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domingo, 30 de octubre de 2016

El secreto del largo invicto del Real Madrid (Yahoo)




En el entorno del Real Madrid, por estas horas, predominan las sonrisas. No es para menos, no sólo aumentó a dos puntos la ventaja como líder de la Liga Española, y con un contundente 1-4 al Alavés, sino que con esta victoria también alargó su invicto en todos los órdenes a nada menos que 26 partidos, una cifra muy importante desde que cayó por última vez ante el Wolfsburgo, por la Champions League, el ya lejano 6 de abril pasado.

Aún lejos de los 39 partidos sin derrotas de hace pocos meses del Barcelona de Luis Enrique, el segundo de la tabla de posiciones en la Liga, el Real Madrid de esta temporada se acerca con su invicto al equipo blanco de la temporada 1988/89 cuando el entrenador era el holandés leo Beenhakker, que llegó a los 34, para establecer una marca histórica, aunque con la enorme diferencia de que la plantilla actual pudo ganar la Champions en la pasada temporada y la de tres décadas atrás, no pudo conseguirlo.

Pocos imaginaban que tras la polémica salida de Rafa Benítez, y cuando aún hay quienes creen que varios jugadores blancos no lo ayudaron para salir adelante y superar aquella crisis, su ayudante Zinedine Zidane iba a salir tan pronto adelante, no sólo ganando la Champions en la misma temporada pasada que había comenzado tan mal, sino que terminó acercándose mucho y acechando al Barcelona, a la postre campeón.

Allí comenzó la racha que aún continua ahora con un equipo que no siempre consigue desplegar un juego a gran nivel ni tampoco una larga continuidad durante los 90 minutos de cada partido, y es más, atraviesa por lagunas importantes o descuidos que le cuestan goles como este pasado domingo en el inicio ante el Alavés.

Pero hay dos cuestiones básicas que están operando desde hace ya mucho tiempo a favor del equipo: la confianza, que otorga una gran tranquilidad, y el enorme poder de gol, que redunda en una particular contundencia y un altísimo promedio de gol por cada avance hacia la portería contraria.

Pese a que los averages entre los tres primeros clasificados de la Liga española en las primeras diez jornadas (poco más de un cuarto del trayecto total) es milagrosamente similar (Real Madrid tiene + 18, Barcelona +18 y Atlético Madrid + 19), es evidente que al Real Madrid le cuesta mucho menos esfuerzo la llegada al gol porque no necesita ataques persistentes para conseguirlo.

Y sumado a este dato, los blancos cuentan con un banquillo envidiable, más allá del terceto titular (la famosa BBC, Bale, Benzema y Cristiano Ronaldo), con Marco Asensio, Alvaro Morata y Lucas Vázquez, que suelen tener continuidad en sus ingresos durante los partidos, y que en la mayoría de los casos, aprovechan sus momentos para marcar, como le ocurrió al ex delantero de la Juventus ante el Alavés, pese a no contar con tantos minutos y cuando fueron pocos los balones que recibió.

Si es por el juego desplegado durante los tiempos de Zinedine Zidane en el banquillo, no parece posible señalar que los éxitos del Real Madrid tengan demasiada relación con revoluciones tácticas, ni con la estrategia en la planificación de cada partido, o por detalles de esos que logran conseguir tres puntos en alguna maniobra particular.

Todo lo contrario, Real Madrid no ha tenido, en esta temporada, ni siquiera la chance de conseguir una continuidad en su once inicial debido a diferentes circunstancias pero en especial, algunas lesiones, como ahora las de Sergio Ramos o Luka Modric, o al inicio de la temporada, las de Keylor Navas o el propio Cristiano Ronaldo.

Así como desde que promedió la temporada pasada, Zidane fue encontrando un equipo titular que se repetía de memoria (para muchos entrenadores esto es lo ideal, porque se puede trabajar mejor con esta continuidad), ahora el equipo parece moverse mejor en la soltura de la tranquilidad de saberse casi imbatible y sin que detrás de la línea de cal, un entrenador obsesivo vuelva locos a los jugadores con indicaciones constantes.

Si hasta el final de la temporada pasada, Zidane había modificado sólo el mediocampo haciendo ingresar a Casemiro para adelantar a Toni Kroos, sacrificando a James Rodríguez y a Isco, el hecho de que ambos se hayan quedado y que vayan ingresando de acuerdo a la ocasión también ha sido una ratificación de la confianza del entrenador, aunque claramente apueste por otros jugadores.

Zidane ha conseguido que cada jugador que debe salir por alguna razón de fuerza mayor, es reemplazado por otro que rinde en la misma medida (como ahora sucede con Mateo Kovacevic, Pepe, Morata o Danilo, como antes ocurriera con Kiko Casilla, Lucas Vazquez o Asensio).

Lo claro es que mucho más que futbolísticas, las razones de la larga racha de partidos sin derrotas del Real Madrid (20 victorias y 6 empates) pasan mucho más por los aspectos psicológicos: que no sólo los éxitos tranquilizan sino que el banquillo se encuentre ocupado por alguien que transmite calma y que como jugador, no sólo lo ha ganado todo, sino que buena parte de sus triunfos han sido con la camiseta blanca.


Ahora llegan partidos claves que determinarán si se trata de una racha pasajera, o si hay algún sustento mayor.

lunes, 24 de octubre de 2016

Un puesto delicado (Un cuento de Marcelo Wio)




Pero no se quede ahí parado, Obnulino, siéntese, hágame el favor. ¿Quiere algo para beber? ¿Una gaseosa cola? Sí, a mí también me vedan el sueño, pero, qué le voy a hacer, soy un adepto al agua gasesosa diluida en azúcar. ¿Una copita tal vez? 

Es cierto, no son horas de andar disminuyendo facultades, queda mucho día aún por transcurrir como para andar dándole tantas ventajas a las horas. ¿Cómo anda la familia? Me alegro, me alegro; siempre es bueno saber que los cercanos, los quiera uno o no andan bien (es que si encima uno de los menos agraciados con nuestro afecto anda más bien para el traste, eso aumenta nuestra desafección). Pero vayamos al intríngulis de la cuestión por la que lo mandé llamar, Obnulino. 

Sabe usted bien que su puesto (el puesto en sí, quiero decir, no tanto quién lo ocupa) es vital para este club; es, vital para el lubricamiento de la maquinaria del primer equipo (de sus piezas). Un puesto que requiere más bien poco esfuerzo, pero que obliga a desempeñar la labor esporádica y breve, de manera perfecta – justamente por la mezquina limitación de tiempo para realizarla; y por su relevancia. 

Entiéndame bien, Obnulino, no soy un intransigente ni un hombre dado a rigurosidades que rozan en la injusticia, en lo despótico. Ninguno estamos exentos de altibajos, de alguna que otra chambonada, de un desliz mínimo. Yo, sin ir más lejos, olvido más de una vez alguna reunión – hecho que, por lo demás, es subsanable por la vía usual de la excusa o la coartada falaces.

Fíjese usted, sin ir más lejos, mi mujer: una cocinera excelsa – justamente lo opuesto de su hermana, que no sabe distintiguir entre una sartén y una paleta de pintor; la de veces que le he dicho a mi cuñado: La tenés muy mal acostumbrada; por más dinero que haya, una mujer debe aprender sus labores por dos motivos estrictamente pragmáticos: se ahorra en servicio doméstico y, de venir las vacas flacas, la mujer ya está ducha en las artes de la casa y el rebusque. 

