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domingo, 27 de abril de 2014

Tito y el símbolo de una época brillante (Yahoo)



En estos días tan extraños, justo cuando Josep Guardiola se encuentra en el centro de los focos del fútbol mundial por dirigir a un Bayern de Munich que en pocas horas se juega la chance de repetir una final de Champions League nada menos que ante el Real Madrid, uno de sus mejores amigos, y ex compañero en la cantera y luego en el plantel profesional del Barcelona, Tito Vilanova, fallece a los 45 años tras luchar contra una cruel enfermedad.

Vilanova fue quien sucedió a Guardiola en el Barcelona, cuando luego de desgastantes cuatro años, de luchas contra los medios y la parafernalia de la Liga Española, se quedó sin energías para continuar y decidió renunciar.

En ese momento, el club decidió, con mucho tino, dejar todo en manos de quien hasta ese momento era su ayudante, y además, uno de sus grandes amigos del fútbol, como Vilanova, quien más allá de ganar una Liga totalizando cien puntos, manteniendo intacta la filosofía de juego, no pudo continuar tampoco debido a su enfermedad, siendo reemplazado en buena parte del año por su ayudante Jordi Roura.

Para muchos, allí es cuando lentamente comenzó a terminar de romperse un sistema tan ganador, una filosofía basada en una gran concentración, aplicación al juego, pero que requería de una gran presión que ejercieran desde los delanteros a la defensa adversaria.

La falta de Guardiola primero, quien había logrado una motivación especial en sus dirigidos, y de Tito luego, por la imposibilidad de estar presente, fue ablandando la estructura y aunque los jugadores respetaban a Roura, todos sintieron que no era lo mismo y ya esa disciplina para llevar adelante el juego se descontrajo, con consecuencias hasta hoy mismo y esta temporada que posiblemente quede en blanco, algo inédito para el Barcelona en  los últimos tiempos.

Ya este Barcelona tiene muy poco que ver con aquel que deslumbrara desde 2008, o incluso el que ya venía gustando en sus tiempos incipientes con el holandés Frank Rikjaard en el banquillo. Hoy, parece un equipo desmotivado, con jugadores en muy baja forma, y con algunas cuestiones ligadas al juego que sorprenden, como el abuso de los centros aéreos a la cabeza de nadie (especialmente por parte de Daniel Alves desde la derecha) o la escasa participación de Lionel Messi, absorbido a veces por los marcadores centrales, o los pases largos de José Manuel Pinto, desde el arco.

Es cierto que se le ha recargado a Gerardo Martino, el actual entrenador argentino, muchos de estos cambios que no resultaron positivos para el equipo, pero hay que entender que detrás de estos cambios hubo una cantidad de factores extras que atender, desde los problemas que atravesó el club en la temporada desde lo institucional, hasta la propia convocatoria a Martino para hacerse cargo del equipo cuando Vilanova, ya finalizado el período de pretemporada, se dio cuenta de que no podría cumplir su sueño por otro año y tenía que abocarse a su tratamiento.

El traspaso de Vilanova a Martino para la actual temporada que ahora está llegando a su fin, pudo haber marcado un antes y un después en la historia futbolística contemporánea del Barcelona, que ya no parece un equipo distinto al resto, sino un equipo al que la mayoría puede complicar, a partir de haber perdido esa precisión, ese cambio de ritmo y esa capacidad de gol que antes tenía.

Y si algo representó Vilanova, si por algo su muerte conmovió, no fue sólo por haber formado parte del Barcelona sino por encarnar, acaso contra su voluntad por haber sido un hombre de muy bajo perfil, el trabajo paciente, tranquilo, pero metódico y comprensivo, con los jóvenes de la cantera.

Representó a aquellos que muy desde abajo, en silencio, pueden llegar a lo más alto, lo que acaso sea el mejor de los éxitos, el que no necesita de los ruidos para ser considerado entre los mejores.

Las casualidades, una vez más, parecen no existir. O tal vez sea demasiada coincidencia. La vida de Tito Vilanova se apagó cuando pareciera ser que asistimos al final de un ciclo, al cambio, al menos, de varios de los grandes protagonistas de la Liga Española y del fútbol mundial, como parte de un Barcelona que ha desplegado un fútbol admirado en todo el planeta y que, como a todo, le llega el momento de ir dando vuelta la página, aunque conserve materia prima como para aspirar a seguir con una filosofía a la que no debería renunciar y es la que el propio Vilanova representó, construyéndola con un enorme esfuerzo.

Justo semanas antes del fallecimiento de Vilanova, que como pocos representó el trabajo de La Masía, el Barcelona fue cuestionado por la FIFA por incumplir una serie de reglamentaciones, aunque ahora haya logrado que se le permita fichar jugadores mientras se resuelve el caso.

El mismo Barcelona que llegó a colocar en la terna por el Balón de Oro FIFA World Player a tres jugadores de su cantera como Lionel Messi, Andrés Iniesta y Xavi Hernández, algo muy poco usual.

El trabajo de Vilanova, como parte de una inmensa estructura dentro del Barcelona, daba entonces sus grandes frutos, como para que en estos tiempos en los que acaso se cierre la temporada en blanco, no se pierda de vista el norte que deja este entrenador que se fue, reconocido tanto en lo profesional como en lo humano.


jueves, 24 de abril de 2014

Real Madrid saca ventaja de la ineficacia del Bayern (Jornada)



Un repleto estadio Santiago Bernabeu, con todas sus entradas vendidas, esperaba por un partido semifinal de Chamions League ante el Bayern Munich que no repitiera el esperpento del día anterior en el Vicente Calderón y efectivamente así fue.

Dos equipos técnicamente muy superiores al Atlético Madrid y el Chelsea, como el Real Madrid y el Bayern, que además, son bastante diferentes entre sí, contrariamente a los otros dos semifinalistas, casi un calco uno del otro.

Uno de los interrogantes de esta serie era si el Bayern de Josep Guardiola, un viejo conocido (y enemigo) del Bernabeu, desde los tiempos del Barcelona, podía llegar en su mejor estado a estos dos partidos luego de haber pasado un mes desde que ya ganara su liga local, la Bundesliga, y entrara en una especie de molesta conformidad, sólo alterada por la semifinal de la Copa Alemana de días pasados.

Y aunque los alemanes mostraron todo su poderío en Madrid y los primeros quince minutos encerraron a los locales (cosa nada fácil para ningún equipo de todo el mundo), se notó que no están en su máximo esplendor y que les falta un jugador clave como Thiago Alcántara, lesionado, y que el francés Frank Ribéry tampoco está en su mejor momento.

Pero el problema del Bayern no sólo pasa por allí sino por otra cuestión estructural, porque Guardiola pasó de aquel “falso nueve” del Barcelona, que no daba señales claras a los defensores rivales, a un centrodelantero grandote y estático como el croata Madzukic, al que le llovieron centros desde las dos puntas y fue dominado y bloqueado por Sergio Ramos y Pepe, ayudados por Xabi Alonso, que bajó unos metros cuando fue necesario.

Por todo esto, el dominio territorial y de tenencia de la pelota del Bayern no alcanzó. De nada sirvió que se quedara con un sesenta y cinco por ciento de tiempo con la pelota en el mismísimo Bernabeu cuando enfrente tuvo a un Real Madrid que, aún con Cristiano Ronaldo evidentemente lesionado y poco participativo, es matador de contragolpe o, como dijo luego el propio Guardiola, “el mejor equipo del mundo” en esa especialidad.

Bastó que a la primera que pudo la pelota le llegara por la izquierda a Coentrao, que se proyectó (tras un más que correcto partido de mucho despliegue del previamente cuestionado portugués) para que su centro al ras encontrara solo a Karim Benzema y éste la empujara a la red.

