domingo, 30 de abril de 2017

Mané no (Un cuento de Marcelo Wío)




Estuve recientemente en unas charlas tituladas Imaginario y Realidad, organizadas por el departamento de Psicología Social de la Universidad de Livell, en Connecticut, Estados Unidos; y una de las ponencias captó especialmente mi atención: la del eminente psicólogo Dr. Quintiliano Herrera, profesor en la Universidad de Könisberg II en Alemania.

Herrera afirmó – puede leerse el artículo que al respecto escribió, inmediatamente después, y que fue publicado por la prestigiosa revista inglesa Psychology – que Lionel Messi es una ilusión óptica colectiva.

“De tanto en tanto – sostuvo -, se dan consensos espontáneos, involuntarios y masivos (al punto de abarcar a la práctica totalidad de la población mundial), para crear representaciones ideales”. Tal acuerdo o predisposición para concebir y “materializar” estos “conceptos”, propuso, se dan en contextos (desesperanza; un presente “preñado de mediocridad”) en los que el inconsciente colectivo converge en una necesidad imperiosa de reformular, sino la realidad, sí algunos de sus ingredientes.

El espejismo, entonces, pretendería componer (o, acaso, recomponer) un refugio para aquello que, muy resumidamente, podría considerarse como “bello”, pues, como escribió George Santayana, “En todos los productos de la industria humana notamos la agudeza con que el ojo es atraído hacia la mera apariencia de las cosas...”.

Apariencia, esa es la palabra clave: no sólo en el sentido de aspecto, sino, antes bien, de verosimilitud, de su posibilidad de ser creído por los sentidos. Y el fútbol, masificado como está, ha devenido en un vehículo apropiado para tales ideaciones compartidas.

De esta manera, según el Dr. Herrera, quien realmente juega es un muchacho más bien tirando a malo, cuyo nombre es Leonel Panebianco, oriundo de Caleta Olivia, en el sur de la Argentina. Y no, no elabora ni las jugadas que uno “ve”; ni inventa esos regates que parecen, precisamente, imposibles, ni, evidentemente, marca esa cantidad de goles.

Messi; su habilidad, su velocidad, todo, es una fabulosa y hermosa alucinación. “Le he visto la cara a Panebianco, luego de ‘salirme’ de la fantasía: el muchacho no entiende nada”, dijo, a modo de nota de color, de anécdota mínima, el afamado psicólogo. Y enseguida comentó que es el único, por el resto de jugadores, viven la apariencia como cierta.

“La soledad que hay en el rostro de ese pobre Panebianco – que en su momento disfrutó de lo que presupuso una conveniente “confusión” – no la he visto en ningún lado: negado de su personalidad; de su ser, en definitiva”, y pareció que la voz se le iba a quebrar al curtido académico.

En el apartado para preguntas que siguió a su exposición, no pude menos que deslizarle un escepticismo muy morigerado por mi admiración hacia su trabajo. Herrera me miró con lástima, y me preguntó: “¿Usted se cree que, en un mundo que se rige por unas leyes físicas tan inconmovibles, tan precisas, con unas limitaciones fisiológicas evidentes, puede existir un ser como Messi? Eso es ciencia ficción, un delirio; un hermoso delirio”. El argumento era contundente. Tajante.

“¿Y Cristiano Ronaldo?”, pregunté sin saber muy bien por qué. O sí.

“¿No ha escuchado lo que dije? Ilusión óptica, evidentemente. Su verdadero nombre es Cristian Ferrari; un uruguayo desgarbado y con menos velocidad que un cojo”.

Volví a preguntar. Impulsado ya por la inercia de la primera pregunta, y como una forma de sobreponerme al asombro espantado y a la duda que iba cuajando en mi mente: “¿E Ibra?”.

“Ese es real, hombre; que parece que nunca hubiese visto fútbol”, me respondió, ya notoriamente hastiado, mientras guardaba los papeles en un maletín de cuero con el escudo de Atlético Nacional de Medellín.

Mientras lo veía alejarse lo odié meticulosamente. No por el desdén de esa respuesta chabacana, tan poco académica. No. No podía quitarme de la cabeza la idea dolorosa y repulsiva que había ido tomando forma mientras Herrera hablaba: que Garrincha fuese una ilusión. Él no. Mané no.

jueves, 27 de abril de 2017

Sampaoli, el extraño y polémico DT que se acerca a la selección argentina (Kicker)



Aún no se oficializó, pero ya quedan muy pocas dudas. Jorge Sampaoli, casi un desconocido en su país por haber dirigido equipos chicos fuera de Buenos Aires y luego emigrar a Perú y Chile para una carrera que fue creciendo y terminó exitosamente en el Sevilla, será el próximo entrenador de una selección argentina en crisis y que a cuatro fechas del final de las eliminatorias, se encuentra en posición de repechaje.

Sampaoli debe enfrentar, por estos días, dos polémicas, una a cada lado del Océano Atlántico. En el Sevilla, que se encuentra cuarta en la Liga Española en una de las mejores campañas de su historia, es silbado por su propia afición que ya sabe que se irá y que negocia con la AFA tanto cargos como políticas futuras desde el 22 de mayo, al día siguiente que acabe su contrato con los andaluces.

Y en la Argentina, sus detractores han sido durísimos con él.  Su colega Claudio Borghi, antecesor como entrenador de la selección chilena, llegó a definirlo como “alguien con dos caras. En la deportiva, extraordinaria, fabulosa y gloriosa para Chile. 

Pero es un desastre como persona. Él llama, pregunta cuánto ganás vos. Si ganás 100, él ofrece trabajar por 30 y eso no está bien en ningún trabajo. Hay una ética que el tipo no cumple”.

Tan o más duro fue el ex DT campeón mundial con la selección argentina y finalista en Italia 90, ambas contra Alemania, Carlos Bilardo: “no sirve para nada, sólo es amigo de dos o tres periodistas chilenos que le dieron cuerda. Si llega a venir a la Argentina, me tomo un barco y me voy a Uruguay. ¿Ustedes me quieren poner nervioso? Háblenme de DT en serio, pero no de un técnico de cuarta. De Beckenbauer, de Menotti, pero no de cualquiera como éste Don Paoli”.

Bilardo, ya veterano y desde hace años retirado como entrenador, llegó a ofrecerse para el cargo para reemplazar al desplazado Edgardo Bauza, quien duró apenas ocho partidos en el cargo, los mismos que su colega Tité en Brasil, aunque éste los ganó todos y ya clasificó a su equipo para el Mundial.

Por el contrario, Sampaoli es el preferido de los jugadores de la selección argentina con mayor peso como Lionel Messi y Javier Mascherano, así como del dirigente con mayor poder como el presidente de Boca Juniors y vicepresidente de la AFA, Daniel Angelici, quien ya quiso contratarlo en junio pasado, antes que a Bauza, pero recién había llegado a Sevilla y la cláusula de rescisión era muy cara, de 8 millones de euros, y la federación argentina estaba en quiebra y no podía afrontar ese monto.

Ramón Rodríguez Verdejo, más conocido como “Monchi”,  el director deportivo más exitoso del fútbol español en el siglo XXI, que le generó al Sevilla una plusvalía de 210 millones de euros en fichajes y ventas y que emigrará a la Roma al terminar la temporada, admite que “siempre tuvimos el temor de una llamada de la selección argentina, porque sabemos lo que significa eso para Jorge, pero fuimos muy claros, lo hablamos cara a cara con él y respetó el compromiso cuando vinieron a buscarlo la primera vez”.

