Páginas vistas en total

Google+ Followers

sábado, 29 de septiembre de 2007

¿Messi es el nuevo Maradona? (Sportsnavi, Japon)

Por estos días, el joven jugador argentino del Barcelona, Lionel Messi, encuentra su mejor momento en su carrera, no sólo destacándose con goles, sino generando ocasiones para otros de sus compañeros, y exhibiendo un fútbol de lujo, deslumbrante, que no hace más que poner en el centro del debate la chance de que se lo considere como mejor jugador del planeta, y acaso sucesor de uno de los más grandes genios que ha dado este deporte, su compatriota Diego Armando Maradona. ¿Es Messi el nuevo Maradona?

Lo primero que se debe aclarar ante esta pregunta es que cada tiempo tuvo y tiene un contexto diferente. Maradona pertenece especialmente a la década de los años ochenta, cuando el fútbol comienza a ser superprofesional, pero no contaba con la difusión de la actualidad (por ejemplo, no había internet, ni chance de subir los goles a la web de manera inmediata, y tampoco podía seguirse tan globalizadamente el fútbol como en estos días).

Y en este mismo contexto, puede decirse que los sistemas de juego, tampoco son iguales que en aquel tiempo de Maradona. Si el astro del Mundial de México 1986 tenía tiempo de parar la pelota con su pecho, bajarla y darse vuelta, o resolver por su cuenta, hoy Messi, a una velocidad mucho mayor, necesita casi siempre de alguna descarga en compañeros o un pase para poder desarrollar su pique corto y resolver la jugada o bien con un remate esquinado, o bien regateando al arquero rival.

Messi no parece ser un Maradona, sino que debe seguir su propio camino. Desde ya que hay coincidencias sorprendentes, como que ambos hayan logrado un título de campeones mundiales juveniles menores de 20 años como figuras máximas (Maradona en Japón 1979, Messi , en Holanda 2005), que ambos hayan comenzado sus carreras europeas en el Barcelona, Maradona desde Boca Juniors de Argentina, y Messi, en cambio, desde la misma cantera barcelonista, o que ya Messi haya convertido goles con la misma factura que Maradona le convirtió a Inglaterra en el Mundial de 1986, tanto el gol de “la mano de Dios” como el que acaso hay sido hasta hoy el más importante de la historia del fútbol.
También los dos han tenido que sufrir cierta incomprensión de sus ocasionales entrenadores, tanto en el Barcelona como en la selección argentina. Maradona tuvo que jugar, siendo muy joven, casi como Messi ahora (Diego con 21 años, Lio con 20), en un Barcelona en el que brillaba, pero sin la coordinación absoluta necesaria en aquel equipo que posteriormente al Mundial de España 1982 dirigía el mismo César Luis Menotti que unos meses antes, en el mismo Mundial, lo hizo jugar de espaldas al arco rival, justo en uno de los mejores planteles que acaso haya llevado una selección argentina a un Mundial: la base del equipo campeón cuatro año antes, en 1978, sumada al propio Maradona, a un temible goleador como Ramón Díaz y a otros campeones mundiales como Juan Barbas o Gabriel Calderón, pero no pudo pasar de la segunda fase.
Messi padeció en la temporada pasada, de la necesidad del holandés Frank Rikjaard de darle cabida a Ronaldinho y a Samuel Eto’o en el ataque, y a Deco y a Xavi o Iniesta en el medio, con lo que para el argentino quedó reservado el extremo derecho, dejando en el banco a Giuly, pero si bien la oportunidad fue aprovechada, no fue colocado en su puesto natural, que es el de creativo y detrás de los delanteros como abastecedor del juego. Y así en ambos casos, el título fue para el Real Madrid, cuando el Barcelona disponía de mejores elementos en sus planteles.
También en el Mundial de Alemania 2006, como Maradona en España 1982, Messi no tuvo la cabida necesaria como titular por parte del entrenador José Pekerman, quien confió en la experiencia de Javier Saviola y Hernán Crespo, con Juan Román Riquelme como creativo, quedando para Messi, junto a Carlos Tévez (hoy en el Manchester United) apenas un lugar como suplentes. Inexplicablemente, Messi no fue incluído por Pekerman en el decisivo partido de cuartos de final ante Alemania, cuando el equipo argentino ganaba por 1-0, era claro que los locales atacarían en los minutos que quedaban buscando el empate, y el entrenador argentino optó por el delantero del Inter Julio Cruz, cuando la ocasión demandaba un jugador bajo, que obligara a replegarse, ante la posible velocidad, a los altísimos Metzelder y Mertesacker.

La pregunta de por qué no ingresó Messi por Crespo fue y sigue siendo la gran pregunta que Pekerman se llevará por siempre, tal como cuando en 1978, Maradona era pedido cada día para la selección argentina y Menotti optó por no convocarlo, y privilegiar a buenos jugadores, como Valencia o Villa, pero nunca tan geniales como Diego.
Desde lo técnico, Messi aparece hasta ahora con un enorme talento aunque con algo menos de seguridad en el traslado en comparación a Maradona, con menos remate de media o larga distancia, pero también con más pique corto, mayor capacidad de gambeta, y mayor capacidad de gol que su antecesor.

Messi es algo más alto que Maradona, si bien ninguno de los dos se ha destacado en el cabezazo, pero como Diego, Lionel es demoledor en el momento de la definición, y ambos se han destacado por la increíble facilidad para generar juego para sus compañeros y por la gran solidaridad con ellos dentro y fuera de la cancha.

En resumen, ¿Messi puede ser Maradona? Todo indica que lo que le conviene a Messi es ser Messi, que ya sería más que suficiente.

¿Puede caer en los conflictos personales en los que cayó Maradona? Todo indica que es difícil que eso ocurra. Maradona, hay que recordar, llegó prácticamente solo a Europa, apenas rodeado de su mujer. Messi vive en Barcelona desde la adolescencia, y junto a su familia de origen. Esa protección pasa a ser fundamental en este tiempo, y la propia experiencia vivida por Maradona puede serle una referencia muy útil en el futuro.

Palermo, el optimista del gol (El Mundo, Madrid) 29-9-07

Alguna vez fue bautizado por Carlos Bianchi como “el optimista del gol” porque nunca se da por vencido, y muchos no pueden comprender cómo con tan escasa habilidad en sus piernas y aún menos movilidad en un fútbol tan competitivo, Martín Palermo rompa récord tras récord con la camiseta de Boca Juniors (siete goles en una sola semana) y se encuentre ya a sólo veinticinco goles de ser el máximo anotador en la rica historia del club.
Palermo (La Plata, 7 de noviembre de 1973), también conocido como “El loco” desde que debutara en Estudiantes de La Plata el 5 de julio de 1992, es todo un personaje, que fue cambiando excentricidades de juventud, por un presente a puro gol al punto tal de que en la mítica Bombonera, donde marcó más goles que nadie en sus 67 años de vida, en uno de los palcos hay un cartel con una cuenta regresiva que sus ocupantes van marcando cuando marca algún tanto que lo acerca cada día más al de Francisco “Pancho” Varallo, único sobreviviente de la selección argentina que perdió la final del primer Mundial ante Uruguay en 1930.

Palermo lleva marcados en Boca 169 goles en 264 partidos oficiales, aunque marcó otros diez extraoficiales, ocupando el segundo lugar en la historia profesional de Boca, a sólo 25 tantos de Varallo, quien con más de noventa años, se defiende diciendo que ha marcado también tantos anteriores al profesionalismo (que se inició en 1931) y que tiene un mejor promedio que su joven contrincante, pero amenaza con volver a ponerse los pantalones cortos en el caso de que lo alcancen, tal como hizo en abril de 2005 durante los actos del Centenario del club.