El gol no pareció modificar nada. Los dos siguieron con la misma tesitura. Los locales, más retrasados a sabiendas de que ya llevaban una mínima ventaja que había que cuidar, los visitantes, insistiendo por donde no tenía sentido, las puntas, por Arje Robben y Ribéry, para que cada centro acabara en las cabezas de los defensores blancos.

Ya en la segunda parte, aunque algo tarde, Guardiola probó, al fin, con otras variantes como Tomas Múller y el joven Götze, pero no sacó a Mandukic, que siguió estacionado en el corazón del área del Real Madrid. Y si hubo dos posibilidades, justamente fueron en los pies de los ingresados.

Al contrario, la sensación es que el Real Madrid pudo haber marcado una mayor diferencia porque Cristiano Ronaldo desvió una clara en el primer tiempo, y lo mismo sucedió con Angel Di María, los dos, en posiciones privilegiadas.

La definición quedó para el próximo martes en Munich, cuando según Guardiola, los alemanes estarán en condiciones de revertir una diferencia no tan complicada, aunque desde el juego, puede que aunque ahora con mayoría de público alemán, podría volver a ocurrir lo de gran parte de lo del Bernabeu: dominio alemán sin llegada, y contragolpe, cada vez con mayor espacio, del Real Madrid.

Los alemanes tienen que entender que ese dominio que ejercen puede llegar a ser muy frustrante si no se traduce en la red. Ya lo dijo el “káiser” Franz Beckenbauer en su crítica cada vez más abierta a su entrenador, Guardiola, que da lugar a tantas especulaciones: “llegará un momento en el que el balón estará en la línea del arco rival y vamos a dar un pase atrás”.

¿Habrá aprendido Guardiola la lección de anoche en el Bernabeu, más allá de la derrota?.


miércoles, 23 de abril de 2014

Atlético-Chelsea, un cero previsible y aburrido (Jornada)



Alguien alguna vez dijo que el cero a cero era “el resultado perfecto” por supuesta falta de errores. Muchos jugadores del partido de anoche en el estadio Vicente Calderón, y de ambos equipos, también lo piensan, lo cual empieza a generar mayor preocupación, pero si además estamos hablando del marco de una semifinal de la Champions League, y que todo hacía prever lo que ocurrió, puede decirse, como homenaje a Gabriel García Márquez, que el de Atlético Madrid y Chelsea fue una crónica de un empate anunciado.

Siempre se dice también que cuando uno no quiere en fútbol, dos no pueden, pero si además, el otro tampoco tiene demasiados deseos de profundizar y no ve con tan malos ojos el cero a cero porque de esta manera un gol en Londres, en la revancha, casi que le daría el pase a la soñada final del 24 de mayo en Lisboa, menos que menos hay chances de ver un buen espectáculo.

De hecho, Diego Simeone decidió un esquema con un solo delantero (Diego Costa) aún en condición de local, y apenas con su compatriota Diego Ribas por detrás, y dos líneas de cuatro sin demasiado vuelo, sólo yendo y yendo hacia el arco de Peter Cech porque el Chelsea de José Mourinho, dada su característica de entrenador rocoso desde siempre, le cedió campo y pelota.

Eso de ninguna manera significó que los locales tuvieran claras situaciones de gol. Todo lo contrario. La sólida defensa “blue” estuvo siempre cómoda porque los rojiblancos abusaron de los centros y los pelotazos, por lo que los dejó venir y se metió en el área grande y sus alrededores, y auxiliado por un David Luiz que aunque juegue de “cinco” es un quinto defensor, dejó que los minutos corrieran y apostó decididamente al cero.

Una de las paradojas de la serie ocurrió al promediar el primer tiempo, cuando en una estirada, el arquero internacional checo Peter Cech chocó contra el travesaño y debió ser reemplazado por Mark Schwarzer, algo inusual pero además, con el ingrediente de que el otro arquero, el del Atlético, el belga Thibaut Courtois, pertenece al Chelsea y casi no juega por una polémica porque en el contrato figuraba que los españoles, de usarlo para estos partidos, debían pagar 300.000 euros, pero la UEFA anuló la cláusula.

Courtois casi no tuvo trabajo porque el Chelsea ni se molestó en llegar. Apenas si Mourinho colocó en el ataque (por llamarlo de alguna manera) a Fernando Torres, un ídolo de los hinchas del Atlético, por ser un símbolo del club y haberse formado en su cantera, aunque no inquietó nunca a su ex equipo.

El Chelsea sólo puso un micro delante del área chica, una pared, y cada pelota que entraba al área era rebotada por su defensa o descolgada por los dos arqueros que jugaron.

Un partido chato, en el que Simeone, sobre el final, vio que tal vez podía arriesgar algo e hizo entrar a lo mejor que tenía en el banco: David Villa, José Sosa y especialmente al turco Arda Turán (que regresa de una publialgia), pero todo demasiado tarde, y tampoco pareció demasiado desesperado, como si los dos apostaran al partido revancha del miércoles de la semana que viene en Londres, en Stamford Bridge.

El Chelsea sabe que como local se hace fuerte (con Mourinho, en dos ciclos, sólo perdió allí un partido, y fue por la Premier League ante el Sunderland el fin de semana pasado), y el Atlético, que marcando un gol, está casi en la final luego de cuarenta años sin disputarla.

Los dos tienen ahora una parada intermedia en sus ligas en la que se la juegan mucho. El Atlético ante Valencia en Mestalla y el Chelsea, en lo que es casi una final, ante Liverpool en Anfield, para luego recuperar este chip de Champions y apuntar todos sus cañones al partido revancha.

Mientras tanto, el gran torneo europeo sigue y esta noche a las 20,45 (15,45 de la Argentina) se juega la segunda semifinal en un estadio Santiago Bernabeu que seguramente estará a reventar para el gran clásico entre Real Madrid y el Bayern Munich de Jose`Guardiola, un viejo adversario de la casa blanca.

Allí estaremos, esperando ver más fútbol que anoche. No es muy difícil que ocurra, conociendo a los dos entrenadores y la categoría de sus jugadores.

Como dice el escritor uruguayo Eduardo Galeano, somos mendigos del buen fútbol. Esperamos que el Real Madrid y el Bayern nos rediman luego del bodrio del Calderón.

Resulta intolerable, aunque ya estemos anestesiados por la repetición y una fuerte justificación mediática del resultadismo barato, que con el dinero que lleva gastado el Chelsea en jugadores, en noventa minutos no pueda ofrecer aunque sea algunas gotas de fútbol, pensando aunque sea un poco en los espectadores.

Mourinho (detestado e insultado durante varios momentos en el estadio), nos hace creer que esto ya no es un juego, apenas una competencia de vanidades y un negocio para pocos. No parece ser el mejor camino para el fútbol.


domingo, 20 de abril de 2014

El misterio de Messi agranda la polémica (Yahoo)



                                                      www.sergiolevinsky.com


El 27 de octubre de 2013, el periodista argentino residente en Madrid, Rodolfo Chisleanschi, publicó en el diario “El País” un polémico artículo que movió las estanterías en el ambiente del fútbol internacional y que se tituló “Olvídense de Messi”, y que hasta llegó a ser resistido, y respondido en otra columna por periodistas del mismo medio días después.

La base de esa columna explicaba que en la temporada que aún se iniciaba, y que ahora se encuentra cerca de terminar, Lionel Messi estaría abocado, principalmente, a prepararse para el Mundial de Brasil, y que todo lo demás, el Barcelona incluído, quedarían en un segundo plano.

