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domingo, 4 de diciembre de 2016

Una gran oportunidad perdida por el Barça (Yahoo)




El agónico gol de Sergio Ramos, un defensor acostumbrado a estas proezas en los finales de los partidos clave, y en la mayoría de los casos, de cabeza, deja al Real Madrid en una situación inmejorable en la tabla de posiciones de la Liga Española al empatar un Clásico que parecía perdido en el Camp Nou, pero más que todo, dejó cierta idea de justicia por lo ocurrido ante el Barcelona.

El Barcelona tuvo una gran oportunidad el pasado sábado. Porque no encontraba las vías para llegar hasta la portería de Keylor Navas, a partir de que una vez más, no tenía respaldo en un sistema táctico para atravesar la valla interpuesta por el Real Madrid. Y sin embargo, y al contrario de siempre, Luis Suárez pudo definir con un cabezazo, ganándole por un segundo la posición a Varane.

Por lo que fue el partido, jugado como si fuera en un tablero de ajedrez y con un equipo local limitado por la falta de creatividad y obligando a Lionel Messi a bajar demasiados metros para tomar contacto con el balón, y un Real Madrid con un esquema en el que Lucas Vázquez también volanteaba y se sumaba a Kovacevic, Luka Modric y a Isco,  Cristiano Ronaldo y Benzema quedaron muy aislados y quedaron con muy escasa participación.

Era claro que el empate favorecía mucho más al Real Madrid que al Barcelona no sólo por la diferencia de seis puntos en la tabla de posiciones, sino porque además en la vuelta, se debe jugar en el Santiago Bernabeu cerca del final del torneo y allí los blancos podrían sacar una venta específica en el posible enfrentamiento de cada temporada entre ambos en la lucha por el título.

Pero si bien el Real Madrid no pudo contar ni con Gareth Bale ni con Toni Kroos, y son dos jugadores muy importantes en sus líneas, la ausencia más trascendente era la de Andrés Iniesta, en el banquillo a la espera de tener algunos minutos tras una lesión de un mes de duración.

Y fue la ausencia más notoria porque la falta de Iniesta ha resentido mucho más el andamiaje del Barcelona, que la de Bale o Kroos el del Real Madrid.

Los blancos, como se dijo en esta columna en otras ocasiones durante esta temporada, tienen una estructura simple, sin darle al sistema táctico una importancia desmedida, y en cambio su entrenador Zinedine Zidane ha entregado una enorme dosis de confianza mientras ha quitado a sus jugadores buena cantidad de presión y todos juegan más sueltos.

En cambio, el Barcelona se fue desdibujando, no sólo porque ahora tiene como punto más fuerte el ataque, sino porque a su vez, salvo en el caso de que Messi retroceda muchos metros (por lo cual acaba perdiendo fuerza porque lo obliga a un gran desgaste), depende mucho de la magia de Iniesta para la generación de juego y para que el balón llegue a los componentes del tridente sudamericano, y cuando éste no está en el campo, los azulgrana sufren y no han encontrado un reemplazante acorde.

Sumado a esto, el entrenador Luis Enrique ha optado en todos estos partidos sin Iniesta por reemplazarlo por el portugués André Gomes, quien rinde mucho más como interior, ya sea como mediocentro adelantado o como nueve muy retrasado, pero que no siente la posición de armador de juego, como bien pudieron ser Rafinha o Arda Turán.

Así es que más allá de un par de goles perdidos por poco tanto por Messi como por Neymar, las llegadas del Barcelona habían sido escasas en un partido apenas discreto, cuando tras aquel cabezazo de Suárez que marcó la diferencia, se produjo, por fin, el ingreso de Iniesta, aunque por Iván Rakitic y no por Gomes, como era de esperarse.

Y con Iniesta, todo fue regresando a una cierta lógica en el juego del Barcelona, porque el crack de Albacete, con su simpleza y su talento, fue ordenando el juego, liberó a Messi de su doble trabajo de ida y vuelta por tantos metros, y el equipo regresó, en esa segunda mitad de la segunda parte, a una cierta cantidad de movimientos tradicionales.

Claro que Iniesta no puede modificar por sí mismo, y en esos minutos, tantas inseguridades que el Barcelona viene arrastrando en esta temporada, y entonces a falta de diez minutos, el equipo se fue retrasando naturalmente para conservar un marcador muy estrecho, en vez de persistir en el juego que había mejorado desde el cambio mencionado.

Y el Real Madrid, que no había logrado acercarse a un Ter Steggen muy errático con los pies, y pese a una defensa muy poco sólida en las últimas semanas, encontró en el final los espacios que le permitieron adelantar sus líneas y pensar, de la forma que fuere, en un empate que podía saber a gloria.

Y lo terminó encontrando, como tantas otras veces en partidos trascendentes, en la cabeza de Sergio Ramos, lo que parece mucho más castigo para la actitud temerosa del Barcelona que por méritos propios.

Aún así, en los noventa minutos el partido había sido parejo, y en el que pudo evidenciarse el gran momento de Luka Modric, muy importante en el traslado aunque poco acompañado del medio hacia adelante.