A Palermo le pasó de todo. Casi, una vida más para Hollywood que para un estadio de fútbol. Sus goles en Estudiantes, con el que logró el ascenso a la primera división junto a Juan Sebastián Verón en 1995, lo llevaron a ser pretendido por Boca y por River Plate, pero también comenzó a destacarse por sus extraños peinados y por los continuos cambios en el color de su cabello, desde el amarillo furioso, hasta el platinado, pasando por festejos de goles sentado en un banco, besándose un botín o colocándose una botella en la cabeza. Pero la máxima popularidad fuera de las canchas la conoció cuando el cotidiano deportivo “Olé” lo colocó en su portada vistiendo de mujer.

En 1997 pasó a Boca, donde compartió cartel con Diego Maradona en su último año como jugador, Verón, Kily González o Claudio Caniggia, pero su consolidación llegó en 1998, cuando Bianchi se hizo cargo del equipo y organizó un verdadero imperio futbolístico. El entrenador reunió, antes de comenzar el Torneo Apertura, a Palermo con el extremo derecho Guillermo Barros Schelotto, con quien lo unía una fuerte enemistad en tiempos de enfrentamientos entre los dos equipos de la ciudad de La Plata, Estudiantes y Gimnasia, y les dijo “desde hoy, ustedes se casan futbolísticamente”. Tanto fue así que Palermo convirtió en ese torneo veinte goles en dieciocho partidos, plusmarca de goles en torneos argentinos cortos, y la dupla funcionó a la perfección al punto tal que se plantean continuar juntos sus carreras de entrenadores. Boca no sólo ganó el Apertura, sino también el Clausura 1999, la Copa Libertadores 2000 y la Copa Intercontinental de ese año, cuando Palermo liquidó al Real Madrid con dos tantos al comienzo mismo del partido, y fue considerado el mejor jugador de la final. También en 1998 fue elegido mejor jugador de Sudamérica por la prensa especializada.

Pero en medio de tantos logros, Palermo también sufrió duras lesiones. El fatídico 13 de noviembre de 1999, y luego de marcar su centésimo gol en Santa Fe ante Colón, al festejar se llevó por delante un cartel publicitario y se rompió el ligamento cruzado de su pierna derecha, que motivó que parara de jugar por seis meses. Su regreso fue de cine: Boca definía ante River el partido por los cuartos de final de la Copa Libertadores, ganaba por 2-0, resultado que le permitía avanzar a semifinales con lo justo, cuando se produjo el regreso de Palermo, quien convirtió el tercer tanto ante el delirio de la multitud, que lo llevó en andas en el final.

El 29 de noviembre de 2001, ya en Villarreal, se le cayó un muro y tuvo doble fractura de tibia y peroné, con cuatro meses de ausencia. Más allá de este percance, nunca pudo concretar en sus cuatro temporadas en España, aquello que había logrado en Argentina. En 2003, luego de no ser tenido en cuenta por Benito Floro, recaló en el Betis, donde casi no jugó, y menos en el Deportivo Alavés en Segunda.

Ya en 2005 volvió a Boca, arropado por la gente, e inmediatamente volvió al gol, aunque no le podía faltar algún percance y el 8 de octubre de 2006 el portero de River Germán Lux cayó sobre su pierna derecha y le provocó una lesión en el ligamento interno, aunque esta vez sólo se alejó de las canchas durante dos meses.

Sin embargo, volvió a participar de tiempos de gloria desde la llegada de Alfio Basile, y junto a Fernando Gago, Rodrigo Palacio y Roberto Abbondanzieri ganó el bicampeonato 2005/06, dos Recopas Sudamericanas, una Copa Sudamericana y recientemente, la Copa Libertadores junto a su antiguo socio Juan Román Riquelme, proyectándose ahora al Mundial de Clubes que Boca jugará en diciembre en Japón.

Si ya venía marcando goles, Palermo ya se está saliendo en 2007. Lleva 23 goles desde enero y entre ellos, uno desde 60 metros a Oscar Ustari, actual portero del Getafe, cuando Boca venció a Independiente en el estadio de Racing el 24 de febrero, mientras que el 18 de marzo le convirtió cuatro goles a Gimnasia y el 16 de setiembre, otros cuatro a Banfield.

Palermo, con tantos títulos y tantos goles, sin embargo tiene otro récord para el Guiness: en la Copa América de Paraguay en 1999, jugando para la selección argentina de Marcelo Bielsa, falló tres penaltis en un mismo partido, ante Colombia. Algunos lo critican por su supuesta escasa técnica (si bien es acaso el mejor cabeceador del fútbol argentino). Otros creen que sólo se trató de alguien que no se quiso resignar a seguir fallando, por aquello de ser “el optimista del gol”. Tan optimista es, que habiendo perdido un hijo justo al nacer, en la semana, de todos modos quiso jugar y para variar, marcó ante Banfield, con todo el estadio arropándolo y sin poder festejar por el incontenible llanto.

Definitivamente ídolo de Boca, Palermo es el máximo goleador en actividad del fútbol argentino con 173 goles en 288 partidos, y en el palco de la Bombonera siguen marcando la cuenta regresiva hasta alcanzar a Varallo.

viernes, 28 de septiembre de 2007

Hasta siempre, Cacho

La noticia nos conmovió porque nunca pensamos que somos apenas habitantes de este mundo por un rato que nos prestan, y cuando alguien que admiramos o por quien sentimos afecto, nos deja, el vacío que queda no suele reponerse. Nadie es irreemplazable pero al mismo tiempo, y paradojicamente, nadie tampoco es reemplazable porque nos imprime su personalidad, nos transmite su sabiduría, su experiencia, si la tiene.
La muerte de Raúl "Cacho" Barizzoni, periodista de raza, fino comentarista radial, gran compañero, buen amigo y consejero en tantos viajes y momentos que hemos compartido, nos llena de tristeza y melancolía.
Nos cuenta el también amigo Pablo Karslián, quien lo reemplazará ahora como comentarista del equipo que comanda Javier Máximo Goñi en Radio Oriental, en el querido y vecino Uruguay, y en el que supimos trabajar también en años hermosos pletóricos de ilusiones iniciáticas, que Raúl llevaba tiempo con malestares, y pudimos recordar entonces que efectivamente en una oportunidad lo llegamos a visitar en un hospital, en Montevideo.
Memoramos a Raúl como un periodista racional, agudo, y al mismo tiempo sanguíneo, que movía sus manos en pleno comentario, de una manera particular, como acompañando y marcando cada frase. También, la palabra justa para calificar un partido, para advertir sobre incidencias en el juego que difícilmente acarrearían un error.
Barizzoni conjugaba experiencia, amplios conocimientos, y una calidez y una sencillez como solamente pueden tener quienes son sabios de verdad y no necesitan alardearlo.
Llegamos a ser sus anfitriones en Buenos Aires y también hemos compartido charlas, comidas, anécdotas y eso quedará por siempre como un orgullo.
También, aquella alegría en su rostro cuando nos encontrábamos, y ese fuerte y cálido apretón de manos, o ese extraño punto de equilibrio en momentos complicados o turbulentos en algunos acontecimientos deportivos.
Extrañaremos a Barizzoni, sus comentarios, su compañía. Recordaremos siempre al amigo, al compañero de viajes, al gran periodista, al insobornable colega.
Gracias, Cacho. Hasta siempre.