Y déjeme que le añada una tercera que me viene ahora mismo a la cabeza: una mujer ociosa es pasto para las concuspicencias extra matrimoniales – y estará usted de acuerdo conmigo que agarrarse un chancro con una amante tiene más dignidad a que se lo pegue a uno la propia mujer después de pescarlo en un revuelco sicalíptico; y ni que decir, si esa cuernalidad deriva en un vástago con el que hay que contemporizar a fuer de amparar el mínimo prestigio restante que a uno pudiera quedarle. ¿Por dónde iba?

Sí, si... Pues que todos tenemos nuestros más y nuestros menos, nuestros días tontos y nuestros días iluminados. Pero aún en los días en que las cosas, por una cuestión de geometría desventurada, a uno no dejan de salirle torcidas; aún en esos días, hay cosas que igualmente uno puede hacer de manera correcta por el simple hecho de haberlas hechos mil veces: tanto la atención como la costumbre conjuran el influjo de gafe bajo el que uno pudiera andar discurriendo. ¿Me sigue, Obnubilio? Obnubilino, perdón. 

Ve, altibajos, pequeños errores, pero que no acarrean mayor consecuencia que una leve corrección de su parte. Así pues, Obnubilino, lo de usted el otro día en la final de la copa contra Poceros de San Sima, fue, y estará usted de acuerdo conmigo, de una gravedad que no admite rebajas en sus adjetivos acompañantes. 

Una chambonada, vaya y pase; pero eso, Obnubilino... Eso fue un cagadón de dar y tomar. Con decirle que tuve que contenerme de llamarlo el mismo día; y el siguiente. 
Con decirle, como usted ya ve, que tuve que esperar dos semanas para aplacar un denuedo hacia el lado de lo criminal, ya ve lo grave que es el asunto. 

Obnubilino, un aguatero no tiene que hacer mucho; no precisa siquiera estar los noventa minutos totales del partido concentrado; tan sólo en los momentos aislados en que algún jugador se acerca a tomar un poco de agua, o en alguna falta en la que el equipo médico entra y usted aprovecha para repartir bolsitas de agua. Nada, en definitiva, a cambio del privilegio no ya de ver el partido a pie de campo, sino de formar parte propiamente del equipo Obnubilino. 

Y una única vez en que el técnico le pide algo inusual, fuera de la rutina; algo que, por lo demás, no requería mayor intelección: las bolsitas de agua con el puntito amarillo, eran para el equipo rival. Simple. Incluso un daltónico habría podido: las otras no tenían puntito alguno. 

Y el técnico se lo repitió, no una vez, sino por lo menos diez: las del puntito amarillo son para dárselas a los jugadores del otro equipo. Pero usted, en la primera de cambio, ante una falta que paró el partido, y con sólo diez minutos del primer tiempo jugados, hizo lo opuesto de lo que le habían pedido. Y a los cinco minutos, tres de nuestros jugadores tenían unos retortijones de padre y señor nuestro. 

Y no cualquiera: el 10, el 5 y el 9. Un ojo el suyo para patinar, que ni que lo hubiera hecho a propósito. Por esto mismo tuve que contenerme, que dejar pasar los días, repasar su historia en el club y llegar a la evidente conclusión de que usted, Obnubilino, es simplemente un grandísimo pelotudo. 

Así, pues, en vista de esta evidencia irrebatible – a lo que se suma la onerosa pérdida de la copa (no quiero entrar en detalles pecuniarios de lo que supone para las arcas del club alzarse con un trofeo como ese) -, el club ha decidido dejar de contar con su riesgosa prestación de servicios – una verdadera amenaza para la salud de los jugadores, para la economía y la honra del club. 

Desde ya, estaré encantado de escribirle recomendaciones para otros clubes. Por favor, salude a su familia de mi parte, especialmente a su madre. No sabe cuánto me he acordado de ella estas últimas dos semanas.

domingo, 23 de octubre de 2016

¿Una Liga para más de tres equipos? (Yahoo)




Tras nueve jornadas ya disputadas, casi un cuarto del total de la Liga Española, apenas tres puntos separan al líder (Real Madrid) del quinto en las posiciones (Atlético Madrid) en un torneo que puede ser apasionante desde la paridad de los que pelean por obtener el título.

Al menos es la primera vez, en muchos años, que no sólo no se cortan solos el Barcelona y el Real Madrid, siempre animadores del certamen, y que tampoco sea sólo el Atlético Madrid el que se les haya sumado, como ocurrió en los últimos tiempos, con un presupuesto sensiblemente menor a los dos más poderosos. Ahora se les han sumado el Sevilla y el Villarreal, y a entender por sus campañas, no parece que se vayan a caer muy fácilmente.

Los cinco equipos se encuentran disputando, al mismo tiempo, los grupos clasificatorios en los torneos europeos, y no parece casualidad que todos ellos se encuentren con altas chances de clasificación para la ronda siguiente.

En este caso, si Real Madrid, Sevilla, Barcelona y Atlético Madrid parecen poder avanzar a los octavos de final de la Champions League, el Villarreal es líder en su grupo de la Europa League y no sólo eso, sino que tanto en la competición continental como en la Liga se encuentra invicto en los doce partidos que ha jugado en la sumatoria de ambos.

Si el Villarreal venció 2-1 a Las palmas en la recientemente jugada novena jornada de la Liga y comparte el tercer puesto con el Barcelona, con 19 puntos, uno de sus fuertes es el orden y el aspecto defensivo con 16 goles a favor y apenas 5 en contra.

En el liderato de la Liga se encuentra en solitario el Real Madrid, esta temporada especialmente enfocado a ganar el torneo local, luego de haber conseguido la undécima Champions en la anterior.

Los blancos reconocen que la preponderancia y el dominio de su poderoso rival, el Barcelona, ha sido demasiado grande  en este aspecto y si bien el rendimiento que han conseguido de momento no ha sido parejo y se han impuesto en muchos partidos gracias a la enorme potencia de su ataque, que cuenta con un impresionante recambio, también es cierto que vienen sacando adelante la mayoría de los compromisos aún cuando su gran estrella, el portugués Cristiano Ronaldo, no parece estar en su mejor forma.

Este fin de semana pasado, ha debido sufrir demasiado para vencer ajustadamente y cerca del final al Athletic de Bilbao, de buena temporada, y cuando el equipo vasco, que no pudo contar con su goleador Aritz Adúriz, perdió dos grandes oportunidades de marcar por fallos increíbles de su reemplazante, Iñaki Williams.

La diferencia que hace el Real Madrid se basa mucho en su poder atacante, y si Karim Benzema ya había marcado en la primera parte, Alvaro Morata, su reemplazante, pudo hacerlo en la segunda, en la que también ingresó Lucas Vázquez.

El gran partido de la jornada, en cuanto a la trascendencia del enfrentamiento, fue el que jugaron en el estadio Sánchez Pizjuán el Sevilla y el Atlético Madrid, ambos dirigidos por obsesivos entrenadores argentinos, Jorge Sampaoli y Diego Simeone.

Como no podía ser de otra manera, el partido acabó siendo muy trabado, intenso, físico y táctico, y por fin luego de una larga racha sin conseguir la victoria ni marcar goles ante este rival, el Sevilla consiguió no sólo vencer sino colocarse cómo único escolta del Real Madrid con 20 puntos, uno menos que el líder, y con muy buenas perspectivas, aunque deberá refrendarlo en apenas dos jornadas, cuando en el próximo compromiso como local deba recibir al Barcelona.

El Sevilla tampoco ha conseguido aún un funcionamiento que pueda decirse que es definitivo, pero sí va logrando una gran solidez y en especial, se van asentando dos jugadores clave, como el argentino Franco Vázquez y el francés Samir Nasri, ejes fundamentales para conectar a los volantes con el ataque, y que se suman a la gran presencia del también francés Steven N’Zonzi, autor de un gran gol filtrándose por el medio ante los “colchoneros” de Madrid.

