Páginas vistas en total

Google+ Followers

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Más equipo que jugadores, la clave del título




Se ha repetido en estos días que la primera Copa Davis que la Argentina gana en su historia cumplió además con el récord de haber sido con el equipo con jugadores peor ubicados en el ranking individual. Esto es así pero oculta una realidad incontrastable: apenas lo es porque Juan Martín Del Potro estuvo un largo tiempo sin jugar y entonces va ascendiendo en el escalafón y aún no llegó a meterse entre los mejores. Nada más que por eso.

El éxito, en todo caso, llegó como antes había ocurrido en otros deportes a partir de un hecho trascendente: el buen clima que se generó en el grupo que participó en la Copa Davis durante todo el año determinó que hubiese un tema menos para preocuparse y que no es menor: el de la eterna grieta que separa a los argentinos en cada una de las disciplinas, en cada uno de los temas, en cada una de las organizaciones.

Siempre le impresionó a este cronista que en cualquier lugar del mundo, y en casi todo tipo de organización en la que presiden argentinos, hay grietas, peleas, discusiones, enfrentamientos, divisiones. Y en el deporte, en muchísimas oportunidades (como se cuenta por ejemplo en mi libro “AFA, el fútbol pasa, los negocios quedan”, aparecido hace tres meses), se han perdido títulos y posibilidades mucho más por estas cuestiones que por razones técnicas.

No sólo se han perdido oportunidades de ganar sino que se han diluido chances de organizar torneos importantes o con la posibilidad de ser anfitrión, los debates interminables han minado las posibilidades deportivas (como en aquella increíble final de la Copa Davis en Mar del Plata 2008 ante España, o la eliminación en fútbol para el Mundial de México 1970, o algunos fracasos mundialistas con excelentes equipos).

No es la primera vez que un equipo argentino se consagra a partir de una gran figura (en este caso, Juan Martín Del Potro, más allá del ranking mentiroso de su realidad), rodeada de compañeros que comprenden qué lugar debe ocupar cada uno. Sucedió también en México 1986, cuando Diego Maradona era la gran figura, y el resto de los jugadores, muchos con un gran caudal técnico, supieron entender que tenían que acompañarlo, incluso tras largas y durísimas reuniones aclaratorias y sin siquiera el propio director técnico, Carlos Bilardo.

Esta Copa Davis ganada por Argentina se suma a otros títulos conseguidos por distintos equipos, como los de la Generación Dorada del basquetbol, Los Leones del hockey sobre césped, Las Leonas hasta hace poco tiempo, el tercer puesto de Los Pumas y también el ascenso del voleibol, por citar algunos ejemplos.

Es una buena noticia en cuanto a lo colectivo, factor que siempre fue problemático en un país destacado por sus grandes talentos individuales pero que les cuesta encajar en lo general, en lo grupal, a veces también con enormes altibajos en lo motivacional, un tópico no tan estudiado en el contexto de la alta competencia en un Estado que siempre utilizó al deporte para sacar réditos electoralistas desde sus gobiernos pero que sigue sin fijar una política a largo plazo, porque los largos plazos no conviven demasiado bien con el país y sus urgencias y sus cambios de timón permanentes y en todos los ámbitos.

Entonces el rol de Daniel Orsanic y su equipo ha sido fundamental para amalgamar un equipo de un deporte que históricamente arrastraba una frustración de no poder ganar la Copa Davis aún con jugadores mejor rankeados en el promedio, pero que juntos no supieron convivir y en cada generación fueron generando grietas con su propia interna.

La cuestión no pasa por imponer condiciones desde el estrellato, sino aceptar que lo colectivo está por encima de lo individual, y que el contacto con la gente (los cuatro mil ruidosos hinchas albicelestes que se acercaron a Zagreb) puede ser enriquecedora y no merecedora de un aislamiento con la excusa de la “alta competencia” y la concentración.

Esta Copa Davis alcanzada por primera vez por un equipo argentino puede llegar a servir como punto de partida para el trabajo de otros equipos de otras disciplinas y para darnos cuenta, una vez más, que si al talento individual  se lo puede utilizar para el bien superior de un equipo, puede resultar imparable.


De cualquier manera, el triunfo más importante no pasa por un resultado solamente, que hoy puede ser positivo y mañana, acaso, no lo sea, sino por la posibilidad de que a partir del éxito en esta Copa Davis, y como ocurriera cuando Guillermo Vilas generara una revolución en el tenis a mediados de los años setenta, miles de chicos se vuelquen a una raqueta y a las distintas canchas y frontones.

domingo, 27 de noviembre de 2016

La tabla refleja la distancia entre el Madrid y el Barça (Yahoo)




El Barcelona tendrá el próximo sábado acaso la mejor oportunidad no sólo de acercarse en la tabla al cada vez más líder Real Madrid, en el Clásico tan esperado por el mundo del fútbol, sino de reencontrarse con su perdido fútbol si no quiere ir empezando a despedirse lentamente de la Liga y de cualquier expectativa para una temporada que llega a su primera mitad.

Jugando como en Anoeta ante la Real Sociedad, las posibilidades del Barcelona de vencer al Real Madrid son realmente mínimas. Y no se trata sólo de un estadio que trae malos efluvios por el hecho de que lleva tantos años sin vencer allí. Es mucho más que eso: este equipo azulgrana depende pura y exclusivamente de lo que haga el genio de Lionel Messi, o que Luis Suárez aproveche su enorme efectividad para que ante cualquier error del rival (mucho más “no forzado” que por presión propia), pueda convertir.

Tras haber visto una vez más la performance del Barcelona ante la Real Sociedad el pasado domingo, se pueden ir sacando al menos tres conclusiones esenciales: 1) que la ausencia por lesión de Andrés Iniesta resulta fundamental en el andamiaje del juego, 2) Que su entrenador, Luis Enrique Martínez, no encuentra nunca un sistema que respalde a sus jugadores cuando las cosas parecen no funcionar en un partido, 3) Que este equipo se encuentra muy lejos, a años luz de distancia, de aquellos que nos entregaban un enorme placer a la hora de sentarnos a verlos.

Uno de los grandes acertijos justamente para este sábado, pasan por la improbable chance de que Iniesta vuelva a jugar tras una lesión que lo tuvo marginado cerca de un mes, y aún si lo hiciera, seguramente aparecerá falto de fútbol, y el crack de Albacete es demasiado importante porque si bien en este tiempo el eje pasa por el tridente sudamericano, que obligó a cambiar de filosofía para centrarse más en el ataque frontal, su falta hizo que Messi tuviera que bajar demasiados metros para poder abastecer a sus compañeros Neymar y Luis Suárez, perdiendo no sólo eficacia ofensiva sino conducción y elaboración, liberando al argentino para que se coloque mucho más cerca de la portería rival.

Ante la Real Sociedad volvió a comprobarse que no sólo Iniesta no tiene un reemplazante de su nivel, sino que no hay en la plantilla del Barcelona un jugador que pueda cumplir exactamente su función. Aún así, todo indica que ya sea Arda Turán o Rafinha parecen ser mucha más opción de reemplazo que quien finalmente jugó en esa posición, André Gomes, quien puede jugar unos metros más adelante, como nueve retrasado, y que hasta lo ha hecho de mediocentro en esta temporada, en lugar de Sergio Busquets.

Pero el problema no es sólo en la elaboración y la defensa tampoco parece nada sólida en comparación a otros tiempos no tan lejanos. Javier Mascherano no está en su mejor momento, y tal vez comience a pasarle factura el hecho de los sucesivos cambios posicionales entre su equipo, donde forma parte de la dupla central, y la selección argentina, donde juega de mediocentro.

Los exasperantes pases continuos hacia atrás al portero Ter Steggen sumados a ciertos desentendimientos con su compañero Gerard Piqué, y que en estos días ni Sergi Roberto ni Jordi Alba suman demasiado al proyectarse al ataque, dejan al equipo con muchísimas menos variantes y con preocupantes rendimientos individuales.

No es casual que al término del partido, un sincero Piqué manifestara que jugando de este modo “será muy difícil ganar la Liga”. Tiene mucha razón, porque el Barcelona que pasó el domingo por Anoeta está muy lejos del nivel pretendido y es más: como ha sucedido en las últimas temporadas, estuvo muy cerca de volver a perder (hubo un gol mal anulado y los locales desperdiciaron varias ocasiones claras) y no tuvo respuestas en casi ningún momento.

Tampoco es que el Real Madrid esté jugando tanto mejor, y ha tenido que sufrir para vencer en el Santiago Bernabeu al Sporting Gijón, que además perdió un penalti que lo pudo llevar al empate, pero lo que no puede decirse es que el Real Madrid haya tenido en estos años un patrón claro de juego, una filosofía, un ecosistema como el del Barcelona.

En todo caso, el Real Madrid, en estos últimos años, fue siempre mucho más el producto de lo que hicieran sus jugadores en el campo y del manejo de éstos con más o menos mano izquierda en el vestuario, para que la cosa funcionara mejor.

