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domingo, 30 de noviembre de 2014

Un asesinato que enciende la luz roja (Yahoo)



Francisco Romero Taboada se convirtió en la décima víctima por violencia en el fútbol en España desde1982, debido a un paro cardíaco producto de una reyerta entre ultras de Atlético Madrid y Deportivo La Coruña, en lo que de a poco comienza a convertirse en una seria amenaza para una Liga que de a poco va comenzando a descender varios escalones.

Este hecho, el del duro enfrentamiento entre doscientos ultras, tres horas antes del partido que Atlético de Madrid le ganó al Deportivo por 2-0 el pasado domingo, deberá ser investigado exhaustivamente por las autoridades deportivas y políticas porque esconde demasiados datos que pueden llegar a ser sustanciales para el futuro.

Por un lado, que no se haya podido encontrar a las autoridades de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) para consultarlas sobre si la jornada debía jugarse o no, luego de este fallecimiento ocurrido a las 14 horas, es un muy mal indicio, que seguramente profundizará el enfrentamiento entre el Gobierno de Mariano Rajoy y el titular de la entidad deportiva, Angel María Villar.

Por otro, hay una gran preocupación de los dirigentes de la Liga de Fútbol Profesional (LFP), también enfrentado a la RFEF y hoy cercano al Gobierno nacional, y las autoridades políticas, porque todo indica que los ultras mantenían contacto entre sí y se citaron por whatsap para enfrentarse físicamente, mientras que por otro lado, se especula con la participación de ultras de un tercer equipo, los Boys de Sporting Gijón, que igual que los del Frente Atlético, son cercanos al neonazismo.

Todo esto puede derivar en un recrudecimiento de la violencia organizada en España, que desde hace rato viene amagando con un crecimiento del fenómeno, desde los vínculos de muchas agrupaciones ultras con determinados sectores políticos, y son muy pocos los dirigentes que lograron oponerse a su presencia en los estadios, entre ellos el ex presidente del Barcelona Joan Laporta con los Boixos Nois.  

Posteriormente, su sucesor Sandro Rosell, intentó restituirles su lugar en el Camp Nou, sin éxito.

Mientras esto ocurre, al mismo tiempo hay otra tormenta que se cierne sobre el fútbol español y es que los clubes pueden quedarse sin un importante subsidio estatal porque el presidente de la RFEF, Villar, ha desistido de la ayuda ante la Secretaría de Deportes que preside Miguel Cardenal.

Esto podría desencadenar una importante crisis, que no es la primera de la última década entre el Estado y la RFEF, porque ya con el anterior gobierno del presidente José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2012), hubo un problema similar que debió zanjar el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, quien amenazó con suspender la participación de La Roja en la Eurocopa 2008 de haber algún tipo de intromisión estatal en el fútbol.
En este caso, si bien la FIFA no intervino, a último momento Villar debió encontrar una masa de dinero prevista para el presupuesto de la participación de la selección española en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, para los que finalmente fue eliminada, para utilizarlo en resarcir a los clubes que perdieron el dinero del subsidio estatal, por el rechazo de Villar a cobrarlo.

Este rechazo de Villar se debe a que en el caso de continuar aceptándolo, debía incluirse en la nueva Ley de Transparencia, que comienza a regir en diciembre, por la que todos los clubes que reciban cualquier subsidio estatal deben dar a conocer todo tipo de cifras sobre gastos, ingresos, balances, licitaciones, y de esta manera, el máximo dirigente del fútbol español debería especificar todos sus gastos personales en todo este tiempo.

Pero no le resultó fácil encontrar una solución. Está enfrentado a la LFP, que maneja el fútbol, y también al Estado, pero se le sumaron muchas federaciones autónomas, que necesitan ese dinero que antes recibía la RFEF para sus gastos, en una época nada fácil debido a la crisis económica que atraviesa aún España.

Y por si esto fuera poco, el fútbol español todavía espera que se conozca el informe completo de Michael García, sobre posibles actos de corrupción en la votación por el otorgamiento de los dos próximos mundiales a Rusia en 2018 y especialmente a Qatar 2022.

Por el momento, la FIFA dio a conocer un documento de menos de cien páginas pero continua sin dar a conocer el más amplio de los dos, el que abarca a mayor cantidad de dirigentes de todo el mundo.

Y no termina tampoco allí, sino que esta semana, la Fiscalía entregaría un informe definitivo sobre un posible amaño del partido Levante-Zaragoza en 2011, que involucraría a la mayoría de jugadores del Zaragoza y nada menos que al entrenador del equipo de entonces, el mexicano Javier Aguirre, hoy entrenador de la selección japonesa.

Si bien se cree que el caso no se resolvería hasta finales de 2015, por asuntos burocráticos, las sanciones más probables son las de inhabilitación de uno a seis años en sus funciones. No sólo Aguirre está involucrado, sino el capitán del Atlético de Madrid, Gabi.


Muertes, posibles amaños, corrupción y opacidad en sus cuentas. El fútbol español parece acompañar a la crisis, lejos del glamour de su Liga cuando la pelota se aleja del césped y del estadio y se acerca al entorno o a los escritorios.

sábado, 29 de noviembre de 2014

River tuvo siempre más convicciones que Boca



Es necesario aclarar de entrada que los dos clásicos por la semifinal de la Copa Sudamericana fueron muy parejos, que River Plate, finalmente clasificado para la final ante Atlético Nacional de Medellín, no es el que fue hasta hace un mes, tras una caída física importante, sumada a la falta de un jugador clave como Matías Kranevitter, y que tal vez en el balance, Boca estuvo más cerca de pasar.

Sin embargo, la sensación que hay en el ambiente luego de los dos partidos, definidos en 180 minutos por un gol que con su gran pegada, concretó Leonardo Pisculichi, es que River fue justo vencedor. ¿Por qué esta idea es la que recorre las redacciones, las radios, las calles?

Todo se relaciona mucho más con la actitud y las convicciones, con el juego desarrollado durante el segundo partido, que con el gol o el resultado final.

En todo caso, River supo desde el primer minuto de la Bombonera que no estaba para construir aquel fútbol que tantos elogios le generó hace apenas unos meses, y se dedicó a defender el cero, con el peligro que acarreaba que de local, Boca pudiera concretar algún gol, algo posible de acuerdo a sus características de visitante durante todo el torneo.

Pero para ser campeón, es necesaria también una cuota de suerte y la suma de muchos detalles gravitantes. En el partido de ida, Leonel Vangioni lastimó (sin irse expulsado) a un Juan Manuel Martínez en ascenso (aunque seguimos creyendo que por sus características no es un jugador del estilo de Boca), y antes de la revancha en el Monumental se lesionó un jugador clave en el ataque xeneize como Andrés Chávez, por lo que su lugar  lo ocupó Emanuel Gigliotti, que venía teniendo cierta continuidad en la red en los últimos partidos.