Si bien para el Atlético Madrid puede haber sido una derrota que lo deja a tres puntos del líder, el equipo de Simeone venía de una larga racha de buenos resultados y no parece, tras tantas temporadas en la élite, que un resultado negativo pero tan ajustado, vaya a variar ni e´esquema ni el ánimo para el futuro, y de hecho en apenas tres jornadas, en el Vicente Calderón, tiene la chance de enfrentar en el derbi al Real Madrid y en ese caso, de obtener un triunfo, volver a la gran pelea por el título.

Por último, el Barcelona convive con una gratísima noticia y una negativa. La positiva es la vuelta, y por todo lo alto, del mejor jugador del mundo, Lionel Messi, autor de cinco goles en una semana, tres de ellos nada menos que ante el Manchester City por la Champions, y dos ante un buen Valencia (ahora con el italiano Cesare Prandelli en el banquillo) en Mestalla.

Messi venía de una lesión que lo había marginado de las canchas por varias semanas, pero la capacidad del genio argentino para volver a su máximo nivel es asombrosa.

La mala noticia es la lesión de Andrés Iniesta, que chocó fuertemente con el volante Enzo Pérez en el partido ante el Valencia, y seguramente estará alejado del fútbol por algunas semanas y habrá que ver cómo resuelve Luis Enrique esta situación, máxime cuando en cinco jornadas le espera nada menos que el clásico ante Real Madrid en el Camp Nou.

Visto desde el Real Madrid, el hecho de que sea líder e invicto pero que dos de sus próximas tres salidas sean al Vicente Calderón y al Camp Nou, son buenos indicadores de lo disputada que está la actual Liga, algo que le agrega un nuevo condimento para darle un mayor atractivo.


miércoles, 19 de octubre de 2016

Entrevista en el programa "El Tren" (Radio Cooperativa, AM 770)

http://presmanhugo.blogspot.com.ar/2016/10/reportaje-sergio-levinsky.html

El asedio a la Comisión Normacrizadora




Si ya la AFA atravesaba por distintos frentes, que derivaron en la extraña intervención compuesta por un 70 por ciento del Gobierno Nacional y un 30 por ciento de la FIFA (lo que ya va contra el propio estatuto de la casa madre del fútbol mundial que no acepta ninguna injerencia estatal), es ahora esta conformada Comisión Normacrizadora la que soporta como puede (y no parece mucho) el asedio de los distintos grupos de presión para que entregue lo antes posible el poder y llame a elecciones.

La gran pregunta es si esta Comisión Normacrizadora, presidida por el titular de Belgrano de Córdoba, Armando Pérez, ha logrado cambiar algo de la situación previa a su asunción o si en cambio, sólo administró casi de la misma forma que antes lo hicieron los dirigentes que no pudieron siquiera organizar unos comicios con 75 votos, en uno de los más grandes bochornos de la historia de la AFA.

La Comisión Normacrizadora nació mal porque como se dijo en el primer párrafo, estuvo conformada por un mix inaceptable y contradictorio, que por un lado quiere satisfacer un frente, el de la FIFA, que exige un cambio de estatuto al que considera vetusto, machista, unitario y anti democrático desde el primer informe del jurista Primo Corvaro (el primer enviado desde Zurich), pero por otro es manejada desde el poder político desde los más allegados al presidente Mauricio Macri, como el titular de Fútbol Para Todos, Fernando Marín, y otros que se mueven en las sombras y que han sido desde siempre operadores del PRO.

Desde la dirigencia del fútbol, aunque con intereses cruzados que siguen siendo, de fondo, los mismos que derivaron en el bochornoso 38-38 de diciembre pasado, lo que se pretende es que se mantenga el statu quo con respecto a la FIFA, es decir, que el estatuto no permita cambios profundos y si los permite, ignorarlo desde que se produzca la vuelta al poder cuando se llame a elecciones, y de fondo, y sabiendo que el Gobierno, ahora ya oficialmente, terminará con el Fútbol Para Todos, quiere quedarse con el manejo de la gran masa de dinero que llegaría desde el aporte de los derechos de TV en la nueva etapa, cuando se habla de una oferta de Turner por 3000 millones de pesos anuales.

La dirigencia del fútbol sabe bien que la pretensión mayor del Gobierno es recrear lo que no pudo conseguir desde el “llano” en los años noventa: que se le abra la puerta a las sociedades anónimas, para lo cual hubo dos pasos muy estudiados: 1) vaciar las arcas de la AFA para mostrar que las malas administraciones necesitan un cambio de sistema, 2) avalar la implementación de la llamada “Superliga” para que en su estatuto se acepten las SA y de paso, separar a los ricos de los pobres, esto es, Primera A y Nacional B en Puerto Madero, y desde la B Metropolitana hacia abajo, que se queden solos en el viejo edificio de la calle Viamonte y se arreglen como puedan.

El punto 1) consistió en retacear el dinero que ya estaba comprometido desde el Estado para los clubes con descuentos, demoras en los depósitos y todo lo que estuviera al alcance sin importar la reacción de los clubes con menos recursos, porque de fondo nunca interesaron, mientras los grandes fueron cobrando normalmente hasta que las amenazas de paros de los torneos de ascenso determinaron que una parte del dinero de los ricos fuera a parar a los pobres y ahora el descontento parece total, pero los grandes, impulsados por el máximo aliado de Macri, Boca Juniors,  saben que el objetivo es a corto plazo y pasa por la Superliga, es decir que tiene solución. Si River Plate se opone es simplemente por el folklore de tratarse de Boca y porque su presidente, Rodolfo D’Onofrio, aún no superó el hecho de no haber conseguido la representación argentina en la Comisión de la FIFA, cuando su archirrival preside la Asociación de Clubes Sudamericanos, el émulo de la ECA europea.

Si los ricos y los pobres ahora están de acuerdo en presionar para que Pérez llame a elecciones cuanto antes, pasa por haber horadado la piedra durante estos últimos meses ante el propio Gobierno Nacional porque el presidente de la Comisión Normacrizadora tampoco resultó apto para la función y sus patinadas fueron constantes, desde la falta de recursos para mejorar el fútbol argentino, los constantes problemas de calendario en los torneos, y las inexplicables decisiones para contratar a los directores técnicos de la selección mayor (Edgardo Bauza), de la sub-20 (Claudio Ubeda) y del resto de los juveniles (Miguel Micó).

En cuanto a la Superliga, basta recordar la frase del presidente de la Asociación Rosarina, Mario Gianmaría cuando se votó por su implementación al señalar que se trató de “un día de luto para el fútbol argentino. Se creó una nueva figura jurídica, la del suicidio en defensa propia” y explicó que muchos dirigentes que levantaron sus manos, no conocían el texto que aprobaron.

La necesidad de recuperar el poder que los dirigentes perdieron en manos de la Comisión Normacrizadora está llevando entonces a un intento de golpe de Estado muy parecido a cuando los clubes grandes (a excepción de Independiente) estaban dispuestos a abandonar la AFA porque simplemente no les daban los votos para imponer la Superliga en la Asamblea.

Esto no es distinto y cuando la situación apremia, otra vez los dirigentes demuestran que no tienen ningún prurito, desde el deseo de asistir a las reuniones en Conmebol o FIFA cuando hoy mismo no tienen ninguna representación de AFA por estar ésta intervenida, o cuando le envían una carta al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quejándose de Pérez, o cuando lo hacen con el de la Conmebol, Alejandro Domínguez, por más amigo de Daniel Angelici que éste sea, o cuando recurren al escribano Fernando Mitjans, del Tribunal de Etica de la FIFA y con poder para remover a la Comisión.

