Páginas vistas en total

Google+ Followers

domingo, 25 de mayo de 2014

La Champions del Real Madrid fue cruel con el Atlético (Yahoo)



Diego Simeone es un gran entrenador, y seguramente de esta final de Champions League que le robó cruelmente el trofeo a dos minutos del final y en tiempo añadido, para que se la llevara su gran adversario, el Real Madrid, tomará debida nota para no repetir algunos errores que, es cierto, le costaron demasiado caro.

Porque el Atlético no sólo fue superior como equipo al propio campeón en la final de Lisboa, aunque el 4-1 pareciera decir lo contrario, sino que resultó ser el equipo de la Champions a lo largo de todo el trayecto. El único que llegó en condición de invicto, y además, sufriendo las bajas de Arda Turán y de Diego Costa, sus mejores jugadores.

Pero Simeone se equivocó en algunos detalles, que terminaron siendo relevantes. El primero, el perder un cambio demasiado pronto, confiando en una casi imposible recuperación de Costa, que no llegó a jugar ni diez minutos. El segundo, que es compartido con una virtud (o sentido común, tal vez mejor) del Real Madrid, que es haberse retrasado demasiado en el campo ante un rival con demasiado poder ofensivo. 

Y el tercero, hacer entrar a su compatriota José Sosa en la segunda parte, quizá confiando en que se jugaría todo por él como sucediera en aquél Estudiantes de 2006, pero el volante no está para los partidos de mucho peso, y casi no tuvo incidencia ni pudo controlar al lateral de su lado, aún estando fresco para hacerlo.

Es también cierto que si bien el Atlético dominó psicológicamente el partido, y físicamente las distintas parcelas del terreno de juego, ya el Real Madrid había perdido un par de goles casi imposibles por parte de Gareth Bale y con Angel Di María imparable, que terminó siendo el mejor jugador de la final.

El gol del Atlético había llegado una vez más por intermedio del defensor uruguayo Diego Godín, de cabeza, aunque lo raro haya sido que en esta oportunidad contó con la colaboración de un dudoso Iker Casillas, que tardó en salir a buscar el centro y el balón entró pasando sobre su cuerpo.

El quedo del Atlético, con menos tiempo para preparar la final que su adversario, además pleno de estrellas, favoreció mucho al Real Madrid en los minutos finales, y ese asedio resultó imparable, aunque la crueldad aparece mucho más por el instante de producido el gol del portentoso Sergio Ramos que por el hecho de que le hayan empatado, como parecía que sucedería, de no mediar el azar a favor de los rojiblancos.

Pocas veces fue tan claro el desenlace una vez que llegó el gol del empate y el correspondiente tiempo suplementario de treinta minutos, porque el impacto psicológico había sido brutal y del lado del Atlético sabían bien que iba a ser bastante difícil volver a tener una oportunidad como la que había tenido pocos minutos antes, para volver a colocarse arriba en el marcador ante un rival ya muy agrandado.

Real Madrid es un campeón algo extraño. Alcanza su décima Champions League mucho más por apelar a la potencia ofensiva con sus grandes cracks, que pueden decidir partidos por su cuenta (como Bale, Cristiano Ronaldo, Ramos, Di María), que por dar la sensación de una estructura sólida en todas sus líneas.

Ni Casillas fue el de otras temporadas por faltarle la continuidad necesaria en la Liga, ni la defensa tuvo la regularidad buscada, ni el esquema fue siempre el mismo, ni los atacantes fueron siempre abastecidos por el medio, que muchas veces llegó a jugar sin un armador de juego, como Isco.

El hecho de que Ancelotti haya echado mano a Sami Khedira, ausente durante casi toda la temporada, es una muestra clara de las dudas que asaltaban a su entrenador Carlo Ancelotti, mucho mejor administrador del vestuario y del grupo que del equipo, pero es tanto el valor de muchos de sus integrantes, que para imponerse hay que concretar el partido perfecto y una pizca de ayuda del azar.