Gigliotti terminó siendo un jugador clave en el segundo partido, porque Boca se encontró con una situación demasiado positiva apenas al comienzo. Un penal por una torpeza de Rojas, que muy bien cobró el árbitro Delfino, pero que el arquero Marcelo Barovero contuvo y desde ese momento, parecía que cambiaría el eje anímico en el Monumental.

No fue así porque hasta el gol de Pisculichi, Boca tuvo varias llegadas con peligro que una y otra vez, estando muy cerca, no pudo convertir Gigliotti, por lo que el resultado pudo ser tranquilamente para los visitantes.

Es decir que el problema de Boca no pasó ni pasa por el resultado. Pudo haberlo ganado, si Gigliotti convertía el penal porque eso ya obligaba a River a concretar dos goles y a Boca le daba una gran tranquilidad en lo táctico y el partido se planteaba para lo que más sabe hacer, contraatacar.

También lo pudo ganar en las situaciones siguientes, hasta que River se puso en ventaja. El tema, entonces, es otro. El tema de Boca no es el resultado sino el juego, la falta de convicción para saberse ganador, para confiar en algún aspecto del juego porque íntimamente sabe que no tiene algo que lo caracterice por su fortaleza entre sus once jugadores.

Boca no tiene, como en cambio River sí, la sensación interna de que en cualquier momento va a convertir, que va a dar vuelta un resultado, que tiene elementos suficientes. Todo lo contrario. El gol de Pisculichi vino de un remate sin parar la pelota, algo que hoy por hoy necesitan casi todos los jugadores del torneo argentino. Y si no era en ese momento, podía llegar con alguna de Carlos Sánchez por la derecha, o por Teo Gutiérrez, o por Rodrigo Mora.

River siempre supo que con una buena dosis de aquel fútbol perdido hace un mes, siempre podía embocar alguna. Boca, en  cambio, siempre dudó sobre si podía o no. Acaso mejor representado que nunca fue lo del cambio del chileno Fuenzalida, que en cuatro meses, aún no se sabe a ciencia cierta de qué juega, o al menos en qué puesto lo cuenta el técnico Rodolfo Arruabarrena.

En un clásico tan importante, definitorio, Fuenzalida entró y volvió a salir, porque no se supo bien para qué estaba. Tampoco se entendió cómo, por más líder que sea, Fernando Gago (hoy, mucho más un speaker de la mitad de la cancha que un atildado jugador de buena postura) pudo jugar cuarenta minutos cuando ya se había lesionado en el calentamiento previo. Un buen entrenador debe encontrar las palabras justas para explicar, aunque sea doloroso, que no se puede jugar en determinadas ocasiones.

En el fondo, Arruabarrena intentó mejorar, desde la autenticidad y el realismo, un equipo que desde hace mucho tiempo que no juega al fútbol, que no sabe bien cómo hacer para llegar al arco rival en base a los toques, al traslado estético de la pelota, sin que sea necesario empujar, presionar, meter, correr. Pero olvida que todo aquello es un aditamento a lo principal: el fútbol es primero que todo, un juego.

Por eso, ante cada libro de pases que se abre, Boca va y trae todo lo que parece bueno en otros lados, sin fijarse posiciones ni estilos. Si es bueno, viene y listo. Y primero está siempre la idea, luego el proyecto, luego los ejecutantes acordes. En Boca, primero están las estrellas, luego la camiseta, las urgencias, y entonces no parece haber tiempo para pensar y jugar.

Mientras esto no cambie, Boca seguirá perseguido por un torbellino. Con jugadores que no han contrastado con la historia del club, con otros que funcionan en equipos chicos pero no en uno que requiere de otro tipo de personalidades, con tres nueves en un ataque, sin usar las puntas, sin un jugador que conecte las líneas (era Juan Román Riquelme, en horas bajas en lo físico, pero se fue en conflicto con los dirigentes), con picapiedras en las tres posiciones en el medio, con Gago más dedicado a la queja, la pelea y las lesiones que a jugar, y con una defensa que tiene problemas de alto, en  los centros cruzados, al regresar de un ataque propio.

Esto era más grave en tiempos de Carlos Bianchi y luego, Arruabarrena heredó el plantel y aunque de palabra pareció tener buenos propósitos, no pudo reconducir el juego en ningún momento. Boca casi se queda afuera contra Deportivo Capiatá de Paraguay, no hay que olvidarlo.

Y sumado a esto, los problemas extra-deportivos, como la imperiosa necesidad de ganar algo porque se termina en un año el ciclo del radical-macrista Daniel Angelici como presidente del club, con Riquelme dando entrevistas importantes en los momentos claves, influyendo desde afuera en un grupo en el que no todo parece funcionar, y que viene de varios cimbronazos, y con un vestuario que ya no conserva aquellos ganadores de otros tiempos.

River no tiene estos problemas, y si bien su entrenador Marcelo Gallardo también se equivocó más de una vez, como colocar a los suplentes en un partido clave ante Racing Club que le puede hacer perder un torneo que lo tenía ganado, acertó en un punto crucial: el apostar a una estética, a una manera de jugar que transmite mayor seguridad a los suyos, y aunque últimamente no aparecía tanto, siempre estaba en algún rincón, esperando que se la recuperara.

En el segundo tiempo del Monumental, en el momento clave de la clasificación, River tuvo eso que se necesita para avanzar, para no ser uno más. Boca, con demasiadas dudas y en una noche en la que además no le salía nada, se fue hundiendo, sin encontrar los caminos, porque sabe en la intimidad que no cuenta con muchos recursos, que si el rival se pone exigente, no hay mucho de dónde sacar. Porque ni siquiera tiene un claro ejecutante de tiros libres, córners o penales. Porque hace mucho, demasiado tiempo, que no juega.



jueves, 27 de noviembre de 2014

El fútbol y los Estados



Como pocas veces, en estos días aparecieron situaciones con cierta similitud entre el fútbol argentino y el español, tomando en cuenta su relación con los Estados nacionales.

Es muy interesante lo que ocurre con ambos, como para que se pueda entender el contexto. Tanto en un caso como en el otro, las federaciones recibieron dinero estatal, es decir, público. Que se origina en el contribuyente a través de impuestos, servicios, etc. Es decir que es dinero que necesariamente, debe conocerse su destino si alguien lo requiere (incluso, aunque no lo requiriese, porque hoy internet permite publicar todos los gastos públicos).

Se sabe que a través del programa Fútbol Para Todos, el Estado argentino fue aumentando año tras año su dotación a la AFA, para que supuestamente ésta redistribuya a los clubes y hoy el monto anual supera los 1100 millones de pesos. Sin embargo, nada se sabe sobre el destino que la AFA dio a ese dinero, que es muchísimo, de hecho, muy superior al que la AFA recibía en el pasado de TRISA (Torneos y Competencias-Clarín).

