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jueves, 3 de enero de 2019

¿Será Gustavo Alfaro el Toto Lorenzo de este tiempo?


En diciembre de 1975, el presidente de Boca Juniors, Alberto J. Armando, se encontraba en una particular disyuntiva. River Plate, el acérrimo rival de siempre, había conseguido, por fin, ganar un campeonato tras dieciocho años de sequía, y no sólo eso: había logrado el bicampeonato (Metropolitano y Nacional) de la mano de un DT de mucha historia en el club, que agrandaba su condición de ídolo, Ángel Amadeo Labruna.

Los hinchas de River cantaban en cada una de las canchas a las que visitaban “Y vamos, vamos, vamos River, vamos vamos a ganar, que este año no paramos, hasta ser campeón mundial” y como solía ocurrir con el buen ojo de los hinchas de aquella época, no estaban muy errados. Ese equipo tenía proyección internacional y de hecho, en 1976 llegaría a la final de la Copa Libertadores tras dejar en el camino a Independiente en una dramática definición en semifinales después de que los rojos ganaran cuatro Copas consecutivas entre 1972 y 1975.

River sólo perdería la final ante Cruzeiro en un tercer partido en Santiago de Chile, y con su equipo diezmado por lesiones y expulsiones.

Boca, en cambio, venía de años para nada malos en cuanto al juego, pero sin conseguir títulos. Con su director técnico de entonces, el ex arquero internacional Rogelio Domínguez, practicaba un fútbol por momentos excelso (llegó a marcar 18 goles seguidos en tres partidos) pero cuando se acercaban las definiciones, siempre quedaba cerca de la conquista.

Así fue que Armando llegó a la conclusión, luego de un año en el que Boca se había llegado a colocar a apenas tres puntos de River a poco del final pero nuevamente sucumbió ante los de Labruna, de que había que provocar un movimiento importante, y que pese a que muchos jugadores del plantel poseían una técnica notable, había que cambiar, que barajar y dar de nuevo.

Boca, analizó, necesitaba un revulsivo, un cambio profundo. Y decidió ir por una gran apuesta. Contrató, para 1976, a un director técnico meticuloso, de gran personalidad, al punto de poder absorber solo casi toda la presión, y que ya había ganado títulos, especialmente un bicampeonato con San Lorenzo de Almagro en 1972 y con experiencia europea (Lazio, Mallorca, Atlético Madrid).


Así es que Armando prefirió terminar con el contrato de Domínguez e ir a buscar a Juan Carlos “Toto” Lorenzo, quien había conseguido realizar una gran campaña con el recién ascendido Unión de Santa Fe, y quien sugirió varios nombres de ese equipo para ser contratados,  entre ellos el arquero Hugo Orlando Gatti y el delantero Eber Mastrángelo, aunque sumó a otros jugadores veteranos como Rubén Suñé (que regresaba al club como volante luego de haberse ido como marcador de punta), Carlos Veglio, Francisco Sá y Jorge Ribolzi.


Incluso, Lorenzo tomó medidas muy discutidas en su momento, como la salida de un jugador talentoso como Osvaldo Potente y le fue quitando lugar a otro valor surgido del club, el volante central Marcelo Trobbiani, para colocar a “su” gente.

Lorenzo fue discutido también por buena parte de la prensa porque se lo comenzó a contraponer a César Luis Menotti, el entonces joven entrenador de la selección nacional que se preparaba para el Mundial 1978,al punto de que luego, cuando Boca ya había conseguido varios títulos, apenas Alberto Tarantini formó parte del equipo nacional y ya en condición de libre.

Se criticaba a Lorenzo, en aquellos años setenta, porque se lo consideraba un director técnico “defensivo” en un Boca que jugaba con un claro 4-3-3, con dos punteros y un nueve retrasado, un ocho como Jorge Benítez, que era de equilibrio, y ya desde el Nacional, un creativo como Mario Zanabria.

Y pese a un comienzo dubitativo, y apoyado en un torneo Metropolitano diseñado en dos grupos de once equipos de los primeros seis se clasificaban a una fase final y recién allí se definía al campeón, Lorenzo entendió que eso le daba tiempo para organizar bien al equipo para ir con todo en los últimos metros, y aún siendo Huracán el que mejor jugó, Boca acabó llevándose el Metropolitano y luego, el Nacional venciendo a River en lo que hasta 2018 fue la única final oficial que jugaron en la historia.

Luego, Boca se proyectaría a la Copa Libertadores (superando incluso a River en la fase de grupos) y la ganaría por primera vez ante Cruzeiro, el mismo rival que un año antes había vencido a River, repetiría la Copa en 1978 y llegaría a la final de 1979, y hasta obtendría la Copa Intercontinental en 1978 ante el Borussia Möchengladbach (en 1977 no se disputó).

¿Cómo es que Lorenzo consiguió no sólo alcanzar los muy complicados objetivos de ganar el mismo bicampeonato que River había conseguido un año antes e incluso lo pudo superar en su proyección internacional? A partir de un total y absoluto convencimiento, y también, rompiendo con esquemas preestablecidos, y cambiando una importante cantidad de jugadores que psicológicamente no respondían al perfil de la historia de Boca aunque técnicamente fueran, a veces, más dotados que los que vinieron.

Se trataba de un cambio de paradigma, al punto de que la llegada posterior de otro jugador, Carlos Salinas, se produjo luego de que éste tuviera un duro encontronazo fuera de la cancha, luego de un partido entre Chacarita (su equipo) y Boca, con Suñé. “El Chapa” se fue de allí directamente al domicilio de Armando para decirle “tengo un jugador para Boca”, es decir, ya había desarrollado una idea (luego discutible) de lo que se buscaba para el club, respetando cierta idiosincrasia.

