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jueves, 30 de marzo de 2017

La selección y la mochila de la frustración



Hace ocho fechas, la selección brasileña estaba en una crisis parecida a la argentina en el grupo clasificatorio sudamericano. Dunga, un entrenador que jamás comulgó con el estilo de juego brasileño que tanto nos deslumbró en el pasado, no daba pie con bola y la CBF se encontraba en una situación similar a la de la AFA en cuanto al FIFA-Gate. Es más. Marco Polo del Nero, su presidente, ni siquiera puede salir del país, es decir, un Marco Polo antítesis del mítico viajero.

Sin embargo, con tantos problemas, con una crisis interna de sus clubes, con la contratación como estrellas de muchos jugadores argentinos considerados aquí de medio pelo, al menos por una vez en la vida, la CBF decidió cortar por lo sano, escuchar a la gente y a los medios, y optó por contratar al que realmente era, por conocimientos y trayectoria, el mejor entrenador del país, Tité, ganador de varios títulos entre ellos, la Copa Libertadores y el Mundial de Clubes con el Corinthians en 2012.

Y no se equivocaron. Tité cambió todo. Primero, la mentalidad de un equipo que no jugaba a nada, que arrastraba una baja autoestima después del duro golpe del Mundial 2014, en el que sus jugadores sentían la obligación de ganar para que no fuese una segunda oportunidad perdida tras aquella triste experiencia del Maracanazo ante Uruguay en 1950, y aquellos integrantes de la verdeamarelha que fueron derrotados por un insólito 1-7 en el Mineirao por los alemanes, llegaron a llorar en el campo de juego en varias ocasiones, por la opresión que sentían.

Luego, Tité decidió convocar a otros jugadores, entendiendo que los anteriores tenían encima una mochila de frustración y que no encontraban la vuelta y la relación con el público tampoco ayudaba. Así es que le dio la oportunidad a Marquinhos, puso como titular a un relegado Philippe Coutinho, gran figura en el Liverpool, apareció Gabriel Jesús, empezaron a soltarse y brillar los dos laterales, el mejor del mundo para nosotros (Marcelo) y Daniel Alves, y trajo desde China (sí, desde China) a Renato Augusto y a un viejo conocido suyo del Corinthians como Paulinho, descartado por los DT anteriores tras su gran Copa Confederaciones de 2013.

Párrafo aparte para Neymar. Creemos que más allá de lo extraordinario que es como jugador por su habilidad y aunque tiene aún mucho para corregir, la confianza que le dio haber ganado con Brasil la inédita medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, agrandó –para bien- su figura y ya nunca fue el mismo. Ya se atrevió a todo hasta convertirse en imparable, y en camino a ser en un futuro próximo, el Balón de Oro.

Todo eso hizo Tité en ocho partidos sin recetas mágicas y a partir del sentido común, el que indica que lo de Brasil fue siempre tocar y jugar, brindarse por el espectáculo, y ofrecer ese show que a tantos argentinos siempre nos ha encantado, porque la rivalidad con Brasil, futbolística, es en buena parte inventada por los medios.

Muchos amamos a Brasil: a su fútbol, a aquellos maravillosos equipos de selección con Pelé en los sesenta-setenta, pero también a los de Telé Santana en los ochenta. A su música, sus playas, sus mujeres, su simpatía natural, su cadencia, su ritmo, su gente.

La selección argentina tiene menos margen y menos atrevimiento. A cuatro partidos del final del grupo sudamericano, se encuentra en posición de repechaje para jugar tal vez dos partidos extra ante una selección surgida del grupo de Oceanía, pese a contar con el mejor jugador del mundo, Lionel Messi, ser la número uno del ranking FIFA, y tener en el plantel a muchos otros cracks que son estrellas en sus equipos europeos.

Y también esta selección arrastra una mochila de enorme frustración, distinta que la que llevaba Brasil. Porque es innegable que llegar a tres finales seguidas, una de Mundial y dos de Copa América, en tres años consecutivos, es meritorio. Pero en un país tan exitista como Argentina, que desde los años ochenta con el discurso bilardista y resultadista de que lo único que importa es ganar, tiene tan arraigado lo de que ser segundo no es positivo, que este plantel albiceleste se fue desintegrando al no poder coronar sus buenos rendimientos.

Es decir, nadie está cuestionando el nivel técnico de Gonzalo Higuaín, Angel Di María, Sergio Agüero o Javier Mascherano, sino que lo que crece en el consenso es que un plantel con tantas frustraciones, sean estas basadas en la exageración o no en las pretensiones de los aficionados, ya no parece tener retorno porque además, la respuesta que ha optado en dar a estas expresiones populares ha sido la de una constante en estos años del ciclo, que mucho no interesaban antes porque parecía que en algún momento los resultados llegarían.

En este blog nos hemos referido mucho a esto en el pasado. Un plantel que no habla con la prensa ante cualquier situación molesta, por mínima que fuese (aclaramos que no nos interesa, a nosotros, que los jugadores no hablen, porque estamos en desacuerdo con que lo hagan porque nada aporta lo que digan). Un plantel que ya casi no hablaba con buena parte de la prensa ni cuando sí hablaba, es decir, sólo le importaba la TV y algún medio gráfico puntual en determinada situación de conveniencia.

Pero además, un plantel que no tuvo nunca interés por la gente, por el público que pagó entradas para verlo jugar, ni para salir siquiera a saludar a las puertas de los hoteles, o cerrando la cortina de la ventana del bus cuando la gente sólo esperaba una mano que se agitara desde el cómodo asiento. Nada.

Jugadores con millones de euros en sus cuentas bancarias, que cada tanto tienen que venir a jugar un partido o dos con la selección argentina, que vienen por la gloria deportiva, algo entendible, no parecen comprender ni parece que les importara, que además están representando un símbolo nacional, y por la importancia que tiene el fútbol, un símbolo de los que en estos tiempos adquiere mayor importancia.

El divorcio es con estos jugadores que cada vez rinden menos, porque la paciencia con ellos se agotó hace tiempo, primero se quisieron ir de Buenos Aires por el supuesto maltrato que recibían. Pero luego se fueron también del interior porque sintieron el mismo maltrato. Algo no funciona, entonces.

Si todo esto operó hacia el exterior, ¿qué decir del interior? Muchos de los elementos que este cronista fue observando en la innumerable cantidad de partidos que le tocó cubrir por el mundo (desde Asia hasta Africa, Europa, América del Norte y del Sur), siempre parecieron extraños a partir de analizarlos por el lado de contar con un jugador especial, distinto, como Messi.

Messi no es un jugador más y requiere de mucha mayor atención y posiblemente, comprensión por lo que su figura representa, como antes sucedió con Diego Maradona, aunque claro, en los años setenta y ochenta, no había redes sociales y la cantidad de periodistas que cubrían la actividad de la selección era más limitada.

El gran problema es que lentamente, Messi fue generando, a partir de un innegable liderazgo futbolístico, un entorno que fue creciendo y que fue reproduciendo los mismos círculos de poder que los jugadores que tienen hoy más peso padecieron en el pasado, cuando eran más jóvenes, de otros círculos de poder.

