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martes, 17 de octubre de 2017

Ambición de épica (Un cuento de Marcelo Wio)




En las tribunas breves, de tablón recio, casi no quedaba nadie – salvo alguno que otro con ganas de seguir insultando; vamos, los de siempre: Ribeiro, Lucachinni y Brodsky.
Al partido le quedaban tres minutos y un manojo inútil de segundos, y el local, la Asociación Deportiva Franquiciadores, perdía 13 a 0 cuando el árbitro lo dio por concluido.

El técnico de Franquiciadores salió disparado del banquillo – una tabla sobre dos amontonamientos más o menos firmes y prolijos de ladrillos – y se encaró con el árbitro. “Quedan tres minutos, ¿qué mierda se cree que hace?” Los jugadores de ambos equipos, el árbitro, los jueces de línea, y los tres insultadores persistentes lo miraron con asombro. “Tres minutos. Toda una vida, querido”, seguía Fibonacci, el entrenador de Franquiciadores, que ya le daba la espalda al árbitro y mandaba a calentar a dos delanteros. “Todavía hay tiempo para la remontada, carajo”.

Esa energía, que tenía mucho – o, más bien, todo - de las epopeyas griegas que leía y releía con la obsesión de un creyente que está convencido del eterno retorno de las circunstancias y de su preponderante papel en tales repeticiones; esa energía desaforada, fue contagiando a los suyos: los once que estaban en la cancha instaban al árbitro a concluir el tiempo reglamentario, y desde el banquillo, el aguatero gritaba que había que añadir dos o tres minutos más por pérdida de tiempo y porque es lo que se hace en la ciudad, qué tanto; los dos suplentes ya realizaban esas trotecillos de precalentamiento que quedan tan deslucidos, allí, en ese limbo al costado de las carreras de tranco serio, amplio, que acontecen en el terreno de juego.

El árbitro miró a los jueces de línea y al capitán del equipo visitante (Veloces de Sanjurjo) en un mismo movimiento de barrido de cuello – se lo conocía por su tacañería, y el gasto de energía corporal no escapaba al ejercicio de su ahorro.
Todos respondieron con los hombros (elevándolos levemente). “Pues nada, se juegan los tres minutos… y medio, digamos, que restan, y añado otros dos – mirando a ambos capitanes, que asintieron, circunspectos”. Se realizaron los cambios y se reinició el partido con un balón a tierra.

Veloces se apoderó del balón, y los jugadores comenzaron a tocarlo, alargando la cancha como quien pretende que el tiempo se agote más rápido a fuerza de tanto traslado del balón. No se habían dicho nada, pero habían decidido, como se deciden ciertas benevolencias, ciertos honores en el campo de juego, que el partido estaba bien con el resultado que ya tenía, que no era necesario sumarle más bulto a lo abultado.

Los jugadores de Franquiciadores parecían haber renovado energías. Mas, las habilidades, eran las que eran; escasas. Corrían detrás del balón, frenéticos, convencidos de que en cuanto tomaran posesión del mismo, la remontada sería una consecuencia lógica que sucedería casi por sí misma.

Pensaban, puede inferirse sin temor a pifiarle por mucho, que un gol suyo valdría por los trece del rival. Son las cosas que tiene el fervor, que nubla la razón de manera absoluta para imponer su falsificación. Fue en uno de esos ímpetus defensivos que el cinco de Franquiciadores metió ruda la pierna y logró morder el balón y echarlo hacia atrás,  en lo que pretendía ser un pase para sus defensores;  pero lo hizo con tanto ahínco, que el balón se elevó, franqueado los esfuerzos patéticos de los tres del fondo y del propio portero, que vieron cómo ingresaba en propia portería.

Los tres o que aún estaban en la tribuna, y que habían trocado la injuria por un silencio que, concluyeron, era la mejor forma de aliento que podían practicar – tan acostumbrados como estaban  al denuesto -, no supieron cómo reaccionar ante aquella situación: ningún agravio de su acervo terminológico parecía a la altura.