El astro intentaría cuidar su físico para no exponerse a una lesión, y que nada podía compararse con ese objetivo, porque un Mundial sólo se juega cada cuatro años, y el argentino llegará con la edad ideal (casi la misma con la que Diego Maradona ganó siendo genio y figura en México 1986) y además, con la ocasión histórica de que la sede será en Sudamérica y nada menos que en Brasil, con lo que eso representa para la rivalidad entre los dos colosos del continente.



sábado, 19 de abril de 2014

El pibe en el fútbol argentino (The Blizzard)



“Golpearon la puerta de la humilde casa,
la voz del cartero muy clara se oyó,
y el pibe corriendo con todas sus ansias
al perrito blanco sin querer pisó
Mamita mamita, ganaré dinero
seré un Baldonedo, un Martino, un Boyé;
dicen los muchachos del oeste argentino
que tengo más tiro que el gran Bernabé.
Vas a ver qué lindo cuando allá en la cancha
mis goles aplaudan, seré un triunfador,
jugaré en la Quinta, después en Primera
Yo sé que me espera
La consagración”

Este tango compuesto en 1945, “El sueño del Pibe”, de Reinaldo Yiso, con música de Juan Puey, ilustra con claridad, lo que ya desde muy pronto significó la figura del “·Pibe” en el fútbol argentino y para el imaginario de los hinchas en este país.

Este tango, uno de los más conocidos porque a fines de los años setenta recreó, cantándolo en televisión nada menos que Diego Armando Maradona (cambiando parte de la letra, por “seré un Maradona, un Kempes, un Olguín”, en alusión a los jugadores de la selección argentina, camino al Mundial de España 1982), no casualmente se compuso a mediados de los años cuarenta, misma época en la que se filmó una película que también se convertiría en un clásico, “Pelota de Trapo” (1948) de Leopoldo Torres Ríos, con el neorrealismo típico de la postguerra y la necesidad de mostrar lo que significaba el barrio, la pandilla y las necesidades económicas.

jueves, 17 de abril de 2014

A esta película de la Copa, ya la habíamos visto



                                     Desde Valencia
 
El colega y amigo de Bangladesh, Mehedi Sujan, escribió tras el partido, en facebook, una frase que pareció describir mucho más que el partido de anoche de la final de la Copa del Rey: “mientras el Real Madrid practicaba penales, el Barcelona lo hacía con una pelota de rugby”.

Esta oración tiene mucho más significado que la simpleza de analizar un entrenamiento con miras a un partido.- De hecho, Carlos Bianchi no hacía practicar penales al Boca campeón de todo de hace poco más de una década y muchas veces definió así.

Lo que dice Suhan va enlazado a algo muy significativo que llegó a manifestar Gerardo “Tata” Martino en su conferencia de prensa tras la final perdida 2-1 ante Real Madrid, acerca de que el Barcelona “de estos años” tiene un juego “previsible, que el rival ya sabe a qué atenerse, porque acá no se tiran centros a un nueve alto, ni se usa meter balones largos y entonces, el juego es siempre el mismo”.

Mucho más que una justificación de la alineación usada anoche en Mestalla, con cuatro volantes con buen pie (“jugones”, según la jerga española), que esta vez sí era lógica porque no sólo así le ganó los dos clásicos de liga al Real Madrid sino que es la forma de quitarle la pelota y usarla para beneficio propio, lo que sonó es a crítica interna, hacia algunos sectores del club y hacia la prensa más “purista”, que le exigió regresar siempre al 4-3-3 y no salir de allí por nada del mundo.

El Barcelona, anoche, no perdió por el esquema. De hecho, sí fue fundamental, decisivo, el esquema utilizado ante el Atlético Madrid, en el primer tiempo en el Camp Nou y en todo el partido en el Vicente Calderón (lo más inexplicable). Lo que que determinó la derrota se debió más a un problema muy del presente, y otro, crónico.

El del presente pasa por la última línea. Ni José Manuel Pinto transmite seguridad (aunque tampoco es que sea un desastre, hay que decirlo), ni la defensa está bien parada desde hace varios partidos, por la enorme cantidad de bajas y porque cuando el resto no presiona y no es compacto, se resiente todo y especialmente atrás, si no son jugadores que habitualmente lo hagan juntos.

El problema crónico, presente anoche, contra el Atlético y en tantas otras veces, pasa por su falta de gol. No es que no convierta, sino que pierde de convertir triplicado o más de lo que sí termina en la red, porque venimos insistiendo en el concepto de que en el fútbol hay que atacar. Y “atacar” no es lo mismo que “avanzar”.

El Barcelona de este tiempo “avanza” con el balón, y además, al tener a un inexplicable Lionel Messi arriba, que no participa del juego, que no tiene la incidencia de otros tiempos, aún más resalta la necesidad de un nueve de área, de un referente que finalice las jugadas.

Más que nunca quedó claro que de nada sirven las larguísimas posesiones sin gol y no sólo sin gol, sino sin llegadas frente a frente con el arquero rival. Si se tiene un 70 por ciento del tiempo la pelota, y el arquero rival pudiera tomarse  una pava de mate completa, si quisiera, es que hay algo que falla.

El Real Madrid, en cambio, es un equipo “normal”. ¿Qué significa esto? Que dispone sus líneas con jugadores de buen pie, contrastados, que Carlo Ancelotti ha sabido ir modificando aquel equipo aguerrido de temporadas pasadas por otro de mayor trato de pelota, con Luka Modric como organizador, y con un Angel Di María que cumple una función muy parecida a la de la selección argentina cuando Cristiano Ronaldo no está: ser rueda de auxilio en el medio, para transformarse en un extremo en el ataque.

Claro, si además, Isco acompaña los movimientos con capacidad creativa, y arriba cuenta con Karim Benzema y un Gareth Bale que demostró, con su enorme velocidad y muy buena definición, por qué su fichaje fue tan caro (aún cuando haya sido exagerado), la diferencia estuvo allí. Defensa sólida contra otra que fue todo lo contrario, y la escasa necesidad de tener mucho la pelota para definir, simplemente buscando los huecos. Un fútbol más práctico, y con la red de enfrente en la mira, que de eso se trata, como inicio, el fútbol.

Luego, las formas son discutibles y algunos nos gustarán más unas, y a otros, otras. A nosotros nos gusta más el fútbol elaborado que casi siempre practicó el Barcelona desde Frank Rijjaard, pero da la sensación de que Martino quiso generar cambios en el esquema en un tiempo que no era el ideal, en un contexto de crisis institucional y de fin de época para muchos en ese vestuario, y coincidiendo con un Messi con otros objetivos personales en la mira.

Demasiado para este Real Madrid voraz, que tampoco se debe engañar y que muy probablemente, la Copa del Rey sea lo único que gane en la temporada, si bien esto podría darle un enorme impulso para lo que queda de ella.

El Barcelona, ahora, se encuentra presionado porque puede terminar la temporada sin nada, algo inédito en los últimos tiempos. Tal vez, como plataforma para elevarse otra vez pero a partir de saber, primero, a qué quiere jugar.

La ilustración del entrenamiento con la pelota de rugby, entonces, parece un excelente ejemplo. Esto es fútbol, un deporte maravilloso, cuyo principal objetivo, es el gol (“meta”, en inglés).


martes, 15 de abril de 2014

La Copa del Rey cotiza en alza (Jornada)



                                               Desde Valencia



Hasta hace poco tiempo, los dirigentes de la Liga de Fútbol profesional (LFP) ya no sabían qué hacer con la Copa del Rey. Era una molestia en medio de campeonatos competitivos y seguidos por multitudes como la Liga o la Champions. Se buscaron variantes, hasta terminar agrupando el torneo en pocos meses y acomodando los partidos en los huecos. Esto fue en aumento desde que la Unión Europea de Fútbol (UEFA) quitó la Recopa, que era la copa de los ganadores de Copas, y la competición perdió la razón de ser.

Desde ese momento, ganar la Copa del Rey en España se fue convirtiendo en consuelo. Muchos equipos incluyeron suplentes o juveniles hasta llegadas las fases finales, para darle prioridad a otros títulos.