Si por ejemplo Messi fue echado alguna vez de una habitación de una concentración por otros líderes indiscutibles, para que le quedara bien claro quién mandaba, ahora, una década más tarde y a su manera, el crack del Barcelona sólo repite lo que vio y padeció.

Mucha prensa insiste con que a Messi “hay que consultarlo” por ese tan habitual desapego argentino a las instituciones.  Messi es el mejor jugador del mundo pero su categoría es esa: “jugador”. Pero hay una institución, AFA, que está por encima de él y de todos los demás, y que tiene un entrenador (en este caso, al menos hasta hoy, Edgardo Bauza), que debe decidir por sí mismo, con la autoridad que emana de la entidad que lo contrató, a quién convoca . Y no puede ser que dependa del pulgar levantado de un círculo de poder de jugadores, cualquiera sea éste.

Pero no puede ser casual que no sólo Bauza, sino tampoco Gerardo Martino, o Alejandro Sabella, o Sergio Batista, hayan chocado ante este obstáculo. Porque no es lógico y porque no es lo que corresponde, de ninguna manera.

Entonces, aunque parezca doloroso, el próximo entrenador, deberá tomar medidas fuertes, algunas, incluso, requerirán de coraje, como cortar de raíz con un círculo que, creemos, además, pide a gritos, desde sus actuaciones y reacciones, salir de esta crisis y no ser convocado, para ahorrarle la mala imagen de renunciar a algo que significa perder definitivamente la gloria deportiva, pero se trata de un grupo cansado, destrozado anímicamente, y harto de polémicas que sólo lo empujan hacia abajo.

Esta selección por trazar un paralelo, se parece mucho, en lo psicológico, al River Plate de 2011, cuando era claro que su plantel no tenía forma de escapar al descenso, que le aparecía inexorable, porque ya los partidos los perdía solo, mucho más que contra un rival.  Y administrar una crisis como la de pensar que existe una chance creciente de no clasificarse a un Mundial, es realmente difícil sin un apoyo de un profesional de la psicología aplicada al deporte cuando además, ni el DT ni la AFA creen en ello, y el plantel se resiste a ello.

Por eso, volviendo a Tité y a la sabia decisión (por una vez) de la CBF, se necesita que la AFA, que dispone ahora de 5 meses para pensar una acción, tome decisiones fundamentales como primero, animarse a volver a las fuentes y entender que al fútbol se gana jugando. Que no es un trabajo sino un juego y que para meter goles hay que llegar al arco y no ganar “como sea” (fórmula que nunca entendimos y que nos gustaría que alguien nos dijera cómo se consigue).

Luego de tener en claro esa filosofía, apuntar a un entrenador ganador, con mucha experiencia y peso específico, cuyo discurso llegue a los jugadores, y que no tenga temor en ninguna cancha y confíe en la técnica del jugador argentino, y que luego pueda seguir hasta el Mundial con el plantel que considere que tiene que estar. Y creemos que en este momento, hay sólo dos en condiciones de ocupar ese lugar: Carlos Bianchi y Ramón Díaz.

Y luego, que el entrenador contratado, no tema en dejar atrás a jugadores que ya han dado todo, que tienen una innegable calidad, pero cuya frustración los ha dejado en una situación insostenible. Contratar a un entrenador que quieran los jugadores, y en especial el círculo de poder actual, sería profundizar en la misma crisis, los mismos problemas, pero ya sin margen de error.

La selección argentina, el fútbol argentino, se encuentran en una encrucijada: tres veces consecutivas finalista, primera en el ranking mundial, el mejor jugador del mundo…y ya no sería tan extraño quedarse afuera del Mundial o tener que jugar un repechaje. Una pesadilla que originó el propio fútbol argentino y desde hace tres décadas, aunque cuando el virus llegó, a muchos no les importó. Hoy ya golpea a la puerta.

De esta se sale jugando con los buenos, renovando entrenador y jugadores, que hay de sobra: desde algunos que están y juegan poco (Dybala, Pinola, Acuña, Buffarini, Guzmán), otros pocos titulares (Otamendi, tal vez Rojo, Biglia o Banega) y muchos que han demostrado condiciones para estar, sin tener que pasar por el tamiz del “grupo”: Icardi, Alejandro “Papu” Gómez, Lo Celso, Pablo Pérez, Centurión, Maidana,  Ruben, Scocco, Gago, G.Bou, Insúa, Ascacíbar, Rulli.

La CBF se animó. Es el momento para que esta nueva conducción de la AFA, copie por fin algo bueno de los vecinos.


Más de lo mismo: del poncho a la camisa transpirada




Y colorín colorado, el sueño de una mínima renovación de la AFA se ha terminado. Claudio “Chiqui” Tapia es el nuevo presidente de una AFA normalizada tras la intervención de la Comisión Normacrizadora al mando de Armando Pérez y se concreta de este modo lo que el titular del Fútbol Para Todos macrista, Fernando Marín, consideró como “una extravagancia del fútbol argentino”: que en el sillón de Viamonte se siente un dirigente proveniente del Ascenso.

Hay que señalar de entrada que si Tapia es presidente de la AFA, lo es por tres cuestiones básicas: 1) Por ser el yerno del líder camionero y presidente de Independiente, Hugo Moyano, 2) Por haber pactado con el tinellismo (la otra forma de grondonismo del siglo XXI) la AFA a cambio de la Superliga (acuerdo que ya había existido a mediados de 2016 pero que abortó el Gobierno por no tener el Grupo Clarín un rol trascendente en los derechos de TV), y 3) por el gran pacto de Mar del Plata con Daniel Angelici, presidente de Boca Juniors, por el cual el abogado y dueño de juegos de azar en la provincia de Buenos Aires, con su vicepresidencia primera, se transforma en el comisario político del fútbol argentino.

Pasando en limpio, la nueva conducción de la AFA reúne a un dirigente emergente del Ascenso, cuestionado por haber contratado para el CEAMSE, donde es vicepresidente, a tres dirigentes de la primera B Metropolitana que luego tuvieron relación con la votación a su cargo futbolístico, es decir, una sencilla compra de influencias –según la legisladora de Confianza Pública, Graciela Ocaña- e hincha de Boca Juniors, y como número 2 al propio presidente de Boca, Angelici –quien ha estado involucrado en escuchas telefónicas para ejercer influencia sobre el presidente del Tribunal de Disciplina de la AFA y también ligado a Boca, Fernando Mitjans, según escuchas que se conocieron hace pocas semanas-.

Jamás Boca tuvo tanto poder en el fútbol argentino como hoy. Ni siquiera en tiempos de Eduardo Sánchez Terrero (entre 1937 y 1939) tuvo tanta influencia. Un presidente de la Nación, Macri, que fue titular del club entre 1995 y 2007, el número uno y el número dos de la AFA, el presidente del Tribunal de Disciplina (y miembro del Comité de Disciplina de la FIFA), Fernando Mitjans, el embajador en Portugal, Oscar Moscariello –secretario de Relaciones Internacionales de Boca-, el ministro de Justicia de la provincia de Buenos Aires como Royco Ferrari, son claros ejemplos de lo que señalamos.

