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viernes, 27 de febrero de 2015

La invención de las mujeres de Tioman (Un cuento de Marcelo Wío)



Cuando los primeros humores sobrevenían a las muchachas de la isla de Tioman, comenzaban un aplicado período de adiestramiento en las artes de la concupiscencia carnal para satisfacer los apuros masculinos. Las habilidades eran tan exquisitas e hipnóticas, que pronto una mujer advirtió el poder de tales artes: el control absoluto de los hombres y del devenir de la isla.

El concilio de mujeres condensó algunos de los saberes – estimaron prudente omitir los secretos trascendentales, que se transmitían oralmente - en un libro. Se dice que el comerciante hindú Sutra, que fue empujado a las costas de Tioman (alrededor del 235 d.C.) por una conspiración de vientos e impericia, robó un ejemplar y lo llevó devuelta consigo a la India, donde se convirtió en un éxito editorial.

A instancias de Soo, las mujeres fueron susurrando, en los momentos  oportunos, la imposición de su voluntad. Gradualmente, los hombres fueron relevados de sus cargos y relegados a posiciones de decorativas e intrascendentes, obnubilados por el poder retórico y persuasivo del erotismo experto femenino.

La sucesora de Soo, Gavintra, se percató que ese estado de cosas no podía durar mucho tiempo: cada vez era más el tiempo que las féminas debían dedicar (malgastar) a mantener a los varones en ese estado de resignada docilidad. Gavintra pertenecía a una generación de funcionarias que no habían pasado por los trances del adiestramiento sexual; en su lugar, había sido educada en las artes de la política, la conspiración y la manipulación. 

No resulta extraño, pues, que fuera ella quien inventara el sistema para mantener a los hombres absortos en lo irrelevante – de una forma más general, masiva y simultánea. El erotismo quedaría reservado, en lo sucesivo, a situaciones primordiales puntuales.

Gavintra denominó a dicho sistema, Obat bius. La mujer lo había diseñado de manera minuciosa: un juego en el que un equipo enfrentaba a otro durante noventa minutos (sin descanso). Cada equipo formado por once hombres, uno de ellos (por equipo, se entiende), encargado de impedir que se anotaran puntos rivales en su meta (un semicírculo con una red). 

Los otros diez, defendían y atacaban, según el momento del juego, utilizando sólo sus pies. Gavintra, conocedora de la psicología de los machos, sabía que el sistema terminaría atrayendo más a los espectadores que a los propios jugadores. Para ello, dispuso un torneo en el que participaban siete equipos. Durante el primer año, la demanda sexual masculina disminuyó en un veinte por ciento. Al quinto año (con un torneo, o liga, como comenzaron a llamarla, de 12 equipos), los requerimientos sexuales habían disminuido en un setenta y tres por ciento.

Un aventurero pagado por la dinastía china Qin para buscar novedades allende el territorio imperial, llevó noticias al continente de este método de control de masas. Los funcionarios, siguiendo las descripciones del enviado, e introduciendo algunos cambios que, dijeron, se adaptarían mejor a las idiosincrasias locales, crearon el Cuju.

Mucho tiempo después, durante las llamadas guerras del opio (vaya ironía), un soldado inglés se familiarizó con el Cuju. En una misiva a un amigo – fechada en 1839 -, el cabo le explicaba detalladamente el juego. A partir de ahí, esa confabulación femenina nacida en una pequeña isla asiática se extendió favorecida por la ignorancia y el descuido de los hombres. 

No se confunda quien crea que el juego está dirigido, controlado, por hombres. Aquellas mujeres siguieron cultivando – y acrecentando - las artes amatorias. Son ellas las que, entre espasmos, convulsiones y clímax, instalan una orden musitada, que no requiere de largos enunciados – la maestría del decreto sucinto es uno de los secretos no incorporados al compendio de técnicas por parte del concilio de mujeres.


miércoles, 25 de febrero de 2015

Sin Yaya, el Barça tiene encaminada la serie (Jornada)



El fútbol es así. Se promocionó por semanas el partido entre dos de los equipos que siempre animan sus ligas y la Champions League, como el Manchester City y el Barcelona, repletos de sudamericanos valiosos, pero como en la pasada temporada, los catalanes aprovecharon demasiado algunos errores de los ingleses y en especial, la falta de su mejor jugador, Yaya Touré, suspendido, y ya tienen muy encaminada la serie de octavos de final.

No sólo porque el Barcelona le ganó al Manchester City 1-2 en la ida de los octavos de final en el Etihad Stadium y espera con tranquilidad la vuelta del 18 de marzo próximo en el Camp Nou, sino que pudo verse que ante la falta de Yaya Touré, los “ciudadanos” pierden demasiado fútbol, dominio en el medio, creatividad, y dejan demasiado aislados a los de arriba.

Y eso es demasiado para un equipo como el Barcelona, que si bien no tiene el engranaje de otros años en lo colectivo, sigue manteniendo en el medio de la cancha una zona virtuosa de toque porque allí cuenta con demasiados buenos jugadores, como Iván Rakitic, Sergio Busquets, Andrés Iniesta (aunque no tenga el despliegue de otros tiempos), sumados nada menos que a un Lionel Messi que cuando se motiva, como anoche, es muy difícil que lo puedan parar aún cuando no es el que era en 2012.

Messi no tiene esa quinta velocidad que lo hacía volar en la cancha, pero tiene más experiencia, gradúa mejor sus movimientos durante el partido, y sabe que no necesita trajinar tanto y que basta con un toque para generar zozobra total en las defensas contrarias. Por eso sigue en la élite del fútbol mundial.

El Barcelona llegaba a Manchester con el fantasma de una segunda derrota como local en la Liga Española, ante el Málaga, que lo alejaba otra vez del puntero Real Madrid pero mucho más que eso, con el signo de pregunta sobre su estado anímico como plantel, que mira de reojo a su entrenador, Luis Enrique Martínez, y este partido de Champions era una invitación a cambiar pronto el chip.

Por el lado del Manchester City, todo lo contrario. El signo de pregunta residía en cómo haría su mediocampo para gobernar al toque del Barcelona sin su mejor jugador, Yaya Touré, al que extrañó demasiado al inicio de 2015, cuando se fue a jugar la Copa Africa con su selección de Costa de Marfil, con la que acabó ganando el título continental.

Cuando Yaya regresó el pasado fin de semana, ante el Newcastle, las cosas estuvieron claras: un 5-0 rotundo, que comenzó a hilvanarse al primer minuto. Incluso sirvió para que los “ciudadanos” se acercaran dos puntos más al líder Chelsea, quedando a cinco unidades ahora.