Todo parece válido en pos de recuperar el poder perdido por sus propios desastres, porque no hay que olvidar que son los mismos del 38-38, los mismos que no supieron administrar el monstruoso dinero que el Estado les dio en estos siete años, y los mismos que no se ponen de acuerdo en organizar normalmente un calendario.

Mientras Macri y los suyos se frotan las manos pensando en la llegada de las SA al fútbol y buscan no dejar afuera del negocio futuro al Grupo Clarín, su máximo valedor, en lo que viene para 2017, la AFA se debate entre esta Comisión que no da pie con bola, y los dirigentes que supo albergar.

El fútbol argentino, entre Guatemala y Guatepeor. ¿Cómo elegir en este esperpento?


lunes, 17 de octubre de 2016

¿Puede la selección argentina quedar afuera de Rusia 2018? (Yahoo)




Tal como para el Mundial de Sudáfrica 2010, y otra vez contando con Lionel Messi y otras estrellas buscadas por los mejores clubes de todo el mundo, el fantasma de una posible eliminación de la selección argentina para participar en Rusia 2018 empieza a tomar forma y ya para muchos analistas, no sería una gran sorpresa que pudiera ocurrir.

La selección argentina, que sólo rescató un punto de los últimos seis ante dos de los equipos más flojos del grupo sudamericano clasificatorio para Rusia 2018 (empató 2-2 en Lima ante Perú y cayó 0-1 como local ante Paraguay), apenas si se encuentra en el quinto puesto sobre diez participantes, con lo cual hoy mismo, a ocho jornadas del final, sólo podría jugar un partido de repesca en noviembre para poder llegar al próximo Mundial y no sólo eso, sino que tiene ahora a Paraguay a un solo punto de distancia, y a Chile a dos.

Todo indica que la lucha por la clasificación a Rusia 2018 quedará desde ahora, en el grupo sudamericano, entre siete equipos para cinco lugares, debido a que Perú, Bolivia y Venezuela ya parecen excluídos, muy lejos del resto de los seleccionados, pero Brasil (21 puntos) y Uruguay (20), aparecen en los dos primeros lugares con bastante comodidad y sólidos rendimientos.

En verdad, Uruguay parece ser el conjunto más sólido y desde el inicio del grupo estuvo siempre en posiciones de vanguardia, aún sin jugar muy bien varios partidos, pero con una experimentada defensa y su gran dupla de ataque compuesta por Edinson Cavani y Luis Suárez.

Brasil, en cambio, no había comenzado nada bien y muchos dudaban de su performance en esta clasificación para Rusia 2018 cuando Dunga volvió a hacerse cargo de la dirección técnica, pero paralelamente a la selección argentina, hace cuatro partidos que cambió de entrenador y la llegada del popular Tité, pedido por la gran mayoría de aficionados, dotó de confianza y soltura en el juego, aprovechando la ola positiva que generó en el país la obtención de la medalla dorada olímpica en los Juegos de Río de Janeiro, algo que nunca antes había conseguido el fútbol de este país.
Desde ese momento aparecieron jugadores que se convirtieron en figuras, liderados por Neymar: los volantes Renato Augusto y Philippe Coutinho, y el joven delantero Gabriel Jesús.

En cambio, la selección argentina está pagando por diferentes crisis: la institucional, la grupal, la direccional y la individual.

La institucional, la más grave de todas y la que terminó generando un efecto dominó sobre el resto de las causas, se debe a que prácticamente no hay ninguna contención por parte de la federación porque la AFA se encuentra virtualmente intervenida por la FIFA a partir de una llamada Comisión Normalizadora, compuesta por cuatro personas, pero que no ha tomado las decisiones más adecuadas y ha generado una gran desorientación en los propios jugadores.

Esta Comisión, por ejemplo, llamó a concurso de antecedentes y proyectos para dirigir a los distintos equipos argentinos juveniles, pero tardó demasiado y finalmente designó para el cargo del sub-20 a Claudio Úbeda, que trabajaba en Racing Club, pero que no se había presentado, es decir que no se optó por ninguno de los candidatos oficiales, y todo a menos de tres meses del inicio del torneo sudamericano de la categoría, clasificatorio para el Mundial.

Javier Mascherano, uno de los referentes de la selección argentina, recordaba que en 2003, cuando integraba el equipo juvenil, la preparación para el Sudamericano de ese momento duró dos años.

En ese caos institucional, en el que existe la promesa de que la intervención llame a elecciones antes del próximo 30 de junio, los jugadores no se sienten cómodos, ya twittearon contra la dirigencia de la AFA en la pasada Copa América Extra de los Estados Unidos, y tampoco nunca se explicó por qué se eligió a Edgardo Bauza para la selección absoluta y no a otro entrenador.

Desde la dirección del equipo, crecen los cuestionamientos a Bauza, porque aunque éste siempre se caracterizó por buscar un cierto “equilibrio” en sus equipos, y así llegó a ganar dos Copas Libertadores con clubes que nunca antes la habían conseguido, como Liga de Ecuador (2008) y San Lorenzo (2014), esto es algo que no se percibe ahora y en los cuatro partidos de clasificación, la selección argentina apareció cortada en dos, con una línea de cuatro defensores y delante de ella, dos volantes de marca, y dejó mucho espacio entre esta línea y los cuatro de ataque, con tres jugadores detrás del único punta, Gonzalo Higuaín.

Si bien es cierto que Messi no jugó, por lesión, tres de estos cuatro partidos, también lo es que hay otros jugadores que están en un muy bajo momento de forma, como Angel Di María, que reconoce que tampoco está funcionando en el PSG, y Sergio Agüero, quien sí estaba rindiendo en el Manchester City pero que si para Alejandro Sabella, el entrenador en el Mundial 2014, podía ocupar la punta izquierda, para Gerardo Martino, en las pasadas dos Copas América, era un “nueve” que competía con Higuaín, y ahora para Bauza debe jugar detrás del “nueve” de la Juventus.

Si con Sabella, hasta 2014, el planteo era de 4-4-2 de contrataque, y con Martino era un 4-3-3 con tenencia de balón, ahora con Bauza es un 4-2-3-1, con un equipo partido que defiende claramente con seis y ataca con otros cuatro, sin mucha conexión entre las líneas, y así, los jugadores tampoco parecen muy cómodos.

Pero si algo falta a todo esto es el aspecto psicológico, lo grupal. Y en este sentido, esta selección argentina, aún con grandes jugadores, parece muy golpeada, casi quebrada y sin respuestas, luego de la enorme frustración que gran parte de la sociedad le trasladó luego de haber perdido tres finales consecutivas entre 2014 y 2016, en el contexto de 23 años sin títulos oficiales desde la Copa América de Ecuador 1993.

Ahora en noviembre, tocan nada menos que Brasil como visitante, y Colombia como local, dos compromisos que a priori parecen mucho más duros que ante Perú y Paraguay, aunque con la buena noticia del regreso de Messi.

¿Alcanzará para sacar más puntos o se profundizará la crisis para los seis partidos que quedan y que se jugarán todos en 2017? ¿Tras esos dos partidos será tiempo de un recambio en la selección argentina o Bauza seguirá respaldando a esta generación?
Son preguntas que comenzarán a tener respuesta cuando 2016 comience a despedirse y llegue 2017, el año de las definiciones.


viernes, 14 de octubre de 2016

Miedo de “derby” (Un cuento de Marcelo Wio)





La idea se me enquistó como tantas otras, como tantas veces, sentado a la mesa del ventanal que da a la peatonal Ermenegildo Zamborini. La gente pasando como las horas: anónimas, sin ton ni son. Fumando un cigarrillo tras otro. La cerveza perdiendo calor y burbujas. La idea, o esa impronta inicial que sirve de baliza y de cimiento para la sedimentación de intenciones, pulsiones, creencias que terminan por conformarla, agregándose a mi idiosincracia.