El Boca de 2019 se parece a aquel de enero de 1976. La situación no es la misma y hasta en cierto modo, podría decirse que la actual es superior, porque si bien viene de perder una dura final de Copa Libertadores ante River, es el actual bicampeón argentino y quedó a un solo escalón de ganarlo todo.

Pero las sucesivas derrotas ante River, y los títulos que este club viene obteniendo en el panorama internacional hacen de este tiempo un cierto parecido a lo que ocurría con Labruna aunque en el plano local. 

River había ganado títulos que Boca pretendía y siempre se encontraba a pasos de conseguir, hasta que un DT cambió los esquemas, fue un revulsivo y se animó a lanzarse a un paradigma nuevo.

¿Es Alfaro un posible Lorenzo de este tiempo? Todo indica que lo puede ser. Tiene las condiciones y las posibilidades de fichajes para conseguirlo, y acaso una base más sólida que la de 1976.


La conferencia de prensa de su presentación fue, acaso, un primer esbozo de que puede bancarse solo la presión y que está dispuesto a plantarse ante el desafío, aceptando, por ejemplo, que fue traído especialmente para ganar la Copa Libertadores y habló de “éxitos” y de “ganar”, sin miramientos.

Es que, en verdad, Alfaro tiene cuatro grandes desafíos en Boca: 1) Ganar la Copa Libertadores, 2) Ganar el tricampeonato local (algo que Boca nunca pudo lograr en el profesionalismo), 3) Terminar con la racha ganadora de River, 4) Llegar a la final del Mundial de Clubes y ganarlo.

Suena a mucho, pero es Boca y como dijo Alfaro, la exigencia es máxima. ¿Podrá? En todo caso, esta situación tiene muchos parecidos a la de 43 años atrás.

miércoles, 2 de enero de 2019

El anuncio de Infantino de un posible adelanto de 48 equipos para el Mundial de Catar 2022 abre un nuevo paradigma en el fútbol (Infobae)




El presidente de la FIFA, el ítalo suizo Gianni Infantino, sorprendió al auditorio de las decimotercera edición de las Conferencias Internacionales sobre Deporte, en Dubai, al dar a entender que la idea de los cuarenta y ocho equipos para el Mundial de 2026 podría adelantarse a Catar 2022, en lo que sería un inmediato cambio de paradigma en el fútbol.

“Si crees que es bueno tener cuarenta y ocho selecciones –proyecto ideado, en principio, para el Mundial de 2026 en Estados Unidos, Canadá y México-, ¿por qué no intentarlo cuanto antes?”, se preguntó abiertamente Infantino, ante una platea en la que se encontraban, entre otros, los entrenadores Fabio Capello, Gennaro Gatusso y uno de los directores de la Comisión Arbitral de la FIFA, Pierluiggi Collina.

Infantino también se refirió a la posibilidad de integrar a países vecinos a Catar en la organización del Mundial 2022, debido a que por el tamaño del país, no alcanzaría la infraestructura ni los estadios para albergar a tantas selecciones en un torneo de cuarenta y ocho equipos.

"Si podemos integrar a algunos de los países vecinos de la región del Golfo para que alberguen partidos de la Copa del Mundo creo que sería muy beneficioso para toda la región y para el mundo en general. Todos saben que hay tensiones entre países de esta zona, y es algo que lógicamente depende de sus respectivos líderes, pero tal vez les resulte más fácil sentarse a hablar de un proyecto de fútbol que de otras cosas", sugirió el máximo dirigente del fútbol mundial.

La FIFA había aprobado en enero de 2017 en Manama, Bahrein, que para el Mundial 2026 se jugara con cuarenta y ocho equipos, desde los treinta y dos actuales, y con un cambio de formato porque de una fase de grupos de ocho zonas de cuatro equipos se pasaría a dieciséis de tres equipos cada una y que todos los partidos tendrán un ganador, por lo que en caso de empate, habrá definición por penales, y de los tres equipos de cada zona, los dos primeros se clasificarán a los dieciseisavos de final.

Esto significa que de los ochenta partidos totales del Mundial con el nuevo formato, cuarenta y ocho de ellos se jugarían en los primeros doce días del torneo. Y los treinta y dos equipos que lleguen a los dieciséisavos de final, comenzarán a eliminarse desde entonces en forma directa, es decir, una rueda antes que hasta la actualidad.

Por otra parte, la posibilidad de que cuarenta y ocho selecciones lleguen a la fase final de un Mundial alteraría definitivamente la concepción del criterio de clasificación tal como era conocido hasta ahora. De hecho, la FIFA ya definió en enero de 2017 cuántas selecciones corresponderán a cada Confederación y en el caso de la Sudamericana (Conmebol) se pasaría de 4,5 lugares a 6,5, es decir que si quedan fijado el aumento de equipos para Catar 2022, sobre diez participantes en la clasificación, seis irían directo al Mundial y un séptimo a un repechaje.

En el resto de los continentes, el reparto es el siguiente: 16 selecciones para Europa (eran 13), 9,5 para África (eran 5), 8,5 para Asia (eran 4,5) 6,5 para CONCACAF (eran 3,5) y 1 para Oceanía (era 0.5).