Pero justo cuando parecía que el Manchester City se ponía a tono, Yaya se quedó afuera del partido de ayer porque aún debía una fecha de suspensión, y su equipo lo pagó demasiado caro.

Es que Yaya Touré, hoy, es acaso uno de los tres mejores jugadores del mundo, sino el mejor (hablando del juego en sí, en la incidencia en el andar de un equipo de primer nivel). El que marca el ritmo. Un volante con potencia, llegada, definición, remate de media distancia, presencia. No sólo lo necesita el Manchester City, sino que el Barcelona lo conoce bien y sabe que desde que se fue del equipo, aún cuando Busquets fue un gran reemplazante, jamás el juego fue el mismo, ni tuvo la misma brillantez.

Y sucedió lo que podía suceder, casi con la lógica que el fútbol no suele tener. Sin Yaya, el Manchester City volvió a ser el equipo impreciso de enero, esta vez con Fernando acompañado por Milner (y no por Fernandinho, como en los partidos de la Premier League), pero dejando sin abastecimiento a Nasri y a Silva en la creación, y entonces los atacantes Dzeko y Sergio Agüero debieron arreglárselas como pudieron, sin que los suyos recuperaran la pelota en la zona de gestación.

Así fue que a la primera que el uruguayo Luis Suárez aprovechó para marcar el primer gol en el primer tiempo, la sensación fue que ya el partido iba a complicarse demasiado para los celestes, y por supuesto mucho más complicada con el segundo del oriental.

Ya el Barcelona tocaba y tocaba, y aunque sin la velocidad de otro tiempo, hasta se parecía en el andar, por momentos, al de la época de esplendor, escondiendo la pelota y haciéndola correr para que el tiempo transcurriera.

Apenas un gol de Agüero, que siempre está para marcar alguno desde donde sea, dio pie para que el público se ilusionara con que un posible empate al menos mantuviera la serie en vilo hasta la revancha, pero en ese rato justo se hizo echar tontamente el lateral Clichy, y como en la pasada temporada con Demichelis, el Manchester City quedó con un jugador menos, y el cuento se acabó, hasta dejando lugar a la extraña anécdota del penal en el último minuto que ejecutó Messi, dio rebote Hart, y el argentino, de palomita, remató apenas al lado del palo derecho, en lo que pudo ser el final de la eliminatoria.

Si para la vuelta de marzo queda alguna chance mínima para los “ciudadanos” es casi como única razón, porque Yaya Touré puede jugar en el Camp Nou. No mucho más que eso.

El Barça tiene encaminado su pase a los cuartos de final de la Champions pero no puede ni debe engañarse. Al menos por ahora, no tiene un equipo que de garantías. Sólo tiene una suma de cracks, que no siempre significa que juntos puedan contra cualquier oponente y el Málaga del sábado en el Camp Nou fue la prueba.

Extraño es el fútbol: el que ganó es el que más dudas genera. El que perdió sabe, al menos, que sabe poco si no juega su máxima estrella. Pero también intuye que si juega, algo puede cambiar.


Si ambos miran otras llaves de la Champions, comprenderán que queda demasiado camino por recorrer y que deberán mejorar mucho si quieren levantar la Copa en mayo, en Berlín.

lunes, 23 de febrero de 2015

Manchester City, gran escollo para el Barcelona (Yahoo)



Este martes, en el Etihad Stadium, en un choque muy esperado desde hace dos meses, el Manchester City buscará desquitarse con el Barcelona luego de la pasada eliminación ante este mismo equipo en la pasada Champions League y en los mismos octavos de final.

El fútbol es tan cambiante que hasta hace una semana, cualquier analista habría pronosticado un claro triunfo del Barcelona, por los triunfos consecutivos en la Liga Española y en la Copa del Rey, por el momento ascendente de Lionel Messi, además, con una importante racha goleadora, y por el andar del equipo en general.

A su vez, el Manchester City ha tenido tiempos cambiantes, jugadores que no habían rendido en su nivel, y extrañaba mucho la ausencia de Touré Yaya, que estaba disputando (y luego ganó) la Copa Africa de selecciones con la camiseta de Costa de Marfil.

Pero muchas cosas parecen haber cambiado en muy pocos días. Este Barcelona, que no tiene un gran engranaje en cuanto a juego, y que se basa mucho en las individualidades de primer nivel, parece sentir la presión cada vez que logra acercarse al liderazgo en la tabla de posiciones en la Liga y este pasado fin de semana, cuando todo indicaba que al menos iba a mantenerse a un punto del Real Madrid, cayó sorpresivamente en el Camp Nou ante el Málaga, que aprovechó un muy mal pase de Daniel Alves a Claudio Bravo para luego defender sin mucho inconveniente la ventaja, en una pálida jornada de los azulgranas.

El partido del sábado ante el Málaga volvió a colocar en el primer plano las carencias de un Barcelona que sigue sin jugar bien como equipo, que se pierde entre tantas rotaciones que en determinadas situaciones, dejan al equipo sin creatividad en el mediocampo porque Andrés Iniesta lleva meses sin aquel despliegue que se le conocía en tiempos de Josep Guardiola,  y Rafinha no termina de ser un sustituto a la altura de Xavi Hernández o Ivan Rakitic.

Tampoco fue un gran partido de los tres atacantes sudamericanos, Lionel Messi, Luis Suárez y Neymar, pero ellos dependen mucho de la amalgama con los volantes y al no funcionar, el equipo pareció quebrado en ese sector, si bien cada uno de los delanteros tampoco tuvo una buena tarde en lo individual.

Al contrario del Barcelona, el Manchester City tuvo una muy buena actuación ante el Newcastle, más allá de la goleada de 5-0 por la Premier League, que le permitió acercarse otra vez un poco al líder Chelsea, aunque se vio beneficiado con el penal antes del primer minuto de juego concretado por Sergio Agüero y a partir de allí, por momentos parecía un entrenamiento con público y demasiada diferencia con su rival de turno.

Pero para el Manchester City es vital el regreso de Touré Yaya, un jugador clave en el andamiaje de los celestes porque no hay en el mundo un volante que reúna ubicación, técnica, precisión, potencia y gol como el marfileño, y su ausencia durante la Copa Africa se notó demasiado.

