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viernes, 30 de diciembre de 2016

Leicester, Glasgow y Twitter, o sobre la importancia del fútbol como campo de estudio social (Por Marcelo Wio)



                                             
                                                   Parte 1



La consecución de la Premier League inglesa por parte del Leicester City Football Club ha traído consigo no lo solo el lógico festejo de sus seguidores, sino una repercusión mayor, más allá del mero asombro mediático: muchos se identificaron con la victoria del club “chico”, conseguida a base de muchísimo esfuerzo,  sacrificios y pasión – de esa que uno, a veces, cree desterrada del ámbito profesional -. Su logro fue sentido como el triunfo de esa esperanza pequeña que todos tenemos, de ganarle al “grande” no sólo un partido, sino la partida: es decir,  poder hacer acopio de los elementos necesarios poder seguir creyendo que modestos presupuestos, aún pueden presentar algo más que una batalla digna pero sólo transitoria; que pueden ganarla.

Como todo hecho que contradice la monotonía de ricos campeones y de rutinas impuestas casi como reglas, también ha estimulado la rememoración de gestas  pretéritas similares. Y, como se trata de un suceso que en muchos casos, y de manera inevitable, ha hecho repensar cómo se ha llegado a las desigualdades que conforman un monólogo de los “poderosos”, también ha estimulado el recuerdo de otras cuestiones ligadas al fútbol.

Así, el sociólogo y periodista argentino, Sergio Levinsky, recordaba en su cuenta de Twitter (@sergiole), que la Monfort University, vecina al estadio del club inglés, es una de las instituciones donde se estudia al fútbol desde las ciencias sociales.

Y ello conduce a resaltar la relevancia del estudio del fútbol desde las ciencias sociales, y también, su importancia para detectar y comprender eventos sociales: su estudio no sólo permite comprender lo que sucede dentro de dicho ámbito, sino, antes bien, ofrece una herramienta para abordar cuestiones sociales que el fútbol pone en evidencia o que exacerba.
Así, la “violencia en el fútbol” sería una  manifestación social que evidentemente excede al ámbito deportivo – aunque muy a menudo se refiere a la misma como si se tratase de un suceso cuya causa es el propio fútbol (como si fuese un compartimento aislado), sin relación alguna con ningún aspecto social -.

De ahí, la necesidad de ahondar más en su estudio y, sobre todo, en la su difusión de las conclusiones y hallazgos de éstos, para que tanto políticos, funcionarios de seguridad, sociólogos y periodistas, no tengan la coartada burda del “desconocimiento” para seguir culpando al mensajero, para seguir “tratando al síntoma como si fuese la enfermedad”.

Quizás, uno de los rasgos sociales más estudiados en, y a través, del fútbol, sea el de la identidad. Así pues, intentaremos presentar cómo el fútbol deviene en elemento conformador de identidad, y cómo ésta, también termina por invadir el ámbito del fútbol con elementos extradeportivos.


Identidad

La definición más sucinta de identidad se puede encontrar en el diccionario de la Real Academia Español: “Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás”.

Pero iremos más allá de esta definición. Así,  Émile Meyerson, según explicaba José Ferrater Mora, en su Diccionario de Filosofía, hablaba de la identidad como de una inevitable tendencia de la razón a reducir lo real a lo idéntico, esto es, a sacrificar la multiplicidad a la identidad con vistas a su explicación. Y, podría agregarse, a explicarse uno mismo, a reducirse a una mera partícula o porción de un todo que da significado: coincidir con uno y con los demás (con el grupo cercano). “Ser” es todo un desafío: afirmar el sujeto, el atributo. Como se ve, hay mucho más detrás de este concepto.

De hecho, el filósofo alemán Ludwig Feurbach (Das Wesen des Christentums) decía: “La vida interior del hombre es la vida en relación con su especie”. Es decir, el hombre, así, sería más que el “yo”; o, más bien, precisaría más que el “yo” para ser: algo que lo ligue a la sociedad; es decir, la identidad. Y, al punto es tan importante la identidad, que ésta es “el centro de dos acciones indispensables para el equilibrio psíquico de la persona. La primera consiste en darse una imagen positiva de sí misma; la segunda, adaptarse al entorno donde vive la persona. Es lo que se denomina funciones de la identidad: una función de valoración de sí mismo y una función de adaptación” (El concepto de identidad, en Vivre ensemble autrement, dossier pedagógico perteneciente a una iniciativa de la Secretaría de Estado para la Cooperación al Desarrollo de Bélgica).

Pero lo identitario no si limita a lo personal, al “yo” imbuido de unos rasgos compartidos que ofrecen una cierta seguridad en la sensación de pertenencia. Así, Gilberto Giménez, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (La cultura como identidad y la identidad como cultura), afirmaba que los los conceptos de cultura e identidad son conceptos estrechamente interrelacionados e indisociables en sociología y antropología. Y decía:

“En efecto, nuestra identidad sólo puede consistir en la apropiación distintiva de ciertos repertorios culturales que se encuentran en nuestro entorno social, en nuestro grupo o en nuestra sociedad. Lo cual resulta más claro todavía si se considera que la primera función de la identidad es marcar fronteras entre un nosotros y los “otros”… La identidad no es más que el lado subjetivo (o, mejor, intersubjetivo) de la cultura, la cultura interiorizada en forma específica, distintiva y contrastiva por los actores sociales en relación con otros actores”.
Y, claro, un hecho social que delinea fronteras respecto de un “otro/s”, suele servir muy bien como coartada o medio para ciertas pulsiones, a las dota de “justificación”, de cierta “legitimidad” ante los pares. Y en esa confusión o abstracción en que se transforma la identidad, se delegan las responsabilidades de los individuos en el conjunto: el ser detrás de la apariencia, del catálogo de gestos e idiosincrasias compartidas; un ser indistinguible y, por tanto, inimputable.

Precisamente, Giménez sostenía que “muchos de estos significados culturales (aquellos que son compartidos y relativamente duraderos en términos generacionales) compartidos pueden revestir también una gran fuerza motivacional y emotiva (como suele ocurrir en el campo religioso, por ejemplo). Además, frecuentemente tienden a desbordar un contexto particular para difundirse a contextos más amplios”.