El otro cambio de formato es que las dos plazas que queden para disputar para el repechaje, a diferencia del pasado, se jugarían en un pequeño torneo entre los clasificados de Africa, Asia, CONCACAF y Conmebol, en tanto que el país organizador deduce una plaza desde las que le tocan a su confederación, es decir que para 2022, Catar ocuparía una de las 8,5 plazas de Asia, y se clasificarían en forma directa otras seis selecciones y una séptima iría al repechaje.

Otro punto interesante sobre este nuevo formato de cuarenta y ocho equipos es que esto fue sugerido, para sorpresa de los analistas, por la dirigencia de la Conmebol cuando a todas luces, es un tema que incumbe mucho más a la Confederación Asiática o a la propia Catar, que busca salir del aislamiento internacional.

Cuando fue presentado el proyecto de adelantar el proyecto de cuarenta y ocho equipos para el Mundial 2022, en abril de 2018 en Buenos Aires, sorprendió a todos porque encajaba perfectamente con la intención de Catar de compartir aunque más no fuere parte de su Mundial con países vecinos para involucrarlos en una idea conjunta.

“Como pensamos en grande y queremos hacer justicia, quiero entregar una carta de solicitud, firmada por las diez naciones de la Conmebol, para que la Copa del Mundo 2022 se juegue con cuarenta y ocho equipos”, señalaba el presidente de la entidad sudamericana, el paraguayo Alejandro Domínguez, en el Congreso Mundial de Buenos Aires, dos meses previos al Mundial de Rusia, sin que se alance a comprender otro beneficio que no fuera sumar un par de plazas directas para las selecciones del continente.

De esta forma, de consolidarse la idea de las cuarenta y ocho selecciones para Catar 2022, perdería fuerza la clasificación al mundial tal como se concibió entre los años sesenta y la actualidad, lo que se sumaría a la imposibilidad de organizar amistosos entre selecciones europeas y del resto de los continentes en las llamadas “fechas FIFA” porque gran parte de ellas son ya utilizadas para disputar la nueva Copa de las Naciones de la UEFA, hecha en gran parte para evitar que los jugadores nacidos en el Viejo Continente sufran el “Virus FIFA”, que los hacía viajar largas distancias entre semana, perjudicando a los clubes poderosos europeos.

Finalmente, en la misma reunión de Dubai, Infantino anunció un nuevo programa de cien millones de euros llamado “Fútbol para las Escuelas”. “Los valores del fútbol son los que también queremos todos para la sociedad porque el fútbol es más que un juego, pero tiene la capacidad de encaminar y dirigir algunos de los cambios de la sociedad moderna y contribuye a hacer del mundo un lugar mejor, más pacífico y más sano. Fútbol significa igualdad, diversidad, educación, crecimiento económico y salud”.

Infantino no especificó cómo será la selección de postulantes para aplicar ese proyecto, cuando en el pasado la FIFA fue muy cuestionada en cuanto a la distribución de fondos para el desarrollo en distintos países y dio lugar a especulaciones sobre usos fraudulentos para captar votos.



lunes, 31 de diciembre de 2018

Anécdota, nostalgia o símbolo (Un cuento de Marcelo Wio)





El fútbol está repleto de historias sobre tipos que no tenían más virtud que la contundencia de una personalidad, la coacción de una rudeza, la ventaja de un físico. Plagado de estas historiasque suelen crear alguna curiosidad momentánea, una emoción que muchas veces tiene mucho de voluntariosa.

Mas, de tanto en tanto, el hecho se emparenta más con lo fantástico. O, acaso, no el hecho en sí – del que generalmente sólo se conocen elementos vagos, remotos -, sino el producto de la incorporaciónde ingredientes ajenos al mismo. Leves trozos de exageración que terminan por convertirse en credo, en hecho. De manera que cuando se recibe esa narración, ya pasado un tiempo de su andadura, es imposible separar un tejido del otro sin dañar la integridad del que se cree original.

A propósito de esto, el filósofo y sociólogo brasileño Geraldo Ferreira Lima comentó, en el simposio de Folklore, leyenda y fútbol que tuvo lugar en 1968, en Encarnación, Paraguay, que es prácticamente imposible separar a dicho deporte de la mistificación: “El fútbol es a la vez ámbito para la manifestación de lo simbólico, para su acontecimiento,y lo simbólico propiamente dicho. Es, por tanto, ya no inviable separarlo de lo legendario, lo místico, lo mitológico, lo religioso – la comunión para la exégesis y la catarsis -; sino peligroso, puesto que es altamente dable que devenga política (lo peor de esta), y no entretenimiento, como pretenden algunos”. Ferreira Lima sostenía que las historias (genuinas)relacionadas con el fútbol no podían ser otra cosa que el relato de lo fabuloso, a lo espiritual, o, en su defecto, una manera de aludir a ello.