Sin embargo, esta final de mañana en Mestalla, el estadio del Valencia que ya fue sede en 2011, fue cotizando en alza desde que estalló la crisis alrededor del Barcelona y del otro lado, del Real Madrid, presumiendo que puede llegar a ser el único salvavidas de una temporada en la que se encuentra peleando en los tres frentes, pero con nubosas perspectivas en los dos principales.

La situación del Barcelona ha variado radicalmente desde hace poco menos de una semana. La eliminación de la Champions League a manos del Atlético Madrid en el estadio Vicente Calderón fue penosa no sólo por haber sido derrotado (no le pudo ganar en los cinco partidos del año y apenas si le marcó dos goles) sino que se vio a un equipo azulgrana entregado como pocas veces y lo que es peor, sin perspectivas, sin rebeldía en la mayoría de sus jugadores con escasas excepciones (Mascherano, Alba, Neymar).

Este resultado, que por primera vez en siete años deja al Barcelona fuera de una semifinal europea, hundió al plantel, puso al director técnico Gerardo Martino en la picota, con un crédito casi nulo ya y al borde de marcharse, y cuando al menos el sábado en Granada parecía la oportunidad de retomar la buena senda para dedicarse a la Liga, llegó otra derrota muy dura, esta vez con un porcentaje de posesión de pelota notable, pero con una defensa tan improvisada como endeble, y una crisis institucional de calado.

La derrota en Granada y la posterior victoria del Atlético en Getafe separó ahora por cuatro puntos (sobre quince en disputa) a los catalanes de los “colchoneros” en lo que parece irreversible mucho más en el juego que en las matemáticas.

Con el primer cuestionamiento en años al plantel al arribar a Barcelona desde Andalucía, por parte de los hinchas, y con los medios catalanes despidiendo a Martino en sus tapas y pidiendo por el entrenador del Borusia Dortmund, Jürgen Klopp para la temporada que viene, el Barcelona se encuentra en las horas más bajas.

Andrés Iniesta dijo en voz alta que no sabía por qué lo cambió Martino ante el Atlético. Víctor Valdés, lesionado y con deseos oficiales de marcharse. José Manuel Pinto, sabiendo que no lo tendrán en cuenta para la temporada siguiente y con todo arreglado con la MLS norteamericana. Gerard Piqué, que no se sabe si se va a recuperar a tiempo. Javier Mascherano, con una muy buena oferta del Nápoli de Rafa Benítez y con deseos de volver a ser volante. Alexis Sánchez y Pedro, con ganas de jugar más minutos, y con Lionel Messi, según cada vez más observadores, con el único deseo de que el Mundial de Brasil comience ya. Demasiado como para que el equipo esté bien.

Enfrente, todo parece más calmo. Es más, el entrenador italiano del Real Madrid, Carlo Ancelotti, se permitió salir a respaldar, caballerosamente, a Martino. “es una buena persona, hay mucho exitismo”, dijo a los medios.

Pero no es oro todo lo que reluce en la capital española. Se sabe bien que los blancos sufrieron más de la cuenta en la vuelta de cuartos de Champions ante el Borusia Dortmund luego de pasearse en el Bernabeu y casi se quedan afuera, y ahora tocó lo peor en el sorteo del viernes en Nyon: el Bayern Munich de un viejo conocido de la casa, Josep Guardiola, y con la vuelta en tierras germanas. No pinta bien.

En la Liga, a tres puntos del Atlético, que en realidad son cuatro porque en caso de empate saldrían campeones los rojiblancos, el Real Madrid sabe que en caso de llegar con chances a la última fecha, allí los de Diego Simeone deben visitar al Camp Nou y no parece que el Barcelona desee que su máximo rival gane la Liga, aunque son todas meras especulaciones.

El Real Madrid no contará con su máxima estrella, Cristiano Ronaldo, que prefiere llegar bien al martes ante el Bayern, pero en el club saben que esta final de Copa podría ser acaso lo único que se ganará en la temporada.

En el Barcelona, ganar la Copa en Valencia sería volver a confiar algo en el plantel, darse ínfulas para el domingo por la Liga ante un difícil Athletic, y esperar a encontrar alguna forma de treparse a pelear por el título.

De repente, los mismos que buscaban sacarse de encima esta Copa, ahora la necesitan con todas sus fuerzas. Esta Copa del Rey ya vale mucho más en el mercado de las necesidades.

 

 


lunes, 14 de abril de 2014

La semana trágica del Barcelona (Yahoo)

La derrota en Madrid ante Atlético por los cuartos de final de la Champions League fue dura por el antecedente de las seis semifinales seguidas que venía jugando el Barcelona en ese torneo, pero pocos pueden decir que hubo demasiada sorpresa en el resultado final.
Sin embargo, el caer por la Liga ante el Granada 1-0, siendo el tercer partido consecutivo que el Barcelona no marcaba goles de jugadas elaboradas si se cuenta el del Betis, al que venció con dos penales (uno fallado y en el rebote) y un gol en propia puerta, se evidencia una situación que iba agrandándose en la última parte de la temporada y que ahora explotó, haciendo recordar otros tiempos del club catalán, mucho menos gloriosos que en la última etapa.
Cuando llegó el entrenador argentino Gerardo Martino, a mediados de 2013, en reemplazo de Tito Vilanova, se especuló con que el club buscaba restaurar la autoridad perdida en el vestuario por parte de un plantel que ya había desgastado a Josep Guardiola y que casi se había autogestionado cuando el entrenador siguiente recayó de su enfermedad y tuvo que tratarse en los Estados Unidos.
Muchos decían que ya los entrenamientos no eran los mismos, jamás el equipo volvió a aquella presión asfixiante en la salida de juego de los rivales, muchos especularon con que había jugadores que ya estaban faltos de forma, otros manifestaban sus deseos de cambiar de aire para después del Mundial de Brasil y su máxima estrella, Lionel Messi, apuntaba más al torneo de las selecciones que al de los equipos.
Pero Martino llegó con algunas ideas nada fáciles de concretar en este Barcelona. El argentino llegó con la idea de innovar. No hacerse tan previsible de visitante, cambiando el típico juego de pases cortos y asociación por algunos momentos de contragolpes, con juego largo, o el uso de centros al área, y hasta un 4-4-2 con varios jugadores que aseguraran la posesión del balón, quitando los dos extremos, una tradición blaugrana.
Los puristas del esquema 4-3-3 se le cayeron encima al entrenador argentino, que además se encontró con un club mucho más caótico que lo que reflejaban los medios internacionales: una comisión directiva cuyo presidente, Sandro Rosell, debió renunciar por el caso Neymar, los problemas con la FIFA por incumplimiento de parte del reglamento de contratación de menores desde el exterior, y, especialmente, la imprevisión de su director deportivo, Andoni Zubizarreta, quien no previó que Víctor Valdés podría lesionarse, y sólo se quedó con el veterano José Manuel Pinto (al que una semana antes de quedar como titular le anunciaron que no sería tenido en cuenta para la temporada siguiente), y con Oier Olazábal, de apenas dos partidos en Primera, al que tampoco le dieron minutos para irlo preparando en casos como éste.
Pasaron demasiadas cosas en el Barcelona entre marzo y abril, como las recién mencionadas,  la comunicación de Carles Puyol de que no seguirá, con todo el ascendiente que tiene en el vestuario desde hace quince años, la lesión de Gerard Piqué, y los planteos de Martino que anunciaban pocos cambios en la temperatura del juego, si es que el Barcelona, que necesitaba ganar en el Vicente Calderón, iba a salir con jugones en vez de extremos para enfrentar a una de las defensas más sólidas de Europa.
Eso no fue todo. Su compatriota Diego Simeone decidió variar su estrategia y lanzó a su equipo al ataque, sabiendo que el triángulo final del Barcelona, improvisado con Javier Mascherano, Marc Bartra y Pinto, no podía dar respuestas acordes. Tres tiros en los palos y un gol fueron la resultante, algo que los azulgranas no padecían, en quince minutos, desde hacía muchos años.
Todo esto llevó a un gran desconcierto, agrandado por un ambiente que siempre fue victimista y que había atravesado años de primavera, que parecen acabarse. De la idea del triplete de títulos para la temporada, en menos de cinco días ya se teme perderlo todo.
La final de la Copa del Rey del próximo miércoles en Mestalla ante Real Madrid tiene muy mala pinta, porque el Barcelona llega diezmado, con los ánimos por el suelo, tras no haber podido siquiera ganarle al Granada, cuando Martino, al finalizar el partido, atribuyó parte del resultado a la mala suerte, que si bien pudo haber existido en alguna jugada, todo se pareció más a la impericia y a un estado de ánimo demasiado caído, sumido el equipo en una melancolía inaceptable en el momento de definiciones del año futbolístico.
El Real Madrid puede, entonces, transformarse en verdugo del Barcelona en la temporada , aprovechando la caída de su adversario, mientras que ahora para el Barcelona este título pasa a ser fundamental para no terminar vacío y para  elevar la autoestima tan baja de estas horas.
El Atlético Madrid es lo contrario del Barcelona. Es lo nuevo, lo ascendente, la esperanza, la subida, la moda, el estado de ánimo en su máxima gradación, y hasta la suerte lo acompaña. Sabe que se encuentra en un año histórico, de esos irrepetibles, y hasta huele la posibilidad de doblete (Liga y Champions League) y hasta podría tener la chance de vengarse de aquella dolorosa derrota final de 1975 ante el Bayern Munich.
Así es el fútbol. Ayer arriba, hoy abajo, mañana, quién sabe. Reglas de un juego que se transformó en un deporte masivo, y de éste a un negocio infernal.
El Barcelona saboreó las mieles del éxito. Hoy, teme encontrarse en el final de este ciclo brillante, y comenzar a desandar el camino de otros tiempos más grises.