El entrenador chileno del Manchester City, el ingeniero chileno Manuel Pellegrini, que conoce al dedillo al Barcelona luego de pasar años en la Liga Española dirigiendo al Villarreal, Real Madrid y Málaga, intentó durante la ausencia de Yaya, un mediocampo con dos volantes de contención, Fernando y Fernandinho, pero fracasó en buena medida, porque no le dieron la solidez buscada, mientras que en el ataque, recién ahora parecen estar en buena forma Agüero y el bosnio Edin Dzeko, aunque no parece estar en buen momento de recambio Stevan Jovetic.

El gran problema para el Manchester City es que justamente Yaya Touré tiene un partido más de suspensión en la Champions y ahora que ya está de regreso en los Citizens, no podrá estar presente ante el Barcelona y esto termina siendo una ventaja grande en un torneo en el que definir como local las series eliminatorias que derivan en la ansiada final, es demasiado importante.

¿Puede entonces ocurrir en esta serie lo mismo que en la del año pasado? Claro que sí, que puede repetirse, porque el Barcelona tiene gran experiencia en esta clase de torneos, jugadores de mucha jerarquía que aparecen especialmente en esta clase de partidos, y los antecedentes a su favor.

El Manchester City llega con la venta de la localía, el buen momento futbolístico del equipo, y también, algunos de sus jugadores en franco ascenso, como David Silva, Samir Nasri y Sergio Agüero.

Un partido que genera además gran expectativa desde lo estético y por saber cuál de los dos equipos se apoderará de la pelota y del campo, estando los dos en condiciones de conseguirlo y de generar un espectáculo de primer nivel internacional.


Ya queda muy poco para descifrar nuestras dudas.

viernes, 20 de febrero de 2015

Un recuerdo que vale ORO



Con el fallecimiento del gran periodista que fue Osvaldo Ricardo Orcasitas (ORO) afloran algunos recuerdos del paso de este escriba, muy joven, por la revista “El Gráfico” a mediados de los años ochenta.

Tras un ingreso a principios de 1984, cuando la revista aún pertenecía a la Editorial Atlántida, este cronista estaba destinado en ese tiempo a integrar el equipo de colaboradores que, por primera vez, iba a formar parte de la tradicional sección “La Jornada está aquí”, pero de Primera B, en tiempos en los que Racing Club y Gimnasia y Esgrima La Plata jugaban en esa categoría.

Queda el recuerdo de haber formado parte de una redacción con periodistas que seguíamos como lectores de “El Gráfico” hasta entonces, como Julio César Pasquato, “Juvenal”, Ernesto Cherquis Bialo (en aquel momento, director de la publicación), José Luis Barrio, Carlos Irusta, el propio ORO, o los jóvenes Juan Eduardo Perimbelli y Gustavo Béliz, ya abogado por ese entonces, entre otros.

Poco a poco este escriba se fue afianzando en la revista y comenzaba a participar en la semana de algunas notas, que se escribían con hojas pautadas y en las máquinas Olivetti Lexicon 80, aunque cometía el sacrilegio de ingresar a la redacción con libros “malditos” de la carrera de sociología que ya cursaba, como los de Carlos Marx, Louis Althousser o Fernando Enrique Cardoso, en un edificio que meses atrás había sentido de cerca la complicidad con la dictadura pasada.

Fue en aquel tiempo que Independiente se disponía a jugar la final de la Copa Libertadores y uno de los jefes, Jorge Barraza, nos encargó un trabajo extra para un número especial, que aceptamos no sin antes advertir que a una determinada hora deberíamos irnos, por un examen que esperaba en la facultad, aunque no recibimos comentario alguno.

Tras bajar al archivo en varias ocasiones, en busca de fotos de Ricardo Bochini con el pantalón rojo o blanco, de Ricardo Giusti, Claudio Marangoni y tantos otros, el reloj marcó la hora indicada para partir y así lo hicimos saber.

Barraza, entonces, se retiró por un instante hasta que al poco tiempo vino hacia nosotros ORO, que con seriedad y firmeza, nos hizo un rápido racconto de lo que significaba trabajar en “El Gráfico”, de la oportunidad única para un joven periodista de pisar esa redacción y que entonces, no había opción: era la revista o la universidad.

No con cierta tristeza, y con la certeza de saber que ese momento lo recordaríamos por años, y con timidez pero seguridad, respondimos que no teníamos ninguna duda, pero cuando ORO se dio vuelta para retirarse a continuar su trabajo, se escuchó nuestra voz: “la universidad”.

No recibimos más comentarios cuando saludamos para irnos. Cuando llamamos para saber qué partido tendríamos para cubrir en el próximo fin de semana, supimos que ninguno y así, sucesivamente, cada semana, hasta que arreglamos pacíficamente el final de la relación.

Pasados cuatro años y algunos meses, cuando dirigíamos la revista “Orsai” (“una posición adelantada”, era el lema), un día este periodista, ya convertido en director del medio, recibió un sorpresivo llamado de ORO. Era para preguntar si, por alguna razón, dispondríamos de alguna acreditación para fotógrafo que no usaríamos para el Mundial de Italia 1990.

Por suerte, disponíamos de una, que cedimos gentilmente a “El Gráfico”, aunque más que todo, a un muy buen tipo, recto, como ORO, que la merecía como nadie.

Este periodista ya se había graduado como sociólogo. No hubo ningún reclamo de ninguno de los dos lados. Cada uno siguió su camino, aunque siempre con enorme respeto.

Yeta (Por Marcelo Wío)



Salió del vestuario arrastrando tras de sí toda la longitud de su mala sombra, como una capa de ignominia y desolación. Renato Varese se marchó con ese sino a rastras, sin querer, aún, admitir que remolcaba esa fatalidad con la que enchastraba la ventura de cuanto equipo en el que jugó.

Su fortuna indispuesta había dejado un rastro resbaladizo sobre el que, por ejemplo, Alfredo Zambrano, el 10 de Atlético Licitaciones, habría de despatarrarse de tal manera que la tibia de la pierna derecha se le desgració en tres puntos. O, años antes, esa misma baba de adversidad, le había costado una lesión al portero de Sportivo Plan Quinquenal, que lo marginó del fútbol de por vida – el médico del equipo caratuló la lesión de muerte.

Esa mala suerte, que llevaba adherida como quien carga con un tic nervioso, un lunar, o una tara genética, había llevado a los técnicos de los equipos que los sufrieron, a pararlo en el área rival, lejos de los jugadores propios – lo ponían de titular para mantenerlo alejado del banco de suplentes -, y con la esperanza de que encharcase el territorio rival.

Pero la desventura que impregnaba a Varese – y que percolaba con tanta impunidad – era específica: sólo tenía un efecto (muy activo, y de carácter negativo) sobre sus compañeros. De ahí que haya militado en equipos de todo el continente: los clubes, una vez descubierta su desgraciado y pernicioso atributo – y, en este acto, reparar en que el club precedente los había engañado -, se afanaban por vender a Varese (preferiblemente al rival menos querido).