"¿Quien dijo artista? yo soy un hombre apenas, que ataca el miedo, con su garganta" (Daniel Viglietti).

jueves, 27 de septiembre de 2007

Dime a quien silbas y te diré dónde vives

Alguna vez Discepolín, con una gran visión de futuro, llegó a decir "que allá en el horno se vamo a encontrar". Bueno, como dicen los chicos hoy, ya estamos en el horno. Quienes peinan canas o al menos conservan cierta memoria en un país carente de ella (acaba de finalizar River 4 Botafogo 2 y es tremendo escuchar cómo los hinchas de River pedían que se fueran todos y la cabeza de Passarella incluída, o se retiraban masivamente del Monumental, y a los veinte minutos festejaban como locos un resultado que había cambiado de manera extraña), recordarán que salvo en casos de marchas a equipos archirrivales, algo no tan normal en tiempos no tan superprofesionales, había hasta cierto respeto y hasta emoción cuando nos tocaba jugar ante un rival que había vestido nuestros colores.
Hoy, cuando abundan en todos los equipos los Twity Carrarios, que pasaron por decenas de camisetas y que las han besado todas en los festejos locos luego de embocar un penal ejecutado con los ojos cerrados y temblando de miedo a fracasar, estos mismos jugadores, en cada gol, se la pasan pidiendo disculpas con las dos manos en posición de rezo, con lo cual, al haber jugado en muchos, casi que piden disculpas en cada fecha. A veces es creíble, otras, no tanto.
Sin embargo, peor es el caso de los hinchas, que parecen haber entrado en la nueva moda de silbar o insultar a quien por años defendió su camiseta. Ha pasado con Jesús Dátolo, cuando fue con Boca a la cancha de su ex equipo Bánfield. Ha sucedido con José Sand, hostigado por los hinchas de River cuando visitó su estadio jugando para Lanús, y le ha pasado, en la misma semana, al entrenador Fernando Quiroz, cuando fue con San Martín de San Juan a la cancha de Huracán. Parecuera que repentinamente, nos ha venido un ataque de amateurismo, cuando hasta buena parte de la tribuna popular se encuentra plagada de mercenarios que cantan al mejor postor, y otra buena parte, que sólo concurre por deseo, repite como loro sus canciones violentas, a falta de otras más creativas.
En el caso de Sand, algo más insólito: en la zona en la que se encuentra el estadio Monumental de Nuñez, actúa una fiscal, con evidentes ganas de hacerse conocida en los medios. Si no, no se puede explicar que la doctora Claudia Barcia, le pueda labrar un acta a Sand por responder los insultos de los hinchas de River poniendose una mano en la oreja en su gol, o haciendo el gesto de "yo acá dí la vuelta", que no parece ser nada grave. Asimismo, la fiscal parece haber olvidado otro pequeño hecho ocurrido en ese mismo día: en la tribuna que insultaba, sí, a Sand, había integrantes de la barra brava denominada "Los borrachos del tablón" sobre los que pesaba el derecho de admisión. Eso no importó, en cambio el testo de Sand, sí. Como también pareció importar aquella vez que Carlos Bilardo, sentado en el banco de suplentes de Estudiantes, sacara una botella de champagne antes de iniciar su partido con River hace pocos años, en aquel ridículo episodio del "gatorei".
¿Por qué esa necesidad de insultar a quien jugó con nuestra camiseta? explicaciones hay muchas posibles, pero una de ellas, en esta sociedad exitista, es que todo pasa (como diría alguien que pretende perpetuarse en el fútbol y que lo selló en un anillo), y que lo que alguien nos entregó de sí en su momento, hoy no se reconoce. Ya está, se fue, y ahora no lo queremos más, ya lo hemos reemplazado por algo supuestamente mejor. Si además, ha salido de nuestro seno, y pertenece a otros colores, nos ha traicionado, si bien recnocemos desde lo racional que hoy las reglas son así. Al mismo tiempo, si ese jugador se fue al exterior, especialmente a Europa, lo seguiremos viendo con el prisma de nuestros colores porque ha sido exitoso, es decir, si tiene éxito, es nuestro. Si no lo tiene o si se pone otra camiseta, merece nuestro repudio.
En este fútbol botón, en el que todos piden tarjeta para el rival, en el que jugadores de uno y otro equipo salen a matarse sin piedad, y en el que los árbitros y jueces de lìnea velan solamente por sí mismos, todo esto es posible.
Hace poco alguien escribió en una pared del barrio Parque Chacabuco "la mesa está servida. Comámonos".

viernes, 21 de septiembre de 2007

Mourinho y el fin de una etapa en el Chelsea (Sportsnavi)

Basto un empate como local ante el Rosenborg de Noruega por la primera jornada de la Champions League europea para que Jose Mourinho decidiera terminar la larga relacion que llego a gestarse con el Chelsea, club con el que trabajo desde la temporada 2004-2005, y que incluye dos Premier Leagues y dos semifinales europeas, pero nunca alcanzo el máximo objetivo que se propuso el magnate ruso y máximo accionista, Roman Abramovich, de conseguir el centro continental para terminar de consolidarse como uno de los mas grandes del mundo.

Nadie puede negar que los logros de Mourinho, de 44 años y que comenzara como un traductor del ingles de Louis Van Gaal en el Barcelona, fueron muchos, como el largo invicto en condicion de local en Stanford Bridge, prácticamente inexpugnable, o el gran protagonismo del equipo en cada edición de la liga inglesa o de la Champions League, si bien siempre pudo contar con los jugadores mas selectos porque justamente Abramovich, uno de los magnates mas fuertes del mundo como consecuencia de la herencia de dinero negro de los tiempos de Boris Yeltsin como presidente ruso, nunca escatimo usar su talonario.

Pero tampoco se puede negar que Mourinho, de controvertida personalidad aunque hacedor de vestuarios cerrados y solidarios, ha conseguido armar, desde grandes estrellas, un fuerte equipo, una mentalidad de conjunto, y con lideres muy cercanos en afecto al club, como el defensor central (y ahora capitan de la selección inglesa), John Terry, o el volante Frank Lampard, quien llego a estar en la terna para conseguir el premio al mejor jugador del mundo por parte de la FIFA.

El portugues Mourinho llego al pináculo de la fama cuando en 2004 gano la Champions League dirigiendo al Porto, por quien pocos apostaban, y a partir de alli, fue objeto de deseo de Abramovich, con quien firmo un contrato, una vez que gano su primera liga inglesa, de 13 millones de euros por temporada, lo que ahora implica una indemnización de 35 millones para alejarse en paz de la entidad.

Por un lado, hay versiones que dicen que la relacion entre Mourinho y Abramovich ya no eran las mejores desde que no se consiguió la Champions y de hecho, la llegada del ucraniano Andrey Sevchenko desde el Milan, que hizo dudar al delantero casi hasta el final del libro de pases, tanto que se dice que la que incidio fue su esposa, aumento la tensión, sumado a que tampoco rindio, y de hecho muchas veces quedo fuera de la convocatoria para los partidos, el aleman Michael Ballack, procedente del Bayern Munich.

Para completar el panorama, al inicio de la actual temporada fue contratado como director deportivo Abraham Grant, ex entrenador del seleccionado israeli, pero considerado por los analistas cercanos al entorno del Chelsea como hombre de absoluta confianza de Abramovich y especialmente de Pinjas Zahavi, el influyente agente israeli y ex periodista. Desde la llegada de Grant y de Sevchenko, la rutina de Mourinho se hizo mas tediosa y sus deseos de marcharse aumentaron cuando supo que su colega brasileño Luiz Felipe Scolari podia marcharse de la selección portuguesa luego del incidente con el serbio Ivica Dragutinovic por las eliminatorias a la Eurocopa 2008. La sancion de la UEFA a Scolari, por agredir con un golpe de puño a Dragutinovic, de cuatro partidos, aumento la tensión entre el brasileño y la Federación Portuguesa y se dice que ya para la Eurocopa, muy posiblemente Mourinho este sentado en el banco como entrenador de su selección nacional.

Tampoco es casualidad que en la misma semana de la crisis en el Chelsea apareciera el presidente de la UEFA, el frances Michel Platini, para advertir contra el excesivo mercantilismo del futbol y la necesidad de ponerle freno, aunque tambien se refiere al litigio en el que parece entrar el ex G-14 con la UEFA por la cesion de jugadores a los seleccionados nacionales de paises periféricos.

En un escueto comunicado, el Chelsea ha manifestado que el alejamiento de Mourinho “se produjo por consentimiento mutuo”, luego de que con el portugues, en tres temporadas, el club ingles ganara dos Premier Leagues, una FA Cup, y dos Copas de la Liga, ademas de llegar dos veces a semifinales, en 2005 y 2007, en ambas ocasiones eliminado por el Liverpool.