La falta de un lesionado Gareth Bale puede influir, aunque pese a haber sido sin duda uno de los delanteros más decisivos de la temporada en el mundo (con su equipo y con la selección galesa), en una plantilla tan rica tiene reemplazo.

Esta es, en todo caso, una diferencia muy importante en esta temporada que ya casi promedia: el Real Madrid parece mucho más balanceado en su plantilla que un Barcelona que ha fichado mucho, pero no significa que lo haya hecho bien, como para que todos los puestos tengan cobertura suficiente.

Al contrario, la falta de algunos cracks no encuentra sustituto, y entre los blancos sucede lo opuesto.

Pocas veces como en esta ocasión, el Real Madrid tiene la posibilidad, en el caso de salir indemne del Camp Nou, de comenzar a pensar en que la Liga es posible aunque quede mucho por jugarse. Pero deberá pasar esta prueba fundamental para su futuro.

Para el Barcelona, los tres puntos en juego son de oro: no sólo por tratar de acercarse al líder y descontar los seis puntos de distancia, sino para probarse a sí mismo que aún puede dar pelea, aunque las dudas se ciernen con más fuerza a su alrededor.


domingo, 20 de noviembre de 2016

Real Madrid parece llegar mejor al Clásico (Yahoo)



Dependiendo de lo que ocurra en la próxima jornada de la Liga Española, en la que el Real Madrid tiene un compromiso mucho más cómodo que el Barcelona –aunque el Villarreal y el Valencia también tienen factible ganar sus partidos en casa-, los azulgranas probablemente se juegan una buena oportunidad para tratar de dar alcance a los blancos cuando los reciban en apenas unos pocos días, el 3 de diciembre en el Camp Nou en uno de los partidos del año en el fútbol mundial.

Pero, ¿cómo llegan ambos a este Clásico que hoy por hoy, es considerado el partido más importante del mundo? De momento, si bien se trata siempre de un enfrentamiento con notable paridad (hasta la diferencia de goles de ambos se parece casi milagrosamente), hay una muy buena diferencia para los blancos en lo que se refiere al trayecto.

Real Madrid acaba de ganar con amplitud el derbi del Vicente Calderón (el último que se ha jugado en este estadio porque el Atlético pasará a ser local en La Peineta desde la temporada siguiente), no sólo por el 0-3, que comenzó con un libre directo de Cristiano Ronaldo que se desvió y que modificó la trayectoria del balón, sino por el juego mismo, por el dominio que los blancos ejercieron desde entonces durante casi todos los noventa minutos, con una facilidad asombrosa, reconocido esto por el entrenador de los derrotados, Diego Simeone.

Este Real Madrid de Zinedine Zidane, como ya hemos abundado en otras columnas anteriores, se basa mucho más en la simplicidad de conceptos, el manejo del vestuario con mano izquierda y la tranquilidad en la convivencia, que en sistemas tácticos sofisticados o revoluciones de pizarra, pero aún así, ha logrado transmitir mucha confianza en sus jugadores y por ejemplo el pasado sábado, si bien el equipo no contó con habituales titulares como Sergio Ramos, Toni Kroos o Karim Benzema (ingresado ya en la segunda parte), no parece haber sentido en lo más mínimo sus ausencias y fueron bien reemplazados por otras figuras.

La sensación que transmite el Real Madrid es que cuenta con una amplia plantilla de figuras y que ingrese quien ingrese, todas ellas cumplen con el cometido y solucionan problemas.

Además de eso, de a poco van regresando los titulares aún cuando a los blancos les resta jugar por la Champions League ante el Sporting de Lisboa en Portugal y aunque acaso les cueste llegar esta vez a la primera posición en su grupo (hoy están por debajo del Borussia Dortmund), tal vez en este caso pueda serles útil para evitar a los rivales más poderosos, dependiendo de cómo queden confeccionados los líderes en cada caso.

Al Real Madrid le queda jugar ante el Sporting de Gijón como local en el Santiago Bernabeu por la Liga antes de visitar el Camp Nou y con obtener lo que parece un lógico buen resultado en casa, si al Barcelona le cuesta dejar algún punto en Anoeta ante la Real Sociedad, la distancia que hoy es de cuatro puntos entre los dos, podría ampliarse aún más, lo que les permitiría a los blancos llegar más cómodos al compromiso.

El Barcelona es muy variable por este tiempo porque depende demasiado de su ataque y de quiénes jueguen. Ya venía ocurriendo que Andrés Iniesta estaba ausente por una nueva e inoportuna lesión, y eso le estaba costando en el andamiaje del equipo, aunque el tridente sudamericano le iba ayudando a solucionar el problema.

Bastó sin embargo que ante el Málaga, en casa, no jugara Luis Suárez y se indispusiera Lionel Messi a último momento, para sentirlo en el juego y ya no poder vulnerar, con varios suplentes, la madeja defensiva que generó el conjunto andaluz para poder soportar los embates del equipo de Luis Enrique, sin ideas ni mecanismos para superar situaciones como éstas.

Desde hace tiempo que el Barcelona depende demasiado de sus estrellas y cuando algunas o varias de ellas no están, el equipo no encuentra el rumbo, aunque mantiene un estilo desde hace años, claro que cada vez más desdibujado.

Este Barcelona que marcha a cuatro puntos del Real Madrid, debe viajar a uno de los terrenos que más le cuesta y en el que viene tropezando año a año, y esta vez, ante una Real Sociedad que de vencer, quedará a un solo punto de los catalanes, algo impensado para esta altura del torneo al inicio de la Liga.

El Barcelona tampoco tiene un compromiso fácil por Champions entresemana, porque debe viajar a Glasgow a jugar ante otro rival que lo suele complicar, el Celtic, aunque se encuentra bien ubicado en el grupo. De todos modos, un mal resultado podría complicarlo y dejar abierta la clasificación a la última jornada.

El tercero de la Liga es el Sevilla, que ya parece que como en temporadas anteriores el Atlético Madrid, se ha entrometido en la lucha por el título, lo que agrega emoción a un torneo demasiado acostumbrado a que todo fuera de a dos, o en los últimos años, de a tres.

No sólo venció en el final 2-3 al Deportivo La Coruña con gol del argentino Gabriel Mercado, para quedar a seis puntos del Real Madrid, sino que en la próxima jornada recibirá a un flojo Valencia, aunque en la semana se jugará el primer lugar de su grupo de Champions ante la poderosa Juventus en el Sánchez Pizjuán.

El Villarreal también tiene en la próxima jornada un compromiso accesible en El Madrigal ante el Alavés pero en la Europa League, antes, se juega buena parte de su clasificación como visitante ante el Zurich.

Uno de los grandes desafíos es para el Atlético, que deberá mentalizarse para no quedar muy rezagado en Liga (se encuentra a nueve puntos del Real Madrid, en el sexto lugar), y no parece fácil tampoco el próximo partido ante el Osasuna como visitante, y en este caso el partido en casa ante el Rostov por la Champions es un poco más cómodo porque ya se ha clasificado a octavos de final.


Y ya en el séptimo puesto, el Athletic de Bilbao, que ha conseguido un buen triunfo en San Mamés ante el Villarreal, tiene otro partido en casa ante el Sassuolo por la Europa League antes de visitar al Las Palmas, para seguir muy de cerca a los equipos de posiciones superiores en la Liga.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Messi pone algo de calma en un clima tenso




En uno de los peores momentos de la selección argentina en mucho tiempo, desde lo futbolístico y desde lo anímico a partir de su relación con la sociedad por un abismo creado desde la frustración, apareció el súper crack, capitán y gran figura, Lionel Messi, el mejor jugador del mundo, para poner un poco de calma y dejar al equipo, al menos, en opuestos de repechaje mundialista.

Messi no sólo marcó un espectacular gol de tiro libre (una de sus especialidades al punto de que José Pekerman, director técnico de Colombia, llegó a manifestar después que para el jugador del Barcelona “es como si fuera un penal”), sino que asistió de manera perfecta, con un centro exacto, para que Lucas Pratto aumentara con un certero y bien dirigido cabezazo, y posteriormente, ya en el segundo tiempo, y tras un taco glorioso, arremetió por la punta derecha para robar la pelota, dirigirse hasta el fondo y centrar hacia atrás (como indica el manual) para que Angel Di María selle el tercer y definitivo gol del partido.

Es decir que la incidencia de Messi, en términos incluso productivos, fue absoluta, aunque no nos podemos quedar allí, porque pudieron ser más los goles si varios de estos jugadores estuvieran a su ritmo, o si, mucho mejor que aquello, al menos el director técnico Edgardo Bauza tuviese un poco más de grandeza en los planteos y no se escondiera detrás del extraño “equilibrio” que propone en el discurso mediático, y que para él equivale a ocho jugadores detrás de la pelota y sólo tres (cuanto más, a veces hasta dos) para atacar.

Si anoche en San Juan el equipo argentino salió con un planteo mucho menos cauteloso que en el desastre del pasado jueves en el Mineirao fue sólo por necesidad e imposición. Es decir, por un lado, los hechos de la tabla de posiciones cantaban y había que buscar el triunfo a toda costa porque eso significaba ir al receso en posición de clasificación o no, lo que implicaba en caso contrario cuatro meses de crisis y que hasta le podían costar el puesto. Por el otro, varios jugadores estaban cansados de las tácticas con tantas precauciones pero mirando al arco de enfrente con catalejos.