La voz del polaco Goyeneche, el viento arrastrando mugre y empujando transeúntes en la vereda, un gesto acaso imaginado (por deseado). Raro que Alfredo no hubiera llegado aún. Pedí otra cerveza por pedir algo. Encendí otro cigarrillo – ¿o era siempre el mismo, inscrito en un ciclo de polución pulmonar e inquietud anímica? Al cielo le iban creciendo amenazas frías.

Porque en definitiva, a todos les pasaría más o menos lo mismo. No era tan descabellado. No podía ocurrírseme a mí por vez primera. Nunca hay una primera vez: el mundo empezó con todas las primeras veces ya utilizadas. Y mientras tanto, se iba formando el sustrato; se iba depositando la materia de representaciones, conocimientos, intuiciones, manipulaciones. No podía ser el único. No era factible que esta idea o lo que fuese (comenzaba a pensar que era más una carga que otra cosa; digo más, una penitencia), estuviese siendo concebida por mí únicamente; que no hubiese sido ya perpetrada con anterioridad (ergo: repetía un condicionamiento inconsciente; es decir, no podía ser responsabilizado). 


Ahí estaban, arrastrados por el viento, hoy; pero siempre por las circunstancias. No era tan descabellado. Muy extraño que Alfredito aún no. ¿O me había dicho que tenía que hacer algún trámite o que tenía alguna cita o lo que fuera? No lo recordaba. Aunque, la verdad, que mejor si no venía, porque me vería impulsado a comentarle estas hilachas de pensamiento que ando uniendo como si atara sábanas para escapar de algún aislamiento. Y no quiero confesar esto. Al principio sí, porque no sabía bien la identidad de los elementos, cómo se agruparían. Pero ahora... No. 

A otros los debe estar embistiendo la misma idea. Una sensación perfectamente representada, más bien: miedo cerval. Madre mía si mañana perdemos contra Deportivo Altavista... ¿Dónde me meto el lunes en el trabajo? ¿Cómo encaro la vida después de esa humillación? ¿Cómo miro a la cara a mis hijos? ¿Cómo les explico que los hice del Tartaglia Balompié por amor, no por algún drama griego de odios parterno filiales? Me tengo que ir de la ciudad... Del país... 

¿Por qué me entró este pánico tan de repente? Mirá cómo estoy transpirando frío; tengo las extremidades como dormidas; estoy seguro de que tuve un micro-infarto o algo así... Madre mía, cómo puedo ser tan pelotudo, es sólo fútbol, che... Y el desgraciado de Alfredito que no aparece para brindarme alguna seguridad, para decirme, “no seas boludo, mirá las cosas que pensás; si los de Altavista vienen como el traste, no le ganan a nadie”. Y eso, precismante, es lo que me aterra....

miércoles, 12 de octubre de 2016

El seleccionado argentino, a punto de implosión




Implosionó la AFA tras la muerte de Julio Grondona, en julio de 2014, pero la crisis aún no había llegado al seleccionado nacional, que al menos siguió entreverado siempre entre los primeros y acabó disputando tres finales seguidas, una de Mundial y dos de las Copas América, pero ahora le va tocando al equipo, para no ser menos que los demás estamentos futboleros.

Porque no es que el equipo nacional sólo perdió un partido jugando mal, sino que lo hizo ante un rival débil, que estaba más lejos que cerca de Rusia 2018 hasta anoche, porque fue en condición de local, luego de salir de Buenos Aires hace varias fechas del grupo clasificatorio sudamericano, y porque repitió otra muy mala actuación, la tercera sobre cuatro con el nuevo director técnico, Edgardo Bauza, y completó el combo de tres muy malas performances sobre la misma cantidad de partidos, ante flojos rivales, y justamente en todos esos casos, sin su gran figura, Lionel Messi.

Este seleccionado argentino está a punto de una gran implosión (ahora en las dos próximas fechas lo esperan nada menos que el resucitado Brasil de Tité en Belo Horizonte, y la difícil Colombia deberá venir de visita, en noviembre) porque sus dirigentes nunca comprendieron que no se trata de un lavado de cara hacia el exterior, sino de una purificación interna más allá de la existencia de ventanas o miradores, que no interesan para nada.

No se trata de sorprenderse con una prensa veleta que ayer elogiaba el “equilibrio” del “Patón” y que hoy habla de “traición” a un estilo del “señor Bauza”. Tampoco es nuevo. Ya en los años cincuenta, cuando la selección argentina ganaba, su entonces director técnico era “Don Guillermo” y cuando perdía era “el señor Stábile”. Siempre las cosas fueron parecidas, aunque con la parafernalia de los medios y la necesidad de tener que decir algo a cada minuto, las cosas se exageraron hasta el límite del hastío.

Sostuvimos siempre desde aquí que todo comienza en la incapacidad dirigencial para decidir lo mejor en cada caso, algo imposible con esta gente que se encuentra en lugares demasiado privilegiados para su limitadísima condición intelectual (y en muchos casos, moral) y que nunca estuvo a la altura para manejar un timón con jugadores que en la mayoría de los casos, están acostumbrados a formar parte de los clubes de élite, en los que tienen otros comportamientos porque el contexto deportivo, social y cultural, así lo exigen.

También escribimos, en distintos momentos, que este seleccionado se acostumbró a manejarse como club de amigos, al que para acceder como director técnico se exige pagar una serie de peajes, como tener que cruzar el océano para morir al pie y aceptar condiciones que incluso pueden verse a la hora de los cambios, en los momentos en los que se producen, en quiénes son los que deben salir de la cancha, y hasta en muchas de las convocatorias.

Los dirigentes nunca han podido mantener una línea de fútbol porque conocen poco del juego, porque hay demasiados negocios que mantener y porque compraron, desde hace ya mucho tiempo, el discurso del falso pragmatismo, ése que generó que aun habiendo dispuesto de Diego Maradona para jugar en la selección nacional entre 1976 y 1994, apenas se ganara un Mundial, y aun habiendo contado con Messi desde 2005 hasta ahora, no se haya obtenido un solo título (y no sólo eso, sino que el mejor jugador del mundo de la actualidad estuvo a punto de renunciar, harto ya de estar harto).

Esta dirigencia es la que, además de los desquicios en lo económico e institucional en la AFA, se da el lujo de que algunos jugadores del plantel de la selección mayor, se quejen porque no hay aún un director técnico de los juveniles sub-20 a tres meses del Sudamericano clasificatorio para el Mundial de la categoría.

Y son ellos, los mismos que le negaron los jugadores a Gerardo Martino para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro este año, por tironeos internos, los que permitieron la llegada de la Comisión Normacrizadora (un eufemismo de los tantos para no decir Intervención del Gobierno Nacional en un 70% y de la FIFA en un 30%) que terminó eligiendo a Bauza como bien pudo haberlo hecho, por qué no, con Ricardo Caruso Lombardi.

Pero el Bauza que fue elegido como director técnico de la selección nacional, sin que nunca se haya explicado el motivo concreto acerca de por qué la decisión se tomó hacia él y no hacia otros tantos candidatos (todo parece dar lo mismo) ni siquiera se parece a sí mismo, a aquel de los tiempos de dirigir a diferentes equipos con ls que mayormente tuvo buenos desempeños.

No tuvo demasiado en cuenta, por ahora, a los que podrían ser considerados “sus” jugadores, porque aún no fue tenido en cuenta Julio Bufarini, tampoco Ignacio Piatti, escasamente Emmanuel Mas, y tampoco probó demasiado con variantes para lo que ya era la base de los ciclos anteriores, y sólo se puede contar con Lucas Pratto y Lucas Alario entre las escasas innovaciones.

