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sábado, 27 de septiembre de 2008

Dr. Runco: Semidiós para los jugadores brasileños, pero creyente en la ciencia (Player)

“Hola doctor, lo quería consultar porque tengo un dolorcito acá (se señala la zona del tobillo izquierdo), ¿tiene tiempo?”. Nos sorprende el trato. No da la sensación de que el lateral Leonardo Moura, sea la estrella en este caso. El consultorio del médico del Flamengo, en el enorme centro de entrenamiento de la zona de la Gávea, en el sur de Río de Janeiro, al pie del impresionante monumento del Cristo Redentor, a donde llegamos engañados por un taxista que nos dio vueltas por la ciudad al notar nuestro acento extranjero (un clásico), reúne todos los elementos sofisticados necesarios para atender a cualquier jugador del plantel profesional. Pero bajo ningún punto de vista, un jugador tiene absoluta prioridad sobre lo que el doctor José Luis Runco debe cumplir como tareas en el día, y la respuesta será corta, clara y amable, pero distante: “ahora no puedo, pero venga en quince minutos y lo hablamos”. También intentará acercarse el volante paraguayo Gavilán, y la misma palmada en la espalda y la misma cordialidad, pero ahora no es posible atenderlo.
Runco, 53 años, de familia italiana, traumatólogo graduado a los 29 años, a punto de cumplir las Bodas de Plata como médico, con tres años de especialidad en traumatología, y cursos de traumatología deportiva y como cirujano de rodilla, es hoy alguien indiscutido en su medio, y no hay jugador brasileño, inclusive de todos los que militan en los principales clubes europeos, que no lo consulte o deposite en él toda la confianza para cualquier problema, en especial los más graves.
Uno de los casos más difíciles que tuvo que seguir Runco, pero al mismo tiempo, que lo proyectó en cuanto a seriedad y fama, fue el de la recuperación de Ronaldo para el Mundial de Corea y Japón de 2002. La fantástica actuación de Ronaldo, por quien pocos daban posibilidades luego de su fractura y de estar tanto tiempo fuera de la actividad, lo proyectó al mundo. “Y sí, fue una especie de bola de nieve a mi favor”, dice con tranquilidad.
Ahora se encuentra abocado a la recuperación de Eduardo Da Silva, brasileño nacionalizado croata que se perderá la Eurocopa de Austria y Suiza por el brutal golpe que recibiera en febrero pasado, jugando la Premier League con el Arsenal, por parte de su rival Martin Taylor, del Birmingham City, nada menos que una fractura de tibia y peroné.
Le comentamos que para muchos jugadores brasileños, lo suyo es magia, pero lo desmiente con rotundidad. “Es ciencia pura, y la suerte que tengo es que como los anteriores tratamientos y las operaciones salieron bien, los jugadores se van comentando unos a otros y me van creyendo y depositando su confianza, y el hecho de trabajar al mismo tiempo que en Flamengo, en la selección nacional, ayuda mucho, especialmente con los brasileños que juegan en el exterior, pero tengo en orgullo de que muchas veces vienen a operarse a Brasil y cuando viajo por alguna razón, casi siempre con la selección brasileña o por congresos de mi especialidad, aprovecho también para que me vean, me traigan análisis, ver evoluciones, o lo que sea”. Nos da un ejemplo, cuando durante 2008 la selección brasileña viajó a Suecia a jugar un partido amistoso por el cincuentenario de la final del Mundial de 1958. “Allí pude ver a Ronaldo, en Inglaterra ví a Eduardo Da Silva, pero tenía llamados o contacto con jugadores brasileños de Italia, Inglaterra, España, Rusia, Ucrania o Croacia, y cuando ellos me consultan o vienen a Brasil, yo me siento muy feliz por esa confianza”.
Pero…¿por qué los jugadores confían en Runco? “Creo que es una mezcla de cosas, y la psicología es una de las más importantes, como hacer olvidar a Ronaldo el miedo a regresar a jugar, o lo mismo cuando muchos dudaban de que Rivaldo pudiera jugar en el Mundial 2002, a pocos días de comenzar (ver aparte). Hay que saber manejar al jugador. Sumado a eso, creo que el hecho de ser también brasileño y que nos una la misma lengua, ayuda mucho. Nunca un jugador, de origen humilde muchas veces, entenderá una explicación de la misma manera si es en portugués que si es e un un idioma adquirido o que no conoce bien. Y yo le puedo contar bien, en palabras, qué es lo que le pasa para que me ayude más en la recuperación. Por mi experiencia, cuando un jugador sabe lo que le ocurre, la recuperación es mejor o más fácil. Y también está el contexto, porque recuperarse o ser operado en su país, siempre genera una aceptación mayor, otra predisposición y con la familia cerca”.
Lo que Runco intenta explicar rápidamente es cómo sortear un problema evidente. Tratándose de deportistas de alto nivel y muchos de ellos, en los mejores clubes del mundo, con sus propios departamentos médicos, de alta complejidad, cómo compatibilizar esto con su participación. ¿No hay celos, problemas de competencia? “Claro que los hay –sostiene Runco, sin escabullirse- pero se impone el criterio de lo que le cuento, la situación mucho más favorable de consultarme, a veces interactuamos con los médicos del club del jugador, depende del caso, pero casi siempre participo o me consultan, y yo, encantado”.
Cuando se le consulta por el trato, Runco se siente contento por la pregunta, mientras nos muestra ahora su impresionante clínica privada en una de las zonas ricas de Río de Janeiro, la Barra de Tijuca, llamada “Barra Trauma”, con especialidades en ortopedia, traumatología, medicina deportiva, o cirugía de rodilla, entre ocho distintas especialidades, a donde aparecerán otros atletas locales ( y allí la puerta se cierra y por unos treinta y cinco minutos esperamos mientras observamos las instalaciones), y luego de un par de horas allí y de dialogar con algunos colegas que lo ponen al día de estudios y pacientes, acompañamos a Runco al hotel Sheraton Barra, donde el Flamengo se concentra a la espera del próximo partido, y con jugadores que vienen a saludarlo pero no pasa de un corto diálogo. “Porque uno de los secretos que hay también –nos dice- es el trato con los jugadores. Creo que es acertado tomarlos como pacientes normales, nada más. Y con los años de profesión, podría decir que es un mecanismo exitoso, porque no dejan de ser, para mí, personas con una problemática determinada, que vienen a consultarme y yo tengo que resolverlo, pero mi trato no dista del de personas que no actúan en el deporte profesional”. Se puede observar que cada especialidad, en la clínica, tiene su departamento y la más sofisticada tecnología en aparatos. “Nada que envidiar a Europa”, resalta.
Runco no cree en magia, pero es un convencido de la importancia de la psicología aplicada al deporte. “Pero no es mi tema, interactúo cuando es necesario pero tenemos especialistas que se dedican a eso con los jugadores”, sostiene. En el Flamengo, el psicólogo que trabaja hace veinte años con el plantel es Paulo Rivero, y en la selección brasileña, el trabajo no es directo sino que se estudia desde afuera el perfil de los jugadores.
Runco no elude contar su impresión sobre la actualidad de dos viejos conocidos suyos, como Ronaldo o Ronaldinho.
“En el caso de Ronaldo, su recuperación física va perfectamente y casi diría que en seis meses podría estar para regresar, pero el gran tema es qué hacer mientras tanto, mientras no juegue. La solución está en su mente. Estoy en contacto con los médicos franceses que le hacen los estudios y creo que podrá estar antes de lo que se piensa, lo demás pasa por lo extrafutbolístico. Lo de Ronaldinho, lo conozco menos porque no me ha consultado, pero desde lejos, me parece que lo que le pasa en el Barcelona no está relacionado con ninguna lesión grave, sino que no parece estar a gusto allí, es un tema menos médico y pareciera que más de otro tenor”.
Runco reconoce que su llegada a la medicina del deporte “era lógica porque me encanta el fútbol y sabía que por mi falta de técnica, no podía ser jugador, entonces mi relación con el fútbol llega a través de la medicina. Me gradué en la Universidad de Río de Janeiro e hice prácticas ya en aquel momento en el Vasco da Gama, y ya en 1981 tuve la oportunidad de ingresar en el plantel del Flamengo, justo en un año para el recuerdo, cuando ganó la Copa Libertadores con jugadores como Junior o Zico, lo que fue importante para mí y en 1985 integré el equipo brasileño campeón mundial juvenil sub-20, y ya luego, el entrenador Evaristo de Macedo, junto con George Vieira y Edú, me llevaron como médico a la selección de Irak que llegó a participar en el Mundial de México 1986. Ya en 1988 volvió a Brasil y al plantel principal del Flamengo, y tras el Mundial de Francia 1998, ya me incorporé también y al mismo tiempo, a la selección nacional.
Su rutina pasa por concurrir dos veces por semana al centro de Gávea, del Flamengo, donde regentea una estructura monitoreada y la posibilidad de fisioterapia, acudir a las concentraciones del equipo, pasar a diario y depende del día, por más o menos horas en su clínica, y recibir allí los llamados y consultas de brasileños en el exterior. Y también suele tener congresos internacionales o locales, en los que suele participar, “una manera de estar constantemente actualizado, y por ejemplo, estoy en permanente contacto con el doctor Gustavo Liotta, de Boca Juniors de Argentina, o con el doctor Raúl Madero, de la selección argentina, o el doctor Osvaldo Pancracio, de la selección de Paraguay”.
Runco nos cuenta que los recursos para tratar a los deportistas creció tanto como la preparación física “y el jugador es más fuerte, hay mayor especialización en los tratamientos, y hoy alguien que se cuida bien, puede llegar a jugar hasta los 38-39 años sin problemas”.
Le preguntamos cómo saber si un jugador miente o disimula una lesión para poder jugar. “Sí, claro que los jugadores mienten pero tenemos que encontrar la verdad en base a la experiencia. Por eso, hay que conocer bien el contexto y también es importante que al médico le guste el fútbol, como me gusta a mí, y por eso soy feliz trabajando en lo que me gusta”.
Rivaldo y la puja con la medicina europea
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El doctor Runco no olvida lo vivido en los días previos al Mundial 2002, cuando los rumores acerca de uno de los mejores jugadores del mundo, Rivaldo, sobre que no podría llegar a jugar el torneo por una lesión en la rodilla, atormentaban al plantel de la selección de Brasil. “Nosotros fuimos a entrenarnos al Camp Nou del Barcelona y no se imagina lo que era la prensa nuestra, porque el médico del Barcelona sostenía que Rivaldo tenía que ser operado, y eso lo alejaba del Mundial. Vinieron todos los periodistas a mí, y yo afirmé que lo de Rivaldo se podía solucionar, que no necesitaba cirugía y eso generó una polémica intensa en aquel tiempo. Todo esto ocurría a tres semanas del Mundial pero yo conversé con Rivaldo y le dije que se quedara tranquilo que jugaría el Mundial y lo ganaría, como terminó ocurriendo. El estaba preocupado y me parece que mis palabras le dieron la tranquilidad que buscaba y la lesión pasó al olvido”.
Runco tiene un cuadro en su clínica con una camiseta de Rivaldo, dedicada, y un sorprendente artículo de un diario, enmarcado, escrito por el periodista Luis Augusto Núñez, del diario Jornal do Brasil, cuyo título dice “el jugador que juega desde fuera de la cancha”, en relación a su participación como médico en el Mundial 2002.
“Son las únicas referencias deportivas que tengo colgadas en mi consultorio y la prueba de lo que le digo: en Europa hay más dinero que en Brasil y tal vez haya aparatos más sofisticados, pero ni nosotros ni los argentinos tenemos nada que envidiar a la medicina europea, como tampoco en otras disciplinas. La diferencia está en el dinero, no en el conocimiento, y la mayor evidencia es cómo mis compatriotas jugadores de fútbol vienen hacia nosotros a consultarnos”.
Runco recuerda que la situación más grave que atravesó en el fútbol “fue en 1991, cuando en una final se lesionó Nelsinho, con fractura expuesta del tobillo, y hubo que llevarlo a operar, en medio de la final, a la localidad de Juz de Fora, cerca de donde se jugaba el partido, y lo operé esa misma noche, luego de acompañarlo. Fue durísimo y lo ví muy mal a él, pero logramos sacarlo adelante”.