El Chelsea, ademas de no arrancar esta temporada en la mejor forma en la Champions, tampoco en la liga tenia la marcha de otros años. Hasta el importante partido del fin de semana contra el Manchester United, ya dirigido por la dupla conformada por el israeli Grant y Steve Clarke, ex ayudante de Mourinho (no se sabe bien hasta cuando funcionara), el Chelsea se encontraba compartiendo la tercera oposición junto a su rival de turno y el Liverpool, a dos unidades del Arsenal, y a una del segundo Manchester City.

Pero lo mas importante es que uno de los ciclos mas fuertes de los ultimos tiempos en el futbol mundial, el de Mourinho en el Chelsea, llego a su fin, y con el, una manera de concebir el futbol desde el trabajo colectivo, el descaro, y cierta sinceridad “brutal” que muchas veces lo ha enfrentado con entrenadores como Frank Rikjaard, Johan Cruyff o Alex Fergusson, por citar algunos.

Fue la noticia de mayor impacto de la actual temporada, y puede significar un importante cambio de timon para los próximos años tanto en Inglaterra como en Europa. El tiempo dira.

Muerte súbita en el fútbol: ¿imprevisión o accidente? (Mas alla del deporte, Ecuador)

La polémica se instaló en el último mes en el fútbol mundial. Si bien hubo varias muertes súbitas de jugadores en todo el planeta, el hecho de que le haya ocurrido a una estrella de la Liga Española, como Antonio Puerta, del Sevilla, el 28 de agosto pasado, abre aún más el interrogante sobre si el deporte está preparado para solucionar los accidentes, cada vez más frecuentes, o si se trata de algo más grave, como la imprevisión y la falta de exámenes y medidas adecuadas para no caer en desenlaces fatales.

Puerta falleció horas después de haber disputado el partido ante el Getafe por la primera jornada de la Liga Española, y cuando ya había sido asistido en el propio campo de juego, luego de un choque, y si bien fue reanimado y salió hacia el vestuario por sus propios medios, posteriormente tuvo nuevos ataques cardíacos que desembocaron en el peor desenlace posible.

Probablemente sea más por esto que por otras muertes de jugadores, que la FIFA haya determinado que para las próximas eliminatorias al Mundial 2010, obligadamente cada estadio deberá tener un servicio de urgencias para solucionar problemas cardiorrespiratorios, pero hay casos menos conocidos, igual de dolorosos, y todos ocurridos en los últimos tiempos.

Por ejemplo, el de Jairo Andrés Nazareno, ecuatoriano de 21 años apenas, quien tuvo un paro cardìaco jugando en Riobamba un partido entre Chimborazo FC y la Liga Politécnica de Chimborazo, por la Segunda División. El entrenador de Chimborazo FC, Ramiro Sucay, relató que Nazareno tuvo un dolor en el pecho y fue llevado casi de inmediato al hospital zonal, y allí murió.

El mismo sábado 1 de setiembre, es decir, apenas a los cuatro días del deceso de Puerta, también murió en España Angel Arenales Torres, de 31 años, y de un paro cardíaco, durante la disputa de un partido amistoso. Arenales Torres jugaba para el Club de Veteranos del Atlético Sobrafe, de Huesca (en el norte del país). “Se desvaneció cuando le dijimos que había hecho un buen partido, pero en ese mismo momento nos contó que se sentía mal y al rato falleció”, relató el vicepresidente de la entidad, Amadeo Monedero.

Por esos mismos días, y de manera intempestiva, falleció el zambiano Chaswe Nsofwa, en un entrenamiento con un equipo de Segunda División israelí.

Otro ecuatoriano, Manuel Aldaz, falleció jugando un partido de aficionados entre Cachorros y River Plate en Ambato. Aldaz tenía 31 años y era pintor de coches, y en su autopsia apareció la asfixia como principal causal, tras un paro respiratorio. Antes de morir, había dicho a sus padres que para él era, en todo caso, “un orgullo”, si tuviera que irse de este mundo tras jugar al fútbol.

También el fútbol registra casos anteriores, como los del brasileño Cristiano de Lima, de 25 años, que murió en 2004 mientras jugaba un partido para el Dempo Sports Club, y en el mismo año, su colega Serginho, de 30 años, y quien defendía como lateral al más conocido Sao Caetano, mientras que en la Argentina, sucedía algo similar con el prometedor arquero de Independiente Lucas Molina, de 20 años, suplente de Carlos Navarro Montoya, y que se desvaneció en la casa de su novia, a poco tiempo de su último entrenamiento.
También el húngaro Miklos Feher, de 24 años, falleció en pleno partido jugando para el Benfica, en un partido de la liga portuguesa, ante el Vitoria Guimaraes, y ya en 2003, se recuerda el sonado caso de la muerte de Mark Vivien Defoe, de la selección de Camerún, durante la disputa de la Copa Confederaciones en Francia.

En Chile, el arquero Manuel Mondaca, de la Unión Española, falleció en pleno entrenamiento en 2004.

El sitio web “Latin.salud”, de gran prestigio, considera la muerte súbita como el fallecimiento que se produce dentro de las veinticuatro horas de la aparición de los síntomas, sin que los médicos tengan oportunidad de evitar los decesos. Y recomienda a los futbolistas en particular, un monitoreo semestral (los equipara con ciclistas o basquetbolistas).

El que se manifiesta de manera más contundente en este sentido, es el doctor Wilfried Kindermann, responsable médico del pasado Mundial 2006. El facultativo cree que hay dos motivos principales para este tipo de muertes en el fútbol: la primera, por casualidad, “porque se trata del deporte más practicado en el mundo, y si por ejemplo tomamos Estados Unidos, allí hay más muertes por jugar al básquetbol”.

La otra causa de muchas de estas muertes “hay falta de una buena examinación de estos deportistas, porque detrás de estas muertes siempre hay una enfermedad, y en el alto rendimiento, en deportistas jóvenes, este problema suele ser la miocardiopatía hipertrófica congénita, o malformaciones de arterias coronarias, o inflamaciones del músculo cardíaco”, pero dificulta que sea por doping “y aunque lo fuera, luego de una muerte es imposible detectarlo”
El cardiólogo Mario Muñoz, decano de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y Salud de la Universidad de las Américas, en Chile, alerta sobre los “deportistas del fin de semana”, incluso los del fútbol, a quienes divide entre menores y mayores de 25 años. Los primeros, corren riesgos de muertes por enfermedades congénitas no diagnosticadas, y los otros, por problemas coronarios adquiridos.

El excelente sitio web www.diariosdefutbol.com cita sobre esto, una frase tomada de “El Maestro y Margarita”, de Bulgákov, cuando Voland, el diablo, dice entre pena e ironía “el hombre es mortal, pero eso es sólo la mitad del problema. Lo grave es que es mortal de repente”.

De allí que a veces la prevención juega su partido especial. Para Miguel Angel Russo, actual director técnico de Boca Juniors, no fue fácil decirle hace dos años al prometedor juvenil Marcelo Bravo, en Vélez Sársfield, que el tamaño de su corazón, de acuerdo a los estudios realizados, le impediría seguir jugando, cuando toda su familia había depositado esperanzas en un ascenso social en base a sus habilidades. Costó hacerlo entender, y el club decidió compensarlo designándolo como miembro del cuerpo técnico en las divisiones inferiores. Pero el mensaje fue que siempre es más importante vivir, que inmolarse jugando.

Costó más aún convencer al potente delantero argentino Juan Gilberto Funes, de que no podría jugar en Boca, a principios de los noventa, por el mismo problema que Bravo. Funes falleció al poco tiempo, muy joven, por la dilatación del músculo cardíaco.

