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viernes, 29 de abril de 2016

Las desesperaciones (Un cuento de Marcelo Wio)




Allí sentados, parecían dos agentes secretos venidos a menos (o, más probablemente, dos que siempre habían habitado las sombras de la mediocridad) sin misión (no porque no existieran asuntos que andar husmeando; sino porque ninguno de los asuntos era tan trivial como para ajustarse a sus exiguas capacidades); o dos burócratas resentidos criticando ascensos que los esquivaban, y protestando contra formularios y sellos y todo lo que implicara un esfuerzo que pudiese ser considerado como trabajo. Podían parecer cualquier mediocridad, allí, los dos. Pero no podía parecer dos jugadores de fútbol, pertenecientes a equipos respetables y clásicos rivales entre sí.

Así, nadie hubiese siquiera adivinado que aquellos dos andaban intentando componer la circunstancia para una gloria pequeña (para ambos) para el próximo partido entre sus equipos. Delanteros sin gol, Tondarella y Rouco. Delanteros sin imaginación, que estaban donde estaban por amor propio, perseverancia, y, sobre todo, debido a errores y negligencias ajenas; y por toda esa cadena causal de sucesos que conduce a alguien sin las habilidades necesarias, a un puesto que, evidentemente, no le correspondía.

El único método que veo, dijo alguno de los dos, es el del soborno liso y llano de los defensores, para que nos adjudiquen la ventaja de veinte o treinta centímetros, dos o tres segundos, de un descuido, de una desatención; lo que podría derivar en la contraprestación rápida de unas cuantas ovaciones.

Los dos pensaron, pero no lo verbalizaron, que más pronto que tarde, quedaría allanado el camino para el chantaje por parte de esos defensores que ya de por sí cobran poco (y que suelen derrocharlo rápidamente una vez acaban la carrera, o incluso antes), que envidian en silencio a los delanteros, y que, a fuerza de patadas, van perdiendo los escrúpulos que hubieran podido tener.

Allí sentados, en un banco frente a una plaza sin encanto, Tondarella y Rouco se dieron la mano. Somos nuestras limitaciones, dijo Rouco. Qué le vamos a hacer, respondió el otro; y añadió: aunque algunos más que otros.


Los desesperados cometen muchas veces el error de pensar o creer que otros desesperados, que pueden devenir aliados puntuales, poseen las mismas posturas morales ante el trance de la angustia. Pero no siempre así. De esta manera, Rouco alcanzó a entrever que la gloria esa que andaba pretendiendo, no le iba a brindar más frutos que los de un momento pequeño y ridículo; y a pensar, de manera subsecuente, en embolsarse el dinero que Tondarella le diese para sobornar a los suyos. A fin de cuentas, quién podría darse cuenta. ¿Tordarella? ¿Acaso él mismo se percataría si Tordarella procediese de la misma manera abyecta? ¿No era, justamente, la ausencia de habilidad la que los convocaba a esa bajeza? ¿Cómo, pues, medir a partir del propio desempeño (negativo) el cumplimiento del trato por parte de la otra parte? 

Probablemente, los defensores tuviesen que caer en el bochorno más absoluto para permitirles una gloria mínima. Y eso valdría más de lo que ambos habían accedido a pagar. Rouco se preguntó si los grandes salarios de las estrellas no estarían, precisamente, destinados a tales sobornos... No, seguramente hay habilidades ciertas, se dijo, mientras se marchaba sientiendo una lástima por Tondarella, de la que rápidamente se deshizo. 

lunes, 25 de abril de 2016

Un final cabeza a cabeza (Yahoo)



Apenas hace tres semanas, hubiera sido imposible pensar en una Liga española con una definición tan pareja a sólo tres jornadas del final. Un Barcelona que parece recuperado, al menos en el ataque, en cierto andar del equipo y en la capacidad goleadora, parece ahora querer resistir los embates del Atlético Madrid, igualado en puntos, y del Real Madrid, el que mejor está jugando de los tres.

Es tan impredecible el torneo español a esta altura, que así como primero todos daban por campeón al Barcelona a ojos cerrados y no fue así, luego muchos de los mismos analistas, y con cierta lógica, también lo daban por perdido, cuando pareció resucitar ante el Deportivo en Riazor, con un impresionante 0-8, para completar la faena con un claro 6-0 ante el Sporting Gijón aunque algunos hayan reclamado por la cantidad de penales que le concedieron (tres), todos convertidos.

No hay ninguna regla en el fútbol que indique que no se pueden cobrar tres penales, o los que sean necesarios, si esos penales realmente lo fueron, y hasta insólitamente puede decirse que hubo dos más, para el Barcelona, por sendas manos en el área, que no fueron señalados.

Lo más importante, sin dudas, es la recuperación, en el momento justo, de su jugador más importante, Lionel Messi, cuyo cambio de actitud y de participación en los últimos dos partidos fue notable en comparación a los tres anteriores, cuando seguramente todos acusaron la depresión de la inesperada eliminación de la Champions League en un año que parecía de esplendor.

Hay que entender también que en el caso de Messi, posiblemente esto podría implicar la pérdida de un nuevo Balón de Oro y su última alternativa es el doblete (Liga y Copa del Rey) y una estupenda actuación en la Copa América de Estados Unidos en junio próximo, pero si el Real Madrid gana la Champìons, muy probablemente todo sea en vano. Y que el astro argentino necesitó de unos días para cambiar su chip.

Si analizamos el calendario de los tres partidos que le quedan al Barcelona en Liga, teniendo en cuenta, además, que es el único de los tres equipos aspirantes al título que ya no juega en Europa y tendrá mayor descanso, parece bastante accesible: Betis, el próximo rival, es el más duro aunque no se juega nada, mientras que Espanyol ya le complicó un título en el Camp Nou en el pasado, con aquel recordado gol de Raúl Tamudo, en base a la rivalidad que existe entre ambos en Cataluña, mientras que en la última jornada, espera Granada en Andalucía, cuando no se sabe si aún estará peleando por no descender a Segunda o si ya estará salvado pero todo indica que recién lo sabrá cuando acabe la Liga y no antes, por lo que puede convertirse en un adversario de cuidado.

Atlético Madrid, que tiene los mismos puntos que el Barcelona pero hoy perdería el título por average, ha sacado en cada jornada los puntos que ha necesitado, incluso atravesando una crisis de defensas centrales por las lesiones de los uruguayos José María Giménez y Diego Godín y hasta de Savic en un momento clave, pero su solidez está fuera de dudas y lo ha completado eliminando nada menos que al Barcelona de la Champions.

El Atlético, apenas con 16 goles en contra en toda la Liga, tiene, a nuestro parecer,  un calendario también accesible porque debe jugar como local dos de los tres partidos, ante el Rayo Vallecano,  que necesita puntos para no entrar en la zona de los descendidos, de la que hoy lo separan apenas tres puntos (aunque en juego pareciera que más) y en la última jornada ante el Celta de Vigo, que podría estar peleando por entrar a la Europa League, y siendo un equipo dirigido por Eduardo Berizzo, un argentino que conoce de memoria a Diego Simeone. En el medio, esperará Levante, acaso ya sin chances de permanecer en Primera a esa altura.