Esto no es nuevo: todos los entrenadores anteriores chocaron contra la misma dificultad: un grupo anquilosado, con muchas exigencias (varias de las cuales son extra deportivas), y que a su vez las llegadas a las tres finales consecutivas, aún perdidas, generaba ciertos anticuerpos contra posibles cambios de ruta que lo alterara.
Hasta ahora, Bauza no sólo no fue capaz de cambiar la mentalidad de este plantel (acaso eso ya no sea posible y no lo fue desde que se perdió la tercera final seguida, en julio pasado), sino que tampoco pudo colocarle su impronta y pocas veces en los últimos tiempos se vio un equipo tan perdido, si bien aparecen muchas cuestiones psicológicas.

No puede decirse, de todos modos, que tras cuatro partidos, tres de ellos sin Messi, todo sea por Bauza sino que la implosión va llegando de la mano de cuestiones estructurales también, que venimos sosteniendo en este blog: el fútbol argentino, desde los años sesenta, se fue transformando paulatinamente en exportador, y fue vaciado técnicamente, mientras que el negocio de esa misma exportación fue generando la pérdida de los puestos tradicionales en el campo (llámense marcadores de punta rápidos y con oficio para jugar por abajo, marcadores centrales elegantes y de buena salida, arqueros que no den rebote, sepan jugar con los pies, y de buena ubicación, ochos con gol, diez que sean armadores y manijas de sus equipos, wines con habilidad y desborde, nueves técnicos y que participen de la elaboración para luego definir).
Simplemente, esto ocurrió porque en Europa no “se juega” como nos habría gustado seguir jugando, y hubo que elaborar la “materia prima” para la fórmula que reina del otro lado del Océano Atlántico, y ahí tenemos, como consecuencia de aquello de tantos años atrás, que ya no hay quien elabore juego, y hace falta recurrir a Ever Banega, que siendo un cinco dúctil, nos “haga de diez” ante la ausencia del genio, y por supuesto, no lo puede cumplir demasiado bien, aunque sí podría haberlo hecho mejor que anoche, con apenas haber estado un poco más adelantado.

Pero Bauza pregona el falso “equilibrio” al que hoy la gran parte de la prensa vernácula, ligada a los grandes negocios, llama defender con la mayoría y atacar con lo que sobra. Y con esa premisa, termina ocurriendo que para “asegurar” el resultado, acaba colocando a Javier Mascherano, acompañado por otro “cinco” como Matías Kranevitter, ¡para jugar ante Perú! Y como no resulta siquiera eso, y presionado por la necesidad de ganar como local, apenas si corrige colocando a Banega unos pocos centímetros por delante del jugador del Barcelona, generando, casi como principiante, una distancia sideral entre los que defienden y los pocos que atacan, que además de pasar un mal momento y de que la mochila de las derrotas les pesa cada vez más, están mal colocados en la cancha.

Un equipo sin rebeldía, sin cambios tácticos importantes, con jugadores vencidos que no encuentran motivación extra para estar, un entrenador sometido a los designios de “la familia albiceleste” compuesta por dirigentes y periodistas afines, y un sistema estructural que tampoco le permite al fútbol argentino apelar a los cambios de timón más importantes, sólo puede atinar a depender de que venga el genio de Messi, y resuelva por sí mismo.

Es decir, algo parecido a lo que ocurrió con Diego Maradona en México 1986. Al final, es el fútbol el único que puede salvar al fútbol.

Por último, también volvemos a preguntarnos qué parte de la argentinidad tiene esta selección. ¿Cuánto de argentino tiene un jugador que no conoce demasiado de su historia ni le interesa? ¿Cuánto, alguien que sólo habla con los periodistas de TV porque sabe que es lo que más repercusión tiene y en muchos casos, porque no habrá preguntas molestas? ¿Cuánto, alguien que ni siquiera saluda a su público cuando el partido termina, haya ganado o perdido?, ¿Cuánto, el que no siente como relevante salir a saludar a los cientos de compatriotas que atraviesan carencias durante todo el año y los espera horas con la ñata contra el vidrio ansiando una mano que se mueva, una sonrisa, una foto, un autógrafo?

Querer ser convocado a una selección prestigiosa, pretender ganar un título importante para la carrera de un jugador, vestir una de las camisetas con más historia y gloria, escuchar el grito con el nombre desde una tribuna, o volver a ver a sus compañeros para compartir un mate en una habitación de hotel cinco estrellas no da carnet de argentinidad, sino que es apenas un rasgo de aquellos que viven una vida de cuento de hadas y que creen, muchas veces, que le hacen un favor al fútbol argentino por venir desde sus clubes, y muchos lo creyeron (varios de ellos forman parte de su entorno), cuando es completamente al revés: son ellos los que deben sentirse afortunados por formar parte de una selección con dos Mundiales, catorce Copas América, seis mundiales sub-20 y dos medallas doradas olímpicas.


Acaso el día que esto se termine de comprender, haya claridad en las decisiones y no tiemblen los pulsos para tomarlas, las cosas puedan cambiar de una vez por todas.

lunes, 10 de octubre de 2016

En La Roja, el gran tema es la efectividad en la posesión (Yahoo)




Demasiado pronto, apenas con tres jornadas cumplidas sobre las diez totales, el Grupo G de clasificación mundialista para Rusia 2018 parece irse definiendo, y la selección española de Julen Lopetegui tiene demasiados boletos como para quedarse entre las dos primeras y sus chances son muy altas.

Sin embargo, hay varios puntos que todavía deben debatirse y que no parecen tan claros en cuanto al juego desplegado por “La Roja” desde que ha comenzado el nuevo ciclo, pero que en lo profundo, se mantienen desde los anteriores tiempos de Vicente Del Bosque.

Es que el esquema táctico utilizado por la selección española en los tres primeros partidos, pero que pudo notarse con especial énfasis en estos dos de la serie que acaba de finalizar, ante Italia y ante Albania, vuelve a mostrar algunos déficits que luego pueden llegar a pagarse muy caro en la máxima instancia y que sin embargo pueden quedar disimulados ahora, en este grupo clasificatorio, ante rivales sustancialmente menores.

Ya con Del Bosque, y en especial en el Mundial de Brasil 2014, se había notado un equipo cansado, con un ritmo lento, con toques cortos, y con demasiados volantes y escasos delanteros, algo que ahora parece repetir Lopetegui, acaso con la idea de monopolizar la tenencia del balón.

Eso de por sí no es malo, es lógico que con la calidad de volantes que tiene el fútbol español, se pretenda tener el balón todo lo posible. El problema es que sumando jugadores de buen pie pero sin tanta capacidad de gol, acabó ocurriendo que la selección española plantea todos los partidos por igual: largos dominios, por momentos hasta abrumadores, pero que no llegan a demostrar en el marcador, en el resultado, la diferencia de juego que se apreció en el campo.

Es decir que el mayor déficit que encuentra hoy la selección española es no poder concretar ese dominio en goles, en una diferencia real, y acaso esto podría solucionarse volviendo al 4-3-3, con dos extremos, un nueve goleador, dos volantes de buen pie por detrás de la línea de ataque, y continuar con un mediocentro de la calidad contrastada y la experiencia de Sergio Busquets.

En principio, con Busquets y los cuatro del fondo (habitualmente Carvajal, Ramos, Piqué y Alba), la defensa suele estar bien parada y garantiza seguridad y hasta capacidad para sumar gente en ataque si hace falta, ya sea por proyección de los laterales o la capacidad en el juego aéreo de los centrales.