Pero el mejor ejemplo sobre prevención y su tratamiento ocurrió en Inglaterra. Hace escasas semanas jugaban por la Carling Cup el Nottingham Forest y el Leicester City. Ganaban los primeros por 1-0 cuando el partido debió suspenderse por un ataque cardíaco del defensor Clive Clarke. Cuando se reanudó días después, otra vez 0-0, cerca del minuto en que se produjo la suspensión, el arquero del Nottingham Paul Smith tomó la pelota, fue avanzando en el terreno, cruzó la mitad de la cancha, y como no encontró oposición rival, se metió en el área del Leicester, y concretó el 1-0 para su equipo. Cuando terminó el partido, el entrenador del Leicester, Gary Meyson, admitió que todo eso fue conversado antes entre los dos planteles y que el Leicester consideraba que si el partido había sido suspendido 1-0, debía conservar el resultado, y además, por lo bien que el Nottingham había tratado a Clarke. La Federación Inglesa felicitó por esto al Leicester, que no obstante, deportivamente revirtió el resultado y ganó 3-2 y pasó a la tercera ronda, donde jugará ante el Aston Villa, aunque para nosotros, en cierta manera, ya es campeón desde ahora.

Messi y el virus FIFA (Sportsnavi)

Todo comienza con el regreso desde Australia de Lionel Messi , quien arribó a Barcelona con una leve contractura en su pierna derecha producto del partido amistoso entre su selección, Argentina, y el equipo local, y la decisión del entrenador Frank Rikjaard de excluirlo del partido de la liga española ante el Osasuna, para que se desatara nuevamente el escándalo.

El presidente del Barcelona, Joan Laporta, apareció de manera contundente en los medios para amenazar con que los clubes más poderosos de Europa (también del mundo) podrán rebelarse en el futuro a ceder jugadores a los seleccionados nacionales si no participan en el negocio de éstos o si las federaciones nacionales no los compensan o pagan un seguro.

La aparición de Laporta y estas declaraciones no es casual. Lo que en los últimos años se dio en llamar “G-14”, que primero se constituyó con la agrupación de los principales catorce clubes poderosos de Europa y luego se amplió a dieciocho, ahora se plantea hasta cambiar de nombre (se plantea el de “Asociación de Clubes Europeos”) y también, ampliar su constitución a los cincuenta clubes más fuertes.

El motivo no es otro que una buena lectura del cambio en su realidad política. El resultado del llamado “Caso Oulmers” , al que ya nos hemos referido en esta columna, y que en otro tiempo fue un caso como el de Messi pero mucho más grave, no otorgó los resultados esperados ni en el terreno de la FIFA ni en el de la justicia (no aceptada por el máximo organismo del fútbol mundial) y perdieron también el control de la UEFA, con la derrota de su candidato, Stefan Johansson, contra el de Zurich, Michel Platini.
Con Platini, aliado de la FIFA y de su presidente Joseph Blatter, el “G-14” comenzó a correr riesgos de disolución, y no sólo eso: el ex jugador francés, ganador de las elecciones de la UEFA basado en los votos de las pequeñas y nuevas federaciones europeas, contra las más grandes y fuertes, ya comenzó a echar mano a la nueva situación y propone una plaza para la Copa UEFA para los clubes menos poderosos, algo que irrita a los dirigentes más encumbrados.

La solución, entonces, pasa por el lado de suavizar las relaciones con la nueva UEFA, primero con el cambio de nombre (de “G-14” a “Asociación de Clubes Europeos”) y de dieciocho miembros a cincuenta, como para no mostrarse sólo entre poderosos, sino juntando fuerza por todo el continente hasta el encuentro de clubes medios, como para poder conseguir ser más escuchados, si bien tanto Blatter como Platini fueron elocuentes ante cada posibilidad de manifestarse: la FIFA sólo dialoga con la UEFA y no con clubes u otro tipo de asociaciones entre ellos.

Lo que Laporta manifestó, enojado con la situación de Messi, es que lo que los clubes más poderosos de Europa pretenden es que en el caso de que sus jugadores regresen lesionados de partidos amistosos internacionales con sus seleccionados, sus respectivas federaciones se hagan cargo de un seguro, estipulado con anterioridad (e institucionalizado definitivamente) o bien que directamente las federaciones que convoquen a esos jugadores, se hagan cargo del pago proporcional de sus salarios en los días que los tengan en las filas de sus seleccionados, algo que siempre fue resistido por FIFA, que indica (para nosotros con criterio) que en todo caso, el mayor negocio es de los clubes, que a sabiendas de que estos jugadores son seleccionables, de todos modos son fichados a clubes de otros continentes por millones de euros, y a su vez, ningún club europeo se ha quejado hasta ahora de que la cotización de algún jugador suyo se ha elevado por algún partido en su selección nacional.

¿Qué pasaría, si así como los clubes europeos pretenden el pago de un seguro por lesión, o que las federaciones se hagan cargo del salario proporcional de estos jugadores, cuando alguno de ellos fuera luego traspasado en una cantidad mayor, a un nuevo club, por parte del poderoso club europeo, su federación le reclamara al club vendedor su porcentaje del pase por haber contribuido a elevar su cotización? Sería el mismo juego, pero al revés, en un espiral interminable.

La prensa europea también ha salido en defensa de los clubes poderosos, sin recordar que en muchas ocasiones, sus portadas sirven como escaparate para vender más ejemplares y en ellas, cuando hay partidos internacionales deselecciones, muchas veces aparecen estos mismos jugadores luego reclamados en los editoriales por regresar cansados o maltrechos o hasta lesionados, sin medir jamás todo lo que se ha elevado su cotización ya de por sí con el hecho mismo de haber sido convocados por sus seleccionados, y luego, tal vez, por sus actuaciones.

Es cierto, en cambio, que hay hechos que pueden contemplarse de otra manera. Por ejemplo, que si bien ahora el fútbol internacional cuenta con el llamado “calendario Platini”, que unifica la semana en todo el mundo, también es verdad que determinadas federaciones que contienen los jugadores más importantes o que casi todos ellos juegan en ligas fuertes (Brasil y Argentina son dos casos concretos), podrían contemplar jugar en países muy alejados (como en el caso actual, Brasil jugó en Estados Unidos y Argentina, en Australia) en momentos más tranquilos del año, y en cambio privilegian el negocio de los agentes organizadores o las empresas que poseen los derechos. Tal vez en plena competencia de clubes, Brasil o Argentina deberían contemplar jugar partidos amistosos más accesibles, que contemplen todos los intereses.

Al mismo tiempo, los clubes europeos parecen cargar con más facilidad en los casos de jugadores de otros continentes pero no de los mismos europeos. El caso más claro: Laporta, el presidente del Barcelona, se quejó por la pequeña lesión de Messi en Australia, pero nada dijo de Thierry Henry, quien estuvo cuatro días con la selección francesa, que enfrentó por eliminatorias de la Eurocopa a Italia y a Escocia. Es cierto que se encontraba cerca de Barcelona, pero el detalle e que Henry estaba suspendido para jugar por su selección. Pero se ausentó cuatro días de los entrnamintos del conjunto catalán y nada, ninguna declaración en su contra.

Barcelona y los cuatro fantasticos (Sportsnavi)

¿Deben jugar todos los fantásticos en el Barcelona?


Desde esta temporada, y con la excepcional y mediática contratación del francés Thierry Henry al Arsenal inglés, comenzó a señalarse al equipo de Barcelona como el de “los cuatro fantásticos”, en alusión a la conjunción en ataque de la nueva estrella, y del tridente proveniente de las últimas temporadas, Ronaldinho, Samuel Eto’o y Leo Messi. La gran pregunta que quedó pendiente hasta que comenzara la nueva liga española era si estos cuatro espectaculares delanteros podrían jugar juntos, si el entrenador holandés Frank Rikjaard se animaría a colocarlos, y si por fin el fútbol mundial podría encontrar un equipo ultraofensivo que quebrara la dinámica resultadista y utilitaria de las últimas décadas.

Pero si por si esto fuera poco, y como si fuera impulsado por el azar de manera favorable, el Barcelona se encontró con un regalo inesperado: la rapidísima madurez y el insólito crecimiento de dos jugadores extranjeros de su cantera, siguiendo el caso del argentino Messi: y los dos nuevos, además, delanteros.