Sin embargo, ya las cosas parecen distintas ahora, porque para la segunda temporada, su contrato con el Sevilla tiene una cláusula de salida de apenas 1,5 millones de euros, y la AFA está dispuesta a pagarlos para liberarlo.

En este punto, como el Sevilla se está jugando mucho dinero por entrar a la Champions League 2017/18 y por ahora debe jugar la previa europea (en España sólo los tres primeros se clasifican directamente), Sampaoli trata por todos los medios de silenciar su negociación paralela con la AFA, que se encuentra a cargo de su agente, Fernando Baredes.

“Yo vivo nada más que el presente. Si es por los medios, tendría que analizar ofertas del Arsenal, de la selección holandesa o de la selección argentina pero estoy metido en los partidos que le quedan al Sevilla de aquí hasta el 21 de mayo, cuando acabe la temporada. Pero si los jugadores tienen una cláusula de salida, “por qué no la pueden tener los entrenadores?”, acaba diciendo Sampaoli, dando lugar a muchos interrogantes y al enojo de su propia hinchada, que lo ha silbado el pasado viernes ante el Granada pese a ganar 2-0 en el estadio Sánchez Pizjuán.

Fue tal el escándalo cuando el nuevo presidente de la AFA, Claudio Tapia, admitió que viajaría a España para dialogar con Messi sobre su suspensión de 4 partidos por parte de la FIFA, y las insistentes versiones indicaron que también lo haría con Sampaoli, que inmediatamente el Sevilla emitió un comunicado en el que indicó que se trataría de “una falta de respeto al club”, y el propio entrenador se desligó diciendo que “no puedo hacer caso a rumores”, aunque el dirigente argentino haya estado alojado en el mismo lujoso Hotel Arts que el agente de Sampaoli, en Barcelona.

En las paredes del vestuario del Sevilla hay una inscripción permanente que dice “Respeto, humildad y ambición”, que acaso definan el estilo de Sampaoli, aunque “Monchi” aclara cuál fue la idea de contratarlo a mediados de 2016 para reemplazar al exitoso Unai Emery, quien emigró al PSG tras ganar la Europa League.

“Conocíamos a Sampaoli desde hacía muchos años y era una apuesta arriesgada porque nunca había dirigido en Europa, pero estábamos convencidos de que su propuesta iba a ser aceptada. Es cierto que el estilo de Emery era otro, pero buscábamos cambiar, dar un giro importante, volcar al equipo al arco de enfrente y Sampaoli es uno de los mejores en eso y es muy exitoso, aunque yo confieso abiertamente que soy bilardista. Creo que en España no había hasta ahora un equipo así, con una táctica tan cambiante y una ambición desmesurada. No deja de sorprenderte nunca, por la forma en que defiende a ultranza en lo que cree pero su mayor virtud es la de haber convencido a un equipo campeón de que se puede dar un paso más, ser más osado pero igual de competitivo que antes, sabe transmitir su mensaje y es el líder de este Sevilla”, sostiene quien ayudó al Sevilla a ganar 9 títulos: 2 Copas UEFA, 3 Europa Leagues, 2 Copas del Rey, 1 Supercopa de Europa y 1 Supercopa de España.

Sampaoli es un fanático de la posesión del balón, para lo cual cuenta como ayudante de campo con el vasco Juanma Lillo, musa inspiradora nada menos que de Josep Guardiola y se caracteriza por la ductilidad en sus esquemas tácticos y no quedar atado a ninguno de ellos. Ha jugado con tres defensores, con cuatro, con tres delanteros, con dos, con uno…y hasta sin ninguno, como ante el Barcelona en el Camp Nou.

Nacido hace 57 años en la localidad de Casilda, a 82 kilómetros de Rosario, y se lo conoce allí como “Zurdo” porque era su pierna más hábil como extremo en los juveniles de Newell’s Old Boys pero una lesión truncó su carrera y en 1996 comenzó su carrera como entrenador y su gran salto fue cuando el dirigente de Argentino de Rosario, de tercera división, Eduardo López, vio una foto suya en el diario “La Capital”, trepado a un árbol para dirigir desde allí a su equipo, tras ser expulsado, y lo contrató.

Desde allí emigró con un bolso hacia equipos pequeños de Perú ,Chile y Ecuador, hasta dar en 2011con la Universidad  de ese país, con la que ganó tres ligas locales seguidas, una Copa Chile y la Copa Sudamericana, el segundo torneo continental ganado por un club chileno en la historia tras la Copa Libertadores de Colo Colo en 1991. Y esto le valió el salto a la selección chilena, que eliminó a España y casi hace lo propio con Brasil en el Mundial pasado. Al año siguiente, en 2015, ganó la Copa América con Chile, que jamás había conseguido ese logro y a fin de ese año, la FIFA lo colocó en la terna como mejor DT junto a Pep Guardiola y Luis Enrique Martínez.
Sampaoli vive a 30 kilómetros de Sevilla con sus seis perros y su cuerpo está lleno de tatuajes (en brazos,  espalda, tobillo y la zona intercostal) con los nombres de sus hijos Sabrina y Coco, y con frases de bandas de rock antisistema como “Callejeros” y “Los Redondos”, ambos involucrados en recitales muy conflictivos que acabaron con la vida de jóvenes por problemas organizativos.

Se afeitó la cabeza a los 25 años, adelantándose a la pelada que le quedaría, y es hiperkinético. “Si no me muevo, no puedo pensar, por eso voy de una punta a la otra en el corralito. Lo intenté mejorar con un psicólogo pero no pude. Parezco más un entrenador de basquetbol que de fútbol, soy de esa línea”.

Pablo Paván, periodista de Casilda, y autor del libro biográfico:”No escucho y sigo” –tema de la banda de rock “Callejeros”, a cuyo líder, Pato Fontanet, prometió visitar en la cárcel, cree que su principal virtud “es que sabe lo que vos estás pensando, te lee la mente todo el tiempo, y te entrena como te identifica, es muy perceptivo, y es un loco del entrenamiento y de ir a los gimnasios (de ahí sus brazos tan desarrollados pese a un físico pequeño)”.

Hay un tema musical dedicado a él que se llama “Sol Naciente, por el grupo de rock “La Loca”, de Casilda: “Veo tus ojos, me dicen quién sos…sos como el Sol Naciente que mira a los ojos de Dios….Sampaoooo, Sampaoooo”.

“Trato de luchar contra el jugador oficinista, y lo dice alguien frustrado porque no ha podido ser jugador. Nosotros los entrenadores  atentamos contra el disfrute porque los partidos se ponen tediosos y aburridos. El sabor del juego no tiene que modificarse por un resultado. Nos puede dar bronca perder pero la idea no se va a modificar por un resultado. Tenemos que saber que cada vez que entramos a una cancha, la gente estará eufórica desde el principio hasta el final. Es nuestra obligación. Hemos generado algo que no podemos traicionar”, le dijo hace poco a Jorge Valdano para BeInSports TV. El conductor, campeón mundial en 1986, aceptó que tras el primer café de su vida con Sampaoli pensó “está loco”.

Es que Sampaoli es así. En el partido vs Uruguay por las eliminatorias, tuvo un cruce con Godín cuando se acercó a la línea porque lo veía manejar el partido, para desequilibrarlo emocionalmente. Discutieron pero luego se arrepintió y lo llamó por teléfono para disculparse y hablaron largo de fútbol.

Siempre admiró a Messi (“Cristiano es un jugador grandioso, especialmente en el último tercio, pero tuvo la mala suerte de que en su mismo tiempo jugara Messi”, llegó a decir).


Con Messi se encontró en la ceremonia del Balón de Oro 2015 junto a sus familias en el cóctel posterior y se saludaron, incluso con su padre Jorge y sus propios hijos. 