Se necesitó en este caso de una denuncia de una legisladora (Graciela Ocaña) para que a través del juzgado de la doctora María Servini de Cubría, se allanaran 66 clubes para tratar de conocerse el uso que el Estado argentino le dio a ese dinero para el fútbol, cuando es algo que todos los argentinos debieron conocer sin ningún tipo de obstáculo y no sólo eso, sino que el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, justificó la opacidad de las cifras porque “nosotros pagamos los derechos de TV y no tenemos por qué preguntar qué hace la AFA con ese dinero”.

Casualmente y en paralelo, en España se produce una situación parecida, en el sentido de que se debate también sobre el uso de un subsidio desde el Estado hacia la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), que para ser renovado, obliga, a través de una ley que comenzará a regir el próximo 10 de diciembre (Ley de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno) por la que las entidades “de especial relevancia pública que reciban subvenciones del Estado deben publicar tanto información institucional, organizativa y de planificación como información económica, presupuestaria o estadística con el fin de reforzar la transparencia”.

Además, esta Ley de Transparencia fue explicada a los 66 clubes (casualmente, la misma cantidad que los clubes allanados por la Justicia argentina) pero también al resto de federaciones deportivas, ligas, comités olímpico y paralímpico.

Esto significa que todo club que reciba cualquier subvención estatal en España debe publicar todos los contratos, objetivos, duración de los mismos, importe, número de licitadores participantes en cualquier operación y hasta el porcentaje que significa cada gasto en el presupuesto total de la entidad.

Esto ocurre con un gobierno de reconocida derecha, como es el de Mariano Rajoy, en España, cuyo secretario de Deportes, Miguel Cardenal, está enfrentado con el presidente de la RFEF, Angel María Villar (hasta hace unos meses, el hermano casi mellizo de Julio Grondona en la FIFA), porque éste no quiere rendir sus gastos y está sospechado (cada vez con mayor fuerza) de haber usado, por ejemplo, fondos estatales para sus viajes personales.

Es decir que el Estado español mantiene al menos un cierto decoro (sea motu proprio o por presiones sociales) en cuanto a que intenta clarificar el uso del dinero público al entender el criterio básico acerca de que todo fondo público debe rendir cuentas. Esto ya sucedió también en la gestión de José Luis Rodríguez Zapatero, del PSOE, quien mantuvo un pulso con Villar hasta que cedió cuando el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, amagó con suspender la participación de España en la Eurocopa 2008,- que finalmente acabó ganando- al sostener lo de siempre: la eterna excusa de la intromisión del Estado en asuntos del fútbol, como si el fútbol no formara parte del planeta Tierra y no estuviera inmerso en las culturas y leyes de cada país.

No sólo esto: el tema de los subsidios en el fútbol español está desencadenando una crisis porque al renunciar Villar a los subsidios para no tener que dar a conocer sus números opacos, muchas federaciones necesitadas del mismo le están reclamando al presidente de la RFEF que explique los motivos, en tanto que el dirigente estaba evaluando utilizar los fondos destinados originalmente a la preparación para el equipo olímpico para Río de Janeiro 2016, que finalmente no participará por haber sido eliminado.

Por el lado argentino, aún tratándose de un gobierno autotitulado “progresista”, no hay derecho a saber qué hace la AFA con el dinero público y se necesita la participación de la Justicia y hasta se intenta cargar contra una diputada opositora por el hecho de reclamar algo básico.

Esto no ocurre solamente con los fondos del FPT en la Argentina. También con la opacidad para explicar la presencia de Torneos en reuniones decisivas de los dirigentes para establecer los nuevos campeonatos de los próximos años. Un menjunje que nadie entiende (como por ejemplo, para qué tender a 30 equipos para bajar luego a 22 en Primera A si ahora mismo hay 20, a no ser que ocurra por presiones de Gobierno en un año electoral).

Alejandro Burzaco,  de Torneos, participa en cuanta reunión de dirigentes se produce, cuando hace apenas cinco años era miembro de la sociedad que “secuestraba” los goles a los argentinos. Es que Torneos nunca estuvo en la mira del Gobierno. Pagó por poco tiempo sólo por haber sido socio del Grupo Clarín en los años del monopolio y los partidos de PPV que impidió que millones de argentinos accedieran al fútbol televisado y que casi no conocieran cómo jugaba la selección nacional.

“Con ustedes no es la cosa”, parecen haberles dicho desde la Casa Rosada a la gente de Torneos (ex TyC), y les dijeron que tuvieran paciencia y esperaran, y su momento ya volvió demasiado pronto. Por eso mismo es que en la TV Pública tan proclamada progre, no hay concursos de periodistas y se repiten muchas caras de las transmisiones privadas (sean éstas buenas o no, la calidad es otra cuestión).

No termina allí. Es tal el caos que la TV digital española estuvo meses sin poder retransmitir el fútbol argentino por no saber con quién negociar los derechos. Ahora que El Digital Plus llega a manos de Telefónica, sus nuevos dueños se preguntan para qué comprar un producto de baja calidad técnica pero que además, llega gratis a todo el mundo desde el sitio de internet de FPT.

“A nosotros nos sirve porque en la semana hacemos producciones con esas imágenes para otros programas, pero estamos comprando los derechos de algo que llega gratis y en HD en tabletas y ordenadores. Lo lógico sería que si compramos esos derechos, bloqueen la llegada gratuita por las otras vías”, me dice una fuente del canal.
Tampoco se entiende por qué, si la TV Pública tiene un buen producto para vender, no pueda hacer un buen negocio para el Estado.

Una vez más, el Estado ausente, que dice a cara descubierta que no tiene “nada que hacer” ante estos hechos. Lo mismo esgrime para terminar con la violencia del fútbol. “Es cosa de los dirigentes” cuando lo primero es que es cosa del propio estado y de establecer políticas públicas para terminar con la lacra. Pero no. No interesa terminar con ellas, todo lo contrario.

Entonces, en ese caos, ¿cómo no van a aparecer “cientistas sociales” que nos propongan dialogar con los violentos, como si esto fuera posible? A río revuelto, ganancia de pescadores.



martes, 25 de noviembre de 2014

El método nominal (Un cuento de Marcelo Wío)



¿Esta es la lista de jugadores?, preguntó por enésima vez, incrédulo, Bianccutti, el técnico a Lambruscio, su ayudante. ¿Estos son los titulares? ¿Éstos?, miraba la lista como buscando una trampa, un engaño de tinta. Los apellidos que figuraban allí eran inverosímiles, ¿a quién se le ocurría poner a los suplentes en una semifinal? Y además, esos suplentes… De una… mediocridad sin atenuantes, casi ofensiva. ¿Esto es legal?, preguntó, también por enésima vez, Bianccutti. ¿Un arquero puede jugar de nueve? ¿Qué carajo es esto?

Es lo que hay. Ya la presentaron, y no pueden dar marcha atrás, repitió por enésima vez, Lambruscio, intentando convencerse más que explicar algo que no tenía ni pies ni cabeza. La pregunta, Bianccutti, no es si se puede o no, o si están en pedo o no. La pregunta es, ¿qué hacemos nosotros?

