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domingo, 19 de agosto de 2018

Las dudas y los reacomodamientos en el Real Madrid (Yahoo)





Apenas transcurrieron tres meses. Antes de que el verano asomara en Europa, cuando la temperatura iba subiendo en el continente, una vez más, el Real Madrid se revolvía en las mieles del éxito y conseguía su decimotercera Champions League en Kiev, la tercera consecutiva, al vencer en la final al ascendente Liverpool de Jürgen Klopp.

Sin embargo, sin darse cuenta del todo, esa misma noche, una vez finalizado el partido, comenzaba a cocinarse un futuro mucho más preocupante, cuando por fin Cristiano Ronaldo blanqueó ante los medios, en pleno festejo del plantel blanco, que su brillante ciclo en el club, apenas comparable a lo realizado en los años cincuenta por Alfredo Di Stéfano, se había acabado y es más, lo había compartido con sus compañeros en el vestuario.

Pocos días más tarde, y cuando lo del gran delantero portugués no se había confirmado aún de manera oficial, estalló la bomba que faltaba: el entrenador francés Zinedine Zidane, el artífice de la armonía de un vestuario repleto de estrellas, y el de algunos cambios tácticos fundamentales en el andamiaje del equipo desde los anteriores y cortos tiempos de Rafa Benítez, anunciaba su desvinculación, ante la mirada desaprobatoria del presidente Florentino Pérez.

En esos días previos al Mundial de Rusia, el Real Madrid entró definitivamente en una espiral negativa, que se consumó dos días antes del debut de la selección española, cuando Pérez anunciaba desde Madrid la contratación de Julen Lopetegui como sucesor de Zidane, y esto motivó el lógico desenlace por el que el nuevo presidente de la Federación Española, Luis Rubiales, echó al entrenador y lo sustituyó por Fernando Hierro, quien ya se encontraba con la delegación.

Por si fuera poco, tras al Mundial, Cristiano Ronaldo anunció que pudo negociar su salida del Real Madrid junto a su representante, el principal agente de futbolistas del mundo, su compatriota Jorge Mendes, para marcharse a la Juventus.

Así fue que en el final del verano, cuando volvió a la actividad tras las vacaciones, apareció un Real Madrid que tenía que despejar tres dudas fundamentales: ¿Es posible reemplazar con algún jugador la salida de alguien que marcó tanto al club como Cristiano Ronaldo, ganador de cinco Balones de Oro?, ¿Cómo administrará Lopetegui esta situación? En el caso de necesitarse algún fichaje, ¿qué clase de jugador podría hacer olvidar al portugués?

Desde los partidos amistosos en los Estados Unidos, comenzó a observarse que este Real Madrid modelo 2018/19, trata de mantener el juego prolijo, el mismo ecosistema que con Zidane que le generó tantos éxitos y un notable respeto internacional, pero hay una evidente posibilidad de un comienzo de ciclo nuevo, con algunos cambios muy importantes para tener en cuenta y que ya aparecieron tanto en la sorpresiva derrota (por el resultado y por cómo fue el transcurso) ante el Atlético Madrid por la Supercopa de Europa, y en el debut liguero en el Santiago Bernabeu, cuatro días más tarde, ante el Alavés.

La falta de Cristiano Ronaldo puede tener, obviamente, su lado negativo, como es la evidente aportación de goles (y decisivos) del portugués. Pero al mismo tiempo, a Lopetegui se le aclara el panorama en cuanto a la generación de fútbol y la posibilidad de que participen todos, del medio hacia arriba, en el armado del juego con una mayor horizontalidad, sin que uno de los delanteros, por más importante que sea en la definición, se quede esperando la última pelota.

En este sentido, comienza a notarse un mayor protagonismo del galés Gareth Bale, bastante relegado con Zidane a partir del crecimiento de Isco Alarcón, que de ninguna manera significa que ahora con Lopetegui vaya a perder su lugar (se conoce la predilección del entrenador por el volante, desde los recientes tiempos de la selección roja), sino que ante la ausencia de Cristiano Ronaldo, el ex Tottenham Hotspur se muestra con toda su potencia como delantero en todos los frentes y su crecimiento empieza a vislumbrarse.

También parece ser el tiempo de Marco Asensio, un jugador en franco ascenso en los últimos tiempos, pero dada la enorme cantidad de estrellas ya consolidadas, no podía encontrar todavía su lugar exacto en el esquema del equipo.

La llegada de un gran portero como el belga Thibaut Courtois, tal como ocurrió tras el Mundial de Brasil con Keylor Navas, como consecuencia de haberse destacado en el gran torneo, plantea la duda sobre si Lopetegui o el Real Madrid como club piensan respaldar al que ganó las tres Champions consecutivas o si, por los efectos de Rusia, acabarán desplazándolo. El hecho de haber contratado al ex arquero del Chelsea para que haya competencia real en el puesto, no parece la mejor idea y justamente en estos años, Zidane había preferido a Kiko Casilla como segundo en la línea de sucesión, con mucho más bajo perfil, y logrando de esta forma una mayor tranquilidad en un lugar fundamental de la cancha para un equipo.

Aparentemente solucionado el problema con Luka Modric, quien fue tentado por el Inter y estuvo a punto de salir, Lopetegui deberá hurgar en lo ocurrido en Talin por la Supercopa de Europa, no sólo por el muy bajo rendimiento defensivo ante el Atlético, sino por el desempeño anímico de un plantel poco acostumbrado a perder finales internacionales (de hecho, el Real Madrid no caía en una desde 2000, cuando cayó ante Boca Juniors por la Copa Intercontinental).