“Comparar a Messi con Cristiano Ronaldo es como comparar a un gran policía con Batman”, dijo, polemista inevitable.

lunes, 24 de abril de 2017

El genio de Messi gana el Clásico y cambia la Liga española (Jornada)




Los hinchas del Barcelona no olvidarán el 23 de abril de 2017.  Como regalo de la hermosa fiesta catalana de Sant Jordi, que conmemora el Día del Libro por los nacimientos de Miguel de Cervantes y de William Shakespeare en 1616, su equipo no sólo ganó el Clásico ante su eterno rival, el Real Madrid, en el estadio Santiago Bernabeu en el último minuto sino que se metió en la pelea por el título de Liga Española a cinco fechas del final y todo esto fue posible por un único jugador, el genio del argentino Lionel Messi.

Es que para los amantes del fútbol de Messi, para la legión de millones de aficionados al fútbol de todo el mundo, lo que hizo el super crack de los cinco Balones de Oro de la FIFA fue extraordinario y resultó absolutamente decisivo en el partido: además de sus dos goles, con los que llega a la increíble marca de 500 en 577 partidos oficiales con esa camiseta, hizo expulsar a Sergio Ramos, por una falta grave, y debió irse con tarjeta roja también Marcelo (perdonado por un muy permisivo árbitro José Hernández Hernández), por un descalificador codazo en su boca que la hizo sangrar, al punto de que Messi jugó todo el primer tiempo con una venda en la zona o en su mano.

Pero nada le importó al guapo jugador argentino, que contrariamente a lo que sostienen algunos pocos detractores que le quedan (un buen porcentaje, insólitamente, provienen de su propio país), en vez de regresar al campo desde su sangrado con ánimo revanchista hacia su agresor, o de reclamar por la descalificadora falta, decidió responder con su juego y sus goles y asistencias, la mejor conducta esperable para un gran deportista.

Messi fue absolutamente determinante en un Clásico que venía precedido de supuestos contrarios a lo que acabó ocurriendo en el Santiago Bernabeu. El contexto era muy propicio para el Real Madrid. Por su localía, por su extenso liderazgo en la Liga, por su envión anímico tras eliminar (aunque con mucha polémica) al Bayern Munich en la semana y clasificarse a semifinales de la Champions League, y porque justamente el Barcelona tenía que jugarse el todo por el todo como visitante, con un ambiente hostil, y tras quedar eliminado de la copa europea por la Juventus en el Camp Nou.

Como lo anímico juega mucho en cualquier deporte y el fútbol no es la excepción, los primeros minutos del Clásico mostraron eso mismo. Un Real Madrid avasallante ante un Barcelona cauteloso, y hasta con un Messi no demasiado participativo.

Pero bastaron dos o tres toques, asociaciones con sus compañeros Andrés Iniesta y Luis Suárez, para que Messi se fuera entonando y su mentalidad resiliente lo fue empujando a comprometerse definitivamente con el partido cuando recibió aquel codazo de Marcelo que lo hizo sangrar.

Desde ese momento, Messi se involucró, se mentalizó, puso toda su genialidad a disposición de su equipo para contribuir a que el Barcelona recuperara la memoria por el juego de posesión, perdida en buena parte de esta insípida temporada que parecía encaminarse como mucho a la consecución de la Copa del Rey, si es que gana la final ante el Alavés, aún pendiente.

El Barcelona le fue quitando la pelota al Real Madrid, que comenzó a apelar al arma que mejor maneja en los huecos que le quedaron: el contraataque, máxime que Gareth Bale volvió a lesionarse y su entrenador Zinedine Zidane optó por el joven hábil y veloz Marco Asensio.

Se armó entonces un partido espectacular, con mayor posesión de pelota por el Barcelona, una ida y vuelta con los contragolpes del Real Madrid, y si no fuera por la excelente intervención de los dos arqueros, Marc Ter Stegen en el Barcelona y Keylor Navas en el Real Madrid, acaso el resultado final habría sido de muchísimos más goles.

Pudo ser empate, pudo ser del Real Madrid, pero si fue para el Barcelona es por Messi, quien en situaciones como éstas, de gala, de partidos importantes, decisivos, aparece para que quede claro quién es el mejor jugador del mundo, capaz de cualquier hazaña, como la de marcar en el último segundo, sacarse la camiseta, mostrarla a su público en un silencioso Santiago Bernabeu, y colocar a su equipo otra vez en la lucha por el título.

¿Qué pasará ahora? Difícil pronóstico para la Liga. Los dos comparten la punta, a cinco fechas del final, pero el Real Madrid tiene un partido pendiente en Vigo ante el celta de Eduardo Berizzo, que debe disputar la semifinal de la otra copa europea, la Europa League, ante el Manchester United, mientras que en la misma semana, a los blancos le espera el Atlético Madrid por la semifinal de la Champions League.

Todo indica que la definición será partido a partido, punto a punto, pero en caso de empate en puntos, el campeón será el Barcelona porque en los enfrentamientos entre los dos, empataron en el Camp Nou y los azulgranas vencieron en el Bernabeu.

Una vez más, por si no quedaba claro, Messi puso las cosas en su lugar y es el “puto amo” del fútbol mundial, aunque todavía existan algunas mentes antojadizas que osen discutirlo. Cada vez les queda menos margen.



domingo, 23 de abril de 2017

El genio de Messi calienta la Liga (Yahoo)




Ya nada es lo mismo en la Liga Española. Si bien el Real Madrid fue líder durante casi todo su trayecto y apostó fuertemente por ganarlo, la inesperada derrota en el Clásico ante el Barcelona y de la manera en que se produjo, sobre el final, probablemente cambie todo a sólo cinco jornadas, y el gran golpe lo produjo, una vez más, Lionel Messi, el mejor jugador del mundo.

Por si faltaba poco, Messi jugó un partido para el recuerdo, no sólo por los dos goles (llegó a la marca de 23 y es el máximo anotador del Clásico), ni tampoco por la lesión que padeció en la primera parte por un durísimo codazo de Marcelo que mereció la expulsión, sino porque alcanzó la cuenta de 500 tantos oficiales con el Barcelona, que en 577 partidos, lo transforma en un superdotado para jugar al fútbol y será muy difícil que estas cifras puedan ser emuladas en el futuro.

Nos detenemos un instante en Messi porque no se trata de un jugador normal. Incluso, puede señalarse que no había comenzado el Clásico de la mejor manera, tal vez influido, como el resto de sus compañeros, por la reciente eliminación de la Champions League a manos de la Juventus y con total claridad, y acaso por esta razón, se lo veía al principio lejos de las jugadas de ataque, como desconectado.

Pero bastaron un par de pequeñas asociaciones con Andrés Iniesta o Luis Suárez para que Messi no sólo fuera acercándose a sus rendimientos habituales sino que, al contrario que muchos jugadores, se potenció desde  la lesión del codazo de Marcelo que le hizo sangrar la boca y provocó que jugara toda la primera parte con una venda.
Contrariamente a lo que alguno pudo apostar, esta acción de Marcelo despertó definitivamente al genio, que en vez de buscar revancha por la violencia, o siquiera reclamarle algo a su agresor, respondió dentro de la cancha con el mejor fútbol posible, al punto de colocar ahora al Barcelona en una situación mucho más cercana a la lucha por el título de Liga que lo que los propios hinchas culés podrían imaginar.