Lo cierto es que por una cosa, por la otra o por ambas, la selección argentina salió, por fin, con dos volantes de marca (Javier Mascherano y Lucas Biglia), pero abandonó la segunda línea de cuatro para que Ever Banega se transformase en un conductor al estilo de los pasados tiempos de Gerardo Martino en la Copa América Extra de los Estados Unidos, y Di María pasase a ser más extremo que volante.

Eso a su vez derivó en un Messi más volcado a la derecha como en el Barcelona, de afuera hacia adentro, acompañado como centrodelantero por Pratto, más capaz de pivotear y de moverse fuera del área que Gonzalo Higuaín, y además, demostrando otra vez su enorme capacidad goleadora.

Claro que Argentina se encontró con un aliado no del todo esperado, aunque los antecedentes daban para cierta confianza: un rival desteñido, insípido y con muchísimo temor, esta Colombia de un Pekerman irreconocible, que renunció a un ataque sostenido con un triple cinco (Wilmar Barrios, Diego Torres y Carlos Sánchez), y apenas por delante, la habilidad de Juan Cuadrado y la pegada de James Rodríguez, con la soledad de un Radamel Falcao que recién en estas semanas parece comenzar a tomar forma pero que sigue lejos de aquél que fue previo a su grave lesión.

Esta Colombia con problemas defensivos porque dos de sus titulares no estuvieron, y que seguramente llevó a Pekerman a pensar que con el triple cinco protegería esta posición, se encontró pronto 2-0 abajo y ya no le servía para nada este esquema, aunque el entrenador argentino fue demasiado lento para cambiarlo. Perdió por lo menos medio tiempo hasta que reaccionó para el segundo.

Así fue quitando uno a uno los “cincos”, para dejar uno solo, aunque somos de la idea de que tal vez con Sebastián Pérez y Sánchez, no habría necesitado el esquema inicial. Queda, de todos modos, como hipótesis incomprobable.

La cuestión es que Pekerman quiso impulsar a su equipo con la entrada de Jonathan Copete y de Mcnelly Torres y no sólo consiguió la pelota en el segundo tiempo, sino que allí ocurrió lo de casi siempre con Argentina: a Bauza ya le bastó la diferencia de dos goles del primer tiempo y decidió volver al “esquema Mineirao”: se retrasó Di María, Enzo Pérez ingresó por Banega, mandó a Higuaín al sacrificio al lado de Messi para aquel 4-4-2 inservible salvo para defender, y el partido comenzó a cambiar aunque siempre sin observarse que el resultado final pudiera variar.

Ya con el tercer gol, desde la genialidad de Messi hasta la definición de Di María, todo fue nada más que testimonial, con la anécdota final del precioso tiro libre de James que terminó con la pelota en el poste derecho de Sergio Romero.

Ganó bien Argentina, mucho por el enorme talento del mejor jugador del mundo, Lionel Messi (que llega así a su gol 943 entre oficiales y no oficiales), pero no se puede engañar.

Hay demasiado que corregir, desde el esquema primero, porque con la tradición y los jugadores que hay, no es aceptable que haya tanto miedo a perder (al punto de que Bauza destacó en la conferencia de prensa posterior, que lo mejor era que no le habían convertido goles por primera vez en los seis partidos que lleva) y tan poca ambición ofensiva.

Y luego, ahora que llega un receso de cuatro meses y que bajará la presión sobre la selección argentina, también es hora de revisar algunas convocatorias, aunque sea de jugadores de enorme jerarquía y de gran pasado, pero que van comenzando a declinar, sea por el desgaste físico, sea por edad.

No se entiende que una vez más, no se aprovechen jugadores que pasan por momentos brillantes como Fernando Belluschi, u otros en posiciones que no abundan, como Giovanni Lo Celso, y tal vez sea, por fin, la oportunidad para que se dejen de lado los complejos y se convoque a Mauro Icardi (si bien Pratto parece consolidarse y salió ovacionado), y se tenga en cuenta al chico Santiago Ascacíbar como volante.

Sumados al regreso de Paulo Dybala y a que probablemente Javier Pinola ya esté recuperado de su lesión, Bauza podría encontrarse con muchas más oportunidades y este receso de cuatro meses hasta marzo puede venir bien para que recapacite y entienda que si gusta hablar de “equilibrio” en el fútbol, en todo caso se trata de seis para defender y cinco para atacar.

Sería interesante que tanto Bauza como los jugadores aprovecharan algún ratito libre en estos cuatro meses para bucear en la historia de la selección argentina para que comprendan cuándo y por qué nació el respeto por la celeste y blanca. Cómo fue que llegó a ser admirada en el mundo, y en base a qué juego, si con ocho jugadores atrás de la pelota, o con jugadores dotados de una gran técnica, con ambición ofensiva, con el “tuya y mía”, con el “toco y me voy”, con el “desborde y centro atrás”, con la pared, con el juego al ras del piso.


Tal vez, buceando en la historia, Bauza encuentre una respuesta que le genere otros planteos, y que el equipo vaya recuperando parte de la relación perdida con los hinchas, que pretenden ver un poco más de juego.

martes, 15 de noviembre de 2016

La Selección está enojada… con la prensa (Jornada)




La selección está enojada. ¿Qué tendrá la Selección? Parece que está enojada con “la prensa”, aunque nadie lo manifiesta porque, justamente, ningún jugador habla con los periodistas, pero lo dice su entorno y hasta Jorge Miadosqui, dirigente sanjuanino, presidente de San Martín y responsable del departamento de Selecciones Nacionales, además de anfitrión futbolero del partido de esta noche ante Colombia.

Miadosqui dice que los jugadores dicen que están enojados porque cierta prensa (a la que no identifican) magnificó, exageró las críticas o bien “faltó el respeto” a alguno o varios jugadores del equipo del “Patón” Edgardo Bauza.

Lo cierto es que el domingo, cuando todo indicaba que dos jugadores hablarían en la típica conferencia de prensa previa a los partidos, no aparecieron y tras situaciones de tensión,  el técnico entendió que tenía que hacerse cargo de la situación y poner la cara por ellos, y volvió a usar su sonrisa y sus respuestas preelaboradas para explicar que todo está demasiado bien, y que si el equipo es el segundo menos goleador del grupo, aún con los máximos atacantes del fútbol europeo, lo que preocupa “son los goles en contra”.

No hay crisis, y por supuesto, no hay necesidad de psicólogo, aunque cada foto del entrenamiento denote rostros tensionados, compungidos o preocupados, miradas recelosas, ganas de escabullirse ante los preguntadores bajo cualquier excusa, y llegada en silencio y con miradas hacia adelante, o teléfono celular en mano, al llegar al hotel provenientes de Buenos Aires.

Es que la Selección está enojada con la prensa, pero pagan todos. Desde el primero hasta el último periodista, al no acceder a las declaraciones (desde las más sinceras hasta las últimas de casette), pero también el público esperanzado, que nunca ve a las estrellas, pero éstas tienen cerradas las cortinas de las ventanas en el bus, y nadie siquiera mueve un brazo hacia los gritos en la pasarela a la puerta del hotel. Apenas Gonzalo Higuaín agita un poco una mano a los que gritan su nombre desde los costados y Emmanuel Mas parece el más animado, aunque claro, ha jugado en San Martín de San Juan.

Sólo Lionel Messi, siempre Messi, se encarga siempre de diferenciarse un poco y mostrarse cerca de la gente, saliendo a caminar en una zona accesible o mostrándose abierto a alguna entrevista con algún colega (especialmente televisivo) que pase cerca.

Algunos pensaron que acaso Bauza, con mucha experiencia en sus espaldas, traería muchos otros jugadores que alteraran un poco el viejo orden, pero no. El técnico que esta noche cumplirá su sexto partido en el banco, también parece que acabó sometido a las reglas de este tiempo: aunque Sergio Romero no ataje en ninguna de las cuatro competencias anuales con el Manchester United, ataja Romero. Aunque lleva casi cuatro meses sin jugar en China, es convocado Ezequiel Lavezzi y va al banco. 

Aunque haya deslizado que tal vez necesitara aire por un tiempo y admite que está jugando mal, no sólo es convocado Angel Di María sino que juega como titular. Lo mismo para Pablo Zabaleta y no importa siquiera que Lucas Biglia haya dicho tras la paliza en el Mineirao que “tras el primer gol, nos caímos y ya no pudimos recuperarnos”. Todo está bien. Todo sigue bien.

Bauza se dio cuenta ya desde hace semanas que si quiere dirigir a este equipo, las cosas no pueden cambiar demasiado de cómo estaban. Recuerda a aquella frase de Alejandro Sabella cuando ante la pregunta sobre las chances de ser convocados algunos jugadores, respondía “los estoy siguiendo” pero consultado sobre Carlos Tévez, la contestación era que “el grupo está cerrado”.