Les metemos un 2-3-5…, aventuró Bianccutti, buscando el apoyo de Lambruscio. Ambos estaban desconcertados. ¿Por qué el rival hacía lo posible por regalarles el pase a la final? ¿No pueden recular?
No, ya se pasó el plazo…
¿A vos, qué te parece?
Sí, un 2-3-5 o un 2-4-4… Plantearlo de otra manera sería desaprovechar su desatino…
Sí…

Media hora antes del plazo presentaron la lista de titulares a la federación. Calculaban que debían concebir una sensación de seguridad, de éxito anticipado, pero detrás de las conjeturas anidaba una desconfianza que iba creciendo sin aviso.

Bianccutti salió del vestuario antes de que lo hiciera el equipo. Estaba inquieto. Se sentó en el banco de suplentes solo, como si quisiera darle tiempo a esa realidad para que se impusiera a sus sospechas, a ese recelo que había ido agrandándose, indefinido pero casi tangible, como una garúa particular.

Ya estaban por salir los equipos a la cancha, cuando Lambruscio llegó corriendo al banco y se desplomó junto a Bianccutti. Nos cagaron, sentenció.
¿Quiénes?, preguntó Bianccutti, intentando prorrogar la duda, posponer el hecho evidente.
Ellos, Bianccutti, ellos… Juegan con el equipo titular…
Pero me dijiste que ya no podían cambiar…
Sí. Y no lo hicieron.
Qué carajo estás diciendo, Lambruscio, aclarate un poco que me va a dar algo…
El día anterior se cambiaron nombres y apellidos en el registro civil. Todos son mayorcitos así que pueden cambiarse el nombre si eso los hace felices. Eso es lo que hicieron. Se cambiaron el nombre, Bianccutti… Se cambiaron el nombre…
Nos cagaron…
De lo lindo…
¿Qué hacemos?
Salir de acá y cambiarnos de nombre…
No, en serio.
Lo digo muy en serio…


domingo, 23 de noviembre de 2014

Messi y un récord fenomenal (Yahoo)


               

                                                  Desde Barcelona

Cada vez quedan menos palabras para definir al supercrack argentino Lionel Messi. Con su hat trick ante Sevilla, en el Camp Nou, ha logrado, finalmente, batir el récord de goles que estaba en manos de Telmo Zarra hace más de medio siglo y sus 253 tantos en poco más de una década con el Barcelona lo sitúan ya como jugador de leyenda, en una élite a la que muy pocos pueden alcanzar.

Si bien tardó en llegar el récord algunos partidos, esto se debe a que hasta los monstruos del fútbol como él tienen altibajos, mejores o peores partidos, aunque en el caso de Messi, definir un “mal partido” puede significar haber hecho tres asistencias claras desaprovechadas por sus compañeros, o tiros en los palos (hubo no menos de cinco en esta “mala racha”) o balones que pasaron al lado de los palos.

Es decir que para calificar o definir a Messi, sólo se puede basar en él mismo, en su propio rendimiento. Porque aún siendo un futbolista de excepción, un jugador único, como hay pocos en toda la historia, Messi es más un atleta que un futbolista, en el sentido de que sus comparaciones sólo son posibles con sí mismo, con marcas anteriores que él haya establecido, y no es posible compararlo con ningún otro jugador en el mundo.

Por eso es tan notable también lo del delantero portugués Cristiano Ronaldo. Porque llegar a poder ser mínimamente comparado con Messi, o haberle arrebatado algún Balón de Oro o competir con él por el galardón, ya está describiendo el notable esfuerzo y la calidad del jugador del Real Madrid, otro portento, que suma ya 20 goles en la Liga en lo que va de temporada y nada menos que 197 en su historia en el fútbol español y en 176 partidos, es decir que su promedio es de 1,11 gol por partido, una cifra impresionante.

Pero Cristiano Ronaldo es, en todo caso, un delantero potente con una inmensa capacidad de gol, con un notable poder de definición, pero que necesita que lo habiliten, recibir la pelota justa.

Messi, en cambio, no necesita tanto de los demás. Es cierto que si recibe el balón con claridad, si otros hacen el desgaste de llevarlo hasta tres cuartos de campo rival, como en otro tiempo más seguido y ahora más discontinuamente Sergi Buisquets, Xavi Hernández o Andrés Iniesta, su cercanía al arco rival facilita su definición y no es casualidad que ante el Sevilla haya podido marcar tres goles y casi cuatro, porque el Barcelona jugó acaso el mejor partido de la temporada y el juego desplegado ayudó al argentino ante un Camp Nou que, una vez más, le dio todo su respaldo.

Messi no necesita mimos desde las gradas ni desde campañas mediáticas. Lo que Messi siempre necesitó fueron mimos con la pelota, recibirla con claridad, tener opciones de pase, y compañeros con ductilidad en sus cercanías para poder combinar con ellos. Messi necesita un equipo a su alrededor que tome la filosofía del juego del toque colectivo, de la presión muy alta para recuperar la pelota cerca del arco rival, y entonces allí es feliz. Y eso es algo que en los últimos meses en el Barcelona ya no estaba ocurriendo tanto.

Mucho se ha dicho de que ésta tal vez no sea la mejor temporada de Messi, pese a que en esta misma ha alcanzado el récord histórico de goles en la Liga Española, y sin embargo, estamos analizando a quien ha marcado 10 goles en 12 jornadas. ¡Y estamos debatiendo si está en una buena o mala temporada! Es decir, nos hemos acostumbrado a tomar con normalidad una situación absolutamente anormal. Y es Messi el que nos obligó a hacerlo, desde alguien que ha llegado a marcar 90 goles en un año, en tiempos de marcajes estrictos y sistemas defensivos enormes.

También nos permite pensar todo esto lo que podría seguir siendo Messi si el Barcelona mantuviese al menos un 70 por ciento del juego que tanto deslumbrara en el pasado, porque los jugadores siguen estando en su mayoría y porque en ataque se ha reforzado con estrellas de la talla de Luis Suárez o Neymar. Y lo que habría pasado con una selección argentina que en el pasado Mundial tuvo que replegarse ante las lesiones de sus principales delanteros. Y aún así, se llevó el Balón de Oro (esta vez con polémica) como mejor jugador del certamen.

Todo eso es Messi, un jugador de leyenda que nos obligó a un cambio absoluto en la forma de ver y analizar a un jugador dentro de un partido o un esquema, o el desempeño de un equipo. Debemos recordar que es alguien que obligó al Barcelona a prescindir de jugadores como Samuel Eto'o, David Villa o Zlatan Ibrahimovic. Es que Messi estuvo siempre por encima de todos ellos, pero necesita a la pelota como el agua. Cuando la tiene, ya nadie puede dudar de lo que es capaz de hacer.