El Clásico fue trepidante de principio al fin porque tanto Real Madrid como Barcelona cuentan con jugadores para ello. Los blancos tienen una enorme capacidad de gol, aunque menguada en parte por un Gareth Bale que no estaba en buena condición física y tuvo que ser reemplazado por el veloz y muy hábil Marco Asensio, pero esta vez, como les suele ocurrir contra los azulgranas, perdieron el control del balón y si bien respondieron golpe por golpe cuando pudieron, quedó claro que este juego les molesta.

Un partido tan roto, con equipos tan ricos pero distintos, admite pocas posibilidades de análisis táctico. Sí es llamativo que el Real Madrid, con sus dos laterales (Dani Carvajal y Marcelo) en tan buena forma, no lograran sacar tanto rédito de sus bandas ante Sergi Roberto y Jordi Alba, pero en gran parte se puede explicar desde la pérdida del control del balón.

En este sentido, el Barcelona lamentó mucho la falta de Neymar en su extremo izquierdo porque es evidente que no es lo mismo con Paco Alcácer, mucho más centrodelantero, que no se hallaba cómodo en la posición y tampoco André Gomes, quien ingresó luego, puede jugar allí.

Una vez más, Real Madrid y Barcelona no defraudaron con el espectáculo que brindaron, con enorme cantidad de situaciones de gol, la mayoría de ellas, de mucha dificultad para los porteros, fue controlada por la excepcional actuación de Ter Stegen y Keylor Navas, porque de lo contrario, el resultado final pudo haber sido muchísimo más alto en goles.

La diferencia residió en un solo jugador. Absolutamente determinante cuando se lo propone, o cuando las circunstancias de los partidos lo ameritan. Si hacía falta, en este Clásico Messi volvió a demostrar que más allá de los muchas veces equivocados planteos tácticos de Luis Enrique, o de la falta de un banquillo de calidad en este Barcelona, o de un mal estado anímico por una reciente eliminación, es capaz de ponerse al hombro todo eso y cambiarlo en un chasquido de dedos.

Cuando Messi se encuentra en estas ocasiones especiales, cuando encuentra una motivación, cualquiera sea, ni siquiera Cristiano Ronaldo y su gran capacidad de gol y su potencia, pueden equilibrarlo. No hay mucho que hacer y el genio se destaca sobre una gran mayoría de cracks, como los hubo en este partido.

Messi no sólo marcó dos goles, ambos de gran factura, sino que asistió varias veces más a sus compañeros, hizo rodar el balón al estar en ventaja, hizo expulsar a Sergio Ramos, con una entrada de mucha violencia, y también debió haber visto la tarjeta roja Marcelo.  Una síntesis como para tener en cuenta el contexto de lo que estamos relatando.

En partidos de la importancia de un Real Madrid-Barcelona, cuesta creer que Messi “sólo” tenga cosechados cinco balones de oro, o que su Barcelona no haya podido ganar más Champions Leagues, acaso por una política equivocada en la elección de entrenadores y de fichajes que completen una plantilla acorde al genio.

¿Qué sucederá de ahora en más con la Liga? Parece de difícil pronóstico y ahora sí que el partido pendiente del Real Madrid en Vigo ante el Celta se torna fundamental y luego será jornada a jornada, punto a punto, y con un agregado importante: en caso de igualdad en el primer lugar, al final del torneo, el campeón será el Barcelona, por el sistema de enfrentamientos entre los dos candidatos.

Este impensado vuelco en la Liga, más allá de que los Clásicos nos ofrecen muchas variantes en los últimos años, lo ha dado un solo jugador, que está hecho para romper todos los registros a partir de su excelso juego y su enorme poder de resiliencia, y no es otro que Lionel Messi.


miércoles, 19 de abril de 2017

Las dos caras del fútbol en Madrid y Barcelona (Yahoo)



Siempre se dijo que las dos caretas que representan el teatro, no hacen otra cosa que interpretar en un momento lo que es la vida misma, una sumatoria de alegrías y tristezas, como oposiciones permanentes, y no es distinto lo que ocurre en estas horas en Madrid y en Barcelona, cuando el próximo domingo deben enfrentarse en un partido decisivo de la Liga Española.

No sin polémicas, como viene ocurriendo reiteradamente con los blancos, el Real Madrid todavía sueña con ser el primer equipo que pueda ganar dos Champions Leagues consecutivas al eliminar, luego de mucho sufrir en el Santiago Bernabeu, y en el tiempo extra, a un muy fuerte Bayern Munich y con un polémico arbitraje del húngaro Víctor Kassai.

El Real Madrid recién pudo sacar clara ventaja en el alargue, tras caer 1-2 en los noventa minutos, y allí explotó su jugador de más por la expulsión del chileno Arturo Vidal,  aunque también debió irse antes de tiempo Casemiro y sin embargo, permaneció en el campo.

También quedan en la duda dos de los tres goles de Cristiano Ronaldo, por un evidente fuera de juego en uno de ellos y posiblemente en otro (aunque esta jugada es muy fina) pero sí es evidente su potencia y su enorme capacidad para definir, con cinco tantos en dos partidos ante un rival temible como son los alemanes del Bayern, que se sintieron estafados por el arbitraje.

Más allá de las polémicas, el Real Madrid tiene, en este tiempo, un equipo potente, con mucho gol, con variantes, con un gran Sergio Ramos en la defensa pero especialmente con dos laterales que son de los mejores del planeta y si el brasileño Marcelo no es postulado en este tiempo para el Balón de Oro sólo puede deberse a la posición que ocupa en la cancha. No hay otra explicación.

Lo concreto es que Real Madrid, como la Juventus o el Bayern Munich (ya eliminado) cuenta con una plantilla de gran calidad y en la que los habituales suplentes pueden ser titulares sin que la estructura del equipo se resienta, cosa que no ocurre con el Barcelona.

Los de Luis Enrique fueron eliminados esta vez de los cuartos de final ante la Juventus sin ninguna chance de remontada, lejos de aquella jornada heroica de la vuelta de octavos de final ante el PSG. Esta vez, ni siquiera la célebre MSN pudo marcar un solo gol ante los italianos en tres horas de juego de los dos partidos, lo que también es una clara demostración de la solidez de una defensa que parece un muro y que sólo recibió dos tantos en la competición.

Es la segunda temporada consecutiva, luego de ganar la Champions en 2015, que el Barcelona no pasa los cuartos de final, lo que nos dice mucho más que un resultado, sino que está demostrando que estamos ante el fin de una etapa, aunque consideramos que no de un ciclo, como rápidamente algunos medios intentan encender las alarmas.

No está en duda la filosofía de juego del Barcelona, ni tampoco la mayoría de sus ejecutantes, que se encuentran en una mediana edad, sino que el equipo necesita de ciertos recambios en algunas posiciones (se quedó sin lateral derecho puro tras la salida de Daniel Alves, hay pocos volantes de peso, y especialmente uno que reemplace al cada vez más veterano y discontinuo Andrés Iniesta, y un club de este renombre requiere de un portero contrastado y que marque la diferencia).

Con la salida de Luis Enrique asegurada, el Barcelona tendrá que buscar un entrenador que no tema meter mano en la estructura y la dirigencia, fichar jugadores que devuelvan la confianza a un plantel que por ahora tiene no más de trece jugadores de un mismo nivel pero el resto se encuentra varios escalones abajo.

Este Barcelona parece resquebrajado, muy lejos de otros tiempos, y es claro que Luis Enrique no ha estado a la altura y que el próximo entrenador tendrá que regresar a las fuentes de los tiempos de Frank Rikjaard o Josep Guardiola.

El destino quiso que el domingo, Real Madrid y Barcelona tengan que jugarse gran parte de la Liga en un Clásico que tendrá muchos elementos para el análisis en el Bernabeu, y al que ambos llegan anímicamente  con las mismas expresiones que las dos caretas del teatro. Uno, Real Madrid, puntero, local y clasificado para las semifinales de Champions. El otro, Barcelona, a tres puntos y con un partido más, y eliminado de la competencia europea.

