viernes, 30 de abril de 2021

La nafta al fuego de la Superliga (Dosis Futbolera)


 

Éramos pocos y parió la abuela. El fútbol, en muchas partes del mundo, pero en especial en el continente europeo, ya era muy desigual en cuanto a las ventajas económicas de unos clubes poderosos sobre otros –basta con seguir la historia de las ligas más importantes en los últimos tiempos, con torneos casi siempre ganados por los mismos clubes-  y tampoco se jugaba en el contexto de una UEFA, Conmebol o FIFA transparentes, cuando llegó a oficializarse la idea de la Superliga.

El problema de la Superliga europea, esta idea de organizar un torneo semi-cerrado (quince equipos fijos en cada temporada y cinco por invitación), no pasa exclusivamente por lo económico, por el enorme beneficio que estos participantes iban a recibir (3500 millones de euros a repartir sólo por participar, casi el triple por club respecto de lo que cobró el Bayern Munich por ganar la Champions League 2020).

Lo económico ya fue desde hace años un factor clave en todo el mundo, y lógicamente, cuanto más se gana para cada club, mejor. Y si en tiempos de pandemia, dos entidades fuertes como la banca JP Morgan y la Key Capital (ésta última, cercana al presidente del Real Madrid, Florentino Pérez) están dispuestas a pagar esas cifras tremendas, y permitir que cada club venda por su cuenta los derechos de televisión, no hay mucho que debatir desde allí.

Pero el problema es otro, si se quiere, más filosófico. Porque aún con las enormes diferencias de posibilidades que hay entre los equipos, todos tienen hoy, reglamentariamente, la chance de competir y de clasificarse desde sus ligas nacionales a los torneos continentales europeos y este nuevo proyecto disminuye esas posibilidades desde una justificación que no es deportiva, como es sólo el hecho de tener más poder económico o político.

Si por ejemplo, para ingresar hasta ahora entre los 32 equipos de la fase de grupos de la UEFA Champions League todos debían clasificarse por distintos sistemas deportivos (salir entre los primeros en sus ligas, o haber sido campeones de la edición anterior o campeón de la Europa League), la Superliga ya permitía que hubiera 15 equipos, sobre 20 totales (o sea, un 75 por ciento de los participantes) que llegaban al torneo sin más mérito que haber sido socios fundadores y porque los bancos los ven atractivos por las mediciones de rating o en otros casos, por la diplomacia de los oficios de los dirigentes de clubes amigos o vecinos.

Es decir que en la Superliga, el mérito exclusivamente deportivo para llegar a jugar cada temporada entre los 20 de la élite queda reservado sólo para cinco equipos de toda Europa, lo que equivale a decir que entre los cientos de equipos de todas las ligas, sólo cinco tendrán la chance de mezclarse con los otros 15, que llegarán por derecho propio, les vaya como les vaya en sus ligas nacionales.

Esto no sólo es injusto (¿por qué el Ajax o el Porto, que tienen más títulos de Champions que el Arsenal, el Tottenham, el Manchester City o el Atlético Madrid, no tienen las mismas posibilidades?) sino que si tomamos cada liga nacional y uno de esos 15 equipos se encuentra antes de terminar la primera rueda muy lejos de la punta, y tampoco tiene muchas chances de descender de categoría –obvio, con esa riqueza de plantel- ¿Con qué motivación  jugaría el resto del campeonato, si de todos modos, ya tiene la clasificación asegurada para la Superliga siguiente?

Si tomamos el caso de la liga española, en la que participan 20 equipos, si el Real Madrid, el Barcelona o el Atlético Madrid –los tres invitados al nuevo proyecto- quedaran lejos de la punta en la décima jornada sobre 38 totales, y con tres descensos a Segunda, de no poder salir campeones será lo mismo salir subcampeón que en el puesto 17 a efectos de sus consecuencias.

De esta manera, se puede comprender que el proyecto es elitista, injusto en lo deportivo, y en buena parte termina reventando a sus propias ligas.

Pero quedan varias cuestiones más. Una de ellas, relacionada con el posible trayecto de la Superliga. Supongamos que se concreta y comienza a funcionar en la temporada que viene, la 2021/22 y que en las primeras cinco temporadas se repiten los equipos que quedan en la parte inferior de la tabla. Vamos a suponer que además de los doce que originalmente iban a participar (los top-6 ingleses, los tres mencionados españoles, Inter, Milan y Juventus), se sumaran por invitación, para completar los 15, el Olympique de Lyon, el Marsella –ambos de Francia- y el Bayern Munich.

¿Qué ocurriría si a la quinta temporada de la Superliga, siempre quedaron en los puestos de abajo el Arsenal, el Milan, el Lyon y el Marsella? ¿Qué ocurriría con el resto de los aficionados respecto de estos equipos? ¿No aparecería un movimiento diciendo que los partidos entre esos equipos son aburridos, que no juegan por nada, o que conviene una “Súper Superliga” sin estos equipos “molestos” y que entonces en vez de 15 sean menos?

Por otra parte, los dirigentes que fueron la voz cantante de esta frustrada (al menos por ahora) Superliga, especialmente el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, esgrimieron datos estadísticos de dudosa procedencia, como encuestas que daban que los aficionados de los países con las cinco ligas más importantes de Europa apoyaban el nuevo proyecto entre un 57% y un 75% del total en cada caso, algo que no se comprobó y que de acuerdo a las protestas (sin oposición de otros grupos), no parece muy verosímil.

Todo esto no implica que el fútbol actual no merezca un amplio debate, tanto acerca de la transparencia de las grandes instituciones continentales como de las federaciones nacionales, el uso del VAR, los extraños sorteos de los torneos o la desigualdad económica entre los participantes, así como el poder cada vez más fuerte de los clubes ricos, que ahora niegan cada vez más a sus jugadores a las distintas selecciones nacionales, amparados por la FIFA, que no quiere problemas con ellos.

Pero este proyecto de la Superliga, resistido por aficionados, entrenadores, federaciones y confederaciones continentales, y hasta por mandatarios de países, va en dirección contraria y es como echarle al fuego toneladas de nafta.

lunes, 26 de abril de 2021

Sagi Berman, el israelí que se transforma en el primer árbitro de fútbol profesional que cambiará de género en los próximos meses (Infobae)


 

El fútbol, poco a poco, se va adaptando e ingresando en una etapa de mayor inclusión al conocerse el primer caso de un árbitro, el israelí Sagi Berman, de la actual Premier League de la Primera División, que anunció públicamente que en los próximos días se someterá a una intervención quirúrgica para cambiar de género, lo que fue tomado sin inconvenientes por el ambiente local, que le manifestó su apoyo desde las redes sociales.

Berman, de 27 años, dirigió, anunció que tomará en adelante el nombre de Sapir (Zafiro), como mujer, dará una conferencia de prensa en las próximas horas, e inmediatamente recibió el apoyo de la Asociación de Árbitros israelí, que hizo público en mensaje de Twitter en el que pidió a los jugadores y clubes “el máximo respeto”.

La Asociación de Árbitros manifestó también que la situación de Berman “seguirá siendo la misma que hasta ahora” y que se le continuarán asignando partidos como durante toda la temporada –dirigió once, con una sola expulsión, en el encuentro del 19 de abril pasado entre el Hapoel Rishón le Tzión y el Nees Zioná-, aunque no tuvo tanta continuidad por tratamientos hormonales que estuvo recibiendo. Ya en marzo, hubo informes en los medios de comunicación israelíes que revelaron que uno de sus árbitros de Primera División estaba por ser intervenido para una operación transgénero, pero no desvelaron su identidad.

Considerado uno de los mejores árbitros de la liga israelí, llegó a la máxima categoría el 12 de enero de 2019 aunque comenzó con la actividad a edad muy temprana, y según los informes, presentó capacidades físicas y mentales por encima de la media.

Según el medio local “Sport5”, el proceso de reasignación de género llevará cerca de tres años, y Sapir, como se llamará en pocos meses, ya ha recibido la información de que tendrá a su disposición un vestuario separado del resto de los árbitros asignados para el mismo partido que le toque dirigir.

“Felicitaciones a Sapir Berman (Sagi Berman) por el coraje y la franqueza”, twitteó el su dirección oficial el club Macabi Netanya, mientras que la dirección “ShecanRef” (Ella puede dirigir), manifestó “¡Qué maravillosa noticia desde Israel! Estoy muy impresionada y le deseo a Sapir Berman todo lo mejor. Todos sabemos lo conservador que puede ser el fútbol basado en la testosterona. Bienvenida al círculo de árbitras que dirigen en las ligas masculinas de Primera División”.