Es decir, que podría afirmarse que el fútbol es un campo en el cual aquellos significados son revestidos de una mayor fuerza emotiva. Así, el fútbol brinda un contexto “ideal” para la manifestación de ciertos problemas sociales, dándoles una visibilidad que, de otra manera, acaso no tuvieran  - y, que en más de un caso, no se quisiera darle -. Es decir, lo que sucede en un campo de fútbol, es indisociable de la cultura a la que pertenecen, de la que surgen, los sujetos que lleven a cabo la acción.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Los futbolistas empiezan a jugar su partido en el conflicto





En la complicada historia del fútbol argentino, los jugadores, más de una vez, fueron obligados a participar activamente de los conflictos. Ocurrió en 1930, cuando se dio lugar al profesionalismo, cuando la situación de crisis de lo que se daba en llamar “Cláusula Candado”, derivó hasta en una marcha que tuvo repercusiones nacionales y que determinó la participación del gobierno golpista de José Félix Uriburu.

Ahora, una nueva crisis, de ribetes mucho mayores, va determinando, quieran o no, en la lenta pero cada vez más importante llegada de los futbolistas a este conflicto, porque de a poco comienzan las comunicaciones entre los referentes de los distintos equipos de Primera División para ir analizando las chances de ni siquiera comenzar la pretemporada en unos pocos días, porque muchas entidades no tienen ya fondos para solventar los gastos mínimos (por caso, Newell’s Old Boys es una de ellas).

El rol del sindicato, Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA) hasta el momento, ha ido de un bajísimo perfil, tras haber quedado involucrado en el caso de la Fundación “El Futbolista”, hasta la escasa influencia en las decisiones, pero ha llegado el momento de que sean los propios actores los que comiencen a pensar en medidas de fuerza, dada la situación entrampada de los clubes, que ahora reclaman que siga el programa “Fútbol Para Todos” pero ellos mismos firmaron hace medio año un documento por el que piden rescindir el contrato con el Estado.

Más allá de un artículo aparecido en estos días en el que se dice claramente que en aquel momento los clubes fueron extorsionados por el actual Gobierno para firmar la rescisión como algo propio de ellos a cambio de recibir dinero en esos meses hasta finales de año (¿Por qué si se sabía este dato recién aparece ahora, tanto tiempo más tarde?, ¿Por qué ningún club lo denuncia?), lo cierto es que ese documento existe y muestra una vez más, no sólo la contradicción de los dirigentes futbolísticos argentinos, sino cómo muchos de ellos vuelven a incurrir en la firma de elementos importantes sin estudiarlos a fondo, sin analizarlos.

Ya ocurrió cuando se firmó el esclavizante contrato con los Torneos Sin Competencia en los noventa, o meses antes, cuando otra vez la mayoría firmó el advenimiento de la Superliga sin conocer bien de qué se trataba, como confesó el presidente de la Liga Rosarina, Federico Gianmaría. De hecho, Rosario Central sigue sin aceptar este nuevo torneo, que ahora algunos (uno de ellos, el showman televisivo y vicepresidente de San Lorenzo, Marcelo Tinelli) sostienen que les fue impuesto desde el Estado cuando fueron ellos mismos los propulsores, propiciando un golpe de Estado en la AFA si habría sido necesario.

La cuestión es que en un conflicto sin solución aparente y con enfrentamientos cruzados en los que casi todas las partes tienen altísima responsabilidad, en el que el Gobierno está tratando de ahogar a la AFA y a los clubes para que por fin puedan meterse las SA que lo justifiquen todo (aquello que no pudieron conseguir en los 90 desde el “llano” empresario), y en el que los clubes grandes no aceptan que ni siquiera el nuevo estatuto elaborado por la FIFA les da la mayoría de los votos en el nuevo Consejo (que reemplaza a la vieja Asamblea), y en el que la jueza María Servini vuelve a desafiar a Zurich como en junio, sin importarle consecuencias como una posible desafiliación (salvada por la apelación de la Comisión Mormacrizadora, que patea la pelota hasrta febrero por la feria judicial), la aparición en escena, de a poco, de los jugadores, pasa a ser fundamental.

De todos modos, esta participación no implica una solución, sino, acaso, darle otra visibilidad al conflicto y acaso acelerarlo. Es evidente que tanto las empresas de derechos de TV como los clubes extranjeros sacarán provecho de esta crisis para conseguir una rebaja en ambos casos y es por eso que el fútbol argentino volverá a desangrarse en este receso.

Si Sarmiento de Junín va a colocar en Ecuador a Kevin Mercado y a Bruno Vides, o Témperley hará lo propio con Fabián Sambueza al deportivo Cali, ni hablar de los medianos para grandes. Estudiantes de La Plata debe jugar la Copa Libertadortes pero es probable que se desprenda de Mariano Andújar (Boca), Carlos Auzqui (Mainz 05) y hasta de Saantiago Ascacíbar,  San Lorenzo vendió a Emmanuel Mas a Turquía, Boca hizo lo propio con Carlos Tévez como Racing con Oscar Romero, y Rosario Central ya se desprendió de Giovanni Lo Celso.


Una vez más, el  recurrente fútbol argentino deriva su crisis en los protagonistas, que hoy tienen también la pelota simbólica del conflicto, que no encuentra soluciones por ningún lado. ¿Podrán hacer algo?

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Módico Vargas (un cuento de Marcelo Wío)



De entre la entropía de remolinos de polvo blancuzco sobresalía una figura: Módico Vargas. Impoluto, intocado entre entre conciliábulo de piernas y el entrevero del aire a empellones con la inmemorial sequía.

No es que Módico Vargas hiciese esfuerzos por  mantenerse pulcro y alejado del cambalache de rudezas del juego, sino que, aunque perniles y polvo lo intentaban (las piernas con gran ahínco), no había manera de alcanzarlo. Dotado para burlar hasta la naturaleza, dijo de él un entrenador a los siete años.

Suele decirse que fulano era un cinco de la gran siete, o que mengano era un diez con todas las letras; pero con Módico Vargas no podía constreñirse su capacidad futbolística (¿sólo futbolística; o más bien artística, biológica?) a una sola posición ni, mucho menos, a epítetos tan trillados. Jugaba en toda la cancha (como flotando, afirmó el aguatero de su equipo a los once años – la verdad sea dicha, el hombre andaba siempre con unos tragos de grappa, y de lo que terciara, encima, con lo que la mirada líquida bien podía fabricarle distorsiones onduladas), y en cada puesto lo hacía de manera sublime.