sábado, 12 de abril de 2014

La melancolía argentina en el Barça



Los argentinos solemos tener eso que resulta muchas veces inexplicable para nosotros mismos. Eso que nos hace caminar por cualquier lugar del mundo sin complejos y al rato, a los pocos momentos, una añoranza que basta un clic en la mente para que aparezca, una cuestión sentimental.

Aquella imagen de Carlos Gardel en la proa,  con los nubarrones, tras un éxito rotundo y la fama en lo más alto pero deseando “volver”. “Errante en la sombra, te busca y te nombra”.

En el Barcelona, mucho de eso está ocurriendo ahora mismo. Los problemas institucionales de calado (el caso del fichaje de Neymar y la rauda salida de Sandro Rosell de la presidencia, el conflicto por el fichaje de juveniles del exterior con la FIFA, la lesión de Víctor Valdés y Gerard Piqué sin haber previsto un mayor recambio, un referéndum para renovar el Camp Nou llamado por una comisión de transición) han desbordado al plantel, y especialmente al entrenador argentino Gerardo Martino.

Johan Cruyff, gurú del Barcelona y una de las figuras de más peso en su historia, no tiene un pelo de tonto. Sabe cuándo hablar y qué decir y a quién pegar. Y apareció en esta semana para señalar algo que no es nuevo, pero que ahonda el problema futbolístico. Dijo el holandés que Martino “no manda porque desde hace cuatro años nadie manda en el vestuario, porque lo maneja la directiva”.

Y ese es, en lo futbolístico, el nudo gordiano de la melancolía del Tata. No por nada, alguna prensa catalana estudió (parece demasiado rebuscado pero se entiende el sentido) en los ojos del rosarino cuando apenas al terminar el partido en el Vicente Calderón, dio una entrevista al borde del campo de juego con el cronista del canal de la TV con derechos y éste le preguntó por el ambientazo y su similitud con las canchas argentinas. Se le iluminaron de otra manera, pocos días después de que dijera en una conferencia de prensa que en la Liga Española “se habla poco de fútbol así que cuando vuelva me voy a callar por todo lo que decía en Argentina”. Cuando vuelva….

Martino está desbordado porque Barcelona no es Newell’s Old Boys y tiene una imagen hacia el mundo y en particular en la Argentina (ahora algo dañada pero no como para perderla) que no es la que tiene internamente, en especial en los últimos dos años, que va carcomiendo sus cimientos.

Por empezar, tiene un presidente (Josep Bartomeu) que hace todo lo que puede y con bastante oficio, pero que no es el que fue votado en elecciones y que junto a otros directivos bien podría saltar también por el Caso Neymar en la Justicia. Y aún así, llaman a un referéndum para remodelar el Camp Nou, acude poco menos de 40.000 socios sobre más de 150.000 y se lo llama “éxito de convocatoria”.

Ya bajando en la estructura, hay un director deportivo como Andoni Zubizarreta que no previó situaciones como lesiones de Valdés o Piqué, sin recambio, que habiendo siendo arquero internacional, presentó un informe sosteniendo que Thibaut Courtois no reunía las condiciones (sic) para jugar en el Barcelona o no recomendó fervientemente que Oier Olazábal jugara un poco más para no estar en la situación de hoy.

Martino ve como todo se desbarranca, como no es nada de lo que le contaron, que las cosas son diferentes con la dirigencia, el club, la Federación, la FIFA y hasta la prensa. Y entonces, no es como se imaginó en aquel vuelo apurado para hacerse cargo del equipo con toda la ilusión.

A Martino le fue muy bien en todos lados hasta aquí. En Newell’s, de pelear por no descender hasta ser uno de los mejores campeones de los últimos años, dejando huella, un estilo. Antes, con otro sistema, llegó lejos con Paraguay, en el Mundial, en la Copa América, en la clasificación mundialista. Y antes de Paraguay, le fue excelente en el Libertad.

Cierto, Barcelona es distinto, es Europa, pero el problema no parece estar allí sino en el interior del club y al mismo tiempo, en un intento tal vez demasiado profundo, de cambiar algunas cosas en el sistema de juego, a sabiendas de que el paso de los años va desgastando lo que tanto deslumbró y todo ciclo se renueva a tiempo o se apaga (si al Tata le gustara Vox Dei, que imaginamos que sí por ser de nuestra generación, recordaría aquello de “todo tiene un final, todo termina”).

Y el Tata quiso agregarle contragolpe a un equipo que no usaba este concepto desde hacía años, que cuando un jugador se adelantaba al resto, esperaba la compañía para generar una nueva posesión de balón. Quiso agregar el saque largo desde el arquero. Imposible. Es 4-3-3. Quiso probar jugando con cuatro “jugones” de visitante. Es que es 4-3-3. Quiso jugar con Messi, a veces, por la derecha, para generar más llegadas de otros. Imposible, es 4-3-3 y Messi de “falso nueve”. Quiso…..imposible. 4-3-3. Aquí es 4-3-3.

Y comenzó a suceder que ya no era tan claro a qué jugaba el Barcelona. Y coincidió, por si fuera poco, con un año extraño, excepcional, para Lionel Messi, el mejor jugador del planeta por sideral distancia con respecto a todos los demás.

“Ha habido algún momento o algún gesto con el que he pensado “éste nos hace ganar hoy”. Te cruzas una mirada, lo miras y te dices: lo gana. Él ha de estar convencido de que vamos bien para sentirse así”, dice Josep Guardiola  en un párrafo del notable libro “Messi”, de Guillem Balagué, de reciente aparición en España. Y lo está diciendo todo. ¿Y si lo aplicamos a este Barcelona, o al partido de Valladolid, o el del Vicente Calderón?