Al fin y al cabo, Bauza fue descubriendo lo que muchos ya experimentamos, tras años de partidos amistosos por el mundo, Copas América y Mundiales: que cualquier excusa es válida para enojarse con la prensa.

Este cronista fue testigo repetido de paseos por los lobbies de los mejores hoteles del mundo esperando en vano por las estrellas, que no tienen ganas de hablar antes de los partidos, porque hay que prepararse, los días de partido, porque no hay tiempo, y los días posteriores a los partidos, porque ya hay que viajar de regreso.

Observó cómo algunos jugadores de segundo orden, de estos que eran citados hoy pero que no sabían si repetirían mañana, dejaban esperando por tres días a periodistas de los mejores diarios europeos bajo la promesa de una vana entrevista, y tras ser advertidos por un viejo jefe de Prensa, decirle, mientras seguían bromeando con el compañero de al lado, que “siga esperando” a las tres de la mañana, y no había mediado un insulto o ni siquiera un desliz.

Es que, como bien le señaló Carlos Bilardo a este cronista en una extensa e imperdible charla en otro de los lobbies, en Roma, hace dos años y medio, se trata de una generación de futbolistas con “demasiado dinero en los bancos” y “acostumbrados a hacer lo que quieren” a muy corta edad.

Se trata, también, de una generación cada vez más distante de la sociedad argentina, tanto en lo geográfico como en lo cultural, sin conocimiento de la historia pasada, con absoluto desinterés por lo cultural (salvo escasísimas excepciones) y sin inquietudes como para, por lo menos, establecer algún tipo de vínculo con la Argentina aunque más no fuere por curiosidad.

A esta generación de la tecnología, a lo sumo puede llegar a interesarle la TV porque es el medio que los legitima y los populariza ante los suyos, familiares, amigos, allegados, y los famosea, aunque probablemente las preguntas sean centros a la cabeza y en la previa, un franeleo conveniente.

Además, como los canales de TV tienen altos presupuestos, las entrevistas suelen ser menos perturbadoras porque se llevan a cabo en el mismo hotel en el que se alojan y basta con bajar un par de pisos y de manera interna, sin que los depredadores del lobby, sin el mismo montante y alojados en otros hoteles más mundanos,  puedan enterarse.

Es que los jugadores, preocupados por los suyos, su grupo de amigos, y su propia performance, ya no sienten que se deban a nadie: ni a la gente que, ñata contra el vidrio quiere aunque sea un saludo, una sonrisa, como premio que los libere aunque sea por minutos de una vida con tantas privaciones, ni a un periodismo visto como “el enemigo” (en términos passarellianos) y que de todos modos, no preguntará nada que los motive.

Al final de cuentas, entonces, estos jugadores operan con enojo contra casi todos escudándose en la crítica exagerada de algunos, como si hubiesen obrado distinto en otro contexto.

La diferencia, entre cuando pierden y cuando ganan, es ínfima. En todo caso, existe para aquellos que siguen desesperados por un corte de un minuto en el que la mayoría de estos muchachos que se plantan con la nariz para arriba, dirán lo que ya sabemos que van a decir, para que publiquemos lo que la gente intuye que dirán. O por un entrenamiento “a puertas abiertas” para que la AFA se conmisere y permita tomar diez minutos de la nada misma, porque jamás se le mostrará a la prensa lo que se prepara tácticamente como si fuera un secreto de estado que se desmorona a los tres minutos del primer tiempo.

Ellos se sienten en el derecho de estar enojados, pero pareciera que nosotros no pudiéramos tener ese mismo derecho, pero lo tenemos y lo ejercemos. Pero que no nos engañen.  No busquen el enojo como excusa para guarecerse. Este cuento ya lo conocemos, ganando, empatando o perdiendo.



domingo, 13 de noviembre de 2016

La psicología y la táctica, las debilidades de la selección argentina (Yahoo)




De a poco, la selección argentina comienza a complicarse en su camino hacia el Mundial de Rusia 2018, y no es que sus jugadores no tengan la calidad suficiente. Sin embargo, la enorme frustración por los tres títulos consecutivos perdidos en las tres finales desde Brasil 2014 y la toma de consciencia de esta generación liderada por Lionel Messi de que se está ante la última oportunidad, opera como una presión insostenible.

La selección argentina, de hecho, afronta diferentes problemas, aunque el principal, hoy, es sin dudas el psicológico. El entrenador Edgardo Bauza, que lleva apenas tres series de dos partidos en el cargo, desde que tras el receso veraniego reemplazara a Gerardo Martino (quien dirigió la otra mitad en el grupo sudamericano clasificatorio) sigue sosteniendo que no es necesario un profesional para que ayude a los jugadores a despejar su mente o sus pensamientos negativos, y en cambio, es de la idea de que todo se puede solucionar dialogando con ellos, y buscando que “larguen todo lo que les pasa” para lo cual hay que crear el clima de confianza.

Sin embargo, muchos jugadores que son grandes estrellas en el mundo del fútbol, y que son absolutamente indiscutidos en sus clubes (Sergio Agüero, Gonzalo Higuaín, Angel Di María, Pablo Zabaleta), no pueden soportar la presión por la necesidad de que la selección argentina deba obtener la clasificación para el Mundial porque nadie podría entender que cuando hay cinco plazas para Sudamérica en Rusia 2018 (cuatro directas y una quinta que sería una repesca ante la débil Nueva Zelanda) sobre diez posibles, y cuando Venezuela, Bolivia y Perú están muy cerca de ser eliminados, todo sea tan complicado para un equipo que fue finalista del Mundial de 2014 y de las Copas América de 2015 y 2016.

Basta con tomar declaraciones de varios de los jugadores de la selección argentina a poco de haber finalizado el clásico ante Brasil (con derrota 3-0 en el estadio Mineirao, el mismo del desastroso 1-7 de los locales ante Alemania en la semifinal del Mundial pasado) para entender de lo que estamos hablando.

Lucas Biglia recordaba que el partido “era parejo” (en verdad que lo era) hasta que a la media hora de la primera parte llegó el primer gol de Brasil. “Allí nos desmoronamos y ya no nos pudimos recuperar”. El propio Lionel Messi, quien participó muy poco, muy lejos de los cuatro volantes, y sólo acompañado por Higuaín en un ataque muy pobre, admitió que “somos los jugadores los que tenemos que atravesar esta mierda que estamos viviendo” y hasta llegó a pedirle “paciencia” a los aficionados argentinos. Y por si fuera poco, Javier Mascherano sostuvo que la situación del equipo argentino “es cada vez más preocupante”.

Pese a todo lo expuesto, Bauza no cree en la psicología, aún cuando se trata de jugadores de élite, con los mejores médicos, los mejores lugares de entrenamiento, los mejores hoteles, viajes en charters o rodeados de todo un sistema acorde a deportistas de su clase, pero no hay psicólogo. Apenas hubo para Alemania 2006 y a distancia: no viajó con el equipo y se manejaba por chat desde Buenos Aires.

Juan Carlos Alvarez, psicólogo que asesora al entrenador  de la selección española, Julen Lopetegui, destaca por estos días que los jugadores de élite sienten presiones “como cualquier persona” y que al contrario de lo que se cree, a veces de manera superior “porque están más expuestos ante cada error”.

Alvarez sostiene que un jugador “puede estar bien técnica o tácticamente, entender el juego perfectamente y en un excelente estado físico, pero si pierde la concentración, o tiene preocupaciones o no cree lo suficiente en él, se puede ir del partido. Y puede tener un despiste que puede provocar una situación de riesgo o de gol que afecte a todo el equipo”.

Pero no todo es la psicología. La selección argentina viene teniendo otros problemas desde hace tiempo y uno de los más graves, relacionado con lo psicológico, es el pánico a perder, por lo que suele tomar muy pocos riesgos y los sistemas tácticos que se utilizan son, por lo general, rácanos.

Así es que Messi tiene que soportar el hecho de jugar muy solo adelante, con un delantero más, y muy lejos de la línea de cuatro volantes de los que tres de ellos (ante Brasil, Biglia, Mascherano y Enzo Pérez) son mucho más de marca que de construcción de juego. Esto ya ocurrió durante el Mundial de Brasil, cuando Alejandro Sabella colocó una línea de cinco defensores para jugar en el debut…¡ante Bosnia!

Entonces, ocurre que grandes goleadores en sus ligas como Higuaín o Agüero, no sólo deben pelear por la misma posición sino que no suelen tener compañía en las llegadas a la portería contraria, y Messi, desesperado por no tener contacto con el balón, debe bajar demasiados metros a buscarlo y termina agotado cuando quiere llegar al otro lado, tras un enorme despliegue físico que se parece muy poco a lo que por años viene haciendo en el Barcelona.