Atlético lo había planteado bien, pero ante rivales así, los errores, por pequeños que sean, cuentan demasiado, y los blancos, especialistas en aprovecharlos, terminaron aplastando y dando la sensación de que sobraban al acontecimiento con un 4-1 que, sin embargo, tuvo tres tantos en el alargue, algo que no pudo realizar en los noventa minutos, cuando fue maniatado.

El Real Madrid es un campeón extraño porque aún con sus grandes cracks, nunca transmitió seguridad ni un andar para quedarse con el ansiado trofeo europeo, pero como está visto, en fútbol no siempre estas cuestiones terminan siendo gravitantes, si se cuenta con el material necesario.

Para el Atlético se cierra una excelente temporada, con una notable Liga Española muy bien ganada a los dos monstruos (Real Madrid y Barcelona) y eliminado en semifinales de la Copa del Rey y a dos minutos de la final de la Champions por los vecinos blancos-.

El fútbol fue una vez más demasiado cruel con los “colchoneros” porque no merecían terminar así la temporada, pero justo cuarenta años más tarde de aquella dolorosa derrota ante el Bayern Munich, la historia se repitió demasiado parecida.

Pero todo no es azar. Seguramente Simeone procesará lo ocurrido en Lisboa y comenzará a corregirlo ni bien pueda, para comenzar el camino de superarse una vez más.


domingo, 18 de mayo de 2014

El Atlético de Simeone quedará en la historia (Yahoo)



Este Atlético Madrid campeón de la Liga Española quedará entre los mejores equipos de la historia, no sólo por el brillante campeonato realizado, sino porque resultaba casi imposible aventurarlo cuando comenzaba la temporada, con un presupuesto muchísimo menor que los dos monstruos de la competición, el Real Madrid y el Barcelona, y por su regularidad.

Este ciclo comenzado en diciembre de 2011, cuando el Atlético Madrid atravesaba otro momento mediocre dirigido por Gregorio Manzano, apeló a uno de sus ídolos en sus dos etapas como jugador, el argentino Diego Simeone, que partía con las espaldas anchas por contar desde el inicio con el afecto de la ruidosa afición del estadio Vicente Calderón.

Pero Simeone es mucho más que un ídolo de los tiempos futbolísticos. Si es tan reconocido, al punto de aparecer en el himno moderno del club compuesto por el popular cantautor Joaquín Sabina, es porque entendió siempre como pocos lo que significa el Atlético, que tuvo que atravesar duros momentos de zozobra institucional con los descalabros de la familia Gil y Gil (con coletazos que permanecen), y en especial, un descenso a Segunda, con dos temporadas hasta su definitivo regreso a la máxima categoría.

Simeone dotó a este equipo de su propio temperamento y personalidad, más allá de irlo solidificando en nombres y resultados, hasta llegar a un equipo consolidado, que ya comienza a acostumbrarse a ser protagonista y pelear por todos los títulos.

Si algo faltaba, luego de haberle ganado la Europa League al Athletic de Bilbao de Marcelo Bielsa sin atenuantes, o la Supercopa de Europa al Chelsea, también por goleada, o la Copa del Rey al Real Madrid en el Santiago Bernabeu, era ahora conseguir una Liga luego de 18 años (cuando Simeone consiguió el gol del título), en un estadio tan difícil como el Camp Nou, y cuando el Barcelona necesitaba una simple victoria para quitarle la posibilidad.

En esos últimos noventa minutos, el Atlético Madrid demostró todo, en una síntesis perfecta de lo que son estos años para este equipo. Porque no sólo se encontró perdiendo por primera vez en seis partidos de la temporada ante este mismo rival, lo que lo obligaba a remontar, sino que sufrió el doble golpe de sus mejores jugadores lesionados casi desde el inicio (Diego Costa y Arda Turán), obligando a dos cambios demasiado rápidos.