Pero en Madrid hay otro equipo alegre por estas horas y no es para menos. El Atlético, siempre dirigido por el argentino Diego Simeone, llegó a la hazaña de su tercer semifinal de Champions en cuatro temporadas, luego de tirar de oficio para empatar 1-1 en el muy difícil escenario del Leicester, último campeón inglés.

Cuando el Atlético Madrid cayó por penales en la final pasada ante su rival de la ciudad, el Real Madrid, muchos pensaron que sería muy difícil remontar aquella situación al año siguiente, pero este equipo ya ha demostrado carácter y un sistema aceitado que ha potenciado a sus jugadores y que hoy le permite estar a dos partidos de una nueva definición europea.

La serie contra el Leicester fue tan dura que acabó definiéndose por un dudoso penal (la falta había sido fuera del área) en el Vicente Calderón y por un gol inicial de Saúl en Inglaterra, para luego resistir los embates locales y sacar adelante la revancha.
El Atlético, con mucha experiencia europea, y lentamente consolidado en el tercer puesto de la Liga, promete ser un durísimo rival para el equipo que le toque en suerte en semifinales de acuerdo con el sorteo del próximo viernes.

Completa el cuadro de semifinales, junto a Real Madrid, Atlético y Juventus, el sorprendente Mónaco, líder en la Liga Francesa y con un juego a gran ritmo con un ataque demoledor, desde la gran promesa que significa Kylian Mbappé, hasta el gran momento que vive el colombiano Radamel Falcao, ahora sí, definitivamente salido de su larga lesión.

Cuatro equipos muy  diferentes entre sí, y un gran atractivo para esta Champions latina, que llega a semifinales mirando a Cardiff, el escenario de su definición.


La salida de Tinelli abre muchos interrogantes en la AFA



Y de repente, sea por cuestiones estrictamente de salud o sea en parte por ellas y en parte por hartazgo por la situación final planteada en la AFA (¿acaso que le hayan bochado a Mariano Elizondo del Grupo Indalo, para CEO de la Superliga?), o por apostar a una limpieza de cara y volver más adelante con una candidatura presidencial,  Marcelo Tinelli decidió abrirse del fútbol y renunciar a sus tres cargos al mismo tiempo, el de vicepresidente de San Lorenzo de Almagro, el de la coordinación de Selecciones Nacionales, y el de futuro presidente de la Superliga.

Más allá de que hay testigos directos de que el showman televisivo andaba con problemas de salud y especialmente de stress (y por eso, iría a consultar al mismo médico italiano que atiende a Lionel Messi, quien se lo recomendó), la salida de Tinelli de los tres cargos cambia bastante el mapa del poder de la AFA y confirma que los dos protagonistas del esperpento del 38-38 del 3 de diciembre de 2015, finalmente quedaron fuera del poder.

Luis Segura alcanzó a ser presidente interino tras la muerte de Julio Grondona el 31 de julio de 2014 pero si se mantuvo poco más de un año en la formalidad del sillón de Viamonte fue porque desde el inicio mismo de su gestión, se reunió con los presidentes de los cinco clubes grandes para conseguir su respaldo.

Pero ya en 2015 gobernaba muy poco y eran los clubes grandes, en ese momento con Matías Lammens a la cabeza, los que manejaban los números hasta que el presidente de San Lorenzo se retiró indignado y tomando mucha distancia.

Desde siempre, la competencia fue de dos listas grondonistas, la de Segura-Claudio “Chiqui” Tapia fue la continuidad directa de una forma de manejar el poder del fútbol, clientelista y con la idea de cierta fuerza de los clubes chicos e intermedios aunque nada federal, mientras que la tinellista fue más adaptada al siglo XXI, con el uso de medios de comunicación, marketing y redes sociales, pero siempre con la misma idea de fondo: cambiar algo para que nada cambie en serio.

Tras la intervención, un mix del Estado y la FIFA, Tinelli fue perdiendo terreno porque Tapia y su suegro, el sindicalista camionero Hugo Moyano, desplegaron su juego, consiguieron el apoyo político de Daniel Angelici como comisario enviado por el gobierno de Mauricio Macri al fútbol, y por fin se pudo llevar a cabo el pacto entre los dos sectores que ya había cerrado a mediados de 2016 pero que fue vetado entonces por el Gobierno de Macri por la falta de protagonismo del Grupo “Clarín”.

La gran pregunta es si con la salida de Tinelli, el tándem Tapia-Angelici seguirá respetando el pacto preexistente, dejando al adláter de Tinelli en la fallida lista opositora para las elecciones de presidente de AFA del 29 de marzo pasado, Rodolfo D’Onofrio, presidente de River, a cargo de la nueva estructura que fiscalizará el torneo de Primera División desde Puerto Madero, por fuera de la AFA.

No parece fácil, porque D’Onofrio hace su propio juego, se encuentra ahora ligado a la FIFA, y habría que ver si Angelici, viejo adversario y presidente de Boca, acepta un contrapeso como el de River en la Superliga, además de que la verdadera razón de ser de ésta es la de abrir una ventana a la chance de que se acepten las sociedades anónimas en el fútbol, viejo anhelo macrista desde los años noventa.

Todavía quedan varios meses para el inicio de la próxima temporada 2017/18, en la que la Superliga debería entrar a correr, y no sería de extrañar que Tapia-Angelici apuesten al desgaste (que ya dejó sin lista a los rivales para los comicios presidenciales del 29 de marzo) y a que sus adversarios acaben diluyéndose, toda vez que el tercer dirigente de peso opositor, el presidente de Vélez Sársfield, Raúl Gámez –en verdad, el más duro frente al grondonismo en los 35 años de mandato-, se encuentra aislado porque no comulga demasiado con el tinellismo, y ni siquiera pudo votar porque su club era uno de los ocho promedios más bajos en la tabla.

Con este contexto, y con la incertidumbre sobre si el pacto continúa con D’Onofrio o con Juan Sebastián Verón, al mismo tiempo jugador y presidente de Estudiantes de La Plata, lo que parece cada vez más claro es que el grupo de los presidentes de clubes grandes que ya maneja AFA (Boca, Racing, Independiente y Huracán) no quiere dejar de poner un pie (o más) en la futura Superliga,  y en el caso de Angelici, también ser comisario político de ésta para tener, en lo posible, todo bajo control gubernamental.
Claro que el gran problema, en el caso de que Verón quede a cargo de la Superliga, es poner la lupa sobre el CEO, porque si en la AFA no tienen peso, sería extraño que River y San Lorenzo se quedaran fuera de todo el sistema, tanto en Viamonte como en Puerto Madero. El pacto preexistente indicaba lo contrario.

Pero hay otro frente que entra ahora en un problema mayor y es la selección nacional. Sin Tinelli, el mayor interlocutor de los jugadores de peso, todo vuelve a quedar en manos de Tapia, al que muchos reconocen haber puesto la cara (y hasta dinero de su bolsillo) en los momentos de mayor crisis institucional, como durante la Copa América Extra de los Estados Unidos en 2016, pero también admiten que no será nada fácil el manejo del marketing en la nueva situación.

Tapia viene manejando como puede el intento de rebaja a la sanción de la FIFA a Lionel Messi, y viajó a verlo a Barcelona con el fin de persuadirlo para que se presente el próximo 4 de mayo en Zurich y no deje todo en manos de un descargo por escrito, pero habrá que ver cuáles son los manejos del grupo, y si como parece, Jorge Sampaoli está al caer como entrenador desde junio, significará que otra vez el círculo de los jugadores de peso se impuso sobre una decisión que debe ser dirigencial y no influida por quienes tienen que expresarse en el campo de juego y fuera del mismo.