La primera árbitra transgénero en el fútbol es Lucy Clark-casada con su esposa Avril, tres hijos y conductora de taxi de Surrey-,  de la liga semi profesional inglesa, que lo anunció para la temporada 2018/19, a los 46 años. En aquel momento, sostuvo que “va a ser extraño. Con los jugadores puedo manejarlo, amonestarlos o expulsarlos, pero con los hinchas puede haber problemas. Me preocupa estar ante doscientas personas gritándome cosas. No sé cómo podría reaccionar”. Su marca registrada es el silbato rosa, que utiliza para dirigir los partidos.

En España, el valenciano César Noval Font es un reconocido juez de línea de la liga de primera división que participó en importantes partidos del Real Madrid, Barcelona o Atlético Madrid y hasta de clasificatorios para la UEFA Champions League y que comparte esta profesión con la de la cirugía plástica y operaciones transgénero.

Con 25 años de edad, ya graduado de médico, decidió viajar a los Estados Unidos para conocer nuevos métodos quirúrgicos, y las últimas tecnologías,  llegó a operar en una clínica de Beverly Hills y hasta participó de un reality de mucho impacto en el que reconocidos cirujanos –algunos de ellos, maestros suyos- intentaban arreglar rostros deformados y pechos o barrigas que otros colegas habían destrozado por mala praxis.

De aquella experiencia norteamericana regresó a España con una técnica para operar narices llamada rinosplastía ultrasónica, por la que se moldea el hueso con ultrasonido en vez de hacerlo con lima y martillo.

A principios de la actual temporada 2020/21, Noval Font sorprendió cuando renunció a dirigir “para preservar la salud de mis compañeros y pacientes como cirujano plástico”.

“He llegado a una decisión  junto al Comité Técnico de Árbitros y su presidente, Carlos Velasco Carballo, de no reincorporarme a la liga”, anunció entonces  en una videoconferencia distribuida por la Clínica Noval, en la que aseguró que ésta “ha sido una decisión muy dura de tomar porque durante muchos meses hemos trabajado muchísimo para conseguir mantener el estado de forma, hemos realizado tests físicos y médicos durante semanas, que hemos pasado de forma exitosa, pero sin duda, la exposición diaria que tengo en la actividad quirúrgica, sobre todo en el quirófano, me supone una carga y una posibilidad de contagio superior a la de la media de la población y por mucha ilusión que tengamos en retomar la actividad de la Liga, debemos postergar la misma”.

Noval es licenciado en medicina y cirugía con mención extraordinaria, especialista en cirugía plástica, estética y reparadora por el sistema de especialidades MIR con calificación de excelente.

En septiembre de 2020 volvió a negarse a dirigir en la segunda división española, al señalar que se sentía “incapacitado” en ese momento, cuando le llovieron cincuenta reclamos de mujeres por mala praxis, con casos que se encuentran en la Justicia.

“Son dos terrenos de juego diferentes –insiste Noval- el quirófano y la cancha de fútbol y en ambos hay que decidir con rapidez. Sin vacilar, en segundos. Y es una sensación adictiva. Cuando llego a casa reviso una y otra vez las imágenes de un partido hasta los detalles más pequeños. Veo lo que hice mal y lo que hice bien. Y lo mismo hago cuando termino una operación. Soy un adicto. No puedo desengancharme ni del arbitraje ni de una sala de operaciones. ¿De dónde saco el tiempo para tanto? Disciplina y método, nada del otro mundo”.

 

 

 

 

 


domingo, 25 de abril de 2021

La historia del FC Stroitel Pripyat, el frustrado equipo que quedó a cinco días de estrenar su estadio cuando hace 35 años, el accidente de Chernobyl terminó con el sueño (Infobae)


 

En la mañana del 24 de abril de 1986, mientras los jugadores del FC Stroitel Pripyat se entrenaban para jugar la semifinal de la Copa local ante el FC Borodyaka, de repente se encontraron con la sorpresa de que a metros de ellos, en la misma cancha que iba a estrenarse una semana después, aterrizó un helicóptero que los interrumpió.

Los jugadores y el director técnico, absortos, veían bajar gente con protectores y detectores de radiación que al escuchar un “clic” avisaron al plantel que el partido no se jugaría porque había ocurrido un accidente en la plante nuclear “Lenin” de Chernobyl, una ciudad ubicada a 16 kilómetros, moderna y progresista casi en el límite con Bielorrusia, en tiempos de la Unión Soviética.

Como otras ciudades de los alrededores de Chernobyl,  Pripyat, fundada en 1970, se construyó con una idea moderna para que fuera habitada por trabajadores y científicos con sus respectivas familias aunque por la fertilidad de las tierras, gracias al río, también vivían muchos granjeros.

La planta comenzó a estar activa en 1977 y Prypiat fue creciendo con hospitales, escuelas y centros deportivos. Tenía un cine, una piscina, parque de atracciones y varias torres para viviendas y ya para 1986 vivían allí 40 mil personas y no es de extrañar entonces que en un país con una gran tradición de fútbol como la URSS,  en 1975 se fundara el FC Stroitel  Pripyat (“FC Constructores Pripyat”), con el propósito de conformar un equipo exclusivo de trabajadores de la zona.

Se trataba de un equipo amateur, para distraerse de tanto trabajo, que era alentado por sus familiares y la población de la ciudad, y jugaba en la Segunda  División amateur regional de la URSS  –una especie de Quinta categoría amateur nacional- enfrentando a los equipos del Oblast de Kiev y hasta consiguió el apoyo del director del Departamento de Construcciones, Vasily Kizima, que primero decía que tenía los cuatro turnos de trabajo ocupados como para que jugaran al fútbol pero luego cambió de opinión ante tanta insistencia (“Dejalos tomar cerveza y descansar y distraerse jugando un rato al fútbol”, le decían, según contó años después en una entrevista con la revista inglesa “Four Fout Two”).

Al poco tiempo, en el FC Stroitel Pripyat se dieron cuenta de que por los resultados y el crecimiento de la actividad en la ciudad, podían encarar una etapa de crecimiento y comenzaron a traer jugadores experimentados, a los que sí les pagaban. Se los hacía pasar como empleados de la planta nuclear pero eran profesionales solapados. Ya en 1981, llegaron a contratar como entrenador a Anatoly Shepel, ex campeón de Liga y Copa con el Dínamo de Kiev, y no sólo para dirigir al equipo sino para coordinar las academia de formación de juveniles. Todo iba viento en popa.

Crecieron tanto que en 1986 se encaminaban a llegar a la Tercera Nacional (ya profesional) y accedieron a la semifinal de Copa local y  al punto de que el 1 de mayo, en ocasión del Día del Trabajador,  ya estaba previsto inaugurar el nuevo estadio “Avangard” con capacidad para 11 mil espectadores en una tribuna cubierta, una cabaña como vestuario y con pista de atletismo, ubicada en el barrio residencial. “El estadio era tan importante para la ciudad como el reactor”, acaso exageraba Kizima.

El defensor del equipo, Alexander Vishnevsky recordó que casi siempre jugaban ante unas dos mil personas que se acercaban a ver los partidos pero que “todo el pueblo amaba el fútbol”. Jugaban con camiseta blanca y pantalón azul y ganaron la competencia regional en 1981, 1982 y 1983 pero tuvieron problemas burocráticos con la liga y quedaron estancados en la Quinta Amateur.

Sin embargo, todo se frustró y ni siquiera el estadio Avangard pudo estrenarse porque cinco días antes, y cuando ya se hablaba de la construcción de un quinto reactor, el 26 de abril explotó el número cuatro de la planta nuclear en una prueba de seguridad con 31 muertos (5 de ellos, jugadores del FC Stroitel), y todos tuvieron que evacuar la ciudad a la que nunca regresaron.

El  equipo de FC Stroitel se mudó a otra ciudad, Slavutych, a 45 kilómetros, construida especialmente después del accidente para alojar a los evacuados y a los nuevos trabajadores de mantenimiento, vigilancia e investigación y tomó el nombre de la nueva ciudad pero ya sin el mismo ánimo ni proyecto ni presupuesto, desapareció en 1988.

Valentin Litvin fue el jugador más joven del equipo, al punto de que recién iba a la escuela cuando todo comenzó. Tenía seis hermanos, todos jugadores y provenían de la aldea de Chistogalovka. “Estando en noveno grado, debía participar en un partido pero estaba en el examen de álgebra. Nuestro maestro miró por la ventana y vio un micro lleno de adultos sentados y la puerta abierta y preguntó “¿A quién están esperando? Y resulta que era a mí”, contó con humor.