No era difícil transferirlo a otro equipo. Abelardo Salcedo, técnico del Liga de Santa Elena, equipo en el que militó Varese, comentó en una oportunidad: “¿Sabe qué era lo más triste? Que Varese era un cinco increíble. Pero era imposible mantenerlo en esa posición, tan transitada por propios y ajenos. Tendría que haber visto la visión del campo y del juego que tenía… qué timing, qué precisión, mi Dios… Y encima, un tipo entrañable… Pero era un yeta de campeonato el pobre… Una pena…”.

En fin, de esa manera, pasaba de un equipo a otro en una misma liga. Esto se producía un promedio de unas cinco o seis veces, hasta que se corría la voz de la verdad ominosa que se ocultaba detrás de Varese. Entonces, se recurría a la liga de otro país.
La carrera de Renato Varese terminó cuando Deportivo Artesanos de la Madera ya no tuvo a quién venderlo: ya había paseado por todo el continente y Europa era una imposibilidad muy evidente.

“Lo siento, Renato”, fue todo lo que dijo el técnico, Ataulfo Graciani, con un nudo sincero en la garganta.

Renato Varese comprendió, aceptó y salió del vestuario arrastrando tras de sí toda la longitud de su mala sombra que le permitió jugar al fútbol a lo largo y ancho del continente. Quizás por eso mismo no terminaba de creer en esa… peculiaridad.


Entrevista de Resumensports.com (Córdoba)

La gente de Resumensports.com de Córdoba me entrevistó a propósito de la realidad del fútbol argentino, y pueden leerla aquí:
http://resumensports.com/cuestiones-de-futbol/

miércoles, 18 de febrero de 2015

Códigos eran los de antes (Jornada)



Acaba de finalizar la primera fecha del jeroglífico torneo argentino de Primera División y ya un equipo se quedó sin director técnico. De hecho, Colón de Santa Fe decidió echar a Reinaldo Carlos Merlo tras el muy flojo partido que los sabaleros jugaron en el Nuevo Gasómetro ante San Lorenzo de Almagro.

Merlo había llegado en el final del Nacional B de la temporada pasada, y contribuyó a conseguir uno de los diez ascensos a Primera A, pero en pocos meses, ya no sólo no servía, sino que uno de los jugadores, “El Mago” David Ramírez, tuvo palabras muy duras para el desempeño del equipo y su falta de actitud, algo que en otros tiempos era muy poco usual y solía quedar entre las cuatro paredes del vestuario, pero las cosas, desde hace largo rato, no son lo que eran y aquellos “códigos” de los que tanto hace gala una generación de directores técnicos, pasó al olvido.

No resulta para nada casual que Merlo se haya ido de la dirección técnica de un equipo en los primeros meses, o ahora directamente tras la primera fecha. Ya le pasó en otros equipos como River Plate o Racing Club, donde incluso tiene una estatua por haber conseguido un título en 2001 luego de 35 años de sequía, pero nada importas y el propio “Mostaza” suele ser el primero en aclarar que no se alejó del cargo “de común acuerdo” con los dirigentes, sino que lo echaron, lisa y llanamente.

Tampoco es casualidad que justo pocos días antes, uno de los mejores amigos de Merlo, Alfio Basile, anunciara su retiro como director técnico, que Américo Gallego no consiga buenos resultados con los últimos equipos que dirigió, que Carlos Bianchi haya terminado como terminó en su tercer ciclo en Boca Juniors después de dos etapas brillantes, o que César Luis Menotti hace rato que parece jubilado, y rechaza siempre los proyectos que le acercan, mientras que Héctor Veira se dedica a comentar cine o muestra sus dotes de humorista en los medios.

La generación de los directores técnicos de los sesenta y setenta y pico de años tiene poco y nada que ver con ésta de los jugadores en actividad. Hay demasiada diferencia de edad pero principalmente, los códigos son otros.

Estos directores técnicos fueron jugadores y se formaron en un clima de respeto por su propia carrera, por los adversarios y por la prensa, y eso exigía cierta privacidad, cierto recato y una dosis importante de sentido común y hasta de sensibilidad social para comprender el lugar que ocupaban.

Hoy, esas paredes que limitaban lo que salía o no de los vestuarios, se han roto por la aparición de las redes sociales, la posibilidad de twittear desde el vestuario la reciente bronca con un compañero, o la fotografía de la trompada que le acaba de dar el utilero, o por mensaje de texto, hacia un periodista ávido de información, que en pleno programa de TV deja por un segundo la mirada a la cámara para constatar que tal jugador discutió con su director técnico y quiere irse del equipo.

“En los años ochenta, los jugadores de la selección que luego fueron campeones del mundo, tenían algunos pesos pero ni siquiera habían salido del país y tenían hambre, y aceptaban lo que se les decía. Hoy, un chico muy joven al que necesitás decirle alguna indicación, es mucho más complicado porque tiene una fortuna en el banco y ya te mira de otra manera. Hay que saberlo manejar”, nos dijo hace poco Carlos Bilardo en una extensa charla.

No hace falta ser jugador de la selección, en este tiempo. Todo ha cambiado, el jugador es más inaccesible, y lo que antes para los cronistas era “hacer vestuario”, significaba poder acceder al mismo, con respeto y distancia con el protagonista, que entendía el trabajo y hasta, si se generaba cierta compatibilidad, podía conceder su número de teléfono fijo y la posibilidad de continuar la charla fuera del ámbito futbolero.

Hoy, los “vestuarios” se transformaron en “zonas mixtas” o “conferencias de prensa” sin repregunta, o rogando para que el protagonista se acerque a la cuerda para poder meter el grabador entre decenas, para que el jugador diga alguna frase hecha, muy pocas veces algo no esperable o políticamente incorrecto.

La declaracionitis ha generado que los programas de radio o TV suspendan todo cuando “habla” algún director técnico, cual si fuera un ministro, o se busca al protagonista, sea en el campo de juego o en la semana, para que cuente por enésima vez su alegría por el triunfo o el gol que convirtió, todo lo cual ya podemos intuir antes de que comience la entrevista.

Claro que para que esto pase, se necesita de la contribución de la prensa, que acepta gustosa el convite, no vaya a ser que ese tiempo sea dedicado a reflexionar sobre los hechos, o investigar alguna cuestión sobre lo sucedido.