Entonces, la cuestión más importante por resolver es desde el medio hacia arriba. La suma de volantes, si bien garantiza el buen trato del balón, al mismo tiempo genera menos profundidad y cuando se trata de jugar ante equipos que se saben muy inferiores, cuesta penetrarlos cuando se cierran completamente, con sus once jugadores en campo propio, y parece bastante claro que la mejor forma de abrirlos es con extremos, máxime si se cuenta con ellos como es el caso de España, que puede disponer de Nolito, Callejón, Lucas Vázquez o eventualmente, Pedro.

Es decir que Lopetegui no tiene el problema de tener que adaptarse a cierta limitación de jugadores, sino que dispone de una enorme riqueza en el momento de tomar decisiones, pero ha optado por colocar en el campo, además de Busquets, a otros tres volantes creativos (por lo general se mantienen Iniesta y Silva, y se suma Thiago Alcántara, Koke o Isco), y ha dejado en el ataque solamente a Vitolo y a un nueve como Diego Costa.

Especialmente en los dos últimos partidos, ante Italia y ante Albania, ambos fuera de casa, la situación ha sido parecida: un dominio abrumador de España, teniendo siempre el balón, pero si no fuera por sendos errores defensivos más ligados a lo accidental que al mérito de los de Lopetegui, probablemente el empate no se habría alterado en los noventa minutos.

En el primero de los casos, Italia (que sorprende por la actitud temerosa y defensiva ante España luego de haberla eliminado de otra manera apenas tres meses antes en la Eurocopa) venía cerrándose bien para conservar el empate cuando extrañamente, el experimentado portero Gianluiggi Buffon cometió un grave error que permitió la apertura del marcador, y aún así, con la necesaria aparición de espacios cuando los azzurros tuvieron que salir a buscar el empate, “La Roja” pareció no aguantar físicamente los embates hasta que llegó el empate como demasiado premio para los locales.

Ante Albania, la superioridad fue aún mayor que ante Italia, pero otra vez un error defensivo local permitió, por fin, que Diego Costa sacara la diferencia y aunque también el partido se facilitó por la supuesta apertura de los rivales a los que no les servía el empate, tampoco la diferencia fue tan grande en el marcador como la que hubo en el partido.

Basta ver cualquier partido de la selección alemana para entender a lo que nos referimos. Hoy, la selección española se encuentra, en ritmo y táctica, muy por debajo de ésta, y no se trata de la calidad de sus jugadores, sino de la idea general de juego.

El equipo de Joachim Low practica el mismo fútbol que España pero con mucha mayor movilidad, la misma o mayor posesión de balón, pero ocupa distinto los espacios y llega mucho más a posición de gol. Es decir que hay caminos alternativos para conceptos parecidos.

No parece que haya problemas en el grupo ni con la clasificación mundialista, que está encarrilada, pero una cosa es la matemática y otra distinta, el juego. Y en cuanto a éste último, si la selección española no cambia desde ahora, muy probablemente lo pague más tarde.


viernes, 7 de octubre de 2016

Argentina va para atrás




Otra vez sopa. Otra vez un rival débil, no sólo por el momento que atraviesa su fútbol sino por la diferencia que hubo históricamente con Perú, y otra vez un desempeño muy flojo, sin línea de juego, deshilachado, y dando la sensación de que el seleccionado argentino va camino de dejar de lado hasta el último vestigio de un juego colectivo que mal que mal, se había conseguido bajo la conducción de Gerardo Martino.

Puede parecer polémico, pero el empate en Lima 2-2 es lo de menos. Tampoco la clasificación al Mundial de Rusia corre demasiados riesgos con cuatro puntos sobre Paraguay, el sexto de la tabla del grupo sudamericano, que pueden ser siete el próximo martes cuando lo enfrente como local, y cinco sobre Chile, al que también deberá recibir en 2017, y con lo que la diferencia podría extenderse a los 8 puntos.

El problema no es matemático, ni de clasificación ni de resultados. Que quede claro. Pasa por otra cuestión mucho más seria y que, como saben los lectores que nos siguen desde hace años, o los que se fueron incorporando en este lapso, se viene repitiendo salvo algunos oasis muy cortitos: no se sabe a qué se juega porque no hay una idea madre sino puro pragmatismo, y eso se está pagando tan caro, que hoy una potencia mundial como Argentina, el número uno del ranking de la FIFA, pasa a ser un equipito más si su gran estrella, Lionel Messi, no juega.

Cada vez se entiende menos a qué quiere jugar su director técnico, Edgardo Bauza, a quien le seguimos dando el crédito lógico de quien comienza un trabajo, pero que se va desgastando en la medida en la que no se insinúa una sola línea, un solo concepto válido en los noventa minutos durante tres partidos, todos ellos accesibles (con Uruguay, más complejo, pero anoche volvió a comprobarse, con lo que le costó Venezuela, que no atraviesa su mejor momento en lo futbolístico).

Este equipo argentino de anoche, en Lima, dejó muy malas sensaciones. Lo primero es su falta de conexión. Bauza decidió repetir la situación del segundo tiempo ante Venezuela apelando a un extraño esquema con seis jugadores para la marca (los cuatro defensores, sumados a Mascherano y Kranevitter, que además se parecen demasiado en sus características de quite y distribución) y apenas cuatro para el ataque, dejando de lado posiciones naturales como sería, por ejemplo, dos extremos netos, un nueve y un diez.

Este esquema significaba, otra vez, como ante Venezuela, apostar a un raro “toma y daca” en el que, seguramente, el mayor peso ofensivo argentino terminaría por desequilibrar porque Perú se encontraría con una defensa parada demasiado atrás, con un primer frontón de los dos “cincos” y luego con los jugadores de ambos Manchesters de la última línea.

Eso significó que entre la línea de Mascherano-Kranevitter y los cuatro de arriba hubiera un océano, una desconexión total, y ningún enlace, porque al no haber una idea de juego, al no haber un conductor, todo quedó apostado a que “los de arriba” resolvieran como pudieran. Y el fútbol, no es eso.

Por esa misma razón hay tantos jugadores de excelente nivel como los tiene Argentina, que luego no funcionan. Puede haber algún mal momento de alguno (Angel Di María es uno de ellos y ha perdido absolutamente la confianza en sí mismo), pero de fondo, el mayor problema es su pésimo uso por parte del director técnico de turno, ahora Bauza, pero ya antes muchos otros.

Argentina, con su rica historia, con sus jugadores apetecidos en todo el mundo, con el respeto que genera su palmarés, sale sin un diez, sin un organizador, con siete jugadores detrás de la línea de la pelota, ante un equipo casi eliminado (otra vez) de un Mundial, con muy pocos puntos en su cosecha, y con apenas un par de jugadores de cuidado, como Cueva o Guerrero, y aún así, no lo puede sostener, porque no sabe a lo que juega y aún con sus limitaciones, Perú sí lo sabe.

Entonces, Paulo Dybala acaba estacionado en la derecha sin sentido y sin chances de involucrarse, Sergio Agüero, que fue extremo izquierdo con Alejandro Sabella, y nueve con Gerardo Martino, es ahora un “segundo nueve” con Bauza, y Ever Banega duerme sentado en el banco mientras Angel Correa o Nicolás Gaitán podrían ser extremos y jugar con un 4-3-3 y por supuesto, con un ocho que juegue de ocho (¿será posible este milagro, alguna vez?), como bien pudo ser Fernando Belluschi.

Pero parecería que los directores técnicos argentinos tienen que demostrar que “saben”, que tienen alguna “sorpresa táctica” para mostrar, y encontrarán siempre alguna prensa amiga que justificará todo lo de anoche en Lima en aras de la clasificación y de que “el punto sirve” para el futuro.