Se graduó en 1978 y comenzó a trabajar como ingeniero en Chernobyl pero cobraba una pequeña asignación por jugar al fútbol, unos 50 kopecs (unos 4 euros de hoy) para los partidos locales y unos 5 rublos (7 euros) para los regionales. En cambio, a los que venían contratados para jugar los llamaban “campanitas de invierno” porque, como las flores, llegaban a finales de invierno para jugar. Con el tiempo se convirtió en capitán.

Aquel 25 de abril de 1986, Valentin había pasado la noche con su familia en Yampol, a varios kilómetros de distancia. Su mujer estaba internada en el hospital de Prypiat por complicaciones tras el nacimiento de su segundo hijo y ellos estaban cuidando al bebé.  Regresó para entrenarse a las nueve de la mañana con miras al partido semifinal contra el FC Borodyaka pero fue parado por la Policía a la entrada de la ciudad, aunque él notaba que la vida seguía siendo la misma y mucha gente no estaba enterada del accidente (muchos recién supieron hasta 36 horas después), e incluso había salido sol. Al ir al estadio, le dijeron que los jugadores rivales habían sido bloqueados en las afueras de Chernobyl así que decidió dirigirse a la sede del equipo para averiguar si el partido estaba suspendido y un miembro del cuerpo técnico le contó lo del helicóptero aterrizando en la cancha. Subió a la terraza, y desde allí vio la planta de energía nuclear y el humo que salía del reactor 4.

“Allí comenzó lo más difícil –recordó-. Corrí al hospital a buscar a mi esposa, que me contó lo sucedido en la noche mientras los médicos y el personal iban desesperados de un lado al otro y llegaban más y más víctimas. Mi esposa no pudo ser dada de alta así que organizamos una fuga y salimos por la ventana de la planta baja mientras algunos pacientes trataban de ver lo que pasaba con el reactor parados en una colina y cómo desde un helicóptero se arrojaban materiales al reactor destruido. Salimos  de Prypiat en una moto y entre los buses vacíos que esperaban para ir evacuando gente, pero no arrancaron hasta el mediodía del 27”.

A diferencia de muchos de sus compañeros que se fueron al FC Stroitel Slavutych, él terminó jugando para el FC Zarya Vladislavska en la ciudad de Obukhov. Pero con el tiempo,  tuvo que volver a Chernobyl como liquidador para recuperación y limpieza. Le tocó ayudar a descontaminar los sótanos de la planta de energía pero los niveles de radiación eran tan altos que apenas soportaba unos pocos minutos de exposición, limitada con un dosímetro y llevaba también mapas de radiación. Alrededor de 600 000 personas trabajaron hasta en la limpieza que salvó tal vez a Europa de volverse inhabitable, aunque el final del proceso recién está previsto para 2065, si bien los expertos creen que la zona de exclusión estará contaminada por otros tres mil años-.

Uno de los más reconocidos evacuados del fútbol de la zona de Chernobyl fue el goleador del Milan y del Chelsea y actual entrenador de la selección ucraniana, Andriy Sevchenko, que en aquel momento tenía nueve años y ya formaba parte de la academia del Dínamo Kiev, la principal ciudad de la zona del Oblast. Junto con otros tres chicos, fueron llevados a 400 kilómetros al sur hasta un campo de entrenamiento en la costa del Mar Negro.

Menos de una semana después del accidente, el 2 de mayo, el Dínamo Kiev debió enfrentar al Atlético Madrid en la final de la Recopa europea en Lyon. El reconocido entrenador de los entonces soviéticos, Valery Lobanovsky, afirmó más tarde que si bien sus jugadores –entre los que se encontraban grandes cracks de la época como Oleg Blokhin, Vasili Rats e Igor Belanov-  sabían acerca del accidente de Chernobyl, no quisieron molestarlos en esos entrenamientos previos. Terminaron ganando esa final por 3 a 0.

Eduard Korotkov fue uno de los encargados de viajar en helicóptero dos horas sobre el reactor dañado durante todos los días de ese verano. Comenzaba la actividad tras ver por la noche los partidos de futbol del Mundial de México, en el que la URSS avanzó a los octavos de final pero fue eliminada por Bélgica 4-3 en un polémico partido en León y pese a los tres goles de Belanov. Ese equipo contaba también con Blokhin y Rats, y con Lobanovsky como entrenador, todos del Dínamo.  “El futbol era el único consuelo para la gente”, le dijo a “Soviet Sports”.

Hoy - cuenta Valeriy Shkurdalov, quien dirige la pagina de facebook Discovery Chernobyl y trabaja como guía turístico de la zona de Prypiat, a “Four Four Two”- el estadio Avangard es una atracción turística, con focos oxidados y la cancha está cubierta de árboles en una ciudad fantasma radiactiva, que está siendo recuperada por la naturaleza.

 

 


sábado, 24 de abril de 2021

El fútbol resistió el embate del ultra capitalismo salvaje (Jornada)


 

Acaso el 20 de abril debería ser declarado como el Día del Hincha en el fútbol europeo. Pocas veces, y de manera tan rotunda y cabal, los simpatizantes se volcaron a las puertas de sus clubes participantes del anunciado proyecto de la llamada “Superliga”, oponiéndose a los privilegios que ésta les otorgaba, tratando de hacer entender a sus dirigentes y a los del deporte en general, que no pretenden ganar un lugar especial por decreto sino en la cancha, y lograron la adhesión de la clase política y de gran parte de los seguidores de todo el planeta.

La “Superliga”, de haberse materializado, aunque fracasó rotundamente y apenas duró un día hasta que se desgajaron los seis clubes ingleses (Manchester United, Manchester City, Liverpool, Tottenham, Chelsea y Arsenal), habría sido la máxima expresión del capitalismo salvaje, ese que viene tratando de aplicarse (con devastadores efectos) en tantos otros ámbitos del mundo, concentrando cada vez más la riqueza en pocas manos, y con pobres cada vez más pobres que siguen esperando que la famosa “pirámide” inventada como tipo ideal, les “derrame” alguna migaja.

A diferencia de lo que su principal vocero, el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez (a la sazón, también elegido a cargo de este nuevo organismo que comenzó con doce miembros y esperaba sumar a tres más), trató en vano de explicar en los medios (a los que casi nunca acepta entrevistas en tiempos corrientes), el problema de este nuevo formato, con el que estas entidades se apartaban de la tradicional Liga de Campeones de la UEFA, no pasaba estrictamente por lo económico.

Si es por las cifras, puede entenderse que doce clubes tan poderosos como los seis ingleses mencionados, sumados  al Real Madrid, el Barcelona, el Atlético Madrid, la Juventus, el Milan y el Inter, más otros tres invitados que no estaban del todo especificados, intentaran crear un nuevo torneo. Si ya por participar, cada uno de ellos iba a llevarse 300 millones de euros, y que era muy posible que cada uno pudiera vender por su cuenta sus derechos de TV, y esos valores sumaban casi el triple de lo que obtuvo el Bayern Munich por ganar la Champions en 2020, hay poco para decir desde ese lado.

El problema era que esta estructura determinaba que esos doce clubes se clasificarían cada año con derecho propio a hacerlo porque sí, porque creen (ellos mismos) que sus trayectorias lo merecían, y que los demás, todos juntos, incluso aquellos clubes con más títulos que varios de ellos (por ejemplo Ajax, Porto, Benfica, Sevilla), debían desde ahora pujar para llegar a conseguir las otras cinco plazas y darse el lujo de jugar en la élite, un disparate a toda regla.

Pero no sólo es injusto el sistema que proponen estos doce en cuanto al formato de disputa, sino que Florentino Pérez explicó con pelos y señales que las encuestas que ellos manejaban hechas en los países con las cinco ligas más poderosas (España, Italia, Inglaterra, Francia y Alemania), determinaban –sin que se comprobara en la realidad- que entre un 57 y un 75 por ciento de los consultados creen que los partidos deben achicarse en tiempo, que son muy aburridos y que el espectáculo debe ser distinto y que así como está, va camino de perder hinchas en todo el planeta.

En este punto, no es casualidad que gran parte de los fondos (3500 millones de euros) sean aportados por la banca JP Morgan, -más allá de que también se sumó otro inversionista, la Key Capital, dado el vínculo de Anas Laghrari (secretario general de la nueva estructura deportiva) con Florentino Pérez-. Era claro el intento de “soccerización” del fútbol europeo en busca de un espectáculo que atraiga a los menores de treinta años, apuntando al futuro y acercándose a fenómenos como YouTube o Tik Tok, justo cuando el fútbol, como nunca, va creciendo en los Estados Unidos y su liga no sólo se asienta sino que van apareciendo figuras en el mismísimo Viejo Continente como Sergiño Dest (Barcelona), Musah (Valencia), Reyna (Borussia Dortmund), Pulisic (Chelsea) o Mckennie (Juventus).