Brasileños en Europa: cuando la añoranza es más fuerte que el dinero (Player)



Las cifras asombran. Brasil no sólo es el sinónimo mundial de la palabra “fútbol” y es el país con más títulos mundiales (cinco) y jugadores que han asombrado al mundo por su brillantez y su improvisación, sino que hoy es el principal aportante de jugadores a la propia Champions League, desde que las puertas de las contrataciones se abrieron de par en par.
Sin embargo, desde aquellos pocos brasileños que cruzaban el océano hace medio siglo hasta los cientos que lo hacen en este tiempo, y que siempre generaron tantas expectativas en los nuevos hinchas, se vienen repitiendo cantidades de historias de frustración que no siempre encuentran explicaciones coherentes. Pero ¿qué es lo que ocurre?, ¿por qué semejantes talentos se diluyen hasta niveles de rendimiento nulo o escaso cuando brillaban en sus equipos originales? Hemos buscado distintas respuestas aunque la primera de ellas, luego de varios días en San Pablo o Río de Janeiro, las principales ciudades del país, puede pasar por la letra de la canción que dio lugar a la mayor movilización musical del país, la Bossa Nova, de la que se festeja actualmente el cincuentenario. Los talentosos Tom Jobim (cuyo nombre se utilizó para bautizar al aeropuerto de Río de Janeiro) y Joao Gilberto compusieron la hermosa “Chega de Saudade” para explicar lo que se siente lejos de los afectos, de lo que un brasileño siente cuando no tiene a mano lo que añora.
“Basta de nostalgia
La realidad
Es que sin ella no hay paz.
No hay belleza,
Sólo hay tristeza
Y melancolía.
Que no sale de mí,
No sale de mí, no sale”.