Claro que el Atlético no sólo juega la Liga, y en el medio tiene la serie semifinal de la Champions League nada menos que ante el Bayern Munich, que lo puede condicionar anímicamente.

Y lo mismo ocurre con el Real Madrid, que tendrá el desgaste de los dos partidos de Champions ante el Manchester City en búsqueda de la Undécima, siendo el que mejor está jugando de los tres candidatos al título en la última etapa del torneo español.

La segunda parte ante el Rayo en Vallecas resultó extraordinaria, con un equipo que con la conducción de Zinedine Zidane, en base a una receta sencilla de no perturbar a sus jugadores con demasiadas indicaciones tácticas, parece haberse liberado, en muchos momentos juega el balón a un solo toque, y con un Gareth Bale intratable, y un gran recambio ofensivo, demostrado con la ausencia de Cristiano Ronaldo y la salida precautoria de Karim Menzema, reemplazados por Jesé y Lucas Vázquez.

De todos modos, el Real Madrid depende, aunque se encuentre a un punto de distancia de los líderes, de dos equipos, y además, tiene average en contra con ambos, lo cual a falta de nueve puntos, le complica bastante.

En su camino, tiene el partido más riesgoso en el próximo fin de semana, cuando deba visitar a la Real Sociedad en Anoeta, donde ya cayó el Barcelona. Luego recibirá en el Santiago Bernabeu a un Valencia que aunque no juega por nada, también complicó al Barcelona en el Camp Nou, se está en alza desde que Paco Ayestarán se hizo cargo del equipo. Por último, visitará a un Deportivo que a esa altura podría estar salvado del descenso, o aún teniendo que rescatar algún punto.

Pocos pensaron que a esta altura tendríamos que hacer estos cálculos, pero por suerte, el fútbol no garantiza resultados y nunca se puede dar por ganado algo cuando falta mucho por jugarse.

Los seguidores de la Liga tienen grandes jornadas por seguir.




domingo, 24 de abril de 2016

El 0-0, un clásico argentino




El sistema, que todo lo olvida, nos vendió durante toda la semana y hasta mucho antes, el “show” de los clásicos. En un torneo impresentable por lo corto, apurado y correctivo del desastre del elefantiásico de los treinta por imposición del poder político a una AFA entregada de pies y manos que ahora explota en mil pedazos y busca reorganizarse como puede para volver a estructurar todo para vender las pocas joyas de la abuela que le quedan, todos los equipos juegan sólo ante la mitad de sus rivales pero eso sí, que no falten los clásicos.

No importó, incluso, que algunos de estos “clásicos” sean Arsenal-Defensa y Justicia, o Belgrano-Atlético de Tucumán, o incluso Vélez-Argentinos. Todo vale, mientras todos nos pongamos de acuerdo en sacarnos pronto de encima este mamarracho, y hasta a la TV le cabe este sayo, con la vuelta de un Estado tonto (decir “boludo” queda mal) que le cede a los medios privados a los clubes grandes cuando sólo pagan el diez por ciento del total de las erogaciones públicas.

Y en ese vale todo, se cree que a la gente se le puede dar cualquier cosa, cualquier producto, porque culturalmente todo declina tanto que se acabó hace rato el paladar negro y la “j” de “juego” de los cánticos pasó a no pronunciarse hasta quedar en “h” de “nuevo”, que suena parecido, pero que como diría Silvio Rodríguez, “no es lo mismo pero es igual”.

Si ya veníamos de dos 0-0 del sábado, con el Arsenal-Defensa y Justicia y el Gimnasia-Estudiantes, la esperanza estaba en el plato fuerte del domingo con los, ahora sí, grandes partidos centrales. Pero nos fueron decepcionando uno tras otro, como efecto dominó, hasta terminar la jornada en el vacío más absoluto.

En los años ochenta, el 0-0 aparecía como referencia de esos raros partidos chatos de los Ferro y Platense que nos transmitía la radio, a decir de la canción de Juan Carlos Baglietto, quien hoy podría reciclarse entonando que la TV nos transmite el empate de cualquier clásico argentino….0-0 y sería más que válido.

Es que el miedo a perder, y la falta de técnica de tantos jugadores, que desde ya que no saben controlar una pelota, mucho menos pasarla al pie de un compañero, y aún menos criterio para llevarla, en un sistema en el que se juega con kicks a cargar como en el rugby y se pegan patadas voladoras o al estómago, o se colocan planchas alevosas, lo condicionan todo, ante un público que, resignado, con menos que migajas de buen fútbol, ya viaja resignado tratando de resignificar lo que pretende y hasta repite canciones con contenido violento que surgen desde las usinas barrasbravas.

En ese patético folklore, en el que los dirigentes se pelean por cargos y falsos proyectos con la única idea de volver a vender futbolistas a los europeos para que, supuestamente, con ese dinero puedan mejorar la siempre maltrecha economía de sus clubes reciban tres o cinco o diez veces el valor de los fondos, con estadios embarrados y descuidados, y protagonistas que enseñan piedras y mecheros a los árbitros llegados desde las tribunas que piden “huevo”, Boca y River, que sólo se jugaban un partido para la estadística y el condicionamiento anímico para la Copa, empataron a cero en un magro espectáculo.

Un partido completamente condicionado por la siempre esperable reacción violenta de un pablo Pérez ya desquiciado, que dejó a Boca con diez a falta de ochenta minutos y que generó que el local, siempre con una excusa para tirar pelotazos y correr en vez de jugar, pudiera esta vez justificarlo.

Enfrente, un River sin mucha idea, alicaído, y sin aprovechar la coyuntura, con sólo dos delanteros aún con once contra diez del rival hasta que todo fue languideciendo y dejó una nueva estela de un caso para el psicólogo, el de Fernando Gago, presa de su propio estado permanente de queja y simulación.

En vez de jugar, Gago quiso buscar que River también se quedara con diez, se arrojó al suelo, Alario se lo tragó, cayó encima, y el volante de Boca volvió a lesionarse, y en un primer tiempo, ante el clásico rival. “Un psicólogo ahí”, diría un político cada vez más reconocido luego de años de ser defenestrado.

Antes del ex “Súper” ahora “Miniclásico”, se trenzaron en choques, patadas, planchas y roces, Newell’s Old Boys y Rosario Central, en lo que ya es un producto reconocido con sello de “made in Argentina”. Nada nuevo bajo el sol y otro merecido “doble huevo”.

Y después, Racing e Independiente, con distintas motivaciones. Uno en la Libertadores, dándose el lujo de algunos suplentes, y el otro, camino a los 24 años sin títulos ni brújula. ¿El resultado? Obviamente, “doble huevo” que por si fuera poco, se reiteró en el cierre de la noche entre Atlético Tucumán y Belgrano de Córdoba (vaya clásico).