Arquimio Nieto me recordó las observaciones de Ferreira Lima. O, más bien, acaso las haya memorado para justificar la pertinencia de la anécdota – o, lo que es lo mismo, para desestimar la probable imputación de una mera debilidad por los relatos inverosímiles y, a la vez, descartar el engorro de intentar siquiera rastrear el origen del relato, es decir, de emprender una verificación (algo que, por lo demás, efectué leve e inopinadamente). Y también porque la crónica de Nieto comienza en Paraguay, en algún lugar del Chaco, donde seguramente la vegetación haya borrado los rastros de actividad, de presencia. Los primeros dichos sobreNieto, se afirma, llegaron a Mariscal Estigarribia alrededor de finales de 1939, principios de 1940. Alfredo Messina, que entonces tenía quince años, asegura haber escuchado, dos o tres semanas antes de la navidad de 1939, a un hombre de campo narrar la historia en el bar Viejas Glorias, sito en la avenida del mismo nombre. Miranda Salvatierra, que ayudaba a su padre tras la barra del bar, no recuerda nada de lo que había sido dicho, pero sí recordaba el día porque las palabras pronunciadas causaron mucho murmullo y porque las mentaron muchísimo posteriormente. La cuestión es que Miranda asegura que el día fue el 3 de enero de 1940. “Como para no recordarlo; ese día cumplí trece años”. Afinar una fecha no es prioritario – acaso sea una pedantería accesoria. Sí lo es, en cambio, su contenido. “El relato era nuevo; a lo sumo, lo había contado una vez antes, pero con un público conocido y muy reducido – me atrevería a decir que el receptor había sido él mismo. Se notaba en las palabras. Tenían ese lustre que sólo tienen una vez. Ya sabe, luego están cansadas, como estiradas; anticipadas. Mecánicas. El tono ultrajado entre sus intersticios…”, explicó Messina. Del hombre no recordaba más que el castigo del sol y el polvo en el rostro. Nada más. La atención de los parroquianos, después de todo, estaba en lo que decía.

Y lo que decía, claro está, era la historia de Arquimio Nieto. O la anécdota que representaba el evento mínimo en el paño de leyendas, mitos, embustes, veracidades y sinceridades sobre el que se asienta toda biografía colectiva, toda necesidad de referir, de vincularse. Aquel relato, puede decirse, es el menos contaminado por las añadiduras de cada repetición. Según éste, Nieto era de una altura tan mezquina que en cuanto el césped del terreno de juego estaba apenas un poco más largo de lo corriente, tenía serias dificultades para desplazarse – según con los testimonios reproducidos, se movía como si corriera en mar, cerca de la orilla, con el agua hasta las rodillas.

Parece natural y hasta apropiado evocar hechos o circunstancias inusuales (al menos en el presente) como las de Nieto, en tiempos en que los jugadores se quejan hasta de variaciones de milímetros en la altura de un césped que recuerda más a una alfombra persa de lo más prosaica, que a un campo de juego. Son, aquellos, sucesos que revelan un fútbol de balones como castigos, de campos de juego que parecían más bien un muestrario de selvas y laberintos e impiedades; de partidos que no se suspendían por lluvia o por pelea de cuchillos entre los jugadores más bravos. Una época, aquella (in illo tempore), en que los jugadores no caían en la abyecta utilización de guantes y calentadores para resguardarse del frío (la copa Interamericana de 1937coronó al desaparecido Deportivo Gerais, de Brasil, en cancha del alasqueño F.C. Inuk a -27ºC; los jugadores brasileños, además, para demostrar sus agallas, jugaron en zunga). En definitiva, un tiempo en que el fútbol era sólo un deporte; es decir, una ceremonia en que los hombres se vinculaban sobre todo simbólicamente.

Se cuenta que Nieto desapareció en una cancha del norte chaqueño, cerca de la frontera con Bolivia. De hecho, algunos ubican el terreno de juego en pleno límite – medio campo de un lado, medio del otro. El césped estaba altísimo. Como nunca – hecho que, según algunos, hace pensar en que ni siquiera jugaban dentro de los límites de un campo de juego, sino en la espesura de los bosques. Nieto sencillamente despareció apenas entrar al campo. Cuentan que un compañero suyo mencionó que lo oyó pidiendo un balón y alejándose hacia el noreste, como quien tira una diagonal. Este testimonio, junto al hecho de que no se extravió ningún otro jugador, desmentiría a quienes proponen que el partido tenía lugar en una frondosidad natural.

Dos ingenieros agrónomos han calculado que entonces, en aquella región, la altura del césped de los campos de juego rondaba los 5-10 centímetros (contra los 2-3 actuales). Una altura anormal podía andar entre los 12-15 centímetros. Lo cual haría pensar en un Arquimio Nieto que habría medido unos 30-40 centímetros. Algo que resulta prácticamente imposible o, cuanto menos, sumamente increíble. Lo que sí resulta tajantemente inviable es la desorientación de Nieto en tal terreno – incluso si se aceptara la altura ridícula de 30 centímetros, Arquimio se habría alzado por sobre la hierba, anulando la idea de un hombre en un laberinto o en la espesura de la desorientación.

A todo esto, Alfredo Messina fue entrevistado nuevamente (cinco años después de la primera entrevista), y su testimonio ofrecía incongruencias manifiestas. La más reveladora databa la escena de la primera narración en 1986 en un hotel de Florianopolis. En dicha ocasión, quien narraba era un colombiano.

Investigaciones posteriores descubrieron que, en la Serranía de Baudó, existe la misma narración. En el caso colombiano, el personaje de la misma se llama Arquimio Uribe. Luego de este hallazgo se realizaron pesquisas en Ecuador, Perú, Brasil y Argentina. El resultado fue idéntico – leves variaciones del nombre, pero nada más.Todo ello hace conjeturar que el relato no pertenece a ningún lugar en concreto, y que Nieto es una figura inventada, una hipérbole diseñada para reprochar contemporáneamente crecientes caprichos y teatralidades en el marco del balompié. Pero no sólo eso. Sino también, y sobre todo, creada con el fin de reinstaurar el espacio de comunión, el santuario, donde el símbolo ha de ser presentado, comprendido y, eventualmente, dar el salto a la razón.