Es más: Tapia jamás podría haber llegado a la presidencia de la AFA, si minutos antes de la votación no hubiera llegado el documento con la aprobación por parte de la Conmebol, desde Asunción, de su examen de idoneidad, al igual que el de Angelici, que si finalmente se hizo efecto, no fue por convencimiento de las autoridades firmantes sino todo lo contrario, por la directa influencia de Macri sobre su colega paraguayo Horacio Cartes –refrendada en su reciente visita, en la que se reunieron hasta en la fastuosa sede de la Conmebol-.

Es que si Angelici no reunía las condiciones de ser aceptado por su relación con los juegos de azar (más allá de las duras acusaciones de la ahora muda Elisa Carrió), menos que menos iba a ser aceptado en una Conmebol cuyo presidente, Alejandro Domínguez, directamente lo tiene tachado de adversario político desde el episodio del gas pimienta en el Boca-River de la Copa Libertadores 2015 pero mucho más desde que el presidente de Boca armó la Liga de Clubes Sudamericanos para reclamar por mayores ingresos desde los derechos de TV.

En cambio, si Tapia pudo pasar con mayor holgura el examen, pese a las denuncias de Ocaña, fue porque el examen es de “idoneidad” y no es “integridad”, es decir que lo que cuenta es que el dirigente evaluado no haya fundido un club, y no su integridad ética.

Si Tapia proviene del Ascenso y Angelici (Boca) y Moyano (Independiente) son sus valedores, la suma de Victor Blanco (Racing) y de Alejandro Nadur (Huracán) le acabaron dando el plafond para llegar al máximo sillón del fútbol nacional, pero al mismo tiempo, el gran acertijo se posa ahora en los dos clubes opositores por excelencia: River Plate y San Lorenzo de Almagro.

River ha quedado más expuesto que San Lorenzo por su promocionado voto en blanco, y su presidente, Rodolfo D’Onofrio, logró mantenerse en sus trece desde el inicio, al no aceptar formar parte de una lista unificada con la que jamás acordó, pero ahora apuesta todo a la Superliga, que habrá que ver si llega a organizarse y cómo se hará hasta agosto, porque si bien por el pacto político Moyano-Tinelli debe hacerse efecto, también es cierto que desde el Gobierno se alienta a que esta liga exista para que abra una ventana a las sociedades anónimas y ni San Lorenzo (presidencia) ni River (vicepresidencia) están dispuestos a aceptarlo.

Con un cargo conseguido en la FIFA, y con Tapia sosteniendo que será la voz de la AFA allí (algo para desconfiar de acuerdo al voto de River en la Asamblea de ayer), no parece que D’Onofrio tenga el mismo interés que antes en el frente local, mientras que a Tinelli se le podría licuar el poder si sigue poniendo la cara con la selección argentina en el tortuoso camino al Mundial de Rusia, y ni hablar si la clasificación no llega o llega por la ventana de un mísero repechaje ante un equipo de Oceanía.

Son muchos los desafíos de Tapia al frente de una AFA en reconstrucción, pero creemos que el principal pasa por acabar, por fin, con la metodología espuria y corrupta de los tiempos anteriores, la democratización, que una vez más, y volviendo al grondonato, no pasa porque varios dirigentes se sienten a la mesa y apoyen las medidas sino que se amplíen las voces a los entrenadores, jugadores, árbitros, y a las distintas actividades como futsal, fútbol playa o fútbol femenino, y que se acabe el unitarismo para que la AFA sea federal y representativa del fútbol de todo el país.

La gran pregunta es si esto es posible con esta dirigencia, con los mismos del 38-38, con los que intentaron que el examen de idoneidad pasara por el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires para evitar a la Conmebol y a la FIFA, para los que contratan dirigentes que luego los votan para una organización estatal, para los que denominan al estadio de su club con su propio nombre (y en vida), para los que convalidaron la oscura entrega de los derechos de TV a empresas que esquilmaron al fútbol argentino vaciando los bolsillos de la gente para monopolizar la actividad. ¿Eso no es grondonismo, acaso?

Tal vez la diferencia sea que aquel de los 35 años entre 1979 hasta 2014 fue con poncho de caudillo y éste, de camisas transpiradas.

martes, 28 de marzo de 2017

Sin Messi, una caída en La Paz que complica a la Selección (Jornada)




No alcanzó con una clara mejoría en el juego, especialmente en el segundo tiempo. La selección argentina volvió a sufrir los efectos de la altura de La Paz, a 3600 metros del nivel del mar, y no sólo cayó 2-0 ante la boliviana, con muchos cambios y sin Lionel Messi, suspendido pocas horas antes, sino que volvió a ocupar ahora un lugar en el repechaje, fuera de los cuatro clasificados directos al Mundial de Rusia.

Lo peor fue el resultado negativo en el marcador (con goles de Juan Carlos Arce en el primer tiempo y de Marcelo Martins, en el segundo) y la preocupante lesión en la rodilla de Ramiro Funes Mori, el defensor del Everton, pero puede decirse que varios jugadores albicelestes dejaron una imagen favorable de cara a los cuatro partidos que restan para finalizar el grupo sudamericano.

Al equipo argentino le costó mucho adaptarse a la situación de falta de oxígeno y el seleccionado local, que había reservado siete jugadores para este partido, llegando a disputar el anterior con suplentes ante Colombia como visitante el pasado jueves, dominó por completo las acciones.

La selección argentina no podía alejarse de su arquero Sergio Romero, con dos líneas de cuatro en muy pocos metros, siempre en campo propio, y aunque Bolivia había estado más cerca del gol siempre, de a poco todo fue cambiando desde los 20 minutos, cuando por fin, Guido Pizarro se fue adueñando de la pelota, la hizo jugar tanto para el medio como para habilitar por la izquierda a Angel Di María, y cuando llegaron los mejores minutos, en los que se fue adelantando en el campo, se desprotegió un poco atrás y llegó el gol local por un cabezazo muy bien colocado de Arce que encontró algo adelantado a Romero.

El equipo argentino no renunció a seguir buscando el empate, y de hecho cada vez se fue apoderando más de la pelota y ya no sufrió llegadas de Bolivia, pero siguió con la misma característica que durante toda la clasificación, la falta de gol y de profundidad, y tuvo que sufrir una primera modificación en el primer tiempo por una lesión en la rodilla de Ramiro Funes Mori, quien fue reemplazado por Matías Caruzzo.

Ya en el segundo tiempo, la selección argentina presionó aún más arriba, pero a los 7 minutos llegó el segundo gol boliviano a través de Martins, quien aprovechó que no estaba marcado de frente a Romero, un error defensivo que se fue repitiendo, el de no tener buena colocación en los centros aéreos o cruzados o los pelotazos largos.