En Brasil, esta letra representa todo: el carnaval, esa fiesta que es expresión popular al punto de generar muchos conflictos de jugadores que se aferran a formar parte y no logran regresar a tiempo a sus clubes (el mítico cantautor Chico Buarque dice en una de sus canciones que “estoy todo el año esperando que llegue el carnaval”), o la guaraná (una especie de cerveza dulce propia), o la playa, los amigos, el calor. Muchos de los mejores jugadores han sentido la “saudade”, la melancolía, el extrañamiento, la añoranza de su tierra y sus costumbres.
Ya en los años cincuenta, la primera sorpresa fue cuando Waldir Pereira, “Didí”, uno de los grandes jugadores del campeón mundial de 1958, fue contratado por el gran Real Madrid pentacampeón de Europa, y sin embargo pasó por la escudería blanca sin pena ni gloria. Se dijo que el gran crack argentino de entonces, Alfredo Di Stéfano, le había hecho un vacío, pero quedó siempre alrededor del mito, como décadas después se dijo de otros cracks por parte del capitán Raúl González. En Brasil no se habló mucho del tema. Son tantos los jugadores que generan alegría popular que el medio vuelve a acoger pronto a los que fracasan allá lejos y el orgullo de ser “os mais grandes do mundo” no deja mucho espacio para el análisis de lo sucedido. Tal vez por eso mismo, el “doctor Sócrates”, aquel espigado volante que deslumbrara en España 1982 con la vincha contra la violencia, apareció en la época más fuerte de la Florentina, con Daniel Passarella, Daniel Bertoni o Giancarlo Antognoni, y tampoco tuvo suceso. “Es que Sócrates era un artista, no un atleta, y fue siempre un amante del alcohol y la libertad”, nos cuenta uno de los más prestigiosos periodistas del Brasil, Rodrigo Bueno, del diario “Folha de Sao Paulo”, quien también nos recuerda que Renato Gaúcho, un extremo derecho alto y habilidoso, actual entrenador del Fluminense, fue designado en Italia como “Bidone de Oro” (jugadores de broma) por sus actuaciones en la Roma, también en los ochenta, o que un delantero potente como Viola, campeón mundial en 1994 y estrella del Corinthians, haya fracasado en el Valencia “por no acostumbrarse a la comida”.Bueno sostiene que pese a estos ejemplos, “no son tantos mis compatriotas que fracasan, y los que no tienen suceso es porque van a países fríos, con un clima demasiado diferente al nuestro (Rusia, Ucrania) o cuando los idiomas de esos países son complejos (Corea, Japón, China, países árabes, la misma Rusia)”.
Para todos los consultados, el caso más paradigmático de fracaso en estos tiempos, es sin dudas el de Denilson de Oliveira, por el que el Betis del polémico presidente Manuel Ruiz de Lopera llegó a pagar cinco mil millones de las antiguas pesetas (30 millones de euros), la cifra récord para el fútbol español para la temporada 1998/99, al San Pablo. “Denilson, que tiene una gran habilidad, juega pensando que el mundo nace y muere en sus botines, y se olvida del resto de los prójimos”, llegó a sostener el periodista nicaragüense Edgard Tejerino, en una precisa visión. La expectativa por ver a Denilson se diluyó muy pronto, al comenzar a notar la afición que esas hermosas bicicletas y esas condiciones, no parecían adaptarse a lo que se pretendía para una liga exigente y en el Betis se decidió cederlo por unos meses al Flamengo en el 2000 con la idea de que se recuperara anímicamente y regresara con más fuerza. Pero rara vez superó los 2-3 goles por temporada y ya para la temporada 2005/06 fue cedido al Girondins de Burdeos, donde tampoco fue aquel jugador vivaz que conoció el Brasil. En el medio había tenido tres operaciones de rodilla, y sucesivas apariciones en la prensa rosa por su presunto romance con una chica de la farándula, Vicky Martín Brocal. “Seguramente esto hizo que se me vinculara con juergas nocturnas y se me hiciera fama de fiestero”, reconoce hoy Denilson, que entiende que fue “una oportunidad perdida”, si bien llegó a protagonizar anuncios de la Niké por TV, junto a Roberto Carlos, el ejemplo contrario al suyo siendo el extranjero con más partidos en la historia del Real Madrid, luego de una década en el mejor nivel.
Muchos ven en Robinho al correlato de Denilson una década después. Robinho llegó a ser comparado en su Santos original con el mismísimo Pelé, cuando brilló junto a Diego (hoy en el Perder Bremen) y casi ganan la Copa Libertadores de 1993, apenas frenados por la tradición de Boca Juniors. Al poco tiempo engrosaba las filas del Real Madrid, pero aunque tuvo algunos picos de rendimiento en la temporada pasada con Bernd Schuster como entrenador, nunca pudo ser el mismo muchacho feliz y transgresor, con continuidad, como lo fue en Brasil. Si antes de la llegada del alemán, conocedor de códigos de convivencia con jugadores sudamericanos, el director deportivo Pedía Mijatovic había deslizado en un programa radial de la Cadena SER que algunos jugadores ·”huelen a alcohol en los entrenamientos”, ya más asentado, volvió a tener problemas cuando tras un partido de eliminatorias, en el que Brasil goleó sin despeinarse a Ecuador por 5-0, se dijo que organizó una fiesta en la que contrató a decenas de chicas y se encontraron más de cincuenta preservativos en el suelo, demorando su regreso a España. El escándalo en la prensa fue total pero el dividendo se solucionó a los pocos días. Cuando todos pensaban que Robinho sería castigado, volvió y marcó un hat trick que terminó con las dudas. Hoy, Robinho ya manifestó que quiere irse al Chelsea, no por casualidad, sino porque allí el entrenador no es otro que Luiz Felipe Scolari, “Felipao”, reconocido por su gran manejo de vestuario y de trato afectuoso a los jugadores (muchos sostienen que éste fue un factor clave para ganar el Mundial 2002) , así como Julio Baptista quiere emigrar a la Roma, donde se encuentran sus compatriotas Cicinho, Doni, Juan y Rodrigo Taddei, y jamás pudo adaptarse al Real Madrid pese a haber sido siempre un jugador importante en su selección nacional. “Me pidieron muchas veces que hiciera cosas que acepto pero que creo que no voy a rendir así”, sostiene Baptista como explicación, que introduce otro factor, el del propio juego, o los sistemas que se utilizan en Europa. ¿El jugador brasileño es proclive a aceptar jugar distinto a como lo hace en Brasil? “Además de la permanente confusión en la que suelen vivir muchos jugadores brasileños en Europa, como Denilson, Adriano, Djalminha o Robinho, que suelen ser jugadores rebeldes y les gusta la noche, creo que muchos se encuentran con los sistemas de juego con los que se encuentran al llegar a un país desconocido y no todos tienen la mente abierta para adaptarse y no se sienten a gusto en ellos. También pocos les hablan de la situación en la que se encuentra el equipo al que irán, tanto deportiva como socialmente, cómo es su hinchada, su presidente, y especialmente, su entrenador, y luego se encuentran a veces en realidades que no son las que quisieran”, recuerda José Savoia, periodista de “O Globo TV”, la cadena más fuerte de la TV brasileña.
“Los jugadores tienen una tendencia a ser un poco bohemios, en el caso de los solteros, más habitués de la noche y tienen por lo general más dificultades para aceptar la nueva realidad. Algunos de los distintos son Kaká o Julio César, por diferencias de personalidades. La personalidad es importante para determinar actitudes futuras. Están los Romario, Adriano o Ronaldinho, totalmente al revés. Al brasileño por lo general le gusta más la fiesta y tiene entonces una dificultad más seria de adaptación.
La noche, novias, etc, pasan a ser más importantes aún cuando perciben que su cultura es distinta, que están con personas distintas y quieren regresar a una situación abandonada en Brasil. Intentan adaptarse al principio pero la situación es más fuerte que ellos y en un momento, eso explota, aunque en el día a día hacen las cosas bien.
Se puede decir que hay una primera etapa de deslumbre con el nuevo lugar. Mantienen una conducta y acá es fundamental la mujer, porque determina la conducta futura. Si ella es fuerte de carácter, puede conducirlos. La mujer de Julio César (Juventud, Real Madrid), Susana, fue fundamental porque generó equilibrio en el hogar. Un buen criterio en la contratación de jugadores brasileños sería el analizar la situación personal, no como algo definitivo sino para saber cómo obrar. También hay preconcepto sobre que los casados rendirán mejor. En Brasil hay una falta de preparación total para ir a jugar a Europa. Deberíamos tener un servicio de orientación al atleta porque el fútbol de base brasileño lo juegan quienes provienen por lo general de familias en una mala situación económica que busca salidas rápidas y no importa la situación que haya que atravesar para salir. Eso me entristece mucho. Por ejemplo, Kaká proviene de un ambiente familiar muy sólida, pero es una excepción. Lo que puede decirse es que una familia que prioriza la parte económica, en algún momento errará. Pienso y observo que la mayoría de los padres que van con los procuradores, dejan de lado cosas importantes para el joven, para su crecimiento emocional y afectivo: actividades lúdicas, bromas, la amistad y todo eso le faltará en un futuro: se va gestando una persona sola, con propensión a amigos no verdaderos”, sostiene un gran conocedor de los jugadores como Paulo Ribeiro, psicólogo del Flamengo, graduado en 1986 en la universidad Gama Filho de Río de Janeiro y que lleva 22 años trabajando entre el Vasco da Gama (1986-90) y Flamengo (1990 en adelante).
Ribeiro sostiene que se puede decir que un jugador se adapta a Europa “cuando cría hijos en una nueva cultura. Pero al principio, un indicador claro de la necesidad de los jugadores es cuando mandan a buscar feijoada (comida vegetal como lentejas o porotos, con una salsa especial), instalan la TV por cable que tenga programación de su país. Eso es fundamental, porque se prueba que hay una tierra de pertenencia y una raiz”.
Savoia cita como ejemplos claros de adaptación a Kaká o Juninho Pernambucano (ídolo del Olympique de Lyon), o Cafú (capitán de Brasil cuando fue campeón mundial en 2002 y por años, lateral de la Roma y del Milan, además de haber jugado en el fútbol japonés), “con mayor nivel cultural e intelectual”.
En el caso de Kaká, hijo de un ingeniero, nos ha tocado preguntarle en una conferencia de prensa organizada por la indumentaria deportiva que lo sponsoriza, durante el pasado Mundial de Clubes en Japón en 2007, y pensando que le resultaría más fácil el italiano, por jugar en el Milan, le formulamos la pregunta en ese idioma, pero el crack respondió en un fluído inglés. Al día siguiente, durante el entrenamiento del Milan, nos comentó que el motivo de su respuesta en otro idioma había sido “para que todo el público entendiera, porque pocos presentes hablaban italiano” aunque nos explicó que bien pudo hacerlo en ese idioma y hasta en español, si lo necesitáramos.
El propio Scolari, experimentado entrenador brasileño con múltiples títulos en su haber, debió aceptar una guía de recomendaciones que editó la revista brasileña “Placar” para poder adaptarse a la Premier League inglesa y no pasar por algunos inconvenientes en un medio hostil (el portugués José Mourinho afirmó que “sin hablar inglés, vamos a ver cuánto dura acá”). Le recomiendan: 1) No persistir con algunas cuestiones del “antijuego· (simulación de faltas, artimañas que lo hicieron famoso –llegó a patear una pelota hacia dentro del campo de juego para que se superponga con otra-), 2) mejorar la relación con la prensa (en Inglaterra no se acepta que un entrenador no haga declaraciones), 3) Hablar bien de los ídolos locales, 4) Recordar la recomendación de la Federación Inglesa de las actitudes y los buenos ejemplos de comportamiento, 5) Evitar comparaciones, no referenciar mucho a la selección de Portugal ni su origen “gaúcho” en Brasil, 6) Envolverse directamente en los fichajes (en Inglaterra el entrenador se acerca más a la figura de coach que de manager), 7) poner atención a las copas como la de la Federación o la Carling.
Si hay otro ejemplo de jugador conflictivo, aunque no llega a fracaso sino a situación de difícil resolución, es la del “emperador” Adriano Ldeite Ribeiro, gran delantero del Inter, que ahora busca recuperar espacios con la llegada de otro hablante del portugués como José Mourinho. Adriano apareció en el Flamengo en el 2000 como un fenómeno total del fútbol, una potencia descomunal, sumada al muy buen juego y al año, ya estaba en el Inter italiano, fue cedido a la Florentina y al Parma, donde trascendió como goleador y figura internacional que lo proyectó a su selección, y su pico llegó en la Copa América de Perú en 2004, cuando marcó el gol de la final contra Argentina que facilitó la conquista del título, y lo mismo su aparición al año siguiente en la final de la Copa Confederaciones de Alemania, ante el mismo rival. Pero ya en 2007 ni figuraba en los planes del Inter, y su entrenador, Alberto Manzini, ni siquiera lo incluyó en la lista para la Champions League. Se habló de la eterna mala relación de Adriano con los jugadores argentinos (especialmente Juan Sebastián Verón en su momento) y su melancolía por la muerte de su padre, una supuesta adicción y la necesidad de un tratamiento psicológico así que fue cedido por unos meses al San Pablo, hasta que regresó a esta nueva etapa del Inter, aparentemente recuperado. Adriano fue criado en las peores condiciones económicas en Río de Janeiro viviendo en las favelas (villas miserias) y fue tal su caída que hasta hubo una campaña de los aficionados para que no jugara el pasado Mundial 2006, a lo que se sumó su imagen de fiestero nocturno a partir de su noviazgo con Viviane Castro, ganadora de los carnavales de Río de Janeiro y portada de la revista Playboy local en enero de 2008. Precisamente el 3 de enero, Adriano terminó una de sus juergas estrellando su coche contra otros tres justo cuando había aclarado que había superado su adicción al alcohol. En una de las imágenes, aparece rodeado del jugador más conflictivo acaso de la propia historia del fútbol brasileño, que no es otro que Ronaldo Nazario de Lima, recurrente en el cambio de parejas, con salidas problemáticas de sus clubes (el mayor escándalo fue su salida del Barcelona para fichar por el Inter, aunque no menos problemática fue su salida del Real Madrid en 2007, enfrentadísimo con Fabio Capello, para fichar por el Milan), sus excesos de peso, y últimamente, involucrado en la contratación de travestis en Río de Janeiro durante uno de sus tantos tiempos de recuperación de lesiones.
Benno Becker Jr, psicólogo aplicado al deporte brasileño residente en Porto Alegre y considerado eminencia mundial en su especialidad, sostiene que hoy “se trabaja mucho con el físico, la técnica y la táctica, pero no se hace ninguna preparación psicológica. Los agentes que venden derechos de jugadores se concentran puramente en el dinero, pero el tránsito al exterior también marcará la trayectoria de ellos mismos aunque no saben qué hacer. Cuando los jugadores salen al exterior, pierden su cultura. La única ventaja es ir con su familia. Le cuento algo: hice un doctorado en Barcelona junto a 80 personas y siendo yo mismo psicólogo clínico y me pasó que la gente tomaba mucha cerveza y yo tomaba cerveza con ellos, lo que en Brasil llamamos “balada”, porque hay un hueco emocional, y ese hueco también puede dejar lugar a las drogas. Pido a los agentes que sean por favor un poco inteligentes, que hagan algún trabajo psicológico previo. Lo de la formación cultural es relativo, más que todo, creo que depende de su aceptación, la acogida, si están en pareja y pueden ser más o menos contenidos. Yo tengo colegas profesionales que sufrieron por no ver a los hijos y que hasta para regresar tuvieron que realizar trabajos psicológicos, los sueños, hay neurosis severas. Cuando se firman contratos se suelen hacer fiestas, todos contentos, mucho dinero, pero el problema aparece al llegar. Muchos optan por médicos propios, y otros acuden al club, pero el problema puede hacerse crónico. Entonces, ¿hay que adaptarse o volver? Lo mejor, siempre, es el trabajo de adaptación. Viajé ocho veces a Europa solamente en 2007, aunque ahora está el msn, el skype, pero no siempre se puede y quieren la presencia al lado del profesional. Leí un articulo muy interesante del doctor González Ruano en la propia revista de la Fed Española: el club no quiere pagar y paga el propio jugador. ¿Adriano? Parece estar mejor pero es una situación difícil porque estuvo en serios problemas. Puede volver a ser un gran jugador pero cada vez que regrese a Europa estará en peligro porque aparece nuevamente el tema de la pérdida”, sostiene con contundencia.
Por su parte, su colega Ribeiro pone el acento en el futuro y es muy claro con la situación, especialmente aquellos brasileños que se van a rumbos más desconocidos: “lo veo mucho peor por una mayor demanda de dinero, más agresiva, individualista. Hay centenares de casos de jugadores sin información que se van, jugadores perdidos por el mundo, sin prensa ni asistencia.
Está confirmado que los jugadores que se recuperan en su país, lo hacen más rápido que donde juegan. A veces en Europa no entienden que el problema físico no se resuelve exclusivamente con lo médico sino que necesita de un contexto afectivo. Usted puede trabajar con la mejor resonancia magnética, rayos X, trabajar la dolencia, pero no el dolente, aunque tenga equipamiento de última generación”.
No pasa sólo con los varones. También hay muchas futbolistas brasileñas de alto nivel, que sufren en el exterior, como Marta, una de las mejores jugadoras del mundo, o Milene Domínguez, que fuera esposa de Ronaldo y es madre de su hijo Ronald. Cuando nos supo argentinos, su rostro se transformó y comenzó a hablarnos de su idolatría por Carlos Tévez, desde los tiempos del Corinthians (equipo de sus amores), y de cómo seguía los partidos de Brasil por la TV por cable desde Madrid.
Ni qué hablar de los problemas de Rivaldo en sus tiempos del Barcelona, o Ronaldinho o Romario en el mismo club.
Katia Rubio, quien trabaja con futbolistas profesionales desde hace muchos años y pertenece a la Universidad de San Pablo –la más grande del Brasil- sostiene que con el paso de los años, los problemas de adaptación de los futbolistas en el extranjero “se va atenuando” y coincide con el doctor José Luis Runco, el médico de la selección de Brasil y del Flamengo, en la importancia del entorno afectivo para mejorar el rendimiento y la competencia. “Por eso, la idea de superar una lesión junto a la familia, los amigos, los médicos de confianza. Por eso la idea de “competencia” no queda restringida al conjunto de profesionales que atienden al atleta, sino a la coyuntura como un todo y en este sentido, los profesionales brasileños se mostraron muy competentes en comparación con la solución que ofrecen los europeos. En este sentido, el conjunto está completo cuando se suma “profesionales competentes+ambiente acogedor+apoyo social”. La situación de concentración para el juego es absolutamente distinta a la concentración compulsiva en un ambiente social inhóspito. Los jugadores viven la concentración como una parte obligatoria de sus carreras. Ya el aislamiento en un ambiente social hostil es vivido como amenazador y que coloca su existencia en riesgo. Es así como un atleta representa su entorno cuando siente que no es bien recibido en una nueva ciudad o club”, nos indica.
Runco, viejo conocedor de los jugadores brasileños más importantes, que piden por él para ser tratados u operarse y viajan los kilómetros que sean para verlo, nos cuenta que a veces “basta con mirarlos para entender lo que les pasa. Necesitan una palabra de aliento, una frase, algo que les haga bien, a veces sólo escuchar hablar en portugués”.
Todos los científicos acuerdan que se trata de un fenómeno relativamente nuevo, desde que Brasil se sumó al mercado exportador de jugadores en los ochenta, rompiendo una larga tradición de mantener en casa a sus figuras, con muy escasas excepciones. Ni Pelé emigró en su momento, como tampoco lo necesitaron Rivelino, Tostao, Gerson, Clodoaldo y tantos otros.
Ribeiro se anima hasta a sugerirnos un título para el artículo, café mediante: “Retornando en la búsqueda de un abrazo” y nos gusta, porque no deja de ser lo mismo que aquel “Chega de saudade” premonitorio de Tom Jobim y Joao Gilberto, que junto a Vinicius de Moraes fueron los precursores de la Bossa Nova. No parece ser casualidad que el propio Vinicius, considerado el gran poeta del Brasil y autor del ya clásico “Garota de Ipanema”, haya dejado su carrera diplomática en Europa para dedicarse a la composición musical en su amado Río de Janeiro. Al fin de cuentas, es brasileño, como tantos cracks inmensos que sufren de “saudades” cuando están lejos de su país.