¿Es la Liga Española la más fuerte del mundo? (Yahoo)




Mientras Luka Modric recibía todos los premios al mejor jugador del mundo del año, Cristiano Ronaldo ya se ubicaba como máximo goleador de la Serie A italiana, acumulando 49 conquistas en 2018 y Lionel Messi, por octava vez en diez años superaba los cincuenta goles en los doce meses y se consagraba como goleador mundial para la FIFA con 51 tantos.

Los tres jugadores, en gran parte, están relacionados con una liga como la española, que también generó todos los campeones de la Champions League en las últimas cinco temporadas y siete de las últimas diez (cuatro veces el Real Madrid y tres, el Barcelona), en tanto que dos de esas últimas cinco finales las disputaron los dos equipos de Madrid, Real y Atlético (2014 y 2016).

Además, seis de los últimos diez campeones de la Europa League también fueron españoles (tres veces en Sevilla y tres, el Atlético Madrid).

Por si esto fuera poco, desde 2014, el campeón mundial de clubes fue siempre español y tal como con la Champions, de los últimos diez Mundiales de Clubes, siete fueron de la liga española.

Son datos muy contundentes pero…¿eso significa que la Liga Española es, efectivamente, la mejor del mundo? Es algo que permanece en la polémica y que millones de personas están dispuestas a sostener que no es así y que la Premier League la supera en una cantidad de puntos que vamos a tratar.

Si bien los equipos españoles han sido, con mucha distancia, los protagonistas de los torneos europeos, no han conseguido, al mismo tiempo, ni el orden, no la prolijidad, ni la puntualidad ni la claridad de objetivos del torneo inglés, que sigue contando con una mejor infraestructura de estadios, un reparto mayor de dinero de la TV y especialmente, una mayor justicia en la forma de distribuir ese dinero.

De nada vale a España que el Real Madrid y el Barcelona tal vez perciban más dinero que los top-seis de la Premier League si luego, estos tienen unos ingresos más parejos entre sí que hacen mucho más competitivo al torneo sajón.

Tampoco es lo mismo que cada año, las ligas españolas sean peleadas por los mismos dos equipos, el Barcelona y el Real Madrid, a los que, afortunadamente (en cuanto a la competitividad del torneo) se los fue sumando en las últimas temporadas el Atlético Madrid de Diego Simeone, pero aún así, siete de los últimos diez títulos fueron para el Barcelona, apenas dos, para los blancos, y una sola, para los rojiblancos.

En cambio, si tomamos los últimos diez años de la Premier League, el Manchester United ha ganado tres (siendo la última en 2013, hace cinco temporadas y media), tres el Manchester City, tres el Chelsea, y la restante el Leicester City, mientras que en la actual competición marcha como líder el Liverpool de Jürgen Klopp, que nunca ha ganado un torneo largo nacional desde que se juega con el formato de la actual Premier League.

Así como en el torneo español se puede delimitar un “Top-Tres”, compuesto por el Barcelona y los dos equipos de Madrid, en Inglaterra se podría definir un “Top-Seis” (Manchester United, Manchester City, Chelsea, Arsenal, Liverpool y Tottenham) y cuando ya el nivel de los seis equipos más fuertes es parejo, el nivel de la competición, aumenta.

No resulta casual que para los octavos de final de la actual Champions League hayan ingresado tres equipos españoles (los mismos a los que hicimos referencia anteriormente) y los cuatro clubes ingleses provenientes de los grupos clasificatorios (Manchester City, Manchester United, Liverpool y Tottenham), en una alta dosis de competitividad entre las dos ligas.

En los últimos tiempos, la Liga Española ha intentado salir a competir con la inglesa penetrando en los mercados más recónditos para lo cual ha intentado cambiar algunos horarios de partidos, o penalizar a los clubes cuyas tribunas aparezcan con poco público ante las imágenes tomadas por la TV, en tanto el presidente de la Liga de Fútbol Profesional (LFP), Javier Tebas Medrano, ha intentado, en vano, por las resistencias internas de los clubes y la Federación Española, que algunos partidos, como el Girona-Barcelona, se jueguen fuera de los límites españoles para “vender” la competencias hacia el exterior.

Sin embargo, ha chocado una y otra vez contra la penetración cultural inglesa durante tantos años y no parece que la invasión española a esas sociedades emergentes pase sólo a través de una idea futbolística sino que deberá atravesar complicadas cuestiones relacionadas con años de costumbres y con un público que ya toma partido por los clubes ingleses.

Desde el punto de vista del ritmo y de las riquezas tácticas, aún con esmero de la Liga Española, todo indica que es muy difícil rivalizar con la inglesa, con entrenadores completamente distintos que provienen de países diversos y aunque esto es completamente subjetivo, hay una coincidencia acerca de que los espectáculos del lado británico están garantizados bajo ciertas normas de cumplimientos reglamentarios que no son tan estrictos del lado español, aunque la falta del uso del VAR en la Premier League es un claro déficit por corregir.

En cualquier caso, asistimos a un intenso debate entre las dos ligas claramente protagonistas del fútbol mundial de clubes.


lunes, 24 de diciembre de 2018

La distancia del Real Madrid y la negación de River (Jornadaonline)




                                         Desde Abu Dhabi




El Mundial de Clubes ya es historia. El Real Madrid volvió a consagrarse campeón por tercera vez consecutiva y por séptima vez desde que se disputa este tipo de torneos (1960) que comenzaron con el nombre de “Intercontinental” y definían sudamericanos y europeos hasta que la FIFA amplió a este formato que incluyen los vencedores de cada continente y un equipo invitado, el local (desde 2005).