Con la salida de Tinelli, comienza a desdibujarse aquel pacto de 2016 y de a poco, se va abriendo el camino para que Tapia despliegue su poder, tutelado por Angelici y por su suegro Moyano.


Es un hola al poder para el presidente de la AFA y un chau, chau, chauuuuuuuu, para quien quiso serlo, bajo la apariencia de una renovación, pero que chocó contra el establishment de la pelota, y prefirió irse, al menos por ahora.

lunes, 17 de abril de 2017

El fútbol argentino perdió la tribuna desde hace rato




La muerte de Eemanuel Balbo en el clásico cordobés entre Belgrano y Talleres, en el estadio Mario Kempes, es la número 317 por violencia del fútbol argentino en su historia, según datos de la ONG “Salvemos al Fútbol”, la que tiene los datos más fidedignos.

Hasta ahí, el dato duro, frío, de las estadísticas. Pero si agregamos que hay que recurrir a una ONG, por más bien que trabaje en el tema, por falta de datos fidedignos estatales, y  que el segundo tiempo del Clásico se jugó de todos modos sin que nadie se planteara lo contrario, y tampoco hay siquiera una mínima referencia a que se pare en los próximos días, ya la cosa cambia.

Estamos refiriéndonos, una vez más, al estado latente de violencia que rodea al fútbol desde fines de los años cincuenta, cuando –perdón por tanta insistencia en reiterados artículos en nuestro blog, pero no hay escarmiento-, cuando según el principal estudioso de esta manifestación social, el olvidado por los medios de comunicación Amilcar Romero, se produjo el gran quiebre, al regreso del Mundial de Suecia cuando en un contexto sociopolítico de violencia (el líder popular exiliado, el Plan Conintes de represión en la provincia de Buenos Aires), se quiso imponer un modelo de negocio que no coló fácil en la comunidad futbolística argentina.

Lo que se quiere decir es que esta violencia “del” fútbol (que se entienda bien, “del”, porque la genera el propio fútbol, desde su modelo instituido a fines de los cincuenta) y no “en el” fútbol, porque no cae ingenuamente, sino que la propia del fútbol es, para decirlo de modo más gráfico, una segunda capa interior a la violencia general, la capa exterior, es parte de un modelo que incluye la forma de jugar en el campo y la forma de comunicar en los medios.

Si no se entiende toda esta concatenación, estaremos siempre condenados a seguir observando estos fenómenos sin poder relacionarlos y perdiendo entonces buena parte de la perspectiva.

Para que haya ocurrido lo que ocurrió con el muchacho Balbo el pasado domingo en el estadio Kempes, tuvo que haber, necesariamente, complicidades. La estatal, porque no terminan de aparecer las políticas públicas requeridas para acabar con este problema cada vez mayor (102 muertos hasta que asumió Julio Grondona la presidencia de la AFA,  186 durante su mandato, y ya van 29 desde su fallecimiento hasta hoy), la policial, que forma parte de un entramado mafioso poco revisado por las autoridades de turno, de los medios, que sólo se dedican al tema cuando ocurre una desgracia y desde una liviandad absoluta –con escasas excepciones- y desde los propios hinchas que a veces desde el miedo y otras desde el “no te metás”, permiten locuras como la del último asesinato.

Porque no todo pasa por las políticas de prevención sino también por la propia forma de concebir el espectáculo y de la adhesión a la violencia de quienes dejan el hueco en la tribuna central porque allí debe ir la barra brava , pero también de los que aplauden a los violentos cuando ingresan, entonan sus canciones en cualquier lugar del estadio (y no sólo cerca de los que obligan) y hasta los muchos que piden autógrafos a los capos de estas mafias, como si fueran celebrities.

Por supuesto que la referencia al hincha común que por lo general justifica a los violentos y canta sus canciones forma parte de ese establishment que al finalizar el Mundial de Suecia 1958 implementó este modelo con el llamado “Fútbol espectáculo”, y con la importanción de DT extranjeros o formados en las escuelas más tacticistas europeas que generaron una enorme resistencia inicial en el público y hasta en los jugadores, y que para llevar a cabo semejante plan emparentado con agentes, ventas, fichajes y dinero rápido y grueso para que vaya a los bolsillos más inescrupulosos, hubo que reprimir a los protestantes, hasta llegar a la sofisticación actual.

Fue todo un proceso que derivó en el vaciamiento del fútbol argentino, hasta transformarse en una industria de agentes, maletines, anteojos oscuros, aviones, y centenares de millones de dólares, y en el que las barras bravas cumplen su propia función.

Por eso, este sistema necesita de un periodismo justificador de planteos resultadistas, o que se pregunte con “ingenuidad” qué es mejor, si ganar o jugar bien, o entrenadores vende-humo que trabajen con drones para plantear un partido. Porque forman parte del mismo entramado justificante.

En un fútbol que arrastra la vergüenza de muertos en partidos en los que los hinchas visitantes ni siquiera pueden ingresar a los estadios, es decir, que dos hinchadas que simplemente quieren colores distintos no pueden compartir un mismo espacio social, esta nueva muerte, la 317 de la fría estadística, sólo cumple con mostrarnos una vez más que este fútbol argentino perdió sus tribunas desde hace rato, demasiado pendiente del negocio.


Y los cómplices son demasiados.

domingo, 16 de abril de 2017

Casi todos juegan para Boca, menos Boca




Este campeonato argentino modelo 2016/17 estuvo hecho desde sus inicios a la medida de Boca Juniors. Con el resto de los equipos grandes jugando distintos torneos continentales anuales (River y San Lorenzo, sumado a Lanús, el último campeón, en la Copa Libertadores, Racing e Independiente en la Copa Sudamericana), y con otra de sus tantas inversiones millonarias, el equipo de los mellizos Barros Schelotto se encuentra ante una posibilidad clara de sumar otra estrella y proyectarse al plano internacional en 2018, pero hace todo lo posible para tropezar.

Decididamente, Boca es uno de los equipos que menos espectáculo ofrece en cada una de sus presentaciones. Pero cuenta con una delantera capaz de aprovechar cualquier error del rival, por mínimo que sea, y le basta con dos o tres minutos de acercamiento al área adversaria como para ponerse en ventaja.

El problema que tiene Boca es que ya desde los tiempos en los que el director técnico era Rodolfo Arruabarrena, hasta el presente con su reemplazante, Guillermo Barros Schelotto, nunca pudo definir una filosofía de juego, el famoso “a qué jugar”, que es la piedra basal para poder establecer un esquema que responda a esta pregunta.

De esta forma, Boca, que tiene todo para salir campeón (rivales en otra cosa, jugadores de gran calidad para casi todos los puestos) fue cometiendo serios errores en su camino, y aún así lleva cinco puntos de ventaja a su inmediato perseguidor, Newell’s Old Boys, aunque su máximo rival, River Plate, se fue acercando a seis puntos casi sin darse cuenta y aún deben enfrentarse en la Bombonera.

Boca tuvo su primer inconveniente serio, además de no haber jugado bien casi nunca, que fue la salida de Carlos Tévez al fútbol chino. Justo cuando Fernando Gago volvió de una larga lesión, se había integrado perfectamente con el “Apache” y parecía que el equipo encontraba por fin un sistema integral de juego cuando se produjo la salida del volante-delantero a Asia.