Argentina y Brasil empiezan a pensar que llegar al Mundial no será tan fácil (Yahoo)

Cuando para el Mundial de Francia 1998 la Confederación Sudamericana de Fútbol decidió cambiar el formato y pasar a jugar las eliminatorias con el sistema de “todos contra todos” con partidos de ida y vuelta, es decir, dieciocho jornadas al tratarse de diez países y con cuatro plazas y media posibles, los dirigentes de las federaciones supuestamente más débiles se quejaron amargamente.

Como sucede desde ya hace treinta años por lo menos, los dirigentes de Perú, Bolivia, Chile, Ecuador y Colombia, volvieron a referirse a “la mafia del Atlántico” para señalar a las federaciones de países que dan a ese océano, es decir, las tradicionales potencias continentales, como Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.

El motivo es que con el formato anterior, una división en tres grupos clasificatorios de cuatro y tres equipos según el caso, jugándose todo en un mes y medio, siempre una racha negativa de algún poderoso, o alguna lesión inoportuna, o alguna racha positiva de algún débil, podía generar alguna sorpresa o desequilibrar el normal funcionamiento de un torneo, que ahora con dieciocho fechas, genera menos posibilidades a los que cuentan con menos recursos.

Por eso mismo es que desde 1998, para el Mundial de Francia, ya puede observarse que los primeros clasificados son siempre los mismos, y que Brasil, Argentina y Paraguay parecen haberse consolidado entre los tres primeros, y que el otro lugar más la posibilidad de un quinto para el repechaje ante el campeón de Oceanía, queda para la disputa entre Uruguay, Chile, Colombia y Ecador, es decir, dos plazas para cuatro equipos. El resto, no tiene casi chances de competir.

Sin embargo, también pudo observarse que desde la eliminatoria pasada, las fuerzas fueron emparejándose, aún sin cambios finales en las posiciones y en la clasificación, pero cada vez se hace más difícil para potencias como Brasil o Argentina ganar a rivales anteriormente débiles, inclusive en condición de local.

Si Argentina no pudo en Buenos Aires ante Ecuador (con el que logró empatar en el último minuto), Brasil sorprendió al no poder imponerse a Bolivia en Río de Janeiro, por primera vez en su historia, y cuando su rival contó con un jugador menos promediando el segundo tiempo.

¿Qué es lo que sucede, entonces? Algunos creen que el problema es táctico y que tanto Alfio Basile, en Argentina, como Dunga, en Brasil, son dos técnicos que no han logrado amalgamar un equipo compacto. Otros sostienen que el hecho de contar con tantas figuras en el fútbol europeo, aquella excelsa técnica y la capacidad de improvisación con la que nacieron al fútbol profesional, fueron reemplazadas por la táctica y el laboratorio del otro lado del océano. También están los que se quejan por la falta de tiempo para trabajar con el plantel completo, con tantos compromisos por parte de los clubes y tan poco tiempo para los seleccionados, dados los compromisos comerciales que abundan.

Pero es evidente que en el caso de Brasil, hay jugadores que van agotando su crédito internacional, que se encuentran en una alarmante baja, como Ronaldinho, Diego o la falta de defensores centrales que tengan una salida clara desde su arco, como antes ocurría, mientras que la ausencia de Kaká se siente demasiado, a la espera de su recuperación.

En el caso de Argentina, la crítica a Basile está centrada en el escaso trabajo con el equipo, y en la disposición de demasiados volantes y defensores, que terminan aislando a los únicos tres jugadores de ataque: Riquelme como enlace con los delanteros, y los dos jugadores cercadle área rival, Messi y su acompañante, que varía entre Sergio Agüero y Carlos Tévez.

Lo cierto es que tanto Argentina como Brasil apenas si comparten la segunda línea de las posiciones del grupo sudamericano junto a Chile, que si bien mantiene cierta irregularidad en resultados, pasando de unos muy desfavorables a otros rotundos a favor, al menos puede destacarse su capacidad ofensiva y su juego de ataque.

Pero el gran equipo de las eliminatorias sudamericanas es, sin dudas, Paraguay, cada vez más fuerte y con sentido colectivo, que ya venía afianzándose en el continente haciéndose fuerte como local, donde casi nunca divide puntos, y ahora, agregándole una buena dosis de trabajo por parte de su entrenador argentino Gerardo Martino (amplio conocedor de los equipos paraguayos y discípulo de Marcelo Bielsa), y con individualidades que fueron adquiriendo peso en el exterior, muchos justamente en América Lartina, como el lateral Morel o el defensor central Cáceres (Boca Juniors), o el atacante Cabañas (América de México), designado como el mejor jugador sudamericano de 2007.

Lo concreto es que a una jornada de finalizar la primera rueda, es decir, a una fecha de la novena y última de la primera fase, Argentina y Brasil apenas si se sitúan a cuatro puntos del líder Paraguay, comparten con Chile la segunda colocación, y sólo llevan una de ventaja a Uruguay, con el que Argentina debe medirse como local el próximo 12 de octubre.

Por primera vez, desde 1994, Argentina y Brasil comienzan a darse cuenta de que el camino de las eliminatorias no es tan fácil como parece. Argentina ya lo sufrió con el mismo entrenador, Basile, para llegar a Estados Unidos 1994, cuando aún en fase de grupos, quedó detrás de Colombia luego de padecer aquel histórico 0-5 en su propia casa. Brasil penó, aunque no tanto como Argentina, para llegar al Mundial 2002 en la última jornada ante Venezuela, luego de cambiar varios técnicos.

Pero la incertidumbre de ambos nunca fue tan grande como en esta oportunidad, lo que demuestra que hay algunas cosas que se deberán replantear, mientras ue los dirigentes del Pacífico ya no parecen tan quejosos como hace doce años.

Llegan los buenos tiempos para el Atlético Madrid (Yahoo)

Parece que por fin, luego de tanto penar, llegan los buenos tiempos para el Atlético Madrid. Cuando muchos pensaron en la peor de las crisis cuando murió su extravagante y polémico presidente Jesús Gil y Gil, la nueva conducción de Enrique cerezo (hombre ligado a la industria cinematográfica) fue cambiando los ejes y el club renació hasta consolidarse en los primeros planos del fútbol europeo.