Hoy, Messi no parece estar demasiado a gusto. Por los problemas citados, por su propio contrato interminable, por el caso Neymar, por notar el desmoronamiento del equipo, por el trato a su amigo José Manuel Pinto (a quien se le habría comunicado ya que no será tenido en cuenta para la próxima temporada y se iría a la MLS estadounidense), por estar separado de Andrés Iniesta en el juego.

Es, como dice muy bien Guardiola, que Messi necesita otro clima, otro juego y hoy, oh melancolía (como canta Silvio Rodríguez), eso lo encuentra en la selección argentina y más, en un año mundialista, su gran objetivo, su objetivo más preciado de la temporada y de los últimos años. Quien no entienda eso, no está entendiendo a Messi.

El periodista Rodolfo Chisleanschi lo escribió a principios de año 2014 en “El País” y rápidamente la usina salió a cazarlo, cuando tituló su artículo “Olvídense de Messi” y hoy, el genio, aún cuando está a pasos de los 40 goles en la temporada, añora esos momentos del mate en la concentración, las bromas con el Kun Agüero, el olorcito a asado, el clima premundialista.

Messi también tiene su melancolía, acaso no la del Tata sino la propia, distinta, pero a flor de piel.

Y eso es hoy este Barcelona adentro de la cancha. Un equipo que se queja del césped del Calderón. Sin recambio, sin haber mantenido tampoco el mejor esquema posible para su juego, sin claridad de conceptos y sin manejo de las situaciones.

En el Calderón había que ganar ante un equipo como el Atlético que le había encontrado la vuelta en los cuatro partidos anteriores. Era claro que con cuatro volantes y mucho toque, sería inofensivo para un conjunto aguerrido, que tiene como fuerte el agruparse atrás y marcar. Había que abrir esa defensa y una de las mejores fórmulas para eso, de acuerdo al manual, son los extremos. Era para Pedro y para Alexis. Una vez más, fue para Cesc y Neymar.

El Barcelona comenzó a perder el partido allí, y en lo de decir la palabra “fracaso” de manera reiterada, aunque sea por la negativa. Ya le pasó a Ricardo Lavolpe (una máquina de hacer lo posible para perder) en aquel increíble paso por Boca Juniors en 2006. Le pasa ahora a un Tata desconcertado.

La melancolía argentina es parte importante de este Barcelona, que se debate ahora cómo salir de este atolladero y no terminar en seco una temporada demasiado compleja.

 

 

 


miércoles, 9 de abril de 2014

El Atlético no tiene límite (Jornada)



 
                                     Desde Madrid, España
 
¿Recuerdan los lectores algún partido del Barcelona, en la última década, la de la excelencia, la terna de la cantera de La Masía como candidata al Balón de Oro de la FIFA, el mejor ejemplo del fútbol mundial, con tres tiros en los palos en contra y un gol? No sólo no se encuentra en ningún archivo, y mucho menos en Champions League.

Sin embargo, el Atlético Madrid lo consiguió. Sin magia, sin un Lionel Messi que desequilibre (todo lo contrario al de anoche en el Vicente Calderón, de preocupante desaparición, casi inexistente), incluso sin su mejor jugador, el hispano-brasileño Diego Costa, una bestia de la definición, un jugador con hambre, que, lesionado, tuvo que verlo de afuera.

Pero este Atlético Madrid de Diego Simeone, cada vez más ídolo de su afición, cada vez más crecido como director técnico a base de garra, de convencimiento, de entrega, de lucha, de fervor, de esfuerzo, pero también de pasajes de un fútbol dinámico, no sólo le ganó al Barcelona y lo eliminó por primera vez en siete años de la semifinal de la Champions League, sino que no parece tener límites en esta temporada y ahora todo puede pasar, y el sueño de ganar por primera vez la “Orejona” europea, va apareciendo en el horizonte como posible.

Nadie podía prever un inicio de partido como el que fue en un abarrotado e influyente Vicente Calderón, un estadio lo más parecido posible a la Bombonera, o al Cilindro racinguista, con el griterío a flor de piel (por cierto, con canciones casi todas de origen argentino, aunque algo desafinadas).

Porque si el Atlético Madrid es un equipo especialista en trabajar los partidos, en las faltas tácticas y la marca escalonada y posicional, y con un empate a cero le alcanzaba, lo lógico de pensar era que el Barcelona saldría con todo a marcar un gol y los rojiblancos se defenderían hasta el final.

Nada de eso pasó. Un poco la gente y su aliento imparable, y otro poco la capacidad de sorpresa de Simeone, hicieron que los locales salieran a arrollar a los catalanes, diluidos hasta en sus colores oscuros por la reglamentación de que en la UEFA no puede haber dos camisetas de colores parecidos, y de allí los tiros en los palos y el gol de Jorge Resurrección Koke,  que en menos de quince minutos, ponían la serie casi imposible para el Barcelona.

Paréntesis: el lector puede pensar aquí “¿cómo imposible, si con un solo gol iban ya al alargue?”. Lo era por la cuestión más anímica que futbolística. Lo era porque ya en los días precios, acentuado por la conferencia de prensa del martes en el Calderón, Gerardo Martino, el entrenador del Barcelona, había sostenido que la clave de este partido pasaría “por tratar de meter, por fin, el primer gol antes que ellos, cosa que no pasó en los cuatro partidos anteriores de la temporada”.

Tomando esta frase, ya mucho estaba dicho. Otra vez, la tercera en cinco partidos de la temporada (dos por Supercopa de España, uno por Liga Española y dos por Champions League), el Barcelona salía de entrada, con el público en contra y un equipo más aguerrido que nunca, a tener que remontar. Y este Barcelona no sólo tuvo algún desgano sorprendente, sino que al contrario de Simeone, tuvo en Martino una idea estratégica equivocada. ¿Por qué?

Porque si se necesita ganar, hay que atacar, diría Perogrullo. Y este Barcelona ya anunciaba un partido de esos de hándbol que como las series norteamericanas de la TV, ya presume el final: horas tocando y tocando, pero con escasas llegadas, y menos atravesando la mejor defensa de la Liga y acaso una de las mejores de Europa, y con un arquero, si pasa, a la altura del belga Thibaut Courtois. Imposible.

Pero aún así, Martino dispuso un esquema lejos de ser el necesario, sin los dos extremos que mejor funcionaron esta temporada, Pedro Rodríguez y el chileno Alexis Sánchez, que luego entraron ya a la desesperada, y alejó a quien mejor funcionaba, Andrés Iniesta, de un Lionel Messi que directamente no estuvo, y que preocupa de cara al Mundial si fuera que uno sabe que muy probablemente sea su gran meta en este tiempo. El Barcelona jugó por mucho tiempo al hándbol, contra un Atlético que siempre jugó al fútbol.

Raro que en un partido de esta naturaleza, Messi no se involucrara más, como si estuviera enojado por algo (¿acaso por el sistema del Barcelona durante gran parte del año o porque su amigo Iniesta no parece ser demasiado tenido en cuenta y el propio jugador dijera luego que no entendió por qué fue reemplazado?).

La cuestión es que aunque algunos jugadores sacaron su carácter, su casta, como Jordi Alba,. Sergio Busquets, Neymar o Xavi, este Barcelona parecía deslucido, deshilachado, muy lejos de aquello que fue y deslumbró al mundo. Era más una suma de voluntades, aunque con otras muy alejadas del campo de juego.

Del otro lado, todo lo contrario. Un aluvión, un terremoto, una tromba, sin Diego Costa pero con un muy buen David Villa y un desequlibrante Adrián López, que demostró que está para grandes cosas si se lo propone y deja de ser un proyecto. Sin Arda Turán, incluso, con publialgia. Pero el Atlético es un equipo emergente, que está para mucho más, que no llegó a la cima y se encontró con uno acomplejado, con demasiados problemas fuera del campo, con demasiados inconvenientes institucionales que fueron minando su mentalidad, y con escasas respuestas en el césped.

