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miércoles, 19 de abril de 2017

Las dos caras del fútbol en Madrid y Barcelona (Yahoo)



Siempre se dijo que las dos caretas que representan el teatro, no hacen otra cosa que interpretar en un momento lo que es la vida misma, una sumatoria de alegrías y tristezas, como oposiciones permanentes, y no es distinto lo que ocurre en estas horas en Madrid y en Barcelona, cuando el próximo domingo deben enfrentarse en un partido decisivo de la Liga Española.

No sin polémicas, como viene ocurriendo reiteradamente con los blancos, el Real Madrid todavía sueña con ser el primer equipo que pueda ganar dos Champions Leagues consecutivas al eliminar, luego de mucho sufrir en el Santiago Bernabeu, y en el tiempo extra, a un muy fuerte Bayern Munich y con un polémico arbitraje del húngaro Víctor Kassai.

El Real Madrid recién pudo sacar clara ventaja en el alargue, tras caer 1-2 en los noventa minutos, y allí explotó su jugador de más por la expulsión del chileno Arturo Vidal,  aunque también debió irse antes de tiempo Casemiro y sin embargo, permaneció en el campo.

También quedan en la duda dos de los tres goles de Cristiano Ronaldo, por un evidente fuera de juego en uno de ellos y posiblemente en otro (aunque esta jugada es muy fina) pero sí es evidente su potencia y su enorme capacidad para definir, con cinco tantos en dos partidos ante un rival temible como son los alemanes del Bayern, que se sintieron estafados por el arbitraje.

Más allá de las polémicas, el Real Madrid tiene, en este tiempo, un equipo potente, con mucho gol, con variantes, con un gran Sergio Ramos en la defensa pero especialmente con dos laterales que son de los mejores del planeta y si el brasileño Marcelo no es postulado en este tiempo para el Balón de Oro sólo puede deberse a la posición que ocupa en la cancha. No hay otra explicación.

Lo concreto es que Real Madrid, como la Juventus o el Bayern Munich (ya eliminado) cuenta con una plantilla de gran calidad y en la que los habituales suplentes pueden ser titulares sin que la estructura del equipo se resienta, cosa que no ocurre con el Barcelona.

Los de Luis Enrique fueron eliminados esta vez de los cuartos de final ante la Juventus sin ninguna chance de remontada, lejos de aquella jornada heroica de la vuelta de octavos de final ante el PSG. Esta vez, ni siquiera la célebre MSN pudo marcar un solo gol ante los italianos en tres horas de juego de los dos partidos, lo que también es una clara demostración de la solidez de una defensa que parece un muro y que sólo recibió dos tantos en la competición.

Es la segunda temporada consecutiva, luego de ganar la Champions en 2015, que el Barcelona no pasa los cuartos de final, lo que nos dice mucho más que un resultado, sino que está demostrando que estamos ante el fin de una etapa, aunque consideramos que no de un ciclo, como rápidamente algunos medios intentan encender las alarmas.

No está en duda la filosofía de juego del Barcelona, ni tampoco la mayoría de sus ejecutantes, que se encuentran en una mediana edad, sino que el equipo necesita de ciertos recambios en algunas posiciones (se quedó sin lateral derecho puro tras la salida de Daniel Alves, hay pocos volantes de peso, y especialmente uno que reemplace al cada vez más veterano y discontinuo Andrés Iniesta, y un club de este renombre requiere de un portero contrastado y que marque la diferencia).

Con la salida de Luis Enrique asegurada, el Barcelona tendrá que buscar un entrenador que no tema meter mano en la estructura y la dirigencia, fichar jugadores que devuelvan la confianza a un plantel que por ahora tiene no más de trece jugadores de un mismo nivel pero el resto se encuentra varios escalones abajo.

Este Barcelona parece resquebrajado, muy lejos de otros tiempos, y es claro que Luis Enrique no ha estado a la altura y que el próximo entrenador tendrá que regresar a las fuentes de los tiempos de Frank Rikjaard o Josep Guardiola.

El destino quiso que el domingo, Real Madrid y Barcelona tengan que jugarse gran parte de la Liga en un Clásico que tendrá muchos elementos para el análisis en el Bernabeu, y al que ambos llegan anímicamente  con las mismas expresiones que las dos caretas del teatro. Uno, Real Madrid, puntero, local y clasificado para las semifinales de Champions. El otro, Barcelona, a tres puntos y con un partido más, y eliminado de la competencia europea.