La claudicación final, o, si se quiere, la aceptación de que también buena parte de la prensa está íntimamente relacionada con el negocio, llegó con la publicidad (de jeans o zapatos, entre otros productos) en los grabadores que se ofrecen para que los protagonistas digan lo suyo.

Es que la prensa, por fin, entendió los “nuevos códigos” y tampoco quiere resignarse a dejar de lado su parte en el show. Al fin de cuentas, se trata de un espectáculo compartido, y si antes interesaba la información, ¿por qué no sacar partido también del minuto en el que se puede aprovechar la cámara de TV para unos manguitos que nunca vienen mal?

En noviembre pasado, este cronista tuvo un interesante intercambio con un miembro del departamento de Prensa de la selección nacional en Manchester. En una discusión en tono alto, este funcionario nos preguntó, ofuscado, si nos creíamos más protagonistas que los jugadores. “¿Quién es el protagonista acá?”, nos interrogó, desafiante, a lo que respondimos que se trataba de una excelente pregunta. Sin entender, nuestro interlocutor continuó: “No me va a decir que el protagonista es usted”. Ante nuestra negativa, pareció calmarse y nos dijo “claro, el protagonista es el jugador”, a lo que respondimos negativamente.

“El protagonista es la selección argentina, y debería ser para todos los jugadores un gran orgullo ser convocados a un representativo argentino que ganó dos Mundiales, fue finalista de otros tres, ganó catorce Copas América, dos medallas doradas olímpicas y seis mundiales juveniles, entre tantas cosas”, afirmamos, sin que el diálogo continuara.


Rescatamos ese diálogo porque reproduce el cambio de época para todos: jugadores, directores técnicos y periodistas. No hay puertas que separen, no hay distancias y todo es posible de filtrar, sin ningún prurito. Y en este contexto, en el que hasta la prensa cree que el protagonista es el jugador, aquellos que peinan canas y que pasaron los sesenta años, ya no tienen lugar. No son para este tiempo. Tienen otros códigos.

martes, 17 de febrero de 2015

Un torneo a la usanza de este fútbol argentino



Pocas veces quedó tan claro. Desde la muerte de Julio Grondona, hace poco más de medio año, la AFA pasó a ser botín del Estado y tuvo que agachar la cabeza, en un año electoral, para aceptar las condiciones impuestas desde arriba, algo impensado hace menos de un año: treinta equipos, anual a la vieja usanza (cosa de llegar así a las elecciones de octubre), y “federal” (aunque 26 de los 30 equipos sean de Buenos Aires o Santa Fe).

Todo se resolvió en medio del caos que es la AFA desde la muerte de Grondona (sin que esto signifique que el orden anterior haya sido demasiado beneficioso), con cambios permanentes de formato y hasta de tiempos de disputa, hasta llegar a una consecuencia que no era la deseada por nadie, pero que tampoco ningún dirigente estaba con posibilidades de discutir, al repartirse un presupuesto tan alto.

Es tan disparatada la idea (de la que el mundo del fútbol ironiza), que los mismos dirigentes que aceptaron diez ascensos, para pasar a treinta equipos, decidieron ya ir descendiendo hasta llegar paulatinamente a 22 en el futuro, con lo cual se acepta, de forma clara, que esto es absolutamente inviable pero que había que acatarlo.

El presidente de Boca, Daniel Angelici, fue más brutal en su honestidad declarativa: directamente sostuvo que a mitad de año, en el receso, los clubes se encontrarían con la situación de tener que vender jugadores al exterior en pleno torneo, algo que le suele ocurrir al fútbol brasileño durante el Brasileirao, lo cual hará que además de la devaluación de calidad que implica la suba a 30 equipos, habrá una segunda por la emigración de los mejores jugadores, y a su vez, esto puede generar un cambio en el desarrollo de la segunda parte.

Angelici fue más allá en su aparición mediática, al comentar que habría que propender a regresar a los torneos anuales de agosto a mayo “para poder venderles a los europeos durante el mercado de pases”, con lo cual, puso blanco sobre negro la realidad del fútbol argentino, ya no sólo exportador, sino que vive en buena parte para eso, y ya lo dice sin miramientos, sin guardar el menor recato.

Si en lo organizativo nos referimos a un torneo disparatado, con cambios de principio a fin, nada federal (lo contrario a lo que se dice) y sin partidos de vuelta, para alternar la condición de local, lo que le quita más seriedad, si cabe, aún queda un largo trecho para hablar sobre la diferencia de calidad de los equipos.

Este torneo, que como no podía ser de otra manera se llama “Julio H. Grondona” (como si los clubes se hubiesen beneficiado mucho bajo su interminable presidencia entre 1979 y 2014), marca una gran diferencia de grupos, desde los equipos grandes, que han gastado mucho dinero (en más de un caso, como River Plate e Independiente, con sumas que no cuentan y que luego sus socios deberían exigir claridad a la hora de devolver esos “préstamos”) , los intermedios, que se han reforzado como han podido, los de abajo, con cierta tradición y acomodamiento en la principal categoría, y un cuarto conjunto, entre los nuevos que son los que tendrán mayores problemas por permanecer, ya demasiado lejos de los de arriba.

Se trata, a años luz de la Bundesliga, en la que todos los clubes participantes son superavitarios, de jugadores en muchos casos llegados a préstamo y ni siquiera por un año sino en ciertos casos, por meses, con dineros provenientes de fondos nada claros, de “grupos empresarios” que no son, muchas veces, más que eufemismos para referirse a dinero negro de dudosa proveniencia y relacionados con paraísos fiscales, y en muchos casos, perseguidos por la AFIP, es decir, por una entidad estatal mientras otra suministra el dinero como derecho de TV, una flagrante contradicción con dinero público.

Así, se dan los casos de equipos que cada semestre que termina renuevan más de medio plantel con jugadores que, se sabe, emigrarán para ser reemplazados por otros cuando acabe la temporada, y muchos de ellos representados por el mismo agente que el de sus directores técnicos, otra situación escandalosa que pasa de largo como si fuera normal.

También, claro, hay lugar para los neo-amateurs, aquellos que ya tienen su vida resuelta y tras largas temporadas en el exterior, retornan al club de sus amores para terminar su carrera, los que vienen por unos meses hasta acomodarse y poder partir lo antes posible hacia mejores destinos económicos y futbolísticos y por qué no, jóvenes promesas como Franco Cervi (Rosario central), Sebastián Palacios (Boca Juniors), o Gonzalo “Pity” Martínez (River Plate).