Pero ni siquiera aquí terminan los problemas. Bauza (cuyo puesto comienza a peligrar y ya hay rumores de que tras el partido ante Colombia, en el receso de cuatro meses antes del regreso de la clasificación para el Mundial en marzo de 2017, la AFA irá a buscar a Jorge Sampaoli, entrenador argentino del Sevilla) apuesta no sólo a jugadores que no están en actividad (Sergio Romero no participa en ninguno de los cuatro torneo que juega el Manchester United, Martín Demichelis apenas si lo hace en el Espanyol, Ezequiel Lavezzi lleva cuatro meses inactivo por una lesión), sino que deja de lado a otros que toda la sociedad argentina reclama (Fernando Belluschi, de San Lorenzo, es el mejor caso).

Muchos creen que Bauza ha caído en el mismo problema de sus antecesores Sergio Batista, Sabella y Martino: en no animarse a dar por terminado el ciclo de muchos jugadores que ya son muy cuestionados para convocar a otros que reclaman más oportunidades, desde Paulo Dybala, Lucas Pratto, Gabriel Mercado o Gerónimo Rulli (en el plantel pero sin titularidad), Mauro Icardi (Inter) o Franco Vázquez (Sevilla), por citar algunos.

Claro que ni Bauza está seguro de seguir, no sólo porque le busquen reemplazantes, sino que en la AFA hay una intervención de FIFA que podría terminar en marzo para llamar a elecciones en la entidad. ¿Y si un nuevo presidente quiere otro entrenador?

También esta situación de transición es generadora de stress. Pero en la selección argentina, siguen sin querer saber nada de psicólogos.


sábado, 12 de noviembre de 2016

El fútbol argentino está mal de la cabeza




Si pudiéramos regresar, por un instante, a la clasificatorias para el Mundial de México 1970 (escribimos “clasificatorias “ y no “eliminatorias” porque el objetivo es clasificarse al Mundial y no es quedar eliminado), nos daremos cuenta de cuántas similitudes aparecen con aquel equipo argentino que no pudo conseguir el objetivo, y en un grupo mucho más sencillo, a priori, ante Perú y Bolivia.

Dio la casualidad de que también en aquel tiempo, la AFA estaba intervenida, y justo antes de comenzar la competencia, un grupo de dirigentes de peso se acercó a la residencia presidencial de Olivos para reclamarle al entonces dictador Juan Carlos Onganía que desplazara a Humberto Maschio como director técnico de la selección argentina ante el temor de que no se pudiera llegar al Mundial. ¿Les suena?

Armando Ruiz, más allá de interventor, un estudioso del fútbol, tuvo que salir entonces a desmentir que hubiera problemas con Maschio y aclaró que éste estaría rodeado por dos colegas de mucha experiencia y exitosos de entonces, nada menos que Osvaldo Zubeldía y Oswaldo Brandao, como asesores.

Sin embargo, no pudo frenar la embestida, y justo antes de comenzar la clasificación, Maschio fue reemplazado por Adolfo Pedernera y de paso, Ramos Ruiz también fue borrado de un plumazo y asumió la intervención Aldo Porri, quien apenas duró dos meses y pidió licencia.

Pasado un tiempo, Ramos Ruiz recuerda que parte de esa clasificatoria perdida , que acabó en la Bombonera con aquellos dos goles de Oswaldo “Cachito” Ramírez, no fue por lo futbolístico (el director técnico acabó siendo Adolfo Pedernera y los jugadores eran de excelente calidad) sino por esos “detalles” que siempre terminan armando una inmensa bola de nieve.

Ramos Ruiz (pueden leerlo en mi reciente libro “AFA, el fútbol pasa, los negocios quedan”, Autoría, página 138-139) cuenta cómo, por ejemplo, notaron que muchos jugadores argentinos habían perdido peso en la altura de La Paz pero no se había previsto esto porque la AFA decidió cambiar de cuerpo médico para la selección días antes de comenzar el grupo, lo que determinó que el plantel casi no pudiera entrenarse normalmente nunca más en lo que quedaba del certamen.

Cabe recordar que tras la salida de Maschio, la nueva intervención había ofrecido el cargo de director técnico a Zubeldía y a Pedro Dellacha, que la declinaron.

Esa clase de desórdenes es la que vive, hoy, la selección argentina en cuanto a cierta parte institucional. Por supuesto que no en cuanto al tema médico, o en cuanto al nivel de profesionalismo de quienes integran el cuerpo técnico, pero sí en cuanto a las altas esferas.

Si para la eliminación del Mundial de México 1970, la AFA estaba intervenida, y hubo cambio de directores técnicos en plena clasificación, ahora esto es prácticamente similar. Esta selección argentina, de hecho, ya suma dos entrenadores en esta clasificación (Gerardo Martino y Edgardo Bauza) y no se sabe si no acabará con un tercero desde 2017 para los seis partidos que resten desde entonces.

Ya volviendo a nuestra realidad, el fútbol argentino comienza mal desde la cabeza porque ya se conoce lo que ocurre con esta dirigencia que no da pie con bola y que desde hace dos años que, con la muerte de Julio Grondona, tira para su lado sin importarle demasiado lo que ocurre con la selección, como si no formara parte de su beneficio.

Pero en el terreno estrictamente futbolístico, comienza a pasar lo mismo con el equipo. Se trata de una selección extraña que ha hecho lo que muy pocas a lo largo del último medio siglo: ser protagonista en los {últimos tres campeonatos, haber llegado a la final en los tres, pero perder las tres definiciones aunque en ninguna de ellas durante los noventa minutos.

Esa frustración, aunque precedida del enorme mérito previo, está generando enormes dificultades psicológicas en jugadores que son muy importantes en sus clubes, la mayoría de ellos de élite, pero que cuando llegan al contexto de la selección argentina cargan con una mochila demasiado pesada, por un lado, la necesidad de reivindicarse y conseguir algún objetivo, pero por el otro, con la enorme responsabilidad de que, por los antecedentes propios e históricos, no pueden ser eliminados cuando pasan cinco equipos de los diez del grupo.

Para referirnos al director técnico, Bauza, no se puede soslayar una vez más, lo institucional (esos “detalles” que como en 1970, acaban determinando una eliminación que luego parece no entenderse).

A Bauza lo designó esta intervención 70 por ciento gubernamental y 30 por ciento FIFA, porque primero que todo, se negaron (¿Remember 1969?)  Diego Simeone y Jorge Sampaoli (éste último, atado por un contrato que tenía una cláusula de rescisión muy cara para una AFA pobre porque no sabe administrar los recursos teniendo en su plantel al mejor jugador del mundo).

Y luego, en una ronda en la que el interventor Armando Pérez puso el oído a directores técnicos con mucha trayectoria y en otros casos, con mucho humo vendido, determinó lo que a priori ya había determinado, en este juego de intereses varios, desde empresarios hasta televisivos, con la contratación de Bauza, con hilos manejados desde “los Fernandos de la Rosada”.

Siempre hemos sostenido que primero está la idea, a qué se quiere jugar, qué se pretende con la contratación de determinado director técnico, y en este caso, simplemente fue una cuestión de negocios, de influencias, de tomar “lo que se puede”, como la eterna política del parche de las últimas décadas.

Hay que recordar entonces que Bauza asumió para los últimos cinco partidos (más el del martes ante Colombia en San Juan) una vez que los mismos dirigentes que en 1969 le movieron el piso a Maschio, se lo movieron ahora a Martino para que se fuera tras la Copa América Extra perdida por penales en Estados Unidos, al negarle los jugadores para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, a los que la AFA nunca le dio la bolilla necesaria.

Ya entrando en Bauza, éste no pudo hacer nada distinto a sus antecesores en lo institucional. Murió en brazos de los mismos jugadores, en la mayoría de los casos técnicamente indiscutibles, pero que arrastran esta dificultad de la frustración por la falta de títulos y por la ansiedad de sentir que Rusia 2018 es acaso la última oportunidad de sus carreras, pero que no pueden salir de la dinámica en la que están envueltos.

Y cuando los propios jugadores vienen reclamando salir, tomar aire, o acaso la intervención de un psicólogo aplicado al deporte (en el país hay excelentes, comenzando por Liliana Grabín, una eminencia y titular de la cátedra de postgrado de la UBA, por dar un caso), todo esto desde su incosciente, con frases que son carne de diván o dignas de estudio de los científicos de la especialidad, el director técnico sigue insistiendo en más oportunidades para que la caída sea cada vez mayor.

Ante Brasil, en Belo Horizonte, todo fue muy claro: Bauza, una vez más, justificando su pregonado “equilibrio” para colocar cuatro volantes de los cuales tres son más de marca y despliegue que de generación de juego (Lucas Biglia, Javier Mascherano y Enzo Pérez), dejando arriba a Lionel messi y a Gonzalo Higuaín para que “se arreglen” y a Angel Di María, ya no de extremo sino volanteando para ayudar a los tres mediocampistas ante el pánico de que el rival lastime.

Si hubo un partido que probó cabalmente que eso no es ningún “equilibrio”, fue el del jueves. Brasil necesitó de dos toques para estar frente a Romero del otro lado y además, “equilibrio” se tiene cuando un equipo logra saber defenderse y atacar, porque el fútbol tiene estas dos funciones y no sólo mantener el cero en el arco propio, aunque el discurso del negocio, y el mediático que sirve para justificarlo, nos hayan querido vender por años lo contrario.