Y como no podía ser de otra manera, la explicación de Pérez en los medios (acompañada con algo menos de alto perfil por Andrea Agnelli, el heredero del imperio de la Juventus), se basaba en un derecho histórico no siempre comprobable para permanecer en la élite, sumado al desconocimiento de reglas de convivencia y competitividad por las que sólo ganándose el lugar en la cancha, y en la temporada correspondiente,  se puede llegar a los lugares más altos. El otro basamento residía en que, según estos “visionarios” dirigentes, no existe mejor mecanismo de “solidaridad” con el resto de los clubes europeos (medianos y chicos) que derramar dinero desde la punta de la pirámide por lo que “sólo” cabe en ellos tener paciencia y esperar que llueva la oportunidad, algo que no es otra cosa que aquella “Teoría del Derrame” que viene utilizando el capitalismo salvaje en el mundo, con los nefastos resultados ya harto conocidos.

Y por si fuera poco, tampoco les interesó a los dirigentes de estos doce clubes lo que pudiera pasar en sus respectivas ligas nacionales, por lo que el discurso de solidaridad no parece encontrar cierta coherencia. Si ellos ya tienen sus lugares asegurados cada año en la máxima competencia europea, ¿por qué competirían cada año en sus ligas aquellos que rápidamente quedarían lejos de la lucha por el título, si ser segundos o decimoquintos daría igual? No por nada, aparecieron en Inglaterra (junto con Alemania, los dos sitios de más formidables manifestaciones de los hinchas), banderas que decían “gánatelo” o “prefiero morirme de frío en Stoke”.

La movilización de los hinchas, una vez más, salvó al fútbol, esta vez en Europa, así como en el pasado, los hinchas de San Lorenzo consiguieron que el club no se privatizara a nombre de la ISL (que quebró un año más tarde) a principios de este siglo, o van consiguiendo ya casi regresar a su estadio del Viejo Gasómetro de Boedo, o los de Racing se opusieron a la quiebra también en la misma época, o muchas hinchadas alemanas se retiraron masivamente de los estadios oponiéndose al aumento del precio de las localidades. Son los hinchas, los técnicos como Josep Guardiola (Manchester City) o Jürgen Klopp (Liverpool), los jugadores como James Milner (Liverpool) o Gerard Piqué (Barcelona), los que consiguieron, por una vez, doblegar a un monstruo que tenía toda la intención de expandirse y de generar una nueva era en el fútbol, la de los ultra ricos que diseñaban un sistema para ellos mismos.

Esto no significa en absoluto que lo que hay es muy bueno, que no haya enormes injusticias y que los ricos hayan dejado de ser favorecidos. La crítica a la falta de transparencia de organismos como la UEFA o la FIFA (a la que agregamos a la Conmebol y a muchísimas federaciones nacionales sino todas) es más que atendible, pero no parece que para combatir el incendio haga falta arrojar litros de aceite.

El 20 de abril, el fútbol, el genuino, el de los que lo aman en todo el mundo, se descubrió fuerte y dispuesto a colocar una raya roja, una especie de “Línea Maginot” al ultra capitalismo que excluye a la mayoría y ahora ya ni siquiera la deja participar. Tal vez sea el inicio de algo un poco más limpio, un poco más digno. Ojalá.

miércoles, 21 de abril de 2021

Muchas preguntas sobre la frustrada Superliga (Jornada)


 

El fútbol mundial resistió desde sus hinchas, muchos de los reconocidos directores técnicos top, algunos relevantes jugadores europeos (Ander Herrera, Gerard Piqué, James Milner, entre ellos), y hasta funcionarios de la Unión Europea y mandatarios como Boris Johnson o Emmanuel Macron.

Así es que la llamada Superliga europea murió con apenas veinticuatro horas de vida. No pudo soportar la presión desde tantos sectores que politizaron y masificaron el tema de la exclusión de tantos equipos, del quiebre posible de las ligas nacionales europeas, con incertidumbre sobre la influencia que esto pudo ejercer en el fútbol mundial.

Nos planteamos, entonces, una serie de preguntas sobre este frustrado proyecto de un nuevo orden mundial del fútbol.

- ¿Qué habría hecho la gran mayoría de jugadores de las distintas selecciones nacionales en el caso de que hubiera prosperado el proyecto de la Superliga, ante la amenaza de la FIFA de no poder jugar en ellas?

- En el caso de que la FIFA hubiera mantenido su amenaza de sanciones a los jugadores de los doce “rebeldes”, ¿habría aparecido, por fin, el FIFPRO, o los futbolistas habrían necesitado conformar un nuevo sindicato más poderoso?

- ¿Qué habría manifestado Diego Maradona, si viviera, en un conflicto como este?

- ¿Se pronunciará, por fin, tomando posición, algún jugador sudamericano?

- Si el Real Madrid, el Barcelona o el Atlético Madrid hubieran arrancado mal en la próxima liga 2021/22 y en las primeras diez fechas estuvieran lejos ya de ser campeones, y con planteles con los que resulta casi imposible descender, ¿con qué motivación habrían jugado las 28 fechas restantes cuando no necesitan clasificarse para ninguna copa europea, porque ya tienen la plaza asegurada para la Superliga 2022/23?

- Si ese mismo ejemplo lo utilizáramos para tres o cuatro de los “Top 6” ingleses en la Premier League, ¿con qué motivación jugarían en este torneo?

- ¿Qué ocurriría si transcurridas siete temporadas de la Superliga nueva, Arsenal y Milan nunca han peleado por ningún título (como en los últimos años de la Champions League, a la que muchas veces ni se clasificaron), se encuentra siempre en mitad de tabla, y deben volver a enfrentarse? ¿Cuánta expectativa generarían en el público?

- Si pasadas las primeras temporadas de la nueva Superliga, los títulos se los repartieran entre tres y los otros nueve o doce no la ganaran, ¿no habría peligro de que se creara una “elite de la élite” y que esos de la “súper élite” buscaran separarse y conformar una “Mega Liga europea”?

- ¿Por qué Arsenal, Tottenham o Chelsea tenían un lugar asegurado en la Superliga y clubes con más títulos como Ajax, Porto, Benfica o Sevilla, no lo tienen y deben pelear con centenares de clubes sólo por cinco plazas por temporada? ¿Sólo por dinero?

- ¿Intentará copiar Sudamérica  en algún momento el modelo de la Superliga europea o a partir de su fracaso, los dirigentes de los clubes poderosos preferirán esperar?

- ¿Qué pasará desde ahora en la relación entre el Real Madrid y la Liga de Fútbol Profesional (LFP) española tras el incendiario intercambio del presidente de los blancos, Florentino Pérez, y el de la entidad organizadora, Javier Tebas Medrano? ¿Y entre Pérez y el titular de la UEFA, el esloveno Alecsander Ceferin? ¿Y entre el principal accionista de la Juventus, Andrea Agnelli, y Ceferin, que lo trató de “víbora” y “traidor”?.

- ¿Por qué Tebas, que viajó especialmente a la Argentina para vender espejitos de colores a los clubes para la formación de una “Superliga” que funcionara por fuera de la AFA, en tiempos del macrismo, en España se opuso a la que conformaron los doce ricos? ¿Doble discurso dependiendo de qué lado del océano se encuentre?

- ¿Aceptarán los doce clubes que conformaron la frustrada Superliga la nueva oferta de la UEFA de 7 mil millones de euros y una liguilla más larga en vez de la fase de grupos y acaso una Final Four en una sede, en vez de una final única?

- ¿Podrán negociar la UEFA y los doce “superliguistas” que el nuevo formato propuesto por la UEFA comience en agosto de 2021 y no tener que esperar a la temporada 2024/25, porque según Florentino Pérez, “con las pérdidas por la pandemia, si esperamos hasta allí ya estaremos muertos”?

- ¿Generará este impacto un cambio para una mayor transparencia en la UEFA y en la FIFA?

- ¿Regresarán los doce “rebeldes” o algunos de ellos a un nuevo intento separatista?

El paso del tiempo ayudará a conocer las respuestas.