A todo esto, los partidos se juegan en un marco de tribunas sin hinchas visitantes, con la creencia de que esto ayuda a mitigar la violencia cuando en 2014 se batieron todos los récords de fallecidos por esta cauda, debido a la obsoleta y errónea idea de que evitando el choque de barras bravas que dicen representar diferentes banderas, las cosas cambiarán.

Desde hace años, el problema no pasa por el enfrentamiento entre violentos de distintos colores, sino entre los que forman parte del mismo entorno, en busca del botín proveniente de los derechos de TV, pases de jugadores y todo negocio que rodea al espectáculo (estacionamiento, drogas, desplazamientos, trabajos para distintos punteros políticos, etc).


El fútbol argentino, entonces, tiene el torneo que se merece.

lunes, 16 de febrero de 2015

Los derechos de la TV inglesa pueden desequilibrar el fútbol (Yahoo)



Aunque esperado, no dejó de ser un impacto brutal para el fútbol europeo, especialmente para el español. Se supo que las plataformas de TV inglesas Sky y BT acordaron pagar por los derechos de retransmisión del fútbol local nada menos que 6900 millones de euros por tres años desde la temporada 2016/17, a razón de 2300 millones de euros anuales, y de esta forma, salvo un rotundo cambio de planes, esas cifras serán inalcanzables para la Liga de Fútbol profesional (LFP) y se abre un interrogante sobre lo que sucederá en el futuro, que se puede llegar a desequilibrar.

De hecho, el presidente de la LFP española, Javier Tebas, quien además se encuentra en un duro conflicto con el titular de la Real Federación Española (RFEF), Angel María Villar, espera poder aumentar los ingresos desde la TV en el fútbol español de 800 millones de euros anuales, como ocurre ahora, a unos 1000 para la temporada 2016/17, aunque ya este aumento significaría estar 1300 millones de euros anuales por debajo de los clubes ingleses.

Esta enorme diferencia de ingresos entre Inglaterra y España puede significar un cambio total en cuanto a la calidad de los torneos, porque los clubes ingleses, que ya tenían un mejor reparto del dinero que ingresaba hasta ahora, ahora tendrán una gran cantidad de dinero para fichar jugadores de toda Europa y de esta forma, con el dinero de la TV podrán terminar de convertir a la Premier League en el epicentro mundial y en total dominadora del fútbol de élite.

Tebas, de la LFP, también tiene otra obsesión: acabar con el sistema de reparto por club y comenzar a discutir con las plataformas televisivas en conjunto, como lo hacen los clubes ingleses, aunque para esto seguramente habrá un conflicto de intereses porque de momento, Real Madrid y Barcelona se llevan a sus arcas 140 millones de euros, y Rayo Vallecano y Eibar apenas si rozan los 20, por lo que entre los más ricos y los más pobres hay una diferencia de 7 veces en los ingresos, mientras que en Inglaterra, no sólo la distancia entre los más ricos y los más pobres es de 1,5 veces, sino que el que menos cobra se lleva 80 millones de euros, apenas superado en España por los dos clubes más poderosos.

Otro tema que deberá estudiar el fútbol español y con seriedad es el de los abonados al sistema de televisión de pago, porque si bien no se conocen con exactitud los datos de Sky TV (BT informa que tiene 500.000 abonados), se calcula que ronda los 13 millones, mientras que en España apenas si se llega a los 2 millones, con lo cual los ingresos para los clubes son significativamente menores.

En Inglaterra, el último estudio sobre el tema, realizado en la temporada 2007/08, indicaba que se calculaba una pérdida de un 19,7 por ciento de espectadores debido a la televisación de los partidos, con una media de 313.000 euros.

Todo esto también fue generando, sumado al enfrentamiento político de las partes, que Villar se interesara en atraer para la RFEF la venta de derechos unificados del fútbol a la TV de pago.

Jaume Roures, titular de una de las empresas que compran los derechos de TV, Mediapro, cree que el problema del fútbol español se suscitó porque en Inglaterra la venta de derechos se adelantó un año (el nuevo contrato comienza en la temporada 2016/17, igual que en España).

“En Inglaterra no hay piratería, ni partido en abierto, los clubes están más comprometidos, los campos están verdes y aquí en el derbi madrileño ni se veía el césped. Lamento que en España no haya un decreto ley que permita un mejor reparto”, sostuvo Roures, en referencia a la falta de acción del Estado en la materia, y a que si en Inglaterra la BBC paga 300 millones de euros para transmitir los sábados a la noche los resúmenes de los partidos en abierto, “en España hay un decreto que lo impide, y no se entiende por qué no se decreta por fin que los clubes tienen que negociar los derechos conjuntos y no por separado”, se quejó amargamente el empresario.

De todos modos, Roures es de la idea de que “La teoría del derrame” no está tan mal y que los clubes sacaron partido del liderato económico del Real Madrid y el Barcelona, “porque muchos usan patrocinadores asiáticos y sin esos dos clubes, habría sido imposible”, mientras que sostiene que sin la mitad de los ingresos de la TV “la distancia sería la misma, porque a los grandes no los afecta y seguirían teniendo presupuestos grandes”.

El Estado español conoce ya que hay presiones de varios clubes para que ese decreto aparezca y las negociaciones con la TV desde 2016/17 sean en conjunto. El Espanyol y el Sevilla son los que fogonean una huelga en el caso de que no se concrete, “si no aparece en una, dos o tres semanas”, según dijo el titular del club catalán, Joan Collet, primero en una asamblea en Vigo el pasado 19 de noviembre y otra vez el pasado 4 de febrero en Asturias.

Mientras el fútbol español trata de superar esta crisis, comienza a entender que si no encuentra pronto una solución, “muchos jugadores de primer nivel se irán, o habrá que apelar a cuestiones afectivas o morales para que no se vayan a la Premier League”, como sostuvieron varios dirigentes en esas asambleas, en las que apenas Athletic de Bilbao, Atlético Madrid y Zaragoza se mostraron más comedidos.

En la Premier League, mientras tanto, se relamen imaginando poder pagar la ficha de cualquier jugador de élite, para convertirse definitivamente en la gran capital del fútbol mundial.




jueves, 12 de febrero de 2015

Ceremonia en la intersección (Por Marcelo Wío)


Sus padres supieron, desde la primera vez en que los vieron mirarse, con un deseo que aún a esa edad dejó mostrar sus filamentos entre los párpados. Supieron que nada, que absolutamente nada torcería ese entramado de afinidades, complicidades, pulsiones, voliciones que entre ella y él se tendía como una red de seguridad o una trampa de obligaciones y compromisos – entones, nadie se animaba a colegir destinos. La única certeza unánime es que aquellos dos, más temprano que tarde, terminarían por arrimar sus ansias por el otro.