Por eso, todos los que pudimos presenciar el partido del sábado en el Camp Nou ante el Sevilla, guardaremos estas imágenes para toda la vida. Podremos contar, ya de muy viejos, que aquella vez vimos a Messi batir el récord de Telmo Zarraonaindia, “Zarra”. Y que un tremendo crack, como Messi, lo consiguió nada menos que a los 27 años. Una maravilla que hay que agradecer al fùtbol, este hermoso e incomparable deporte.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

El camino de la seleccion, mas alla de los resultados



                                                      Desde Manchester


Es cierto que los resultados influyen en el estado de animo, y que en cinco partidos desde que Gerardo Martino se hizo cargo del seleccionado argentino, tras el Mundial de Brasil, estos fueron solamente mediocres y solo puede destacarse el debut ante Alemania.

Pero a esta altura de los acontecimientos, cuando falta poco mas de medio a;o para la Copa America de Chile y apenas dos o tres amistosos de preparacion, se puede hacer el siguiente balance.

Entre los aspectos generales, parece saludable el deseo de este equipo por recuperar la posesion de la pelota, algo que no ocurria con Alejandro Sabella. En la etapa anterior, aun habiendo llegado a la final del Mundial, ni siquiera se pensaba en esta posibilidad porque se trataba de un sistema mucho mas de ida y vuelta, confiando en el error del rival y la enorme capacidad de gol de los atacantes.

En este aspecto, antes del Mundial de Brasil nos preguntabamos reiteradamente en este blog como solucionaria este equipo el problema si el rival tuviese buena tecnica e interes por el control de la pelota, y efectivamente Argentina sufrio ante Holanda en semifinales y ante Alemania en la final, cuando tuvo chances pero el propio Lionel Messi tuvo que plantearse dos o tres srpints (como de manera clara lo cuenta en su libro, Guillem Balague) por falta de contacto con el balon.

Ahora la cosa es diferente. Martino confia en que teniendo la pelota, ademas de que hay mas chances de llegar al arco rival, tambien se atenua la chance de padecerlo, lo que no es poco y a su vez, un gran cambio desde el ciclo anterior. Hasta ahora, el mas sustancial de toos.

Pero hay otros cambios derivados de este mismo, como la necesidad de un marcaje diferente, porque con un equipo muy poco retrasado, que juega con todas sus lineas en funcion oensiva, que proyecta sus laterales (anoche, lo de Ansaldi fue elocuente por la izquierda). el retroceso a la hora de perder la pelota pasa a ser clave. Los jugadores deben "cortar camino" hacia su propio campo, y resolver la ran distancia que hay a las espaldas de los ultimos defensores, antes de llegar al arquero propio. En Old Trafford, eso se cumplio en buena medida y el gol del final de Portugal no llego por una falla de este sistema sino tras un centro desde la derecha.

Que Nahuel Guzman haya sido el arquero fue una sorporesa relativa. Mas porque se hablo del record que estuvo a punto de alcanzar Sergio Romero, y que aun mantiene Ubaldo Fillol. en cuanto a partidos disputados con la albiceleste. Pero si Martino trajo tres arqueros para dospartidos en Inglaterra, era muy probable que Guzman o Willy Caballero (o ambos) tuvieran su chance. Y Guzman, de muy buen juego con los pies (a veces demasiado confiado) es ideal para el sistema de Martino, aunque se apresuro mucho en los saques desde su area. De todos modos, no parecio pesarle para nada el compromiso.

Atras, la defensa tambien parecio batante firme, aunque se destacaron mas los laterales. Bien Facundo Roncaglia en la marca inicial a Cristiano Ronaldo, que opto por cambiarse de punta con Nani, y especialmente bien Ansaldi, como ya se dijo, en la proyeccion, ayudando al mostrarse como0 alternativa al ataque por la izquierda.

En una noche no tan acertada de Javier Mascherano en la precision en los pases, aunque firme en la marca, Lucas Biglia energio como gran figura, por su despliegue como rueda de auxilio del jugador del Barcelona y sumandose al ataque en la medida de lo posible.

Del medio hacia arriba sigue siendo una incognita. Es elogiable que Martino juegue con un diez como Javier Pastore por detras de los delanteros, y parce logico que Messi juegue otra vez por la derecha para facilitar una posicion a los tantos buenos nueves que cuenta, pero la experiencia del crack no fue buena en los ultimos tiempos en ese lugar, y habra que readaptarlo, mientras que Gonzalo Higuain no atraviesa su mejor momento y Angel Di Maria se encuentra en una fase de transicion en el Manchester United y se noto su desgaste fisico y su aporte tuvo altibajos.

Lo que sorprende mas de esta seleccion y es algo a corregir, es queno tuvo tantas posibilidades de gol, tal vez mas al princpio, y que en general las que tiene llegan casi siempre por las mismas vias y necesita quebrar con mas gente la ultima linea rival, algo que aun hay tiempo de trabajar, pero que es imperioso mejorar.

Es dificil evaluar el segundo tiempo. Fueron tantos los cambios, que el partido se torno irrelevante, aunque el primer tiempo suministro elementos muy ricos para seguir estudiando en el futuro, aunque ya no habra compromisos hasta marzo de 2015. 

jueves, 13 de noviembre de 2014

La selección sigue con el cerrojo puesto (Jornada)



                                            Desde Londres

Cuando finalizó el Mundial de Brasil, no sólo terminó una etapa para el director técnico Alejandro Sabella, sino que también decidió jubilarse Andrés Coco Ventura, el anterior responsable de Prensa, tras haber trabajado con el equipo nacional desde que finalizara Francia 1998.

Sin embargo, todo sigue igual en cuanto a la relación de la selección con la prensa y los aficionados en general. Una vez más, y como viene ocurriendo desde hace mucho tiempo, el equipo nacional pareció esconderse en un lujoso hotel,  lejos del mundanal ruido de una ciudad tan cosmopolita como ésta, y hablar con los jugadores de una manera que no sea por segundos y casi con monosílabos ya es una tarea titánica.

No sólo nosotros ya nos hemos referido a estas dificultades de la selección argentina en otro tiempo, sino que ahora la situación ya es retratada por diarios como Clarín o revistas como El Gráfico, que dedicó nada menos que su contratapa del número siguiente al Mundial de Brasil para preguntarse hasta cuándo todo va a continuar como de esta forma.

No sólo con la prensa. Ya en la pasada Copa América 2011,  organizada en la propia Argentina, resultó casi imposible conseguir que los jugadores saludaran a su público al llegar a Córdoba, Santa Fe o La Plata. Gente que esperaba por horas ante la inédita oportunidad de tener al conjunto nacional en su ciudad, ni siquiera consiguió un mínimo saludo protocolar.