La selección argentina, ya dos goles abajo, optó por volcarse de lleno en campo boliviano. Pero en vez de optar por un jugador del talento de Paulo Dybala, Bauza se decidió por un delantero de punta como Sergio Agüero por el insípido Angel Correa, mientras que ya Ever Banega quedó como enlace y Di María, como extremo, para pasar de un 4-4-1-1 a un 4-2-1-3.

El dominio argentino, promediando el segundo tiempo, era absoluto, y la cancha parecía inclinada pero al revés de lo imaginado, aunque con el mismo problema de siempre, la falta de definición, ni siquiera cuando sobre el final, Marcos Acuña ingresó por Enzo Pérez, y ya se colocó como extremo izquierdo, pasando Di María a la derecha.

En suma, la selección argentina, sin Messi ni varios de los titulares que defeccionaron ante Chile el pasado jueves en el Monumental, perdió jugando bastante mejor, pero no le alcanzó y ya se encuentra en la posición de repechaje a sólo cuatro fechas del final, con destino incierto, posiblemente sin Messi y con cambios institucionales en cuestión de horas, con la asunción de Claudio “Chiqui” Tapia en la presidencia de la AFA.

¿Seguirá Bauza? ¿Podrá disminuir la sanción a Messi con la apelación de la AFA? Demasiadas preguntas para un equipo que no encuentra respuestas, ni siquiera habiendo dado un par de pasos hacia adelante.


Mi intervención en "Cracks" (Youtube) sobre la sanción a Messi

Esta es mi intervención en "Cracks" (1,5 millones de seguidores),

https://www.youtube.com/watch?v=TWBGQcjBy08



Causas y consecuencias de la sanción a Messi




Ya está. Lionel Messi fue sancionado con cuatro partidos de suspensión en el grupo clasificatorio sudamericano cuando restan cinco para que finalice y visto lo visto con el juego de la selección argentina (y no tanto por no tener recambio, que lo tendría en condiciones normales) ahora puede peligrar la participación en el Mundial de Rusia.

Las preguntas comienzan a aparecer a borbotones pero la primera que nos surge está más relacionada con las consecuencias: ¿cómo repercutirá esta sanción, no sólo hoy, en el partido ante Bolivia en la altura de La Paz, que siempre le trajo inconvenientes a los equipos argentinos, sino en el devenir de la clasificación?

Si es por hoy, la situación, en cierta forma, porque el paralelismo no es absoluto, nos recuerda una que hemos vivido in situ, aquella de Dallas en 1994, cuando los jugadores se acababan de enterar la noche previa,  sobre la sanción de la FIFA a Diego Maradona, y tuvieron que enfrentar a Bulgaria.

Las caras desencajadas en el momento de los himnos, y la absoluta falta de respuesta en el campo fueron evidentes y una selección que había ganado los dos partidos anteriores en la fase de grupos, quedó tercera y se complicó el resto del torneo, y de hecho fue eliminada tres días más tarde en octavos ante Rumania.

Por eso, es ahora cuestión del entrenador, Edgardo Bauza, y de la dirigencia (en este caso, Marcelo Tinelli y Jorge Miadosqui, que se encuentran con el equipo en Santa Cruz de la Sierra en estos momentos), la gestión de la crisis, del cimbronazo producto de una sanción mucho más dura que lo esperado. Y luego, más allá de lo que ocurra esta tarde en Bolivia, vendrá el momento de decisiones finas, no sólo deportivas, también institucionales.

Ahora bien, ¿estos dirigentes y este director técnico están en reales condiciones de gestionar esta crisis? ¿Cómo acusará el plantel el golpe de una sanción tan dura, que deja afuera al jugador clave del equipo, a tal punto que con él en la cancha se obtuvo 15 puntos de 18 y sin él, 7 de 21?

Por otra parte, ¿cómo influirá esta ausencia de Messi en un equipo que sabe ahora que no podrá contar con él hasta el último partido, que será en Quito ante Ecuador?
Y siguiendo con la misma línea, ¿qué pasará con muchos de estos jugadores, y hasta con Bauza, si hoy no se obtiene un buen resultado o incluso obteniendo un empate pero jugando tan horrible como ante Chile?

Durante la semana pasada, el futuro presidente de la AFA “normalizada” (si a eso se le puede llamar así), Claudio “Chiqui” Tapia, estuvo en el predio de Ezeiza y conversó largamente con Bauza.  El entrenador concluye que su continuidad no está en riesgo, pero habrá que ver cómo se desencadenan los hechos, porque fue contratado por una intervención y no hay mejor forma de pasar página y mostrar un cambio que quitándolo del lugar y nombrar a un sustituto que de mayores garantías (¿Jorge Sampaoli, ahora que su cláusula de rescisión con el Sevilla baja mucho el monto tras el 30 de junio, que era el preferido de los jugadores de peso?).

Pero también caben preguntas hacia el propio Messi. ¿No es extraño que por dos veces haya insultado a los jueces de línea ante Chile, sin taparse la boca cuando la oculta hasta para saludar? ¿Tanto le indignó una disputa en un lateral contra Jean Beausejour, que apenas lo toca? ¿Tanto como para estar tan enojado al final de un partido chivo que de todos modos su equipo ganó? ¿Tanto para reclamar airadamente cuando una tarjeta amarilla no lo dejaba afuera del partido más complicado desde el punto de vista físico como el de hoy de La Paz?

Es, al menos, bastante extraño. ¿O no serían los nervios o el enojo por la impotencia de no poder jugar más o menos un fútbol digno, con un campo de juego que no fue cuidado, y un planteo que va contra natura y contra sus propios gustos?

En cualquier caso, Messi fue bien sancionado. Sorprende, incluso, que no haya sido informado por los cuatro jueces brasileños, pero es parte de esos “códigos” de la añeja mafia del Atlántico, que ahora va perdiendo peso específico en la Conmebol y más aún en esta FIFA “post-Gate”.

De todos modos, esta sanción va mucho más allá . No es un mensaje sólo a Messi, sino de la FIFA a la dirigencia futbolística argentina, harta ya de estar harta de tantos desafíos, de tantas mojadas de oreja, de tanto macaneo, de tanto desastre. Una advertencia para el nuevo presidente (Tapia) desde mañana, y también contra el nuevo secretario de selecciones Nacionales (Tinelli) -¿acaso por la influencia de una mano pesada?-.

Sin dudas, es uno de los hechos más serios de los últimos tiempos alrededor de la selección argentina, que ahora deberá atravesar el espinoso pasillo del final de la clasificación sin su mejor jugador, y en plena crisis de identidad y de juego.

Hay que remontarse a 1969 para una situación de tanto caos institucional del fútbol argentino en una clasificación mundialista, cuando también la AFA estaba intervenida, cuando también la selección fue cambiando de entrenador en medio del río. Y aquella vez, el equipo argentino fue eliminado de México 1970.  Fue la única vez que se quedó fuera de un Mundial en una clasificación.