Nadie supo cómo reaccionar. El árbitro miraba a todas partes – incurriendo en un inusitado derroche de energía por la exigencia a la musculatura de su cuello y espalda – como buscando consensos para una nueva reglamentación. Finalmente, y más que nada por inercia profesional, pitó el gol y marcó el centro de la cancha.

 El pitido reintrodujo a todos en la realidad que se había detenido o bifurcado aberrantemente o vaya a saber qué – luego dirían que el viento de aquella meseta inclemente, que las bajas presiones y que algún licorcito bebido antes del partido -, y sirvió también como indeclinable promulgación del final del encuentro.


Aquella tarde fue la última vez que vieron por allí a Fibonacci. Unos dicen que iba derrotado. Otros, que se marchaba con la convicción de que la épica estaría en otro lado, esperándolo. 

domingo, 15 de octubre de 2017

El dulce momento de Messi (Yahoo)




La selección argentina y la FIFA pueden dormir en paz. Lionel Messi, el mejor jugador del mundo, estará en el Mundial de Rusia y todos los sueños futbolísticos y los aspectos del marketing podrán compensarse por este motivo, luego de que su participación haya estado en serias dudas debido al muy mal paso del equipo albiceleste durante la clasificación.

Todo indicaba que la selección argentina sufriría mucho y acaso sin buenos resultados cuando llegó a la última jornada clasificatoria sudamericana (sobre dieciocho totales) en la sexta colocación en la tabla de posiciones cuando las plazas directas eran cuatro y a lo sumo una quinta debía jugar el repechaje a doble partido ante Nueva Zelanda en noviembre.

El equipo argentino –con Messi en el campo- no había sido capaz de ganarle en casa ni a una Venezuela ya eliminada y sin algunos de sus mejores jugadores (1-1) ni ante Perú (0-0) pese a que la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) decidió cambiar de estadio y pasar del más frío Monumental de River Plate a la Bombonera de Boca Juniors, reconocida como una de las más presionantes debido a la cercanía de los hinchas y a su estructura arquitectónica.

Pese a todo esto, el equipo argentino aparecía muy nervioso, como si le pesara demasiado el hecho de que tras tres finales perdidas consecutivamente (un Mundial y dos Copas América entre 2014 y 2016), pudiera quedar eliminado de Rusia 2018 con semejantes estrellas, especialmente en el ataque.

Incluso ocurrió algo que no estaba en los cálculos de nadie: pese a contar con delanteros como Messi, Mauro Icardi (Inter). Sergio Agüero (Manchester City), Gonzalo Higuaín (Juventus), Paulo Dybala (Juventus) y hasta con Darío Benedetto (máximo anotador de la liga argentina con Boca), la selección argentina llegaba a la última jornada siendo la segunda peor en goles a favor entre los diez equipos, con 16 goles en 17 partidos.

Jorge Sampaoli, el ex entrenador del Sevilla al que la AFA fue a buscar y pagó por su cláusula de salida para los cuatro partidos finales de la clasificación, tampoco le encontraba la vuelta al asunto y cada vez se lo veía más ansioso al borde del campo de juego, aunque su discurso era que seguía confiando en sus jugadores y que finalmente, se alcanzaría la clasificación.

Cuando llegó el empate final como local ante Perú y parecía que la desilusión invadiría todo, llegó la noticia menos esperada: en Colombia, la selección paraguaya lograba imponerse 1-2 en el último minuto y de esta forma, milagrosamente, la selección argentina podía llegar, pese al sexto lugar en la tabla, a depender de sí misma si vencía a Ecuador en Quito, al menos para jugar un repechaje y hasta acaso ir directo al Mundial, dependiendo de otros resultados.

Así fue como en la última jornada, Brasil venció a Chile (que estaba un punto por delante de Argentina), mientras que Perú y Colombia empataron en Lima y entonces el equipo argentino quedó finalmente en tercer lugar y consiguió el pasaje al Mundial al vencer (no sin sufrimiento inicial) 1-3 a Ecuador.