Cerezo, quien siempre fue secundado por Miguel Gil Marín, hijo de Gil y Gil pero con un carácter muy diferente, al punto que ni siquiera le gusta aparecer en los medios de comunicación, al revés que su padre, fue cumpliendo lentamente con las obligaciones contractuales para comenzar a darle a la entidad un perfil serio que por muchos años no tuvo, y que le costara incluso el descenso a Segunda, donde permaneció dos años que se parecieron a un infierno.

Hasta la llegada de esta nueva conducción, al Atlético Madrid se lo relacionaba con la incontinencia verbal y los negocios de distinto tenor que realizaba Gil y Gil, y con la mala suerte, producto especialmente de aquella final de la Copa de Europa de 1974 ante el Bayern Munich, cuando a segundos de ganarla, Schwartzenbeck vio el arco libre, gracias a que Miguel Reina estaba firmando un autógrafo a un alcanza pelotas, y empató el partido, obligando a un desempate.

Este resultado marcó a fuero a los madrileños, que se alejaron de los puestos de vanguardia hasta terminar en un lastre que cada vez costaba más y que ahora Cerezo fue cambiando hasta consolidar al club en lo económico, para luego comenzar a optar por figuras de relieve como el delantero uruguayo Diego Forlán, y muy especialmente del argentino Sergio Agüero, bicampeón mundial sub-20 y campeón olímpico en Pekín, que aparece en el firmamento futbolístico como una gran estrella.

Agüero y Forlán ya en la temporada pasada constituyeron una fuerte dupla ofensiva que logró el ansiado retorno del “Aleti” a la Champions League, ahora rodeados por un plantel cada vez más fuerte en todas sus líneas, con un arquero de la experiencia del francés Coupet, o defensores de presencia como Ujfalusi o Heitinga, sumados al aporte de otros jugadores de buen rendimiento como los portugueses Simao y Maniche, o el argentino Maxi Rodríguez, entre otros, a los que hay que sumarle el acertado trabajo del entrenador mexicano Javier Aguirre.

El caso de Aguirre también es para ser atendido. En otros tiempos, algunas malas rachas pasajeras, como en estas dos temporadas tuvo el Atlético, hubieran generado la destitución o al menos, severas crisis. Sin embargo, y aún tratándose de momentos tensos, por lo que significa el club en España, la dirigencia optó por dejarlo trabajar y consolidar un proyecto, que ahora se encuentra en su mejor momento luego del espectacular inicio de Champions League con el 0-3 en Holanda al PSV Eindhoven y con dos goles de un Agüero que brilla en Europa cada vez más y que algunos ya comparan con su compatriota Messi en el liderazgo mundial.

Pero no todo pasa por la actualidad del equipo, sino también por la política institucional. Desde hace ya dos años que el Atlético ha llegado a un acuerdo con la alcaldía de Madrid y con la Comunidad de Madrid, para recalificar sus terrenos en la zona del río Manzanares, en el sur de la ciudad, para luego venderlos y trasladarse como local al estadio de La Peineta, que aunque hasta ahora se utilizaba para recitales, será ampliado en su capacidad hasta los setenta mil espectadores, con el propósito de operar como sede del fútbol olímpico si Madrid gana la sede para los Juegos de 2016, a los que se postula con mucha fuerza.

El estadio de La Peineta pertenece a la Comunidad de Madrid, y por el uso del mismo, el Atlético no pagaría nada, con lo cual podría cerrar un gran negocio para sus arcas y la posibilidad, como promete Cerezo, de armar un equipo con estrellas que podría pelear por los máximos objetivos en España y en Europa, porque se calcula que le podrían quedar en sus arcas cerca de 300 millones de euros, sin contar con otros negocios o el impacto mediático de grandes fichajes.

Por todas estas razones, hace ya rato que los rojiblancos o “colchoneros”, como también se los llama en la jerga futbolística, han dejado de ser ”el pupas” (nombre que simboliza la mala suerte) para pasar a ser una potencia europea y busca afanosamente recuperar al menos el tercer lugar en su país, que había perdido por sus malas adinistraciones en los últimos treinta años.

La afición va recuperando la credibilidad en el equipo y los negocios se van multiplicando. Ya a esta altura sería inconcebible que un alcalde confunda al Real Madrid con el Atlético, como le sucediera a Alvarez del Manzano en 1998, o a Harrison Ford cuando presentara la camiseta rojiblanca con la publicidad de “Indiana Jones” a finales de los noventa, gracias a los vínculos de Cerezo con la industria del cine.

Hoy, ya todos van sabiendo que el Atlético Madrid es un club grande de Europa y enfrentarlo no garantiza ningún éxito. Todo lo contrario, es un rival de cuidado, como antes de promediar los setenta.

Es el acierto de una política pensada a largo plazo.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Paris ahora conoce más sobre violencia en el futbol argentino



Llevamos ya nueve días en París, esta hermosa ciudad que aunque ya recorrimos varias veces, no nos cansamos de caminar y disfrutar, pero especialmente con la satisfacción de haber contribuido, con nuestro granito de arena, a que buena parte de la sociedad francesa conozca un poco más de la locura que se vive en nuestro país con el fútbol y especialmente, con la violencia organizada.
Hemos tenido el privilegio de ser invitados por un sociólogo de excelente presente y gran futuro, como Fernando Segura Trejo, quien termina ya una tesis sobre el rol de inclusión social que tiene el fútbol a partir de la categoría de los "sin techo", que presentará en poco tiempo más ante la FIFA, guiado por el prestigioso Patrick Mignon, de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS).
Gracias al enorme trabajo de Fernando, hemos podido dictar conferencias, junto a Monica Nizzardo, de la organización "Salvemos al Fútbol" (http://www.salvemosalfutbol.org/), que lleva adelante con el ex juez Mariano Bergés, en las Casas de Argentina, México y Brasil de la Citté Universitaire, a las que concurrió muchísima gente y muy paricipativa, con un muy buen nivel intelectual, y ávida por conocer lo que ocurre con nuestro fútbol y su amenaza por parte de los violentos que perviven gracias al desinterés y hasta la complicidad estatal, y a la falta de accionar de la justicia, tal como también manifestamos días pasados en un artículo publicado por el Wall Street Jounal Americas y a la revista francesa So-Foot, que se mostró interesada en nuestras participaciones y asistió con un colaborador.
Y también hemos tenido la posibilidad de dictar otra conferencia en la misma sede de la EHESS, una gran experiencia que esperemos se repita.
Es entendible que los franceses, más cercanos a la normalidad que nosotros, vean con asombro cómo la AFA puede mantener 29 años un presidente, que repite como loro que la entidad "son los clubes" como una verdad absoluta, y que no es otra cosa que tapar el cielo con un pañuelo. Si se estudia una Federación como la francesa, que tampoco es la panacea, hay permanentemente discusiones sobre el rol de cada una de las partes, porque la propia FFF es muchísimo más que "los clubes" que la componen. La FFF es una sumatoria de partes, como la liga, o la asociación de clubes que componen la liga. Es decir, como en toda democracia, hay una enorme cantidad de mecanismos y discusiones y alianzas y frentes, porque se intenta la mayor participación posible. Y por ejemplo, ya los principales medios de comunicación (que son independientes, y no monopólicos), ya discuten con los dirigentes la diferencia con la liga pasada, que asiste menos público, y el por qué y todos se muestran preocupados, o tratando de buscar la veracidad de la promesa del presidente de la Liga, Thiriez, acerca de que Francia tratará de llegar al cuarto puesto en el ranking UEFA para no perder posicionamiento en los próximos torneos continentales, cuando muchos medios no sólo descreen de esto, porque en el puesto delantero está nada menos que la federación de Alemania, sino que hasta peligra el quinto con los desempeños de los equipos rusos, que en las últimas tres copas UEFA, ganaron dos. Todo esto se discute mientras en la Argentina los barras bravas siguen operando como si nada, y hasta se producen hechos de racismo como el episodio entre el árbitro Saúl Laverni y el presidente de Gimnbasia y Esgrima de Jujuy, Ulloa, por el que el primero habría tratado de "bolitas" a los jugadores jujeñós, pero el presidente, en vez de denunciarlo, también aparece diciendo que él o sus jugadores "de ninguna manera somos bolitas", o sea, más de lo mismo.
A cual sociedad, cual resultado, y cual discusión. Nosotros, al menos por un rato, pudimos respirar un poco tomando distancia. Hemos tenido esa suerte, y nada menos que en París.

lunes, 15 de septiembre de 2008

El fútbol francés pelea por no perder su lugar (Yahoo)

La cara del presidente de la Federación Francesa de Fútbol (FFF), Jean Pierre Escalettes, fue por lo menos de incredulidad cuando se enteró de que su par de la Liga 1, que agrupa a los clubes, Fréderic Thiriez, había sostenido que para la próxima temporada, aspira a que el fútbol de este país pase a ocupar en Europa la cuarta plaza sobre Alemania. “No sólo me parece que no alcanzaremos a los alemanes, sino que creo que nos deberíamos comenzar a cuidar de los rusos”, sostuvo el principal dirigente galo.

Escalettes sabe muy bien lo que dice. Desde hace meses que el presidente de la UEFA, su compatriota Michel Platini, le viene advirtiendo de los peligros para el fútbol francés de quedar sexto en la ubicación general (importante porque eso determina el número de plazas para cada temporada en las dos copas europeas), debido a que ninguno de los equipos de este país ocupan lugares de privilegio en las competencias continentales, mientras que Rusia ha ganado dos copas UEFA en las últimas temporadas (CSKA Moscú y Zenit de San Petersburgo).

Por eso, aparecieron ya algunos choques entre Escalettes y Thiriez (al que el presidente de la FFF lo ve sin los pies en la tierra) y en los medios de comunicación cada vez más se necesita de la presencia de los grandes cracks que juegan fuera del país (como Ribery, del Bayern Munich, o Henry, en el Barcelona, o Pires, en el Villarreal, o Coupet, en el Atlético Madrid), para poder vender ejemplares, o bien buscar alguna polémica por el uso o no del video en el fútbol entre dos franceses “de afuera”, como el propio Platini y el entrenador del Arsenal, Arsene Wenger.