¿Alguien de verdad puede sorprenderse de esta jornada en cero total? Sería de necios decir que sí. Desde hace rato que hinchas que abnegados concurren y gritan, se desgañitan, lloran y se quejan en los estadios o frente a la TV, lo saben. Desde hace tiempo que los periodistas que justifican todo desde los medios, asegurando que se trata de “partidos interesantes tácticamente” y los torneos “más competitivos del mundo”, son parte de este negocio y se ven obligados a “comentar” estos “partidos” mix de catch y rugby. Y desde hace rato que a los dirigentes no les importa nada y saben, más que nadie, que es el fútbol que supieron conseguir.

Por eso, el cero de hoy califica al fútbol argentino mejor que nada. El cero es un clásico argento, no nos engañemos. Lo contrario es lo que podría sorprendernos.

Sin arqueros que sepan salir a tapar o exagerados en las alabanzas mediáticas cuando los delanteros que no le saben pegar a la pelota, patean a donde están.

Sin marcadores centrales que sepan salir jugando con la cabeza levantada porque de todos, desde la TV dirán los relatores que “la tienen que reventar”. 

Sin marcadores de punta con oficio porque, dirán los medios, “hoy hay que jugar de todo”.

Sin “cincos” elegantes porque hoy “se juega doble y triple cinco”, aunque no haya a quién marcar. 

Sin “ochos” con gol, porque hoy “recorren la banda”. 

Sin “diez” porque “el tático (sic) ya no se usa”. 

Sin wines “porque eso es antiguo”. 

Y sin “nueves” que sepan con la pelota (Dios libre y guarde convocar a un Lucas Pratto a la selección) porque hoy “están sólo para meterla”.

Con ese panorama, el cero, quédense tranquilos, señores del negocio, estamos asegurados.


Luego, no se pregunten por qué en el mundo no compran los derechos de TV o por qué cuesta tanto reconquistar el prestigio perdido. La respuesta está en días como éstos. 

Sigan, sigan….

viernes, 22 de abril de 2016

La sensatez de Elpidio (Un cuento de Marcelo Wío)




De tanto en tanto pasa un coche y los mocosos se hacen un lado, con fastidio y parsimonia – algunos mueven las piedras que delimitan la portería, otro se encarga del balón -. Es el momento en el que Elpidio aprovecha para cambiar la yerba y calentar agua, para ir al baño o para encender un cigarrillo que no fuma,  y que se deja consumir colgando de sus dedos como un sahumerio. 

Sentadito en el banco, la espalda apoyada contra la pared de su casa, Elpidio se pasa las tardes mirando interminables partidos de fútbol en la callecita de tierra. Partidos cuyas reglas son indescifrables para quien no participa del juego. De tanto en tanto, algún pibito cambia de equipo súbitamente.

Mas, el resto lo acepta como parte del código, como un evento lógico, natural. Elpidio se percató de eso del cambio de equipo, una vuelta en que uno de los críos, habilidosísimo, enfiló desde su propia portería hasta la otra, dejando una impotencia de piernas y patadas y manotazos a su paso; y cuando llegó a las inmediaciones de la portería rival, hizo el gesto de patear, pero transformó la acción en un giro – casi salido del Lago de los cisnes – que lo dejó de espaldas a la portería, y despejó como un defensor desesperado. El partido siguió como si nada.

Con la salvedad de que ese chico devino en un furibundo patadura, y la habilidad apareció en un pibito que hasta el momento había pasado de lo más desapercibido cerca del cordón de la vereda. No parece haber regla alguna que gobierne esos trueques. Pero Elpidio sabe que la hay. La sospecha emparentada con la distribución de los números primos. Pero eso sólo es un entretenimiento accesorio para hombre que está condenado a observar esa manifestación caótica de la belleza.

Alguna vez pensó Elpidio en contarle a alguien esas fabulosas extrañezas que cada tarde se dan en esa callecita de tierra. Pero lo pensó mejor, y llegó a la conclusión de que siempre habría un adulto dispuesto a convertirle a los chicos ese universo en algo completamente distinto: en una profesión.

domingo, 17 de abril de 2016

Barcelona: Razones de una caída tan estrepitosa (Yahoo)




Si hay una razón por la que el fútbol se transformó en el planeta en el fenómeno que es hoy y desde hace ya un buen tiempo, es el de la imprevisibilidad.

Es uno de los deportes menos lógicos en el resultado, ya sea en un partido entre un gigante contra un pequeño, como a lo largo de un torneo.

Son tantas las circunstancias que juegan, que no se puede dar por ganado un partido hasta que la distancia se hace muy grande en el marcador (vaya si lo sabrá el Borusia Dortmund, que no sólo había convertido tres goles en Anfield esta semana pasada por la Europa League sino que vencía 1-3 al Liverpool yt acabó perdiendo 4-3 y fue eliminada) y tampoco se puede dar por terminado un certamen aunque haya nueve y diez puntos de diferencia ante los inmediatos perseguidores y queden pocas jornadas por jugarse.

Hace diez años, en el Torneo Apertura argentino de 2006, a falta de cuatro jornadas, Boca Juniors llevaba 9 puntos al segundo, Estudiantes de La Plata. Boca iba por su primer tricampeonato consecutivo en su historia y ya todo el análisis se basaba en qué equipo saldría segundo. Pero a falta de tres jornadas llevaba 6 a Estudiantes, a falta de dos, 4, a falta de una, 3, y en la última acabaron iguales y debieron jugar una final a las 72 horas, que terminó ganando Estudiantes.

Esta vez, Atlético Madrid descontó nueve puntos al Barcelona en menos de un mes, con 11 goles en esos tres partidos, y ya tiene la misma cantidad que los azulgranas a falta de cinco jornadas. El entrenador de aquel Estudiantes y el de este Atlético Madrid es el mismo, Diego Pablo Simeone.

No es casual que a Simeone le haya pasado lo mismo dos veces (aunque ahora el torneo no ha finalizado y además también está pegado, a una unidad, el Real Madrid con una potentísima delantera que juega cada vez más segura). Hay una parte azarosa, como suele pasar en la vida misma, pero hay otra que está más relacionada a la causalidad, a la preparación, al armado de un equipo, y a estar preparado para el éxito: el tomar cada oportunidad y luchar para asirla con ambas manos y aferrarse a ella.

Todos sabíamos, ni bien se conoció el resultado del sorteo de los cuartos de final de la Champions, que la serie iba a ser dificilísima para el Barcelona, aún cuando llegaba con 39 partidos invicto, porque el Atlético es de esos rivales que jamás dejan de luchar y salen “con el cuchillo entre los dientes”, como suele decir, simbólicamente, su entrenador Simeone.

Pero hay motivos propios para analizar en la estrepitosa caída del Barcelona. Un factor es el psicológico, y consideramos que éste es el decisivo. Como suele decir Jorge Valdano, el fútbol “es un estado de ánimo” y el plantel sufrió una serie de hechos extradeportivos demasiado importantes: las versiones sobre los sobreprecios en el contrato de Neymar lo fueron apagando en su juego, a lo que se sumó, en el peor momento posible, la trascendencia de los “Panamá papers” y una sociedad offshore a nombre de la familia Messi (que niega rotundamente cualquier actividad y hasta la inexistencia de una cuenta bancaria). Como si esto fuera poco, aunque no parecía muy influyente por la distancia de puntos que llevaba, la inesperada derrota en el Camp Nou ante el Real Madrid por la Liga.