A Módico Vargas lo descubrió Eladio Vázquez, ojeador del Auscultadores FC. “Descubrió” es un verbo excesivo, que siempre implica una relación desigual, ventajosa para la parte “descubierta”: que Módico Vargas transitara sus trece años en una realidad ajena a la de la ciudad no quiere decir que el encuentro entre uno de sus emisarios  y Módico destapara nada en absoluto; en su pueblo y en los poblados vecinos sabían de él, que es decir, conocían y admiraban sus condiciones excepcionales para el fútbol. Pero, ya se sabe, si la ciudad no descubre, pues no existe.

Así, entonces, en uno de sus tantos viajes al interior del país, Eladio lo vio a Módico Vargas jugar en una de las tantas canchas de tierra endurecida y arenilla suelta que hay en la región. Tres palos flacos y chuecos en cada extremo, las líneas marcadas a talón, completaban la precaria desolación repetida.

Allí lo vio. Jamás había visto nada igual. Ni en primera división, ni en otras ligas que había conocido en el extranjero, o en las selecciones. No recordaba haber visto – y había visto mucho; y recordaba muy bien lo observado – nada igual. Nada igual era un término que se le paseaba por la frente mientras lo miraba jugar... No, no juega, Módico Vargas hacia algo mucho más elevado que jugar. Módico Vargas ofrendaba belleza. Porque lo suyo no era mera habilidad... ni otra cosa... Acaso, por inusitada, su condición no tenía el beneficio... o más bien, el perjuicio de una definición. Lo que Módico Vargas hacía no se podía aprender ni entender – no había tiempo suficiete para alcanzar o domesticar tales capacidades, para aprehender su significado -; sólo disfrutar. Decir que se trataba de un don es incurrir en una simplificación ordinaria, en un burdo encumbrimiento de la ignorancia propia.

Eladio habló con el padre de Módico Vargas y prometió con desvergüenza y honestidad: sabía que cualquiera con dos dedos de frente honraría esas promesas y las aumentaría con tal de contar con Módico Vargas entre sus filas. El pre-contrato se firmó en la cocina de la casa de los Vargas, a la luz de un sol de noche picado de mosquitos. El padre de Módico Vargas y Eladio brindaron con un licor de caña que bien podría haberse utilizado para corroer metal.

La primera señal, que en su momento, no fue entendidad como tal, se produjo en el entrenamiento. Módico Vargas no podía parar de estornudar, y los ojos, irritados, le lloraban. El aire de mierda de la ciudad, propuso alguno a manera de explicación. Cuando se le pudran un poco las vías respiratorias, en unos días, va a estar bárbaro; el mismo que había realizado el comentario anterior.

Pero el tiempo no hizo sino empeorar el cuadro. Finalmente, un médico le puso nombre a lo que, ya más de uno, andaba temiendo: alergia al pasto; más específicamente, al Lolium Perenne, más conocido como Raigrás Perenne. Si quieren que juegue, van a tener que buscar otro césped.  Claro que la solución sólo era válida jugando de local...

Luego del cambio de césped, Módico Vargas anduvo fenomenal. Hasta la tercera fecha (por calendario, los dos primeros partidos del campeonato le tocaron de local a Auscultadores FC), cuando visitaron a al Deportivo San Seguime, cuya cancha tenía una mezcla de Raigrás Perenne y Pasto Azul. El ayudante del técnico del FC Marítimo no necesitó ningún médico para descifrar la sintomatología.  El campo de Marítimo no tenía Raigrás ni Pasto Azul, así que – sin saber cuál era el componente que desencadenaba la anulación de Módico Vargas.

Las malicias tienen la capacidad de comunicarse incluso (o acaso, sobre todo) sin palabras, sin la intención de ser transmitidas. Así, todos los campos de juegos – excpeción hecha del de Auscultadores, claro está – terminaron estando compuestos por la misma combinación vegetal, relegando a Módico Vargas a los partidos de local, y a la neutralización de su efecto en la liga.

Las malas lenguas dicen que fue el médico del Auscultadores el que vendió el secreto, y no el ayudante de FC Marítimo el que se percató de la dolencia. Como fuere, al año, Módico Vargas estaba de vuelta en el pueblo: del polvo al polvo un breve trayecto de estornudos y admiraciones cautas (nadie quería encariñarse, idolatrar a un pibe que, sabían, tenía los días contados en la liga).

Unos seis años después de su paso por la liga, el presidente del FC Marítimo se acercó al pueblo para ver qué era de Módico Vargas. La culpa (esa forma de relacionarse de manera egocéntrica y auto-imputadora con el pasado) más que la curiosidad lo llevó allí. Módico Vargas (que en momento tenía diecinueve años), en medio de un campo de tierra, seguía siendo único. Cuando terminó el partido, el presidente de Marítimo pensó en acercarse, contarle la mezquidad y disculparse. Pero un temor remoto, una misería mínima, pero con ánimos de crecer, lo retuvo. Se fue del pueblo en silencio, como había venido. No fuera cosa que esos actos terminaran teniendo como consecuencia vaya a saber qué otros. Uno nunca sabe. Además, al muchacho, se lo veía muy bien jugando entre los suyos. Cada quien en su lugar, y todos contentos. Un remolino le levantó el peluquín, como si fuese necesaria tal metáfora para ver en su interior.


domingo, 25 de diciembre de 2016

Un fútbol mundial con los mismos protagonistas pero diversificado (Yahoo)




Aunque posiblemente el portugués Cristiano Ronaldo arrase con todos los premios individuales de 2016, el fútbol mundial nos sigue mostrando una rivalidad palmo a palmo con el argentino Lionel Messi mientras cada vez más ligas de distintos países se van apuntando a la fiebre de la pelota, en tiempos en los que la propia FIFA se propone elevar la cifra de participantes en los principales torneos.

Para un Mundial que en el futuro posiblemente alcance la cifra de 48 equipos en la fase final, aunque con otro formato, mientras que lo mismo acontecería con el Mundialito de Clubes, al que se clasificarían muchos más equipos, suena lógico que muchas ligas nacionales de países emergentes, que siempre han tenido que sufrir para llegar a las últimas instancias, ahora se planteen su participación como mucho más cercana.

Así es que especialmente China, aunque también India y cada vez más ligas se lancen con todo en la búsqueda de formar parte de la fiesta grande del fútbol. Uno de los ejemplos pudo constatarse ya en el pasado Mundialito de Clubes de Japón, donde ni el equipo sudamericano ni el africano lograron clasificarse a la final ante el Real Madrid, algo que sí consiguió el Kashima Antlers, dejando una muy buena imagen.