 

 


lunes, 19 de abril de 2021

Con la Superliga Europea, el fútbol ya no será lo que fue (Jornada)


 

Ya está. El fútbol, el gran fenómeno de masas del último siglo en todo el planeta, el que lo paraliza cada cuatro años con sus mundiales, no volverá a ser lo que fue. El deporte rey con las más bellas reglas y acciones en un campo de juego, que permitía igualar al más pobre con el más rico aunque sea por noventa minutos, el que permitió conquistas soñadas y posibilitó que se supiera de las hazañas de los Leicester, los Defensa y Justicia, los Steaua Bucarest, las “Águilas Verdes” nigerianas, los leones de Camerún, los Defensor Sporting, los Atalanta, quedará definitivamente en manos de los ultra ricos, de los bancos y los mega grupos televisivos, que decidieron terminar con una etapa que conservaba una dosis de romanticismo o de ilusión de competencia con un tinte igualitario, para bajar el telón con el impulso de la llamada Superliga Europea.

Esta nueva competición, anunciada anoche por los doce clubes más poderosos de Inglaterra (el llamado Top-6 integrado por Manchester United, Manchester City, Liverpool, Tottenham, Chelsea y Arsenal), España (Real Madrid, Atlético Madrid y Barcelona) e Italia (Juventus, Inter y Milán), y que espera a otros tres (creen que el PSG francés y los alemanes Bayern Munich y Borussia Dortmund, pero ahora parece complicado), termina con la vieja Champions League de la UEFA, de la que no sólo se rebela para recibir mucho más dinero de un nuevo inversor, sino que generó una repulsa generalizada de la dirigencia del fútbol europeo y mundial y hasta de la Unión Europea y de los mandatarios Boris Johnson y Emmanuel Macron.

¿Por qué se llegó a esto cuando la UEFA venía resistiendo la presión de los doce clubes ahora nucleados en la nueva Superliga, especialmente representados por el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, y el mayor accionista de la Juventus, Andrea Agnelli cuando ya les había ofrecido a cambio una nueva Champions League desde 2024/25 con más partidos y mucho más dinero? Porque son insaciables y porque siempre quieren ir a más y venían estudiando el antecedente de la Euroliga de basquetbol, que hace años hizo algo muy parecido, porque quieren todo el poder y no sólo una parte, y eso lo sabemos muy bien en Sudamérica cuando hace escasas semanas quebraron el brazo de la FIFA desde la Asociación de Clubes Europeos (ACE) y no permitieron que los jugadores de las selecciones nacionales fueran cedidos para los partidos de clasificación mundialista, que no se disputaron mientras en Europa se llevaron a cabo tres fechas en dos semanas. ¿Mayor muestra de poder que eso?

Ahora fueron por más, sin importarles absolutamente nada. Ni que, por ejemplo, para poder acceder a un nuevo torneo, los clubes de la Premier League inglesa deben consultar a la Federación (FA) para el visto bueno, por reglamento, ni que hayan sido advertidos por la UEFA de que serán suspendidos “lo antes posible” de sus competencias (y en ese caso, esta misma Champions podría dejar fuera de las semifinales al Real Madrid, al Chelsea y el Manchester City, y la Europa League al Arsenal y al Manchester United), ni que la FIFA haya amenazado con que sus jugadores no podrán formar parte de ninguna competencia oficial con sus selecciones nacionales (la argentina se vería afectada sin Lionel Messi, Lautaro Martínez,. Paulo Dybala, Sergio Agüero, Ángel Correa, Eric Lamela y Giovani Lo Celso).

Lo que sí importa es que esta nueva estructura, que ya tiene sitio web propio y que recurrió a la Justicia, según carta enviada a la agencia AP, en resguardo de los movimientos que hagan la UEFA y la FIFA, recibirá 3500 millones de euros a repartir (unos 300 millones para cada club ) sólo por participar, provenientes de la banca JP Morgan y de la Key Capital, vinculada a Borja Prado, colaborador de Florentino Pérez, contra los 3200 millones de euros que en total aportaba la UEFA para la Champions, aunque repartidos entre muchos más equipos.

Si estos doce clubes no recibieron el OK del París Saint Germain o continúa el silencio del Bayern Munich, socio de ellos en la ECA y que participó en reuniones anteriores, no se debe a ninguna idea romántica sino que los parisinos, a través de su máximo accionista, Nasser Al Khelaifi, están ligados a Qatar en toda regla, al punto de recibir de ese país fondos ilimitados al punto de ser catalogado como un “Club-Estado” y no sólo eso, sino que el jeque dueño del club es también el dueño de la empresa BeIn Sports (Al Jazeera),  que tiene los derechos televisivos de la Champions League. Los potentes alemanes, aún vigentes campeones de Europa, no se pronuncian por tener los auspicios de Qatar Airways, aunque sus compatriotas del Borussia Dortmund rechazaron entrar en esta nueva estructura y sostienen (acaso para empujarlos) que los de Munich tampoco van a aceptar.

Lo cierto es que el fútbol ya no será lo que fue. Algún lector podrá preguntarse cuánto cambia, al final, que doce o quince clubes poderosos pasen de los 3200 millones para 32 a los 3500 millones para una docena o poco más. Lo que cambia no es el capital sino la filosofía, porque en esta nueva Superliga ya se informa que apenas cincos por fuera de ella podrán clasificarse para competir con los ricos, que tendrán una base estable les vaya bien o les vaya mal. Es decir, al diablo con los méritos, con las clasificaciones. Entre todo el resto de Europa, apenas cinco equipos tendrán la fortuna de jugar esos partidos, vender sus derechos, ilusionarse con ganar un título que tenga valor europeo real.

Pensemos en el hincha del Ajax, del Benfica, del Sporting de Lisboa, del Sevilla, todos clubes con varios títulos europeos.  ¿Por qué ellos no están en esa Superliga nueva, con más conquistas que el Arsenal, Chelsea o Tottenham? ¿Qué es lo que determina que unos puedan formar parte del lote de privilegiados y otros no? El dinero, solamente el dinero.

Lo que se termina de generar, entonces, es el final de los tiempos de la meritocracia en el fútbol europeo, lo que en cualquier momento arrastrará al resto del mundo. Ahora se entiende más el apuro de la FIFA por un Mundial de Clubes de 24 equipos en China, o aquella nueva Champíons de la UEFA para dentro de tres años. Era el apuro por no perder a los que, de todos modos, se querían ir para tener aún más poder del que tienen, la ambición cel capitalismo sin rostro humano que desde hace rato se mostraba en el fútbol pero que ahora mostró la peor cara.

Hay que decir también que esto no es nuevo y que es otra demostración de que el fútbol se lo fue comiendo todo y avanzó hasta niveles insospechados. ¿Qué hizo la política, qué hicieron los organismos internacionales cuando los clubes europeos aprovecharon la sentencia Bosman de 1995 y sus equipos salieron a la cancha con once jugadores extranjeros, como Inter o Arsenal?  Apenas una comisaria europea, desde Bruselas, se planteó una estructura supra deportiva para poner un límite porque el fútbol se sabe tan fuerte que vive por fuera de él al punto de no aceptar la Justicia civil y sanciona, de una forma u otra, al que sale de sus fronteras, y lo máximo que acepta es el TAS. ¿Es esto viable? ¿Puede haber una Justicia general y otra para el fútbol? Las consecuencias son éstas y en cierto modo, parece que llegamos tarde o muy justos sobre la hora.

¿No es, acaso, este Florentino Pérez –impulsor de esta Superliga- el mismo que echó de la dirección técnica del Real Madrid a Vicente Del Bosque en 2003 pese a ganar la Liga –y antes la Champions- porque era gordo y pelado, y a Claude Makelele porque no vendía camisetas aunque luego necesitó una década para encontrar un reemplazante en ese puesto?

El ejemplo lo podemos ver de este lado del Océano Atlántico: las federaciones nacionales de los diez países sudamericanos rogándole a Gianni Infantino, presidente de la FIFA, que interceda ante los poderosos clubes europeos para poder jugar la clasificatoria al Mundial, los calendarios de los torneos se ajustan a los europeos aunque se descanse en invierno y se juegue a altas temperaturas en verano, los seleccionados nacionales juegan con sistemas tácticos europeos porque los mejores juegan allí y por si fuera poco, si se quiere en un término más de cabotaje, hay Toque de de Queda en Buenos Aires desde las 19, pero las copas continentales se juegan más tarde “por una excepción” del estado nacional. Otra vez coronita para el fútbol sobre cualquier otra actividad humana.

Por eso, aunque el comisario de “Modo de Vida” de la Unión Europea, Margaritis Schinas, sostenga que “no hay espacio para reservar el modelo de deportes a los pocos clubes ricos que quieren cortar los vínculos con todo aquello que las asociaciones defienden”, suena a lágrima de cocodrilo. Era lo mismo pero mucho antes, era preocuparse por la salud del deporte más hermoso del mundo, que concita pasiones, que genera pasiones únicas y con miles de millones de seguidores.