En cuanto a las convocatorias, Bauza cae en el mismo problema que la mayoría de los entrenadores de la selección: los caprichos, las ausencias inexplicables, las decisiones inentendibles.

Es extraño que toda la sociedad coincida en que hay jugadores que son los más destacados del momento, y no son convocados o son ninguneados. Ocurrió en este caso con Fernando Belluschi, figura  de San Lorenzo en cada partido, pero Bauza no iba a convocarlo, las lesiones determinaron que no pudiera evitarlo, y aún así quedó fuera del partido ante Brasil,.

La selección argentina es, hoy, una mezcla de jugadores frustrados que necesitan salir, jugadores que son colocados en puestos que no utilizan en sus clubes (Enzo Pérez llegó a decir que “hace años” que no es volante externo, Messi no juega en el Barcelona con 4-4-2 siendo uno de los dos puntas), y ni hablar del arquero Sergio Romero, que en las cuatro competiciones anuales del Manchester United,  ni siquiera en la Copa de la Liga, que es la que utilizan todos los equipos para rotar jugadores. O el caso de Ezequiel Lavezzi, con cuatro meses sin jugar, pero que aún así tiene un lugar en el banco que Belluschi no consigue.

Entonces, ante Brasil apareció todo esto junto, ante un equipo completamente al revés, en el que Tité necesitó la misma cantidad de partidos que Bauza (cinco, por ahora) no sólo para ganarlos, sino para cambiarle la cara al sistema, para liberar a sus dirigidos, justamente despojados de la mochila del 1-7 del Mundial (casualmente en el mismo estadio) y de la necesidad de ganar para su país la primera medalla dorada olímpica.

Este Brasil liviano se deshizo muy pronto de esta Argentina sin alma, perturbada, sin rumbo ni futbolístico ni institucional. Neymar y compañía necesitaron apenas un gol para desatar toda la fiesta del clásico fútbol alegre de su país, el que tanto nos deleitaba y que los Lazaroni, Dunga y Parreira lo quisieron cambiar. Y la diferencia en el marcador pudo haber sido mayor, pero la sensación es que Neymar y Daniel Alves no quisieron molestar aún más a sus amigos del Barcelona.

En este contexto, el partido del martes ante Colombia en San Juan ha tomado ribetes de un dramatismo con el que no coincidimos. La selección argentina se encuentra fuera de la clasificación al Mundial pero a un punto de los que lo están y siendo local de dos rivales directos (Colombia y Chile) en los próximos compromisos.

El problema no es, entonces, matemático o de posibilidades. Es de otro orden: institucional (una AFA sin rumbo, intervenida, con luchas sectoriales), táctico (un director técnico con pánico a perder, que pregona un falso equilibrio), y psicológico (no alcanza con las “charlas”, como pregona Bauza, en http://sergiol-nimasnimenos.blogspot.com.ar/2016/11/entrevista-exclusiva-edgardo-bauza-no.html).

Si no hay cambios reales, si no se sabe hacia dónde se va, y no se recuerda la propia historia pasada para no repetir errores, es muy probable que se vuelva a caer en ellos.

El fútbol argentino está mal de la cabeza y necesita  solucionarlo de manera urgente.




jueves, 10 de noviembre de 2016

Entrevista exclusiva a Edgardo Bauza: "No hace falta psicólogo, confío en la charla con los jugadores" (Kicker)