Estos noventa minutos dejarán mucha huella. El Atlético se dará cuenta de que ahora la Liga también es posible, porque será una inyección anímica importante con miras a las seis fechas que quedan. Y la última, en el Camp Nou ante el Barcelona, que no le pudo ganar nunca en los cinco partidos de la temporada. Y ni qué hablar de la Champions.

En el Barcelona, eliminado por primera vez en cuartos de Champions en siete años, la suerte de Martino parece casi echada. Tal vez ganando la final de la Copa del Rey de la semana que viene en Valencia, al Real Madrid y luego la Liga, pueda salvarse, pero no parece fácil. Por el juego, por ser extranjero, por algunas ironías hacia la prensa catalana (“pensé que aquí se hablaba más de fútbol”), y por los problemas en el club que aparentemente le fichar jugadores en los dos próximos mercados.

También este partido tuvo el simbolismo del enfrentamiento entre dos argentinos, el Cholo y el Tata, y el primero, es evidente, puede con el segundo, y le queda el camino abierto para algún día dirigir a la selección argentina, acaso sea pronto.

 


lunes, 7 de abril de 2014

Cuentos de fútbol: Tribuna caliente (Por Marcelo Wío)



Vituperaba, soliloqueaba desesperaciones ansiosas hipertensas hiperbólicas, Elpidio Vargas, cantos rodados desde la grada a través del alambrado: descendiente de una larga saga de innobles y soeces – al parecer – mujeres prostibularias, espetó con ayuda del fuelle laringo-faringeo-bronquial traduciendo el aire enconado en improperios. Ataulfo Arévalo, nueve grandote, acababa de errar uno de esos goles que en todos los universos paralelos acababan se subírsele a las gargantas a los simpatizantes recorriendo el camino inverso de las invectivas, de los desahogos injuriosos. Detrás de esta rodadera de denuestos corría, tribuna abajo Alvarado Sísifo, recociendo trozos de palabras y llevándolas tribuno arriba para que volvieran a rodar hacia abajo – ora insultantes, ora ditirámbicas – contra el alambrado y tamizadas hacia el terreno de juego. “Ida y vuelta”, lo había apodado la afición. Enseguida, otra vez – aún no había llegado Sísifo arriba -, otro efluvio de oprobios se desbarrancó hacia la cancha: una analogía entre el rectángulo de césped y el óvalo del hipódromo y entre el jugador y un Equus ferus caballus (y su inhabilidad para el manejo fino del balón). Así se sucedieron varios cascotes verbales .seguidos por Sísifo- que jamás llegaron a oídos de su destinatario, perdidos alterados mezclados confundidos indiscernibles, y, por tanto, inaudibles como mensaje lingüístico, sino como ruido, rugido.
 
En un rato se reivindicará Ataulfo por obra y gracia de la entropía propia del tiro de esquina, por obra y gracia de la estocástica que querrá que la pelota rebote aquí y allá para ir a rebotar finalmente en su rodilla -mientras giraba torpemente buscando la pelota en el lado opuesto. y se dirigirá caracoleando hacia el fondo de la portería. El gol, ese evento-como ya lo habían reconocido Arquímedes, Platón y, más recientemente, Kant- que posee una capacidad inigualable para anular la memoria colectiva, para modificar la realidad.
pero eso será en momento, aún restan algunas oduscaciones por descender a trompicones por la tribuna. Aún le quedan a Sísifo unos minutos de idas y vueltas.

 
 
 


domingo, 6 de abril de 2014

El Barcelona lucha por su imagen internacional (Yahoo)



“La Masía no se toca”. De repente, una enorme bandera se desplegó del lado opuesto a la zona de palcos y todo el estadio aplaudió. Fue justo cuando, como en cada salida al campo de los equipos, sonó el himno del Barcelona y ante una multitud, no tanto por la ocasión (el Betis marcha último en la tabla de posiciones de la Liga Española) sino por la coincidencia con el voto de los socios en el referéndum para ampliar el mítico Camp Nou.

El Barcelona vive semanas de una enorme convulsión. Un golpe tras otro. No sale de uno, que ya llega el siguiente y entonces, desde los medios, muchos aficionados y dirigentes, aparece la idea de que se quiere atentar contra un modelo victorioso, uno de los más seguidos en la historia del fútbol en todo el planeta. ¿Pero quién quiere terminar con él? ¿Es así?

Esta semana, si faltaba poco con la renuncia del presidente Sandro Rosell por el affaire del fichaje de Neymar, un posible desacuerdo de renovación con Lionel Messi -quien a su vez tuvo problemas fiscales-, y la lesión de Víctor Valdés, se supo que la FIFA había determinado sancionar al Barcelona con la imposibilidad de fichar jugadores en los dos próximos mercados, es decir, hasta julio de 2015, por incumplir con algunas normativa en la contratación de jugadores menores de edad y en especial, extracomunitarios. Y todo, desde una denuncia anónima.

Esta información generó un tremendo impacto internacional en el Barcelona, debido no sólo a que afecta su bien más preciado y admirado, como es el complejo La Masía, del que han salido grandes cracks y se ha destacado por su altísimo nivel en la formación y dedicación, sino que coloca al club en una situación de alta tensión nada menos que con la FIFA e incomoda su relación con la Federación Española (RFEF), que al ser el organismo que regentea el fútbol en el país, debió pagar una multa y no tuvo un pronunciamiento fuerte a favor de la entidad catalana.

Sorprende mucho lo ocurrido desde la FIFA por varias cuestiones. La primera, tal como reconoció abiertamente su secretario general Jerome Valcke, es que la resolución fue tomada el 28 de noviembre de 2013, y sin embargo se conoció más de cuatro meses después, y no sólo eso, sino que cayó en pleno momento de definiciones, cuando el Barcelona se juega todo en la Champions League en Madrid ante el Atlético en cuartos de final, en el desenlace de la Liga y a días del referéndum del Camp Nou, en el que la comisión directiva se jugaba mucho de su continuidad, de por sí bastante cuestionada en su legitimidad. ¿Casualidad? El propio Valcke no supo explicar el por qué de la demora en informarlo al club ni la coincidencia con los tiempos en transmitirla.

Otra cuestión pasa por la muy buena relación que siempre tuvo en estos años la FIFA con la RFEF, al punto tal de que el presidente de la entidad española, Angel Villar, tiene una situación encumbrada en el organismo internacional y hasta en más de una oportunidad se rumoreó sobre su candidatura a presidir la UEFA en reemplazo de Michel Platini.

Y otra, más futbolística y que genera una enorme contradicción, es que en 2010, la terna para el Balón de Oro FIFA World Player estuvo conformada por tres jugadores surgidos precisamente de La Masía, Lionel Messi, Xavi Hernández y Andrés Iniesta. Nunca el mensaje había sido tan claro: esto es lo que queremos, lo más sano y lo que hace bien al deporte que representamos. Que un club llegue a lo más alto, que genere el mejor espectáculo, y que aún siendo poderoso, apueste por su cantera y no fiche de manera alocada.

Bueno, todo aquel discurso de 2010, apenas cuatro años y cuatro meses (aunque si la decisión fue tomada en noviembre, no llega a los cuatro años), queda ahora diluido, casi en la nada, con una polémica decisión de castigar al Barcelona por un artículo sobre la metodología en las contrataciones, porque se sabe bien que con esta medida se afecta una imagen, cuando hay que preguntarse si no hay ninguna otra entidad poderosa que haya hecho lo mismo.