Este equipo bajó tanto, tanto, en tan poco tiempo, que cada vez depende más de alguna inspiración, alguna aparición goleadora del tan vapuleado Gonzalo Higuaín, de algún cabezazo salvador o de los destellos de Messi, cuando esté.

Y la tendencia, con esta clase de esquemas, no es muy favorable, aunque el tiempo dirá, especialmente si Bauza tiene la mente abierta (como sí la tiene fuera de la cancha) para darse cuenta de que éste no es el camino.


Por ahora, la selección argentina va para atrás, aunque saque puntos, y aunque se clasifique al Mundial con facilidad. No todo pasa por los resultados. Hay que jugar a algo alguna vez. Ya es hora.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Hace rato que ganaron las barras bravas



Es inútil. La pelota se la pasan los dirigentes de los clubes, la AFA, y los renovados funcionarios de turno que siguen sin tener una política estatal para la temática por una sencilla razón: no hay voluntad política para que el problema se resuelva por fin, por lo tanto todos son rodeos que conducen siempre a la nada misma.

Mientras la AFA sigue implosionando tras la muerte de Julio Grondona hace poco más de dos años, cada día aparece un nuevo esperpento sobre lo mismo. Nos enseñan sofisticados sistemas para controlar supuestamente a los violentos y los organismos cambian de nombres, siempre complicados para que en lo posible nadie entienda bien de qué se trata (ahora lleva un tiempo la APREVIDE), pero de fondo, las barras bravas imponen su juego y logran que los partidos no se jueguen o se suspendan por su participación por el temor a la misma.

Es tal la ceguera de los funcionarios, sin importar su color político, que siguen prohibidos los hinchas visitantes en casi todo el país, cuando la violencia, está más que comprobado, desde hace años que no está relacionada con la antigua clásica batalla entre barras que aprovechaban el folklore del partido para jugar el propio fuera de la cancha, cerca de vías de ferrocarriles, plazas o campitos.

No sólo eso: hace ya cuatro años, un gran documental del periodista especializado en guerras, Jon Sistiaga, de Canal Plus de España, realizado en la Argentina, nos mostraba la peor cara de la situación (https://www.youtube.com/watch?v=VXg4_7eR2_c) cuando el cronista se preguntaba desde el sentido común por qué la Policía protegía a los violentos de la gente y no al revés, o por qué esa misma Policía no había aparecido cuando la barra brava de Independiente lo apretó y en cambio sí lo hizo para acompañarlo al palco. O por qué Rafa Di Zeo, el jefe de la barra brava de Boca, le mostraba su agenda en el teléfono celular y le decía que tener el poder “es tener el teléfono de los que tienen poder”.

No sólo nada ha mejorado alrededor del fútbol argentino, sino que las cosas han empeorado mucho, y el mayor ejemplo es lo ocurrido en esta semana con la suspensión del partido entre Racing Club y Gimnasia y Esgrima La Plata por los octavos de final de la Copa Argentina.

El partido estaba previsto para el próximo domingo 9 de octubre, en Mar del Plata, aprovechando que se suspenderá el torneo oficial por tratarse de una fecha FIFA y que el lunes 10 es feriado, por lo que todo indicaba que era una muy buena idea que los hinchas de los dos equipos hicieran turismo a una gran ciudad balnearia y aprovecharan para ver el partido.

Hasta ahí, casi se trataría de un país normal, pero en la Argentina, las cosas hace rato que se desmadraron, y entonces, ante los hechos violentos de la barra brava de Racing en el último partido del torneo oficial en el Cilindro de Avellaneda (lo que una vez más demuestra que nada tiene que ver el hecho de prohibir los visitantes), la APREVIDE, el organismo encargado de la prevención de hechos violentos en espectáculos deportivos, decidió postergar el partido de la Copa Argentina ante el temor por desmanes que puedan provocar disturbios y molestias a los turistas que no están interesados por el fútbol.

Se trata de un hecho que una vez más, parece rondar el sentido común pero que deja todo patas para arriba una vez más porque nadie se anima a decir la verdad completa: si es por el temor a los desmanes de la barra brava, hoy de Racing pero mañana de cualquier otro club, directamente no se puede jugar más al fútbol y hay que suspender la actividad hasta que los violentos se alejen del ambiente, y que el Estado procure la lista de todos los que deberían tener derecho de admisión, los  aleje de los estadios, les aplique la ley, y el fútbol vuelva a jugarse.

Pero ¿esta sociedad quiere que el fútbol se pare? ¿Lo aceptaría sin problemas? ¿Aceptaría que el fútbol se parara por un bien supremo que es la paz y la tranquilidad en una sociedad? ¿Soportaría la clase política, de cualquier color, que no haya fútbol y por lo tanto, no haya tapadera social de las crisis diarias? ¿Y el periodismo vernáculo? ¿Tendría de qué hablar si la pelota no rodara?

Por otra parte, sigue en debate quién debe encargarse de la lista de admisión de los violentos. ¿Es el club o es el Estado? Sostenemos que es el Estado, sin dudas, el que debe fiscalizar la admisión de los violentos debido a la situación a la que se ha llegado, en la que la mayoría de los dirigentes de los clubes se encuentran no sólo amenazados o presionados, sino que tampoco encuentran la mínima ayuda de las comisarías de la zona, cuando éstas no son directamente cómplices de los violentos.

Si además la violencia ayuda al desarrollo de otras industrias, como la de los montajes de los elefantiásicos operativos policiales fraguados para facturar el triple ante los resignados clubes y con la falta de control estatal, o como la de la TV que suma consumidores ante el desgano de formar parte de un espectáculo degradante y violento in situ, no parece que se esté en el camino de una mínima solución.

Por supuesto que todavía quedan más temas, como el de los daminificados hinchas de Racing y Gimnasia que ya han adquirido sus pasajes y estadías con el propósito de seguir a sus equipos, los que ahora en algunos casos no pueden recuperar el dinero sumado a las molestias que les causaron, y de lo que, como siempre en este tiempo, nadie nunca se hace cargo porque total “sé gual”, como decía el recordado personaje televisivo Minguito Tinguitella. Todo da lo mismo.

Y todo esto, en un contexto en el que cuando aún no jugaron Racing y Gimnasia por los octavos de final de la Copa Argentina, ya juegan antes Belgrano de Córdoba y Juventud Unida por los cuartos, es decir que en este torneo, que clasifica al quinto equipo argentino a la Copa Libertadores de 2017, se tendrá un semifinalista mientras otros estarán pensando cuándo y dónde jugar por los octavos de final. Todo da lo mismo.

Y es tanto que da lo mismo, que muchos equipos, especialmente los grandes, se prepararon con sus agendas de 2016 dándole prioridad a la Copa Argentina que se había transformado en una pre-Libertadores porque de aquí salía la última posibilidad de acceder al torneo continental en 2017, pero en esta semana, la Conmebol estableció un par de parches: agrandó la cantidad de equipos para la Libertadores 2017, es decir que otro equipo argentino saldrá desde otro sistema, y aún si San Lorenzo gana la Copa Sudamericana antes de fin de año, liberará otro cupo para la Libertadores, para un posible séptimo equipo nacional, es decir que la Copa Argentina se degradó dos escalones en pocos días. Todo da lo mismo, otra vez.

Es en este contexto en el que nos podemos preguntar si existe forma de darle un mínimo marco de seriedad al fútbol argentino y si puede querer solucionar el problema definitivamente un gobierno cuyo presidente  posiblemente figure en la agenda de los que tienen los teléfonos de los que tienen el poder, por haber presidido antes el club del tan famoso barra brava, que se cansa de firmar autógrafos a los enamorados hinchas que cantan sus canciones violentas y los aplauden, emocionados, cuando entran con sus paraguas y se paran, de espaldas, y románticamente, en los paraavalanchas.