-        En Alemania están extrañados, siendo ellos parte de un país tan ordenado, sobre cómo usted puede asumir en estas condiciones de la AFA, en este contexto de gran crisis que vive el fútbol argentino…
-         (sonríe, resignadamente): A ver…en el lugar de los alemanes seguramente es difícil poder entender todo lo que pasa en el fútbol argentino pero para entender la problemática hay que saber más o menos cuál es el contexto, en el que la AFA se está reorganizando después de la muerte de Grondona y todo el problema que hubo con la FIFA. Se nombró una Comisión Normalizadora que se hizo cargo de la AFA y que está reorganizando todo el fútbol argentino, desde lo institucional, lo reglamentario y lo económico.  Igualmente,  desde lo deportivo sigue siendo un fútbol muy competitivo y que se puede entender que no se ha deteriorado. Y en ese contexto tengo no sólo la posibilidad sino el deseo de poder dirigir la selección argentina que es un poco la ilusión de todo entrenador cuando empieza a trabajar, la de dirigir a la selección de su país.
-        Aún en este contexto…¿No le cambia la ilusión la propia situación que se vive?
-        Aún en este contexto, justamente, porque en última instancia uno viene a hacer su trabajo. Hablé con la Comisión Normalizadora y ellos me aseguran que el fútbol argentino va a tardar entre seis y ocho meses en ser organizado y va a quedar sin problemas, pero al margen de eso, mis problemas pasan por otro lado: todo lo que implica dirigir la selección argentina en un país en el que el fútbol se vive de una forma tan particular, en el que todos los habitantes se sienten entrenadores, todos son críticos.
-        ¿Cómo convive usted con eso?
-        Bueno…nosotros nacimos en este fútbol y hemos aprendido a convivir, pero no es fácil. Más que nada por la exigencia que tiene este puesto. A mí eso no me molesta. Lo que más me preocupa es tratar de que el equipo funcione de la mejor manera. Y en eso tengo complicaciones  que son normales y que las han tenido todos los entrenadores de la selección argentina y que es el poco tiempo de trabajo. El 90 por ciento de los jugadores están en el extranjero y llegan a los dos días de jugar así que uno no tiene tiempo de trabajar, apuesta a la jerarquía de ellos y al poder trabajar un día, mostrarles un video, y así seguir adelante. Entonces estamos en una etapa complicada para eso pero en el medio está la clasificatoria en la que hay que ganar puntos y llegar al Mundial de Rusia,
-        Hay una situación muy atípica ahora: usted dirige un equipo que previamente llegó a tres finales consecutivas (un Mundial y dos Copas América) en tres años seguidos, pero no las ganó y hay una exigencia desmedida por ganar algo porque la gente vio los títulos muy cerca de ser conseguidos, pero no es posible decir que a este equipo le fue mal, tampoco…
-        No (se ríe) ¡para nada! Es más, muchos hablaron de fracaso y es una locura pensar que uno sale segundo en una Copa América o un Mundial y decir que eso es un fracaso. Por eso lo que hemos hecho, más allá de esas criticas que aparecen, es dividir los objetivos. El primero que aparece es clasificar al Mundial. Desgraciadamente, Argentina ha perdido puntos de local, que si los hubiésemos ganado estaríamos más tranquilos, pero hemos perdido tres puntos con Ecuador, tres puntos con Paraguay que no estaban en los planes y eso complica aún más. Pero bueno,  estas eliminatorias se han planteado así: difíciles, sin ya la hegemonía de Brasil y Argentina como era en otras épocas, y hay equipos que están en un buen nivel y que van a estar peleando, caso Colombia, Chile, el mismo Paraguay. Van a ser unas eliminatorias muy duras.
-        ¿No hay un desgaste de los jugadores a nivel psicológico? Se trata de un grupo de jugadores de élite, que juegan en los mejores equipos del mundo, que se encuentran en un predio como el de Ezeiza, que es impresionante, de élite, pero no tienen psicólogo que trabaje con el equipo…¿Hay alguien con el grupo que trabaja en estas cuestiones? Porque pareciera ser que el problema de su rendimiento no es futbolístico porque ellos rinden muy bien en sus equipos.
-        No, no hay psicólogo..pero sí hay mucha charla, y lo que han aprendido estos jugadores es por sobre todas las cosas el amor a la camiseta y el deseo de jugar en la selección argentina. Eso es algo que nadie lo puede discutir, más allá de que hay opiniones que le gustan más unos que otros y va a ser siempre así, pero hay un compromiso de parte de los jugadores que es muy grande y eso me di cuenta el primer día que vine. Mientras podamos mantener ese grado de compromiso, las cosas van a ser mucho más fáciles de solucionar. Después está el juego, que es otra cosa, que plantea otras dificultades y que obviamente estamos trabajando para ver si mejoramos porque sabemos que si no, la cosa se va a complicar. Pero lo más importante es lo anterior, es el compromiso en el que noto que todos tienen y cada vez que llegan lo hacen con alegría, deseo y eso me tranquiliza.
-        En las últimas declaraciones de algunos jugadores tras la derrota ante Paraguay, parecían carne de diván. Jugadores que decían que no sabían si tenían que ser convocados para los próximos partidos o “ya no encuentro la salida” o “no sé más qué hacer”. Declaraciones de ese tenor que no son futbolísticas. Parecen entrar en otro terreno, ¿verdad?
-        Sí, lo que pasa es que se perdió con Paraguay de local y entonces, asumiendo las críticas que ya había antes del partido, se sumaron esas. Y el jugador entonces se siente frustrado. Cayeron además sobre algunos como Agüero, que erró el penal, y eso es normal. Pero como les dije a ellos, son jugadores que están en los mejores equipos del mundo y en la selección argentina, primera en el ranking de la FIFA, y entonces ellos tienen que poner su jerarquía al servicio del equipo y superar, entre otras cosas, todo esto. Porque cuando uno llega a estos niveles de jerarquía, uno tiene prepararse también para superar esto. Y estoy seguro de que vamos a superarlo.
-        ¿Por qué no hay un psicólogo? ¿Es por algo en particular?
-        No, yo he trabajado con psicólogos en equipos. La selección no ha trabajado con psicólogos pero sí estamos con charlas permanentes que a mí me han dado mucho resultado. El poder sentarme con el jugador mano a mano y poder hablar de esto, que él lo exteriorice y que no lo guarde, no lo esconda porque por ahí le puede traer otro tipo de problemas. Y creo que hasta ahora lo estamos manejando bastante bien, y más allá de las broncas puntuales de algunos momentos, el jugador primero se siente respaldado por mi charla, y segundo, está asumiendo que esa crítica siempre va a estar y que la tiene que superar.
-        También está el problema de la estructura en sí misma del fútbol argentino, porque pasaron tantos directores técnicos en pocos años. Por ejemplo en Alemania hay una continuidad en la selección, con Joakim Low con contrato ahora extendido hasta 2020.  Hubo cinco entrenadores argentinos en 30 años (1974-2004) y en cambio hubo siete, contándolo a usted, en 12 años.  Y eso influye en los jugadores. Si tomamos el caso de Sergio Agüero, era extremo con Alejandro Sabella como entrenador, centrodelantero con Gerardo Martino, y ahora con usted juega detrás del nueve. Va cambiando de posiciones y no encuentra una continuidad. ¿Eso afecta al jugador?
-        Agüero, más allá de las distintas posiciones, ha jugado en distintos lugares en donde él lo puede hacer. Y pasa por otro lado. Pasa por lo anímico, por una cuestión de su cabeza. Con Paraguay jugó detrás del nueve pero llegó dos veces mano a mano con el arquero cuando aceleró. Porque la libertad la tiene y se la damos para que pueda aprovechar porque para mí es un jugador desequilibrante y que seguramente seguirá dándole satisfacciones a la selección pero todo pasa por una cuestión de confianza, de comunicación como la que venimos teniendo y lo que me transmiten los jugadores. Yo estaría realmente muy preocupado si cada charla que hemos tenido, ya sea en viajes, hoteles o canchas de fútbol, si ellos no me hubiesen transmitido esta seguridad para salir adelante. Por eso por el momento estoy tranquilo, porque veo en ellos el deseo de superarse y de superar este momento.
-        Hay un libro que habla del “Método Bauza” que apareció hace poco.  ¿Todavía ese método no apareció en la Selección? ¿Cree que hay un momento determinado en el que se puede afirmar que será su equipo, por ejemplo pasado 2016, cuando ya hayan pasado seis partidos oficiales de clasificación y que pueda jugar como usted pretende?
-        Creo que a medida que vayamos sumando días de charlas y entrenamientos, el equipo se va a asemejar a lo que yo tengo como idea. Y para mí lo más importante que tienen los equipos es el equilibrio, y en estos partidos lo hemos encontrado en algunos momentos de esos partidos.  Lo que se pretende es que ese equilibrio sea permanente con la exigencia lógica que tiene la selección argentina: hay que ganar, hay que salir a buscar los partidos, pero a la hora de defender necesitamos también que el equipo sea compacto. Por momentos lo conseguimos ante Uruguay. Con un hombre menos lo sacamos adelante.
-        ¿Pero el modelo es el equipo que lo sacó adelante así en el segundo tiempo o el del primer tiempo cuando estaban once contra once?
-        No, pero más allá de lo táctico, es el compromiso y el equilibrio que un equipo tiene que lograr. Ese partido lo tuvimos que sacar adelante con un hombre menos contra un equipo importante y el equipo lo sacó adelante.  Terminó jugando Lucas Alario de lateral derecho contra las críticas porque no había otro y se tuvo que poner al lado del lateral por circunstancias del partido y lo tuvo que hacer para ganarlo. Por eso hablo del compromiso. Y estamos en ese camino, tratando de lograr eso. Y de a poco lo vamos a lograr.
-        Leí en su sitio web que usted se declara admirador del Barcelona, del modelo del Barcelona, pero eso es muy difícil implementar en una selección por todo…
-        El hecho de que me guste el estilo del Barcelona no significa que lo quiera imitar. Porque estamos hablando de un club que tiene una escuela, que hace muchísimos años que viene jugando de una menara que cada jugador que llega se tiene que adaptar a eso, y la calidad de jugadores potencia más su juego. Pero tiene algunas cosas que son interesantes, como la tenencia de la pelota, la presión muy alta en determinados momentos. Hay cosas que uno puede observar de ese equipo y que pueden servir. Pero no es que uno quiere imitar al Barcelona porque esa es una escuela de 20 años donde juegan de una determinada manera, la cantera también juegan de esa forma y cuando un jugador llega a la primera División ya sabe lo que tiene que hacer. Pero tiene cosas muy interesantes.
-        Usted va a jugar ahora en unos días ante Brasil que ha tenido un proceso bastante parecido al de Argentina en los últimos tiempos: un cambio de entrenador (Tité por Dunga), que lleva jugados los mismos partidos que usted (cuatro). ¿Cómo se le juega a Brasil en este momento?
-        Con Tite Brasil cambió la forma de jugar que tenía con Dunga. Tité es un entrenador al que conozco porque lo he enfrentado ahora dirigiendo  yo al San Pablo y él al Corinthians. El arma sus equipos con muchos mediocampistas de mucha movilidad, buena técnica y casi todos, con llegada al arco contrario. Hoy está jugando así, ganó los cuatro partidos y vamos a encontrar un equipo con mucha movilidad, mucha rotación, y muy agresivo. Para eso necesitaremos plantarnos y ser un equipo bastante corto y donde la lucha en el mediocampo va a ser muy importante para cortar ese circuito y deberemos salir rápido para tratar de lastimarlos porque Brasil apuesta mucho para adelante y es un equipo que cuando lo atacan, tiene problemas, entonces estoy pensando en jugar un partido inteligente.