Ese último partido también tuvo su propio capítulo porque antes de jugarse, parecía más accesible para la selección argentina. Un equipo ecuatoriano ya eliminado, con un entrenador interino (el argentino Jorge Célico) había decidido colocar a la mayoría de jugadores de su liga local y prescindir de sus estrellas europeas, claro que también más adaptados a la altura de 2850 metros sobre el nivel del mar.

Aún así, para sorpresa de todos, Ecuador se puso en ventaja antes del minuto inicial y entonces todo parecía desmoronarse. Si Argentina no había logrado un solo gol de jugada en todo el año 2017 en partidos oficiales (los dos únicos goles fueron por Messi, de penalti, y otro autogol de Rolf Feltscher, ante Venezuela), ¿cómo iba a conseguir al menos dos en un solo partido, con tanto nervio y sin un orden táctico?

Sin embargo, en ese momento tan complicado, cuando nada lo parecía indicar, es que apareció el mejor Messi, el que define los partidos en el Barcelona, el que va con decisión hacia la portería adversaria, y en una ráfaga, puso rápidamente adelante a Argentina 1-2 y luego, en la segunda parte, con una muy bonita vaselina, terminó de armar un hat trick en el momento justo.

Si ya había revertido  muchas críticas de un importante porcentaje de argentinos que consideraban que él no era nunca el mismo que en el Barcelona con la camiseta albiceleste, su actuación en un partido tan importante lo acabó de colocar en la cima de los ídolos y a las pocas horas, ya circulaban memes y mensajes telefónicos con imágenes de Messi vestido de santo, o videos en los que el crack del Barcelona firma autógrafos a chicos con alguna discapacidad, como si nunca antes lo hubiese hecho.

En apenas horas, Messi, ya camino a Barcelona para reincorporarse a su equipo, que jugaba por la Liga ante Atlético Madrid en el Wanda Metropolitano, se había acercado nada menos que a Diego Maradona en la idolatría popular y acaso esto marque ya un camino nuevo hacia el próximo Mundial, aunque la mayoría de los hinchas sabe bien que se trata de un equipo con algunos grandes delanteros, pero no hay tantas estrellas en la defensa o en el mediocampo. La esperanza está puesta en el 10.

Messi vive un momento dulce. Será padre por tercera vez, es el máximo anotador de la Liga con 11 en 8 partidos, y hasta el cierre de este artículo había marcado 17 en 16 partidos en la temporada 2017/18 que recién se inicia, contando el Barcelona y la selección argentina, y entre goles oficiales y no oficiales, lleva 994 en 1090 partidos (0.91 de promedio).

Si de pequeño pudo luchar para sobreponerse a un problema de crecimiento, y luego pudo llegar a jugar en el Barcelona y romper todos los récords, ahora ha dado otro paso más en su impresionante carrera: superó los prejuicios de muchos que no lo valoraban lo suficiente, y hoy pasa a ser un indiscutidos en un país muy exigente con el fútbol.

Messi vive un momento dulce, y lo merece.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Messi apareció con un tripelete y puso a la Argentina en el Mundial (Kicker)




La genialidad de Lionel Messi apareció en el momento clave, en el último partido de la clasificación, al que la selección argentina llegó en una situación desesperada, y con tres goles suyos y una actuación parecida a las que suele tener en el Barcelona, acabó venciendo 3-1 a Ecuador en la altura de Quito y de esta forma consiguió el pasaje al Mundial de Rusia al quedar en la tercera colocación, detrás de Brasil y Uruguay y delante de Colombia.

Tal como le reclamaron durante años los aficionados argentinos, que lo discutieron por una década por no haber cosechado títulos con el equipo nacional, Messi se cargó el equipo al hombro y pudo dar vuelta un resultado que comenzó de pésima forma porque a los 45 segundos, Ecuador se puso en ventaja con gol de Romario Ibarra, lo que fue un masazo para las aspiraciones albicelestes porque necesitaban un triunfo para llegar a un repechaje ante Nueva Zelanda y dependían de otros resultados para la clasificación directa.