Pero en Madrid hay otro equipo alegre por estas horas y no es para menos. El Atlético, siempre dirigido por el argentino Diego Simeone, llegó a la hazaña de su tercer semifinal de Champions en cuatro temporadas, luego de tirar de oficio para empatar 1-1 en el muy difícil escenario del Leicester, último campeón inglés.

Cuando el Atlético Madrid cayó por penales en la final pasada ante su rival de la ciudad, el Real Madrid, muchos pensaron que sería muy difícil remontar aquella situación al año siguiente, pero este equipo ya ha demostrado carácter y un sistema aceitado que ha potenciado a sus jugadores y que hoy le permite estar a dos partidos de una nueva definición europea.

La serie contra el Leicester fue tan dura que acabó definiéndose por un dudoso penal (la falta había sido fuera del área) en el Vicente Calderón y por un gol inicial de Saúl en Inglaterra, para luego resistir los embates locales y sacar adelante la revancha.
El Atlético, con mucha experiencia europea, y lentamente consolidado en el tercer puesto de la Liga, promete ser un durísimo rival para el equipo que le toque en suerte en semifinales de acuerdo con el sorteo del próximo viernes.

Completa el cuadro de semifinales, junto a Real Madrid, Atlético y Juventus, el sorprendente Mónaco, líder en la Liga Francesa y con un juego a gran ritmo con un ataque demoledor, desde la gran promesa que significa Kylian Mbappé, hasta el gran momento que vive el colombiano Radamel Falcao, ahora sí, definitivamente salido de su larga lesión.

Cuatro equipos muy  diferentes entre sí, y un gran atractivo para esta Champions latina, que llega a semifinales mirando a Cardiff, el escenario de su definición.


La salida de Tinelli abre muchos interrogantes en la AFA



Y de repente, sea por cuestiones estrictamente de salud o sea en parte por ellas y en parte por hartazgo por la situación final planteada en la AFA (¿acaso que le hayan bochado a Mariano Elizondo del Grupo Indalo, para CEO de la Superliga?), o por apostar a una limpieza de cara y volver más adelante con una candidatura presidencial,  Marcelo Tinelli decidió abrirse del fútbol y renunciar a sus tres cargos al mismo tiempo, el de vicepresidente de San Lorenzo de Almagro, el de la coordinación de Selecciones Nacionales, y el de futuro presidente de la Superliga.

Más allá de que hay testigos directos de que el showman televisivo andaba con problemas de salud y especialmente de stress (y por eso, iría a consultar al mismo médico italiano que atiende a Lionel Messi, quien se lo recomendó), la salida de Tinelli de los tres cargos cambia bastante el mapa del poder de la AFA y confirma que los dos protagonistas del esperpento del 38-38 del 3 de diciembre de 2015, finalmente quedaron fuera del poder.

Luis Segura alcanzó a ser presidente interino tras la muerte de Julio Grondona el 31 de julio de 2014 pero si se mantuvo poco más de un año en la formalidad del sillón de Viamonte fue porque desde el inicio mismo de su gestión, se reunió con los presidentes de los cinco clubes grandes para conseguir su respaldo.

Pero ya en 2015 gobernaba muy poco y eran los clubes grandes, en ese momento con Matías Lammens a la cabeza, los que manejaban los números hasta que el presidente de San Lorenzo se retiró indignado y tomando mucha distancia.

Desde siempre, la competencia fue de dos listas grondonistas, la de Segura-Claudio “Chiqui” Tapia fue la continuidad directa de una forma de manejar el poder del fútbol, clientelista y con la idea de cierta fuerza de los clubes chicos e intermedios aunque nada federal, mientras que la tinellista fue más adaptada al siglo XXI, con el uso de medios de comunicación, marketing y redes sociales, pero siempre con la misma idea de fondo: cambiar algo para que nada cambie en serio.

Tras la intervención, un mix del Estado y la FIFA, Tinelli fue perdiendo terreno porque Tapia y su suegro, el sindicalista camionero Hugo Moyano, desplegaron su juego, consiguieron el apoyo político de Daniel Angelici como comisario enviado por el gobierno de Mauricio Macri al fútbol, y por fin se pudo llevar a cabo el pacto entre los dos sectores que ya había cerrado a mediados de 2016 pero que fue vetado entonces por el Gobierno de Macri por la falta de protagonismo del Grupo “Clarín”.