Nada amedrentó al Atlético Madrid. Ni siquiera eso. Salió a la segunda parte a llevarse por delante al Barcelona, ante su gente y en el Camp Nou, y en seis minutos ya había rematado un tiro al palo y el gran defensor uruguayo Diego Godín había logrado el ansiado empate con un cabezazo.

Ese fue un enorme golpe de autoridad para los rojiblancos, que ya no dejaron escapar esta hermosa chance de ser campeones y al finalizar el partido, recibieron los hidalgos aplausos del público local, que entendió la gesta de los madrileños.

Atlético Madrid no permitió ninguna derrota ante el Barcelona en seis partidos de la temporada, con cinco empates y una victoria, lo que de otra manera demuestra cabalmente que muchas veces la planificación, el trabajo y la concepción de equipo puede llevar los éxitos demasiado lejos, cuando no prima el conformismo.

Simeone es un joven entrenador, que tuvo un extraño comienzo, porque había regresado a su país para terminar su carrera en el equipo de sus amores (Racing Club) pero una de las sucesivas crisis en este club (al cabo, lo más parecido al Atlético Madrid del otro lado del Océano Atlántico) le generó la chance de pasar de ser jugador a entrenador sin tiempo de pensarlo.

Su campaña en Racing fue aceptable, y al poco tiempo saltó a Estudiantes de La Plata en 2006, y a tres jornadas del final del Torneo Apertura se encontraba segundo, a seis puntos (sobre nueve en disputa) de un Boca Juniors que era bicampeón argentino e iba por el tricampeonato.

Simeone no se detuvo a pensar en esto. Siguió presionando, para quedar a cuatro puntos a falta de dos jornadas, a tres a falta de uno, y consiguió llegar a forzar una final al igualar en puntos. Allí, en esa final, perdía 1-0, pero acabó ganando 2-1 para consagrarse campeón.

Fue a un River Plate que llevaba cuatro años sin títulos, y consiguió terminar allí con esa sequía en 2008 (aunque luego no le fue bien en la temporada siguiente, en su peor etapa como entrenador, dejando último al equipo a poco del final del torneo), y tras un paso por San Lorenzo eligió comenzar su etapa europea en un club pequeño como el italiano Catania, al que salvó de descender a segunda.

Fue allí cuando le llegó la chance de un Atlético que no podía despegar y que hoy, dos años y medio más tarde, parece ir edificando un imperio que puede prolongarse en pocos días, si el próximo 24 de mayo, en Lisboa, llega a ganarle la Champions League a su vecino Real Madrid, el que siempre lo miró de arriba hacia abajo y al que no podía ganarle un solo partido en más de diez años.

Eso es hoy el Atlético Madrid: un equipo que no conoce de límites. Que aceptó la salida de Sergio Agüero, pero vino Radamel Falcao. Que aceptó la salida del colombiano para erigir a Diego Costa, y que seguramente venderá a Diego Costa para levantar  a un nuevo delantero y convertirlo en figura.

Con jugadores inteligentes y de rendimientos extraordinarios como el arquero belga Thibaut Courtois, consagrado ya como uno de los mejores del mundo, una impecable zaga central con Godín y el brasileño Joao Miranda, con un volante como Jorge Resurrección “Koke”, y el talento de Arda Turan, y con un gran lateral izquierdo como el brasileño Filipe Luis.

Simeone supo motivar siempre a los suyos, les hizo entender que no había imposibles ni en Madrid, ni en Barcelona ni en Londres, y acabaron todos por creer que se podía.
Este Atlético Madrid se sacó de encima, por fin, el sayo de equipo de mala suerte (tras aquella nefasta final de Copa de Europa perdida sobre la hora ante el Bayern Munich en 1974, justo hace 40 años), o de perdedor, y no importaron ni el dinero, ni los lesionados, ni las transferencias, ni las condiciones de local o visitante, ni Lionel Messi ni Cristiano Ronaldo.