Nos referimos al mexicano de origen brasileño Geovanni Dos Santos, estrella y artífice del único campeonato mundial que México ganó en su historia, el de la categoría sub-17 en Perú 2005, cuando venció a Brasil en la final por 3-0. Dos Santos, de increíble parecido físico con Ronaldinho, no sólo se transformó en un jugador imprescindible en el Barcelona, sino que en la gira asiática de este pasado verano, fue considerado el mejor jugador de todo el plantel, por encima de sus tres ilustres predecesores, y además, resultó el máximo goleador del equipo.

Y Bojan Krkic, quien acaba de cumplir 17 años, y es considerado una de las más grandes joyas surgidas en la historia de los juveniles del Barcelona, y gran figura del seleccionado en el actual Mundial sub-17 de Corea del Sur, excluído por acumulación de tarjetas amarillas de la final, completa la grilla de jugadores de gran categoría en un mismo plantel.

Es tanta la cantidad de jugadores de jerarquía mundial, capaz de desarrollar un fútbol excelso, que el Barcelona se vio obligado a transferir a un importante extremo derecho como el francés Ludovic Giuly, a la Roma, Santi Ezquerro prácticamente se vio obligado a regresar a su Athletic de Bilbao, y el argentino Maxi López fue nuevamente cedido, esta vez al fútbol ruso. ¡Y sólo estamos hablando del ataque! Porque en el medio, Barcelona transfirió a Motta al Atlético Madrid, mientras que Edmilson no encuentra lugar, y Deco mismo ha quedado relegado, con la llegada de Yaya Touré.

Descriptos los jugadores que componen el equipo de Barcelona del medio hacia adelante, la gran pregunta comenzó a ser si Rikjaard, en la oportunidad de la vida de cualquier entrenador de tener un equipo de ensueño, por fin se decidiría a jugarse por un ataque ultraofensivo, de apostar completamente a ganador, porque con esos jugadores, aún con la posibilidad de sufrir goles en contra (y relativamente, con Pujol, Márquez o Gabriel Milito o Thuram esperando), la efectividad en ataque con semejantes componentes sería letal.

La gran sorpresa fue comprobar que ni aún así, Rikjaard se animó a un ataque perfecto, que marcara una línea nueva en el fútbol mundial, llegando por fin a posiciones de ataque con cinco o seis jugadores, todos cracks. En cambio, Rikjaard siguió apostando por un tridente, y a lo sumo, con Henry entrando en los segundos tiempos, hasta que en cierta forma se le solucionó el dilema con la lesión de Eto’o por dos meses, y la salida de Krkic al Mundial sub-17.

Los resultados, hasta ahora, no fueron los esperados. No tanto por el marcador final solamente, sino que en juego, tampoco el Barcelona parece convencer, como si supiera que podría dar muchísimo más, y posiblemente sea uno de los casos más insólitos, que se haya generado un cortocircuito entre el presidente Joan Laporta y el propio Rikjaard cuando en los primeros dos partidos de liga, el Barcelona ha obtenido cuatro de los seis puntos, pero eso puede deducirse por la expectativa creada hacia un plantel, potenciada por una inesperada pérdida de la liga pasada nada menos que ante el Real Madrid, igualando en puntos, cuando estaba prácticamente ganada.

Precisamente un Real Madrid en transición, que castigó el juego especulativo de su anterior entrenador, el italiano Fabio Capello, aún ganando la liga, y que apostó también por un fútbol más agradable y acorde al lujoso gusto de los hinchas, acostumbrados a un juego deslumbrante, parece más distendido de la mano del alemán Bernd Schuster, quien no parecía encontrar la brújula en un verano accidentado y con cinco derrotas en partidos amistosos.

Schuster terminó imponiendo su sistema de juego más atildado, colocando, por fin, las cosas en su lugar. Por fin, luego de años jugando al servicio de Ronaldo, lo que lo fue alejando del arco rival (y de la selección española), Raúl González vuelve a jugar más de punta, y los goles comienzan a aparecer. Los fichajes de los holandeses Drenthe (quien viene nada menos que a reemplazar a Roberto Carlos luego de once temporadas) y especialmente Snajder, y todo su talento para marcar goles pero más aún para servirlos a sus compañeros, y aún sin haber jugado Robben y el argentino Heinze, completan un panorama sin tanto lujo como el Barcelona, pero pareciera ser que con mayor claridad conceptual como conjunto.
Lo que parece claro es que con todo a su favor, como pocas veces tuvo un entrenador en la historia del fútbol mundial, como para marcar una etapa nueva e imponer un sello atacante, Rikjaard medita, cual “Pensador” de Rodin, si esto es efectivamente posible y si jugarse tanto, no terminará siendo un boomerang. Los títulos perdidos la temporada pasada han dejado demasiadas dudas, y no vaya a ser que éstas generen otro año de sinsabores. Aún está a tiempo de cambiar, y decidirse por el ataque con cuatro o cinco delanteros, si fuese necesario. El público de fútbol le estará agradecido.

Riquelme, el hombre que está solo y espera (Tipsbladet, Dinamarca)

“El hombre que está solo y espera” (1931) es un clásico de la literatura argentina. Los críticos literarios y los analistas ligados a las ciencias sociales, coinciden en que el libro de Raúl Scalabrini Ortiz es fundacional y una parábola de lo que atravesó la sociedad argentina, producto de la incipiente industrialización, de cómo una urbe como Buenos Aires iba dejando de lado sus espacios verdes, su llanura, para ser superpoblada por olas inmigratorias, con los cambios culturales que todo aquello generó.
Juan Román Riquelme, para muchos, es uno de los últimos (¿acaso el último?) jugadores llamados “fantasistas”, “reggistas” en Italia, “enganche” en la Argentina. El jugador que maneja todo el equipo, el eje, el dueño de la pelota, que en su país simboliza el número diez que usó el propio Diego Maradona.

Pero Riquelme, ídolo de los hinchas de Boca Juniors, el club más popular de la Argentina, pero jugador del Villarreal español y que proyectó a este equipo nada menos que a la semifinal de la Champions League en la temporada 2005/06, y él mismo falló sobre el último minuto el penal ante el Arsenal, que lo hubiera llevado a la final, tiene un carácter más que controvertido.

Surgido de la “Villa” de Don Torcuato, en la zona norte del conurbano de Buenos Aires, y con una familia numerosa, Riquelme mantuvo toda una estructura desde muy joven y se fue forjando como jugador en el total y absoluto convencimiento de su excelsa calidad, y con la íntima convicción de que para una estrella como él, correr jamás será necesario, y que sin su presencia, cualquier equipo se resiente.
Y eso fue lo que sucedió en el Villarreal. Un equipo joven, que llevaba pocos años en la primera división de la liga española, y que de pronto se encontraba a un paso de llegar a la final de la Champions League, pero que ya no podía soportar cómo se había tensado la relación entre su máxima estrella, Riquelme, y su entrenador, el chileno Manuel Pellegrini.
Todo comenzó durante la misma temporada en la que el Villareal llegó a lo más alto. Y podría entenderse como uno de los motivos, la fuerte alianza que tejió el grupo de argentinos, liderado por Riquelme y por Juan Pablo Sorín (al final de la temporada, capitán de la selección argentina en el Mundial de Alemania), y que conformaban también el lateral Rodolfo Arruabarrena (ex Boca, como Riquelme, y capitán del equipo), el arquero Mariano Barbosa, y el delantero uruguayo Diego Forlán.
Pellegrini, el entrenador, ingeniero como profesión alternativa, siempre fue un hombre parco. Un trotamundos, de pocas y claras palabras, muy formal, que ganó campeonatos argentinos con River Plate o San Lorenzo, y este movimiento de los argentinos lo sintió como una forma de socavar su trabajo, un cuestionamiento a su autoridad, y la situación, durante la temporada pasada, se hizo insostenible.