La idea fue del padre de ella, y más fruto de la resignación – al parecer, ésta es un dudoso privilegio para el padre de la novia, la chica, la mujer en cuestión – que de cómputos y ambiciones futuras.

El padre de él sólo asintió. Marcial Santorini, el verdulero del pueblo, dijo que el padre de ella intentaba envolver lo telúrico – lo carnal, qué tanto -, con un aura de ceremonia, es decir, de sacralidad. Pero – sentenció -, eso no quita que a la nena se la van a hacer mujer… Por su parte, Abelardo Troncoso, el almacenero, opinó que todo seguía una lógica inapelable: con la pasión que esos dos vienen acumulando desde que se vieron, se midieron, y se infestaron de ganas, y las coordenadas atinadas en las que se pretende llevar a cabo la cuestión… qué quieren que les diga – les dijo a los parroquianos del bar Los Coliflores -, el éxito de la operación está asegurado.

El asunto estaba en boca de todo el pueblo porque ello fue imprescindible: la cuestión… el acto amatorio, debía llevarse en la vía pública; más precisamente, en la intersección de dos calles. Para ello, era preciso cerrar las calles en las cuatro esquinas anteriores a esa intersección, y asegurar un perímetro razonable de intimidad. Perinelli, el alcalde sugirió rodear la intersección de las calles, ese cuadrado de asfalto y alquitrán, con sábanas. La idea fue votada por mayoría absoluta en el consejo deliberante.

Así pues, ella y él, habitados de nervios e impaciencia, se encaminan al territorio delimitado por ese círculo imperfecto de sábanas de diversos tonos de blanco, donde algún considerado ubicó un colchón. Ella y él, temblando de emoción y juventud hacia la intersección de Messi y Mascherano.

Él viene caminando por Mascherano, ella por Messi. En las esquinas equidistantes, no sólo sus padres, sino el pueblo, mascullan la esperanza de que de ese encuentro largamente anunciado, en esa encrucijada que se estima favorable, surja el nombre que ubique a al pueblo en el mapa – en el que sea -, piensan unos; que nos saque de la miseria y de este pueblo, anhelan los padres de los jóvenes.

Mucho peso para dos espaldas tan nuevas en eso de cargar expectativas.

Ella y él hacen los que anduvieron imaginando, anhelando, codiciando… Torpes y obsequiosos, temblando de nervios y de fogosidad. Olvidados de las sábanas, de las esperanzas de los padres, de las jaculatorias del pueblo, ella y él hacen sin pensar en los nombres quietos en los carteles que indican las calles. Hacen lo que tantos  han hecho antes, lo que tantos harán después: sin misterios ni magias, puras ganas de darse.

Y quizás, con un poco de suerte, las células de uno y una anden entreverándose en una dialéctica de acuerdos que confluyan en la creación de la próxima estrella de la selección nacional de fútbol. Pero así como están ellos, a saber la cantidad de esfuerzos horizontales que están ocurriendo en toda la geografía de camas, automóviles, ascensores, baños, oficinas, descampados y demás escenarios; lo que disminuye las posibilidades para ella y él de que el hijo etcétera, a la vez que aumenta las probabilidades de la selección de tener un nuevo crack en unos dieciocho y veinte años.


Como sea, ella y él, tienen mucho que agradecerles a Messi y a Mascherano. O al concejal al que se le ocurrió nombrar las calles con esos nombres.  Lo que hubiera sido un drama familiar en casa de ella, se ha convertido en un rito propiciado y aplaudido…

Quizás, después, de todo, esta intersección tenga algo… peculiar, dice él, transitado de sudor y sobrecogimiento; ella sonríe y le revuelve el pelo: quizás…

miércoles, 11 de febrero de 2015

La tercera vía de Simeone (Jornada)



Es bastante usual, en el ambiente del fútbol europeo, leer o escuchar que la prensa sostiene que en la actualidad, habría que instrumentar un premio individual aparte para la competencia entre Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, y otra para el resto de los jugadores, simples mortales que asisten a una distancia notable entre aquellos y ellos mismos.

Lo mismo ocurría en la Liga Española entre el Real Madrid y el Barcelona, que comenzaban a aburrir al repartirse los títulos sin dejar chances para nadie más, condenados todos a pelear por el tercer puesto que acababa siendo casi, lo mismo que ser “campeón entre los normales” dieciocho restantes equipos de la Liga.

Tanta era la diferencia que hasta para pocos europeos era posible vencer a los dos grandes españoles y la mayoría de los jugadores de los torneos de máximo nivel protagonizaban los culebrones de cada verano para acabar fichados por los dos clubes de élite y los Real Madrid-Barcelona terminaron siendo el clásico mundial por excelencia, sin parangón con cualquier otro desde la importancia global.

En un contexto así, que el Atlético Madrid, con un presupuesto muchísimo menor, con jugadores aplicados y con inteligencia y algún talento (en algunos casos, bastante y en otros, poco), se haya logrado interponer entre el Real Madrid y el Barcelona, tiene muchísimo mérito.

Diego Simeone lo fue moldeando desde que tomó el equipo hace tres temporadas cuando atravesaba un momento de inercia, abulia, y había cierto aire de que el técnico argentino, ídolo del club en sus dos etapas de jugador,  era el único capaz de transformar todo aquello en algo diferente, acaso proyectando al club hacia algo desconocido, impensado. Y así fue.

En pocos meses, el Atlético Madrid ganaba la Europa League y comenzaba a ser un equipo complicadísimo en lo táctico, aprovechando mejor que nadie las jugadas ensayadas, sacando el mejor fruto de cada jugador, convirtiéndose en temible en el juego aéreo y por qué no, dando una imagen de equipo copero, recio, disciplinado.
No fue casual que llegara a la final de la Champions League pasada ante Real Madrid y la perdiera recién en el descuento, cuando Sergio Ramos, con un soberbio cabezazo, generara un alargue en el que todo cambió.

Pero ni siquiera eso generó una fractura y el Atlético volvió a arremangarse, acabó ganando la Liga, en el Camp Nou, y empatándole al Barcelona cuando la desventaja le daba el título a su rival, y le ganó también la Supercopa de España al Real Madrid, lo eliminó de la reciente Copa del Rey hasta que en cuartos de final, en dos partidos durísimos, acabó cayendo ante el Barça y llegamos a lo ocurrido el pasado fin de semana en el Vicente Calderón.