Generalmente ganador con autoridad de esta clase de finales, dos de ellas por la Champions ante el Atlético, sorprendió que los rojiblancos le arrebataran la Supercopa europea de esta forma, sobre el final, pero aún más en el alargue y que le hayan marcado cuatro goles, una cifra muy alta por tratarse de un club con semejante tradición y justo en el debut oficial de Lopetegui como entrenador.

Acaso por esta dura derrota, más por el rival y por lo anímico, el sistema futbolístico europeo y español fue fijando una tendencia negativa que podría derivar en la necesidad de un fichaje como revulsivo, si bien éste tendría que ser de una estrella con garantías, al estilo de Eden Hazard, o que altere la paz de la Liga, como Neymar.

Un club como Real Madrid y un presidente como Florentino Pérez no suelen quedarse cruzados de brazos ante un comienzo de temporada con tantas dudas y con perspectivas no muy claras.

jueves, 16 de agosto de 2018

La diferencia es económica y cultural, nunca técnica




Ya en los días finales del pasado Mundial, en el centro de prensa de Nizhny Novgorod, un colega nigeriano nos pide una entrevista sólo porque dijimos lo que ya conocía de memoria, pero quería escucharlo de boca de un sudamericano: que no se entiende por qué las selecciones africanas, que habían traído aire tan fresco al fútbol mundial, ahora no sólo quedaban eliminadas pronto sino que todas ellas son dirigidas por europeos.

Esto mismo que se trata de advertirles a los africanos es lo que, desde hace seis décadas, ocurre con el fútbol argentino, aplicable también a uruguayos, brasileños (en menor medida), o colombianos.

El fútbol argentino comenzó a ser menos criollo, menos local, menos artístico, menos técnico, cuando regresó a los Mundiales después de 28 años de aislamiento (en Italia 1934 tampoco jugaron los considerados mejores) en 1958, en Suecia, y tras la dura derrota ante Checoslovaquia y la eliminación en primera ronda, los cráneos de los dirigentes de entonces (parece que las circunstancias cambiaron muy poco) determinaron que había que copiar el modelo europeo en vez de hacerlo con el que, al fin y al cabo, había sido el brillante campeón, Brasil.

Desde entonces, y a eso vamos, el fútbol argentino, sin prisa pero sin pausa, fue caminando hacia un sistema que implementó a Europa como la Meca futbolística mundial y se movió dentro de la lógica económica de que el mayor ingreso de todos los rubros pasa por los derechos de TV pero más aún, por la venta de jugadores al exterior.

¿Y qué continente puede pagar más y que los jugadores de prestigio sientan que pasan a una liga acorde a sus pretensiones? Europa. No por nada, uno de los padres de la Sociología, Max Weber, nos refería a la racionalización de Occidente. El fútbol europeo fue diseñando entonces, de manera inteligente (“racional”) un sistema para que sus clubes no sólo captaran algunos talentos sudamericanos aislados, con un cupo muy básico, sino que desde la Ley Bosnan en adelante, a mediados de los noventa, se abrió definitivamente el mercado, y no sólo hubo libre circulación de futbolistas UE sino que al cumplir muchos de ellos con los requisitos de nacionalidad por años de residencia, se abrían nuevos cupos para extranjeros no comunitarios.

“¿A qué le llamo usted fútbol europeo cuando la mayoría de los jugadores de esos planteles de clubes grandes europeos son sudamericanos o africanos?”, nos preguntaba el gran director técnico Carlos Bianchi para una entrevista que le hicimos para la revista de la FIFA, en todos los idiomas, hace más de una década.

Claro que eso trajo muchas consecuencias en la estructuración de los torneos argentinos y en la forma de jugar de sus equipos. Porque si el rubro de mayores ingresos es la venta de jugadores al exterior, que cualquier industria nacional envidiaría (vender en millones de euros, gastar en pesos), entonces hay que adaptarse al calendario que rige del otro lado del océano aunque cuando allí se juegue, aquí se juegue en pleno verano. Y cuando allí se pare, por el verano, aquí se pare, en pleno invierno.

Y si en los sistemas tácticos del fútbol europeo no se juega con wines (no extremos, sino con nuestros wines), entonces, ¿para qué los vamos a fabricar si no se los venderíamos a nadie ¿ y nuestra lógica es vender. Y si los europeos un día creen que no se necesita más al diez clásico, entonces nosotros no fabricamos más diez porque no se los venderíamos.

Claro que para poder llevar a cabo este rotundo cambio, se necesita de los justificadores de ello, los que hacen de puente entre los protagonistas y el público, los aficionados, es decir, los medios de comunicación, que encuentran, a partir de su propio negocio (sin entender que de fondo, el negocio se les empieza a terminar por la falta de calidad y resultados finales), una forma de adherir al show.

Entonces, llega el amistoso entre Barcelona-Boca por la Copa Joan Gamper y nos encontramos con comentarios como que el fútbol sudamericano “no le gana más” al europeo. ¿A cuál europeo? ¿Al de Messi, Suárez, Coutinho, Malcom, Démbélé, Arthur?

Esa simpleza de análisis, asusta. Es más: Boca pudo haberse ido 2-1 abajo al terminar el primer tiempo ante Messi y compañía, aunque los azulgranas hayan sido superiores.  Pero el tema es otro, y es preguntarnos cómo fue el planteo del director técnico del equipo argentino ante un gran equipo (sin dudas) como el Barcelona: y allí está la cuestión.