Mucho más allá de la estadística, el dominio del Real Madrid, y en todo caso de los poderosos clubes europeos representados por los blancos (ganaron cuatro de las últimas cinco ediciones) es abrumador y a partir de varias premisas pero básicamente hay dos que sobresalen: la diferencia de presupuestos en los planteles y la continuidad y calidad del trabajo realizado.

El actual formato, en estas condiciones, cada vez se sostiene menos porque si la Intercontinental respondió hasta 2004 a un modelo planetario del fútbol en el que Sudamérica y Europa mantenían una preminencia, ahora queda claro que las diferencias económicas fueron alejando a los europeos, al punto de que ya se llevan a los jóvenes del otro lado del Océano Atlántico que en muchos casos, ni siquiera acabaron su formación y la terminan en el alto nivel, pagando muchas veces muy caro esta situación.

En los últimos ocho años, cuatro veces (la mitad de los torneos) los equipos sudamericanos ya no es que perdieron la final, sino que ni siquiera llegaron a disputarla, eliminados en semifinales, a las que acceden directamente por antecedentes que ya hoy parecen demasiado lejanos y que hacen, tal vez, replantear a la FIFA sobre esos merecimientos (Inter de Porto Alegre en 2010, Atlético Mineiro en 2013, Atlético Nacional de Medellí en 2016 y River Plate en 2018). No parece casualidad, y menos, que desde 2012, cuando Corinthians venció a un Chelsea en transición, ningún equipo sudamericano ha podido levantar la Copa en seis ediciones.

Claro que la FIFA marcha hacia una dirección aún peor, si es que se confirma la versión de que desde 2021, se jugarían los Mundiales de Clubes cada cuatro años, y con equipos clasificados desde distintas ediciones de las Copas Libertadores hasta su disputa, porque es bien sabido que un equipo sudamericano que gane una Copa en 2018, llegaría desplumado a 2021, sin ningún sobreviviente de aquellos tiempos de gloria, y en cambio los europeos llegarían fortalecidos por más fichajes.

El problema está en ese desequilibrio que da la continuidad cuando el presupuesto ayuda. Real Madrid cobra desde la UEFA, o por derechos de TV o por marketing sumas que ni pueden siquiera soñar sus rivales de turno, y aún cuando llegaba al Mundial de Clubes en cierta crisis por algunos malos resultados, pero especialmente porque luego de tres temporadas y las salidas del entrenador Zinedine Zidane y de su gran figura, Cristiano Ronaldo, todo parecía desdibujado y con varias de sus estrellas con aparentes ganas de marcharse.

En ese contexto, y con la resonante victoria en la interminable final de la Copa Libertadores en Madrid ante Boca Juniors, River parecía, esta vez, un rival de cuidado. Entonado porque por fin el campeón sudamericano llegaba al Mundial de Clubes apenas días después de su conquista sin perder jugadores que en junio solían ser fichados por el Primer Mundo ante un éxito importante, el Al Ain, que milagrosamente había pasado dos eliminatorias (remontando un 0-3 ante el Wellington neocelandés y venciendo 3-0 al Esperance de Túnez), sólo parecía un obstáculo en la carrera del equipo argentino hacia la final ante el Real Madrid.

Sin embargo, pese a haber estado entrenándose desde hacía varios días en tierras emiratíes, River se dio un duro golpe ante el Al Ain, un entusiasta equipo dirigido por el croata Zoran Mamic, que tuvo algunos jugadores destacables como su arquero Eisa, el volante egipcio El Shahat, y el delantero brasileño Caio.

Este partido dio la pauta de lo que, a priori, se podía especular vagamente y es que los equipos argentinos (extensible a los sudamericanos) están muy lejos en juego, en velocidad, en preparación y en cierto modo, desde lo futbolístico cuando son presionados por los rivales o la exigencia es mayor.

River forzó un alargue y penales pero el VAR le había anulado antes un gol válido y un penal al equipo árabe, que consiguió el triunfo más importante de sus cincuenta años de historia. Por el contrario, River, a pocos días de una victoria inolvidable ante Boca, generó acaso uno de los cinco resultados más duros de la historia del fútbol argentino, al caer ante un conjunto árabe, invitado al torneo, en semifinales sin poder llegar siquiera a la final.

Lo llamativo de River fueron las justificaciones posteriores. Su entrenador, Marcelo Gallardo, afirmó que había jugadores “desenfocados” tras el desgaste por la final de la Copa Libertadores y que “sólo” esperaba al domingo, el día siguiente a la finalización del certamen, para festejar con sus hinchas en el Monumental, y el presidente del club, Rodolfo D’Onofrio, se refirió a “la mochila que se quitaron” con este torneo de Emiratos Árabes Unidos, como si jugar un Mundial fuera, ahora, un peso, una molestia. ¿Y los miles de hinchas que pagaron pasajes y estadías en cuotas para seguir al equipo y encontrarse con varios suplentes en el partido ante Kashima Antlers por el tercer puesto?

Pero a nadie parece importarle. El fútbol argentino ha llegado a un punto en el que los hinchas aceptan todo, desde no poder concurrir de visitantes a los torneos, hasta viajar miles de kilómetros para ver a sus suplentes por el tercer puesto. No hay amparo, ni parecen buscarlo.