La gran pregunta es si con la salida de Tinelli, el tándem Tapia-Angelici seguirá respetando el pacto preexistente, dejando al adláter de Tinelli en la fallida lista opositora para las elecciones de presidente de AFA del 29 de marzo pasado, Rodolfo D’Onofrio, presidente de River, a cargo de la nueva estructura que fiscalizará el torneo de Primera División desde Puerto Madero, por fuera de la AFA.

No parece fácil, porque D’Onofrio hace su propio juego, se encuentra ahora ligado a la FIFA, y habría que ver si Angelici, viejo adversario y presidente de Boca, acepta un contrapeso como el de River en la Superliga, además de que la verdadera razón de ser de ésta es la de abrir una ventana a la chance de que se acepten las sociedades anónimas en el fútbol, viejo anhelo macrista desde los años noventa.

Todavía quedan varios meses para el inicio de la próxima temporada 2017/18, en la que la Superliga debería entrar a correr, y no sería de extrañar que Tapia-Angelici apuesten al desgaste (que ya dejó sin lista a los rivales para los comicios presidenciales del 29 de marzo) y a que sus adversarios acaben diluyéndose, toda vez que el tercer dirigente de peso opositor, el presidente de Vélez Sársfield, Raúl Gámez –en verdad, el más duro frente al grondonismo en los 35 años de mandato-, se encuentra aislado porque no comulga demasiado con el tinellismo, y ni siquiera pudo votar porque su club era uno de los ocho promedios más bajos en la tabla.

Con este contexto, y con la incertidumbre sobre si el pacto continúa con D’Onofrio o con Juan Sebastián Verón, al mismo tiempo jugador y presidente de Estudiantes de La Plata, lo que parece cada vez más claro es que el grupo de los presidentes de clubes grandes que ya maneja AFA (Boca, Racing, Independiente y Huracán) no quiere dejar de poner un pie (o más) en la futura Superliga,  y en el caso de Angelici, también ser comisario político de ésta para tener, en lo posible, todo bajo control gubernamental.
Claro que el gran problema, en el caso de que Verón quede a cargo de la Superliga, es poner la lupa sobre el CEO, porque si en la AFA no tienen peso, sería extraño que River y San Lorenzo se quedaran fuera de todo el sistema, tanto en Viamonte como en Puerto Madero. El pacto preexistente indicaba lo contrario.

Pero hay otro frente que entra ahora en un problema mayor y es la selección nacional. Sin Tinelli, el mayor interlocutor de los jugadores de peso, todo vuelve a quedar en manos de Tapia, al que muchos reconocen haber puesto la cara (y hasta dinero de su bolsillo) en los momentos de mayor crisis institucional, como durante la Copa América Extra de los Estados Unidos en 2016, pero también admiten que no será nada fácil el manejo del marketing en la nueva situación.

Tapia viene manejando como puede el intento de rebaja a la sanción de la FIFA a Lionel Messi, y viajó a verlo a Barcelona con el fin de persuadirlo para que se presente el próximo 4 de mayo en Zurich y no deje todo en manos de un descargo por escrito, pero habrá que ver cuáles son los manejos del grupo, y si como parece, Jorge Sampaoli está al caer como entrenador desde junio, significará que otra vez el círculo de los jugadores de peso se impuso sobre una decisión que debe ser dirigencial y no influida por quienes tienen que expresarse en el campo de juego y fuera del mismo.

Con la salida de Tinelli, comienza a desdibujarse aquel pacto de 2016 y de a poco, se va abriendo el camino para que Tapia despliegue su poder, tutelado por Angelici y por su suegro Moyano.


Es un hola al poder para el presidente de la AFA y un chau, chau, chauuuuuuuu, para quien quiso serlo, bajo la apariencia de una renovación, pero que chocó contra el establishment de la pelota, y prefirió irse, al menos por ahora.

lunes, 17 de abril de 2017

El fútbol argentino perdió la tribuna desde hace rato




La muerte de Eemanuel Balbo en el clásico cordobés entre Belgrano y Talleres, en el estadio Mario Kempes, es la número 317 por violencia del fútbol argentino en su historia, según datos de la ONG “Salvemos al Fútbol”, la que tiene los datos más fidedignos.