Lo dijo bien Gary Neville, ídolo del Manchester United, asqueado con su club  y contra los otros cinco de su país que forman parte de esta nueva Superliga: “Los dueños del United, City, Liverpool, Chelsea no tienen nada que hacer con el fútbol de éste país. Son más de cien años de historia de fans que han vivido y amado estos equipos y necesitan ser protegidos. Ya saben cuál es la motivación, la avaricia. Esto es muy grave, es un acto criminal contra los seguidores del fútbol. No se confundan. Este deporte es el más grande del mundo”.

El fútbol de los parques, de las plazas, de los larguísimos viajes para acompañar a los equipos, de los cientos de miles que lo siguen en las canchas o en la TV o en las redes sociales, que lloran y ríen por los éxitos o fracasos, no se merecen esto, Que el fútbol los excluya por intereses puramente económicos al 0punto de ni dejarlos participar.

Es como cuando éramos chicos y en medio del fragor de un partido, llegaba el dueño de la pelota, la agarraba y se la llevaba. Así nos están dejando. Y no hay derecho a aceptarlo.

 

sábado, 17 de abril de 2021

La mano invisible de Koeman (Jornada)


 

Lo dijo Lionel Messi con sinceridad luego de haber recibido los dos trofeos en el estadio la Cartuja de Sevilla, el de la Copa del Rey, y el de mejor jugador de la final ante el Athletic de Bilbao, aunque creemos que quien debió serlo es Sergio Busquets, que dio cátedra de cómo debe jugar un volante central –y sólo, nada de aberrantes dobles o triples cincos-. Era para que el plantel del Fútbol Club Barcelona festejara con sus hinchas –ausentes a causa de la pandemia- después de una temporada muy difícil y que el crack rosarino definió muy bien como “de transición”.

El Barcelona acababa de golear por un 4-0 inapelable al Athletic, un rival que lo venía complicando y que le había arrebatado en esta misma temporada la Supercopa de España, y el resultado llegó en el segundo tiempo, cuando, una vez más, el neerlandés Ronald Koeman acomodó las piezas sin necesidad de grandes cambios, entendiendo que ante un equipo vasco tan cerrado, al que casi no le importó esta vez el contragolpe (dejando solo allá arriba al veloz Iñaki Williams), había que retrasar un poco a una de sus estrellas, su compatriota Frenkie de Jong cerca del joven Pedri,  delante de otra línea conformada con Busquets acompañado de los dos laterales-alas Sergiño Dest y Jordi Alba, para dejar arriba a Messi, acompañado del francés Antoine Griezmann en un 3-3-2-2.

Más allá de los números de los sistemas tácticos, lo que queda claro es que Koeman, que fue un crack como jugador y autor de aquel gol emblemático de tiro libre ante la Sampdoria en Wembley en 1992 que le dio al Barcelona la primera Copa de Campeones de Europa, supo capear el temporal de lo que aparentaba ser un año más que complicado, con cambio de comisión directiva, con la incertidumbre (que aún continua aunque ya hay algunos indicios de respuesta) sobre la continuidad o no de Messi, el mejor jugador de la historia del club, que queda libre el próximo 30 de junio, y el paso de una base de jugadores más veteranos a otra de jóvenes que van cargando experiencia en sus espaldas y que prometen un equipo más fuerte para los años que vienen.

Despacito, y sin alterar su paciencia, Koeman fue construyendo consenso en su plantel desde aquellos turbulentos primeros días en los que no le quedó otra que consentir la salida del goleador uruguayo Luis Suárez, a sabiendas de que eso le iba a traer consecuencias con Messi (el mejor amigo del oriental, que además sigue siendo fundamental en el Atlético Madrid que es el líder de la Liga Española), hasta ir encontrando, luego de mucho ensayo y error, el mejor esquema para los jugadores que tiene.

Entendió que a Messi había que rodearlo, que aunque sigue teniendo jugadas geniales, a los casi 34 años no puede ser el mismo que una década atrás, y que lo que necesitaba era juventud talentosa que hiciera el desgaste para él, que le alcanzara la pelota a los atacantes sin tener que realizar él ese sacrificio de bajar hasta la mitad de la cancha para buscarla para regresar a posiciones de ataque, y así apareció Pedri como enlace entre un Busquets que recuperó el nivel cuando a su vez el DT comprendió que el volante central tampoco puede ser el de los tiempos de Josep Guardiola y tomó la decisión de protegerlo con tres marcadores centrales y dos alas a sus costados, aunque para eso tuviera que echar mano a otros dos jóvenes como el uruguayo Ronald Araujo y el canterano Oscar Mingueza por las prolongadas ausencias de Gerad Piqué, a causa de lesiones.

Para Koeman no fue nada fácil. En el mercado anterior se le fue Suárez y no le trajeron sustituto, y tampoco en el invierno, cuando ya se hablaba de otro neerlandés, Menphis Depay, del Olympique de Lyon. Y se lesionaron Piqué, atrás, Philippe Coutinho en el medio,  y nada menos que Ansu Fati, adelante. Pero probó distintas variantes, y hasta descubrió que por momentos, en ciertos partidos, conviene colocar a de Jong como tercer central, como una especie de líbero “a la Beckenbauer”, para salir jugando con el primer pase y si se producen los espacios, seguir hasta generar superioridad numérica mucho más adelante.

Y por si fuera poco, los hechos externos comenzaron a ayudar. El Atlético Madrid comenzó a perder puntos y en la medida que el Barcelona se hizo un equipo más seguro, se fue encontrando con mayores chances de pelear la Liga, fue avanzando en la Copa del Rey, y en las elecciones presidenciales, se impuso un viejo conocido de los tiempos de festejos de títulos como Joan Laporta, que generó una cara cada vez más sonriente en Messi.

Y si no dio aún para la Champions, porque en el Barcelona son conscientes de eso, de que luego de una durísima derrota de 8-2 contra el Bayern Munich en 2020, era difícil poder avanzar demasiado en Europa en una temporada de transición, al menos en ésta ya hay un título en el bolsillo, ganado en una final con goleada que no deja dudas, y aún hay posibilidades de hacer Doblete y ganar la Liga, a sólo dos puntos del Atlético Madrid, al que debe enfrentar.

Claro que el Barcelona tiene algunos cracks en su plantel (obviamente Messi, Piqué y Busquets, pero también el arquero alemán Marc Ter Stegen o De Jong o Jordi Alba) y una nueva generación que espera seguir ganando espacio en las temporadas siguientes y seguramente habrá algunos cambios cuando llegue el verano y se reabra el mercado, pero en este momento es conveniente destacar la labor silenciosa, de muy bajo perfil, de Koeman, que se tragó muchos sapos y que ahora estaba allí, al borde de la línea de cal, en la Cartuja de Sevilla, sonriendo y abrazando a los suyos, sabiendo en su intimidad que podía empezar a dormir tranquilo. Su trabajo empieza a dar frutos y ya no parece que se cuestione su continuidad en el banco de los suplentes.


viernes, 16 de abril de 2021

El Real Madrid contra los Clubes-Estado, en la Champions Por Sergio Levinsky (Dosis Futbolera)


 

Por fin, luego de varios años pugnando para ello, el fútbol europeo arrojó una semifinal de Champions League entre los clubes económicamente más poderosos, como consecuencia de carísimos fichajes y hasta desafíos al equilibrio no sólo del torneo sino del ecosistema, que fue generando aquella idea de la UEFA del Fair Play financiero que controlara los egresos y los ingresos de cada una de las entidades participantes.

Hasta ahora, venían llegando a las instancias finales algunos de los llamados “Clubes-Estado”, aquellos que reciben ilimitados fondos por debajo de la mesa y desde las finanzas de los Estados nacionales, con argucias como fundaciones ligadas a esos países, o directamente, mediante publicidad estatal en sus camisetas de partidos o entrenamientos, o en la estática de los estadios, o en otros, ya decididamente con el auspicio general a cualquier actividad. Otros han llamado “doping económico” a este sistema, por el que estos clubes (Manchester City, Chelsea o PSG) se dan el lujo de contratar a los mejores jugadores del mundo, sin generar genuinamente esos recursos, o generándolos años después de haberlos apuntalado con ingresos extras y no desde el fútbol o desde los recursos privados.

En cuanto al Manchester City, precisamente el mismo día que consiguió (no sin sufrir) su clasificación a la semifinal de la Champions League ante el Borussia Dortmund en Alemania, del otro lado del Océano Atlántico, otro equipo de su mismo grupo global (City Group), el Montevideo City Torque de Uruguay, conseguía por primera vez ingresar en la fase de grupos de la Copa Sudamericana, al vencer a su compatriota Fénix en los play off, es decir que también en el continente sudamericano se va imponiendo un proyecto que puede ser interesante, pero que marca la diferencia a partir del poderío económico.