Falta mucho para terminar la Liga, pero el Barcelona deberá mejorar mucho para poder aspirar a ganarla. Tal vez el regreso de Iniesta lo ayude para recuperar el juego perdido y para enderezar el rumbo, porque de momento navega con destino incierto.

viernes, 2 de diciembre de 2016

El Chapecoense y los misterios del vuelo de la selección argentina




A medida que van pasando las horas y que de a poco el mundo del fútbol va poniendo los pies en la tierra tras la brutal caída de la aeronave de LaMia que costó 71 vidas, muchas de ellas de jugadores del Chapecoense brasileño y de veinte periodistas de ese país, que iban a viajar el pasado martes 29 de noviembre a Medellín para la primera final de la Copa Sudamericana, también van apareciendo muchos nuevos elementos para el asombro, relacionados con aquel vuelo de la selección argentina a Belo Horizonte para jugar ante Brasil por la clasificación al Mundial de Rusia 2018.

La selección argentina no sólo tomó también un vuelo de la compañía de chárters boliviana LaMia, piloteada también por el boliviano Miguel Alejandro Quiroga, a su vez también dueño y que utilizaba la única nave en condiciones de las tres que posee la empresa (las otras dos se encuentran en reparaciones), sino que en el caso del viaje de Buenos Aires a Belo Horizonte y su regreso, genera dudas muy serias en cuanto a su legalidad.

Aquel vuelo CP 2933 del pasado 7 de noviembre, tomado por el plantel de la selección, y en el que al inicio encontró a Quiroga entre los pasajeros saludándolos y deseándoles “buen viaje”, se realizó con un chárter boliviano cuando la Ley de Chárters de Brasil, según la ANAC (Asociación Nacional de Aviación Civil), sólo permite que sean o brasileños o del país de origen o destino, por lo que en este caso, los únicos chárters permitidos habrían sido de Argentina o Brasil.

El diario OGlobo, en su edición del miércoles pasado, 30 de noviembre, es explícito en la materia y cuenta cómo en los últimos días, precisamente tres chárters de LaMia ingresaron al país pese a que la ANAC no los permitió, entre octubre y noviembre, y sobrevolaron Minas Gerais (casualmente, donde se encuentra Belo Horizonte), Natal y Brasilia, en horario pico y sin permiso internacional. Demasiada casualidad.


En aquel vuelo del 7 de noviembre, de Buenos Aires a  Belo Horizonte, viajaron, además del cuerpo técnico de la selección argentina, asistentes y siete futbolistas: Marcos Acuña, Emmanuel Mas, Fernando Belluschi, Angel Correa, Nahuel Guzmán, Guido Pizarro y Ezequiel Lavezzi.

Omar Souto, el gerente de Selecciones Nacionales, aporta datos muy interesantes sobre este vuelo y otros de los equipos argentinos en el pasado.

“Nosotros no pedimos ningún permiso a Brasil ni a nadie para volar en el chárter ni a nadie, y tampoco la Conmebol intervino en ninguna cotización de chárters ni nada. Tuvimos cinco a seis presupuestos, de Aerolíneas Argentinas, una aerolínea chilena, otra española, la agencia Rotamund (viejo proveedor de los tiempos de Julio Grondona en la presidencia de la AFA) y decidimos al final más por confianza con el operador y con el vuelo”, recuerda el funcionario.

Souto, al contrario de lo que se dice de las posibles quejas de los jugadores tras el vuelo, sostiene que el de LaMia “fue el mejor vuelo, incluso el que mejor nos dio de comer”.

También Souto recuerda que en 2001 “Nosotros volamos con el sub-17 (en el que se encontraba entre otros Carlos Tévez) al Mundial de Trinidad Tobago, desde Estados Unidos, el día anterior al atentado a las Torres Gemelas de Nueva York y hasta tomamos el mismo vuelo que uno de los que al día siguiente (11 de setiembre) se estrelló. Por suerte, fue un día antes”.

Souto ironiza con este cronista cuando es consultado acerca de la responsabilidad dirigencial por haber viajado en el chárter de LaMia y apunta: “¿Te fijaste si la rueda del remisse que cada día te lleva al trabajo tenía bien los tornillos?” para rematar que los dirigentes “no sabemos nada, confiamos en la gente que contratamos, para eso pagamos un servicio”.

“Además –insiste- ¿vos te creés que a alguien le interesaba mirar el avión al regreso de perder 3-0 contra Brasil? Ese vuelo era un velorio. Trascendió solamente por lo que le pasó al Chapecoense. Si no, no pasaba nada”.

Souto insiste en que la Conmebol “no tiene nada que ver con los vuelos de la selección argentina porque nosotros mismos nos encargamos de toda la logística. Creo que la Conmebol y la empresa Offside (http://www.offsiderio.com.br), es para los equipos, pero no para nosotros. Me imagino que si el avión partió a destino, sería porque tenía permiso, pero no lo sé”.