Todo sirve, si ayuda a la venta o a armar algún tipo de ruido en un fútbol alicaído, como el francés, en el que además de que su liga perdió fuerza por la emigración de sus principales jugadores, el hecho de que el monopolio del Olympique de Lyon sea tan grande, con siete títulos consecutivos, tampoco ayuda y más aún, si luego de seis campeonatos, nunca ha podido llegar a una final de la Champions League, lo que termina siendo una muestra cabal del real nivel de la liga nacional en este país, y aunque los medios busquen por todas partes agigantar las posibilidades reales del París Saint Germain (PSG) o el Olympique de Marsella por quitarle el trono de una buena vez al Lyon.

Todo escándalo es bienvenido, y tal vez por eso, llegó a justo momento el libro de una biografía no autorizada de Zinedine Zidane de Besma Lahouri, una autora de origen árabe, que lo tituló “Una vida secreta” y en el que cuenta algunos detalles del ex crack francés, como que anda por la calle encapuchado, o come aún sándwiches de carne de caballo en las afueras de la ciudad (la Banlieu), pero especialmente que se arrepiente, ante sus íntimos, por aquel cabezazo a Materazzi en la final del Mundial de Alemania 2006. Este libro, que apareció esta semana, tuvo ribetes escandalosos porque Lahouri había denunciado que un comando le había arrebatado los manuscritos de su propia casa, pero contaba con una copia, que fue la que presentó finalmente a los editores.

Otro libro, de reciente aparición, se dedica a contar con ironía algunas declaraciones del cuestionado entrenador de la selección francesa, Raymond Doménech, y hasta un jugador en actividad, como Jérome Rothen, del PSG, se anima a publicar un durísimo libro que llamó “Usted no me va a creer”, en el que recuerda un insulto del proio Zidane que le propinara cuando el Mónaco eliminó al Real Madrid en cuartos de final de la Champions League de 2004, y por el que el crack ya retirado nunca le pidió disculpas.

Todo esto pasa alrededor de un ambiente caldeado por los bajos rendimientos y por el pánico que genera tan sólo pensar en un fútbol francés fuera del próximo Mundial 2010 en Sudáfrica luego de un tambaleante comienzo de eliminatorias, con derrota incluída ante Austria. “Ni pienso en eso, creo que para nosotros sería casi el fin del mundo”, se sincera Ribery desde Alemania, en una fuerte entrevista con el prestigioso diario deportivo “L’Equipe”.

Ribery pide “un poco más de tiempo” para Doménech, mientras van apareciendo datos alarmantes sobre la asistencia de público a los partidos de liga, aún cuando equipos como el PSG han hecho un gran esfuerzo, recuperando a jugadores como Claude Makelele, o Ludovic Giuly o al propio Rothen.

Así se que computando los asistentes alos primeros sesenta partidos de liga de los últimos años, en la temporada 2008/09 se llegó a 1.241.918 espectadores, a un promedio de 20.699 por partido, mientras ue en la temporada anterior, a esta altura, habían concurrido a los estadios 1.328.736 espectadores, con unos 80.000 de diferencia en contra en el actual torneo, y en la temporada 2006/07, la concurrencia también había sido superior a la actual, con 1.313.575 y muchísimo más aún en la temporada 2005/06 con 1.377.428, la más alta de todas.

Las estadísticas hablan de una suba en el total de los asistentes a ver al PSG, respecto de la temporada pasada, de 36.946 a 42.290, o al Olynmpique de Marsella, de 52.600 a 54.064 pero hubo una relativa baja en el Olympique de Lyon (37.297 a 37.042) y en la mayoría de los equipos participantes..

El fútbol francés se encuentra en un estado deliberativo, tratando de entender las razones de una baja tan pronunciada, a tan poco de haber alcanzado la gloria, tanto en el Mundial 1998, como en la Eurocopa del 2000. Sin embargo, todo aquello parece demasiado lejos hoy.



viernes, 12 de septiembre de 2008

El futbol que le gusta a la gente

¿Cuántas veces, en la Argentina, habremos escuchado esta frase de distintas bocas supuestamente progres, ya sea de entrenadores o periodistas? Esta serie de partidos del seleccionado argentino (hago hincapié en la palabra "seleccionado" porque "selección" es un sustantivo utilizado para cuando ya se puede explicitar un plantel sin experimentación, lejos de lo que ocurre en estecaso), sirve mucho para evaluar ciertas frases hechas, muchas veces expresadas sin un claro sentido, o sólo basadas en la eterna e infantil división que el falso progresismo hace de "los buenos y los malos".
Para poder continuar con este artículo, antes conviene volver a discutir qué es el fútbol (además de un deporte, ya lo sabemos). ¿Está más cerca del arte o de la ciencia? porque a partir de esos parámetros cambia el eje de la discusión. Si está, como creemos, más cerca del arte, porque para ver un partido profesional hay que pagar una entrada, o los sponsors pagan por publicitar sus productos, o la TV paga derechos de emisión, es porque hay "algo" que interesa a la gente que va más allá del resultado final. Porque si fuera distinto, bastaría con comprar el periódico al día siguiente, o consultar en internet al instante, o escuchar el resultado en la radio y sería suficiente. Es decir, por la causa que fuera, la gente mira los noventa minutos de un partido, se apasiona, analiza, discute, se alegra, se entristece, castiga, acepta, elogia. Y es porque el fútbol nos atrae por sus riquísimas características.
Pues bien, si el fútbol tiene cierta relación, aunque más no fuere, con el arte, con la creación, aunque no sea sólo eso y se trata desde ya, de un deporte competitivo, y el entrenador del seleccionado nacional (como antes, otro como él, César Luis Menotti), Alfio Basile, dice que él intenta que su equipo practique "el fútbol que le gusta a la gente", analicemos entonces esto mismo sin tomar en cuenta el resultado.
Porque no tiene sentido, aunque ya sean cinco los partidos que el seleccionado argentino no gana en una clasificatoria contra rivales supuestamente más débiles, caer en esta serie de dislates de los grandes medios que cada vez que los malos resultados aparecen, resulta que todos están peleados, nadie sirve, todo es un desastre para pasar a que todo es fantástico y Riquelme automáticamente pasa a ser"Román" cuando se obtienen buenos resultados. Por eso, casi todos estos medios pierden autoridad a la hora del análisis serio.
El tema sigue pasando por saber a qué juega el seleccionado argentino. Y no lo sabemos aún. Insistimos con lo del irritante doble (y a veces hasta triple) cinco. Y también con la comparación con los volantes centrales hasta los ochenta, cuando un Claudio Marangoni o un Sergio Batista (innegables buenos jugadores), siendo más pesados y con menos dinámica que éstos de hoy, no necesitaban al lado a otros que cumplieran su mismo trabajo, y siendo que tenían que marcar a más jugadores de ataque y con mayor técnica. Pero también cabe preguntarse "para marcar a quién" es que Argentina, como local, juega con doble cinco, y con una línea de cuatro que a lo sumo, se permite que Javier Zanetti y sus eternas calesitas se suma al medio pero jamás termine una sola jugada en ataque y le ganen las espaldas dos de cada tres veces.
Tampoco hemos observado ningún razonamiento táctico desde lo que pasa con el fútbol argentino a niveles estructurales. Pero notamos que aquellos puestos iniciales que se perdieron por la sempiterna "europeización", ahora nos pasa factura. No en vano, el fútbol argentino, respetado y hasta temido en todos lados, ha perdido los dos punteros, los dos marcadores de punta, el ocho de complemento de ataque, y ahora va perdiendo los números diez, los nueve cada vez juegan menos y se parecen a los tanques europeos y los mejores jugadores salen tan jóvenes a Europa que regresan disciplinados pero con menos buen pie, acostumbrados al orden y los laboratorios de la mayoría de los entrenadores del Viejo Continente, salvo honrosas excepciones (Wenger, Del Bosque, y alguno más).
Si con todos estos problemas estructurales, además el seleccionado argentino sale a cada partido con siete jugadores en posición defensiva, a veces ocho, y sólo un enganche y dos delanteros, es muy probable que luego, si el técnico no es muy seguro, o no sea muy trabajador, o no tenga ni tiempo ni ganas de encontrarle la vuelta a un panorama complicado y que lo excede, terminemos apelando al talco, cambiando de saco, o jugando al misterio para decirle al ayudante que le diga al ayudante del ayudante, que le diga al preparador físico, que le diga al suplente que se quite el buzo porque va a entrar a los cuarenta minutos del segundo tiempo, y juguemos al misterio.
Porque al fútbol, hace rato que vamos dejando de jugar.