En el caso de China, desde el propio Estado se ha alentado potenciar al fútbol local, para lo cual se puede aprovechar la situación de acumulación de dólares de estos años por parte del país como para lanzarse a una impresionante inversión en jugadores top, como para ir trasladando el eje de la atención desde Europa hacia allí, algo que seguramente llevará varios años, y que se suma a la inversión también realizada por la Major League Soccer (MLS) de los Estados Unidos desde hace ya varios años.

Es a ese mundo que pretende ser multipolar en el fútbol,  al que Africa y especialmente Sudamérica deberán adaptarse en cuanto a sus organizaciones y sus ligas para no irse aislando. Se trata de dos continentes básicamente vendedores, aunque hay enormes distancias históricas entre uno y otro y tampoco parece casual que la Conmebol haya decidido que a partir de 2017 su gran torneo continental, la Copa Libertadores de América, se juegue anualmente y no en un solo semestre como era hasta ahora.

Uno de los motivos es que justamente al terminar a fines de junio o los primeros días de julio, el ganador de la Copa Libertadores quedaba muy lejos del Mundialito de Clubes y como además no podía resistir a la oferta por sus mejores jugadores desde Europa u otros mercados, llegaba a diciembre bastante debilitado respecto del campeón de la Champions League.

De cualquier forma, el hecho de que ahora la Copa Libertadores se juegue anualmente no implica que muchos jugadores no se vayan cuando se abra el mercado de verano europeo y entonces muchos equipos queden debilitados o con necesidad de reforzarse para suplir sus pérdidas para la segunda parte del torneo, lo cual le dará una cierta irregularidad.

En cuanto al fútbol europeo, desde hace ya varios años que hay una cierta lógica. Pese a excelentes actuaciones de algunos jugadores como Antoine Griezmann, Neymar, Marcelo, Gareth Bale, Sergio Busquets, Luis Suárez o David De Gea, nadie parece quitarles la disputa por el reinado de cada año a Cristiano Ronaldo y a Messi, enfrascados en seguir batiendo todo tipo de récords en una inédita disputa de casi una década.

En este caso, los premios parecen decantarse más por el portugués aunque la explicación es confusa porque pasa mucho más por logros colectivos que individuales, tratándose de galardones para jugadores y no para labores colectivas.

Si nos basamos en las conquistas de equipos, entonces no hay debate y Cristiano Ronaldo, con sus éxitos en la Champions League y el Mundialito de Clubes con el Real Madrid, y en la Eurocopa con Portugal, lleva mucha ventaja.

Sin embargo, como se citó anteriormente, sería importante definir si los premios individuales se otorgan por rendimientos como jugador o por lo que consiguieron con sus clubes o selecciones.

Un buen ejemplo de ello es el sueco Zlatan Ibrahimovic, que siendo uno de los mejores jugadores del mundo, al no poder clasificarse a un Mundial con su selección, más de una vez ha pagado por razones ajenas a su clase o técnica.

En este sentido, Cristiano Ronaldo se ha beneficiado, con el Real Madrid, de un muy favorable sorteo de Champions para los octavos y cuartos de final, que colocó a los blancos rápidamente en las instancias finales cuando no estaban jugando nada bien y habían llegado con mucha dificultad, mientras que algo parecido ocurrió en la Eurocopa de Francia, en la que la selección portuguesa no había realizado destacadas labores en las fases previas y en la propia final, aún venciendo a los locales, su mejor figura debió salir lesionado cuando quedaba mucho para la definición del torneo.

Creemos que en lo individual, y pese a una lesión que lo marginó de los campos por algunas semanas, Messi ha sido superior, en lo individual y en cuanto a la continuidad, que el propio Cristiano Ronaldo, aunque es evidente que lo que cuenta en los premios para por otro lado.

En cuanto al fútbol europeo, si bien la Premier League sigue siendo la mejor liga del mundo, por su nivel y alcance, y aunque la Liga Española no sólo mantiene en la vanguardia a sus dos mejores equipos, el Real Madrid y el Barcelona, aunque sumando como muy competitivos al Atlético Madrid, al Sevilla y al Villarreal, uno de los torneos en franco ascenso es el de la Bundesliga, por el respeto por el balón y por la impresionante concurrencia.


El fútbol mundial, a fines de la segunda década del siglo XXI, se debate también en la necesidad de los cambios tecnológicos y en la necesidad de que la ética reine por fin y se acabe la corrupción dirigencial que estuvo asolando durante tantos años.

viernes, 23 de diciembre de 2016

La AFA, ante frentes cada vez más delicados





La situación de la AFA debe medirse cada día, incluso, depende del día, cada tantas horas. La entidad madre del fútbol argentino parece a punto de explotar y eso ha generado incluso que no lo pudiera soportar ni siquiera el actual presidente de la Comisión Normacrizadora, Armando Pérez, internado con un delicado estado de salud que según sus familiares es parte atribuible a su carácter de fumador empedernido pero también en parte por el enorme estrés que genera todo lo que ocurre alrededor de la institución de la pelota.

Si el Comité de Regularización (así llamado oficialmente aunque se trata de una intervención mix entre el Estado y la FIFA, que le da un carácter más extraño que en cualquier otra anterior en la historia de la entidad) se encontraba con la dificultad de que ahora debe asumir su número dos, el jurista deportivo Javier Medín (con ligazón a Boca Juniors), lo que debe enfrentar de aquí al 31 de diciembre es demasiado complicado.

Porque tal como ocurrió el 24 de junio de 2016, especialmente aquel día de furor en el que la jueza María Servini desafió a la FIFA y Damián Dupuillet asumió interinamente por unas horas y se redactó un informe enviado a la FIFA por el que se rechazaba la conformación del actual Comité de Regularización (http://sergiol-nimasnimenos.blogspot.com.ar/2016_06_01_archive.html), avalado todo por la magistrada, todo parece volver a fojas cero y la situación tiene un parecido notable.

De fondo, y como anoche advirtió el secretario general adjunto de la FIFA, el ex jugador croata Zvonimir Boban, otra vez la AFA jugó con fuego, y nuevamente la jueza Servini se animó a desafiar a Zurich resolviendo convocar a una Asamblea Extraordinaria antes del 31 de diciembre para que ésta elija presidente de la entidad argentina, es decir, con la obligatoriedad de hacerlo antes de aprobarse el nuevo estatuto.

Se sabe que la FIFA dispuso un calendario al revés: primero el estatuto y recién luego, la Asamblea y las elecciones, porque además, la Asamblea deberá tener ya los miembros que dispondría el nuevo estatuto, que aún no ha sido finalizado de redactar en Zurich y que se supone que estaría listo para febrero de 2017, cuando de todos modos, la intervención tiene como fecha límite el 30 de junio próximo, es decir que debería haber tiempo de sobra.