Souto cuenta que para los partidos de clasificación para el Mundial, la AFA tiene convenio con el resto de las federaciones sudamericanas, excepto con la venezolana, que no quiso firmar: cada federación local provee de hotel, policía de seguridad, ambulancia, coches, canchas de entrenamiento, aceleración de trámites de migraciones, y cada una se hace cargo de los gastos. Y unos días antes de cada partido como visitante, generalmente los viernes a la noche, viaja al destino del partido un miembro de la oficina, alguien de Seguridad, un integrante del cuerpo técnico y hasta de la cocina para observar todo.

Souto también recuerda casos anteriores como el del ex entrenador de la selección argentina Marcelo Bielsa, “que le tenía miedo a los aviones. Una vez viajamos a Perú con los equipos, la absoluta y la sub-20 y por un desperfecto, hubo que esperar y nos dijeron que lo arreglarían, pero ya el DT no quiso seguir. Entonces vino el capitán, le mostró la foto de la esposa y sus hijos pequeños y le dijo “¿usted cree que si yo no estuviera seguro, me subiría a pilotear?”…pero hubo que esperar a seguir hasta el día siguiente y Bielsa viajó otra vez”.

La gran pregunta es si este es el contexto para que jugadores de èlite viajen a partidos importantes de clasificación para un Mundial después de los hechos conocidos, no sólo por la tragedia del Chapecoense sino por todo lo que ahora se sabe del propio vuelo de la selección argentina.

¿Es posible que los clubes de élite permitan situaciones de riesgo extremo que los jugadores que ceden atravesaron en este tiempo, más allá de que muchos no han tomado consciencia de ello?

Pero no todo termina allí: aparece ahora la extraña relación entre la empresa de logística Offside y la Conmebol, que deberá ser explicada, como también, si efectivamente el chárter de la selección argentina a Belo Horizonte fue legal o no.

Pero aún hay otro interrogante que se cierne sobre el fútbol sudamericano. ¿El negocio real es el traslado de los jugadores o hay algo aún mayor, que reditúa muchísimo más, y que hace que sean determinadas las empresas elegidas para volar “por la confianza que nos brinda”?.

Continuará.


jueves, 1 de diciembre de 2016

Un partido interminable (Un cuento de Marcelo Wío)




Rolfi, no te le pegues al nueve. Vení más a la banda; agrandá la cancha. Rolfi, querido, abrir la cancha no es pegarse a la línea. Criterio, Rolfi, criterio. Fabio, estás dejando un vacío en el medio. Más juntitos ahí. No corremos, tocamos el balón. Mauro, qué carajo hacés; estás protegiendo un tesoro al lado del área; desbordá querido, incorporate al ataque.

Carlos Oreste camina la zona técnica, incansable; mira hacia el banco de suplentes, acaso buscando una variante o un gesto de complicidad, de comprensión. Nadie parece entender lo que quiere. No parece tan difícil, che. No les está pidiendo interpretaciones euclidiandas, ni elaboraciones artísiticas: sólo jugar al fútbol con un poco de criterio estratégico. No pretendo, dice en voz alta, para nadie, mirando las tribunas, transformar el juego en ajedrez; pero un poquito de cabeza...

Manrique, haceme el favor de cambiar de punta con Rolfi;  y hacele el relevo a Mauro cuando suba; si es que alguna vez se digna en abandonar ese territorio mínimo que cuida como un viejo su parcela de lechugas.

Ipurrúa, calentá – dice girándose hacia el banco de suplentes. Rapidito – que no es lo mismo que de manera negligente, eh; no quiero lesiones boludas. Y vuelve a girarse para enfrentar el terreno de juego: la armonía que el cree que puede darse, no puede ni intuirse en lo que percibe como un caos innecesario. Parecen de escuela primaria, che...

Todos detrás del balón. Las palabras para sí; en voz alta, sólo por si alguien quiere darse por aludido y cambiar algo. Dale Ipurrúa, tenés que calentar, no mirar el partido desde un ángulo distinto. De dónde salieron estos muchachos. Ninguna chispa. Ni la dudosa ventaja de la astucia, de la picardía; incluso, de la maldad. Dale, vení, Ipurrúa. 
Vas a entrar por Rolfi. Quiero que alargues la cancha, para abrir la defensa. Creale un carril a Mauro – haceme el favor de decirle que si no quiere jugar, que me lo diga y lo cambio -; asociate con él pero siempre listo a cubrirle la espalda. No tires centros: somos petisos. Buscá por abajo. Volvé la pelota al medio. Siempre por abajo, haceme el favor. Creen la oportunidad: el hueco, la desatención rival. Muevan la pelota y, detrás de ella, al rival.

Cuando se produjo el cambio: Bien Rolfi. Siempre dentro de tus limitaciones, pero bien. Una palmada en el hombro, más de resignación que otra cosa. Lástima de sí, sobre todo.