Para eso, hay que ser muy fuerte y estar muy seguro. Y Simeone y el “Aleti”, lo son.

martes, 13 de mayo de 2014

La selección habla desde su lista de 30



Muchas veces en este blog nos hemos referido a la diferencia, que no es sólo semántica, entre  “seleccionado” y “selección”. El primero, es un grupo de jugadores que cada tanto es convocado por el entrenador para afrontar distintos partidos para ir terminando de elegir a los que representarán al país en los torneos significativos, que terminan siendo los objetivos a cumplir.

La selección, en cambio, es ya ese grupo definitivo de jugadores, y esta lista de treinta que dio a conocer Alejandro Sabella, no es otra cosa que eso, una cantidad de futbolistas que considera que son los más aptos para ser convocados con miras a la fase final del Mundial de Brasil 2014.

Siempre, desde que la selección argentina tuvo repercusión mediática, cuando los tiempos se acercaron a este presente y se discutió sobre convocatorias con un criterio individual, se le dio mucha importancia a los nombres. Antes, no era así y hoy, hay demasiado espacio para discutir, para imponer, para operaciones para que tal jugador que se está quedando afuera juegue sus últimos cartuchos, hasta el punto de invitar a su casa a un periodista de la farándula para meter presión, a sabiendas de que desde arriba le suben el pulgar, aunque no quienes están a su par.

Todo es posible, y nadie mejor que Sabella lo sabe. Se conoce que para México 1986, Carlos Bilardo, el mismo que hoy comparte equipo como manager y antes estaba en la misma posición que hoy el director técnico de la selección argentina, dejó una lista en el edificio de la calle Viamonte y viajó a City Bell, lugar de concentración de Estudiantes de la Plata, para brindar con el entonces diez, así como con Marcelo Trobbiani y Miguel Russo.

Horas después, Sabella y Russo se enteraban de que habían sido reemplazados y no precisamente por Bilardo. Ricardo Bochini y Carlos Tapia, el primero por ser un ídolo del mandamás, y el segundo “porque hacía falta alguien de Boca”, ocupaban sus lugares, algo que se transformaría en una constante de pujas a la hora de la misma criba cada cuatro años porque como todo, no deja de ser una cuestión de poder, y el fútbol y el poder en la Argentina se entroncan demasiado.

Si para 1986 hubo tachaduras, el mayor ridículo hasta hoy se vivió días antes de Italia 90. Este periodista estuvo presente en la residencia presidencial de Olivos cuando aquel esperpento que protagonizó Carlos Menem, quien en una multitudinaria conferencia de prensa reveló que su coprovinciano Ramón Díaz, en ese momento figura en el Mónaco como gran delantero, no estaría en el Mundial “porque hablé a Nápoles por teléfono pero Diego Maradona le bajó el pulgar y no hay nada que hacer”. Y eso lo dijo el entonces presidente con un inmutable Bilardo sentado al lado, que no osó discutirle ni aclarar que el director técnico era él y no el primer mandatario.

Ya en el Mundial, caminando un día por el centro de Prensa Gaetano Scirea en Roma, junto al colega y amigo Jesús Ferro, alguien que nos escuchó hablando en castellano nos tocó la espalda desde atrás, un tipo regordete con acento francés (y algo más) que nos preguntó humildemente “por qué no está Marcicó en este equipo argentino” y nos contó que era figura absoluta en el equipo de su ciudad, Toulouse. Ante nuestro interrogante, se presentó como Just Fontaine, nada menos que el mayor goleador de un certamen entero en la historia de los mundiales (1958).