Nadie imaginó (y esto es lo sorprendente y lo que hace tan atractivo al fútbol) que esa derrota sería el inicio de la caída como efecto de naipe, al punto de poner en riesgo toda una temporada en la que el Barcelona se planteaba, como mínimo, igualar el triplete de la pasada (Champions, Liga y Copa) y parecía bien encaminado y en los últimos escalones previos a cumplir el objetivo.

Así fue que el tan exitoso y armónico Tridente sudamericano se desmoronó inmediatamente. Neymar pasó a ser criticado por su vida social y sus visitas a su hermana en Brasil, Messi estuvo cinco partidos sin convertir justo cuando le faltaba un gol para el 500 (que llegó ahora sin festejo en una nueva derrota, ante el Valencia), Luis Suárez llegó a acumular tarjetas amarillas en el Clásico y no estuvo ante la Real Sociedad, cuando el Barcelona volvió a perder en la ya fatídica Anoeta y no paró de quedar permanentemente en fuera de juego.

Habíamos sostenido en esta columna semanas anteriores que nos parecía que el entrenador Luis Enrique Martínez estaba sobrevalorado por la prensa que cubre la Liga, al punto de que demasiado pronto lo votaron como el mejor de 2015 sólo por los resultados del equipo, y en el final de esta temporada puede observarse que el plantel no estaba tan bien preparado físicamente para afrontar la última parte del año, no tuvo, una vez más, el manejo con “mano izquierda” para situaciones como la del excéntrico Daniel Alves, suspendido por aparecer con una peluca en las redes sociales en un mal momento (no daba más que para un pequeño ritón de orejas en una conversación) y tampoco tuvo el timming para sacarlo a la cancha cuando por el costado derecho, las cosas no funcionaban ante el Valencia porque Sergi Roberto no rinde como en el puesto de volante.

Pero no es todo: Luis Enrique tampoco supo ver que ante la Real no daba para grandes experimentos luego de una dura derrota contra el Real Madrid, y optó por tres suplentes, entre ellos Rafinha, recién retornado luego de una lesión que lo dejó afuera de las canchas por seis meses.

La rectificación por los tres titulares en la segunda parte ya fue tarde, y el clima de tensión terminó por instalarse hasta llegar al partido contra el Valencia, en el que ya el Barcelona era una pila de nervios, con la autoestima muy en baja y jugadores al mínimo de sus rendimientos (ni Messi pudo levantar dos libres directos sobre la barrera).

Si sumamos que nunca el Barcelona marcó bien en lo colectivo y siempre fue salvada in extremis por cracks como Javier Mascherano y Gerard Piqué y que la plantilla no tiene recambio para casos de lesiones o suspensiones aún gastándose el club una fortuna, como no hizo antes con Gerardo Martino, las conclusiones son simples.

Este Barcelona tratará de luchar ahora en las cinco jornadas que vienen pero ya en igualdad de situación con sus dos principales rivales, en una nueva “miniliga” que comienza a mitad de esta semana y en la que tanto Atlético como Real Madrid llegan muy entonados, eufóricos con una chance que no imaginaban, y cualquier cosa puede pasar.

Y pensar que aún hay quienes descreen de la psicología aplicada al deporte. ¿Qué más psicológico que este momento del Barcelona, y en consecuencia, de sus rivales en la lucha por el título?

Por eso es que el fútbol es tan hermoso. Porque todos nos podemos equivocar y nunca podremos afirmar con certeza que algo ocurrirá.


jueves, 14 de abril de 2016

La inesperada caída en picada del Barcelona




“El fútbol es un estado de ánimo”, suele decir, con mucha razón, Jorge Valdano. Y si nos referimos concretamente a este Barcelona modelo 2016, nunca mejor aplicado. 

¿Cómo explicar, hoy, lo que le sucede a un equipo que parecía invencible apenas tres semanas atrás, y que ya se quedó fuera de la Champìons League y hasta peligra el título de Liga cuando llegó a una diferencia abismal con los perseguidores?

Seguramente, la respuesta general sería que el fútbol pasa por distintos estados de ánimo, en los que la psicología juega un papel cada vez más importante, y entonces un equipo que hacía todo con naturalidad, que generaba goles con facilidad, de un día para el otro pasó a tener un andar más dificultoso, su defensa perdió la solidez que aparentaba tener y aquella fórmula mágica de la MSN (Messi, Suárez, Neymar) se fue desdibujando hasta perder absoluta eficacia.

Se podrá decir que todo comenzó con la derrota en el Nou Camp y por la Liga Española ante el Real Madrid, pero no debió ser así. La distancia seguía siendo grande en ese momento (7 puntos, y 6 al Atlético de Madrid) y enseguida llegaba lo que al Barcelona más le importaba, el partido de ida de cuartos de final de la Champions.

Desde que se supo el resultado del sorteo de Champions, era claro que al Barcelona le tocaría sufrir ante un durísimo Atlético de Madrid, al que le había ganado muchas veces en los últimos tiempos, pero casi nunca con claridad, siempre cortando clavos y con expulsados, remontando partidos, y hasta costándole vencer a su rival en muchos casos disminuido.

Y tampoco el partido del Nou Camp fue la excepción aunque allí comenzó a confirmarse lo que desde este blog tantas veces se sostuvo: la prensa española sobre dimensionó a Luis Enrique Martínez como entrenador, que llegó mucho más por su pasado como futbolista temperamental que por su carrera de técnico.

Sin un currículum acorde, Luis Enrique comenzó con mucho éxito desde que al caer en Anoeta ante la Real Sociedad en la pasada temporada, el plantel fue encauzándolo en una lógica de convivencia y de fútbol que pasaba por otros parámetros a los que sostenía el cuerpo técnico, y en lo que mucho tuvo que ver Xavi Hernández, quien ya emigró para terminar su carrera en el fútbol de Qatar.

Pero hubo un antes de Anoeta y también siguió habiendo falencias estructurales, disimuladas por algunos jugadores que anímicamente se encontraban en un momento dulce (Gerard Piqué, Javier Mascherano, Sergio Busquets, Iván Rakitic y los tres delanteros), a los que ya en el final de la temporada se sumó Andrés Iniesta, luego de un muy mal año anterior en el que no convirtió ni un solo gol.

Pero el Barcelona fue mucho más esta idea individual, sumada a algunos movimientos mecanizados por años y a un ataque bestial del Tridente sudamericano y a la gran capacidad de sus centrales para resolver cualquier problema, que un equipo compacto, y ante el primer resultado adverso, todo se desmoronó.

Se ha destacado como parte del trabajo del entrenador, por ejemplo, la capacidad de gol del Tridente. Hay un ejemplo que podría demostrar lo contrario: la BBC del Real Madrid (Bale, Benzema, Cristiano Ronaldo) ha convertido la misma cantidad de goles que la MSN, sino más, en un equipo que en la mayor parte de la temporada anduvo a los tumbos, con cambio de entrenador incluído.