martes, 9 de septiembre de 2008

Hay que poner un poco más de juego

Muchas veces llama la atención de este cronista, lo que se suele cantar en los estadios argentinos, en relación con lo que ocurre en ese mismo momento en los campos de juego. Uno de los recuerdos que viene a la memoria es aquel partido de hace poquito más de quince años, aquel 0-5 que marcó la peor historia del fútbol nacional y lo mejor del colombiano. Aquel 5 de setiembre de 1993, los hinchas argentinos cantaban “movete Argentina movete, hoy no podemos perder”, pero si se empataba, la clasificación se hubiera perdido igual. Por estos tiempos, cuando no se está obteniendo el resultado esperado en el césped, desde la tribuna se sigue pidiendo ese “movimiento”, o ya, con menos paciencia, se suele pedir que los equipos pongan “un poco más de huevo”, cuando si es por poner, casi podría abundarse de tanta clara y tanta yema futboleras.
Cuando cualquier equipo argentino acaba de ganar un campeonato, lo primero que dicen sus jugadores para explicar los motivos de la victoria es que la clave estuvo “en la entrega, los huevos” del plantel. Es decir que si fuera por la entrega, casi todos los equipos argentinos podrían salir campeones siempre. La selección, incluída. ¿Y entonces, qué es lo que falta, qué es lo que, en todo caso, diferencia a un equipo de otro? Porque convengamos en que si todos ponen, el campeonato estaría para cualquiera y la selección argentina sería siempre campeona del mundo, y sin embargo, lleva cinco mundiales no sólo sin conseguirlo sino que apenas en uno (1990) llegó a la final.
Todo indica entonces que más que poner “huevos”, lo que parece que falta poner es “·juego”, que se escribe parecido, o suena parecido en los oídos, pero no es precisamente lo mismo.
Poner “juego” significa entender, antes que nada, que el fútbol es un juego, un deporte atractivo, hermoso para ver, y en el que atacando con criterio, con jugadores de buen pie, pero que a su vez ocupen posiciones de ataque, es muchísimo más probable que se alcance el objetivo conformando y satisfaciendo, además, a los espectadores o hinchas.
Sería interesante reflexionar, al cabo, sobre el sistema que viene utilizando el entrenador argentino Alfio Basile, quien dice ser un defensor de “la nuestra”, llamando así al sistema de juego tradicional argentino, que según el fallecido periodista Dante Panzeri, se refiere en síntesis a jugar en paredes, con toques cortos, por abajo, progresando de atrás hacia delante, con elegancia.
Por lo general, el fútbol argentino se caracterizó por tener dos marcadores de punta con oficio y habilidad, un volante central que no necesita compañía a su lado para poder realizar su oficio (en este caso, Javier Mascherano, o Fernando Gago), un volante derecho con llegada, casi como un delantero más pero partiendo de un poco más atrás que la línea de ataque, lo que antes se llamaba también “peón de brega”, un diez clásico que era el organizador del juego, el “reggista”, según los italianos, y tres delanteros netos, consistentes en dos extremos o punteros o wines, y un nueve de área, un definidor.
Todo eso fue quedando atrás con el tiempo, gracias a los pizarrones, los esquemas, los intentos de “modernizarnos”, de “europeizarnos”, de “adaptarnos” al mundo del fútbol. Y así, los marcadores de punta elogiados por el mundo entero (como Silvio Marzolini en Inglaterra 1966), fueron dejando paso a “laterales volantes” que ni atacan bien, ni defienden porque les ganan las espaldas, “dobles cincos” para que dos jugadores hagan la función que antes necesitaba uno solo, y desde ya, quitando (siempre paga el ataque) un delantero para este objetivo “moderno”. Nos vamos quedando sin diez, al punto de que se llegó a sugerir retirar el número en homenaje a Diego Maradona, cuando la mayoría de los chicos argentinos aspiran a utilizarlo en sus espaldas. También se acabaron los punteros, que desbordaban y desequilibraban abriendo la cancha, y ahora, a partir de esto, tampoco tenemos, claro, un nueve de referencia dentro del área.
Claro, con este panorama nos encontramos con un Heinze que siendo central, hace lo que puede en un lateral, a Coloccini en la misma situación, al “doble cinco” con Mascherano y Gago cuando con uno alcanza, y terminamos jugando ante rivales más débiles con siete jugadores de marca y espera, y apenas cuatro de ataque, de los cuales uno lo hace tímidamente y debe, desde ya, bajar a colaborar en la dichosa marca ante rivales que por miedo justamente a nuestro pasado, no sólo atacan con un jugador, sino que no salen a buscar el balón a veces ni aún perdiendo, para que la diferencia no sea mayor.
En una oportunidad, allá por 1989, tuvimos la ocasión de entrevistar largamente a Ricardo Bochini, ya veterano, ídolo de Independiente, a punto de ganar el campeonato con Joge Solari de director técnico, pero el gran diez nos manifestaba su disgusto por el juego, y nos dijo que era porque no se hacía “la nuestra”. Cuando le preguntamos a qué se refería, dijo sin manual, “y bueno, tocar por abajo, en pared, progresando en la cancha, qué se yo”…..
Por eso, insistimos en que más allá de nombres, de triunfos o derrotas, el mayor tema que rodea a la selección argentina es conceptual, y es preguntarse a qué quiere jugar, para saber a dónde ir. Es decir, lo que hay que poner, señores, es más juego. De huevos, tenemos las calorías más que completas.

viernes, 5 de septiembre de 2008

La Liga Española promete una competencia más abierta (Yahoo)

Comienza una nueva temporada en el fútbol español, aún con la euforia de su reciente triunfo en la Eurocopa de Austria y Suiza que no podía llegar en mejor momento. Justo cuando ya todos comenzaban a aceptar con resignación su segundo lugar en el continente detrás de la Premier League, lo que quedó reforzado con la decisión final de Cristiano Ronaldo de no pasar al Real Madrid y permanecer en el Manchester United.

Sin embargo, el aumento de cotización de los jugadores nacionales y los cambios operados en la mayoría de los equipos que animan el torneo, sumado a la inminencia de la Champions League, genera una enorme expectativa en toda España.

Tal vez la mayor sorpresa, hasta el momento, está del lado del Real Madrid, que podría decirse que luego de rondar tantos nombres conocidos como posibles fichajes, salvo en el caso de Rafael Van der Vart (holandés con raíces españolas por su madre), no ha tenido muchos refuerzos de fuste y hasta ha sufrido algunas pérdidas, como la de Julio Baptista, y la del lesionado Sneijder. A todo esto hay que sumarle la reciente crisis de Robinho, que forzó su salida al Chelsea de su compatriota Luiz Felipe Scolari, pero que ya no parece tener solución.

Sin embargo, durante el verano el Real Madrid parece haber logrado aceitar un funcionamiento de la mano de Bernd Schuster, y marcha sin dudas hacia su tercer título consecutivo.

El caso más enigmático es el del Barcelona, que a diferencia del Real Madrid, comienza un nuevo ciclo, ahora sin tantas estrellas mediáticas, con la salida de Ronaldinho y Deco, y especialmente con un cambio de línea futbolística con la salida del entrenador holandés Frank Rikjaard y su reemplazo por el catalán Joseph Guardiola, un hombre hecho en el club, y que proviene del equipo B, con el que logró ascender de Segunda B a Segunda en la temporada pasada.

En medio de una fuerte crisis institucional (el presidente Joan Laporta tuvo que cambiar a toda su primera junta deportiva al contar con un sesenta por ciento de desaprobación de socios en el último voto de censura), Guardiola y especialmente el director deportivo del club, Txiki Beguiristain, decidieron centrar el nuevo proyecto en la figura del argentino Lionel Messi, dejar permanecer a uno de los jugadores mediáticos a quien se había determinado transferir, el camerunés Samuel Eto’o, y han llegado jugadores muy importantes como refuerzos.

Entre ellos, hay que citar a uno de los mejores laterales del mundo, el brasileño Daniel Alves, que descollara en el Sevilla en las últimas temporadas, lo mismo que el volante Keitá, o el bielorruso Lev, proveniente del Arsenal, o el defensor central uruguayo Martín Cáceres, mientras que del medio para arriba no parece tener muchas dificultades aún con la salida del joven Giovanni, porque cuenta con Henry, Bojan y la ayuda de volantes creativos como Iniesta o Xavi.

Los otros cuatro equipos que podrían amenazar a los dos principales, son Atlético Madrid, Villarreal, Sevilla y Valencia. El Atlético ha crecido, sin dudas, en las últimas temporadas, a partir de sus buenas contrataciones y de una política que se fue ajustando con el correr de los años, hasta dar ahora con la propia Champions League. El interrogante del Atlético pasa por comprobar si podrá hacer frente al mismo tiempo a la liga y a la Champions, el verdadero problema con el que se enfrentan muchos planteles a la hora de determinar prioridades en la temporada.

Algo parecido, aunque con menos incertidumbre, sucede con el Villarreal, que ya ha tenido esta experiencia en el pasado y ha sorteado casi sin problemas este inconveniente y la clave parece estar en un plantel numeroso y de gran calidad, como el que siempre tiene (y va a más) el “submarino amarillo”. La experiencia de su entrenador, el ingeniero chileno Manuel Pellegrini, es determinante en este momento y la confianza absoluta que hay en él, refuerza las chances de este poderoso equipo, que en la pasada temporada desplazó al propio Barcelona de la clasificación directa de la Champions League.

Otro de los equipos llamados a ratificar su condición de candidato es el Sevilla, ahora ya consolidado Manolo Jiménez como entrenador luego de la traumática salida de Juande Ramos al Tottenham. Los andaluces, bicampeones de la Copa UEFA hasta la temporada pasada, también tendrán dos frentes pero mantienen un fuerte plantel con una base ganadora y la aparición, además, de una notable figura juvenil como Diego Capel, apetecido por los mejores clubes de Europa y llamado a ser la nueva estrella de la selección nacional.

Uno de los grandes signos de pregunta, en cambio, es lo que puede llegar a dar este Valencia, que parece ir superando de a poco la gran crisis institucional vivida en los últimos meses. Desde aquel tremendo conflicto con Albelda, Cañizares y Angulo, y el problema de la lucha por las acciones societarias, con altas y bajas permanentes de dirigentes, el Valencia no tuvo paz, y tampoco acertó con los entrenadores. Despedido Quique Sánchez Flores, que estaba realizando una aceptable campaña, la llegada de Ronald Koeman aportó sólo confusión y ahora se abre una nueva esperanza con un entrenador joven y de creciente importancia como Unai Emery.

Del resto de los equipos, ya con menos chances, subsisten algunas incógnitas, como si por ejemplo el Espanyol podrá mantener el alto nivel alcanzado en temporadas pasadas, ahora sin Riera, su mejor jugador, o si por fin el Athletic de Bilbao podrá atravesar esta liga sin sufrir tanto tratando de no descender, o si el Getafe podrá seguir jugando un fútbol colectivo tan aceitado.

Pero lo más importante de esta Liga española, además de la competitividad y la garantía de espectáculos con grandes estrellas, es el refuerzo en la cotización y la consideración de los propios jugadores locales, luego de los éxitos de la selección española. Por fin los extranjeros no son ya vistos como salvadores, sino tan sólo como enriquecedores del torneo.

¿Podrá la Premier League mantener la hegemonía en Europa? (Yahoo)

Si hay algo que fue claro en la Champions League de 2008 es que más allá del triunfo final del Manchester United, la Premier League se consolidó como la liga más importante de Europa (y del mundo) ahora ya sin discusión posible. Tanto es así, que para el premio al mejor jugador de la temporada pasada, la UEFA colocó a diecisiete jugadores de los veinte posibles, tomados del fútbol inglés, y apenas tres, del español.