“Nos tocó empezar perdiendo. No era fácil en la altura. Siempre estaba el miedo a quedar afuera pero por suerte reaccionamos rápido.Había sido injusto perder la final del Mundial y las dos Copas América y terminamos sufriendo para entrar al Mundial que viene. Hay que disfrutar pero luego el equipo va a cambiar, va a crecer. No ir a Rusia hubiese sido una locura”, dijo Messi tras el partido, rompiendo una veda de once meses de los jugadores sin hablar con la prensa.

El equipo argentino tuvo una muy mala clasificación y de hecho, no había convertido ningún gol de jugada en todo 2017 y había cambiado dos veces de entrenador. Comenzó Gerardo Martino, siguió Edgardo Bauza, para terminar Jorge Sampaoli, y cada uno, con un presidente distinto de una AFA con muchos problemas institucionales.

Además de Messi, otros jugadores destacados fueron Angel Di María, muy rápido por la punta izquierda (no había rendido por la derecha en partidos pasados) y Enzo Pérez y Lucas Biglia, otorgando equilibrio en la mitad de la cancha.

Tras el partido, Jorge Sampaoli desveló que en la charla final con los jugadores “les dije que todos teníamos que llevar a Messi al Mundial.  Era ilógico que el Mundial no tuviera a Messi como protagonista.  El equipo demostró una jerarquía muy alta en una cancha muy difícil”.

Será el Mundial número 17 para Argentina, que sólo estuvo ausente en 1938, 1950, 1954 (todos por decisión propia) y 1970.


martes, 10 de octubre de 2017

Gracias a un Messi genial, Argentina está en el Mundial de Rusia (Jornada)




Parecía una noche negra en la altura de Quito. Un gol de saque, a los 45 segundos, de Romario Ibarra, parecía predecir lo peor. Sin embargo, la selección argentina, con un Lionel Messi genial, en uno de sus mejores partidos con la camiseta albiceleste, no sólo convirtió un triplete sino que fue el factor determinante para la clasificación mundialista con un 3-1 contundente y claro ante Ecuador.

Sin dar una completa imagen de solidez, especialmente en la parte defensiva, el equipo argentino se apoyó en el genio que tiene en su plantel, Messi, el mejor jugador del mundo (ahora, máximo goleador histórico de las clasificaciones sudamericanas, y el mayor anotador de la selección nacional con 61 goles, y 994 en su carrera entre oficiales y no oficiales), mostró toda su jerarquía en el momento necesario.

No parece que haya ya lugar para más críticas para Messi. Resistido en los primeros años, fue ganando un lugar en el podio de los grandes cracks entre los hinchas argentinos, y en este partido definitorio ante Ecuador pudo él solo acabar con tantos años de desastres institucionales, un empate a 38 en 75 votos para elegir presidente de la AFA, y tres directores técnicos en el mismo grupo clasificatorio, además de una larga veda con la prensa que duró once meses y que recién se levantó anoche tras el objetivo conseguido.

Ya el equipo argentino se había ido al descanso en ventaja debido a que el empate llegó 13 minutos más tarde del tempranero gol ecuatoriano, que fue como un baldazo de agua fría, en una escapada en velocidad que no pudo parar la defensa albiceleste.

Pero Messi tomó la batuta, bien acompañado esta vez con un buen Angel Di María, con aceptables producciones desde los dos costados por parte de Eduardo Salvio y Marcos Acuña, y un correcto pivoteo de Darío Benedetto en el centro del ataque.

Tras el 2-1, que ya le aseguraba un lugar entre los cinco primeros (aunque dependía de otros resultados para la clasificación directa), el equipo argentino se fue serenando , en especial cuando Lucas Biglia y Enzo Pérez (al cabo, una de las grandes figuras por temple y distribución de juego) comenzaron a tocar la pelota para los costados sin dar lugar a rèplicas rivales.

La serenidad aumentó en el segundo tiempo porque siempre dio la sensación de que Ecuador no inquietaba demasiado, bien controlado, pero además porque comenzaron a llegar buenas noticias desde Brasil, que iba aumentando la diferencia ante Chile.