Eso significa que ante la tremenda calidad de los atacantes tanto del Barcelona como el Real Madrid, la función de los entrenadores es más que relativa y en todo caso, por ellos pasa la posibilidad máxima de viabilizar el juego ofensivo o de bloquearlo. De hecho, en el caso del Real Madrid, Zinedine Zidane ha optado por un cambio táctico importante en el mediocampo, el ingreso de Casemiro, mediocentro, por Isco o James Rodríguez, creativos, sin que para nada se modificara la situación de la BBC.

La derrota en el Nou Camp ante el Real Madrid, en vez de reafirmar la idea (si la había), empujó al equipo hacia abajo, lo fue desmoronando y apenas si se sostuvo ante el Atlético tres días más tarde por la Champions, teniendo que remontar un partido muy complicado, con un jugador de más, y con una diferencia que no daba ninguna garantía para la vuelta en el Vicente Calderón.

Y con esta inseguridad de un equipo que ya no era el mismo, con un Lionel Messi en una baja preocupante y extraña, no tanto sólo por lo estadístico de su gol quinientos que no llega o por la cantidad de partidos sin marcar sino por su ausencia del juego, del armado de los ataques y de su definición, se produjo una nueva caída en Anoeta que ya ratificó la abrupta caída de los últimos días, como si todo hubiese estado pegado con una cola de mala calidad.

Ya ese último Barcelona es el que, con peligro cada vez mayor, debía jugarse ante el Atlético en el Calderón. Incluso, ante el equipo del Cholo Simeone con problemas para armar su defensa por las ausencias de Giménez y de Savic y teniendo que recurrir a Lucas, pero el equipo de Luis Enrique ya no era ni la sombra del que fue y ya no podía dar las respuestas de quince días atrás.

Parecía que aquel equipo de los 39 partidos invictos era otro, como si fuera más producto de los libros de historia o los documentales más que del presente. Y volvió a ocurrir lo de tantas veces: tuvo muchísimo más tiempo la pelota que su rival, pero no supo qué hacer, y ni siquiera pudo mantener el resultado a favor de la ida.

Se fue al descanso en desventaja y era evidente que le costaría demasiado alterar el resultado ante un Atlétuico que evidentemente se iba a cerrar y contragolpear y que sabe como pocos manejar esta clase de partidos. Y cayó sin atenuantes, más allá de que pudo discutir una mano sobre la hora que pudo significar un penal y el alargue.
Pero el Barcelona no lo merecía. Ya no era el mismo. Ya era aquel equipo previo a Anoeta de la temporada pasada, sin tiempo para revertirlo.

Más allá de las preguntas de los por qués, es claro que si todo vuelve al punto de partida de la temporada pasada, es que hay conceptos, estados de ánimo, inseguridades, esquemas, que no fueron más que un maquillaje a muchas cosas que nunca funcionaron del todo.

Este Barcelona tiene como punto fuerte su ataque, ya no más su gestación, que fue el emblema de los tiempos de esplendor, primero con Frank Rikjaard y aún mucho más con Josep Guardiola.

Y si el punto fuerte es el ataque, y ese ataque marca los mismos goles que el del Real Madrid, se debe más a la enorme capacidad de sus ejecutores que a quien desde el banco establece la táctica, que no los potencia, sino que depende más de ellos que lo que ellos dependen de él.

Se dirá que el fútbol es eso, los jugadores primero, el DT mucho menos, luego. Pero el entrenador está para potenciarlos.

Si la defensa es endeble aún con todo lo que se ha fichado, el medio no es tan decisivo como antes, y el ataque tiene la misma media de su rival más poderoso, es, como mínimo, para un replanteo.

El Barcelona aún no ha perdido todo, aunque sí, el objetivo más importante de la temporada. Es tiempo de que cambie el chip antes de que llegue la tempestad. La gran pregunta es si está en condiciones anímicas de hacerlo, por aquello del principio de este artículo. El fútbol es un estado de ánimo.


Con un sistema atrás, es un poco más fácil alterarlo y sentirse mejor para buscar los otros dos objetivos. Pero…¿Y si no?

martes, 12 de abril de 2016

La invencion de amassunu (Un cuento de Marcelo Wío)



En la playa, en 1943, un revuelo de admiraciones sobre la arena. El atardecer ofrecía una tregua de airecitos. Un partido de fútbol improvisado por niños era el motivo de aquella agitación. Para ser más precisos, uno de los niños era causa de la convocatoria de atenciones tajantes. Flaco, de lustrosa piel de esos marrones inverosímiles que se le imaginan a los habitantes de los trópicos. El rostro, semioculto por una hirsuta pelambrera renegrida. Era la segunda tarde que se aparecía a aquella hora por la playa con fines de juego. El primer día había subido la voz, desde Copacabana, hacia los clubes de fútbol de Río de Janeiro, con aire de desesperada premura; el segundo día, ya había traído a ojeadores varios (y un número de curiosos aún mayor).

Nadie sabía que la misma escena estaba teniendo lugar en otros veintidós puntos costeros de Brasil. Que todo se repetía casi exactamente: el niño, el asombro, la voz, los ojeadores al día siguiente. Es más, si uno hubiese juntado a los veintitrés niños, nadie podría haber distinguido, siquiera, diferencia alguna.

Pero volviendo a Copacabana, -que es lo mismo que decir, volviendo a Porto da Barra, Ilhabela, Iracema, etéctera -, la noche dio punto final al partido. Los ojeadores se abalanzaron sobre el niño, pero éste los esquivó, dejando caer (algún trasnochado compararía posteriormente el suceso con otro de una Cenicienta, un hechizo, un toque de queda y un zapatito de cristal, que es un milagro que no se haya roto con tanto trajín), tras de sí, un nombre y una región remota, comida por espesuras. En otra circunstancia, esas palabras, esa localización esquiva, ese desplante infantil, no hubiesen cuajado en la obsesión que cuajó: el pibito había abonado el ánimo de los ojedadores a base de gambetas inverosímiles, de habilidades de otra realidad.

Parece redundante, a esta altura, decir que lo mismo aconteció en las otras veintidós localizaciones. Los pibes desaparecieron con la complicidad de la noche y, luego se supo por testigos presenciales, de unos adultos periféricos que los aguardaban para regresar al corazón de la Amazonía.

A partir de este punto, todo sus supuestos, mistificaciones y fabulaciones. Es decir, literatura hablada; de café y vela. El único dato concreto y rotundo (en realidad, son dos, pero forman parte del mismo evento), es que cincuenta y siete ojeadores partieron para buscar a los jóvenes, o al joven - según algunos, se trató de una única alucinación; un único hechizo selvático, afirman sin más pruebas que la propia afirmación (lo que a veces suele ser más convincente que las pruebas y los argumentos que éstas sostienen) -; y jamás volvieron a aparecer.