Hasta ahí, el dato duro, frío, de las estadísticas. Pero si agregamos que hay que recurrir a una ONG, por más bien que trabaje en el tema, por falta de datos fidedignos estatales, y  que el segundo tiempo del Clásico se jugó de todos modos sin que nadie se planteara lo contrario, y tampoco hay siquiera una mínima referencia a que se pare en los próximos días, ya la cosa cambia.

Estamos refiriéndonos, una vez más, al estado latente de violencia que rodea al fútbol desde fines de los años cincuenta, cuando –perdón por tanta insistencia en reiterados artículos en nuestro blog, pero no hay escarmiento-, cuando según el principal estudioso de esta manifestación social, el olvidado por los medios de comunicación Amilcar Romero, se produjo el gran quiebre, al regreso del Mundial de Suecia cuando en un contexto sociopolítico de violencia (el líder popular exiliado, el Plan Conintes de represión en la provincia de Buenos Aires), se quiso imponer un modelo de negocio que no coló fácil en la comunidad futbolística argentina.

Lo que se quiere decir es que esta violencia “del” fútbol (que se entienda bien, “del”, porque la genera el propio fútbol, desde su modelo instituido a fines de los cincuenta) y no “en el” fútbol, porque no cae ingenuamente, sino que la propia del fútbol es, para decirlo de modo más gráfico, una segunda capa interior a la violencia general, la capa exterior, es parte de un modelo que incluye la forma de jugar en el campo y la forma de comunicar en los medios.

Si no se entiende toda esta concatenación, estaremos siempre condenados a seguir observando estos fenómenos sin poder relacionarlos y perdiendo entonces buena parte de la perspectiva.

Para que haya ocurrido lo que ocurrió con el muchacho Balbo el pasado domingo en el estadio Kempes, tuvo que haber, necesariamente, complicidades. La estatal, porque no terminan de aparecer las políticas públicas requeridas para acabar con este problema cada vez mayor (102 muertos hasta que asumió Julio Grondona la presidencia de la AFA,  186 durante su mandato, y ya van 29 desde su fallecimiento hasta hoy), la policial, que forma parte de un entramado mafioso poco revisado por las autoridades de turno, de los medios, que sólo se dedican al tema cuando ocurre una desgracia y desde una liviandad absoluta –con escasas excepciones- y desde los propios hinchas que a veces desde el miedo y otras desde el “no te metás”, permiten locuras como la del último asesinato.

Porque no todo pasa por las políticas de prevención sino también por la propia forma de concebir el espectáculo y de la adhesión a la violencia de quienes dejan el hueco en la tribuna central porque allí debe ir la barra brava , pero también de los que aplauden a los violentos cuando ingresan, entonan sus canciones en cualquier lugar del estadio (y no sólo cerca de los que obligan) y hasta los muchos que piden autógrafos a los capos de estas mafias, como si fueran celebrities.

Por supuesto que la referencia al hincha común que por lo general justifica a los violentos y canta sus canciones forma parte de ese establishment que al finalizar el Mundial de Suecia 1958 implementó este modelo con el llamado “Fútbol espectáculo”, y con la importanción de DT extranjeros o formados en las escuelas más tacticistas europeas que generaron una enorme resistencia inicial en el público y hasta en los jugadores, y que para llevar a cabo semejante plan emparentado con agentes, ventas, fichajes y dinero rápido y grueso para que vaya a los bolsillos más inescrupulosos, hubo que reprimir a los protestantes, hasta llegar a la sofisticación actual.

Fue todo un proceso que derivó en el vaciamiento del fútbol argentino, hasta transformarse en una industria de agentes, maletines, anteojos oscuros, aviones, y centenares de millones de dólares, y en el que las barras bravas cumplen su propia función.

Por eso, este sistema necesita de un periodismo justificador de planteos resultadistas, o que se pregunte con “ingenuidad” qué es mejor, si ganar o jugar bien, o entrenadores vende-humo que trabajen con drones para plantear un partido. Porque forman parte del mismo entramado justificante.

En un fútbol que arrastra la vergüenza de muertos en partidos en los que los hinchas visitantes ni siquiera pueden ingresar a los estadios, es decir, que dos hinchadas que simplemente quieren colores distintos no pueden compartir un mismo espacio social, esta nueva muerte, la 317 de la fría estadística, sólo cumple con mostrarnos una vez más que este fútbol argentino perdió sus tribunas desde hace rato, demasiado pendiente del negocio.