Por eso es que la FIFA, a través de la carta de Bobban que llegó a la AFA anoche y que se refiere al recurso interpuesto por Argentino de Quilmes ante la jueza Servini, aclara taxativamente que de acuerdo a los artículos 14,15 y 19 del estatuto de la entidad internacional, no acepta “injerencia de terceros” en los asuntos internos de cada miembro y que según el artículo 5 no puede someter sus asuntos ante la Justicia ordinaria y en cambio debe hacerlo en el ámbito de su federación, la Conmebol o la FIFA.

Esto coloca a la AFA al borde de la desafiliación (es decir, la imposibilidad de participar en cualquier competencia internacional tanto de equipos como de selecciones nacionales) si se llega a una situación límite y cuando casualmente la selección argentina finalizó primera en el escalafón mundial.

Mientras se esperan los resultados de la apelación del Comité de Regularización, Medín, al mismo tiempo, tiene febriles reuniones con los clubes y con el Gobierno para conseguir parte del resarcimiento prometido por la rescisión del programa estatal Fútbol para Todos a partir del 1 de enero, aunque el presidente Mauricio Macri haya prometido que continuaría durante toda su gestión, hasta diciembre de 2019.

Es decir que los clubes y la propia AFA, no están hoy, en víspera de fiestas, y con el ambiente caldeado por el vaciamiento que vive hoy el fútbol argentino, que ni siquiera ha recibido buena parte de las partidas de FPT de los meses anteriores, para celebrar elecciones con un estatuto viejo y muy cuestionado desde Zurich, luego de aquel esperpéntico 38-38 y con la espada de Damocles pendiendo desde Zurich a la calle Viamonte.

Esta jugada de Argentino de Quilmes, al igual que la de aquel 24 de junio pasado, tiene el nombre y el color de los clubes chicos, que resisten como pueden el embate gubernamental y saben que de votarse con el viejo estatuto ganarían el poder y podrían recrear varias de las cuestiones del grondonato.

Pero los problemas graves no terminan allí. A día de hoy, no hay TV para completar la temporada 2016/17 en la primera división. Por un lado, ninguna de las empresas que podrían comprar esos derechos ven con buenos ojos la exigencia de 3500 millones de pesos por año, porque sus gerentes no son tontos y conocen los enormes problemas que atraviesa un fútbol argentino absolutamente desquiciado y con varios frentes de tormenta.

Si la comisión de dirigentes presidida por Marcelo Tinelli no aceptó la oferta de la UTE compuesta por Fox y Turner de 2200 millones, ahora se fueron sumando otras como ESPN (de la mano de Claudio “Chiqui” Tapia, presidente de Barracas Central y yerno de Hugo Moyano) y hay otras agazapadas esperando su turno para negociar.

De todos modos, mientras se mantiene una aparente intransigencia de los clubes, y mientras sigue estacionada la idea de la Superliga (nunca suspendida, como se quiere hacer ver, y tampoco rechazada por Macri, como alguna vez se dijo), los mismos actores mediáticos de los años 90 se van articulando para armar un entramado tal que ninguno se quede afuera, a partir de aquellos lazos que supieron conseguir.

No sería de extrañar entonces que más allá de quien acabe siendo la cara visible del acuerdo con el fútbol argentino, terminen siendo todos ganadores en algún aspecto del negocio, incluso aquellos que quedaron absolutamente pegados al FIFA-Gate.
Bastó una paga de fianza o de una suma importante de dinero para que algunos medios consideren terminado el asunto, como si la ética no existiera.


Al fin de cuentas, si en diciembre de 2015 hubo ya un 38-38 en 75 votos, ¿qué le hace una mancha más al tigre?

domingo, 18 de diciembre de 2016

Innovaciones y sorpresas en el Mundial de Clubes (Yahoo)





Antes de comenzar el Mundial de Clubes de Japón de esta temporada, para la gran mayoría era claro que la final la jugarían, como casi siempre, el Real Madrid, campeón de la Champions League europea, y el Atlético Nacional de Medellín de Colombia, ganador de la Copa Libertadores de América, dado el dominio que las entidades de los dos continentes han ejercido hasta ahora desde que comenzara a disputarse la Copa Intercontinental en 1960.

Desde aquel entonces, cuando Real Madrid, campeón de Europa, jugó ante Peñarol de Uruguay la Copa Intercontinental, hasta el cambio de formato hacia el actual Mundial de Clubes en 2005 (con un ensayo que quedó sin continuidad en 2000), se disputaron 57 torneos para definir al mejor equipo del mundo, y en 54 de ellos los dos finalistas fueron europeos y sudamericanos.

Sin embargo, y no parece ya casual, es la tercera vez en la última década en la que un equipo sudamericano no llega a disputar la final porque Atlético Nacional de Colombia, no sólo campeón de la Copa Libertadores sino finalista de la Copa Sudamericana que no pudo determinar un campeón en el campo de juego por la tragedia del Chapecoense brasileño, fue derrotado por el elocuente 3-0 por los locales del Kashima Antlers.

Por primera vez, entonces, un equipo asiático llegaba a la final de un Mundial de Clubes, porque en las otras dos ocasiones, habían arribado el Mazembe de Condo en 2010 (había eliminado en semifinales al Inter de Brasil) y el Rajá Casablanca (Marruecos), que había dejado fuera de la definición al Atlético Mineiro, también brasileño, en 2013.

Sostenemos que no parece casual tanto a favor del equipo japonés como en contra de los equipos sudamericanos. En el caso del Kashima Antlers, no sólo pudo comprobarse en la semifinal, ganada por amplitud ante un equipo que en 2016 ejerció notable dominio en el continente sudamericano, no sólo ganando partidos o torneos sino también habiendo sido claramente el que mejor jugó en esas competencias, sino que luego volvió a demostrar su enorme crecimiento técnico y táctico en la final ante el Real Madrid, gran candidato para todos, por la calidad de su plantilla.

Kashima Antlers jugó en un altísimo nivel de gran paridad con el Real Madrid, lógicamente sufriendo durante el partido momentos de total dominio blanco y parado de contragolpe, pero también ha generado importantes llegadas y posibilidades de gol que convirtieron en figura al portero costarricense Keylor Navas, algo impensado antes de disputarse la final.