El primero en irse fue Sorín, quien recaló en el Hamburgo. La información dada por Pellegrini a la prensa fue clara y rotunda: “No jugará nunca más aquí”. Sorín, en el último entrenamiento, le había dicho “vos no estás a mi altura como para ser mi entrenador”. Todo dicho. E inmediatamente Riquelme quedó sin jugar, viendo los partidos desde la platea. Allí apareció el equipo de sus amores, Boca, de donde se había ido en 2002 para jugar en el Barcelona, aprovechando la muy buena relación con los dirigentes del Villarreal, para sacar partido de la situación y conseguir un préstamo para el primer semestre de 2007 y tratar de recuperar la Copa Libertadores. Al fin y al cabo, para los dirigentes del Villarreal era un respiro, y para Riquelme, una decorosa salida momentánea, aunque quedaba claro que el 30 de junio, cuando terminara este préstamo, todo volvería a su origen y el problema no se acabaría.
Enero había sido muy duro en Villarreal. Riquelme, por ejemplo, estacionaba su coche en la zona correspondiente a los dirigentes y no a los jugadores. ¿Por qué? No hay explicación. Sólo porque sí. El consejero delegado Santiago Llaneza había salido a decir en los medios que “no nos provoque, porque lo va a pagar caro”. Riquelme viajaba a Buenos Aires casi sin consultar, y era demasiado el tiempo que estaba ausente de los entrenamientos, excluído por Pellegrini de los partidos oficiales.
La historia del primer semestre de 2007 es conocida. Boca ganó brillantemente la Copa Libertadores con un Riquelme soberbio y artífice principal de la conquista, que lanzaba al equipo argentino al Mundial de Clubes de Japón en diciembre, y fue tal su levantada futbolística que hasta regresó a la selección argentina, cuando él mismo renunció al finalizar el Mundial al decir que no soportaba que su madre se pusiera mal por las críticas que recibía.
Pero llegó el 1 de julio, terminó el préstamo a Boca, y los dirigentes argentinos sabían que era poco lo que podían hacer. “Boca es un gran club en lo deportivo, pero pobrecito en la comparación económica con Europa”, señaló Mauricio Macri, presidente de la entidad aunque de licencia por haber ganado las elecciones para intendente de Buenos Aires a partir de diciembre. Se refería a que en comparación a lo que cualquier club europeo podía pagar por el pasede Riquelme, Boca no podía ni siquiera competir, por la mala situación del peso argentino en comparación al euro. La táctica de Boca, desde ese momento, fue casi la única posible: apelar a la voluntad de Riquelme de jugar para el club de sus amores el Mundial de Clubes en Japón, y esperar al cierre del libro de pases en Europa, el 31 de agosto, para que una vez que el Villareal no tuviera chances de venderlo, se lo cediera al menos otros seis meses.

Parecía muy complicado que esto sucediera. Mientras se disputaba la Copa America de Venezuela, con Riquelme integrando la selección argentina, el Villarreal recibió ofertas por él desde el Tottenham, el Bayern Munich, el Inter o el Milan, que fueron bien aceptadas pero rechazadas sistemáticamente por el jugador, hasta que llegó una nueva advertencia del presidente del club español, Fernando Roig: “Que no nos altere porque si yo quiero, no juega hasta fin de año”. Esa frase no fue gratuita.
Comenzaron a pasar los días, y los dirigentes de Boca crecieron en sus esperanzas de contar con Riquelme al no aparecer ningún nuevo interesado, pero otra vez, el Villarreal fue claro. No habría un nuevo préstamo y la única salida de Riquelme sería con un pase definitivo, como forma de recuperar la inversión. Esto era casi el final para Boca y para Riquelme, aunque se barajaba como única alternativa la desesperación del Villarreal si llegado el momento de cerrar el libro de pases, no aparecía algún interesado. Eso obligaba al Villarreal a tener en sus filas a un jugador de 3 millones de euros anuales de ficha, sin jugar, y generando tensión con su entrenador.

En los últimos días, Boca hizo una oferta impensada para el contexto argentino, pero escaso para Europa: 12 millones de dólares por el pase definitivo, aunque incluyendo el pago de la ficha por el tiempo que quedaba del contrato, hasta el 30 de junio de 2009. Riquelme había manifestado que estaba dispuesto, incluso, a renunciar a un año de su contrato, en el caso de ir a Boca, para abaratar los costos de la operación, pero desde el Villarreal se escuchó un no rotundo. Javier Sidro, periodista de la Cadena SER de Madrid en Villarreal, es claro: “Roig, el presidente del Villarreal, tiene una fortuna personal, y su hermano controla parte del accionariado del Valencia, así que si esta gente se propone perjudicar a Riquelme, no habrá nada que hacer y no le importa perder dinero. Es más importante su orgullo”. Y era verdad. No por casualidad, el Villarreal a esa altura no sólo se había desprendido de Sorín sino que no casualmente, Barbosa se fue al Recreativo de Huelva y Forlán al Atlético Madrid. El grupo de los argentinos “díscolos” estaba disuelto.

En Venezuela, concentrado con la selección uruguaya para la Copa América, Forlán nos comentaba que se comunicaba en forma permanente con Riquelme “y no creo que quiera quedarse en el Villarreal, pero tampoco veo muy claro que vaya al Atlético Madrid. A mí me gustaría, pero creo que él quiere jugar en Boca”.

Todo parecía resuelto cuando en la última semana, apareció nuevamente el Atlético Madrid. La chance de volver a armar la dupla Riquelme-Forlán subyugaba a todos, y se anunció un acuerdo entre los dirigentes de los madrileños y el Villarreal, que mantienen una excelente relación. Y cuando todo parecía sellarse, misteriosamente el entrenador mexicano Javier Aguirre apareció para decir que no iba a ser posible tan cerca del inicio de la liga.
“Yo soy el responsable –dice Aguirre, siempre cordial- porque en el Atlético Madrid somos cuatro los que tomamos decisiones. Además de mí, están el director deportivo, Jesús García Pitarch, el consejero delegado Manuel Gil Marín, y el presidente Enrique Cerezo. Y no nos poníamos de acuerdo porque el sistema de juego de Riquelme iba a alterar nuestra preparación anterior. Pero nada tienen que ver con los jugadores, como se dijo”.

Esta aclaración de Aguirre es pertinente, porque distintas versiones señalaban que consultado el plantel del Atlético Madrid sobre la posible llegada de Riquelme, dos compatriotas suyos, Leo Franco y Maxi Rodríguez (compañeros suyos en la selección argentina) se habrían opuesto “debido a su controvertido carácter”.
Este periodista está en condiciones de decir que difícilmente esto haya sido posible. Hace menos de un año, entrevistó en la sede del Atlético Madrid al arquero Franco, ex compañero de Riquelme en el Mundial juvenil sub-20 de 1997 en Malasia, que ganó la selección argentina, y nos comentó que es tal la estrecha relación entre los jugadores que ganaron ese torneo y juegan en equipos de la liga española, que cada semana se reúnen a comer.
Lo cierto es que faltando tres días para el cierre del libro de pases, y ante la desesperación por mantener un jugador que no se siente cómodo en el club, fue en este caso el Villarreal el que llamó a Boca, tal como era el plan de los dirigentes argentinos, para encontrar una solución, que parecía al alcance de la mano, pero Boca no podía levantar su oferta, Riquelme no estaba dispuesto a bajar más su ficha, y el Villarreal no estaba dispuesto a cederlo a préstamo. Sumado a eso, apareció un monto que Boca tendría que pagar como impuestos por la carga tributaria española por la alta ficha de Riquelme. Imposible.

“Ya al mediodía del último día del cierre del libro de pases, me tomé un avió a Buenos Aires cuando aún quedaban 12 horas de negociación, porque me di cuenta de que era una pérdida de tiempo. No se dieron cuenta de que estaban perjudicando al jugador, y perjudicándose ellos mismos por tener un jugador colgado, sin jugar. Pero parece que no les importa mucho”, sostiene un enojado Bolotnicoff, agente de Riquelme, que sabe que el jugador pierde puntos y que hasta es posible que ni siquiera sea citado a la selección argentina porque el entrenador Alfio Basile siempre sostiene que jugador que no participa en su equipo, no puede ser convocado.