No le quedaba mucho al partido. Miró el reloj. Apenas cinco minutos; acaso siete, si el árbitro añadía lo reglamentario. Pero no hacía falta castigar ni castigarse más. El partido estaba perdido desde los primeros diez minutos del primer tiempo. El resto había sido una consumación burocrática de lo establecido.

Carlos, de espaldas al banco, miró hacia las tribunas vacías. Ya nadie iba a verlos, siquiera...

Desde lo alto de la tribuna detrás de Carlos, el bedel del club – Agapito - lo observaba. Carlos dirigía, ahora desganado, a un equipo de sombras que se inventaba – o se inventaban para él. Todos los  miércoles, durante noventa minutos (siempre los mismos), Carlos interpretaba un papel para nadie – Agapito creía que, incluso, lo hacía a pesar de él mismo, de las angustias que probablemente le dejaba aquella escenificación reiterada. 


Como siempre, Agapito aguardó al final del partido fantástico, se acercó a Carlos y le ofrendó la frase habitual (ya lo van a comprender; ya van a vislumbrar la idea), Carlos respondió también lo acostumbrado (dios lo oiga, Agapito; dios lo oiga, porque ellos, no escuchan). Cerró el candado de la puerta luego de ver cómo Carlos se iba sólo – sus fantamas lo abandonaban al borde del césped; y lo esperaban para repetir el mismo partido -, adentrándose en la noche. Una redundancia para quien hace tiempo que la habita, pensó Agapito. 

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Más equipo que jugadores, la clave del título




Se ha repetido en estos días que la primera Copa Davis que la Argentina gana en su historia cumplió además con el récord de haber sido con el equipo con jugadores peor ubicados en el ranking individual. Esto es así pero oculta una realidad incontrastable: apenas lo es porque Juan Martín Del Potro estuvo un largo tiempo sin jugar y entonces va ascendiendo en el escalafón y aún no llegó a meterse entre los mejores. Nada más que por eso.

El éxito, en todo caso, llegó como antes había ocurrido en otros deportes a partir de un hecho trascendente: el buen clima que se generó en el grupo que participó en la Copa Davis durante todo el año determinó que hubiese un tema menos para preocuparse y que no es menor: el de la eterna grieta que separa a los argentinos en cada una de las disciplinas, en cada uno de los temas, en cada una de las organizaciones.

Siempre le impresionó a este cronista que en cualquier lugar del mundo, y en casi todo tipo de organización en la que presiden argentinos, hay grietas, peleas, discusiones, enfrentamientos, divisiones. Y en el deporte, en muchísimas oportunidades (como se cuenta por ejemplo en mi libro “AFA, el fútbol pasa, los negocios quedan”, aparecido hace tres meses), se han perdido títulos y posibilidades mucho más por estas cuestiones que por razones técnicas.

No sólo se han perdido oportunidades de ganar sino que se han diluido chances de organizar torneos importantes o con la posibilidad de ser anfitrión, los debates interminables han minado las posibilidades deportivas (como en aquella increíble final de la Copa Davis en Mar del Plata 2008 ante España, o la eliminación en fútbol para el Mundial de México 1970, o algunos fracasos mundialistas con excelentes equipos).

No es la primera vez que un equipo argentino se consagra a partir de una gran figura (en este caso, Juan Martín Del Potro, más allá del ranking mentiroso de su realidad), rodeada de compañeros que comprenden qué lugar debe ocupar cada uno. Sucedió también en México 1986, cuando Diego Maradona era la gran figura, y el resto de los jugadores, muchos con un gran caudal técnico, supieron entender que tenían que acompañarlo, incluso tras largas y durísimas reuniones aclaratorias y sin siquiera el propio director técnico, Carlos Bilardo.

Esta Copa Davis ganada por Argentina se suma a otros títulos conseguidos por distintos equipos, como los de la Generación Dorada del basquetbol, Los Leones del hockey sobre césped, Las Leonas hasta hace poco tiempo, el tercer puesto de Los Pumas y también el ascenso del voleibol, por citar algunos ejemplos.

Es una buena noticia en cuanto a lo colectivo, factor que siempre fue problemático en un país destacado por sus grandes talentos individuales pero que les cuesta encajar en lo general, en lo grupal, a veces también con enormes altibajos en lo motivacional, un tópico no tan estudiado en el contexto de la alta competencia en un Estado que siempre utilizó al deporte para sacar réditos electoralistas desde sus gobiernos pero que sigue sin fijar una política a largo plazo, porque los largos plazos no conviven demasiado bien con el país y sus urgencias y sus cambios de timón permanentes y en todos los ámbitos.

Entonces el rol de Daniel Orsanic y su equipo ha sido fundamental para amalgamar un equipo de un deporte que históricamente arrastraba una frustración de no poder ganar la Copa Davis aún con jugadores mejor rankeados en el promedio, pero que juntos no supieron convivir y en cada generación fueron generando grietas con su propia interna.

La cuestión no pasa por imponer condiciones desde el estrellato, sino aceptar que lo colectivo está por encima de lo individual, y que el contacto con la gente (los cuatro mil ruidosos hinchas albicelestes que se acercaron a Zagreb) puede ser enriquecedora y no merecedora de un aislamiento con la excusa de la “alta competencia” y la concentración.