Cabe recordar que cuando el equipo argentino jugó horriblemente mal la mayoría de los partidos, con aquellos Dezotti, Balbo, Sensini, Basualdo y Calderón, Bilardo se justificaba con que “es lo que hay”, pero eso “que hay” es lo que él determinó que hubiera. Ni ustedes ni yo. También en aquella convocatoria se produjo la irritación de Luis Islas, que era efectivamente el mejor arquero, pero que no aceptó ser suplente de Nery Pumpido. No fue, el titular se lesionó y la historia de Sergio Goycochea es harto conocida.

Al regresar de ese Mundial, a Juan Simón le costó meses volver a ser aquel elegante defensor en Boca, contagiado seguramente por lo absurdo que vivió en ese mes en Italia.

Si con Alfio Basile no hubo mayores polémicas fue porque el 0-5 ante Colombia en setiembre de 1993 puso casi solo a Maradona en el equipo, y al final, terminó con las piernas cortadas.

La polémica volvió para Francia 1998 con convocatorias a todo jugador que perteneciera al mismo grupo empresario, y con uno de los pocos que no era de la escudería (Gabriel Batistuta) celebrando un gol con gestos significativos, apuntando al banco.

Tanto 1998 como 2002 transcurrieron sin títulos, en zonas grises y sin uno de los mejores jugadores de los últimos tiempos (al cabo, una característica argentina, de no saber aprovechar sus propios recursos, algo no sólo futbolístico, sino que el fútbol es algo más de su propia realidad). Juan Román Riquelme se quedó sin esos dos mundiales, sin demasiada explicación.

Para Alemania 2006, la polémica volvió con todo. Martín Demichelis, que ahora regresa al menos entre los 30, reconoció que hasta llegó a pensar en suicidarse, aunque más inexplicable fue el caso de Germán Lux. ¿Cómo puede ser que el arquero campeón olímpico con la valla invicta, en los Juegos Olímpicos 2004 y subcampeón de la Copa Confederaciones 2005, ni siquiera haya estado entre los tres del Mundial 2006?

La explicación pasa más por el hecho de que Oscar Ustari tuviera que entrar y que Leo Franco era del grupo de los juveniles que manejaba desde antes José Pekerman, por no hablar de la presión que algunos metieron para que Pablo Aimar no se quedara afuera, al igual que Lionel Scaloni. Pero nada fue ni parecido con la ausencia de Lionel Messi del partido decisivo de cuartos ante Alemania en Berlín.

Con Diego Maradona de DT para 2010, ya el show fue total. Con más de un centenar de jugadores convocados en menos de dos años y un caos generalizado, aparecieron veteranos como su amigo Martín Palermo, o los jugadores de Colón Diego Pozo y Ariel Garcé, y se quedaron afuera otros como Fernando Gago. No parecía primar la coherencia.

Y ahora lo que es de este tiempo. Un jugador como Carlos Tévez, con tantos títulos y figura reciente en la Juventus campeón, que es el único jugador que cuando se lo mencionan a Sabella, su respuesta, por todas, es que “el grupo está cerrado”, lo que no parece tener una explicación futbolística y en todo caso, reside en la dificultad de tener que recurrir a cuestiones psicológicas o conductuales.

Al principio afirmamos que en este tiempo del show todo pasa por lo individual porque no se plantea mucho “a qué jugamos” para luego determinar “con qué futbolistas lo haremos”,  sino, simplemente, quiénes deben estar o no. ¿En base a qué?

Este equipo argentino, lo hemos reiterado muchas veces, es demasiado vertiginoso. Tiene un gran ataque a mucha velocidad y todos pueden resolver a la perfección (más allá de los problemas físicos puntuales que cada uno pueda arrastrar hasta ahora).
El problema es qué hacer ante equipos que le quiten la pelota, la administren bien, la hagan circular y los de arriba se quejen porque la pelota no les llega para que luego puedan convertir.