“Nos encanta Riquelme, pero no podemos rifar la economía del club”, indica Pedro Pompilio, presidente de Boca en ejercicio, con bastante razón. Ya en Villarreal, y entrenándose primero solo, y luego con sus compañeros aunque claramente marginado, Riquelme trata de poner paños fríos y dice que al no poder salir hasta fin de año, “miraré con ilusión cada semana la lista de convocados para los partidos de la liga, a ver si estoy”. Pero Pellegrini, con quien no se habla, es taxativo: “en su puesto hoy el titular es el chileno Matías Fernández”. Pero consultado sobre qué ocurriría en caso de lesiones o suspensiones, fue aún más rotundo: “no puedo hacer futurismo”. Riquelme, consultado sobre su tensa relación con el entrenador, ironizó con que “es la misma de siempre. Cuando llegamos a la semifinal de la Champions, tampoco nos hablábamos mucho”.

La historia de Riquelme y el Villareal termina de la manera más insólita: sin jugar. Parado por cuatro meses, sin chances de jugar ni con esta camiseta (a no ser que el Vllarreal entre en una crisis deportiva por malos resultados y que Pellegrini sea destituido, aunque ni siquiera eso garantiza su regreso, dada la tensión con los dirigentes), perdiendo cotización, sin chances de vestir la camiseta de Boca en el Mundial de Clubes, y sin posibilidades de jugar en algún equipo grande europeo. Un dislate que a todos cuesta muy caro, y que comenzó en una disputa de protagonistas del fútbol por cuestiones de orgullos personales y caracteres complicados.
Más que nunca, Riquelme es un exponente de la cultura argentina. Está solo y espera, como el gran libro de Scalabrini Ortiz. Al fin de cuentas, Riquelme sólo creció jugando al fútbol con una pelota, y se le vino encima el negocio, los intereses y hasta los humos de dirigentes con fortunas que suben y bajan el pulgar a su antojo. Igual que aquel extrañado hombre de Buenos Aires de la década de 1930, que observaba sorprendido y preocupado, los avances de la industrialización y los cambios culturales.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Boca, un lider que juega media hora por partido

Es un poco extraño escribir sobre un equipo que actualmente es el campeón de la Copa Libertadores de América, que hace apenas horas alcanzó el liderazgo del Torneo Apertura, que ganó bien ante Huracán, y sin embargo, uno no entiende muy bien el concepto táctico de su entrenador Miguel Angel Russo. ¿Puede ser? ¿es posible criticar a alguien tan exitoso en este momento, y en un contexto de tanto exitismo? pues desde aquí lo haremos por una simple razón, ya entrando en un análisis del funcionamiento de su equipo: porque si bien por un lado es rigurosamente cierto que si gana en tan sólo 30 minutos de juego es porque no necesita más, en apariencia, lo cierto es que los partidos, reglamentariamente, duran 90 minutos más lo que cada árbitro adicione según lo que ocurra en ellos.
La pregunta, entonces, sería ¿por qué Boca sólo juega 30 minutos, pudiendo jugar 90? y desde ya que la respuesta la debe tener, seguramente, el entrenador, pero jamás se la hemos escuchado.
Vamos a los hechos: Es una evidencia que Boca ganó la Copa Libertadores con total justicia y con inmensa superioridad sobre todos sus rivales, en gran medida porque contó en sus filas con Juan Román Riquelme y de momento, no lo tiene en sus filas desde que finalizó la pasada temporada. Esto es, desde principios de julio (dos meses). Desde que comenzó su período de preparación en el reciente receso, partició de una gira por Estados Unidos en la que Russo pudo experimentar un sistema distinto, a partir de la falta de su mejor jugador (Riquelme) y cuando supuestamente en el plantel no encontraba a nadie con esas características. De hecho, Russo experimentó, con cierto éxito, un equema táctico con un 4-4-2, y en el que los cuatro jugadores del medio se pararían con dos por el centro (el ya insolitamente instalado y esperpéntico "doble cinco"), con el resucitado Battaglia en vez de Banega, Neri Cardozo, y por afuera, Ledesma y Dattolo, quien terminó siendo la mejor figura de la gira. En la misma, apareció claro que a Boca le faltaba gol porque le faltaba lo más importante: abastacedores. El uruguayo Alvaro González parece aportar más despliegue y cierto criterio por las bandas y en los pocos minutos que jugó (no entendemos por qué), el joven Nicolás Gaitán mostró el mejor rostro de la desfachatez, nunca tuvo temor, ni sintió el peso de la camiseta, y su talento se evidenció enseguida como enganche. ¿Por qué entonces Russo no insistió, sabiendo que era el único que podía cumplirle esa función? no lo entendimos en su momento. Pero menos pudimos entender cuando al comenzar el Apertura, Russo tampoco colocó como titular a Dáttolo, que, reiteramos, quedó muy claramente establecido como el mejor jugador de Boca de la gira, y sin enganche, acaso como el único posible abastecedor de los atacantes.
Esto llevó a que Boca pasara penurias, con un equipo consolidado del medio para atrás, para conseguir un gol, y de hecho, ya en la primera fecha, ante Rosario Central, uno de los peores y más inexpertos equipos de Rosario Central, debió recurrir ya cuando las papas quemaban, en el segundo tiempo, al mismo Dáttolo que un día dejó afuera inexplicablemente, para animarse a sacar, por fin, a un Neri Cardozo al que nunca le sobraron gramos de cerebro.
Lo mismo volvió a ocurrir con Argentinos Juniors, cuando ya Boca perdiò, y con justicia, los tres puntos, y la tendencia comenzó a agrandarse. Russo, por lo que fuera, esperó hasta pasada una hora de juego, para recién allí colocar al único jugador que tsnía en condiciones de agrandar el arco de posibilidades en el ataque. es decir, como si fuera un desafío a este descolorido fútbol argentino, Russo pareciera que se hubiera propuesto otorgar un changüí de una hora a cada rival, acaso para demostrar que en tan sólo media hora, puede ganar igual el campeonato.
Así es que Dáttolo recién ingresó pasada una hora en cada partido, y cuando por fin se decidió a colocarlo de titular (milagro), fue contratado, por fin, un enganche como Leandro Gracián y con la suerte de que de entrada, le rindió más de lo esperado. ¿Solución a la vista? no importa mucho. Russo, ahora sí con un enganche, decidió utilizar la anterior política de Dáttolo, ahora con su nuevo crack. Y entonces hoy, ya líder, coloca a Gracián-....cuando ya pasó más de una hora del partido. Pasó contra Gimnasia, cuando el equipo ya daba manotazos de ahogado para ganar. Pasó contra Independiente, cuando parecía que sucumbía y que no podría mantener la diferencia, y pasó contra Huracán, en una situaciòn parecida a la de Gimnasia. ¿Por qué sufrir y esperar una hora para ver al mejor jugador?, parece ya una táctica, acaso sea una cábala: Russo lo hizo con Dáttolo antes, con Gracián ahora, y tal vez lo haga con Riquelme mañana. Ni qué pensar en poner a Gaitán, faltaba más, cuando no tenía enganche.
Creemos, en verdad, que debe ser un desafío extraño. Tal vez, la osadía de demostrar que Boca sólo necesita media hora para ganar a cualquiera. Tal vez Russo apostó en alguna casa de internet que Boca ganará el campeonato con sólo media hora de fútbol y en lo posible, con un solo gol por partido (su promedio es de 1,5 ahora mismo, muy bajo), o tal vez Russo está realizando algún estudio psicológico del deportista para ver cuánta paciencia puede tener hasta que llega la lógica. No lo sabemos, pero que Boca juega sólo media hora por partido, es real. Y que con eso le alcanza, también. Y que ningún medio lo critica, también.