Porque ya en el fútbol argentino ya muy pocos se plantean que se pueda jugar con tres delanteros y con un diez que arme juego. Se da por sentado que ante un equipo superior “no hay que jugar de igual a igual”, porque la mayoría de los equipos no juega a nada, y no porque no tengan jugadores, porque, de fondo, muchos de esos jugadores son los que mañana integrarán los Barcelona, Atlético Madrid, Inter, Milán…es decir que no es un problema de jugadores, sino de actitud, de cultura ante el juego, de especulación, de miedo a perder, de falta de trabajo técnico en las divisiones inferiores porque se apunta sólo a pulir en cada jugador lo que les dará de comer mañana con una futura venta.

A su vez, nos preguntamos, si los clubes venden en euros y viven en pesos, por qué la mayoría se encuentra en tan mala situación cuando deberían estar holgados, pero eso es otro tema para desarrollar en futuros artículos y del que ya nos hemos referido varias veces en el pasado.

Entonces, no es tan “desigual” el Barcelona respecto a Boca en origen sino en actitud, en lo que cada uno pretende de sus equipos, en el ideario de sus dirigentes, en el trabajo que se haga desde las divisiones inferiores.

Siempre, en los últimos años, se refirió con admiración, desde Argentina, y como algo inalcanzable, el trabajo de la cantera del Barcelona que derivó en que en 2012, tres de sus jugadores llegaran a la terna por el Balón de Oro al mejor jugador del mundo de la FIFA, pero pocos dirigentes se dieron cuenta (¿o miraron para otro lado?) de que era, acaso, lo más fácil de copiar: no gastar en contrataciones y apostar a un sistema de juego, a una estética, desde las divisiones juveniles, desde muy pequeña edad.

Claro, eso necesita paciencia, sistematización, ideas claras de juego y de lo que se pretende para los jóvenes que llegan, pero siempre es menos caro que fichar jugadores profesionales desde otros clubes, a veces desde países vecinos, con otra formación y amor a otros colores…o a ninguno.

Entonces, el problema no está en que Rafinha haga un gol de sombrero, o que el Barcelona tenga la pelota más tiempo, sino en que Boca lleva años atacando con no más de dos delanteros, y con siete a ocho jugadores detrás de la línea de la pelota…¡y es el club más poderoso de la Argentina!

Una vez más: la actitud, la falta de ideas y de criterio, y no tanto la cuestión meramente técnica.

Por último, se dijo graciosamente en muchas oportunidades que Lionel Messi no podría tener en el fútbol argentino el suceso que alcanzó en el Barcelona, porque se lo marcaría distinto, se lo rozaría más y tantas otras justificaciones, pero lo cierto es que el crack rosarino se destacó ante todos sus rivales argentinos: Boca, River, o Estudiantes.

                                        

lunes, 13 de agosto de 2018

Un fútbol demasiado poco serio para ser creíble (Jornada)




Se suele decir que la Argentina busca que le presten dinero desde la banca internacional pero sus gobernantes no sabrían qué responder si les consultaran cuánto dinero de los propios compatriotas hay en el exterior. Algo así como “¿por qué tendría que creerles yo si no creen ustedes mismos?”.

Algo muy parecido –como no puede ser de otra manera, porque el fútbol es apenas una fotografía de la realidad y no puede estar ausente de ella- ocurre en el balompié nacional cuando se pretende mostrar un cambio de imagen y la pantalla de TV nos devuelve un estadio lleno de pozos y césped desparejo y recauchutado como el del estadio Tomás Ducó, la cancha de Huracán, en la que anoche empataron en un partido difícil de digerir, 0-0.

Si la Superliga, una nueva estructura creada por los clubes más poderosos, seguidos por la clase media, nació con la firma de muchos dirigentes que no saben lo que hicieron -esto, denunciado en su momento por Mario Gianmaría, presidente de la Liga Rosarina-, quiere copiar el modelo de la Liga Española, que castiga a los que no llenan sus espacios en las tribunas centrales para que no haya flancos en la imagen que llega al exterior que compra los derechos televisivos, lo único que hace el fútbol argentino es seguir auto engañándose, creyendo que nada importa.

Gran parte de este engaño se debe a que los clubes fundaron la Superliga comprando los peces de colores que en su momento, allá por 2016, le vendió Javier Tebas Medrano, el presidente de la Liga de Fútbol Profesional (LFP) español, en un contexto totalmente diferente, en un país mucho más federal, que no tiene, generalmente, más de cuatro equipos de una misma región (justo en este momento, excepcionalmente, Madrid tiene cinco), y en el que la mayoría de las entidades no cumple con funciones sociales como en la Argentina.

Se trata de un fútbol que tiene cinco árbitros por partido, por ejemplo, pero que permite que el Tribunal de Penas de la AFA le devuelva, porque sí, sin una explicación clara, dos de los tres puntos que le quitó a Newell’s Old Boys en la temporada pasada por impago a sus jugadores y por mostrar documentos nada claros, y de esta manera los rosarinos superan a Lanús en el promedio, lo que generó un portazo del presidente “granate”, Nicolás Russo, quien esgrimió, razonablemente, que no puede ser que su club se abstuviera de grandes contrataciones para mantener equilibrada su economía, y el que no cumple con estos requisitos, recibe un premio meses más tarde.

Lo que omitió Russo es que quien comanda esa misma AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, es el mismo al que él fue a recibir y aplaudir en Ezeiza cuando regresó del Mundial de Rusia, y que se sepa hasta ahora, no parece haber indicios de triunfos allí y ni siquiera de que institucionalmente las cosas hayan funcionado. Naturalmente, esto le quita seriedad a la queja, originalmente lógica, del presidente de Lanús.