En Marsella, anteriormente a la Copa América, en una oportunidad le preguntamos a un dirigente cuánto costaba realmente satisfacer a los veinte argentinos que se habían acercado a la concentración (siempre lo más lejos posible de todo el mundo, y si no hay transporte público para llegar, mucho mejor), si por la cantidad que había, hasta daba para sacarse una foto con cada uno y se tardaría menos de media hora de trámite, pero ni así.

Para un periodista extranjero, las posibilidades de concretar una entrevista con cualquier jugador albiceleste son directamente nulas, y los nacionales pueden tener más fortuna si es para la TV o para los diarios más grandes del país. Caso contrario, se requiere una habilidad especial y una cantidad de cabriolas sumadas a algún guiño del destino como para llegar a buen puerto.

En este caso, la selección eligió hospedarse en el Radison Blu Edwardian New providence Wharf, en la zona sureste de Londres, a la que para llegar hay que realizar una buena y larga combinación de trenes, y para poder arribar al entrenamiento de la tarde de ayer, hubo que ir casi de los Apeninos a los Andes hasta llegar al Rush Green, donde el director técnico Gerardo Martino dio su conferencia de prensa.

La sorpresa de este cronista se produjo cuando llegó a la zona tras varias combinaciones de tren, y ya al final, por si faltara poco, otro bus de los típicos ingleses de doble piso y color rojo, número 103, el conductor pidió precisiones: “OK, usted va a Rush Green, pero es enorme. ¿A qué parte va?”. Ni idea. El departamento de Prensa de la selección había informado taxativamente “Rush Green”, pero al descender, 
exhaustos, faltaban algunas paradas porque la dirección correcta era Ford Sports & Social Club, Rush Green Rd, Romford. Una vez que conseguimos esos datos, gracias a un salvador mensaje de texto del amigo y colega Jason Pettigrove, todo se simplificó.

Consultado uno de los nuevos funcionarios de Prensa Nicolás Novello, sobre cómo será la forma de conseguir entrevistas individuales con los jugadores, la respuesta es que “hay mandarles mensajitos y de acuerdo al feeling que haya entre ellos y cada uno de ustedes, se pondrán de acuerdo para decírmelo y así haremos”.

Al insistirle en que de esta forma, muchos medios sin tantos recursos que no pueden viajar no tendrán oportunidad en el futuro porque esos medios no tienen trato cotidiano con los jugadores, Novello nos observa resignado y nos da el ejemplo de Angel Di María. “Para hablar con él, primero tienen que dirigirse a su agente”, es decir, nada menos que con el poderoso portugués Jorge Mendes o alguien de su equipo de Gestefute. No parece nada fácil.

En todo caso, lo que hay que preguntarse es si ésta es la tarea del área de Prensa de una selección poderosa como la argentina, la de dejar en manos de agentes, representantes, o del propio jugador y su feeling con el cronista, para que haya entrevistas, con lo cual, definitivamente los que no viajen con el equipo, no podrán acercarse a las estrellas. Todo queda para los medios grandes, más claro que nunca y ahora, ya puesto en palabras oficiales.

Novello, incluso, sorprende en el borde del campo de juego de “Rush Green”, en diálogo con este cronista,  cuando afirma que el hecho de que los jugadores tengan que hablar con la prensa “figura en el contrato” pero aclara que por ejemplo Carlos Tévez “ya habló” para estos diez días de trabajo en Inglaterra porque cuando llegó el lunes al hotel de su viaje desde Italia, “estuvo como siete minutos con todos los que se le acercaron”.

Para este tiempo en Inglaterra, la selección argentina apenas si contempla zonas mixtas tras los dos partidos y un entrenamiento en Manchester pero tampoco habrá muchas más ruedas de prensa de a dos jugadores.

Como antes de Ventura, cuando en la concentración de L’Etrat, el entonces director técnico Daniel Passarella decía que “ahí viene el enemigo” cuando se acercaban los periodistas, todo sigue como entonces o peor.

La selección argentina sigue escondiéndose de todos y de todo. Si pudiera pasar desapercibida, tanto mejor. Si nadie puede acercarse por el tránsito o las largas distancias y la incomunicación, mejor aún. Si el periodismo se mantuviera a kilómetros, bienvenido. Cada tanto, alcanza con alguna sonrisa para que por TV, muchos crean que los jugadores son muy simpáticos, mientras radios y medios gráficos seguirán horas y horas en los lobbies buscando cinco minutos a solas con alguno.

Nada ha cambiado. Al contrario, la distancia entre la selección y la gente, es cada vez mayor. Y ni siquiera es accidental. Es absolutamente voluntario.


martes, 11 de noviembre de 2014

¿Este Real Madrid puede ser como el Barça de Guardiola? (Yahoo)



Es cierto que apenas se han jugado once jornadas de la Liga Española y que queda demasiado camino por recorrer, y lo mismo con la Champions League, pero los resultados obtenidos, la facilidad con la que se quita de encima los adversarios y la calidad de sus jugadores, ya ha generado un debate en los medios locales que lleva a preguntarse si este Real Madrid puede parecerse al Barcelona de Josep Guardiola.

Evidentemente, en el entorno del Real Madrid hay una enorme necesidad de reivindicación cuando aparece, como sin dudas es éste, un equipo competitivo del más alto nivel, con jugadores que puedan ofrecer un buen espectáculo, pero la sensación es que todavía falta mucho para poder afirmar que se trata de un fútbol tan completo como el que hasta hace poco jugó el Barcelona y que para muchos, es el mejor de todos los tiempos.

Este Real Madrid tiene algunas virtudes muy importantes. Incluso, en cierto modo, que superan a aquel Barcelona, como una capacidad de gol envidiable y que va camino de batir todos los récords. Con 44 goles en 11 jornadas en la Liga, y apenas 11 en contra, tiene una media de casi 4 goles por partido y 1 en contra, lo que equivale a decir que es como si ganara cada partido de Liga por 4-1. 

Pero este dato no termina aquí, sino que si tomamos como ejemplo el último partido ante el Rayo Vallecano en el estadio Santiago Bernabeu, podremos informarnos de que los visitantes ganaron la posesión del balón 54,9% a 45,1%. Y no sólo eso, sino que el Rayo ganó estos porcentajes en los dos tiempos del partido,  En la primera parte, el Rayo tuvo la pelota el 51,7% y el Madrid, el 48,3. En la segunda, el Rayo tuvo la pelota el 58,5% del tiempo y el Madrid, apenas un 41,5%. Y un “pequeño” detalle: fue en esa segunda parte, cuando los locales marcaron tres goles, tras irse al descanso 2-1.

En buena medida, esto puede indicar que Real Madrid no necesariamente es un equipo que necesite el control permanente del balón para imponer su juego, como sì lo necesitaba el Barcelona de Guardiola. Para los azulgranas, la posesión era casi todo, la base de su juego. Por la sencilla razón de que al tenerlo, podía usufructuar como nadie el talento de Xavi Hernández, Andrés Iniesta y la finalización de un monstruo como Lionel Messi, pero para ello había que tejer la jugada, urdirla, armarla con mucha paciencia y toques de todo el equipo moviéndose con ese cometido.