Esta Copa Davis alcanzada por primera vez por un equipo argentino puede llegar a servir como punto de partida para el trabajo de otros equipos de otras disciplinas y para darnos cuenta, una vez más, que si al talento individual  se lo puede utilizar para el bien superior de un equipo, puede resultar imparable.


De cualquier manera, el triunfo más importante no pasa por un resultado solamente, que hoy puede ser positivo y mañana, acaso, no lo sea, sino por la posibilidad de que a partir del éxito en esta Copa Davis, y como ocurriera cuando Guillermo Vilas generara una revolución en el tenis a mediados de los años setenta, miles de chicos se vuelquen a una raqueta y a las distintas canchas y frontones.

domingo, 27 de noviembre de 2016

La tabla refleja la distancia entre el Madrid y el Barça (Yahoo)




El Barcelona tendrá el próximo sábado acaso la mejor oportunidad no sólo de acercarse en la tabla al cada vez más líder Real Madrid, en el Clásico tan esperado por el mundo del fútbol, sino de reencontrarse con su perdido fútbol si no quiere ir empezando a despedirse lentamente de la Liga y de cualquier expectativa para una temporada que llega a su primera mitad.

Jugando como en Anoeta ante la Real Sociedad, las posibilidades del Barcelona de vencer al Real Madrid son realmente mínimas. Y no se trata sólo de un estadio que trae malos efluvios por el hecho de que lleva tantos años sin vencer allí. Es mucho más que eso: este equipo azulgrana depende pura y exclusivamente de lo que haga el genio de Lionel Messi, o que Luis Suárez aproveche su enorme efectividad para que ante cualquier error del rival (mucho más “no forzado” que por presión propia), pueda convertir.

Tras haber visto una vez más la performance del Barcelona ante la Real Sociedad el pasado domingo, se pueden ir sacando al menos tres conclusiones esenciales: 1) que la ausencia por lesión de Andrés Iniesta resulta fundamental en el andamiaje del juego, 2) Que su entrenador, Luis Enrique Martínez, no encuentra nunca un sistema que respalde a sus jugadores cuando las cosas parecen no funcionar en un partido, 3) Que este equipo se encuentra muy lejos, a años luz de distancia, de aquellos que nos entregaban un enorme placer a la hora de sentarnos a verlos.

Uno de los grandes acertijos justamente para este sábado, pasan por la improbable chance de que Iniesta vuelva a jugar tras una lesión que lo tuvo marginado cerca de un mes, y aún si lo hiciera, seguramente aparecerá falto de fútbol, y el crack de Albacete es demasiado importante porque si bien en este tiempo el eje pasa por el tridente sudamericano, que obligó a cambiar de filosofía para centrarse más en el ataque frontal, su falta hizo que Messi tuviera que bajar demasiados metros para poder abastecer a sus compañeros Neymar y Luis Suárez, perdiendo no sólo eficacia ofensiva sino conducción y elaboración, liberando al argentino para que se coloque mucho más cerca de la portería rival.

Ante la Real Sociedad volvió a comprobarse que no sólo Iniesta no tiene un reemplazante de su nivel, sino que no hay en la plantilla del Barcelona un jugador que pueda cumplir exactamente su función. Aún así, todo indica que ya sea Arda Turán o Rafinha parecen ser mucha más opción de reemplazo que quien finalmente jugó en esa posición, André Gomes, quien puede jugar unos metros más adelante, como nueve retrasado, y que hasta lo ha hecho de mediocentro en esta temporada, en lugar de Sergio Busquets.

Pero el problema no es sólo en la elaboración y la defensa tampoco parece nada sólida en comparación a otros tiempos no tan lejanos. Javier Mascherano no está en su mejor momento, y tal vez comience a pasarle factura el hecho de los sucesivos cambios posicionales entre su equipo, donde forma parte de la dupla central, y la selección argentina, donde juega de mediocentro.

Los exasperantes pases continuos hacia atrás al portero Ter Steggen sumados a ciertos desentendimientos con su compañero Gerard Piqué, y que en estos días ni Sergi Roberto ni Jordi Alba suman demasiado al proyectarse al ataque, dejan al equipo con muchísimas menos variantes y con preocupantes rendimientos individuales.

No es casual que al término del partido, un sincero Piqué manifestara que jugando de este modo “será muy difícil ganar la Liga”. Tiene mucha razón, porque el Barcelona que pasó el domingo por Anoeta está muy lejos del nivel pretendido y es más: como ha sucedido en las últimas temporadas, estuvo muy cerca de volver a perder (hubo un gol mal anulado y los locales desperdiciaron varias ocasiones claras) y no tuvo respuestas en casi ningún momento.

Tampoco es que el Real Madrid esté jugando tanto mejor, y ha tenido que sufrir para vencer en el Santiago Bernabeu al Sporting Gijón, que además perdió un penalti que lo pudo llevar al empate, pero lo que no puede decirse es que el Real Madrid haya tenido en estos años un patrón claro de juego, una filosofía, un ecosistema como el del Barcelona.