Quien esto lee podrá preguntarse, con toda lógica, si el Real Madrid no es acaso otro club muy poderoso que ficha a grandes figuras y que dispone de una economía en condiciones de permitir el armado de un gran plantel para competir de igual a igual contra estos nuevos tres gigantes europeos como el Manchester City, el Chelsea o el PSG. Posiblemente sí, pero aquí el tema no es cuánto tiene cada uno sino cómo lo consigue, y las perspectivas que eso trae para las temporadas que vienen, cuál es la tendencia que se va marcando en el fútbol europeo y mundial, porque también luego se manifiesta en los Mundiales de Clubes.

El Real Madrid es un club poderoso, pero tradicional, es decir, un club en el que los socios tienen voz y voto, en el que reglamentariamente hay elecciones para decidir el presidente (aunque Florentino Pérez parece instalado desde hace tiempo y ya no tuvo siquiera contrincantes en esta reciente renovación de mandato), y que consigue los fondos por cuestiones ligadas genuinamente a las actividades de la entidad, o los vínculos de sus dirigentes, o hasta por prebendas estatales que en muchos casos aparecen con claridad y son pasibles de ser cuestionadas por la prensa o los aficionados rivales (y a veces hasta por los propios) o recurridas ante los órganos judiciales.

Por ejemplo, el Real Madrid ha conseguido la recalificación de sus terrenos de la Ciudad Deportiva anterior, que de esta manera sirvieron para edificar y vender, o su deuda más de una vez fue absorbida por el sistema bancario (que hizo lo mismo con el Valencia, el Barcelona y otros tantos clubes), o perdonada o reprogramada por distintas autoridades nacionales españolas y hasta se supo que grandes negocios se cerraron en los palcos del Santiago Bernabeu en pleno partido.

Aún así, con ese poderío, sumado a la tradición de trece Champions ganadas en la historia desde 1956, el Real Madrid comienza a ser poco y nada respecto a lo que pueden ocasionar sus tres adversarios que quedan para ir a buscar la decimocuarta Copa de Europa, al punto de que no sólo su presidente Pérez sino otros clubes como el Bayern Munich o el Barcelona o el Olympique de Lyon vienen reclamando una mayor atención de la UEFA al Fair Play Financiero al notar el peligro que los acecha desde estos monstruos que asoman llevándose todo por delante.

Ya lo vivió el Barcelona con Neymar. De nada valió colocar la cláusula de rescisión en 222 millones de euros. Vinieron los jeques cataríes del PSG y depositaron el dinero. Al Manchester City tampoco le importó reventar los mercados y gastar una fortuna cada vez que lo necesitó o su entrenador, Josep Guardiola, pidió el fichaje de algún jugador.

Por más poder que se tenga y por más que muchos jugadores sigan aspirando a vestirse de blanco por su historia y prestigio, en el Real Madrid (como en otros clubes importantes de Europa) saben, como buenos españoles, que como escribió Francisco de Quevedo (1580-1645), Poderoso Caballero es Don Dinero, y mañana, si todo esto sigue así, y hay rivales que pueden disponer de fondos sin límite desde un Estado, la competencia comenzará a tener menos valor y ya no sólo pocos con chances de ser campeón, sino apenas tres o cuatro.

El mismo Manchester City que ahora está en semifinales de la Champions estuvo a punto de ser suspendido por la UEFA para participar de este certamen pero apeló al TAS y consiguió la aceptación final, mientras que el Chelsea sigue en la mira de la entidad europea que ya en una oportunidad le impidió fichar jugadores en un mercado por llevarse jóvenes menores de 18 años no-europeos contra lo que indica el reglamento, mientras que en el caso del PSG, su presidente Nasser Al Khelaifi, de origen catarí, es el titular de la Federación de Tenis de su país, y de Bein Sports (Al Jazeera Sports) –ligado a los derechos de TV de la Champíons League- y hasta miembro del Comité Ejecutivo de la UEFA.

Si una de las semifinales, Real Madrid-Chelsea, enfrenta dos modelos diferentes, la otra, PSG-Manchester City, los equilibra en la misma idea aunque habrá que ver cómo manejan esta serie cuando justamente los dos Estados que los sostienen (Catar y Emiratos Árabes) mantienen pésimas relaciones, al punto que cuando la selección catarí ganó la Copa Asiática disputada en los Emiratos en la final ante Japón, los medios locales titularon con la derrota nipona para no referirse al éxito de sus adversarios.

¿Es lógico que hablemos de la rivalidad entre dos Estados como contexto de una semifinal europea entre un club parisino y otro de Manchester? Ya vemos que sí, que es pertinente, y ya eso nos indica un cambio de rumbo. ¿Hacia dónde nos seguirá conduciendo el fútbol con el afán de más dinero y negocios?


jueves, 15 de abril de 2021

Casi ganamos (Por Marcelo Wío)


 

“Casi gol”, no es gol, es yerro. Pero, suceso de un sistema mayor de instantes, puede obviarse. El problema es otro. Es “casi gana(mos)” la sentencia crítica, trágica. El “casi gana” que es una derrota – un empate en el mejor de los casos (aunque la inconcreción, la incompletitud, convierte al empate invariable y meramente en un vergonzoso disimulo fatuo, en un consuelo lacio, casi calvo).

Así pues, el “casi” es la forma sesgada y manida de atemperar derrotas y yerros. “Casi” significa estar o haber estado cerca de algo. Pero no haberlo conseguido. El “casi” al que se alude no es nada, inexistente (conjunto vacío). “Casi” es un consuelo imbécil y dañino: porque con su idea de cercanía de consecución hace del fracaso un hecho del que no pueden extraerse experiencias, saberes: el “casi” aboca ineludiblemente a la perpetración (y al incremento) de la sucesión de errores que condujeron al revés apenas disimulado de verborrea, de justificación del “aproximamiento”: que viene a decir que si esta vez, así, “casi”; por tanto, la próxima vez, así, definitivamente. Sin tener en cuenta que el “así” vinculado a este “casi” no puede ser más que el método de, en el mejor de los casos, otro “casi” (límite tendiendo a infinito) – pero que siempre es la fórmula infalible de un resultado peor (del cual, además, se extraerán, acaso, si se rompe la inercia, el círculo vicioso, las conclusiones equivocadas, porque el punto de partida del análisis será ese evento, y no el anterior que condujo al, esta altura, “casi-que-en-realidad-fue”: que en realidad es precursor de la forma “somos los campeones morales” o “somos los que pusimos el fútbol”, o cualquier otra necedad por el estilo.

El “casi gana” (“que siempre es “casi ganamos”, realmente – quién le hace esa concesión a un rival) es al fútbol lo que el chauvinismo a la política: el discurso que junta a los mediocres alrededor del conformismo manso, quieto, que se permite exabruptos puntales contra una imaginaria entidad exterior – con los invariables colaboradores internos; cuya existencia es imprescindible para el éxito cabal de la conjura – que labora en contra de la pureza y destreza de nuestro seleccionado. Por qué no habían de copiarse en este campo los vicios de lo político que tan bien han servido tantas veces. Por qué no mimetizar su jerga, su semántica facilona, sus procedimientos ecuménicos, certeros.

Y, como tal, ese “casi” no deja de ser sólo la negativa de esa misma estratagema: el compromiso consustancial de todo movimiento de tal guisa con su derrota absoluta – que, se pretende, valide los postulados del mismo. En el fondo hay un temor atroz a ser, a realizarse, a confrontarse ante los pares: la derrota perpetua justificará el carácter sin igual de las virtudes propias enfrentadas no a un igual, sino a una figura inconmensurable: una injusticia (que huele a que algo está en mal estado en Zürich – con lo ordenados y pulcros que uno creía a los suizos, mire usted) hipertrofiada, hiperbólica, pergeñada por marcas y ocultamientos, gustosamente  apoyada por las potentes naciones del balompié (que son, además, tales, en tanto obedecen los caprichos transnacionales)y aplaudida complacientemente por el resto (a cambio, posiblemente, de prebendas nimias, o no tanto, a saber qué guisos se cuecen en esos conciliábulos).

A su vez, “casi ganamos” pisotea el concepto matemático de límite, al pretender, finalmente, que, en realidad, “ganamos”. Es decir, el suceso se convierte así en una derrota aún mayor dentro de la otra que, como todo, ya era anécdota – y para las otras selecciones, ya había sido enseñanza -;y abraza, acepta, desarrolla la idea fácil de que la mediocridad (y el delirio) es el refugio, es el estado más acabado de la integridad imaginada.