Por eso, este es un equipo argentino más cercano al Real Madrid que al Barcelona, aunque tenga a Messi en sus filas. Porque juega de contragolpe y en tres toques puede llegar al gol, pero puede sufrir por no tener la pelota y porque sus defensores no parecen muy dúctiles a la hora de salir jugando desde abajo con prolijidad, ni hay un arquero como lo fueron Fillol, Santoro y tantos otros, sino apenas aceptables y el mejor, Wilñly Caballero, no está.

Sabella optó más por el grupo que por el equipo. Desde el grupo quiere llegar al equipo y no al revés, y la base es el sub-20 de Messi o su Estudiantes de La Plata de fines de la primera década del siglo XXI. Se la juega por eso, y por darle al genio de Messi, el marco de paz y armonía para que se sienta en el mejor de los mundos.


¿Alcanzará con eso para ganar el Mundial?

lunes, 12 de mayo de 2014

Un final de Liga con pocas energías (Yahoo)



En apenas unos pocos días, el Real Madrid pasó de las expectativas por ganar una Liga a apostar directamente por mayoría de suplentes para enfrentar al Celta, en Vigo, a una sola jornada del final, dándola por perdida.

El Barcelona, que gracias a un empate final del Valladolid al Real Madrid en el partido pendiente, se encontró sin pensarlo por encima de los blancos, no pudo ganar en su visita al Elche en la que claramente aparecieron los mismos problemas que a lo largo de toda la temporada: su falta de gol para concretar tanto dominio y tantas llegadas merodeando el arco rival.

Y el Atlético Madrid, que en las últimas dos jornadas tuvo el regalo de las malas actuaciones de sus dos adversarios (los mismos que en la última década monopolizaron las luchas por los títulos), tampoco pudo conseguir la victoria, cayendo ante Levante y apenas empatando ante el Málaga en un Vicente calderón colmado, y en un partido que estuvo a punto de perder.

Es decir que en este último fin de semana, una Liga por la que pujaban tres equipos, ninguno de ellos pudo ganar , uno perdió y quedó fuera de toda posibilidad, otro casi pierde, y el otro no ganó ante un rival al que en otras ocasiones hubiese vencido sin demasiados problemas.

¿Qué es, entonces, lo que ocurre en la lucha por el título de Liga? En el caso de Real Madrid, todo indica que las lesiones, la irregularidad final de un equipo que ya ganó la Copa del Rey y que se encuentra en la final de la Champions League para ir por la soñada Décima Copa, determinaron que las prioridades cambiaran y que todo se desbarrancara en pocos días, aunque es algo no del todo claro, que en el caso de no ganar el torneo europeo se le puede volver en contra al entrenador italiano Carlo Ancelotti.

Si gana la final del 24 en Lisboa ante el Atlético Madrid, la pérdida de la Liga sólo será una anécdota, una vaga referencia en el futuro.

Más complicado es analizar al Barcelona, que pese a estar apenas a un triunfo como local ante el Atlético Madrid en el próximo fin de semana, para ganar otra Liga, lo cierto es que la situación del club, en un evidente cambio de timón, la ya segura salida de su entrenador Gerardo Martino cuando acabe la temporada, un Lionel Messi no demasiado involucrado, ahora con el Mundial demasiado encima, y el recambio que habrá en el equipo, con los dirigentes ya arreglando el futuro con Luis Enrique, hacen pensar que no hay ninguna certeza de que el Camp Nou sea testigo de un título.

Hasta hace una semana,  hubiera sido el Atlético el equipo que transmitía más solidez y seguridad. No es que eso se haya disipado ahora, pero sí parece que el plantel comenzó a sentir la presión de la cercanía de la definición, y aunque en cinco partidos contra el Barcelona en toda la temporada no sólo nunca perdió sino que ni siquiera estuvo un minuto en desventaja, el decisivo partido del Camp Nou ahora significará toda una prueba de carácter y que puede ser fundamental en cuanto a cómo llegue el equipo a la final de la Champions de Lisboa.