En ese contexto, si River no pudo llegar al objetivo de la final, peor panorama hay para los tunecinos de Esperance, campeones de África, que cayeron 3-0 ante Al Ain en los cuartos de final, o qué decir de las Chivas de Guadalajara, sextos en el final, cuando nunca un equipo mexicano llegó a la final desde 2005 hasta hoy. Y decepcionante también la actuación de los japoneses del Kashima, que le habían peleado la final al Real Madrid en 2016 y ahora sucumbieron a los quince minutos de la semifinal ante el mismo rival y fueron goleados por River por el tercer puesto.

El Real Madrid, sin apretar el acelerador, se llevó la Copa con demasiada facilidad, lo que le da tranquilidad para trabajar a Santiago Solari, el director técnico argentino que había asumido de forma interina y que ya comenzó a facturar con Marcos Llorente, un volante que conocía de las divisiones inferiores y que fue considerado el mejor jugador de la final.

La diferencia entre los blancos y el resto parece casi irremontable. Al menos, con este modelo de Mundial, y lo será mucho más si se aplica el que la FIFA piensa desde 2021.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Una distancia sideral entre el Real Madrid y el resto (Yahoo)




                                                  Desde Abu Dhabi



Una vez más, la séptima en su larga lista de conquistas, y casi sin despeinarse, el Real Madrid se coronó campeón mundial de clubes, al derrotar con mucha facilidad en la final al Al Ain local sino que aprovechó cada una de las circunstancias, incluida la inesperada caída en semifinales del que todos consideraban como el rival a batir, el argentino River Plate.

Si algo quedó claro en este Mundial de clubes, es que con este formato, salvo que cambien las condiciones económicas, la diferencia entre los poderosos equipos europeos y los del resto del planeta no sólo seguirá siendo enorme, sino que tenderá a aumentar.

No es que el Real Madrid haya jugado a un fútbol de gran nivel, sino que el equipo que dirige ahora el argentino Santiago Solari, de quien la prensa española estuvo pendiente porque consideró que este torneo serviría como apoyo a su gestión o limitaría su continuidad en el puesto, pudo constatar que no tendría oposición real, especialmente una vez que, en uno de los inesperados resultados, River cayó por penales en semifinales ante el Al Ain.

Salvo por el lado del Real Madrid, se trató de un torneo extraño. Pocas veces un conjunto local, que debe comenzar desde los octavos de final y que accede por invitación, logra llegar tan lejos como le ocurrió al Al Ain, pero que además iba perdiendo 3-0 en el debut ante el débil Wellington de Nueva Zelanda.

Sin embargo, el equipo de los Emiratos Árabes Unidos, dirigido por el croata Zoran Mamic, no sólo se repuso para empatar 3-3 y luego ganarlo por penales, sino que esta circunstancia anímica lo ayudó para avanzar muy lejos, gracias a algunos soberbios rendimientos como el de su portero Eisa (también de la selección nacional), el volante Hussein El Shahat, y el delantero brasileño Caio.

Con un juego intenso, de mucho despliegue físico y gran presión al rival en todos los sectores, pero con mucha decisión una vez recuperada la pelota y un aceptable uso de ella, Al Ain pudo superar con cierta facilidad, y en forma sorpresiva, al Esperance de Túnez por 3-0 para llegar ya en semifinales a enfrentar a uno de los equipos considerados como candidatos a ganar el torneo, River Plate.

River venía de ganarle a su gran rival argentino, Boca Juniors, una desgastante final de la Copa Libertadores de América en Madrid, luego de casi un mes de discusiones, quejas, tironeos entre los dos clubes, lo que terminó derivando una definición sudamericana en Europa y todo terminó tan tarde, que apenas una semana después ya debía debutar en el Mundial de Clubes.

Según su dirigencia, eso desgastó al equipo en lo físico pero en especial, en lo anímico, aunque eso no es un justificativo para el mediocre partido realizado ante el Al Ain que no sólo le ganó por penales luego del 2-2 final tras el alargue, sino que le anularon un gol válido (por mal uso del VAR) y no le concedieron un claro penal (otra vez por mal uso de la tecnología).

River pudo reivindicarse en cierta forma en el partido por el tercer puesto ante el Kashima Antlers (4-0) pero el o haber llegado a la final (la primera vez que un equipo argentino no llega a esa instancia) y el haber quedado eliminado ante un rival que no era campeón continental, lo deja en deuda con el fútbol internacional aunque el propio club insista en que lo único que le importaba era haberle ganado a su clásico rival el torneo continental.

El fútbol sudamericano deberá realizar un importante replanteo luego de este nuevo fracaso de su equipo campeón, siendo la cuarta vez en nueve años, casi la mitad de las veces, que el equipo campeón de la Copa Libertadores no llega a la máxima definición (como en 2010, 2013 y 2016).

Otro equipo que quedó en deuda ha sido el mexicano Chivas. Otra vez, los clubes de la CONCACAF se quedaron fuera de los cuatro primeros, y esta vez, aunque por penales, terminaron en la sexta posición, demasiado poco para la tradición que tiene esta entidad en Norteamérica, si bien atraviesa un momento de transición.

Algo parecido puede decirse del Kashima Antlers. Luego de aquella final tan equilibrada ante el Real Madrid de Cristiano Ronaldo en 2016, se pensaba que los japoneses llegarían a forzar mucho la semifinal ante los blancos, pero en cambio se vio una diferencia muy grande y apenas hubo un dominio de diez minutos pero cuando los españoles se asentaron en el campo, ya todo se acabó muy pronto, y Gareth Bale hizo una demostración de potencia como para aventar cualquier tipo de duda.