Esperemos que la historia no se repita, entre tantas preguntas sin respuesta.


Messi será sancionado y complica la clasificación argentina al Mundial (Jornada)



En apenas unas pocas horas, en la mañana argentina, se sabrá si Lionel Messi podrá jugar desde las 17 en la altura de La Paz ante Bolivia o si la sanción de oficio que le impondrá la FIFA, por reiterados insultos a los jueces de línea en el partido ante Chile del pasado jueves, comienza desde el partido siguiente y podría llegar a abarcar hasta las cuatro fechas restantes del grupo clasificatorio sudamericano.

De acuerdo a la reglamentación disciplinaria de la FIFA, el insulto a uno de los jueces, comprende una suspensión de dos a cuatro partidos, y por ejemplo el chileno Gary Medel fue sancionado con el máximo cuando el árbitro argentino Néstor Pitana informó que que hubo insultos del defensor del Inter en setiembre pasado en Asunción ante la selección paraguaya.

Si bien ninguno de los cuatro jueces brasileños del partido Argentina-Chile (el árbitro Sandro Ricci, el asistente 1Emerson Augusto do Carvalho, el 2, Marcelo Do Carvalho, y cuatro árbitro, Dawson  Freitas Da Silva) informó nada a la FIFA acerca de la conducta de Messi, fue la propia comisión disciplinaria de la entidad, a través de Alejandra Salmerón García, la que aclaró que se basó en las imágenes televisivas de dos canales españoles y de la TV Pública argentina.

Según el artículo 77 A del Codigo Disciplinario de la FIFA, no se necesita del informe del árbitro para abrir un procedimiento a cualquier jugador, y aunque se le había dado tiempo a la AFA hasta las 4 de la mañana argentina (las 9 de Zurich, sede de la FIFA) y la entidad argentina se basará en el informe de los jueces brasileños, en un documento de seis páginas firmado por el vicepresidente de la Comisión regularizadora de la AFA, el abogado Javier Medín, todo indica que la suerte está echada.

A lo máximo que podría aspirar la AFA es que Messi pudiera jugar por la tarde en La Paz, pero en ese caso, la sanción de dos a cuatro fechas comenzaría a correr desde la fecha siguiente, cuando en agosto la selección argentina deba viajar a Montevideo para enfrentar a Uruguay, y como mínimo, se extendería una fecha más, en la que recibirá como local a Venezuela.

La noticia de la ya prácticamente asegurada suspensión de oficio de Messi por parte de la FIFA cayó como un durísimo golpe en la delegación argentina, que ya se encuentra en Santa Cruz de la Sierra para viajar sobre la hora a La Paz, y muchos ya la comparan con la suspensión de Diego Maradona en el Mundial de los Estados Unidos en 1994 o cuando el propio Messi anunció que no seguiría en el equipo argentino en 2016 tras perder la final de la Copa América Extra en 2016.

Si la sanción de mañana es provisoria, Messi podría jugar ante Bolivia pero si es firme, ya estaría impedido de formar parte del equipo en La Paz aunque en ese caso, podría llegar a estar, por lo menos, en la última fecha de la clasificación, ante Ecuador en Quito.

La sanción a Messi llega en un momento particular de la selección y de la propia AFA, porque además de las duras críticas al juego del equipo que dirige Edgardo Bauza ante Chile, el próximo jueves, al día siguiente de enfrentar a Bolivia en La Paz, Claudio “Chiqui” Tapia asumirá la conducción de la entidad de la calle Viamonte en el inicio de la normalización tras casi un año de intervención con la Comisión regularizadora.

A su vez, la situación complica al showman televisivo y vicepresidente de San Lorenzo, Marcelo Tinelli, quien acababa de hacerse cargo de la comisión de Selecciones Nacionales en un extraño juego de ajedrez por el que fue designado sin papeles al no tener el respaldo reglamentario por no ser miembro del Comité Ejecutivo, por lo que debe reportar al presidente de Lanús, Nicolás Russo, quien asumió formalmente ese cargo.

Tinelli se encuentra en Bolivia acompañado del dirigente de san Martín de San Juan Jorge Miadosqui, quien estaba a cargo del departamento de selecciones Nacionales hasta la designación del showman televisivo, y ambos, anoche, se mostraban medianamente optimistas en que la sanción no excedería los dos partidos.

Por otra parte, es poco entendible la reacción de Messi durante el final del partido ante Chile en el Monumental, debido a que el crack del Barcelona, que siempre se tapa la boca para cualquier acción, esta vez apareció insultando al menos dos veces una a cada juez de línea, y a cara descubierta y con gestos airados. ¿Qué era lo que pretendía, en verdad? ¿A dónde apuntaba en la realidad?

Lo cierto es que ahora, con esta sanción en ciernes, cambia la perspectiva de la selección argentina en lo que queda de la clasificación mundialista y el optimismo por el tercer puesto alcanzado el jueves, ya parece quedar muy atrás, tal la dinámica del minuto a minuto instalada en el fútbol argentino en los últimos tiempos.


Una cosa es con Messi y otra, sin él. La AFA, la selección argentina, Bauza y los hinchas, comienzan a tomar nota de que lo que viene puede llegar a ser muy duro. De Zurich depende todo ahora.

domingo, 26 de marzo de 2017

¿A qué juegan Bauza y la selección?



Han pasado ya dos días del partido ante Chile en el Monumental, y preferimos un análisis frío, desapasionado, en la medida de lo posible, para tratar de desentrañar, si cabe, a qué juega esta selección argentina, y qué es lo que pretende, en verdad, su entrenador Edgardo Bauza, a cinco fechas del final del grupo sudamericano rumbo al Mundial de Rusia 2018.

En otro contexto, definiéndolo como en otra situación institucional, y no ésta por la cual tras más de dos años y medio de crisis tras la muerte de Julio Grondona, la AFA se apresta a una extraña “normalización” el próximo 29 de marzo, es decir, al día siguiente del partido ante Bolivia en La Paz,  posiblemente las insólitas declaraciones de Bauza tras el horrible espectáculo ante Chile, sería motivo de largas reuniones dirigenciales y la evaluación acerca de que salvo un rendimiento muy superador el próximo martes, se impondría un cambio en la orientación del equipo.

Todo indica que pese a que se esperaba otra cosa desde su llegada, Bauza jamás pudo imponer su tan promocionado “método” porque la selección argentina no es la Liga de Quito ni mucho menos San Lorenzo, y el entrenador, experimentado e inteligente, se fue dando cuenta de que la única manera de sobrevivir en esta etapa, con demasiadas cartas ya jugadas que lo precedían, era aceptar el ecosistema y darle para adelante tratando de imprimir su desteñido sello con algunas pocas incorporaciones de los suyos, como Lucas Pratto o Julio Buffarini.

A Bauza le pasó lo que antes a Gerardo Martino, aunque al menos, ya le tocó convivir con una etapa que significó la anteúltima antes de la definición de la AFA, la de la Comisión Normacrizadora, y por lo menos tuvo algún interlocutor más fijo que su predecesor, que tuvo que luchar con la sola compañía de Claudio “Chiqui” Tapia, Jorge Miadosqui, y hasta algún vuelo chárter con toda la dirigencia paga previa al escándalo del 38-38.

