese a brillar en Europa, al no llevarse bien con Maradona. Fue así que en una multitudinaria conferencia de prensa en la residencia de Olivos (a la que este cronista concurrió), Menem y Bilardo se sentaron para dar explicaciones, acompañados por Fernando Niembro, y ante la primera pregunta (“¿Y presidente, juega o no juega Ramón Díaz en la Selección?”), la respuesta fue contundente; “Lamentablemente no. Llamé a Diego a Italia y le bajó el pulgar”. Bilardo no se inmutó ni pidió la palabra para aclarar nada.

Siempre con Menem en el poder, hubo cientos de especulaciones sobre el vínculo de su Gobierno con la selección argentina de Daniel Passarella y en especial, con un representante, Gustavo Mascardi, quien llegó a tener un altísimo porcentaje de jugadores suyos en el equipo, y Gabriel Batistuta, con otro representante enfrentado a Mascardi, tuvo que sufrirlo y estuvo a punto de perder su lugar.

Ya a partir de la llegada de Marcelo Bielsa, y luego con José Pekerman, los entrenadores de la selección argentina mantuvieron una distancia mayor con los presidentes de turno hasta que Maradona reemplazó a Alfio Basile en 2008, en plena etapa kirchnerista y tuvo el visto bueno de la entonces mandataria Cristina Fernández de Kirchner.

Un año más tarde se lanzaba el programa “Fútbol Para Todos” por el que se acababa la etapa de Torneos y Competencias para que el fútbol televisado volviera a la órbita estatal y Maradona aparecía allí, en el acto inaugural junto a Grondona y a Bilardo, quien había sido designado manager del equipo nacional.

Más tarde, Alejandro Sabella, también entrenador argentino desde 2011 se sumaría a la adhesión al programa gubernamental y siempre se mostraría estrechamente vinculado a las autoridades de esa época, aunque siempre con un bajo perfil en sus declaraciones y sus actos.

En el caso del actual director técnico de la selección argentina, Jorge Sampaoli, siempre ha mostrado un perfil más alto. Muy interesado en los medios de comunicación, no le alcanzó con viajar a Europa a dialogar con los jugadores convocados o en la fila para ser tenidos en cuenta sino que la idea fue siempre “mostrar dinámica de trabajo”. Algo así como no sólo ser sino también parecer, con un excesivo protagonismo.

La divulgación de sus ideas y sus gustos también incluyeron su pasado de cierta militancia política ligada al peronismo y su cercanía a bandas como Callejeros o al cantante Indio Solari lo colocaron, en plena época de grieta social, de uno de los lados, opuesto al del presidente actual, Mauricio Macri.

Por eso, llama la atención desde ese punto de vista, la reunión que mantuvieron Macri y Sampaoli en estas horas. Uno hincha fanático de Boca (Macri), el otro, fanático de River (Sampaoli), al punto de que se rumoreó que dirigiendo al Sevilla, llegó a decirle al volante Walter Montoya, en uno de los primeros entrenamientos, que lo había contratado “porque si no, ibas a Boca”, pero especialmente, cada uno situado de un lado de la grieta.

Aún así, el diálogo fue largo y la promesa de Macri de estar en los dos primeros partidos de la selección argentina en el Mundial de Rusia y acaso en la final, si el equipo nacional llegara, algo que puede emparentarse (en otra coincidencia más de las tantas que aparecen) con los años noventa del neoliberalismo extremo, cuando Menem asistió al primero y último partido del equipo de Bilardo en Italia, justamente los dos que perdió.

Macri también le manifestó la intención gubernamental de montar en Moscú la Casa Argentina con el deseo de que los jugadores sean concurrentes asiduos y para eso, necesita buscar un contacto más estrecho con el cuerpo técnico. No será fácil. Este plantel suele tratar de manejarse a mucha distancia de la gente y no es casual que el lugar elegido para la concentración sea Bronnitsy, a 55 kilómetros de Moscú, pero en una ciudad con poco movimiento y distracciones como para que si se puede, se desista de llegar.


Habrá que ver cómo sigue esta relación Macri-Sampaoli, que seguramente navegará por distintos caminos de acuerdo a los resultados y a los cambiantes estados de ánimo de la política. Unos influirán en los otros, y ambos lo saben y se van alistando para cuando lleguen esos momentos.