Ya con el 1-3, siempre con el sello genial de Messi y el 3-0 de Brasil sobre Chile, un partido que pintaba para dramático terminó siendo de trámite sencillo para desatar la euforia con el pitazo final y el alivio de la clasificación para Rusia 2018 en tercer lugar, detrás de Brasil, Uruguay y delante de Colombia.

La selección argentina rompió por fin el molde. Tantas veces el aficionado esperó un rendimiento así en un partido trascendente y se había quedado en las puertas de tres finales y la casualidad hizo que justamente en el mismo día en el que consiguió el pasaje para el Mundial, Chile, su vencedora por penales en las dos definiciones de la Copa América, no logró el pase.


Por el momento, el Mundial contará con cuatro entrenadores argentinos (Héctor Cúper en Egipto, Edgardo Bauza en Arabia Saudita, Jorge Sampaoli y José Pekerman, en Colombia) y podría llegar un quinto si Ricardio Gareca logra clasificar a Perú en el repechaje de noviembre ante Nueva Zelanda.

Corazón y pases cortos, recetas para la situación límite (Jornada)



Llegó el Día D, la línea roja que separa la frustración del alivio. Porque para la selección argentina, clasificarse para un Mundial es, o debería ser, lo habitual y no un milagro. Por su trayectoria, por su historia, por la exquisita técnica de algunos de sus jugadores (en otros, está por verse o es más discutible), porque es admirada y temida en todo el planeta, por lo que representa la gloriosa camiseta celeste y blanca.

Hoy, ahora, no es momento para críticas, sino para la esperanza, para apostar fuerte para que, por fin, y en el momento más importante, en el decisivo, en el último, y nada menos que en la altura de Quito, a 2.850 metros sobre el nivel del mar, la selección nacional haga un partido a la altura de lo que se espera y que consiga el pase al Mundial sin renunciar al fútbol bien jugado.

Que la selección argentina no se meta atrás, ni juegue al contragolpe porque además, necesita ganar para no depender de ningún otro resultado. Porque ganando, se asegurará por lo menos el repechaje ante Nueva Zelanda y acaso, hasta el boleto definitivo para el Mundial de Rusia 2018.

Pero para conseguir el objetivo que es básico para una selección como la argentina, que no falta a un Mundial desde México 1970 y que sólo estuvo ausente cuatro veces en veinte citas (las otras tres por decisión propia en 1938, 1950 y 1954), hay que saber afrontar las diversas circunstancias como en este caso la altura (muchos recordarán aquella frase de Daniel Passarella en 1996 con aquello de que “la pelota no dobla”), o el terreno blando por una importante lluvia caída anoche, o que el equipo ecuatoriano utilizará jugadores del torneo local, más habituados al clima.

Para ganar esta clase de partidos hay que pensar bien qué tipo de jugadores se necesitan. Más los livianos, para poder moverse con menos dificultad y que no los afecte la altura, pero también tener mucho la pelota, para que no la tenga el rival, la haga circular y que haya que correr tras él con lo que eso implicaría en cuanto al desgaste físico.

Hay que avanzar en bloque, tocando corto, con más trotes que corridas, y ser precisos, no perder la pelota casi nunca y lo que más le cuesta a esta selección: hay que tratar de tener contundencia, cuando este equipo no ha conseguido un solo gol oficial de jugada en todo 2017. Los únicos dos goles fueron en contra (Rolf Flestcher, de Venezuela) y de un más que dudoso penal ante Chile (Lionel Messi).

Por eso, más que nunca, lo que hay que desear para esta selección, en el día en el que se juega todo, la clasificación y su prestigio, cuando muchos jugadores se juegan su futuro en el equipo nacional, es corazón y pases cortos.


lunes, 9 de octubre de 2017

Argentina depende de sí misma ante Ecuador pero no creen en ella (Kicker)




En un ambiente muy pesimista, después del muy mal rendimiento que tuvo durante todo el grupo sudamericano, la selección argentina aún depende de sí misma en la última fecha que se jugará el próximo martes y necesitará ganarle a Ecuador en Quito se asegura un repechaje ante Nueva Zelanda y hasta podría conseguir el boleto directo al Mundial si la ayudan otros resultados.