Y los cómplices son demasiados.

domingo, 16 de abril de 2017

Casi todos juegan para Boca, menos Boca




Este campeonato argentino modelo 2016/17 estuvo hecho desde sus inicios a la medida de Boca Juniors. Con el resto de los equipos grandes jugando distintos torneos continentales anuales (River y San Lorenzo, sumado a Lanús, el último campeón, en la Copa Libertadores, Racing e Independiente en la Copa Sudamericana), y con otra de sus tantas inversiones millonarias, el equipo de los mellizos Barros Schelotto se encuentra ante una posibilidad clara de sumar otra estrella y proyectarse al plano internacional en 2018, pero hace todo lo posible para tropezar.

Decididamente, Boca es uno de los equipos que menos espectáculo ofrece en cada una de sus presentaciones. Pero cuenta con una delantera capaz de aprovechar cualquier error del rival, por mínimo que sea, y le basta con dos o tres minutos de acercamiento al área adversaria como para ponerse en ventaja.

El problema que tiene Boca es que ya desde los tiempos en los que el director técnico era Rodolfo Arruabarrena, hasta el presente con su reemplazante, Guillermo Barros Schelotto, nunca pudo definir una filosofía de juego, el famoso “a qué jugar”, que es la piedra basal para poder establecer un esquema que responda a esta pregunta.

De esta forma, Boca, que tiene todo para salir campeón (rivales en otra cosa, jugadores de gran calidad para casi todos los puestos) fue cometiendo serios errores en su camino, y aún así lleva cinco puntos de ventaja a su inmediato perseguidor, Newell’s Old Boys, aunque su máximo rival, River Plate, se fue acercando a seis puntos casi sin darse cuenta y aún deben enfrentarse en la Bombonera.

Boca tuvo su primer inconveniente serio, además de no haber jugado bien casi nunca, que fue la salida de Carlos Tévez al fútbol chino. Justo cuando Fernando Gago volvió de una larga lesión, se había integrado perfectamente con el “Apache” y parecía que el equipo encontraba por fin un sistema integral de juego cuando se produjo la salida del volante-delantero a Asia.

En ese momento, los mellizos Barros Schelotto encontraron un reemplazo ideal en el muy hábil Ricardo centurión, además de un goleador letal como Darío Benedetto, aunque no supieron reencauzar a Pavón, quien fue de más a menos en la temporada, hasta perderse por no tener la capacidad de saber elegir la última jugada.

La dupla técnica se empecinó con el joven uruguayo Bentancur, una de las grandes incógnitas de este tiempo: transferido en una fortuna a la Juventus, nunca pudo demostrar en Boca una mínima cuota de esa supuesta valía, pese a lo cual, ya en los últimos partidos se pudo entender parte del problema: con la nueva lesión de Gago y la del colombiano Sebastián Pérez (mal elegido, una vez más, para reemplazar a Gago), no quedó otra que colocar como volante central al otro colombiano, Wilmar Barrios, un verdadero “cinco” de marca y distribución, y éste liberó al uruguayo y alcanzó a potenciarlo un poco.

Es decir que la dupla técnica boquense, que nunca tuvo en claro el sistema de juego y tonó decisiones espasmódicas (casi siempre equivocadas en lo táctico), acabó acertando casi por azar en la mayoría de los casos: el de Centurión (por la salida de Tévez), el de Gago (porque justo estaba Tévez), el de Barrios (por las lesiones de Gago y Sebastián Pérez) y el de Betancur (por la entrada de Barrios).

A tal punto llega el desconcierto que ante la nueva lesión, ahora de Centurión, con lo que implica para un juego tan limitado del equipo, la dupla técnica volvió a fallar con la elección de Nazareno Solís en vez de Oscar “Junior” Benítez ante un rival tan pobre como Patronato de Entre Ríos y apenas un centro del delantero ingresante, en el último minuto del primer tiempo, le permitió zafar de ser cambiado por varios minutos más. Nada más que por eso.

Este Boca puntero, con tanta distancia sobre sus perseguidores, la mayoría de ellos en otra cosa, había tenido que enfrentar como local a un equipo que había perdido 0-5 la semana pasada ante un Independiente que no consigue ganar ni como local, y sabiendo que los demás resultados lo habían favorecido: el empate de Newell’s-Estudiantes, y la derrota de san Lorenzo en Tucumán.