En cambio, el “Patón” tuvo una continuidad en cuanto al grupo de jugadores, a los que cuesta mucho contradecir cuando una situación ya está consolidada desde hace años y cuando aquellos vicios que muchos padecieron cuando eran jóvenes y recién comenzaban a ser convocados y los que mandaban eran otros, ahora fueron copiados y adaptados a este tiempo por los nuevos mandamases, que determinan, a veces con palabras y otras con hechos concretos, quiénes vienen y quiénes, no.

Por eso, no es falso que Bauza le haya asegurado a Mauro Icardi, uno de los que no encuentra oportunidades en el equipo por un hecho extra deportivo, que lo tiene en cuenta como segundo recambio luego de Gonzalo Higuaín y de Pratto, pero jamás llega esa chance.

Tampoco la tuvo Carlos Tévez, quien emigró a China, aunque juegue con más asiduidad que Ezequiel Lavezzi, un incondicional de todas las convocatorias aunque hace tiempo que no se desempeñe profesionalmente, o que Sergio Romero, quien no era tenido en cuenta por su DT José Mourinho en el Manchester United ni para la Premier League, ni para la Europa League ni para la FA Cup hasta que Bauza viajó y le pidió que le hiciera un lugar en alguno de los torneos.

Ejemplos hay muchos sobre muchas situaciones, pero está claro que Bauza llegó con una idea y terminó dándose cuenta de que no era momento ni había posibilidad de implementarla porque no tenía ni la paz institucional, ni el ancho respaldo dirigencial, ni el poder absoluto de decisiones, para llevar a cabo su plan y como el tren de la selección argentina pasa tal vez una sola vez, decidió aferrarse al vagón de cola y seguir con los ojos cerrados.

Así es que se encontró con otro problema y es el anímico. Se trata, efectivamente, de un plantel muy rico en muchas posiciones, y apenas discreto en otras, pero que tiene en común la enorme carga de frustración de la contradicción entre llegar siempre a la final de cada torneo y perderla, o ser número uno del ranking mundial y no tener títulos, y que estas definiciones, y una actitud distante de los jugadores con su propio público, fue determinando un clima gélido con la gente.

A todo esto, ahora sí, hay que sumarle la propia filosofía de Bauza, que no cree que exista un estilo argentino, más allá de que si en algún momento la camiseta albiceleste fue temida y respetada, no es precisamente por meterse atrás a especular o sumar defensores para entregarle la pelota al rival, sino por su potencial a partir del talento y de una forma de jugar que enamoró al planeta en tiempos pasados.

Esta selección argentina compuesta en algunos casos por jugadores que brillan en sus equipos europeos de primer nivel, sale a sufrir cada partido por no contar con una idea de base, con un sistema que la ampare en caso de un mal día, o una mala noche, o un resultado adverso.

Por eso es que no sólo ha pasado malos momentos en Venezuela o en Perú, ante rivales flojos, sino que apunta en principio a rascar un puntito en la altura de La Paz, volviendo al clishé del ahogo y de sumar habladurías contra el fenómeno natural, cuando el propio equipo boliviano apenas si ganó dos partidos allí en toda la clasificación y ante rivales muy flojos.

No es para menos: esta selección argentina juega como puede y jamás logró rodear de la mejor manera al mejor jugador del mundo, Lionel Messi, convertido casi en un obrero más ante la imposibilidad de crear y ante la impotencia de que no cuenta, a su lado, ni siquiera con una cantidad de atacantes acorde a la tradición de un equipo como éste.

Por eso mismo es que ya no parece importar demasiado cuál es el sistema que Bauza puede utilizar en La Paz o incluso de local, como el pasado jueves ante Chile, un equipo con algunas bajas importantes como Arturo Vidal o Marcelo Díaz, que de todos modos dominó por completo en Buenos Aires como nunca antes había sucedido en la historia de los enfrentamientos (salvo un baile en Santiago en 2008, cuando Marcelo Bielsa dirigía a los trasandinos) y en mucho tiene que ver la actitud de los de Bauza y la falta de ideas para buscar algo distinto.

Esa decir que a la selección argentina le basta con enfrentar a un equipo ya trabajado, estructurado, como para no poder molestarlo demasiado y acabar ganando con un penal que no fue, y gracias a un gol anulado al rival que sí había sido, a partir de un arbitraje localista, como esos que aparecen con frecuencia para los poderosos cuando hay en juego un pasaje a un Mundial.

De todos modos, Bauza no es el principal responsable sino sólo quien pone la cara y se sienta en el banquillo. Porque sus declaraciones posteriores al partido ante Chile, aquella burla de decir que sus jugadores tuvieron un brillante cotejo, y que lo hicieron para 10 puntos, no podrían hacerse en un contexto alemán, holandés, o danés, y hay que recordar que tampoco, hasta hoy, la Comisión Normacrizadora aclaró nunca el por qué de su designación sobre otros entrenadores de prestigio como Carlos Bianchi o Ramón Díaz.

Porque no es que Bauza llega de casualidad al máximo cargo para un entrenador argentino, sino que lo hizo luego de una selección tan espuria como apresurada por el reloj, y luego de intentar por todos modos fichar a Jorge Sampaoli y no fue posible por razones económicas y contractuales que, además, podrían ser más accesibles desde julio y con una nueva conducción en la AFA.

Ni tampoco es casualidad que esta misma dirigencia futbolera, provisoria y con mucha cercanía a la Casa Rosada, haya optado por designar a Claudio Ubeda en los juveniles del sub-20 cuando ni siquiera había presentado carpetas para el concurso de antecedentes cuando otros cuarenta y cuatro sí lo habían hecho.

Tampoco lo es que en la pasada Copa América Extra, el plantel haya tenido que entrenarse con unas chicas del soccer, o que estuvo muy cerca de no disputar la final porque en Buenos Aires se había desafiado a la FIFA colocando a un dirigente del Ascenso en forma provisoria  y no se sabía a ciencia cierta quién era el presidente de la AFA.

O tampoco que un club como la Juventus pueda seguir presionando para que una estrella emergente como Paulo Dybala siga sin ponerse la celeste y blanca con extraños partes médicos y exigencias desmedidas que una federación como la argentina no tiene por qué contemplar en situaciones normales.

Nada, entonces, es casual, y hoy, esta selección sin rumbo en lo táctico, sin una concepción filosófica de juego, sin un método concreto, sin psicólogos que trabajen con las frustraciones del plantel (porque además, el entrenador no cree en ellos), con un equipo que dejó Buenos Aires para jugar en el interior por falta de aliento, y que luego dejó el interior para regresar por la misma causa, busca afanosamente llegar al Mundial de Rusia. ¿Para qué?