Notables figuras como Gaku Shibasaki, autor de los dos goles de su equipo, que por un momento estuvo incluso arriba en el marcador, pero también el portero Hitoshi Sogahata, de brillantes paradas, se pudieron mezclar con estrellas del fútbol mundial como Sergio Ramos, Marcelo, Luka Modric, Toni Kroos, Karim Benzema o el portugués Cristiano Ronaldo, autor de cuatro goles en el torneo y tres de ellos en la final, elegido mejor jugador y futuro Balón de Oro del año en curso.

Acabó imponiéndose el Real Madrid tan sólo en el alargue porque ya transcurrido cierto tiempo, el desgaste para cualquier rival en el mundo es mucho mayor, y la potencia de tamaños jugadores hace la diferencia, pero ha sido una enorme sorpresa el desempeño del Kashima Antlers, que abre las puertas a un cambio de paradigma: el futuro ha llegado.

Desde el punto de vista del fútbol sudamericano será necesario un amplio replanteo de la situación para la disputa de futuros mundiales de clubes (el próximo será en Emiratos Arabes) porque hay un evidente retraso en el juego y especialmente en cuestiones administrativas.

Anteriormente, las Copas Intercontinentales o luego los primeros Mundiales de Clubes eran tomados como el principal objetivo en el año, incluso superior al de las entidades europeas, pero el calendario y la situación económica conspira contra esto.

Si la Copa Libertadores termina a mediados de año, y luego de finalizada se abre el mercado de verano de Europa y Sudamérica es en fútbol un continente exportador por naturaleza, acaba ocurriendo que los sudamericanos no llegan a diciembre con la plantilla ganadora sino con un remiendo de la misma y con varios cambios, mientras que los europeos llegan aún más reforzados a la cita de fin de año, y la diferencia es demasiado amplia entre unos y otros, algo que comenzó a evidenciarse desde 2004, pero que ya en el último lustro determinó que los sudamericanos ya ni siquiera puedan llegar a la final.

En cuanto al cambio por el uso de la tecnología, lo ocurrido en el partido por la semifinal entre el Kashima Antlers y el Atlético Nacional de Colombia, cuando el árbitro húngaro Víktor Kassai convalidó con mucho atraso el penalti para el equipo japonés (en el que hasta se discutió si previamente no había fuera de juego del jugador Daigo Nishi, quien fue objeto de falta por el defensor Faryd Díaz), marca un antes y un después .

De todos modos, la forma en que fue cobrada la falta que dio lugar al primer gol del Kashima Antlers, da lugar a serios replanteos porque no puede transcurrir tanto tiempo hasta resolver una jugada, porque el público entra en una considerable confusión y a su vez debe haber claridad sobre los puntos del reglamento que quedan afectados en la consideración del video ref, porque como en este caso pudo haber ocurrido, el sistema no tomaba en cuenta a las posiciones adelantadas y esta situación, en caso de haber ocurrido, era previa a la del penalti.

El uso de la tecnología en el fútbol siempre será bienvenido  cuando ya estamos pasando el promedio de la segunda década del siglo XXI y cuando otros deportes llevan mucho tiempo accediendo a lo más moderno para los fallos polémicos, pero también hay que evaluar el contexto del deporte con más aficionados en el planeta.

Sería casi impracticable si para cada determinación con video ref se perdiera tanto tiempo y en determinadas culturas pasionales como la latina, ese tiempo sin decisiones sería fatal, además de dar lugar a todo tipo de presiones, por lo que una posibilidad sería que por ejemplo los capitanes de cada equipo acompañaran al árbitro a observar la repetición en una cámara de control.


En fin, el uso de la tecnología puede ser fundamental pero todo indica que la experimentación en las fases iniciales daba más para un torneo sub-17 o de menos importancia planetaria que un Mundial de Clubes, pero puede servir  como experiencia para el futuro.

domingo, 11 de diciembre de 2016

El liderazgo de Tévez y el error de un cambio



Boca consiguió en el Monumental su tercer clásico consecutivo  luego de vencer como visitante a San Lorenzo (1-2) y como local a Racing Club (4-2), trepó a la punta del campeonato y dejó atrás a Estudiantes, derrotado en San Juan por San Martín, y nada de esto es casualidad, más allá de los lógicos avatares de un partido sumamente cambiante, como hacía tiempo que no ocurría entre los dos equipos más grandes de la Argentina.

Tras un dubitativo comienzo de temporada, cuando muchos se encolumnaron rápidamente en una racha positiva a partir de un calendario que ofrecía rivales accesibles que no daban una medida real de su fútbol, a Boca se le fueron acomodando las ideas y fue apareciendo un equipo tan sólo cuando tras una larga lesión, Fernando Gago regresó a la titularidad y su entrenador, Guillermo Barros Schelotto, lo ubicó en el medio y quitó a Ricardo Centurión.

De esta manera, Boca ganó en claridad en la salida y en la administración de la pelota, y de paso, Carlos Tévez dejó de deambular por la cancha sin sentido, en una posición que nunca sintió, como la de un “falso nueve”, aunque tampoco es un diez clásico, y comenzó a tener espacios como para llegar con criterio o en su defecto, asistir a sus delanteros.

Escribíamos más arriba que no es casual este momento de Boca, porque los resultados cantan no sólo desde el marcador sino en los goles, no sólo en los tres clásicos (10 a favor contra 5 en contra) sino también el amistoso ante el Sevilla que marcó el regreso de Gago, con otro 4-3 muy interesante como banco de pruebas.

Pero regresando al Superclásico, éste tuvo muchos aditamentos, desde dos arqueros inexpertos que demostraron esa inmadurez (especialmente Augusto Batalla, de muy mala salida, por querer “cancherear”, en el empate 2-2 de Tévez, aunque también Axel Werner, al que le sobró un córner en el final), hasta fallos graves en ambas defensas centrales, por lentitud y por algunas faltas de criterio (como dos despejes de Gino Peruzzi hacia adentro, uno de los cuales generó el empate 1-1 de Driussi).

Boca era más al principio, durante los primeros veinte minutos, porque River nunca le encontró la vuelta a la posición de Tévez, bien colocado detrás de Leonardo Ponzio, pero a su vez a prudente distancia de la defensa riverplatense, y los visitantes pudieron haber sacado una diferencia más grande si Christian Pavón, como le suele pasar, no se hubiese equivocado tanto en la definición, porque se trata de un jugador tan hábil como veloz, aunque no ha demostrado aún tener una inteligencia a la misma altura.