No parece que en ninguno de los tres casos, la explicación sea sólo futbolística. Hay mucho de anímico, de prioridades, y juegan sus fichas los estados físicos de los jugadores, el miedo a perderse el Mundial y en el caso del Barcelona, el momento de enorme confusión que está viviendo el club.

En este sentido, el Real Madrid ahora ya sólo piensa en la Champions, el Atlético, por ahora, en sus enormes chances de ganar una Liga que se le niega desde 1996, aunque también, que deberá pararse con solidez en el Camp Nou aunque enfrente tenga una débil Barcelona, más para el asado de despedida que para el brindis de un nuevo título, pero jugador por jugador, tampoco es parta desdeñar y acaso sea empujado por su público, ahora que existe la chance matemática de ser campeón, aunque sea más una posibilidad caída del cielo que algo forzado desde dentro del campo de juego.

Ambos se juegan mucho en la definición de la Liga. El Atlético deberá revertir lo hecho en estas dos últimas semanas para marcar un camino de logros de nuevos títulos, en un ciclo que ya comienza a ser exitoso y a quedar en la memoria de sus hinchas (y que, de paso, le genera dos partidos extras ante Real Madrid en la próxima Supercopa de España), porque viene mostrando un equipo atado por los nervios.

El Barcelona sabe bien que aunque deba ganar ante un equipo al que no consiguió vencer en toda la temporada, acaso por primera vez pueda lograr un gol tempranero que cambie el devenir de lo ocurrido en los enfrentamientos anteriores, en los que fue siempre a remolque.

Cualquier resultado que no implique una victoria y el título de la Liga, acentuará en el Barcelona la necesidad de un gran cambio de época y muchos jugadores saldrán con certeza, aunque algunos de ellos ni siquiera necesiten de este resultado porque ya lo tienen decidido. En otros casos, el club decidirá por ellos.


Lo que sí es claro para el Real Madrid, el Barcelona y el Atlético Madrid, es que este tiempo de tantas presiones y de tanto en juego, ya no puede atravesarse sin tener en cuenta los estados de ánimo, la condición física y el contexto institucional, más allá del fútbol que generen en el campo de juego.

lunes, 5 de mayo de 2014

Madrid, capital del fútbol mundial (Yahoo)



Todos los caminos conducen a Madrid. Todos los focos del fútbol mundial apuntan a la capital de España luego de una semana impactante, en la que sus dos equipos, el Real Madrid y el Atlético Madrid, obtuvieron resonantes victorias a domicilio nada menos que ante el Bayern Munich de Josep Guardiola y el Chelsea de José Mourinho.
Real Madrid y Atlético Madrid, con estilos completamente diferentes, volverán a enfrentarse, ahora en la final de la Champions League, el próximo 24 de mayo en el Estadio Da Luz de Lisboa, en lo que promete ser una gran definición, luego de varios partidos de resultados cambiantes en los últimos tiempos.

Si el Atlético pudo ganarle al Real Madrid la final de la Copa del Rey 2013 en el mismísimo Santiago Bernabeu, y al poco tiempo, fuera de casa, por la Liga, el Real Madrid pudo eliminarlo de la actual competición, que luego le ganaría al Barcelona en la final de Mestalla, cuando se encontraron en los dos partidos de semifinales, en tanto que empataron también por la actual Liga en el Vicente Calderón y eso es lo que podría determinar el primer título de los “Colchoneros”  desde la temporada 1995/96 con Diego Simeone, en aquel entonces como jugador.

El mismo Simeone, ahora, aparece como un entrenador exitoso, modelo para seguir por muchos otros colegas  de todo el mundo, a partir de haber logrado algo notable, como equipararse a dos clubes con muchísimo más presupuesto y cracks como Real Madrid y Barcelona y no sólo eso, sino también conseguir superarlos, tanto en los enfrentamientos directos como en la posibilidad de alcanzar títulos en competencia contra ellos mismos.