Pero aún peor es lo que ocurrió en la semana cuando Josep Guardiola, el reconocido director técnico del Manchester City, respondió en una conferencia de prensa en el contexto de la Premier League, desmintiendo que Tapia lo hubiera contactado (como afirmó el presidente de la AFA ante un canal de televisión por cable) para proponerle dirigir a la selección argentina, y que la respuesta haya pasado por una desmedida exigencia económica.

No sólo eso: de las palabras quejosas de Guardiola, que le dedicó unos minutos a Tapia en medio del debut de su equipo en la Premier League, se desprende que sigue con intenciones futuras de estar ligado a la selección argentina y por eso cree que acaso con estas declaraciones de Tapia, acaso las puertas se pudieron haber cerrado para él.

Pero menos se entiende, entonces, que Tapia también afirme que su mayor candidato para la selección argentina es Mauricio Pochettino, el exitoso director técnico del Tottenham Hotspur, también de la Premier League, porque aún si en este caso fuera cierto, o el oriundo de Murphy quisiera dejarlo todo para hacerse cargo del equipo nacional, ¿cuál es la línea futbolística que persigue la AFA?, ¿A qué quiere la AFA que juegue su selección?

Guardiola y Pochettino pueden tener en común una larga trayectoria, sus evidentes conocimientos acerca del manejo de sus equipos, su seriedad, pero futbolísticamente, no tienen tanto parecido. Son líneas distintas, al igual que la de Diego Simeone (más allá de la imposibilidad de contratarlo no sólo por su presente en el Atlético Madrid, sino porque durante el Mundial pasado circuló un audio de una conversación con su ayudante Germán Burgos en el que deja en claro su postura ante la dirigencia de la AFA).

Todo lo enumerado nos hace regresar a lo mismo. No sólo no hay seriedad en la dirigencia del fútbol argentino, sino que, por si quedaba alguna duda, sus máximos dirigentes se encargan de mostrarlo un día sí y el otro también.
Por eso, Jorge Sampaoli puede llegar a ser un día “el mejor DT del mundo” y apenas un trimestre más tarde, simplemente se trataba de un error y una sorpresa porque “no fue el del Sevilla o la selección de Chile”.

Todo “sé gual”, como solía decir “Minguito Tinguitella”, el entrañable personaje de Juan Carlos Altavista.

Y así, en este contexto, transcurre el fútbol argentino queriendo esparcir el humo de que vivimos un cambio porque el torneo se da en llamar, ahora, “Superliga”, y parte de la administración funciona en otro edificio.

domingo, 12 de agosto de 2018

¿Será el año del Atlético? (Yahoo)




El  sábado 1 de junio de 2019 figura en rojo en el calendario de todos los simpatizantes del Atlético de Madrid. No es un día más sino el de la final de la Champíons League, el título que se le viene negando al club, últimamente por muy poco, y que en esta temporada se definirá en el Wanda Metropolitano, su nuevo estadio.

Para los “colchoneros”, y así lo sienten y lo han tomado, es la gran ocasión para mentalizarse y juramentarse como para tratar de ganarla y que no haya manera de que se les escape y la gran prueba está en los inteligentes movimientos de mercado, y en la forma en que también el club ha conseguido retener a sus principales figuras ante el acecho de instituciones poderosas en lo económico y que no sólo reunían los fondos para esos fichajes sino que se favorecían con la posibilidad de hacer efectivas sus cláusulas de rescisión.

Sin embargo, la determinación de sus dirigentes y en especial, de su ya legendario entrenador, Diego Simeone, han conseguido bloquear cualquier intento hacia sus jugadores considerados claves y sólo se han marchado los que se consideraron factibles.

Sólo dos de los que emigraron, el volante Gabi Fernández (al Al Sadd de Catar) y el lateral croata Sime Vrsaljko (al Inter de Milán), ocuparon en muchos casos posiciones como titulares, mientras que el delantero argentino Luciano Vietto (al Fulham) y el francés Kevin Gameiro (al Valencia) no pudieron hacer pie con continuidad.

En cambio, el Atlético sí supo resistir las temibles ofertas por el portero Jan Oblak (por parte del Chelsea), el central uruguayo Diego Godín (pretendido por el Manchester United), su compatriota y compañero de zaga José María Giménez (por quien se mencionó un interés del Real Madrid),  y especialmente por el delantero francés Antoine Griezmann, del que se llegó a afirmar que tenía todo ya arreglado con el Barcelona y por eso llegó a ser el principal protagonista del mercado en sus primeros días de verano, hasta que justo antes de comenzar el Mundial de Rusia (que acabó ganando) cerró cualquier posibilidad de traspaso al comunicar que se quedaba en el club rojiblanco de Madrid.

Con esa base y la continuidad en la defensa de Stefan Savic y del revalorizado (con un muy buen Mundial) Lucas Hernández para sumarse a los laterales Juanfran y Filipe Luis, los volantes Thomas, Koke, Saúl y Vitolo, y los delanteros Correa y Diego Costa, los fichajes han aportado una enorme riqueza en todas sus líneas para llegar a completar una de las plantillas más cotizadas del Atlético en el último tiempo.

Si ya el equipo pudo ganar de manera clara la Europa League pasada (la tercera de su historia) con la base de la temporada pasada, las llegadas de jugadores como el lateral derecho de la selección colombiana, Santiago Arias, el pivote Rodri Hernández, del Villarreal, los extremos Gelson Martins (Sporting Lisboa) y Thomas Lemar (Mónaco) y el delantero Nikola Kalinic (Milan) significan, sin duda, un gran paso adelante y el aumento de las expectativas para esta temporada, toda vez que ya el Atlético se fue colocando como el tercer equipo español en la lucha por los títulos más importantes.