Y sabiendo todo esto, ante uno de los rivales más pobres, como local, con tanta ventaja en la tabla y ante su público, apenas consiguió un gol en el descuento del primer tiempo y hasta llegó a ingresar Leonardo Jara, en el final, para reemplazar…¡a Pavón! Ante los entrerrianos, que se fueron acercando al arco de Rossi casi por inercia, ante el pánico del “líder” de perder dos puntos en casa.

No es que Boca haya perdido dos puntos imposibles ante Patronato. Es que fue superado pocas semanas antes por Talleres también en la Bombonera y cuando los demás resultados lo habían favorecido.

Es que los de Barros Schelotto juegan mejor de visitantes que de locales por una sencilla razón: al no tener una idea de juego, les resulta más fácil esperar a que el rival venga un poco para que deje espacio a sus espaldas que pueda ser explotado por la delantera con tanta capacidad de gol.

En cambio, como local, Boca tiene que salir a buscar los partidos, y allí sí, sin ideas, y con tantos problemas defensivos en la marca, especialmente cuando el rival es el que encuentra espacios a espaldas de los volantes, la última línea se complica y casi siempre sufre algún gol por alguna vía inesperada.

En síntesis, este Boca con dos centrales lentísimos y de muy poca salida clara, con dos laterales que atacan mejor que lo que defienden, con un volante indefinido como Bentancur, y ahora sin dos de sus jugadores más decisivos (Gago y Centurión), ve con cierta inquietud el tramo final de un torneo que estaba servido en bandeja.


Porque todos juegan para Boca. Pero a Boca le falta que Boca también juegue para Boca. Claro, para eso hace falta alguna idea. Y parece que no hay, desde hace rato.

sábado, 15 de abril de 2017

Un escenario muy complicado para el Barcelona




El Barcelona le ganó a la Real Sociedad 3-2 y sigue peleándole el título de liga española al Real Madrid. Hasta ahí, el título, el resultado, el dato frío. También puede agregarse que el fin de semana que viene, se enfrentan en el Clásico en el estadio Saniago Bernabeu y que incluso los azulgranas podrían acortar camino. 

Matemáticamente, esto es posible. Incluso, que entresemana se juegan la clasificación a semifinales de la Champions League ante la Juventus, pero debe remontar un 3-0 en contra de Turín en la ida.

Todo puede ocurrir en fútbol y más aún, con un crack de la talla de Lionel Messi, el mejor jugador del mundo. Pero…¿cuánto de todo esto es posible, en la realidad, si nos ajustamos no sólo a lo que viene jugando el Barcelona estas semanas sino durante más de una temporada?

Este Barcelona es, desde hace largo tiempo ya, un equipo deshilachado, desvencijado, que ha perdido la gracia para jugar, y que conserva, dentro de lo poco que puede, algunos pocos movimientos de tiempos de esplendor, con jugadores, en muchos casos, desgastados por el paso del tiempo, y sin ninguna idea táctica que lo haya mejorado desde la llegada de un mediocre entrenador como Luis Enrique, sostenido en muy buena parte por los hinchas que recuerdan con melancolía sus tiempos de gladiador que se hizo culé luego de haber formado parte del Real Madrid, y porque en la primera temporada obtuvo títulos gracias al Tridente sudamericano y a que le ficharon lo que le negaron a Gerardo Martino, su sudamericano antecesor.

Luis Enrique no ha aportado nada en lo táctico, no ha potenciado a un solo jugador, no ha sabido sostener una plantilla a la que se le agregaron muchos refuerzos de escaso nivel y puede decirse que hoy, el Barcelona, sólo tiene no más de trece jugadores de una misma condición para pelear un título ante un equipo completo como el del Real Madrid, que juega con otra confianza.

No sólo eso:  si en la primera temporada, Luis Enrique logró cambiar su forma de conducirse a la plantilla tras aquella derrota en San Sebastián ante la Real Sociedad, cuando parecía que se relación con Messi iba de mal en peor, ya desde la segunda, con la tregua ya declarada, el equipo se fue apagando y ya nunca recuperó un rendimiento con cierta regularidad y se fue haciendo cada vez más vertical por las continuas lesiones de Andrés Iniesta, la baja en el nivel de Iván Rakitic, y el talento, en cambio, de los tres de arriba, Messi, Luis Suárez y Neymar.