Al Kashima Antlers se lo vio algo falto de fútbol, pero además, chocó ante un Real Madrid más fuerte de lo que se pensaba, y sin que le pesara la responsabilidad de ganar el torneo, aún en crisis en el ámbito local, y ya sin el gol de Cristiano Ronaldo.

Aún así, la sensación es que con este formato, el Real Madrid tiene muchas facilidades para imponerse porque la categoría de sus jugadores, la preparación y el contexto difieren demasiado de los de sus rivales y se notó demasiado.




viernes, 21 de diciembre de 2018

Con la gesta del Al Ain, Croacia completa su año de gloria (Infobae)




                                                   Desde Abu Dhabi



Los medios de Emiratos Árabes Unidos realzan en estas horas, además de los rendimientos del arquero Khalid Eisa, del veterano Ismail Ahmed, del talentoso egipcio Hussein Elshahat y del brasileño Caio, al director técnico croata Zoran Mamic, a quien consideran continuador del trabajo que en 2014 comenzara su el bosnio Zlatko Dalic, quien tuvo que dejar el equipo de Al Ain para pasar a entrenar a la selección croata en la parte final de la clasificación y luego, para el Mundial.

La clasificación del Al Ain ante River  Plate por penales en la semifinal del Mundial de Clubes y ante su propio público en el estadio Hazza Bin Sayed el pasado martes, justo cuando el club cumple medio siglo de vida y se transformó en el más popular del país, es considerada como el máximo logro en su historia.

Los medios escritos, radiales y televisivos consideran fundamental el aporte croata para haber concretado un año soñado, con la obtención  de la Liga Árabe del Golfo y la Copa Presidente de Emiratos Árabes Unidos, y aún sueñan con el título mundial de Clubes de la FIFA si Al Ain logra la hazaña de vencer al Real Madrid.

Sin dudas, 2018 ha sido el año del fútbol croata. Sumando el primer aporte de Dalic al final de Mamic desde enero de 2017, Al Ain pudo pasar tres etapas del Mundial de Clubes de las cuales dos fueron por penales (ante los neocelandeses del Wellington en octavos de final, y ante River en semifinales), tal como le ocurriera en el Mundial a la selección croata, que luego de sufrir para clasificarse al Mundial de Rusia (tuvo que jugar el repechaje, relegada por Islandia en la fase de grupos), también necesitó avanzar dos fases por los penales (ante Dinamarca y Rusia) para llegar, igual que Al Ain, a la final, y al igual que el equipo emiratí, eliminando a los argentinos (River en los clubes, Argentina en las selecciones).

“Estoy orgulloso de formar parte de este plantel, que ganó títulos históricos y remontamos partidos tremendos en el Mundial de Clubes. Somos catorce croatas que conformamos el cuerpo técnico y somos una familia y estamos muy cómodos trabajando en EUA”, sostuvo Mamic, quien bromeó tras el partido ante River al señalar que “es evidente que los periodistas saben más que yo porque me dijeron que podíamos realizar un gran papel y yo pensé que ante los argentinos iba a ser muy complicado. Ahora tenemos que salir a jugar como sabemos ante el Real Madrid, con la misma intensidad y sabiendo que tenemos capacidad para llegar muy lejos”.

Mamic afirmó que hasta el Mundial de Clubes “no teníamos real dimensión de lo que podíamos hacer en el contexto amplio internacional, más allá de Asia. Creo que ahora mis jugadores conocen bien su potencial y se inicia una nueva época en nuestro trabajo”.

Si bien ya en la parte final del año, la selección croata quedó tercera en su grupo que compartió con Inglaterra y España por la nueva Copa de las Naciones, quedó a un solo gol de clasificarse al Final Four de París luego de vencer como local a España y de haber estado adelante en el marcador ante Inglaterra en Wembley, pero terminó perdiendo ese partido sobre el final.

Si Croacia llegó a la final del Mundial de la mano del ex Al Ain Dalic, y los emiratíes lo consiguieron dirigidos por Mamic, otro croata se destacó ampliamente en los títulos individuales y colectivos, Luka Modric.

Modric, además de campeón de la Champions League por tercera vez consecutiva en el Real Madrid, y ahora finalista del Mundial de Clubes, fue el encargado de cortar con diez años consecutivos de premios individuales repartidos en partes iguales por Lionel Messi y Cristiano Ronaldo.

Modric obtuvo el Balón de Oro como mejor jugador del Mundial de Rusia 2018 aunque su equipo cayó en la final ante Francia, fue elegido como el mejor jugador del año en Europa según la UEFA, obtuvo el Balón de Oro de la revista France Football como mejor jugador del mundo del año, y también el The Best que otorga la FIFA, además de haber integrado los equipos ideales de 2018 de la UEFA y de la FIFA.

También Iván Rakitic hizo un gran aporte para el título de Liga Española conseguido por el Barcelona de Lionel Messi y Sime Versaljko (ahora en el Inter italiano) hizo lo propio con el de la Europa League para el Atlético de Madrid de Diego Simeone, y lo mismo Mario Madzukic con el scudetto ganado por la Juventus en Italia.  Mateo Kovacic (ahora en el Cheklsea), aún siendo suplente, formó parte del plantel del Real Madrid campeón de la Champions en Kiev ante el Liverpool, y el mismo rol tuvo Marko Pjaca en la Juventus. Todos los mencionados formaron parte de la lista de veintitrés jugadores que participaron en el pasado Mundial de Rusia.

2018 fue, sin dudas, el año del fútbol croata.