El Real Madrid tiene otro andar. Carlo Ancelotti ha conseguido que no tema la posesión y que en menos de dos temporadas, se sacara de encima el peso que representaba aquella disposición de José Mourinho de depender de los errores ajenos para matar de contragolpe, con balones largos para sacar el mejor rédito de la potencia de Cristiano Ronaldo.

Este Real Madrid puede tener la pelota y puede ganar, y hasta golear, sin necesidad de una posesión permanente. Tiene tantos recursos que puede arrancar y marcar a la primera, o puede llegar a la red adversaria producto del dominio, o puede hacerlo de contragolpe.  Pero parece un equipo seguro de sí mismo, de su capacidad para el gol, y muy aliviado desde que consiguiera ganar la pasada Champions League, poniendo fin a una década de polémicas y de una mala cara externa como club, convirtiéndose en el malo de la película.

De cualquier forma, al Real Madrid también le falta ganar muchos títulos internacionales, marcar una época como lo hizo el Barcelona entre 2006 y 2012, como para ser contemplado como lo es el equipo que dirigió Guardiola.

Sí cuenta el Real Madrid con una gran plantilla, como pocas en los últimos años, porque la mayoría de sus jugadores son dúctiles, de buen pie, y ahora juegan al servicio de una cierta estética si bien, como citamos más arriba en este texto, en la elección por no disponer tanto del balón también conlleva la de no brindar tantos minutos de su juego a los espectadores, confiando en que durante menos minutos se puede concretar lo que otros necesitan para más tiempo.

El Barcelona de Guardiola, a diferencia de este Madrid, sí fue más generoso en el tiempo dedicado al armado, a la estética. Cuanto más tiempo de posesión, más belleza para contemplar y acaso sea una cuestión de tiempo de trabajo como desafío para Ancelotti, que ya consiguió lo primero: apostar a jugar, más que a especular, y darle una cara más amable al juego.

Entre el Barcelona y el Real Madrid, hay un tercero que no debemos olvidar y acaso, el que más se le parece a aquél Barcelona de Guardiola: su nueva obra, el Bayern Munich actual.

Guardiola también había heredado cierta base de Frank Rikjaard en aquél Barcelona cuando llegó en 2008, y lo mismo ocurrió con el Bayern de Jupp Heynckes en 2013, pero en los dos casos, fue dejando su impronta, un juego basado en la tenencia casi abrumadoramente, en el dominio absoluto (en lo posible) de los rivales, en un juego basado en el armado y en tratar de depender de sí mismo. El gol, entonces, llegará como consecuencia lógica de ese dominio y no necesariamente por un error ajeno.


Este Bayern, por estilo, se parece más al Barcelona que este Real Madrid, aunque no tenga por qué parecerse y tendrá que recorrer su propio camino para que en unos años, sepamos definitivamente si estaba para construir un imperio o sólo se quedó en el intento.

jueves, 6 de noviembre de 2014

El equipo de Eleuteria (Un cuento de Marcelo Wío)



Eleuteria Tamborini, viuda de Herraiz, nacida – según figura en su partida de nacimiento – en 1936, entró en el campo de juego detrás de los jugadores, enjuta, el bolso colgado del brazo izquierdo que también mantenía cerrado el saquito de lana negra – una brisa crepuscular cruzaba el estadio de noreste a sureste. Saludó al técnico rival con el acostumbrado “suerte m’hijo”, y se sentó en el banquillo de suplentes junto a sus dirigidos. Apoyó el bolso en el suelo, entre sus piernas, sacó el tejido, y empujó el bolso debajo del asiento. A su lado estaba Varela, reciente incorporación de Sportivo Alvarado.

“¿Va a tejer el partido, doña Eleuteria?”, preguntó socarrón Varela.

“No sea pavo, Varelita; es una bufanda para mi nieto. El partido no se teje, se urde, delineando un 3-4-3, que puede trasformarse en un 3-3-4 o en un 4-4-2... Cuestión de coreografía. Usted no se preocupe, ya va a aprender a bailar esta danza. Tenga, borde un poco mientras calienta el banco”, respondió con un dejo de lástima. Los jugadores cada vez entendían menos de este juego, de este bailongo.

Eleuteria tejía esa eterna y extravagantemente dilatada bufanda y con el pie marcaba un compás y con la cabeza seguía la melodía de 1812 de Tchaikovsky y el equipo se plantaba en un osado 2-1-4-3 y apabullaba al rival y la pelota danzaba o quizás las que danzaban eran las piernas y las cinturas y el gol se transformó en una inevitabilidad, porque cuando se le cantan esas cosas al oído, no hay quién se resista.

Y entonces Eleuteria con un valsecito en la mente que seguía (¿o configuraba?) un 4-3-3 y una pausa en la que el rival se desesperaba detrás de un balón del que ya comenzaban a dejar de creer, siempre al alcance, tan lleno de promesas, pero imposible de alcanzar, porque se mecía rendida a la gracia respetuosa y señorial de los de Sportivo Alvarado. Y el pequeño pie de Eleuteria como un metrónomo.

“No se me distraiga, Varelita, borde... Pero no así, alma de Dios, con ganas, deseándolo, no lo haga por contradecir a una vieja...”.

Y una milonguita, porque eso de mecer, de seducir sin concretar, sin llevar al balón al clímax, a la consumación de entreveros con la red, era una falta de respeto, una soberbia inútil. Y entonces otra vez un 3-4-3, la pausa, la aceleración – “Y sabe qué Varelita, estudie el Kamasutra, le va a venir bien, y su esposa se lo agradecerá... ¿Tiene esposa? No conteste, no sé por qué le pregunté. Realmente me da igual la respuesta. De todas formas, si no tiene ni esposa ni noviecita, búsquese una amiguita, hay que descargar tensiones antes de jugar... Ah, y tome unas clases de baile; el lunes en el entrenamiento le doy la dirección de una academia de confianza” – que va conduciendo al rival a hacerse a la idea de lo indefectible del desenlace, a aceptar esa suerte de violación que supone  que el rival penetre la portería propia, quebrando el orgullo, la virilidad. La crónica del gol anuncia cumplió, tautológicamente, el resultado previamente notificado.

Benítez, el líbero suplente, se levantó, se acercó a Eleuteria y le puso su casaca sobre los hombros. “Me viene siempre con ese saquito de nada, doña Eleuteria...”, la amonestó con cariño y respeto. “Ya sabe que en esta época del año refresca traicioneramente a estas horas”.

“Gracias, m’hijo”, y el pie y la melodía y esa intriga de vaivenes y sutilezas y el público embobado, agradecido, entregado a esa ingeniería de la táctica, a esa delicadeza de la habilidad.

Cinco minutos antes de que finalizara el partido, Eleuteria guardó el tejido en el bolso, se incorporó, se dirigió al banco rival, saludó al técnico y a los suplentes y se perdió en el túnel de vestuarios.