Pero ahora, ya con el anuncio de Luis Enrique de que se irá cuando acabe esta temporada, el fin de ciclo se ve hasta en la última célula blaugrana. Un equipo con escasa confianza, lento, cansado, languidece ante cualquier presión o imposición rival, que muchas veces gana porque el talento de los de arriba, especialmente Messi, acaba resolviendo situaciones complicadas ante rivales de escasa jerarquía, incluso, ante equipos como el PSG que se metió tan atrás en el Camp Nou, que pagó carísimo su racanería.

Pero bastó que apareciera en el horizonte la Juventus, un equipo mucho más sólido, con un plantel completo al estilo del Real Madrid, para desnudar el actual momento blaugrana en Turín.

Con un Luis Enrique que jamás halló la fórmula para un buen funcionamiento colectivo, volcado en el final a un esquema con tres defensores, resignando a Jordi Alba por el lateral izquierdo (cuando en el derecho nunca tuvo recambio para el egresado a la Juventus, Daniel Alves),  Jérémy Mathieu jamás pudo sostenerse ante el 2-1 que le hacían Cuadrado y Dybala, y Javier Mascherano, como mediocentro, demostró que ya no está (desde hace meses) para los trotes en esa posición que requiere de un gran despliegue, cuando tuvo que reemplazar a Sergio Busquets.

Este Barcelona, que enfrenta una semana crucial en la que le espera la Juventus en el Camp Nou yel Real Madrid en el Bernabeu, puede encontrarse, si la lógica aparece, con escasas chances en ambos frentes de aquí a pocos días, con la sola final de la Copa del Rey ante el Alavés como motivación especial y con la necesidad de renovar una plantilla muy desgastada.

Será el momento, acaso, de un replanteo general, de rejuvenecer la plantilla y de abrevar en las fuentes para recuperar aquel juego que enamoró a toda una generación.


viernes, 14 de abril de 2017

Bauza, Sampaoli, los rumores y las certezas




A siete partidos del final de la temporada 2016/17, en los que el Sevilla se juega la chance de ingresar a la Champions League de manera directa o si tiene que jugar una Pre-Champions (con alteración de su calendario y diferencia importante de ingresos), la AFA vuelve, de manera recurrente, a la carga para contratar al entrenador del equipo andaluz, el argentino Jorge Sampaoli, como director técnico de la selección nacional.

Ya lo intentó hace nueve meses, pero en aquel tiempo, la cláusula de rescisión del contrato de Sampaoli con el  Sevilla era muy alto (8 millones de euros) y con una AFA desquiciada, rota institucionalmente, y con muchas deudas y nada en sus arcas por sus eternos desmanejos, no era posible esa erogación y se optó por un entrenador más barato, accesible, dispuesto a asumir incluso sin cobrar al punto de dejar a un equipo grande que recién había tomado, como Edgardo Bauza.

Más allá de que a Bauza no le fue bien en el juego del equipo ni en resultados (luego de ocho partidos en el grupo clasificatorio sudamericano, la selección se encuentra quinta y en posición de repechaje, sobre diez equipos), el trato que recibió fue de una absoluta falta de respeto de la institución.

Bauza ni siquiera recibió la decisión de echarlo cara a cara, sino que le fue comunicada a su agente Gustavo Lescovich un domingo por la nochecita, en pleno juego de una fecha de campeonato, como para que además, el bosque tapara a los árboles que nublaban ya la visión de una prensa voraz, pero que juega su propio partido.

Claro que después, Bauza se prestó al destrato accediendo a formar parte de una extraña forma de comunicación de su salida de la selección argentina, donde los mismos que formaron parte de la decisión lo colmaron de elogios personales pero mostrándole amablemente la puerta de salida luego de sacarlo de urgencia del San Pablo. Y aún así, la prensa accedió, sin posibilidad de preguntar.

Esta misma prensa también había acudido, en San Juan, a otra ridícula situación, cuando los jugadores de la selección argentina decidieron no hablar más después del “Caso Lavezzi”, y el capitán, Lionel Messi, lo comunicó sin aceptar ninguna pregunta.
¿Por qué la prensa argentina se presta, igual que Bauza, a que la maltraten de esta forma, y ser testigo de un hecho en el que se la excluye pero se la convoca para enterarse?

Acaso porque se trata, en buena parte, de una prensa amordazada en cuanto a las grandes preguntas, a las que pueden marcar cambios institucionales, a las que afectan intereses concretos, a las que se meten en la médula de la cuestión.