En todo caso, el Real Madrid, en estos últimos años, fue siempre mucho más el producto de lo que hicieran sus jugadores en el campo y del manejo de éstos con más o menos mano izquierda en el vestuario, para que la cosa funcionara mejor.

La falta de un lesionado Gareth Bale puede influir, aunque pese a haber sido sin duda uno de los delanteros más decisivos de la temporada en el mundo (con su equipo y con la selección galesa), en una plantilla tan rica tiene reemplazo.

Esta es, en todo caso, una diferencia muy importante en esta temporada que ya casi promedia: el Real Madrid parece mucho más balanceado en su plantilla que un Barcelona que ha fichado mucho, pero no significa que lo haya hecho bien, como para que todos los puestos tengan cobertura suficiente.

Al contrario, la falta de algunos cracks no encuentra sustituto, y entre los blancos sucede lo opuesto.

Pocas veces como en esta ocasión, el Real Madrid tiene la posibilidad, en el caso de salir indemne del Camp Nou, de comenzar a pensar en que la Liga es posible aunque quede mucho por jugarse. Pero deberá pasar esta prueba fundamental para su futuro.

Para el Barcelona, los tres puntos en juego son de oro: no sólo por tratar de acercarse al líder y descontar los seis puntos de distancia, sino para probarse a sí mismo que aún puede dar pelea, aunque las dudas se ciernen con más fuerza a su alrededor.


domingo, 20 de noviembre de 2016

Real Madrid parece llegar mejor al Clásico (Yahoo)



Dependiendo de lo que ocurra en la próxima jornada de la Liga Española, en la que el Real Madrid tiene un compromiso mucho más cómodo que el Barcelona –aunque el Villarreal y el Valencia también tienen factible ganar sus partidos en casa-, los azulgranas probablemente se juegan una buena oportunidad para tratar de dar alcance a los blancos cuando los reciban en apenas unos pocos días, el 3 de diciembre en el Camp Nou en uno de los partidos del año en el fútbol mundial.

Pero, ¿cómo llegan ambos a este Clásico que hoy por hoy, es considerado el partido más importante del mundo? De momento, si bien se trata siempre de un enfrentamiento con notable paridad (hasta la diferencia de goles de ambos se parece casi milagrosamente), hay una muy buena diferencia para los blancos en lo que se refiere al trayecto.

Real Madrid acaba de ganar con amplitud el derbi del Vicente Calderón (el último que se ha jugado en este estadio porque el Atlético pasará a ser local en La Peineta desde la temporada siguiente), no sólo por el 0-3, que comenzó con un libre directo de Cristiano Ronaldo que se desvió y que modificó la trayectoria del balón, sino por el juego mismo, por el dominio que los blancos ejercieron desde entonces durante casi todos los noventa minutos, con una facilidad asombrosa, reconocido esto por el entrenador de los derrotados, Diego Simeone.

Este Real Madrid de Zinedine Zidane, como ya hemos abundado en otras columnas anteriores, se basa mucho más en la simplicidad de conceptos, el manejo del vestuario con mano izquierda y la tranquilidad en la convivencia, que en sistemas tácticos sofisticados o revoluciones de pizarra, pero aún así, ha logrado transmitir mucha confianza en sus jugadores y por ejemplo el pasado sábado, si bien el equipo no contó con habituales titulares como Sergio Ramos, Toni Kroos o Karim Benzema (ingresado ya en la segunda parte), no parece haber sentido en lo más mínimo sus ausencias y fueron bien reemplazados por otras figuras.

La sensación que transmite el Real Madrid es que cuenta con una amplia plantilla de figuras y que ingrese quien ingrese, todas ellas cumplen con el cometido y solucionan problemas.

Además de eso, de a poco van regresando los titulares aún cuando a los blancos les resta jugar por la Champions League ante el Sporting de Lisboa en Portugal y aunque acaso les cueste llegar esta vez a la primera posición en su grupo (hoy están por debajo del Borussia Dortmund), tal vez en este caso pueda serles útil para evitar a los rivales más poderosos, dependiendo de cómo queden confeccionados los líderes en cada caso.

Al Real Madrid le queda jugar ante el Sporting de Gijón como local en el Santiago Bernabeu por la Liga antes de visitar el Camp Nou y con obtener lo que parece un lógico buen resultado en casa, si al Barcelona le cuesta dejar algún punto en Anoeta ante la Real Sociedad, la distancia que hoy es de cuatro puntos entre los dos, podría ampliarse aún más, lo que les permitiría a los blancos llegar más cómodos al compromiso.

El Barcelona es muy variable por este tiempo porque depende demasiado de su ataque y de quiénes jueguen. Ya venía ocurriendo que Andrés Iniesta estaba ausente por una nueva e inoportuna lesión, y eso le estaba costando en el andamiaje del equipo, aunque el tridente sudamericano le iba ayudando a solucionar el problema.