Por otra parte, es cierto también que hay un exceso de victimismo en el Barcelona y en su entorno. Es claro que sí hubo incumplimiento de este artículo 19 citado por la FIFA, porque si no, no habría ninguna necesidad de sancionar a nadie, y por algún lado, el club falló y no tuvo los reflejos para corregir a tiempo las demandas que sobre este punto le venían demandando desde Zurich con un larguísimo intercambio epistolar que los medios se encargaron de difundir de manera prolífica en estas horas.

Es decir: se realiza un gran trabajo en La Masía, un trabajo modélico, incluso, pero hubo errores y ellos tienen que ver tal vez con la voracidad y cierta opacidad que existe en lo que se busca. ¿Qué se pretende, de fondo? ¿supercracks o mejores personas o ambos? A decir por aquel premio de 2010, es claro que hay quienes cumplen con los dos requisitos y son muchísimos. También habría que ver qué sucede con los que no llegan y qué sucede con esa maquinaria cuando no se puede traspasar el límite de llegar a ser jugador profesional.

Tal vez esto exceda al propio Barcelona. Su imagen de club sano, de formación sana, y su brillante juego de estos años llegó a tal nivel, que como cuentan muchos padres que tienen a sus hijos ahora mismo en La Masía, no había siquiera otra idea que esa rondando en sus cabezas y la de sus niños. Era el Barcelona o nada. Y allí acudieron, comunitarios europeos o no. Aún cuando el club, en muchos casos, y más, desde que fue advertido por la FIFA, debió hacerlos parar en sus competencias hasta que tuvieran la edad necesaria, aunque con diez de ellos, no lo hiciera y ahora le llega la sanción.

El otro punto ya excede al Barcelona, y pasa por preguntarnos hasta dónde llega la escalada del fútbol, qué es lo que hoy representa en el imaginario colectivo, para que una familia pueda plantearse desde Africa, Asia o Sudamérica, dejar todo, o desprenderse de un chico preadolescente sin poder acompañarlo, para que llegue a ser jugador en el futuro.

El fútbol, todo indica, hace tiempo que dejó de ser un juego de niños, precisamente.


miércoles, 2 de abril de 2014

El Atlético está firme ante un Barça inestable




No sólo son entrenadores distintos. Gerardo Martino y Diego Simeone, compatriotas que se tiran flores y tratan de llevar lo mejor posible la convivencia en tierras hispánicas, dirigen dos equipos encumbrados en Europa y en la Liga, pero no se parecen en nada. Son filosofías de juego y de vida totalmente distintas, ambas respetables, y eso se estuvo viendo durante toda la temporada con cuatro enfrentamientos entre sus equipos, y cuatro empates y apenas dos goles por lado.

Nada de este duelo entre Barcelona y Atlético Madrid era imprevisible. Todo lo contrario, todo indicaba que la paridad podía derivar en un empate en un durísimo partido de ida de cuartos de final de la Champions League, y también deja la puerta abierta a una apasionante revancha del próximo miércoles en Madrid, con una leve, al menos en la formalidad, ventaja para los “colchoneros” porque siendo duros atrás, con el empate en cero pasarán a las semifinales.

Sin embargo, el partido del martes a la noche en el Camp Nou deja mucha tela para cortar y mostró con mucha claridad que la paridad no implica igualdad de momentos sino todo lo contrario. El Atlético está en la cumbre de su rendimiento, en buena parte arrastrado por la dinámica de los buenos resultados de una temporada para el asombro, y el Barcelona navega en la confusión de los primeros indicios de un cambio de época que va asomando de a poco.

Por el lado del Atlético, da la impresión de que Simeone concretó en este equipo su obra cumbre. Ya se había insinuado en aquel Estudiantes que le arrebató el título in extremis a Boca en 2006, o en el River Plate que obtuvo el título de campeón por última vez en 2008, pero ahora aparecieron todos los recursos y desde un plantel que salvo casos limitadísimos (el arquerazo belga Courtois, o el brasileño Diego Costa, que va por todas), es parejo pero sin demasiado talento (acaso en un escalón arriba aparece el turco Arda Turan), el rendimiento está siendo estupendo.

El Atlético es una muralla cuando defiende. En su arco tiene a uno de los mejores arqueros del mundo, ha logrado reemplazar a un tremendo goleador como Radamel Falcao por Diego Costa, y ha trabajado mucho el medio, hasta terminar siendo un equipo granítico, con mucha dinámica y que sabe hasta cuándo pegar, cómo, y quién (con el majejo casi perfecto de las tarjetas amarillas).

Por todo esto es que logró (un mérito enorme porque ni el Real Madrid de las estrellas y los gastos extremos pudo) emparejar sus partidos contra un Barcelona que dominó el fútbol español, europeo y hasta mundial en el último lustro, pero que evidencia ahora cansancio, confusión en algunas facetas de su juego, y rodeado de demasiados problemas institucionales y de lesiones.

Así es que por primera vez en muchos años, el Barcelona llegó a jugar a veces con cuatro volantes, para tener más la pelota (4-4-2) con el ingreso de Cesc Fábregas entre los titulares, resignando un atacante, para volver como local y en determinados casos al tradicional 4-3-3, que es el que se emparenta con su historia.

En el partido ante el Atlético, esos cambios en la forma de encarar el juego chocaron contra su opuesto, un equipo ya terminado de esculpir, que sabe en cada momento lo que tiene que hacer y que ni el avatar de la lesión de Costa, su mejor valor en el campo, alteró ni un ápice.

En cambio, el Barcelona comenzó con Neymar hacia la derecha, inofensivo para generar situaciones de gol, con un Messi completamente rodeado de rivales, y con Xavi trasladando pero sin poder penetrar en ese muro rojiblanco de dos líneas de cuatro esperando.

Contrariamente a lo que sostiene en su mayoría la prensa catalana, creemos que no era un partido para Neymar, o al menos no mientras no hubiera otro extremo que abriera la defensa visitante y no se confundiera la tenencia de la pelota con generar chances ante el arco rival.

Neymar es muy voluntarioso, gambeteó, trató por todos los medios y hasta arqueó muy bien el cuerpo para abrir el ángulo y empatar, tras el extraordinario gol de Diego Ribas, que enmudeció el Camp Nou.

Martino cambió para mejor el esquema, pero fue demasiado tarde y el Barcelona ya había perdido dos tercios del partido, y sobre el final se pareció más a lo que fue siempre, aunque ya con imágenes algo difusas: la lesión de Gerard Piqué, que condiciona el decisivo mes de abril y que se suma a la de Víctor Valdés y al momento de casi retirada de Carles Puyol.

Muchos cambios para el Barcelona en un delicado momento como club, con el referéndum del 5 de abril para reformar el Camp Nou en 600 millones de euros pero con una comisión directiva que perdió a su presidente electo (Sandro Rosell) por un caso de supuesta corrupción, y con la fresca sanción de la FIFA que no le permitirá fichar jugadores hasta junio de 2015 por haber contratado jugadores extranjeros menores de 18 años entre 2009 y 2013.

Demasiado como para que si el entorno esté tan revuelto, el equipo pueda jugar tan tranquilo. Por eso, no deja de tener cierto mérito el equilibrio ecológico que trata de transmitir Martino, capaz de decir, sanamente, que le dieron ganas de gritar el gol de Diego en su contra, de tan lindo que le pareció.

Pero Simeone parece estar ganando la partida del largo plazo, con o sin eliminatoria ganada en Champions. Su trabajo tiene la consideración unánime y su proyección a la selección argentina, para un futuro indefinido, parece segura, aunque queda la gran duda sobre cómo jugaría un equipo suyo con los Messi, Agüero o Di María. Es, al cabo, su gran desafío. Probar su ductilidad ante un plantel superior en jerarquía.

Al contrario, Martino genera más dudas en esta temporada, pero sus equipos parecen tener una identidad más marcada.