Miembros del Instituto para el Desciframiento del Suceso (al hecho en cuestión terminó por conocérselo, precisamente, como “El Suceso”; nombre astutamente acuñado por el ingenioso autor bahiense, Joao Criador) suscriben la teoría de que se trata de una comunidad no autóctona (no explican de dónde proviene) que se dedica a salir, de tanto en tanto, a recolectar personas con fines desconocidos. Poco más ha avanzado el instituto - que fue fundado por el propio Joao Criador; quien se olvidó al poco tiempo de que lo había fundado -.

Eusebio Teixeira era de esos que son expertos de todo a eso de las dos de la mañana, en esas reuniones con tendencia a desbarrancar por los derroteros de la ebriedad. La diferencia, es que, por esos firuletes del destino, se transformó en una voz autorizada sobre el tema. Teixeira era de la opinión de que todo se trataba de una broma o burla de los argentinos. Durante una conferencia, un periodista – de esos que no preguntan, sino que opinan, más bien, y buscan el asentimiento o el oprobio del supuesto interrogado – sugirió que decir que aquella ingeniería era argentina, era afirmar que los niños, y su habilidad, eran argentinas, lo cual era una imposibilidad. El auditorio rió la apiolada del tipo. Y alguno se animó y preguntó, desde el fondo, si  no sería más lógico pensar que, si fuesen argentinos, los chicos serían prudentemente escondidos, hasta tanto estuvieran en edad de formar parte de la selección, con el fin de humillar a la verde amarelha. Risas y asentimientos.

Por su parte, la Sociedad de Holgazanes de Curitiba, con sede en el bar Lentidão, y exclusivamente por afán de polémica, de agitar el avispero, firmó un brevísimo artículo donde aseguraba que desde hacía tiempo se conocía la existencia de una tribu del Orinoco, y no del Amazonas, como creía o suponía la mayoría, que cada tanto tiempo llevaba a cabo una ceremonia de purificación para la que necesitan hombres que no pertenecieran a su tribu ni a ninguna de las autóctonas del Orinoco y Amazonas; que estos hombres debían concurrir al poblado (en este punto, había disensión: algunos eran de la opinión de que se trataba de una comunidad itinerante, que acaso sí habitara de tanto en tanto territorio amazónico) por propia voluntad. La pereza y las cervezas que habían bebido a esa altura dejó el trabajo inconcluso, por lo que nunca explicaron cuál era el papel de esos hombres atraídos, captados, de aquella manera tan eficaz.


Finalmente, por ofrecer una más de las tantas voces que han dicho sobre la cuestión, vale la pena (o no) mencionar la del polígrafo Henrique Martins – que en realidad nunca escribió nada (sus enemigos decían que era analfabeto), sino que se ha limitado a opinar de temas varios en cuanto ágape, copetín o cena se pudiera colar –. Martins decía que se trata de “una tribu en vías de extinción”, para la que, por algún motivo (los detractores de Martins dicen que éste suele recurrir a la fórmula “por algún motivo” o “por razones que desconocemos” cuando le afloja la imaginción  -hecho, espetan, que ocurre demasiado a menudo -; lo que, además, dicen, suele dar verosimilitud a sus cuentos: reconocer no saber algo, parece validar lo que sí se dice saber, aseguran), resulta una ofensa, un oprobio, casi una herejía, golpear las extremidades del cuerpo, sobre todo, los pies, con cualquier material, especialmente, con cuero. “Así – concluía Martins (al que sus críticos más acérrimos, catalogaban de charlatán y chanta, y, ya de paso, de misógino y racista) –, ya pueden imaginarse el destino de esos cincuenta y siete fulanos, cuando su seducción ha implicado tamaña transgresión”.

Tanto, y nada, se ha dicho sobre el tema... Y uno aquí, en la playa (la arena aún tibia), mirando embobado, a las siete y cuarto de la tarde de un 15 de enero de 1983, cómo ese niño reformula  no sólo el fútbol, sino el sentido del tiempo y el espacio. Sabiendo que no debo, pero que igualmente preguntaré, y escucharé una respuesta que será un nombre, un rumbo, una región; una perdición. Y, aún así, sé que iré.


Pero, sabe qué, acaso después de presenciar esto, no valga la pena ver nada más. 

lunes, 11 de abril de 2016

El Barcelona, en el peor momento para tanta caída (Yahoo)



Si hace un mes alguien hubiera vaticinado que ahora la distancia entre el Barcelona y el Atlético de Madrid sería de sólo tres puntos, y cuatro con el Real Madrid, seguramente habría sido calificado casi como un loco, o un delirante.

El Barcelona se paseaba por las tres competencias con absoluta comodidad, en base a la enorme confianza de una plantilla riquísima, con todas las variantes posibles y acaso con pocos atacantes, pero demasiado buenos como para plantearse algún problema con un recambio, y especialmente desde que al llegar 2016, se agregaron Arda Turan y Aleix Vidal, mientras que Rafinha estaba a poco de regresar tras su larga lesión.

El fútbol es cada vez más, como alguna vez dijo el argentino Jorge Valdano, “un estado de ánimo”. Los resultados condicionan mucho a los equipos y luego se produce una cadena en la que un éxito lleva a otro casi con naturalidad, así como una derrota importante, sumada a otra y a algunos hechos externos, acaban con toda la confianza y llenan de dudas hasta a los mejores del mundo.

Y eso es lo que le está sucediendo al Barcelona. La inesperada derrota en el Clásico ante el Real Madrid en el Camp Nou, la serie abierta de cuartos de final de la Champions ante un duro rival como Atlético de Madrid, que pudo soportar la oleada azulgrana con un jugador de menos desde la primera parte por expulsión de Fernando Torres, y las noticias extra deportivas en torno de su mejor jugador, Lionel Messi, fueron complicando en poco tiempo un clima que parecía de fiesta y ahora ya las cosas son muy diferentes y ya lo advirtió el sábado el propio capitán Andrés Iniesta tras la derrota en Anoeta ante la Real Sociedad: “Ya cometimos todos los errores permitidos”, es decir que ya no hay lugar para otros.

Ante la Real Sociedad,  como viene ocurriendo desde hace años como si fuera un hecho maldito, el Barcelona no sólo acabó perdiendo el partido, sino que no apareció, fue un fantasma, y desde el minuto 4 estaba en desventaja cuando en 2015 ya lo estaba desde el 2 de la primera parte. Y no parece casual.

En el caso de Messi, involucrado en los llamados “Panamá Papers” por aparecer con una nueva sociedad offshore en un paraíso fiscal que no estaba mencionada en la causa judicial que afronta en los tribunales y por la que fue citado dentro de pocos días, su situación puede complicarse aún más, más allá de que es muy probable que el jugador no tenga conocimientos técnicos sobre el asunto, pero siendo mayor de edad termina siendo responsable de sus actos.

No es claro si esto influyó directamente en su juego, pero en Anoeta se lo notó especialmente apagado y ya lo dijo hace pocos meses su compatriota y compañero de equipo Javier Mascherano: “Yo pasé por algo así y es duro, y por eso más que nunca hace falta el respaldo de los más cercanos, amigos y familiares”.