El ambiente en la Argentina es una mezcla entre depresión y pánico a quedar fuera del Mundial en un país excesivamente futbolero y que le prende velas a Lionel Messi, único capaz de salvar a un equipo que no encontró un mínimo rendimiento en 17 fechas, con apenas 16 goles.

Los medios comienzan a preguntarse por qué no hay un psicólogo para un equipo ciclotímico que viene de perder tres finales seguidas y que carga con una pesada mochila de frustraciones.

Según una encuesta difundida por el diario deportivo “Olé”,  el 40 por ciento cree que Argentina quedará eliminada del Mundial, un 34 por ciento cree que irá al repechaje y sólo un 26 por ciento es optimista y cree que conseguirá en forma directa el boleto para el Mundial.

La selección argentina quedó en la sexta colocación (es decir, fuera incluso del repechaje) cuando queda una sola fecha, tras no poder vencer tampoco a Perú en la Bombonera el pasado jueves aunque dos goles sobre la hora de Paraguay ante Colombia revivieron su chance y como Perú debe recibir a Colombia en Lima y ambos están apenas por delante, cualquier resultado la ayudaría en el caso de vencer a una Ecuador ya eliminada y con un entrenador interino (el argentino Jorge Célico reemplazó a su compatriota Gustavo Quinteros, que fue despedido).

Claro que para eso habrá que jugar a 2850 metros sobre el nivel del mar y en un escenario en el que últimamente Argentina sólo ganó en 2001 con Marcelo Bielsa en el banco.

El DT Sampaoli que parecía que venía por fin a traer una buena organización, ahora es criticado no sólo por cambiar permanentemente de jugadores sino por sus frases que parecen estar viviendo fuera de la realidad, como cuando dijo tras el empate ante Perú que “somos una selección contundente” o habló de “entusiasmo en el vestuario” tras enterarse de la victoria de Paraguay en Colombia.

Sergio Batista, ex entrenador de la selección argentina en 2011 y campeón mundial en México 86 coincide con otro ex campeón, Ricardo Bochini en que “Messi está solo, no encuentra jugadores que se desmarquen y así es muy difícil”.

Los dos únicos goles que convirtió la selección argentina en 2017 fueron por un dudoso penal ante Chile, y uno en contra, de Rolf Feltscher, ante Venezuela, ambos como local.

Por estas horas, circulan memes en las redes sociales que muestran a Messi cargando a pie un avión con destino a Rusia o hay chistes sobre la compañía de televisores Noblex, que organizó una promoción para devolver el dinero en el caso de que Argentina no vaya al Mundial.


domingo, 8 de octubre de 2017

España llega al Mundial por la puerta grande (Yahoo)




De manera más sencilla de lo que podía parecer hasta hace pocos meses, cuando aún el grupo clasificatorio parecía más equilibrado, la selección española finalmente logró ingresar al Mundial de Rusia 2018 una jornada antes del final y por la puerta grande, al establecer una clara diferencia con el resto de los equipos participantes.

La selección española afrontaba desde 2014 el desafío de renovar una generación dorada, con la que había conseguido ganar, consecutivamente, dos Eurocopas y un Mundial entre 2008 y 2012, pero el tiempo no pasa en vano y varios de esos jugadores se fueron retirando del equipo nacional, al cumplir un ciclo y “La Roja” lo acabó pagando caro tanto en el anterior Mundial de Brasil, cuando no pudo pasar de la primera fase, eliminada por Holanda y Chile, como en la última Eurocopa de Francia, cuando cayó ante Italia.

Precisamente, Italia era el rival a vencer en un grupo clasificatorio mundialista que sólo otorgaba una plaza directa para el Mundial, obligando al segundo a una incómoda repesca y todo indicaba que el nivel de paridad entre España y los “azzurros” iba a ser total y que el ganador surgiría a último momento y por leves detalles.