En ese momento, los mellizos Barros Schelotto encontraron un reemplazo ideal en el muy hábil Ricardo centurión, además de un goleador letal como Darío Benedetto, aunque no supieron reencauzar a Pavón, quien fue de más a menos en la temporada, hasta perderse por no tener la capacidad de saber elegir la última jugada.

La dupla técnica se empecinó con el joven uruguayo Bentancur, una de las grandes incógnitas de este tiempo: transferido en una fortuna a la Juventus, nunca pudo demostrar en Boca una mínima cuota de esa supuesta valía, pese a lo cual, ya en los últimos partidos se pudo entender parte del problema: con la nueva lesión de Gago y la del colombiano Sebastián Pérez (mal elegido, una vez más, para reemplazar a Gago), no quedó otra que colocar como volante central al otro colombiano, Wilmar Barrios, un verdadero “cinco” de marca y distribución, y éste liberó al uruguayo y alcanzó a potenciarlo un poco.

Es decir que la dupla técnica boquense, que nunca tuvo en claro el sistema de juego y tonó decisiones espasmódicas (casi siempre equivocadas en lo táctico), acabó acertando casi por azar en la mayoría de los casos: el de Centurión (por la salida de Tévez), el de Gago (porque justo estaba Tévez), el de Barrios (por las lesiones de Gago y Sebastián Pérez) y el de Betancur (por la entrada de Barrios).

A tal punto llega el desconcierto que ante la nueva lesión, ahora de Centurión, con lo que implica para un juego tan limitado del equipo, la dupla técnica volvió a fallar con la elección de Nazareno Solís en vez de Oscar “Junior” Benítez ante un rival tan pobre como Patronato de Entre Ríos y apenas un centro del delantero ingresante, en el último minuto del primer tiempo, le permitió zafar de ser cambiado por varios minutos más. Nada más que por eso.

Este Boca puntero, con tanta distancia sobre sus perseguidores, la mayoría de ellos en otra cosa, había tenido que enfrentar como local a un equipo que había perdido 0-5 la semana pasada ante un Independiente que no consigue ganar ni como local, y sabiendo que los demás resultados lo habían favorecido: el empate de Newell’s-Estudiantes, y la derrota de san Lorenzo en Tucumán.

Y sabiendo todo esto, ante uno de los rivales más pobres, como local, con tanta ventaja en la tabla y ante su público, apenas consiguió un gol en el descuento del primer tiempo y hasta llegó a ingresar Leonardo Jara, en el final, para reemplazar…¡a Pavón! Ante los entrerrianos, que se fueron acercando al arco de Rossi casi por inercia, ante el pánico del “líder” de perder dos puntos en casa.

No es que Boca haya perdido dos puntos imposibles ante Patronato. Es que fue superado pocas semanas antes por Talleres también en la Bombonera y cuando los demás resultados lo habían favorecido.

Es que los de Barros Schelotto juegan mejor de visitantes que de locales por una sencilla razón: al no tener una idea de juego, les resulta más fácil esperar a que el rival venga un poco para que deje espacio a sus espaldas que pueda ser explotado por la delantera con tanta capacidad de gol.

En cambio, como local, Boca tiene que salir a buscar los partidos, y allí sí, sin ideas, y con tantos problemas defensivos en la marca, especialmente cuando el rival es el que encuentra espacios a espaldas de los volantes, la última línea se complica y casi siempre sufre algún gol por alguna vía inesperada.

En síntesis, este Boca con dos centrales lentísimos y de muy poca salida clara, con dos laterales que atacan mejor que lo que defienden, con un volante indefinido como Bentancur, y ahora sin dos de sus jugadores más decisivos (Gago y Centurión), ve con cierta inquietud el tramo final de un torneo que estaba servido en bandeja.


Porque todos juegan para Boca. Pero a Boca le falta que Boca también juegue para Boca. Claro, para eso hace falta alguna idea. Y parece que no hay, desde hace rato.

sábado, 15 de abril de 2017

Un escenario muy complicado para el Barcelona




El Barcelona le ganó a la Real Sociedad 3-2 y sigue peleándole el título de liga española al Real Madrid. Hasta ahí, el título, el resultado, el dato frío. También puede agregarse que el fin de semana que viene, se enfrentan en el Clásico en el estadio Saniago Bernabeu y que incluso los azulgranas podrían acortar camino. 

Matemáticamente, esto es posible. Incluso, que entresemana se juegan la clasificación a semifinales de la Champions League ante la Juventus, pero debe remontar un 3-0 en contra de Turín en la ida.

Todo puede ocurrir en fútbol y más aún, con un crack de la talla de Lionel Messi, el mejor jugador del mundo. Pero…¿cuánto de todo esto es posible, en la realidad, si nos ajustamos no sólo a lo que viene jugando el Barcelona estas semanas sino durante más de una temporada?

Este Barcelona es, desde hace largo tiempo ya, un equipo deshilachado, desvencijado, que ha perdido la gracia para jugar, y que conserva, dentro de lo poco que puede, algunos pocos movimientos de tiempos de esplendor, con jugadores, en muchos casos, desgastados por el paso del tiempo, y sin ninguna idea táctica que lo haya mejorado desde la llegada de un mediocre entrenador como Luis Enrique, sostenido en muy buena parte por los hinchas que recuerdan con melancolía sus tiempos de gladiador que se hizo culé luego de haber formado parte del Real Madrid, y porque en la primera temporada obtuvo títulos gracias al Tridente sudamericano y a que le ficharon lo que le negaron a Gerardo Martino, su sudamericano antecesor.

Luis Enrique no ha aportado nada en lo táctico, no ha potenciado a un solo jugador, no ha sabido sostener una plantilla a la que se le agregaron muchos refuerzos de escaso nivel y puede decirse que hoy, el Barcelona, sólo tiene no más de trece jugadores de una misma condición para pelear un título ante un equipo completo como el del Real Madrid, que juega con otra confianza.

No sólo eso:  si en la primera temporada, Luis Enrique logró cambiar su forma de conducirse a la plantilla tras aquella derrota en San Sebastián ante la Real Sociedad, cuando parecía que se relación con Messi iba de mal en peor, ya desde la segunda, con la tregua ya declarada, el equipo se fue apagando y ya nunca recuperó un rendimiento con cierta regularidad y se fue haciendo cada vez más vertical por las continuas lesiones de Andrés Iniesta, la baja en el nivel de Iván Rakitic, y el talento, en cambio, de los tres de arriba, Messi, Luis Suárez y Neymar.

Pero ahora, ya con el anuncio de Luis Enrique de que se irá cuando acabe esta temporada, el fin de ciclo se ve hasta en la última célula blaugrana. Un equipo con escasa confianza, lento, cansado, languidece ante cualquier presión o imposición rival, que muchas veces gana porque el talento de los de arriba, especialmente Messi, acaba resolviendo situaciones complicadas ante rivales de escasa jerarquía, incluso, ante equipos como el PSG que se metió tan atrás en el Camp Nou, que pagó carísimo su racanería.

Pero bastó que apareciera en el horizonte la Juventus, un equipo mucho más sólido, con un plantel completo al estilo del Real Madrid, para desnudar el actual momento blaugrana en Turín.

Con un Luis Enrique que jamás halló la fórmula para un buen funcionamiento colectivo, volcado en el final a un esquema con tres defensores, resignando a Jordi Alba por el lateral izquierdo (cuando en el derecho nunca tuvo recambio para el egresado a la Juventus, Daniel Alves),  Jérémy Mathieu jamás pudo sostenerse ante el 2-1 que le hacían Cuadrado y Dybala, y Javier Mascherano, como mediocentro, demostró que ya no está (desde hace meses) para los trotes en esa posición que requiere de un gran despliegue, cuando tuvo que reemplazar a Sergio Busquets.