Lo cierto es que en menos de veinte días, aquel Barcelona que se paseaba con total tranquilidad y un envidiable poder de gol, dio lugar a otro equipo con muchas dudas, sin claridad en la generación de juego, y con muchos problemas cuando se encuentra con algún jugador clave suspendido o lesionado, como es el caso del uruguayo Luis Suárez ante la Real, fuera del partido por acumulación de tarjetas amarillas.

Ante la Real pudo notarse con claridad lo que desde esta columna se viene sosteniendo desde hace tiempo: que pese a los premios y los reconocimientos, el entrenador Luis Enrique Martínez no ha estado, por el momento, a la altura de lo que requiere un equipo con semejantes estrellas.

En verdad, Luis Enrique no ha logrado potenciar a ningún jugador en particular y lo que ha hecho, desde aquella derrota de 2015 en Anoeta (parecida a ésta en cuanto a actitud y juego) fue manejar mejor el grupo, ceder ante ciertas inquietudes y movimientos de los cracks con mayor ascendencia en el vestuario, confirmando aquello que ya manifestaba Josep Guardiola acerca de que gestionar el grupo era lo más difícil y lo que acabó desgastándole con el paso del tiempo.

Pero en lo futbolístico, no pareció haber sido una buena idea retrasar a Messi cuando no contaba con Suárez, con lo que llevó el Tridente a la mínima expresión, con un Neymar que desde hace rato que no se encuentra en su mejor momento y con un Arda Turan que de momento no ha logrado acoplarse como se preveía, más allá de tener las condiciones técnicas para hacerlo.

Lo cierto es que ante la ausencia de Suárez, el Barcelona volvió a encontrarse con que no tiene tanto recambio ofensivo para los últimos metros, porque ni Munir ni Sandro reúnen el mismo nivel que los titulares, Rafinha Alcántara aún no tiene el peso de otros volantes, y la diferencia que marca Iniesta, es notable.

Sumado a todo ello, el Barcelona se encontró, cuando comenzó a llegar un poco más hacia Gerónimo Rulli, con una gran actuación del portero argentino de la Real.

La gran duda ahora pasa por saber si este Barcelona, tan en baja, puede recuperarse en tan sólo cuatro días cuando deba afrontar en el Vicente Calderón, ante el Atlético de Madrid, uno de los partidos más importantes de la temporada y cuánto le afectaría no pasar de ronda en el tramo final de la Liga.


Preguntas que no tienen respuesta hoy pero tan sólo el hecho de formularlas, ya nos muestra el rotundo cambio que se ha producido en torno del que para muchos es el mejor del planeta.

viernes, 8 de abril de 2016

Rompé los contratos, Pepe




Escribimos que el tiempo se encargaría de determinar qué es lo que hablaron en la promocionada pero nunca aclarada reunión en la Casa Rosada de días pasados entre Mauricio Macri y Marcelo Tinelli. Y así es. Ahora vamos conociendo mucho más de aquello.

Porque no es para nada casual que desde la AFA, pero especialmente del lado tinellista, y desde el Gobierno, y menos en días como éstos en los que cualquier cosa que tape el asunto de los “Panamá Papers” viene bien (hasta que la tapa del diario más vendido tenga la foto de un operativo en la Villa 31), se argumente exactamente lo mismo y al mismo tiempo.

Y el argumento parece sacado de la galera de aquella reunión en la Casa Rosada: el fútbol no parece interesarle al Gobierno de Macri, porque genera demasiada erogación, y de buenas a primeras, luego de casi siete años de recibir fondos del Estado para el “Fútbol Para Todos”, un día en la AFA, justo cuando cambiaron las autoridades nacionales, se les ocurrió a los dirigentes que no puede ser que no encuentren otra manera, y más cara, de solventar la situación de las transmisiones por TV.

Lo llamativo es que en tren de licitar, entre los oferentes posibles aparezca nada menos que el Grupo Clarín, socio de Torneos en TRISA y con la que la AFA rompió el contrato en 2009 para irse hacia el lado del Estado, que pagaba más del triple, y con la que estuvieron en juicio. En siete años, la memoria fue frágil y ahora se acepta incluso a aquellos que en su momento eran el enemigo y le mentían las cifras al fútbol argentino.

Y no sólo el Grupo Clarín. También por estos días hemos sido testigos del regreso de Torneos, aún cuando su ex CEO, Alejandro Burzaco, permanece en los Estados Unidos luego de haber pagado 20 millones de dólares de fianza por estar involucrado en el escándalo del FIFA-Gate y haber sido amo y señor del fútbol argentino (y del sudamericano) durante muchos años, y luego haber sido el socio de Julio Grondona en los negocios de todo tipo (remember escuchas telefónicas de 2015).

Nada de esto le importa a este fútbol al que cada vez le importa menos todo. Si ayer deshizo un contrato para irse de la asociación con Clarín-Torneos hacia los brazos de papá-Estado, siete años después puede deshacer ese contrato para ir en brazos de Clarín (si ganara la licitación y si es que esa licitación se lleva a cabo, porque quién sabe si Turner o Fox no padecerán en algunos meses lo que Prisa hace pocos años).

En verdad, Torneos nunca se fue. En todo caso, se había ido por muy poco tiempo en 2009, escondido detrás de un árbol hasta que Grondona le cantara el “piedra libre” cuando ya acabara el impacto del FPT, y de a poco, esos camiones de exteriores que disimulaban con pintura de Canal 7 aunque por detrás seguían diciendo “TyC” volvieron a aparecer alrededor de las transmisiones porque el problema, como un día le dijo Grondona a su amigo Burzaco, el hermano del actual secretario de seguridad de la Nación, no era con ellos.

Pero si ya estaban volviendo, la situación comenzó a definirse cuando asumió Macri el 10 de diciembre y Fernando Marín se hizo cargo del FPT con la idea de irlo despedazando de a poco, o no tan de a poco. Y así fue que con el mismo argumento de estos días, y a punto de comenzar el campeonato actual, el Estado bobo del que siempre vivieron los neoliberales “se sacó de encima” a los equipos grandes para que los emitieran América, Telefé y El Trece por menos del diez por ciento de lo que el Estado pagó por el fútbol. Y Canal 7 se quedó con el resto, con los equipos que menos venden, acaso en un sinceramiento político tardío: algo así como “este Estado que con el gobierno anterior generó un torneo de 30 equipos sólo por razones electorales, ahora se tiene que hacer cargo de la mochila de esa herencia y cede la parte del león a los privados, lo cual no va a resultar, y acabaremos privatizando todo y ya no tendremos que pagar nada”.

¿Y la gente? Parece estar del otro lado de la raya roja y a pocos importa, al menos a los funcionarios y a los dirigentes de la AFA. A la gente, como dijo Eduardo Spinoza, el presidente de Bánfield, se le dice que ahora deberá pagar y chau. Y tampoco es casualidad, porque Spinoza es del ala tinellista y es justamente uno de sus principales voceros, y no sólo dice lo mismo que el Gobierno y en el mismo momento, sino que en la misma nota confirma que Tinelli se presentará como candidato a la presidencia de la AFA el próximo 30 de junio en el segundo intento tras el fallido y vergonzozo 38-38 de diciembre pasado. Es decir que lo que antes estaba en silencio, hoy ya se expresa y casualmente, tras la reunión M-T de la Rosada, la de “aval para la candidatura a cambio de bajar los decibeles de Gran Cuñado y chau tweets opositores”.