Eso no significa que no haya habido lugar para fichajes pensando en el futuro, y un caso testigo de ello fue el de Jonny Castro, del Celta de Vigo, quien firmó por seis temporadas pero que se marchó cedido al Wolverhampton, equipo inglés que ascendió a la Premier League y al que se emparenta con el poderoso empresario portugués Jorge Mendes, muy cercano a la dirigencia del Atlético de Madrid  y que por esta misma razón encontró muchas críticas por parte de la prensa.

Que la final de la Champions League sea esta temporada en el Wanda Metropolitano y que el principal objetivo sea conseguir lo que nunca ha logrado el Atlético en su historia no significa que vaya a descuidar los otros frentes, en especial, la Liga Española, que ganó por última vez en la temporada 2013/2014.

Para eso, Simeone nunca deja librado todo a lo individual, sino que cada fichaje está pensado como parte de un engranaje para resolver lo colectivo.

En este sentido, el entrenador argentino, ídolo del club en el que también tuvo éxito como jugador (formó parte del recordado equipo del “Doblete” de Liga y Copa en la temporada 1995/96), quien comenzó su trabajo en 2011, por lo que ya lleva siete años en su función, opera casi como secretario técnico al mismo tiempo, al tener total injerencia en las decisiones de los fichajes.

En una temporada española especial, en la que cada uno de los tres equipos más fuertes ha perdido un jugador de referencia (Cristiano Ronaldo en el Real Madrid, Andrés Iniesta en el Barcelona, Fernando Torres en el Atlético), y todos cuentan con plantillas muy fuertes, el Atlético apunta cada vez más alto y cada vez tiene jugadores con más calidad para conseguir sus máximos objetivos.

¿Será, por fin, el año del Atlético?

miércoles, 8 de agosto de 2018

Scaloni, energía pura, líder de vestuarios y miedo a los aviones (Infobae)




Son las doce de la noche en Madrid y el estadio Santiago Bernabeu está casi vacío. Apenas si se escuchan los pocos gritos de los fanáticos del Deportivo La Coruña que quedan, agitando sus banderas. Le acaban de ganar nada menos que al Real Madrid por la final de la Copa del Rey justo en el año del Centenario del club y ya casi todos los jugadores del equipo gallego desfilaron por las cámaras de TVE, el canal estatal español, que ya no sabe cómo seguir rellenando un espacio inicialmente pensado para los merengues. Todos, aún con sus camisetas salidas o cambiadas con sus rivales, habían destacado lo que significaba ganar allí, cuando por fin, apenas con un slip, en cuero y descalzo, fue localizado Lionel Scaloni, quien al ser preguntado por el significado del triunfo sólo gritó “¡¡¡les cagamos la fiesta, les cagamos la fiesta!!!”

Así fue siempre Scaloni. Pura energía, una electricidad que lo necesita en movimiento constante, si no es pensando, o maquinando alguna broma, es yendo de un lado al otro, durmiendo muy pocas horas, “cuatro o cinco”, como le contó días pasados en un mano a mano a Matías Palacios de Infobae.

No es casual que Scaloni pareciera un jugador más, a sus 40 años (16 de mayo de 1978, apenas un poco más de un mes antes que Juan Román Riquelme, uno de sus compañeros de aquella selección argentina que ganara el Mundial sub-20 en Malasia en 1997) durante el pasado Mundial de Rusia, cuando fue parte integrante del cuerpo técnico de Jorge Sampaoli.

Tampoco, que llegara a ser capitán de un gran equipo del Deportivo La Coruña que marcó una época en los primeros años de este siglo bajo la dirección técnica del “vasco” Javier Irureta y ganara una Liga Española (1999/2000), una Copa del Rey y una Supercopa de España (ambas en 2002), una vez que se fueron dos referentes como el brasileño Mauro Silva y el talentoso Fran.

Scaloni, junto a su hermano Mauro, dos años mayor que él, dio sus primeros pasos en el Club Sportivo Matienzo de Pujato, a 33 kilómetros de Rosario, hasta que su padre, Ángel –“capaz de hacer cualquier cosa por sus hijos”, según definen los que lo conocen-, quien los entrenó allí y muy respetado por su duro carácter que sin dudas influyó en su personalidad, los colocó primero en Newell’s Old Boys en 1994 y no tuvo empacho en volver a llevárselos, con apenas 12 partidos jugados, a Estudiantes de La Plata en 1996.

Lionel quería jugar más adelante en la cancha, pero el director técnico de ese momento en Newell’s, Raúl Donsanti, decidió colocarlo como lateral derecho y entonces al poco tiempo ya estaban los dos hermanos en La Plata, pero luego de ganar el Mundial sub.20 de Malasia con José Pekerman como entrenador, fueron transferidos a Deportivo La Coruña. Su hermano Mauro fue al equipo B.

Allí en el Depor comenzaría una carrera de 17 años en el fútbol europeo, aunque su debut del 4 de enero de 1998 ante el Sporting de Gijón no podía haber sido peor.  Sus expectativas eran grandes pero a los tres minutos de su ingreso por el lateral derecho Armando, tuvo que salir porque expulsaron al arquero camerunés Songo’o y el entrenador José Manuel Corral hizo ingresar al arquero suplente, Rufai en su lugar…

La bronca de Scaloni fue doble porque además del escasísimo tiempo del debut, se equivocaron y en el dorsal de su camiseta decía “Leo Scaloni” en vez de “Lío”…

Sin ser un jugador indiscutido técnicamente, Scaloni se fue ganando un lugar en el vestuario, especialmente cuando llegó Irureta como director técnico, que armó un equipo sólido con un arquero como José Francisco Molina (ex compañero de Diego Simeone en el Atlético Madrid del “doblete” 1995/96), Mauro Silva,. Víctor Sánchez, Juan Carlos Valerón., Fran, Diego Tristán o su compatriota y también ex Newell’s, Aldo Duscher.