Este Barcelona, que enfrenta una semana crucial en la que le espera la Juventus en el Camp Nou yel Real Madrid en el Bernabeu, puede encontrarse, si la lógica aparece, con escasas chances en ambos frentes de aquí a pocos días, con la sola final de la Copa del Rey ante el Alavés como motivación especial y con la necesidad de renovar una plantilla muy desgastada.

Será el momento, acaso, de un replanteo general, de rejuvenecer la plantilla y de abrevar en las fuentes para recuperar aquel juego que enamoró a toda una generación.


viernes, 14 de abril de 2017

Bauza, Sampaoli, los rumores y las certezas




A siete partidos del final de la temporada 2016/17, en los que el Sevilla se juega la chance de ingresar a la Champions League de manera directa o si tiene que jugar una Pre-Champions (con alteración de su calendario y diferencia importante de ingresos), la AFA vuelve, de manera recurrente, a la carga para contratar al entrenador del equipo andaluz, el argentino Jorge Sampaoli, como director técnico de la selección nacional.

Ya lo intentó hace nueve meses, pero en aquel tiempo, la cláusula de rescisión del contrato de Sampaoli con el  Sevilla era muy alto (8 millones de euros) y con una AFA desquiciada, rota institucionalmente, y con muchas deudas y nada en sus arcas por sus eternos desmanejos, no era posible esa erogación y se optó por un entrenador más barato, accesible, dispuesto a asumir incluso sin cobrar al punto de dejar a un equipo grande que recién había tomado, como Edgardo Bauza.

Más allá de que a Bauza no le fue bien en el juego del equipo ni en resultados (luego de ocho partidos en el grupo clasificatorio sudamericano, la selección se encuentra quinta y en posición de repechaje, sobre diez equipos), el trato que recibió fue de una absoluta falta de respeto de la institución.

Bauza ni siquiera recibió la decisión de echarlo cara a cara, sino que le fue comunicada a su agente Gustavo Lescovich un domingo por la nochecita, en pleno juego de una fecha de campeonato, como para que además, el bosque tapara a los árboles que nublaban ya la visión de una prensa voraz, pero que juega su propio partido.

Claro que después, Bauza se prestó al destrato accediendo a formar parte de una extraña forma de comunicación de su salida de la selección argentina, donde los mismos que formaron parte de la decisión lo colmaron de elogios personales pero mostrándole amablemente la puerta de salida luego de sacarlo de urgencia del San Pablo. Y aún así, la prensa accedió, sin posibilidad de preguntar.

Esta misma prensa también había acudido, en San Juan, a otra ridícula situación, cuando los jugadores de la selección argentina decidieron no hablar más después del “Caso Lavezzi”, y el capitán, Lionel Messi, lo comunicó sin aceptar ninguna pregunta.
¿Por qué la prensa argentina se presta, igual que Bauza, a que la maltraten de esta forma, y ser testigo de un hecho en el que se la excluye pero se la convoca para enterarse?

Acaso porque se trata, en buena parte, de una prensa amordazada en cuanto a las grandes preguntas, a las que pueden marcar cambios institucionales, a las que afectan intereses concretos, a las que se meten en la médula de la cuestión.

Y no se trata sólo de la prensa argentina, sino de la española también. Si de este lado del océano no parece interesar (al menos hasta ahora) demasiado si Jorge Sampaoli cobró, junto a su cuerpo técnico, 6 millones de dólares en tres empresas offshore en las Islas Vírgenes cuando fue director técnico de la selección chilena y ahora acaso podría tener el mismo modus operandi con la AFA, al menos hasta que se demuestre lo contrario, también es interesante analizar el enojo de la prensa andaluza.

Desde Sevilla se considera inaceptable que la AFA se reúna con Sampaoli a siete partidos del final de la temporada del Sevilla, como si eso interfiriera en verdad con el rendimiento del equipo en un momento clave. Es decir que se trata de un hecho, por un lado cultural, y por otro, de una absoluta hipocresía.

Desde lo cultural, en España se le da muchísima más importancia a las formas que en la Argentina. Entonces, si las negociaciones entre la AFA y Sampaoli se llevan a cabo, pero no se ven los protagonistas cara a cara, no hay escándalo porque todos hacen que no se enteran, pero si se reúnen, es un escándalo y el propio Sevilla FC se ve obligado a emitir un comunicado sobre algo que ni siquiera puede constatar que ocurre (como bien hizo saber, de manera inteligente, el propio protagonista).

Nos preguntamos si, por ejemplo, cuando el Sevilla FC quiso contratar a Gabriel Mercado, cuando éste aún jugaba en River, no se  comunicaron los dirigentes del club, o un agente contratado por éste, con el representante de Mercado y/o con River Plate. ¿Y Mercado no estaba jugando aún el torneo argentino en ese momento?

Son reglas de juego de este sistema, por muy criticable que éste sea, lo cual ya es otra cuestión. Pero si existe una cláusula de rescisión por la que pagando, se rompe un contrato, y las dos partes que negocian están de acuerdo en romperlo, no hay motivos para que la AFA y Sampaoli no puedan reunirse pensando en el día después del 21 de mayo, último partido de los andaluces en la temporada.

Entonces, el enojo de los medios sevillistas está más relacionado a una situación cultural que se fue exportando a la Argentina a través de la globalización: que estos medios juegan el partido de los intereses de los clubes y no de su público, o en todo caso leen o parte de la creencia, que todo el público de su ciudad o jurisdicción es hincha de ojos cerrados, acrítico, y que sólo quiere buenas noticias, para acabar siendo más papistas que el Papa.

Por eso creemos que el sorprendente comunicado del Sevilla FC en el que advierte a la AFA sobre que hará “valer sus derechos” sobre el contrato con Sampaoli (que, reiteramos, puede romperse pagando hoy una cláusula más baja, de 1,5 millones de euros, para la temporada que viene) es más una señal ante los suyos, los hinchas, los socios del Sevilla, acerca de que se tienen que quedar tranquilos, que el DT sólo piensa en los siete partidos que quedan, que para la AFA misma.

Tanto es así, que José Castro, el presidente del Sevilla FC, es muy amigo del principal mentor de Sampaoli en la “nueva” AFA, Daniel Angelici, y el contacto entre ellos es permanente.  En todo caso, lo que generó el comunicado es la ridiculez de que Claudio Tapia, el presidente de la AFA que iba a tratar de reunirse con Sampaoli en Valencia, ahora haga de cuenta que no se reúne, pero las negociaciones siguen por todas las otras vías posibles (incluso, el agente de Sampaoli, Fernando Baredes, se encuentra en Barcelona con la explicación de que justo su hijo juega un torneo juvenil allí).

En cuanto a la prensa argentina y la globalización, ya es absolutamente habitual (y aberrante desde lo periodístico) que muchos de los que cubren las actividades de los equipos, tomen posición por ellos, y hasta a veces son tratados por los conductores de los programas radiales o televisivos, como si ellos mismos fueran la institución o parte de esos planteles que dicen cubrir.

Asistimos entonces a un periodismo deportivo que se enoja y enardece en nombre de clubes que debe cubrir, que asiste a comunicados en los que no puede preguntar, y que no pregunta , muchas veces, lo importante sobre lo secundario cuando sí tiene todas las chances de preguntar (¿ o es que los medios que tienen los derechos de TV en la Argentina lanzarán la pregunta acerca de las empresas offshore de Sampaoli cuando ellos mismos estuvieron involucrados en el FIFA Gate?).


En este contexto, no es de extrañarse que los dirigentes sean los que son y se manejen como se manejan.