-        Antes hablábamos del peso de la selección argentina por no ganar y en cambio parece que Brasil se hubiera liberado del peso de los Juegos Olímpicos al ganar ahora la medalla dorada, porque  esta selección venía muy golpeada del Mundial pasado…
-        Sí,  pero ese peso, si uno se pone a hablar con los jugadores argentinos, también se la quieren sacar, pero vamos por partes, y por eso dividimos en objetivos y el primero es clasificarnos. Estamos en esta etapa. Luego vendrá el otro, que es salir campeón.
-        ¿Puede ser este partido en Belo Horizonte aquel partido de Barranquilla Con Sabella (1-2 a Colombia, remontando un 1-0 en contra) que marcó un antes y un después en la clasificación?
-        Ojalá que sea. Vamos a encontrar dificultades pero es un partido muy lindo para que el equipo pueda sacar su jerarquía y todo lo que tiene para poder empezar a encontrar la identidad que estamos buscando y un resultado que nos colocaría otra vez en una posición que queremos estar.
-        A usted ahora le toca dirigir a Lionel Messi. Habrá dirigido a muchísimos buenos jugadores, pero esto debe ser una situación muy especial, muy deseada seguramente por usted cuando estaba a punto de dirigir a la selección…¿Qué significa?
-        Primero, un desafío muy grande porque él brinda permanentemente soluciones, pero yo como entrenador y el equipo  necesitamos trabajar y movernos para que él pueda encontrar los lugares y los espacios para que ese desequilibrio pueda aparecer. Nuestro desafío es que el equipo lo pueda acompañar y le pueda brindar esas posibilidades. El equipo es consciente de eso, y para mí es todo un desafío, para poder encontrar también los jugadores que mejor se entiendan con él, porque lo que le brinda él al equipo es mucho, como también toda la preocupación que carga sobre el rival, que es algo que a veces la gente no se da cuenta pero es muy alto.
-        ¿Hizo falta hablar mucho con Messi para que volviera a la selección argentina y contarle su plan o él ya estaba con ganas?
-        Las ganas nunca las perdió, más allá de esa famosa frase, pero estuvimos dos horas charlando cuando lo fui a visitar a Barcelona y charlamos de fútbol, y en esa charla yo lo vi muy entusiasmado siempre. Es un jugador muy comprometido con la Selección y no hay nadie mejor que él que quiera ganar un título. Lo que le comenté fue la idea futbolística y el deseo que yo y toda la gente tiene para que él volviera a la Selección. Después de esas dos horas, la convocatoria para él salió sola.
-        Usted habló de tener entrenamientos con una selección de jugadores del torneo argentino, que no están en el exterior. ¿Esto es posible? porque muchos jugadores emigran enseguida.
-        Estamos pensando en eso. No lo descarto lo de citar en algún momento a jugadores del fútbol local, que ya venimos siguiendo, para verlos, para tenerlos y explicarles la idea desde lo futbolístico, para que sepan lo que queremos y si en algún momento alguno es convocado para algún partido, sepa cómo nos movemos y cómo juega el equipo. Es probable que lo hagamos
-        ¿Tendría el aval de los clubes, con el conflicto que hay en la AFA? ¿No tendría problemas con eso?
-        Bueno, los clubes, por más que no les guste. los van a tener que ceder. Nosotros los vamos a citar por dos días en la semana y luego los devolveremos a los clubes para que se entrenen con ellos y jueguen en el fin de semana. No es que se los vamos a quitar.
-        ¿Y hacer algo parecido con los que están en los clubes europeos?
-        Eso es mucho más difícil porque todos los clubes tienen distintos calendarios, algunos tienen copas europeas y otros no, entonces se dificulta mucho más.
-        Qué problema que hay ahora entre los clubes fuertes europeos y las selecciones nacionales. Hay una puja complicada…
-        Sí, es un tema complicado y no sé si lo van a tener que solucionar a nivel FIFA o buscarle la vuelta para que las selecciones tengan sus fechas sin modificar. Lo que pasa es que los calendarios son cada vez más apretados.
-        Por ejemplo, ahora mismo la selección argentina no tendrá a Paulo Dybala, que según la Juventus estará 30 días parado por una lesión.
-        Sí….yo no creo que esté tanto tiempo. Para mí, como es un desgarro de grado uno, yo creo que en 15-20 días va a empezar a moverse pero lo tuve que desafectar porque no va a llegar bien a los dos partidos de Argentina.
-        ¿Usted no teme por su continuidad con esto que pasa en AFA, más allá de los resultados futbolísticos con la selección argentina? Porque puede haber elecciones tras esta Comisión Normalizadora y que el que llegue a la presidencia de la AFA decida que quiere otro entrenador…
-        No, eso no me pasó en ningún club. El día que piense que esto depende de un resultado, yo me voy a mi casa. Yo trabajo desde que estoy en esto convencido de que hago las cosas bien, convencido de lo que tengo que hacer, y el día que el presidente de un club o la AFA no está de acuerdo con lo que hago, le doy la mano y me voy.
-        Lo que sucede es que reglamentariamente, la Comisión no puede tomar decisiones después del 30 de junio próximo, último día de plazo que le dio la FIFA para su funcionamiento.
-        Bueno, pero si es así, la decisión no la voy a tomar yo. Yo no me puedo quedar en un lugar donde no esté cómodo. No lo he hecho nunca ni lo voy a hacer.
-        Con estos debates que hay en el fútbol argentino, como quién es mejor si Menotti o Bilardo, que es algo bastante viejo, luego se debatió sobre Bielsa, sobre Martino….¿Usted qué estilo tiene?
-        Argentina, y esto lo he dicho muchas veces, no tiene una identidad…
-        ¿No la tiene ahora o no la tuvo nunca?
-        No, la identidad del fútbol argentino son los clubes, los jugadores, la impronta del jugador argentino por lo que da, lo que lucha. Pero futbolísticamente, Argentina no ha tenido identidad. La identidad en la  selección argentina la tuvo de acuerdo a los DT que ha tenido : Bilardo, Menotti…para darle identidad al fútbol de un país hay que ver a la selección, porque si no, cada equipo juega distinto al otro. Cada DT le dio su identidad. Algunos han tenido la posibilidad de ganar, como Bilardo y Menotti, otros  no, pero a través del trabajo le han dado una forma de jugar que a algunos les ha gustado, a otros no. Eso yo lo veo totalmente relativo porque a nivel de selección, Argentina siempre ha sido una de las mejores pero juega también contra los mejores, y no siempre se puede ganar.
-        De hecho, el fútbol alemán tuvo una paciencia que no tuvo el fútbol argentino.
-        Obvio…
-        La gente no recuerda que el fútbol alemán estuvo muchos años sin ganar hasta el Mundial 2014 y llegando a finales y perdiéndolas.
-        Exacto, exacto, pero tienen otra mentalidad, apuestan a otra cosa y aparte le dan la posibilidad, cuando eligen a alguien, de que trabaje tranquilo y no lo están todo el día acosando con el resultado, y en Argentina es totalmente diferente, nuestro ADN es totalmente diferente y con eso, nosotros los DT tenemos que convivir.
-        ¿Cómo ve usted el fútbol alemán hoy, porque cuando Pekerman se fue de la selección en 2006 dijo que en las divisiones juveniles no había mucho recambio, o no hay nada. Alemania parece distinto.
-        Yo creo que el fútbol alemán está en un proceso de, no sé si llamarlo recambio o qué pero indudablemente que no es más aquello de los equipos sólidos y  estructurados como eran en décadas pasadas. Los veo ahora con otra impronta.  El hecho de que hayan llegado jugadores extranjeros también ayudó a que el fútbol local sea diferente. Es más, antes a mí me aburría mucho ver la Bundesliga y hoy la veo porque hay4-5 equipos que juegan bien, entonces eso le ha dado la posibilidad a los jugadores de seguir creciendo y aportar otra cosa. Lo veo en un momento que tampoco se puede decir si es bueno o malo porque Alemania ha llegado a tantas finales y las ha ganado de una forma y entonces esa mezcla entre los nuevo y la organización que tienen, hay que ver como la acomodan.
-        De hecho, ya ganaron el Mundial pasado.
-        Sí,  yo creo que para el fútbol, los que lo vemos de afuera, ha sido bueno el cambio que tuvieron.
-        ¿Cuál es la selección nacional que más le gusta ver o cuál es su modelo preferido de equipo?
-        Por una cuestión de gusto, España me gusta. Es una selección que si bien últimamente ha tenido problemas, es una selección que me gustaba mucho verla. Con Del Bosque el equipo ha tenido momentos en que ha funcionado muy bien, más que nada por el nivel de los jugadores, la forma de jugar, la tenencia que tiene. También Colombia, que es una selección con muy buenos jugadores y un fútbol que Pekerman ha implementado, y a José lo conozco bien. Miro mucho, veo, sea como sea, a Italia me gusta mirarla porque a la hora de defender es muy prolija y me gusta. Son gustos, no es una sola selección.  Para mí, el fútbol tiene muchas ideas y muchas formas. El tema es cómo uno lo pone en la práctica.
-        ¿Y algún esquema preferido?
-        Desde lo táctico, yo siempre he variado. Nunca me aferré a alguno, Para mí son totalmente secundarios. He salido campeón de la Copa Libertadores con Liga de Quito con una defensa en línea de tres jugadores, y jugué con dos líneas de cuatro con San Lorenzo y también gané la Copa Libertadores. El tema es que el equipo pueda manejar dos o tres formas de jugar. Eso sería lo ideal, pero siempre trato de acomodarme al plantel que tengo y a las posibilidades. No soy muy rígido en un sistema determinado.
-        ¿Y en cuanto al futuro, cómo está Argentina en los juveniles?
-        Argentina a nivel de juveniles se está reorganizando. Por suerte ya tiene designado los DT de las sub-20, sub-17, sub-15 y sub-13 (la AFA estuvo meses sin entrenadores en esas categorías y a tres meses del Sudamericano sub-20 de enero comenzó a trabajar) y en estas categorías también ha tenido algunas modificaciones que a mi gusto no fueron las mejores pero que a partir de 2017 van a volver a sus orígenes y se van a comenzar a organizar los torneos con menos equipos en primera (actualmente son 30), porque una de las patas fundamentales para los juveniles es la competencia y si no se tiene una buena competencia es un problema.
-        En Alemania no entienden tampoco cómo un jugador tan veterano como Martín Demichelis, que ni siquiera juega seguido en su equipo, el Espanyol de Barcelona, pueda estar convocado en la selección argentina y además, jugar incluso partidos importantes…¿Hay alguna imposición de los compañeros para que sea convocado? Lo mismo con Ezequiel Lavezzi, lesionado en la pasada Copa América, tres meses sin jugar y en el fútbol chino….
-        No hay nada de eso. No hay absolutamente nada. Demichelis está en el Espanyol y en la selección puramente por su jerarquía. No hay otra razón. No hay que olvidarse que los jugadores no solamente le brindan al equipo 90 minutos cuando juegan sino que son muy importantes en la convivencia diaria, en la formación de grupos, en la vida cotidiana de todo plantel,  en el que los jugadores de experiencia aportan cosas que son tan valiosas como lo que puede aportar el DT desde lo táctico.
-        Hay una figura muy interesante que no se les escuchó a otros DT de la selección argentina anteriormente, que usted cuando fue designado en el cargo, dijo que pudo visualizarse con la Copa del Mundo en la mano.
-        Sí, cuando yo colgué el teléfono al confirmarme en el cargo, me vi con la Copa del Mundo. Y si no me viera así, me decido a otra cosa. Yo sé que el camino es difícil y que vamos a tener que luchar mucho.
-        ¿Ve a algún rival en una final de un Mundial?

-        No, pero como diría Bilardo: Alemania siempre llega (risas), pero ojalá que la final sea contra Alemania y sería una revancha para mí porque yo estuve en el plantel argentino en Italia 90 pero no jugué, estuve en el banco de suplentes, así que me gustaría tener una revancha.