Pocas veces, con un equipo compuesto de súper estrellas de decenas de millones de euros cada una, que se coronó campeón mundial en Marruecos en diciembre pasado y lidera la Liga actual y es otra vez candidato a ganar la Champions, como el Real Madrid, se ha visto tan superado como en el 4-0 del Atlético por la Liga.

No sólo los “colchoneros” se impusieron claramente en el marcador, sino que lo hicieron en cada sector de la cancha, en cada pelota trabada, en cada centro, en actitud, en entrega, en juego y en llegadas al arco adversario.

Esto no se consigue teniendo sólo una buena tarde, sino con mucho trabajo, aplicación y un sistema táctico claro. Todo eso, más el plus anímico que entrega siempre Simeone, que es casi un jugador más desde la línea de cal (a veces llegando a extremos poco saludables) y con una comunicación total con la tribuna, genera la construcción de un equipo dispuesto a seguir arriba, luchando por todos los objetivos, y termina con la polarización del fútbol español.

Acaso el estilo de Simeone no sea muy bonito de ver. Pero hay que atender que su equipo cuenta con menos posibilidades que sus rivales de la alta competencia y que gana con armas nobles. No es ni aquel estilo preciosista del Barcelona de Pep Guardiola, ni tampoco el cerrojo de José Mourinho.


Lo de Simeone es una Tercera Vía, que puede gustar más o menos, pero que  ha logrado colocar al Atlético en una cima que ni soñaba hace tres años.  Y tiene gran mérito.

lunes, 9 de febrero de 2015

Hay Liga otra vez (Yahoo)



Cuando el pasado miércoles, aunque con mal rendimiento y resistiendo en el final, el Real Madrid pudo sortear el partido pendiente ante el Sevilla en el estadio Santiago Bernabeu, la sensación era que aunque quedaba mucho por jugarse, la Liga parecía casi definida.

Los siete puntos de diferencia hacia el tercero, el Atlético Madrid, y la confirmación de los cuatro hacia su inmediato perseguidor, un Barcelona que atravesaba una buena racha pero sin dar nunca garantías de solidez, hacían prever que sólo una derrota en el pasado fin de semana, en el Vicente Calderón y ante su bestia negra de los últimos tiempos, el equipo de Diego Simeone, podía dar cierto aire al torneo español.

Sin embargo, ocurrió algo más profundo. Porque no sólo el Real Madrid cayó ante el Atlético, sino que terminó siendo una paliza, una diferencia mucho mayor que el ya de por sí sorprendente 4-0 padecido por los actuales campeones del mundo, al punto tal de que su entrenador, el italiano Carlo Ancelotti, llegó a reconocer que fue el peor partido que jugó su equipo desde su inicio con esta plantilla hace una temporada y media.

De esta forma, el Real Madrid confirmó lo que días antes se había visto (aunque no en el resultado final) ante el Sevilla. Ese día en el Bernabeu, los andaluces, especialmente en el cuarto de hora final, tuvieron a los blancos como aquel boxeador que sabe que su rival está groggy pero no consigue el remate de los noqueadores como para definirlo y no le dan los rounds para ganarlo por puntos en el jurado.

Eso mismo volvió a ocurrir en el Calderón aunque ahí sí su rival no lo perdonó, además de tenerle tomada la medida hace ya bastante tiempo. El Atlético ganó el balón en todos los sectores de la cancha, dominó por completo el partido, y acabó goleando con justicia.

Es cierto que al Real Madrid le faltaron tres de los cuatro defensores titulares (Sergio Ramos, Pepe y Marcelo), que no es poca cosa, así como desde hace tiempo no cuenta con Luka Modric, pero con el nivel que tiene su plantilla, tampoco puede ser una excusa. Hay jugadores que no están en su nivel, entre ellos Cristiano Ronaldo y Gareth Bale, y se está notando cierto desgaste que el equipo deberá corregir en los próximos días, para no pagarlo en la Champions League, a punto de regresar en su fase de octavos de final.

El Barcelona, en cambio, parece atravesar un momento opuesto y lleva nueve partidos consecutivos ganando, desde que Lionel Messi cerrara, en una entrevista con Barcelona TV, el tema de su problema con el entrenador Luis Enrique, que aunque fue negado por las cercanías a la plantilla, el defensor francés Jérémy Mathieu lo confirmó ante un medio de su país.

Cuando ya no se habló más del conflicto y el Barcelona se dedicó a retomar su ambición por el juego y los goles, ni el Atlético Madrid (en Liga y en la Copa del Rey) pudo resistir, cuando había quedado invicto en seis partidos de la temporada anterior.

El Barcelona ha mejorado a partir de los buenos resultados, de haberse acallado el conflicto, del rebote también de un Real Madrid que ya no pisa tan firme, de un gran momento (una vez más) de Messi, que no sólo marca sino que hace jugar a todos, sino también gracias al muy buen nivel que viene demostrando el brasileño Neymar como compañía de ataque, aunque Luis Suárez viene remontando desde mucho más atrás y todavía no es el explosivo atacante del Liverpool.

El Barcelona parece llegar en el punto óptimo para los dos durísimos partidos de octavos de Champìons ante el Manchester City, que aguarda ansioso el regreso triunfal de Yaya Touré, ganador de la Copa Africa con Costa de Marfil, pero todavía tiene mucho que corregir.

Por ejemplo, le llegan mucho al corazón del área, Dani Alves acaba muchas proyecciones al ataque con centros aéreos a la cabeza de nadie, Suárez no rinde igual cuando los rivales se cierran y el Barcelona no consigue ir en ventaja, y en el medio falta esa creatividad y el corte justo para avanzar como en los tiempos brillantes de Pep Guardiola o Tito Vilanova.

Aún así, cuenta con un pilar como Sergio Busquets, dos atacantes como Messi y Neymar, y buenos momentos de varios de sus cracks.

¿Y el Atlético Madrid? ¿Puede dejarse de lado al equipo de Simeone, ahora a cuatro puntos del líder, cuando quedan tantos partidos y hasta podría sacar ventaja del Barcelona-Real Madrid de mediados de marzo? Los últimos años no permiten dar por perdida la Liga al actual campeón y a un equipo que tira de semejante casta en los partidos importantes.

El soberbio partido ante el Real Madrid, el buen momento de sus atacantes, especialmente Griezmann, la solidez de su mediocampo, el talento de Arda Turan y una gran defensa, parecen generar un alerta y señalar que este equipo aún está para disputar palmo a palmo lo que quede en juego, incluso, como en la temporada pasada, la Champions.


Por todo esto, la Liga no parece ahora terminada y al contrario, queda mucho, y muy apasionante, por jugarse.