Dicho todo esto; es decir, manifestando conocer los resortes del conformismo y la manipulación, la final que nos robaron el pasado mes de julio no es fruto de una chambonada colectiva (y sistemática, además) de un equipo que jugó como no lo había hecho ningún equipo en el torneo, no digo ya en ese mundial, sino en los dos o incluso tres últimos. Decir que casi ganamos es poco. Porque el gol anulado, el penal inventado en contra, la serie de tiros libres regalados al equipo contrario en el borde de nuestra área (dejé de contarlos a los diez minutos del segundo tiempo – iba por no menos de cincuenta; ahora no recuerdo con exactitud), las faltas en ataque pitadas cada vez que los nuestros enhebraban lo que, se hacía evidente, era una posibilidad clara de marcar o de socavarle notoria e irreversiblemente la confianza al rival… No, no voy a decir “casi ganamos” porque no tiene sentido. Yo digo que ganamos. En la cancha. Con las reglas vigentes del balompié – es decir, sin Zürich y despachitos afines operando para que lo que en la cancha se perfilaba, fuera abolido, alterado.

Pueden venirme con toda la cháchara que yo mismo acabo de adelantar tan socráticamente (¿o es cartesianamente? ¿Hegelianamente? Algunomente), que mi respuesta va a ser clara, racional, lógica: cuando muchos, y tan vinculados al poder, o manoseados por este, esgrimen estas parrafadas trilladas con aire de soberbio academicismo, tan por encima de esas pretendidas y folclóricas posiciones que nos adjudican, es que en estas palabras, en estas interpretaciones, hay demasiada certeza, tanta que son (y no “casi”; no como algo que se queda a poco de plasmarse, de concretarse) una verdad incontrovertible: no perdemos, imposibilitan extra deportivamente nuestra victoria que, de hecho, y de acuerdo al reglamento, tuvo lugar ese día de julio pasado.

sábado, 10 de abril de 2021

El Real Madrid aprovechó los errores tácticos del Barcelona (Jornada)


 

Se jugaban demasiado en el Clásico español. Los dos ingresaron al campo del estadio Alfredo Di Stéfano, sin público y con una lluvia pertinaz, sabiendo que el que ganaba le pondría mucha más presión a un Atlético Madrid que lideró toda la Liga y que ahora que quedan menos de diez partidos, justo parece derrapar y que debe jugar después ante el Betis en Sevilla.

El Real Madrid estaba a tres puntos de Atlético y el Barcelona, sólo a uno,  con la diferencia de que los azulgranas ya no juegan la Champions League, si bien tienen que definir el sábado la Copa del Rey ante el Athletic de Bilbao, y los blancos tienen el compromiso de vuelta de los cuartos de final de la copa europea ante el Liverpool, el miércoles, luego de vencer como locales 3-1 en la ida.

La gran pregunta era quién llegaba mejor. El Real Madrid, esta temporada, equipo en el verdadero sentido del término. Superado ya el duelo por la partida de Cristiano Ronaldo, y con Karim Benzema como estandarte del ataque y jugador completo, Zinedine Zidane logró reencauzar a un plantel al que la mayoría daba por terminado, con ciclo cumplido, aunque lo readaptó, con un 4-4-2 que en ocasiones puede ser un 4-3-3 con el joven (y aún no del todo maduro, aunque es un diamante en bruto) Vinicius Junior acompañando a la estrella francesa y goleador, mientras que al tradicional mediocampo de los últimos años, con Luka Modric, Toni Kroos y Casemiro, le agregó, dependiendo del caso, el despliegue del uruguayo Federico Valverde o la ductilidad de Marco Asensio. Y atrás, pocos repararon en que los cuatro que se pararon ante el Barcelona (Lucas Vásquez, Militao, Nacho y Mendy) son todos diferentes a los que vinieron jugando en los últimos tiempos (Daniel Carvajal, Sergio Ramos, Raphael Varane y Marcelo).

El Barcelona es todo lo contrario. Llegaba también en alza anímica, en especial, desde que Joan Laporta ganó las elecciones de hace poco más de un mes y le dio otra confianza a sus jugadores, pero es evidente que sí se trata de un fin de ciclo, y que si bien hay una buena base para el futuro con varios jóvenes que piden pista (Mingueza, Araujo, Pedri, Dest, Riki Puig), otros, seguramente, emigrarán y hasta Lionel Messi sigue en duda hasta que el 1 de julio comience la temporada siguiente y tome la decisión final de quedarse o marcharse.

Y este Barcelona se encuentra en tal transición, que pese a las chances de llegar a la punta ganando el Clásico, su entrenador, Ronald Koeman, cometió un par de errores tácticos gruesos, como acentuar la marca con tres defensores, liberando a los dos laterales (Jordi Alba y Sergiño Dest) hasta la mitad de la cancha. Esto produjo un espejismo porque en los primeros diez minutos, se decidió a tocar y a mantener la posesión de la pelota pero a la primera en serio que tuvo el Real Madrid, demostró su solidez y la idea de que sabe muy bien lo que quiere. Federico Valverde, que apareció como cuarto volante, aceleró hacia el campo rival, se dio cuenta de que había un vacío a la espalda de Alba, hacia allí fue el pase a Lucas Vázquez, y su centro, sin marca (los tres centrales estaban a la suficiente distancia como para no llegar tampoco), fue capitalizado a la perfección con un brillante taco de Benzema.

Sólo habían pasado 12 minutos y bastó para que el Barcelona entendiera que había varias cosas que estaban mal. Los huecos entre os centrales y los laterales y un mal uso de un jugador poli funcional como lo es el neerlandés Frenkie De Jong, que debió salir más atrás para ir adelantándose en la cancha, algo que recién descubrió Koeman para el segundo tiempo, cuando ya su equipo estaba 2-0 abajo, porque a los 27 minutos, un tiro libre de Kroos se desvió en Dest y tampoco Alba pudo rechazar la pelota, que se metió en el arco de Ter Stegen. Sólo en los últimos dos minutos, con un córner de Messi que sobró a Thibaut Courtois y casi se transforma en olímpico (la pelota rebotó en el palo) y otra tapada del gran arquero belga al rosarino, en el área chica, disimularon las enormes diferencias tácticas.

Koeman apostó entonces, en el descanso, a la entrada de Antoine Griezmann por Dest, algo lógico en cuanto a que es más probable que se llegue al gol con delanteros, porque Messi está muy solo en este Barcelona, con la única compañía de un errático Ousmane Dembélé, que es muy veloz y hábil, pero que siempre elige mal al final de la jugada (una suerte de Sebastián Villa blaugrana).  Y a los 14 minutos llegó el descuento de Oscar Mingueza y la idea de que se podía soñar con el empate.

Fue allí que Zidane volvió a pensar. Por un lado, estaba el compromiso de mitad de semana con el Liverpool, y su equipo estaba jugando un partido intenso y en campo muy pesado por la lluvia, y por otro, era el momento de reciclar todo, y comenzaron los cambios.  Asensio reemplazó al cansado Valverde y al notar que Koeman hizo ingresar a Sergi Roberto por Sergio Busquets (una manera, a su vez, de reconocer que se había equivocado quitando a Dest por derecha cuando debió salir un central y bajar allí a De Jong para tener salida limpia y sorpresa), armó una línea de cinco defensores, con Marcelo ayudando a Mendy,  Casimiro por delante de ella, otra línea de tres con Asensio, Modric e Isco, dejando arriba, solo, a Mariano. De este modo, no sólo tenía un vallado casi impenetrable, sino tres posibles asistentes para un delantero potente y con hambre.

Es cierto que la última imagen que nos dejó el Clásico es que el Barcelona pudo haberlo empatado con el remate del ingresado Ilaix al palo y con Ter Stegen jugado a un rebote en el área del Real Madrid, pero no deja de ser un espejismo como los diez minutos iniciales de dominio del Barcelona.

Hoy el Real Madrid es un equipo mucho más sólido, que tiene más claros los conceptos, y que encontró en Zidane ya no sólo a un gran motivador y manejador de vestuarios de estrellas sino un buen conocedor de la táctica adecuada en su equipo. Enfrente, un grupo de jóvenes con futuro, un genio que se va haciendo veterano y que tiene poca compañía, y una joya que puede jugar en varios puestos pero que no la saben usar, en un contexto de fin de ciclo.

Todo eso pudo notarse en el Clásico jugado bajo una intensa lluvia, que le otorgó un condimento épico especial.

No está todo dicho en la Liga, pero sí, las cosas están bastante claras de los dos lados, y el resultado lo refleja en parte, porque en lo conceptual, la distancia es bastante mayor que en los números.