Acaso, sea una buena pregunta que podría ayudar al equipo a bucear para encontrar una respuesta que le dé sentido a su calvario. ¿Para qué se pretende ir al Mundial así? ¿Qué sentido tiene jugar tan mal, sufrir cuando hay otras opciones? Acaso sea bueno ir al fondo del pozo porque como dice aquel refrán del optimista, después de aquello solo queda volver a subir.

Messi y Neymar viven momentos distintos en sus selecciones (Yahoo)



Lionel Messi y Neymar son dos grandes cracks que cada domingo ofrecen, en sus posiciones, un gran espectáculo para la afición del Barcelona y también para todos los amantes del fútbol en el mundo.

Sin embargo, cada vez que regresa una fecha FIFA y la posibilidad de regresar a sus selecciones nacionales, desde hace un largo tiempo que no regresan con el mismo estado anímico: Neymar ha logrado encumbrarse a la cima de sus rendimientos con Brasil, mientras que Messi arrastra el calvario de tener que sacar adelante una selección muy problemática como la argentina.

Si Neymar tiene prácticamente asegurada su participación en el Mundial de Rusia, tras aquella lesión ante Colombia en los cuartos de final que no le permitió disputar los dos partidos decisivos como local en 2014 y muchos consideran que de esta forma se debilitó la selección brasileña de Luiz Felipe Scolari, Messi aún tendrá que luchar mucho con Argentina para poder acceder al máximo torneo de selecciones en 2018 aunque en este momento lo esté consiguiendo.

Neymar también tuvo momentos de complicaciones con la selección brasileña y hasta hace no mucho tiempo. De hecho, su equipo fue vapuleado por la prensa y los hinchas tras la durísima derrota 1-7 ante Alemania en el Mundial 2014, la peor de su historia, incluso más que aquél 1-2 ante Uruguay en el otro Mundial como local, en 1950, cuando con apenas un empate en el Maracaná, le daba la chance de ganar su primer título mundial.

La salida de Scolari tampoco generó muchas satisfacciones, y la llegada de Dunga permitió continuar con un estilo tacticista muy lejos del gusto de los aficionados brasileños y así fue como el inicio del grupo clasificatorio sudamericano fue complicado para Brasil, hasta que fue reemplazado por el experimentado Tité, quien consiguió ser campeón de la Copa Libertadores y del Mundial de Clubes en 2012 con el Corinthians.

Tité cambió radicalmente el juego de Brasil. Terminó con algunas censuras en las convocatorias, como la de Thiago Silva, hizo retornar al equipo a un viejo conocido de su Corinthians como Paulinho, o hizo imprescindible a Renato Augusto, dos jugadores del torneo chino, pero especialmente se dio cuenta que había que darle más espacio a los jóvenes, como Philippe Coutinho, Firmino o Gabriel Jesús.

El resultado no sólo fue magnífico, encadenando todas victorias hasta liderar el grupo y quedar muy cerca del Mundial, sino en juego, porque el equipo tomó una confianza inusitada, que fue generando cada vez mejor juego, y en ese contexto, quien más se destacó fue Neymar, al que además ahora se suma la cinta de capitán que le otorga una enorme seguridad en su andar.

Sin embargo, hay un hecho fundamental que se suma a todo lo citado anteriormente y es que en 2016, la selección brasileña conquistó, en Río de Janeiro, su primera medalla dorada olímpica en fútbol tras años de luchar para conseguirlo, y Neymar no sólo fue la figura sino que fue el autor del penal que determinó el éxito final.

Todo esto fue moldeando el presente de Neymar, deslumbrante en la selección hasta hacerlo imparable, como le ocurrió en un dificilísimo estadio como el Centenario de Montevideo ante la selección uruguaya, a la que Brasil vapuleó 1-4 y en un partido en el que el crack de Barcelona no pudo ser frenado más que con faltas.

La situación de Messi es bastante distinta a la de su compañero de Tridente en el Barcelona, porque si bien ha podido superar una etapa de mucha discusión sobre su aporte a la selección argentina, la afición y la prensa de su país entienden que se encuentra demasiado solo, sin un sistema táctico que lo respalde, y con planteos muy conservadores que no lo ayudan para asociarse a otros compañeros.

La pésima actuación de la selección argentina del pasado jueves ante Chile, que pese a todo la colocó en la tercera posición en el grupo sudamericano por haber ganado 1-0 (con un penal de Messi, aunque no había sido falta) y de esta manera, por ahora dentro de los cuatro clasificados al Mundial, deja muchísimas dudas hacia el futuro para los cinco partidos que quedan hasta el final.

Lo extraño es que Messi juega junto con atacantes de la talla de Sergio Agüero, Gonzalo Higuaín, Angel Di María, Lucas Biglia o Javier Mascherano, pero esas estrellas en sus equipos no consiguen despertar entusiasmo en su público porque por lo general (tal vez con la excepción de los anteriores tiempos de Gerardo Martino como entrenador) han encontrado planteos muy conservadores, como ocurre ahora con Edgardo Bauza.

Ante Chile, y como local en Buenos Aires, la selección argentina fue dominada territorialmente como pocas veces se recuerda en la historia, y sorprendió cuando al finalizar, Bauza sostuvo que el equipo jugó “un gran partido” y lo calificó con “diez puntos”, porque todos saben que eso estuvo lejos de la verdad.

De hecho, la selección argentina saldrá a jugar ante la prácticamente eliminada selección boliviana con un planteo ultra defensivo justificándolo en los 3650 metros de altura de la ciudad de La Paz, pese a que allí, en este grupo sudamericano, el equipo local sólo ha podido ganar dos partidos y ante los rivales más débiles.

Se suele decir que a la selección argentina le suele costar más la clasificación que el Mundial porque la responsabilidad de tener que llegar hace que se juegue con mucha presión, pero pocas veces se recuerda un planteo tan defensivo, y se ha visto a Messi pelear  tanto por un balón y discutir tan airadamente con los jueces, y tan solo para crear juego.

Por eso, aunque juntos se divierten y construyen tanto en el Barcelona, cuando se suman a sus selecciones nacionales, Messi y Neymar viven situaciones muy diferentes.


miércoles, 22 de marzo de 2017

Chile es apenas el frente externo de la selección argentina



Pocos se preguntan, más allá de que la tradición no indica que haya que tener temores, qué ocurriría si la selección argentina llega a caer derrotada ante Chile y se complica seriamente su clasificación para el Mundial. Y no sólo desde el punto de vista futbolístico.

El partido adquiere una importancia casi de final si se tiene en cuenta que Chile, que le ganó las dos últimas Copas América a este equipo argentino, aunque ambas por penales, es el rival que se encuentra justamente en la posición anterior en la tabla clasificatoria sudamericana, cuando tras este enfrentamiento quedarán tan sólo cinco partidos y tres de ellos serán como visitantes, en la altura de La Paz (acaso el más accesible), en Montevideo y en Quito.