Cuando el “Superdepor” ganó la Liga Española en 2000 los festejos fueron impresionantes en La Coruña, y en especial, en la Plaza de María Pita, la Plaza Mayor de la ciudad, y allí, con los jugadores presentes en el balcón y teñido de rubio, apareció otra vez el Scaloni juerguista para imponer el clásico de “La Mosca” “Yo te quiero dar”, que acabó siendo el hit del verano.

El Deportivo jugó entonces la Champions League 2000/2001 y en el debut ante el Hamburgo, con el triunfo 2-1, Scaloni marcó el gol definitivo, cerrando los ojos y dándole a la pelota con alma y vida.

Por aquel tiempo, Scaloni no era capitán en el equipo pero sí líder del vestuario, y era querido, respetado, aunque técnicamente nunca lograra consolidarse en el once titular, aunque desde el Mundial sub-20 ganado con la selección argentina en Malasia había vuelto con un trauma: su miedo a volar tras padecer un aterrizaje forzoso.

Así es que en los viajes con la delegación del Deportivo por España, solía ir en la ida con sus compañeros por una cuestión de tiempos y físico, pero al regreso, lo hacía con su padre ya sean los mil kilómetros a Barcelona, o los seiscientos a Madrid, acompañado de su padre en un Alfa Romeo.

En 2006 todo parecía perfecto. Iba a ser parte del Mundial con la selección argentina en Alemania 2006 (aunque sólo jugó ante México por octavos de final) y ya había ganado con el Depor la Liga, la Supercopa de España y especialmente la Copa del Rey del “Centenariazo” en el Bernabeu ante aquel Real Madrid de los Zidane, Figo, Roberto Carlos, Makelele. Hierro o Raúl, cuando, repentinamente, todo se vino abajo.

Conocía la versión de que el nuevo entrenador del Depor, Joaquín Caparrós, no tenía muchas simpatías por los jugadores argentinos. Y la primera sorpresa fue cuando en enero de 2006 llegó Pekerman para verlos a él y a Duscher en un partido en Valencia, pensando en el Mundial de mitad de año, y el DT ni siquiera los puso.

Scaloni prefirió entonces irse a préstamo al West Ham, justo medio año antes de que llegaran Carlos Tévez y Javier Mascherano desde el Corinthians, para poder jugar y mostrarse, pero siempre le quedó el resquemor con Caparrós, al que no duda en señalar como “vende humo” en cuanta entrevista le hacen en los medios españoles y del que sostiene que “le hizo mucho mal al Depor y desarmó un equipo que costó años armar” (Duscher, el otro argentino, fue desplazado luego del cuarto entrenamiento porque para el entrenador estaba “excedido de peso”, según contó).

“Yo había quedado como capitán porque Mauro Silva y Fran se habían retirado, y hablaba seguido con Caparrós y él vino con una idea diferente, hasta para cómo ocupar las habitaciones en los hoteles, y discutíamos mucho, y luego para las cámaras te abrazaba. Chocamos mucho y yo me fui, no por la puerta de atrás sino de costado, con la gente preguntándome cuándo volvía al club”, le contó hace poco al popular programa televisivo español “Punto Pelota”.

Acaso pensando en que tras medio año sin encontrarse ni chocar, la situación podía haber sido distinta, Scaloni decidió regresar al Deportivo tras el Mundial 2006, y nomás al verlo, Caparrós decidió suspender el entrenamiento (“No sé por qué el entrenador cortó la práctica, porque es un hermoso día”, ironizó el argentino pocos minutos más tarde, con la prensa).

La situación seguía siendo la misma, o peor, al punto de que Scaloni se marchó del Depor un año antes de terminar su contrato “cuando el presidente Augusto Lendoiro no perdía nunca un euro en una transacción y yo venía de jugar un Mundial y me dejaron ir cobrando todo el año sin jugar”, recuerda.

Allí entonces emigró al Racing de Santander que dirigía Miguel Angel Portugal, pero bastó que fuera reemplazado por Marcelino Toral (actual entrenador del Valencia) para que fuera el primer descarte del equipo, y se marchó al Lazio, y tras la temporada 2008/09 en el Mallorca, regresó a Italia para volver al Lazio y finalizar en el Atalanta en 2015.

Mallorca lo cautivó tanto que una vez que abandonó el fútbol, regresó allí para trabajar en las divisiones inferiores del club, una vez que se recibió de director técnico, y llegó a la selección como colaborador de Jorge Sampaoli, con quien llegó a formar parte del cuerpo técnico del Sevilla.

Familiero, casado con Elisa, tiene dos hijos, Ian y Noah, y además del fútbol, tiene campos en Pujato, donde cultiva maíz, trigo y soja.

Cuenta que desde que Claudio Tapia, el presidente de la AFA, le propuso dirigir interinamente la selección mayor, pensó “dale para adelante, acepto el desafío”, y le comentó a Infobae, días pasados, que “darle una mano a la Selección es lo máximo que le puede pasar a cualquiera sobre todo en el momento que está pasando.  Pienso que lo ideal es poner el pie en el freno. Hay que seguir sin pausa pero sin prisa, como dice el refrán”.