Y no se trata sólo de la prensa argentina, sino de la española también. Si de este lado del océano no parece interesar (al menos hasta ahora) demasiado si Jorge Sampaoli cobró, junto a su cuerpo técnico, 6 millones de dólares en tres empresas offshore en las Islas Vírgenes cuando fue director técnico de la selección chilena y ahora acaso podría tener el mismo modus operandi con la AFA, al menos hasta que se demuestre lo contrario, también es interesante analizar el enojo de la prensa andaluza.

Desde Sevilla se considera inaceptable que la AFA se reúna con Sampaoli a siete partidos del final de la temporada del Sevilla, como si eso interfiriera en verdad con el rendimiento del equipo en un momento clave. Es decir que se trata de un hecho, por un lado cultural, y por otro, de una absoluta hipocresía.

Desde lo cultural, en España se le da muchísima más importancia a las formas que en la Argentina. Entonces, si las negociaciones entre la AFA y Sampaoli se llevan a cabo, pero no se ven los protagonistas cara a cara, no hay escándalo porque todos hacen que no se enteran, pero si se reúnen, es un escándalo y el propio Sevilla FC se ve obligado a emitir un comunicado sobre algo que ni siquiera puede constatar que ocurre (como bien hizo saber, de manera inteligente, el propio protagonista).

Nos preguntamos si, por ejemplo, cuando el Sevilla FC quiso contratar a Gabriel Mercado, cuando éste aún jugaba en River, no se  comunicaron los dirigentes del club, o un agente contratado por éste, con el representante de Mercado y/o con River Plate. ¿Y Mercado no estaba jugando aún el torneo argentino en ese momento?

Son reglas de juego de este sistema, por muy criticable que éste sea, lo cual ya es otra cuestión. Pero si existe una cláusula de rescisión por la que pagando, se rompe un contrato, y las dos partes que negocian están de acuerdo en romperlo, no hay motivos para que la AFA y Sampaoli no puedan reunirse pensando en el día después del 21 de mayo, último partido de los andaluces en la temporada.

Entonces, el enojo de los medios sevillistas está más relacionado a una situación cultural que se fue exportando a la Argentina a través de la globalización: que estos medios juegan el partido de los intereses de los clubes y no de su público, o en todo caso leen o parte de la creencia, que todo el público de su ciudad o jurisdicción es hincha de ojos cerrados, acrítico, y que sólo quiere buenas noticias, para acabar siendo más papistas que el Papa.

Por eso creemos que el sorprendente comunicado del Sevilla FC en el que advierte a la AFA sobre que hará “valer sus derechos” sobre el contrato con Sampaoli (que, reiteramos, puede romperse pagando hoy una cláusula más baja, de 1,5 millones de euros, para la temporada que viene) es más una señal ante los suyos, los hinchas, los socios del Sevilla, acerca de que se tienen que quedar tranquilos, que el DT sólo piensa en los siete partidos que quedan, que para la AFA misma.

Tanto es así, que José Castro, el presidente del Sevilla FC, es muy amigo del principal mentor de Sampaoli en la “nueva” AFA, Daniel Angelici, y el contacto entre ellos es permanente.  En todo caso, lo que generó el comunicado es la ridiculez de que Claudio Tapia, el presidente de la AFA que iba a tratar de reunirse con Sampaoli en Valencia, ahora haga de cuenta que no se reúne, pero las negociaciones siguen por todas las otras vías posibles (incluso, el agente de Sampaoli, Fernando Baredes, se encuentra en Barcelona con la explicación de que justo su hijo juega un torneo juvenil allí).

En cuanto a la prensa argentina y la globalización, ya es absolutamente habitual (y aberrante desde lo periodístico) que muchos de los que cubren las actividades de los equipos, tomen posición por ellos, y hasta a veces son tratados por los conductores de los programas radiales o televisivos, como si ellos mismos fueran la institución o parte de esos planteles que dicen cubrir.

Asistimos entonces a un periodismo deportivo que se enoja y enardece en nombre de clubes que debe cubrir, que asiste a comunicados en los que no puede preguntar, y que no pregunta , muchas veces, lo importante sobre lo secundario cuando sí tiene todas las chances de preguntar (¿ o es que los medios que tienen los derechos de TV en la Argentina lanzarán la pregunta acerca de las empresas offshore de Sampaoli cuando ellos mismos estuvieron involucrados en el FIFA Gate?).


En este contexto, no es de extrañarse que los dirigentes sean los que son y se manejen como se manejan.