Desde el punto de vista futbolístico, la selección argentina no sólo tiene con qué vencer a “La Roja” sino que en verdad, nunca fue derrotada en estos años durante los noventa minutos, con los distintos entrenadores de cada lado del banco, pero el temor reside en que esta generación albiceleste, en vez de dar un plus en los partidos decisivos, siempre ha quedado en deuda en estos casos.

El entrenador Edgardo Bauza, viejo conocido de su rival, Juan Pizzi (fueron compañeros en Rosario Central entre 1988 y 1989 y luego lo dirigió entre 1999 y 2001),  sigue apostando al 4-2-3-1, con lo cual sigue con esta última moda de dejar a dos volantes para la marca (Javier Mascherano, que hace mucho que no juega en esa posición en el Barcelona) y Lucas Biglia, lo cual no sólo nos parece excesivamente conservador sino desequilibrante para el lado defensivo.

Pero hay un factor extra que es el psicológico y en este punto, hay varios jugadores en deuda con el público, como Sergio Agüero, que tendrá su enésima chance de reivindicación por una nueva e inoportuna lesión de Paulo Dybala y la sospechosa mano de su club, la Juventus, para que no ingrese de movida (el propio cuerpo médico argentino mira de reojo a los turineses desde hace tiempo).

Otro es Angel Di María, y habrá que ver cómo maneja Gonzalo Higuaín cierta resistencia de buena parte de la gente por sus fallos en las finales, aunque se trate de un formidable goleador, y quedan muchas dudas en el costado izquierdo de la defensa, con un Marcos Rojo que no termina de asentarse como central en el Manchester United, y Emmanuel Mas, que ya ha sufrido ante Ecuador.

A Sergio Romero ya nos hemos referido en el pasado y creemos que un arquero que no sólo no es tenido en cuenta para la Premier League en el Manchester United, sino tampoco para la Europa League y hasta para la FA Cup hasta que llegó el pedido directo de Bauza al entrenador del equipo inglés, José Mourinho, no da motivos para tener seguridad, máxime cuando hay otros jugadores en su posición que vienen pidiendo pista.

Como se sabe. El fútbol es impredecible (“Dinámica de lo impensado”) y con los antecedentes de las dos Copas Américas perdidas y aún con un rival debilitado por las ausencias de Arturo Vidal y Marcelo Díaz, y otros que físicamente no están en su plenitud como Gary Medel o Alexis Sánchez, todo puede ocurrir y la gran pregunta es cómo reaccionaría la selección argentina ante un gol en contra, o si los minutos pasan y el gol no llega, con la creciente impaciencia de la gente.

Pero como dice el título que hemos puesto, Chile es apenas el frente externo porque esta selección argentina llega con demasiados otros problemas internos. Un equipo que no habla con la prensa desde la pasada victoria ante Colombia por el affaire con Ezequiel Lavezzi (en nuestro caso, ni falta que hace que los jugadores tengan que decir nada), que cambia permanentemente de idea en cuanto a huir al interior cuando los rumores en River aparecieron tras la dura derrota inicial ante Ecuador, y repentinamente decidir el regreso a Buenos Aires tras cierto “maltrato” en algunas provincias.

Lo hemos escrito con reiteración: un equipo que no se asoma ni siquiera a las ventanas de los hoteles como local, porque no siente el contacto con el público, no parece de lo más representativo en cuanto a los sentimientos que transmite, y por parte de mayoría de jugadores que participan en sus clubes muy lejanos de la realidad nacional y que acumulan decenas de millones de euros en sus cuentas.

Esto debería llevar a un esfuerzo por acercarse a la gente, pero no parece que haya un solo dirigente que comprenda esta realidad y no sólo eso: esta Comisión Normacrizadora jugó por momentos la baza de oficiar de local en la Bombonera, y hasta Bauza lo atribuyó al cambiante carácter de los jugadores, aunque finalmente (y como siempre) primó lo económico y lo organizativo, y se terminó jugando en River por una cuestión de publicidades y de recaudación.

Se trata de una selección con enorme cantidad de contradicciones: si una de ellas fue el devenir de la localía (del interior a River, de River al interior, del interior a la Bombonera para morir en River),  y otra fue el haber responsabilizado a toda la prensa por lo publicado por un medio determinado y claramente reconocible, una más pasa por la decisión de que Marcelo Tinelli se hiciera cargo del departamento correspondiente.

De hecho, y también lo hemos reiterado en esta columna, Tinelli llega a la conducción de este departamento como parte de un pacto de poder con el moyanismo y con el comisario político del fútbol argentino, Daniel Angelici, por el que tuvo que aceptar quedarse sin la AFA y con la promesa de una Superliga que todavía no se implementó y acaso por eso prefirió “pájaron en mano” con la selección nacional aunque a su estilo: sin esperar un segundo al conocer la firma (a regañadientes) del aval de dos de los cuatro integrantes de la Comisión Normacrizadora, el número 2, Javier Medín, y el 4, Pablo Toviggino.


La negativa del presidente de la Comisión, Armando Pérez, a suscribir una designación de un dirigente que no integra (ni integrará) el Comité Ejecutivo de la AFA, como indica el reglamento que tiene que suceder, y que entonces necesita que se le entregue formalmente el cargo a Nicolás Russo de Lanús (alguien que quiso ser presidente de la AFA pero fue bajado por el Gobierno por simpatizar con Sergio Massa), agregan un importantísimo foco de resistencia a su llegada y ni qué hablar de Juan Verón, el presidente/jugador de Estudiantes, a quien le acaba de renunciar su manager Norberto Alayes, y quien estaría a cargo de los juveniles.

Tinelli tampoco parece estar demasiado respaldado desde Zurich por el propio Presidente de la FIFA, Gianni Infantino, a quien mucho no le gustó la idea, pero lo importante, volviendo al affaire Lavezzi, es quién sostiene al vicepresidente de San Lorenzo tan cerca de la selección argentina, y son nada menos que los jugadores de mayor peso específico: Lionel Messi y Javier Mascherano.

Llama la atención, por ejemplo, que la prensa argentina en su mayor parte de por sentado que Carlos Tévez se retiró del equipo nacional por haberse ido a jugar a China, y sin embargo Lavezzi sigue formando parte de un equipo de esa liga en el que no participa desde hace rato por lesión, y sin embargo sigue siendo convocado.

También resulta llamativo que en cada foto de Tinelli con Messi, en el contexto de un entrenamiento de la selección nacional, aparezca Pepe Costa, íntimo amigo de los jugadores argentinos del Barcelona, club en el que trabaja como representando a los jugadores ante la entidad. ¿Puras casualidades o poderes que se van concentrando desde el inicio?

Una selección muda, contradictoria y misteriosa como ésta, cuya única voz parece ser la del entrenador, que suelto de cuerpo advierte que no sabe qué hará luego de consagrarse campeón del mundo en Rusia 2018, deberá, por fin, hablar en el verde césped, que como decía el fallecido Angel Labruna, es donde aparecen las verdades y donde se acaban las dudas.


Y este equipo argentino tiene mucho que explicar, y varios frentes que atender, antes que pensar en un título del mundo. Rusia, aún, está demasiado lejos.