Si bien gusta de la presión alta y del ataque, no es casual que le guste el fútbol directo cuando sus equipos recuperan la pelota, porque se considera así. Cuando regresa sobre Caparrós, aquel DT que lo tuvo a maltraer como entrenador del Deportivo y que es el actual director deportivo del Sevilla, dice que “él habla bien pero es de chicanear, le gustan las curvas. Yo, en cambio, hablo bien como él pero soy recto, voy derecho, de frente”.-

Cuando Matías Palacios le preguntó si está preparado para afrontar el reto de la selección mayor, respondió que nunca se sabe cuándo es el momento, si estar preparado es haber visto 150 entrenamientos de los mejores técnicos del mundo o haber dirigido 100 partidos” y que “siempre podés tener la duda, es inevitable”.

Pero Lionel Scaloni va al frente, a afrontar un nuevo desafío con todo lo que aprendió, con vestuarios ruidosos (como los del Depor), habitaciones alegres y musicales (como la suya con Carlos Tévez en el Mundial 2006),  con lecciones aceleradas de táctica (como en el Lazio), o con concentraciones nerviosas (como la del Mundial de Rusia).

lunes, 6 de agosto de 2018

A propósito de Los Matadores y el Parque Chacabuco





Parece mentira pero se cumplen ya cincuenta años de aquel gran triunfo de Los Matadores de San Lorenzo, aquel equipazo que ganó, invicto, el Metropolitano de 1968 y que, a título personal, tiene su significado propio.

Este periodista tenía apenas edad de jardín de infantes o “primerito”, como se decía en aquella época al último año de guardapolvos cuadriculados para pasar al año siguiente a los blancos de la escuela primaria, cuando en las clases de música se cambiaba la letra, por una de niños, pero con el sonido de Los Beatles, que estaban de moda.

Eran domingos de visita a la casa de los abuelos en Salas y Riglos, cuando el viento, inexorablemente, traía el ruido de los gritos de las hinchadas desde el cercano Viejo Gasómetro, que fueron forjando la ansiedad por tratar de conocer por experiencia propia lo que allí ocurría, y lo que hacía que sacudiera la mano de mi padre para que me llevara.

Así es que de tanto “presionar” aparecimos un día de ese mismo año por el Viejo Gasómetro, en el que veríamos innumerables partidos, bajo el sol, las nubes o la intensa lluvia, como aquella vez que con mi primo Rudy nos escondíamos de los temibles pelotazos de Miguel Nicolau, jugando para Gimnasia y siempre ante San Lorenzo.

La crianza en el Parque Chacabuco significó siempre moverse en terreno sanlorencista en tiempos en los que Los Matadores reunían en muchos casos apellidos ilustres como de raras terminaciones en “ch” o en consonantes ruidosas: Albrecht, Telch, Fischer, Calics, Rosl…y bastaba acercarse a la peluquería “Enzo” para encontrarse no sólo con las pilas de revistas “El Gráfico” y pósters en la pared, como con la presencia de esos mismos cracks que luego veíamos los domingos desde el otro lado del alambrado.

El barrio estaba poblado de personajes, como el entrañable “Chiquito”, el florista de Avenida del Trabajo y Emilio Mitre, que lloraba todo el lunes si San Lorenzo había perdido en el fin de semana, o hasta Oscar Ortiz, el gran wing izquierdo, luego campeón mundial en 1978, que hacía algo que me fascinaba y era que cuando encaraba al “cuatro” rival, se pasaba con toques cortitos la pelota de un pie al otro. Me enojé indirectamente con Ortiz un día que jugaba al fútbol en el parque y nos contaron que cerca de allí se encontraba el delantero. Había aportado mi vaquero para hacer de palo, y en la entusiasta corrida, me lo olvidé y nunca más lo pude recuperar.

En un largo de tres cuadras de Emilio Mitre, frente al parque, desde Avenida del Trabajo hasta Tejedor, vivía la mayoría de los chicos con los que compartía mi tiempo de fútbol: Alejandro Sosi, Daniel Ribeyra, Tony, Talota, Roly Amerisse y el “Lorito” Daniel con mayoría, claro, azulgrana.

Pero el más cercano recuerdo futbolístico del otro lado de la cancha, del lado del juego, estuvo en el marcador de punta derecho uruguayo Sergio Bismarck Villar. El “Sapo” fue un tremendo jugador, que seguramente se reiría hoy de la complejidad con la que se habla de los “laterales” que deben pasar al ataque, hacer relevos o lo que fuese. Todo eso y mucho más hacía Villar 50 años atrás.

Con el tiempo, supe apreciar siempre la inventiva de la hinchada de San Lorenzo, la más pícara, inteligente y creativa del país, seguramente, como un día razonó el “Turco”, chofer de DYN con el que compartíamos viajes hacia notas de cobertura y fanático del “Ciclón”, por ser una mezcla de los que provienen de las murgas de carnaval y los estudiantes universitarios de clase media.

Imposible, entonces, no simpatizar con el enorme movimiento para volver a Boedo, luego de que la dictadura les tirara abajo el Viejo Gasómetro en el que pude ver el último partido oficial en 1979, aquel 0-0 en el que Gatti le atajó un penal a Hugo Coscia. Con mi papá, estábamos en ese partido, detrás del arco del “Loco”.

Haber vivido cerca de un cuarto de siglo en Parque Chacabuco contribuyó a entender  el contexto azulgrana, aquel de Los Matadores que formaron parte de mi niñez.