El gran interrogante entonces, a niveles generales, para la temporada que se está iniciando en toda Europa, es si los equipos de la Premier League serán capaces de mantener este liderazgo o si su fuerza será minada por alguna aparición notable de los clubes de mayor tradición de países como España, Italia, Alemania o Portugal.

En este sentido, fue clave el resultado final del tironeo que durante todo el verano pasado sostuvieron el Real Madrid y el Manchester United por los servicios de uno de los mejores jugadores del mundo, el portugués Cristiano Ronaldo. Si éste emigraba a los blancos, muy posiblemente hubiera podido cambiar el eje de fuerzas europeo, pero como todo siguió en su lugar, con la continuidad que eso significa para el campeón actual, con los mismos jugadores con los que obtuvo tanto la Premier como la Champions, esto lo convierte una vez más en candidato firme a repetir.

Por contrario, pareciera que el Real Madrid ha quedado debilitado, con las salidas de Julio Baptista, muy posiblemente de Robinho al Chelsea y con la lesión de Snaijder, aunque la llegada de Van der Vaart le puede aportar otra riqueza en la creación.
El Barcelona, otro rival de cuidado desde la Liga Española, presenta la incógnita del recambio generacional y de plantel, con la salida de Frank Rikjaard y algunos jugadores clave en el ciclo anterior, como Deco, Ronaldinho o Edmilson, como también Giovanni, y ahora la estrella será el joven Lionel Messi, siempre bajo la batuta del también joven entrenador Joseph Guardiola, con la única experiencia de haber ganado un ascenso con el Barcelona B, y con nuevas figuras que cambiarán absolutamente el esquema, como Daniel Alves, Keita, Hleb o Cáceres.

No hay que descuidar tampoco al Villarreal, cada vez más fuerte de la mano del entrenador chileno Manuel Pellegrini, cuyo trabajo ya no se discute y a diferencia de 2006, cuando el argentino Juan Román Riquelme lo llevó a semifinales, perdidas por el fatídico penal final ante el Arsenal, ahora depende mucho más de un andamiaje colectivo, que llegó a dejar retrasado al Barcelona, al que mandó a jugar la etapa preliminar.

Volviendo a los ingleses, los cuatro equipos parecen muy fuertes. El Chelsea parece haber salido ganando con la contratación de un entrenador capaz y con experiencia de manejo de grandes planteles, como el brasileño Luiz Felipe Scolari, y la llegada de su compatriota Deco y muy posiblemente Robinho, mientras que fueron recuperados jugadores clave como Drogba, Lampard, Terry o Carvalho. Si en la temporada anterior perdió la Champions League sólo por un penal, por qué no pensar que ahora cuenta con las mismas chances, sumado al desafío de un entrenador sudamericano sentado en el banco de los suplentes.

También el Arsenal y el Liverpool mantienen a sus entrenadores que ya cuentan con varias temporadas en los equipos, Arsene Wenger por un lado y Rafa Benítez por el otro, garantizan competitividad con muy buenos planteles y también ellos garantizan una pelea por llegar a aspirar a un título que en el caso de los “Reds”, se conoce muy de cerca.

El gran signo de pregunta, en esta temporada, pasa por los dos equipos de Milán. El Inter acaba de generar una profunda renovación pese a haber llegado al tricampeonato italiano. Pero Roberto Mancini fue reemplazado por el extravagante y reconocido José Mourinho, quien parece decidido a apostar a un ataque con Adriano e Ibrahimovic, y en el contexto de la motivación que significa tener al portugués sentado en el banco, luego de todos los éxitos conseguidos.

El Milan, por su parte, ha entrado en una fase de cierto recambio con la llegada necesaria de jugadores que aporten al ataque, desde Alexandre Pato, que tendrá la posibilidad de continuidad ahora en el equipo, como la posible llegada de Sevchenko, luego del ostracismo londinense, pero especialmente, por la contratación de Ronaldinho. El ataque conformado por los brasileños, junto a Kaká, le otorgan un notable poderío que deberá ser refrendado por una defensa tildada de obsoleta, aunque con jugadores de excelente nivel técnico.

Fuera de este panorama, todo parece más parejo, con la incógnita de lo que pueda aportar en esta temporada el Bayern Munich a su regreso a la Champions, luego de su fracaso final en la Copa UEFA pasada pese a haber sido un gran animador. Los alemanes cuentan con un gran plantel, cada vez más afirmado, con cracks de la talla de Luca Toni, Frank Ribery o Miroslav Klose, ahora sin Oliver Khan, retirado, y bajo la conducción de Jürgen Klinsmann.

La otra gran incógnita es si el fútbol ruso, luego de su gran temporada con el Zenit en la Copa UEFA o con la muy buena actuación en la Eurocopa con la selección de Guus Hiddink, puede consolidarse este año en el mejor nivel, como viene amenazando en los últimos años, en los que ya acumula dos trofeos europeos.

¿Será otra Champions inglesa? Si bien esa es la tendencia, lo bueno del fútbol es que no suele ser un deporte tan lógico y si no, que lo diga el propio Bayern, que remontó una eliminatoria imposible ante el Getafe, en la Copa UEFA, pero luego sucumbió por goleada ante los rusos del Zenit.

Borghi, más bicho que Bichi (La Jornada, Mendoza)

Ya desde cuando comenzó a ser considerado por la opinión pública, cuando apareció con sus notables rabonas (las mejores que este cronista haya visto jamás), Claudio Borghi fue más bicho que “bichi”.
En aquellos tiempos cuando traspasaba las fronteras hacia la segunda década de su vida, cuando aquel torneo “Proyección 86” lo catapultó a la fama en dupla con Infantino, o cuando se quedó con el puesto de delantero de aquel mágico Argentinos Juniors campeón Nacional 1985, y luego también monarca de la Copa Libertadores de América tras eliminar en un memorable partido a Independiente en semifinales en el propio estadio de la Doble Visera de Cemento, Borghi nunca fue un jugador más.
Nunca se traicionó. Nunca aceptó correr por correr, aceptando aquella idea bochinesca de que el fútbol consiste en que corra la pelota, no el jugador, y en todo caso, la velocidad debe usarse en posesión de la pelota para superar a un rival, pero nunca como concepto en sí mismo. Ya lo decía el propio Ricardo Bochini cuando le preguntaron por Johan Cruyff, quien brillaba en el Ajax holandés: “corre mucho, pero juega bien”.
Y el “Bichi” Borghi defendió siempre sus ideas futboleras, dentro y fuera de la cancha. Afuera de los campos de juego, el “Bichi” que lo hacía todo, que era capaz de todo pero que nunca aceptó ser parte de un sistema enfermizo que le pedía matarse en una cancha en vez de disfrutar del juego, se transformaba en Bicho, por no aceptar lo establecido, por no declarar con un casette puesto, por no negar una creencia distinta a las tradicionales, por decir siempre lo que pensaba, con espontaneidad.
El mismo Borghi que deslumbrara aquella noche iluminada de Avellaneda en la que fue el puntaje más alto en un partido en el que todos los jugadores aprobaron su examen individual, en aquella oportunidad en la que arrastraba a sus rivales aún cuando lo tomaban de su camiseta, generando un murmullo de admiración en la hinchada local, es el que apenas meses después, igual que su compadre más veterano, otra vez Bochini, nos comentaba en varias oportunidades en pleno Mundial de México que extrañaba a su familia y que no se sentía cómodo.
El mismo Borghi, al que muchos rápidamente catalogaron como de escaso carácter, es el que ni se inmutó cuando en Japón, la organización de la Copa Intercontinental lo tomó como figura junto a Michel Platini (nada menos), de la Juventus y sus niveles fueron parejos durante el partido que los italianos ganaron por penales. Borghi no desentonó, aunque su carrera comenzó a decaer cuando llegado al Milan junto a los tres holandeses (Frank Rikjaard, Marco Van Basten y Ruud Gullit), Arrigo Sacchi optó por éstos y lo envió al Como. Borghi sólo le pidió una oportunidad, el torneo de verano. Allí fue elegido el mejor jugador, pero aún así, Sacchi lo envió al exilio, y fue demasiado. Ya no volvió a ser aquel crack, tal vez cansado de tanto manoseo y de tantas contradicciones sistémicas para quien sólo buscaba jugar.
Y ese mismo Borghi, una vez que dejó de jugar, siguió tomando el fútbol sin dramas, sin tensiones, apenas como lo que es: un hermoso juego que necesita de talentos, de tratar bien el balón, de respeto por el espectáculo y por los adversarios, y no caer en el ganapierde de cada partido.
Tal vez por todo eso es que Borghi se tuvo que hacer entrenador en Chile y no en su país, tan proclive al exitismo y a que ser segundo no vale y en el que para muchos, ganar no es lo importante “sino lo único”, algo que él mismo vio alguna vez en pizarrones como jugador y que le hizo fruncir el ceño.
Borghi llega a la Argentina desde su rotundo éxito en el Colo Colo chileno desdramatizando, ofreciendo su renuncia sin siquiera haber perdido un partido, harto ya de estar harto de un sistema podrido que presiona con violencia al menor resultado en contra, y que cuestiona al que no gana sin una mínima base de sustentación.
Borghi, dicente hincha de Racing, prefiere la oferta de Independiente y no entiende por qué hoy los aficionados de los equipos vecinos de Avellaneda no pueden compartir ni siquiera un café.
No entiende cómo pudo suceder este cambio cultural en el que los hinchas de dos equipos distintos no pueden compartir un mismo espacio social en un estadio, sin que medie un pulmón. No puede entenderlo. Como tampoco que en un plantel de un club tan rico en historia como Independiente, no encuentre jugadores como los que tuvo de compañeros, producto de la sinrazón de este fútbol de correr y correr.
Y Borghi no es justamente el enfermo, sino lo que lo rodea. Por eso hoy Borghi es más que nunca “Bicho”, más que aquel ingenuo “Bichi” que dejaba la pelota tan chiquita.