Varelita siguió bordando hasta que terminó el partido y Benítez le dijo que ya estaba bien. “No es castigo ni chanza. Dale tiempo, ya va a ver”, le ofreció un punta de explicación.

“Si a vos te sirvió, ¿cómo es que estás en el banco?”, preguntó Varela, sin deslealtad ni querella; pura inquietud.


“Cada hilo a su tiempo, según el dibujo...”, fue todo lo que replicó Benítez. Ya estaban en el túnel de vestuarios. La humedad  filosa acumulada como una trampa fría Varela. Benítez ya entraba en el vestuario. Eleuteria hablaba bajito y repartida agujas, ovillo y discos de vinilo (“Escúchenlos para el lunes”, vamos a trabajar con ellos”) y repartía felicitaciones maternales. Varelita se preguntó si había hecho bien en aceptar la oferta de Sportivo Alvarado, si alguna vez entendería, si encajaría en esa dinámica. Entró al vestuario y, mientras cerraba la puerta tras de sí, Eleuteria le decía: “Varelita, unas clases de pintura, de perspectiva, sobre todo – el lunes le voy a prestar un libro sobre Della Francesca -, no estarían de más”. Blasco, el 10, asintió, mirándolo, confirmando o ratificando el consejo y, a la vez, corroborando la duda o la inquietud de Varela.

domingo, 2 de noviembre de 2014

El Barcelona ya está en crisis (Yahoo)



El Barcelona está en crisis y esto no deja de ser una novedad. Por lo menos, es un hecho muy poco frecuente en los últimos años. Podría decirse que éste es el momento más difícil desde el final de la temporada 2007/08 cuando el entonces presidente del club, Joan Laporta, se dirigió personalmente a la casa de Ronaldinho para comunicarle que debería buscarse otra entidad, mientras que el holandés Frank Rikjaard ya sabía que debería cambiar de escenario.

Ese Barcelona, aún así, había ganado la Champions League en 2006 y el Real Madrid estaba bastante peor que ahora, y ni asomaba el Atlético Madrid entre los posibles contendientes.

Hoy, el Real Madrid no sólo es el actual campeón de Europa, con la Décima Champions en su vitrina, sino que su entrenador italiano Carlo Ancelotti ha sabido revertir una tensa situación de años, una muy mala imagen del club blanco, para remitirse a otros tiempos en los que sus equipos brillaban y jugaban un fútbol estético que envidiaba todo el mundo.

Pero hay algo más: luego de un mal comienzo de Liga, el equipo pudo encontrar su lugar, es una máquina de golear (37 tantos en 10 partidos, a un promedio de 3,7 ), y aprovechándose de un buen clásico y del inesperado tropiezo del Barcelona ante el Celta en el pasado fin de semana, se ha colocado líder demasiado pronto.

Sin embargo y pese a todo, el Real Madrid es más líder gracias al Barcelona que a su propio juego. Si el Barcelona hubiese mantenido una mínima regularidad, hoy no estaría lamentando tener que pelear ahora contra tantos equipos juntos, porque se han amontonado el Valencia, el Sevilla y hasta el inefable Atlético de Diego Simeone ya se encuentra a una sola unidad del primero.

La crisis del Barcelona, entonces, es de resultados, pero mucho más que eso, como venimos insistiendo en estas columnas, lo es por juego.

Sus seguidores, especialmente los catalanes o los que tienen su gran recuerdo de jugador, han esperado con ansias la llegada al banquillo como entrenador de Luis Enrique Martínez, el asturiano que se hizo ídolo con la camiseta azulgrana y que parecía que seguía los lineamientos futbolísticos de Josep Guardiola.

Pero por una razón o la otra, Luis Enrique no ha coleccionado muy buenas campañas que le dieran la posibilidad de dirigir al Barcelona. Su experiencia en la Roma no pasó de ser mediocre y tampoco hay demasiado para resaltar en el Celta, aunque tampoco le ha ido mal. La sensación es que Luis Enrique llegó al banquillo del Barça mucho más por lo que fue de jugador y su relación con Guardiola y un supuesto conocimiento de la idea filosófica del club por el hecho de haber sido protagonista en el pasado.

Un inicio con muy buena estadística, sin goles en contra en ocho partidos y con todos triunfos, ilusionó a los que se basan en los números para los análisis de los equipos, pero en muchos pasajes de esta buena racha, se pudo comprobar que pese a la dudosa categoría de algunos de esos rivales, el equipo no aparecía en la manera en que se pretendía y más aún, para la calidad de muchos componentes del plantel y los que esta vez sí, han sido fichados para reforzar un equipo que tenía un andar viejo, menos dinámico, con menor presión de sus delanteros en la salida rival y con algunos de sus jugadores, en bajo nivel.

Se afirmó que Xavi Hernández ya no estaba para la titularidad y hasta el propio Luis Enrique, consultado al asumir, llegó a decir que tendría que hablar con el veterano volante, mientras que Rakitic ocupaba su lugar. Ni Andrés Iniesta ni Lionel Messi (que lleva casi tres partidos sin marcar el famoso gol 251 que lo igualaría a Zarra en el récord como máximo artillero de la historia de la Liga) están en el altísimo nivel del pasado, y el uruguayo Luis Suárez todavía no encontró su lugar y le falta rodaje aunque se trate de un grandísimo fichaje.

Este Barcelona, del que podríamos tomar mil ejemplos en la comparación con aquel que deslumbrara en tiempos de Guardiola, ya no descuella. Ya no genera aquellas expectativas por ver un espectáculo mágico, único. Podría darlo, pero ya nadie puede sentirse defraudado si se va del Camp Nou sin haber visto aquello que veía en el pasado.

Este equipo no parece tener aquellas convicciones. Se sabe más frágil, es consciente de su deterioro, y ya comienza a mostrarse sin sus mejores ropas, como cuando Daniel Alves tira centros indiscriminadamente aunque no haya un nueve de referencia, la presión de Neymar, Suárez o Pedro ya no tiene la intensidad del pasado con otros protagonistas, y el andar cambia mucho si el que maneja el juego es Xavi o es Rakitic.

Pero lo fundamental es que no parece haber una nueva idea, algo diferente que pueda ser utilizado en este momento de transición, como suelen atravesar todos los equipos que alguna vez reinaron con gran talento y que comienzan a extinguirse, para iluminar uno nuevo.

Esas transiciones, muchas veces se pueden ordenar y más, con las posibilidades de fichar jugadores que tiene el Barcelona, pero de momento, lo ha podido conseguir.


La diferencia con los primeros días de la temporada es que hasta los más fervientes defensores de la llegada de Luis Enrique, luego de denostar al argentino Gerardo Martino, su antecesor, ahora dudan sobre si la decisión de contratar al asturiano fue la más acertada, y la crisis vaya en aumento.