No hay que quitar mérito tampoco a este Real Madrid, que desde la llegada del italiano Carlo Ancelotti como entrenador, ha dado pasos importantes hacia un juego más ofensivo, de búsqueda permanente del gol, con un intento de mayor posesión de pelota y de mejor uso de sus grandes cracks como Cristiano Ronaldo o Gareth Bale.
Por las semifinales de la Champions League, el Real Madrid pudo conseguir en Munich una histórica goleada ante un muy poderoso Bayern, con el agregado de que en el banquillo de los alemanes se encontraba un gran adversario blanco como Josep Guardiola.

Es cierto que el Real Madrid pudo aprovechar algunos errores tácticos del Bayern como no rematar las larguísimas jugadas de pases entre sus jugadores, algo que le viene criticando un histórico del club como Franz Beckenbauer, o cierta relajación en el equipo que se percibió desde que hace semanas ganara con demasiada comodidad la Bundesliga, lo que le pudo haber quitado una dosis de competitividad.

Pero eso no significa que sea fácil asestarle al Bayern una goleada como la del 0-4 de la pasada semana, tras haberle ganado 1-0 en Madrid. Y además, los blancos ya le habían ganado bien al Barcelona la final de la Copa del Rey en Valencia y aún tienen chances de conseguir el triplete cuando la temporada toca a su fin.

Por el lado del Atlético, el gol de Adrián, un jugador que no estaba en los cálculos para que siquiera comenzara el partido en Londres ante el Chelsea, cambió el transcurso de la serie tras el buen empate que habían conseguido los “blues” en el Vicente Calderón, aparcando el autobús en campo propio y mandando al sacrificio a uno de los ídolos de la afición rojiblanca, Fernando Torres.

Estilo de Mourinho al fin, se esperaba una estrategia parecida por parte de Simeone en Stamford Bridge para la vuelta, pero el gol inicial de los locales generó un cambio de actitud de los “colchoneros”, y el gol del empate de Adrián llegó en el momento justo, cuando se terminaba la primera parte.

En la segunda, el Chelsea se encontró con una situación poco habitual: tener que llevar el partido a remolque, algo que, evidentemente, no sabe hacer. El Atlético, entonces, consiguió ampliar el marcador y ya luego, llevar el partido a su absoluta voluntad.
Cuando Real Madrid y Atlético Madrid se enfrenten en Lisboa ya sabrán el desenlace de la Liga Española, que también los tiene de protagonistas y con mayores chances para los de Simeone que para los de Ancelotti, aunque aún con el Barcelona en el medio, porque de acuerdo con algunas variables, todavía podría ser campeón, aunque desde lo anímico eso no parece posible.

El Real Madrid, luego de empatar contra el Valencia tras perderse muchos goles y erigir en figura al muy buen arquero Diego Alves, cedió buenas chances de ganar el título tras una inesperada derrota del Atlético ante Levante.

¿Cuál de los dos se impondrá? ¿Habrá reparto de títulos? ¿Habrá festejos en Las Cibeles y en la Fuente de Neptuno?  Pocas veces en los últimos cuarenta años, los dos equipos de Madrid tuvieron tanto protagonismo, cada uno con su estilo, como para acaparar las miradas del mundo entero.

Acaso el Atlético tiene un equipo más sólido, que trabaja como nadie las jugadas a balón parado, que recurre a una plantilla más corta y con muchos movimientos mecanizados y con una notable actitud para buscar un resultado, mientras que el Real Madrid cuenta con algunos cracks inigualables, desde Cristiano Ronaldo o Bale en el ataque, Luka Modric o Xabi Alonso y su precisión en el medio, dos zagueros centrales que hoy componen la mejor defensa del mundo, como Pepe y Sergio Ramos, y dos arqueros de categoría como Iker Casillas y Diego López.

Cada uno con lo suyo, el Real Madrid y el Atlético Madrid han llegado a estas definiciones por mérito propio y hoy Madrid es la capital mundial del fútbol.