Y tras el gol de Walter Bou, que establecía la merecida ventaja para Boca, ocurrió lo de casi siempre en el fútbol argentino: equipo que gana, se retrasa sin miramientos para conservar el resultado y así fue como River fue creciendo al encontrar los espacios que antes no tuvo.

En esa segunda parte del primer tiempo fue cuando más jugaron los que saben: creció la figura de Andrés D’Alessandro, se sumó cuando pudo Gonzalo Martínez, empezó a tener un poco más de participación el de todos modos bastante apagado Ignacio Fernández, siempre con la ventaja de que en el mediocampo de Boca, no alcanza con la presencia de Pablo Pérez o el buen toque de Gago porque Rodrigo Bentancur sigue siendo un misterio por su alta cotización y su escasísima prestación.

No fue de extrañar entonces que River diera vuelta el resultado antes del descanso. Driussi aprovechó un cierre contra natura de Peruzzi, y luego Lucas Alario sacó provecho de otra posibilidad, y al comienzo del segundo tiempo todo parecía ser una continuidad del primero, con Boca sin mover ficha, sin encontrar espacio para llegar al arco de Batalla.

Pero allí ocurrió lo impensado. Que un director técnico tan exitoso, tan influyente en estos años de gloria de River como Marcelo Gallardo, cometiera un error tan grave como el de pretender, al igual que su colega rival, bloquear definitivamente el clásico con el ingreso de Iván Rossi por D’Alessandro, con lo cual le quitaba a su equipo gran parte de la creatividad.

Tampoco tuvo suerte River porque enseguida llegó el empate de Tévez por una muy mala salida de Batalla y los locales ya no tenían los mismos argumentos, porque el “Pity” Martínez había salido también, reemplazado por Rodrigo Mora, y entonces allí sí, Gallardo quiso corregirlo con el ingreso del chico Tomás Andrade por Driussi, pasando a Mora a jugar en dupla con Alario en el ataque. Pero ya era demasiado tarde porque River había perdido el juego colectivo, y a los que tenían la mayor técnica para generarlo.

Boca había vuelto a crecer. Tévez, que ya había asistido a sus compañeros en los primeros minutos, y había empatado, tuvo la oportunidad de poner otra vez en ventaja a Boca con un golazo, y ya los visitantes pudieron aprovechar los espacios y una mala disposición de la defensa millonaria para llevar a 2-4 la diferencia final gracias a un último gol de Ricardo Centurión, reemplazante de un Bou que fue desapareciendo de las acciones.

Justo triunfo de Boca, más allá de que la diferencia pueda parecer excesiva. Si es por gran parte del tiempo del clásico, lo fue. Si es por los primeros veinte minutos, los visitantes pudieron haber marcado más goles, si bien también es cierto que en la segunda parte del primer tiempo, River bien pudo colocarse 3-1. Pero Boca manejó mejor sus buenos tiempos que River los suyos.


El Mundial de Clubes, próximo objetivo de un Real Madrid imbatible (Yahoo)




Cuando finalizó el partido de Liga Española contra el Deportivo La Coruña, algún medio ironizó con que había que edificar una estatua de Sergio Ramos en la puerta del estadio Santiago Bernabeu.

Es que tras un final apoteótico, con el triunfo de los blancos 3-2 cuando a pocos minutos del final caían 1-2, encadenaron su partido número 35 sin perder pero mucho más que eso, transmitieron una idea total de invencibles, de que juegue quien juegue en el equipo, pero en especial con determinados símbolos como el propio Ramos y Marcelo, no hay quién lo resista.

La forma tribal en que Marcelo se golpeaba el pecho cuando finalizó el partido ante el Depor, jugado con varios suplentes y con el lateral izquierdo brasileño ingresado en los últimos minutos, transmite una idea de una fuerza muy particular y mucho mejor aún la de Ramos, que cuando parecía que el empate ya era difícil de alterar, las cámaras de TV lo apuntaron en la jugada en base a balón parado, sabiendo que el central es capaz de cualquier cosa cuando todo está a punto de finalizar, como ya ocurrió tantas otras veces. Y Ramos cumplió una vez más con su soberbio gol de cabeza.

Este Real Madrid, que marcha sin derrotas por todas las competencias, sin embargo, tuvo una gran resistencia a mediados de semana en el Bernabeu ante un muy ordenado Borussia Dortmund, que le pudo remontar un 2-0 en contra a partir de un equipo con pretensiones y mucha dinámica, y terminó arrebatándole definitivamente el liderato del grupo clasificatorio para los octavos de final de la Champions League, abriendo un nuevo escenario para los blancos en el torneo continental.

Y precisamente mucho más este partido ante el conjunto alemán que dirige Thomas Tuchel abre un pequeño interrogante sobre cómo afrontará el Real Madrid el próximo reto, el Mundial de Clubes de Japón, cuando ya conoce a su rival del jueves que viene, el América de México, uno de los equipos más grandes del continente norteamericano.

A priori, el América no parece reunir condiciones como para vencer al Real Madrid aunque sí se trata de un club poderoso, que no sólo transita el año del centenario de su fundación, sino que paralelamente acaba de arribar a la final de la liga de su país, en la que deberá enfrentar a los Tigres de Monterrey, finalistas de la Copa Libertadores de América de 2015 ante River Plate.

El América, dirigido por el extrovertido y polémico entrenador argentino Ricardo La Volpe, de cuyo estilo muchos emparentan (creemos que de manera exagerada) con Josep Guardiola o Marcelo Bielsa), tuvo que transpirar mucho en los cuartos de final para poder superar al Jeonbuk Hyundai Motor de Corea del Sur, campeón asiático 2-1, con dos tantos del argentino Silvio Romero, una de las grandes figuras de los norteamericanos, tras ir en desventaja.

El América cuenta con buenos jugadores en todas sus filas, como el portero Moisés Muñoz, defensores como el experimentado paraguayo Miguel Samudio y el argentino Paolo Goltz (que había sido campeón con Lanús) o los delanteros Oribe Peralta (campeón olímpico con México en Londres 2012) y el mencionado Romero.

La Volpe, el entrenador del América, tiene una enorme experiencia ejerciendo el cargo en México, pero en la Argentina ha tenido una dura temporada justamente hace una década, cuando sucedió a Alfio Basile en un Boca Juniors que no sólo era bicampeón nacional sino que se dirigía a su tercera liga consecutiva con 18 puntos en los seis primeros partidos, y en un torneo de diecinueve jornadas.