Sin embargo, esto no fue así. Pese a la incertidumbre tras el Mundial 2014 y la Eurocopa 2016, con la salida de jugadores de un peso específico importante en el equipo como lo fueron los volantes Xavi Hernández o Xabi Alonso, delanteros como Fernando Torres o David Villa, y un portero como Iker Casillas, pero especialmente con el final del brillante ciclo como entrenador de Vicente Del Bosque, quien a su vez suplantó en el puesto al fallecido Luis Aragonés, la selección española supo renovarse a tiempo y manteniendo una línea futbolística sin demasiado conflicto.

Sorprende que no haya sido traumática la salida de Del Bosque porque éste transmitía una tranquilidad y una capacidad de comunicar los conceptos poco habituales, pero más aún, que en el momento de la decisión del nuevo entrenador, la crisis de la Federación Española comenzaba a explotar hasta que pocos días atrás terminó por sacar de la presidencia a Ángel María Villar tras 29 años en el cargo. Incluso, el ex presidente de la Federación tuvo que purgar varios días en la cárcel hasta pagar una fianza.

Aún así, la selección española pudo ponerse a resguardo de todos los problemas políticos y se dedicó no sólo a jugar al fútbol sino a mantener los mejores principios que la sostuvieron en la década pasada, porque el nuevo entrenador, el ex portero Julen Lopetegui, consiguió suceder a Del Bosque con la misma convicción y hasta cerrando filas cuando aparecieron situaciones urticantes como la relatada de Villar o en estos últimos días, el conflicto con Gerard Piqué, tan resistido en el ámbito de “La Roja” al ser relacionado con la posibilidad de la independencia catalana, si bien el propio defensor del Barcelona acabó aclarando que sólo defendía que se votara en el Referéndum independentista pero que no estaba de acuerdo con la independencia y que pese a que evaluaba retirarse tras el Mundial de Rusia, ahora hasta se plantea continuar luego del máximo certamen de 2018.

Lo concreto es que la selección española tuvo la renovación deseada a partir de un entrenador como Lopetegui que ya había conseguido títulos europeos en las categorías juveniles sub-21 y sub-19, con el surgimiento de una nueva generación que aportó aire fresco al fútbol de toque, balón al piso, y mucha posesión como fue característica del fútbol de la selección española desde que Aragonés decidió terminar aquellos tiempos de la llamada “Furia” para buscar jugadores de buen pie y técnica sobresaliente.

Así fue que a la base anterior del Barcelona, de la que quedan Piqué, Sergio Busquets, Andrés Iniesta y Jordi Alba, se le fueron sumando varios jugadores del exterior, especialmente de la Premier League (David Silva, Pedro, Cesc, Diego Costa –ahora regresa al Atlético Madrid- , Nacho Monreal) y a éstos, los del Real Madrid que ha monopolizado los éxitos en la Champions League y que ha tomado una confianza indudable desde que Zinedibe Zidane asumió como entrenador blanco.

A Sergio Ramos se le sumaron Dani Carvajal, Alvaro Morata- ahora en el Chelsea- pero en especial, las dos nuevas figuras, isco Alarcón y Marco Asensio- mientras que en la portería, David De Gea representa el cambio perfecto de la generación anterior, tomando la posta de Iker Casillas.

Esta selección española tiene un recambio de garantías, especialmente desde el medio hacia adelante, siempre con un eje tanto en Busquets como en Illarramendi, para luego contar siempre con tres administradores del juego que contribuyen para una larga posesión, retomando aquellos años de creatividad y llegadas.

Si a esto se le suma una importante cantidad de delanteros con gol (algo que no abundó en los tiempos anteriores), como es el caso de Morata, Adúriz, Costa y hasta Villa, si es necesario.

Por eso, tampoco una aceptable Italia pudo equilibrar fuerzas ante esta España que le ganó 3-0 de manera inapelable y que acabó clasificándose una jornada antes de lo previsto.


Y no sólo eso: se transforma en una candidata importante a revalidar el título conseguido en Sudáfrica 2010 si es que sigue por este camino.