Bastó sin embargo que ante el Málaga, en casa, no jugara Luis Suárez y se indispusiera Lionel Messi a último momento, para sentirlo en el juego y ya no poder vulnerar, con varios suplentes, la madeja defensiva que generó el conjunto andaluz para poder soportar los embates del equipo de Luis Enrique, sin ideas ni mecanismos para superar situaciones como éstas.

Desde hace tiempo que el Barcelona depende demasiado de sus estrellas y cuando algunas o varias de ellas no están, el equipo no encuentra el rumbo, aunque mantiene un estilo desde hace años, claro que cada vez más desdibujado.

Este Barcelona que marcha a cuatro puntos del Real Madrid, debe viajar a uno de los terrenos que más le cuesta y en el que viene tropezando año a año, y esta vez, ante una Real Sociedad que de vencer, quedará a un solo punto de los catalanes, algo impensado para esta altura del torneo al inicio de la Liga.

El Barcelona tampoco tiene un compromiso fácil por Champions entresemana, porque debe viajar a Glasgow a jugar ante otro rival que lo suele complicar, el Celtic, aunque se encuentra bien ubicado en el grupo. De todos modos, un mal resultado podría complicarlo y dejar abierta la clasificación a la última jornada.

El tercero de la Liga es el Sevilla, que ya parece que como en temporadas anteriores el Atlético Madrid, se ha entrometido en la lucha por el título, lo que agrega emoción a un torneo demasiado acostumbrado a que todo fuera de a dos, o en los últimos años, de a tres.

No sólo venció en el final 2-3 al Deportivo La Coruña con gol del argentino Gabriel Mercado, para quedar a seis puntos del Real Madrid, sino que en la próxima jornada recibirá a un flojo Valencia, aunque en la semana se jugará el primer lugar de su grupo de Champions ante la poderosa Juventus en el Sánchez Pizjuán.

El Villarreal también tiene en la próxima jornada un compromiso accesible en El Madrigal ante el Alavés pero en la Europa League, antes, se juega buena parte de su clasificación como visitante ante el Zurich.

Uno de los grandes desafíos es para el Atlético, que deberá mentalizarse para no quedar muy rezagado en Liga (se encuentra a nueve puntos del Real Madrid, en el sexto lugar), y no parece fácil tampoco el próximo partido ante el Osasuna como visitante, y en este caso el partido en casa ante el Rostov por la Champions es un poco más cómodo porque ya se ha clasificado a octavos de final.


Y ya en el séptimo puesto, el Athletic de Bilbao, que ha conseguido un buen triunfo en San Mamés ante el Villarreal, tiene otro partido en casa ante el Sassuolo por la Europa League antes de visitar al Las Palmas, para seguir muy de cerca a los equipos de posiciones superiores en la Liga.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Messi pone algo de calma en un clima tenso




En uno de los peores momentos de la selección argentina en mucho tiempo, desde lo futbolístico y desde lo anímico a partir de su relación con la sociedad por un abismo creado desde la frustración, apareció el súper crack, capitán y gran figura, Lionel Messi, el mejor jugador del mundo, para poner un poco de calma y dejar al equipo, al menos, en opuestos de repechaje mundialista.

Messi no sólo marcó un espectacular gol de tiro libre (una de sus especialidades al punto de que José Pekerman, director técnico de Colombia, llegó a manifestar después que para el jugador del Barcelona “es como si fuera un penal”), sino que asistió de manera perfecta, con un centro exacto, para que Lucas Pratto aumentara con un certero y bien dirigido cabezazo, y posteriormente, ya en el segundo tiempo, y tras un taco glorioso, arremetió por la punta derecha para robar la pelota, dirigirse hasta el fondo y centrar hacia atrás (como indica el manual) para que Angel Di María selle el tercer y definitivo gol del partido.

Es decir que la incidencia de Messi, en términos incluso productivos, fue absoluta, aunque no nos podemos quedar allí, porque pudieron ser más los goles si varios de estos jugadores estuvieran a su ritmo, o si, mucho mejor que aquello, al menos el director técnico Edgardo Bauza tuviese un poco más de grandeza en los planteos y no se escondiera detrás del extraño “equilibrio” que propone en el discurso mediático, y que para él equivale a ocho jugadores detrás de la pelota y sólo tres (cuanto más, a veces hasta dos) para atacar.

Si anoche en San Juan el equipo argentino salió con un planteo mucho menos cauteloso que en el desastre del pasado jueves en el Mineirao fue sólo por necesidad e imposición. Es decir, por un lado, los hechos de la tabla de posiciones cantaban y había que buscar el triunfo a toda costa porque eso significaba ir al receso en posición de clasificación o no, lo que implicaba en caso contrario cuatro meses de crisis y que hasta le podían costar el puesto. Por el otro, varios jugadores estaban cansados de las tácticas con tantas precauciones pero mirando al arco de enfrente con catalejos.