En verdad, el FPT fue gratis para muy pocos, técnicamente. Porque más del 80 por ciento de la población que mira fútbol lo hace desde el cable, por lo que apenas puede decirse que hubo un 20 por ciento que veía fútbol gratis. Pero sí es cierto que la categoría era única y que ahora, entre las opciones, se plantea que puede haber una re-categorización, con quienes sigan viendo fútbol por cable “común” y quienes tengan que pagar un sistema de HD Full o con más ángulos o cámaras y mayor sofisticación, algo que en cierta forma, vuelve a los 90: los que tenían TyC Max y lo que no, y se conformaban con ver los abrazos del público mientras Carlos Bilardo movía las fichitas en el pizarrón, o los domingos podían ver los dos minutos de goles de su equipo en el “Fútbol Deprimente”.

Los dirigentes de la AFA tienen demasiadas cosas por explicar en este entuerto, desde por qué se deben hacer cargo de que el Estado se desprenda de las transmisiones de fútbol y no lo hace el propio Gobierno (a no ser que haya sido por el pacto M-T de la Rosada) y le hacen el juego político, como por qué sí 3 mil millones de pesos sí les puede alcanzar para paliar sus interminables déficit por no saberse manejar y por qué no le exigen (como antes) más dinero al propio Estado, aunque les diga que no. ¿Acaso porque si el dinero que reciben viene de los privados, no deben rendir cuentas a nadie y nadie tiene derecho a exigirlas?

También sería bueno que los dirigentes explicaran por qué, con el triple de dinero que el estado comenzó pagándoles en 2009, tampoco pudieron pailar esos déficit y por qué, Torneos y Clarín siguen ligados al fútbol como si en la Argentina nada hubiera pasado, cuando buena parte de los fondos, al menos de los clubes más chicos,  fueron turbios a la hora de los repartos entre 1991 y 2009.

También la AFA, en el mismo sentido, debería aclarar por qué le entrega a Torneos el manejo de los derechos de TV de la selección argentina cuando fue tan perjudicada (AFA dixit) en tiempos anteriores, no muy lejanos, y cuando además de todos los antecedentes, Burzaco vuelve a aparecer en otro escándalo, en el de los “Panamá Papers”.

Pero la gran pregunta, para la AFA y también para el Gobierno, es cómo puede ser que Turner, Clarín, Fox, IMG y ahora parece que Mediapro estén interesados en un negocio tan deficitario, tan perjudicial, y también cómo es que se llegó a un torneo de Primera División con treinta equipos, todo lo contrario a lo que se recomienda en cualquier organización futbolera mundial para generar un campeonato equitativo y de buen nivel.

Y llegaremos a la conclusión de que los dirigentes de la AFA, como la mayoría de los legisladores, son capaces de darse vuelta como una media al ritmo del que manda.

Porque la AFA queda en la Argentina, y forma parte de ella,  y sus dirigentes no nacen de un repollo.




miércoles, 6 de abril de 2016

Infantino, los “Panamá Papers” y el sistema




El impacto de la noticia de que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, está involucrado en los “Panamá Papers”, acerca de cuentas offshore en paraísos fiscales manejadas por el estudio panameño Mossack Fonseca, puede ser para algunos desprevenidos, pero quien sigue desde hace tiempo la trama de la política en el fútbol internacional, no puede sorprenderse.

Y no es que siquiera Infantino haya aparecido con cuentas offshore propias, sino que en ellas aparecen contratos entre el recientemente electo presidente de la FIFA (el pasado 26 de febrero, apenas pasado un mes) y la firma Cross Trading, filial nada menos que de Full Play, la empresa de Hugo y Mariano Jinkis (padre e hijo), involucrados gravemente en el caso conocido como FIFA-Gate, que lleva la fiscal de Nueva York, Loretta Lynch.

Por esos contratos, aparece un joven Infantino, de hace una década, como secretario del área técnica de la UEFA relacionada con la venta de derechos de TV, vendiéndole los derechos correspondientes a la Champions League de 2006 a Full Play por unos módicos 111.000 euros, cuando luego Full Play los revendió por 344.000 a Teleamazonia de Ecuador, es decir, por el triple de su valor.

Además del propio doble hecho, la aparición de estos contratos y la cercanía de este hecho con la asunción presidencial de Infantino en Zurich, lo que revelan estos “Panamá Papers”, nuevamente, son un más que conocido modus operandi, que es el mismo que se descubrió en el FIFA-Gate.

Éste consiste en venta de derechos de TV de una confederación continental o federación nacional a una empresa privada a muy bajo precio, en muchos casos, aún cuando hubo competencia de otras ofertas a veces superiores, para que esta empresa hiciera pingües negocios con la reventa a medios de comunicación, para lo cual, claro, los dirigentes involucrados en el FIFA-Gate cobraron suculentas comisiones.

En el caso de Infantino, por el momento sólo aparecen estos papeles sin que se pueda saber aún la derivación, pero sí hay una repetición inquietante de los mismos hechos que generaron el escándalo de las detenciones en el hotel Baur Au Lac de Zurich de mayo pasado.

Cuando los dirigentes de la UEFA y la Conmebol se reunieron para determinar el camino a seguir a poco de vencer las inscripciones de candidatos a presidente de la FIFA para las elecciones de febrero pasado, a partir de las ya conocidas sanciones del Comité de Ética al ex presidente Joseph Blatter y al titular de la UEFA, Michel Platini, y se decidieron por Infantino, ya publicamos en este mismo blog que el pelado ítalo-suizo de los sorteos de la Champions era “el candidato del establishment” (http://sergiol-nimasnimenos.blogspot.com.ar/2015/10/infantino-el-candidato-la-fifa-que-el.html)

Infantino proviene del riñón del poder y los negocios de la FIFA y si bien siempre respondió a Platini y fue muy importante en la estructura que éste armó (o, mejor dicho, le armaron desde Zurich) desde su asunción en 2007 (los contratos con Teleamazonas son de un año antes, de un Infantino previo a Platini).

También formó parte del “equipo” de Blatter, por la sencilla razón (y también lo hemos publicado en este blog) de que la “enemistad” entre los dos popes es “pour la galerie” y ambos tienen atados demasiados negocios por demasiado tiempo y de hecho, Platini llegó a la UEFA como cabecera de playa de Blatter para terminar con la oposición de los europeos a Zurich, para lo que había que destronar a Lennart Johansson, cosa que ocurrió en 2007.

Es por eso que desde UEFA y Conmebol, con el español Angel Villar a la cabeza, y con su hijo Gorka, manejando los negocios de la Conmebol del otro lado del océano, se convino votar a Infantino como única continuidad controlada del sistema.


Por eso, los “Panamá Papers” aparecen muy pronto, dejan tocado a Infantino y con derivaciones que aún se desconocen, pero no se puede decir que sorprendan. Se parecen demasiado a todo lo que conocemos y el círculo de la lógica se va cerrando.