La AFA patea todas las pelotas lo más lejos posible (Jornada)





Si hay algo en común en todos los frentes que tiene la AFA por estas semanas es que en todos los casos, siempre patea la pelota afuera y lo más lejos posible, llámese elección de director técnico de la selección mayor, determinar una estructura para todos los equipos nacionales, o determinar –como presiona el Gobierno- si se acepta o no la llegada de los capitales privados a partir de la incorporación de las sociedades anónimas a los clubes participantes en los distintos torneos de la entidad.

Cuando la pasada semana todos esperaban una definición sobre el nuevo director técnico de la selección mayor, y hasta el propio presidente de la Nación, Mauricio Macri, manifestó sus deseos de que éste fuera Jorge Almirón (hoy en Atlético Nacional de Medellín), el presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia ,y el verdadero Hombre Fuerte del fútbol argentino, Daniel Angelici, pospusieron la decisión dejando hasta fin de año, como interino, a Lionel Scaloni, secundado por Pablo Aimar.

La elección de Scaloni y Aimar para dirigir a la Selección hasta fin de año no es ninguna casualidad, aunque también rondaba el nombre de Jorge Burruchaga, manager hasta el Mundial. Scaloni, integrante del cuerpo técnico de Jorge Sampaoli hasta hace pocos días y surgido en Newell’s Old Boys, era uno de los más allegados a Lionel Messi durante los días de concentración en Rusia, mientras que Aimar es nada menos que el ídolo de la infancia del crack del Barcelona.

Esta es una buena forma, entonces, de mantener intacta la chance de que el diez pueda evaluar un eventual regreso cuando las aguas se aquieten, ya sea antes o después de junio de 2019 cuando se dispute el primer torneo de interés real para la AFA, más allá de que de la boca para afuera se insista en que en la Copa América de Brasil “no tenemos expectativas porque apuntamos al Mundial de 2026”.

Al mismo tiempo, y por las dudas, significa matar dos pájaros de un tiro porque, al menos Tapia y los dirigentes más cercanos, aspiran a que José Pekerman, con contrato con la Federación Colombiana hasta el 31 de agosto, pueda ingresar como manager general, aunque todavía no tienen claro si esto abarcará a la selección mayor o sólo a los juveniles y la mayor se podría manejar en forma separada e independiente. Y tanto Scaloni como Aimar fueron jugadores de Pekerman, y lo mismo Diego Placente, en el sub-15, mientras se mantiene como entrenador de arqueros al hijo de Hugo Tocalli –muy identificado con Pekerman-, Martín.

Tapia sigue con su idea de que sea Mauricio Pochettino quien dirija a la selección mayor, pero parece muy difícil que esto suceda en el corto plazo. De hecho, en mayo intentó contratarlo el Real Madrid y el presidente del Tottenham Hotspur, Danny Levy, pidió a los blancos españoles 50 millones de euros para soltarlo y no sólo eso, sino que el ex jugador de Newell’s y Espanyol de Barcelona pidió que para renovar su contrato por cinco años, el club de Londres también hiciera lo mismo con sus principales jugadores (Kane, Ali, Eriksen) y en todos los casos, así ocurrió.

Si tomamos los casos de Diego Simeone en el Atlético Madrid o de Marcelo Gallardo en River Plate (club disidente de la AFA al punto de no formar parte de su Comité Ejecutivo), todo indica que sus situaciones son complicadísimas como para hacerse cargo del equipo nacional, pero además, al comenzar la temporada en todo el mundo en esta semana, la mayoría de los DT van resolviendo sus contratos y son pocos los que van quedando libres, al menos hasta junio de 2019.

Pero la AFA también patea otras pelotas afuera, como la de aceptar tratar (aunque en lo posible no aprobar) un viejo proyecto de Macri desde que estaba en el llano en los años noventa: el ingreso de las sociedades anónimas al fútbol argentino, que siempre fue rechazado en tiempos del grondonato (1979-2014).

Hoy deberían elegirse los representantes del Nacional B a la Asamblea de la AFA que se realizará entre el 16 y el 25 de octubre, y en la que entre otros temas del día, debería evaluar si ingresan o no las SAD aunque todo indica que la mayoría, como tantas veces, está en contra. Al menos así parece desde el Ascenso (bajo el mando de Tapia) y varios clubes de peso en Primera, como Racing Club, Independiente, Huracán, Lanús o Rosario Central, con lo cual, a primera vista, parece que la suerte estaría echada.

Sin embargo, hay un elemento de presión importante que juega el Gobierno nacional: la deuda de casi 50 millones de dólares que los clubes mantienen con el fisco, y que las entidades, tradicionalmente sin fines de lucro y de los socios, pagan sólo un 7 por ciento de algunos gravámenes gracias al decreto 1212 de 2003 promulgado por la presidencia interina de Eduardo Duhalde, que establece un régimen especial para el ámbito futbolero.

El Gobierno quiere, en lo posible, triplicar este gravamen y entonces esto da pie para que en algunos casos, se negocie aceptar el debate en Asamblea del ingreso de las SAD a los clubes de fútbol (¿y sería uno de los motivos de la invitación de Macri a Marcelo Tinelli a una reunión privada, para que el conocido dirigente de San Lorenzo trate de convencer al titular del club, Matías Lammens?).

De cualquier modo, salvo Talleres de Córdoba, Defensa y Justicia, y solapadamente Boca (para que se aplique en otros, no para sí mismo), podrían aprobar la medida junto a socios menores, pero el hecho de que al menos se debata podría contribuir al deshielo entre Tapia y Angelici, dos hinchas de Boca que manejan la AFA y que representan, respectivamente a Hugo Moyano y a Macri, que no sintonizan para nada en otros frentes y que pueda hacer peligrar la alianza que mantienen en el fútbol nacional.