Lo cierto es que por una cosa, por la otra o por ambas, la selección argentina salió, por fin, con dos volantes de marca (Javier Mascherano y Lucas Biglia), pero abandonó la segunda línea de cuatro para que Ever Banega se transformase en un conductor al estilo de los pasados tiempos de Gerardo Martino en la Copa América Extra de los Estados Unidos, y Di María pasase a ser más extremo que volante.

Eso a su vez derivó en un Messi más volcado a la derecha como en el Barcelona, de afuera hacia adentro, acompañado como centrodelantero por Pratto, más capaz de pivotear y de moverse fuera del área que Gonzalo Higuaín, y además, demostrando otra vez su enorme capacidad goleadora.

Claro que Argentina se encontró con un aliado no del todo esperado, aunque los antecedentes daban para cierta confianza: un rival desteñido, insípido y con muchísimo temor, esta Colombia de un Pekerman irreconocible, que renunció a un ataque sostenido con un triple cinco (Wilmar Barrios, Diego Torres y Carlos Sánchez), y apenas por delante, la habilidad de Juan Cuadrado y la pegada de James Rodríguez, con la soledad de un Radamel Falcao que recién en estas semanas parece comenzar a tomar forma pero que sigue lejos de aquél que fue previo a su grave lesión.

Esta Colombia con problemas defensivos porque dos de sus titulares no estuvieron, y que seguramente llevó a Pekerman a pensar que con el triple cinco protegería esta posición, se encontró pronto 2-0 abajo y ya no le servía para nada este esquema, aunque el entrenador argentino fue demasiado lento para cambiarlo. Perdió por lo menos medio tiempo hasta que reaccionó para el segundo.

Así fue quitando uno a uno los “cincos”, para dejar uno solo, aunque somos de la idea de que tal vez con Sebastián Pérez y Sánchez, no habría necesitado el esquema inicial. Queda, de todos modos, como hipótesis incomprobable.

La cuestión es que Pekerman quiso impulsar a su equipo con la entrada de Jonathan Copete y de Mcnelly Torres y no sólo consiguió la pelota en el segundo tiempo, sino que allí ocurrió lo de casi siempre con Argentina: a Bauza ya le bastó la diferencia de dos goles del primer tiempo y decidió volver al “esquema Mineirao”: se retrasó Di María, Enzo Pérez ingresó por Banega, mandó a Higuaín al sacrificio al lado de Messi para aquel 4-4-2 inservible salvo para defender, y el partido comenzó a cambiar aunque siempre sin observarse que el resultado final pudiera variar.

Ya con el tercer gol, desde la genialidad de Messi hasta la definición de Di María, todo fue nada más que testimonial, con la anécdota final del precioso tiro libre de James que terminó con la pelota en el poste derecho de Sergio Romero.

Ganó bien Argentina, mucho por el enorme talento del mejor jugador del mundo, Lionel Messi (que llega así a su gol 943 entre oficiales y no oficiales), pero no se puede engañar.

Hay demasiado que corregir, desde el esquema primero, porque con la tradición y los jugadores que hay, no es aceptable que haya tanto miedo a perder (al punto de que Bauza destacó en la conferencia de prensa posterior, que lo mejor era que no le habían convertido goles por primera vez en los seis partidos que lleva) y tan poca ambición ofensiva.

Y luego, ahora que llega un receso de cuatro meses y que bajará la presión sobre la selección argentina, también es hora de revisar algunas convocatorias, aunque sea de jugadores de enorme jerarquía y de gran pasado, pero que van comenzando a declinar, sea por el desgaste físico, sea por edad.

No se entiende que una vez más, no se aprovechen jugadores que pasan por momentos brillantes como Fernando Belluschi, u otros en posiciones que no abundan, como Giovanni Lo Celso, y tal vez sea, por fin, la oportunidad para que se dejen de lado los complejos y se convoque a Mauro Icardi (si bien Pratto parece consolidarse y salió ovacionado), y se tenga en cuenta al chico Santiago Ascacíbar como volante.

Sumados al regreso de Paulo Dybala y a que probablemente Javier Pinola ya esté recuperado de su lesión, Bauza podría encontrarse con muchas más oportunidades y este receso de cuatro meses hasta marzo puede venir bien para que recapacite y entienda que si gusta hablar de “equilibrio” en el fútbol, en todo caso se trata de seis para defender y cinco para atacar.

Sería interesante que tanto Bauza como los jugadores aprovecharan algún ratito libre en estos cuatro meses para bucear en la historia de la selección argentina para que comprendan cuándo y por qué nació el respeto por la celeste y blanca. Cómo fue que llegó a ser admirada en el mundo, y en base a qué juego, si con ocho jugadores atrás de la pelota, o con jugadores dotados de una gran técnica, con ambición ofensiva, con el “tuya y mía”, con el “toco y me voy”, con el “desborde y centro atrás”, con la pared, con el juego al ras del piso.


Tal vez, buceando en la historia, Bauza encuentre una respuesta que le genere otros planteos, y que el equipo vaya recuperando parte de la relación perdida con los hinchas, que pretenden ver un poco más de juego.