Basile había saltado a la selección argentina y La Volpe acabó perdiendo ante el Estudiantes de La Plata que dirigía un joven Diego Simeone, cuando a falta de tres partidos llevaba seis puntos de ventaja, pero al terminar el torneo fue alcanzado y terminó perdiendo la final por el desempate, lo que para muchos analistas es uno de los campeonatos más insólitos perdidos por un equipo en la historia del fútbol albiceleste.

La Volpe había llegado a Boca por su gran planteo con la selección mexicana ante la argentina por los octavos de final del Mundial de Alemania 2006, cuando consiguió bloquear a un equipo repleto de estrellas, que había jugado una muy buena fase de grupos, y que sin embargo tuvo que sufrir el esquema contrapuesto por el entrenador rival y compatriota.

Acaso La Volpe tenga este jueves la chance de que el mundo fije su atención a otra nueva posibilidad de un planteo semejante ante otro rival de fuste, como este Real Madrid que no parece tener oposición entre los equipos del Mundial de Clubes.

De todos modos, todo indica que el gran examen de los blancos debería ser la esperada final del torneo, supuestamente ante el campeón de la Copa Libertadores, el Atlético Nacional de Medellín, que también estaba por disputar su segunda final consecutiva continental por la Copa Sudamericana, pero la tragedia del Atlético Chapecoense brasileño lo acabó impidiendo.


Si es por los resultados, en estos tiempos en los que la economía pesa mucho más que en décadas anteriores, nadie ha podido contra los clubes europeos ganadores de la Champions League y de hecho, sólo el Inter de Brasil (que paradójicamente descendió a Segunda en su país el pasado domingo) venció al Barcelona en 2006 y el Corinthians al Chelsea en 2012 en los últimos diez años de Mundiales de Clubes y el propio Real Madrid lo sabe, porque  en 2014 no tuvo demasiados problemas para vencer a los argentinos de San Lorenzo.

viernes, 9 de diciembre de 2016

El hastío de Tévez habla más de la Argentina que de él




Y Carlos Tévez se cansó. Hace tiempo que su hastío se refleja en su conducta, sus declaraciones y, lo menos imaginado, en algunos momentos hasta en los campos de juego.

Lejos está ya julio de 2015, cuando abandonó la Juventus para regresar a su amado Boca Juniors en una opaca operación económica en la que nunca se reflejó exactamente cuánto es lo que el club argentino tuvo que erogar por un pase que bien pudo haber sido gratis un año después, cuando quedaba libre por finalizar su contrato con la entidad italiana, con jugadores juveniles de mucho futuro, como parte de pago.

Aquel regreso por anticipado de un Tévez aún joven (31 años) a mediados de 2015, 
vino acompañado de toda la pompa, los intereses electorales (sirvió para que Daniel Angelici cambiara el eje de su cuestionada presidencia de Boca hasta entonces, a pocas semanas de la escandalosa eliminación ante River en aquella noche del gas pimienta por la Copa Libertadores) y para que una cadena de TV tuviera todos los privilegios para la transmisión de su re-debut y para que a partir de entonces, un gran diario argentino titulara todos los éxitos del equipo con méritos del Apache, cuando lo mereció y cuando no también.

Desde ese aterrizaje de Tévez en el fútbol argentino fue carteles en las calles, y fue protagonista de cuanta publicidad apareció por radio y especialmente de TV, hasta parecer omnipresente.

Y ese Tévez comenzó a saturarnos pero más que todo, a saturarse. Como él mismo manifestara en la conferencia de prensa del jueves 8 de diciembre, tal vez mala semana para manifestarlo pero siempre dentro de su sinceridad a prueba de micrófonos, grabadores y centros a la cabeza del gran porcentaje de la prensa vernácula, ésta que él encontró tras once años en el exterior, no es la Argentina que había dejado.

A Tévez le ocurrió lo que a tantos argentinos que tuvieron la suerte o la posibilidad de emigrar, entre ellos, este mismo cronista. Y entonces, encontró un país mucho más embrutecido, más violento, más insatisfecho, más resignado, más corrupto, más mediocre, menos ilustrado, menos esperanzado, más realista, demasiado materialista, efectista.

Y en ese contexto, como no podía ser de otra forma, Tévez encontró un fútbol muy degradado, el del 38-38, el de la violencia sin fin, en el que los partidos pueden no terminar, en el que la violencia no cesa ni aún cuando los hinchas visitantes no pueden acompañar a su equipo aunque canten “yo te sigo a todas partes”. En el que se inflan los operativos policiales para sacar unos mangos más, en el que los ídolos son usados políticamente por los Gobiernos (no olvidar el tironeo por él entre sus amigos y compañeros de fulbito Mauricio Macri y Daniel Scioli en las elecciones presidenciales del año pasado) y por su propio club, o en el que en las conferencias de prensa se puede llegar a preguntar lo mismo por cuarta vez, o alguien prefiere tirarle un chiste o que muchos se rían a carcajadas ante la primera ironía dicha con timidez desde el micrófono.

Un Tévez que jugó en la Premier League y en clubes como Manchester United o Manchester City, en la Serie A en la Juventus, tuvo que quejarse por algunas instalaciones en el club, y especialmente le costó entender los sistemas tácticos utilizados especialmente por sus directores técnicos Rodolfo Arruabarrena y su ex compañero Guillermo Barros Schelotto para un equipo grande como Boca, demasiado defensivos, tomando enormes precauciones (hasta en condición de local), algo que no había ocurrido una década atrás, cuando todavía vestía esa camiseta.

Este Tévez “europeo”, acostumbrado a una vida disipada, a jugar al golf , a una educación de primer nivel para sus hijos, se encontró con que ganar (y de cualquier modo) es lo único importante, que no podía darse el lujo de tener un pronunciado bajón como en el peor momento, en el final de la ansiada Copa Libertadores, con un periodismo justificador del resultado y demasiado pendiente de cada movimiento, sin la privacidad necesaria fuera de la práctica del fútbol y un contexto enfermo que hizo que su entorno se replantee todo y “recalcule” el futuro, sea en China (con una oferta muy difícil de resistir aunque ya la rechazó hace medio año) o para retirarse.


Por todo esto, el hastío de Tévez no habla tanto de él mismo. En todo caso, habla mucho más de esta Argentina de este tiempo.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Una gran oportunidad perdida por el Barça (Yahoo)




El agónico gol de Sergio Ramos, un defensor acostumbrado a estas proezas en los finales de los partidos clave, y en la mayoría de los casos, de cabeza, deja al Real Madrid en una situación inmejorable en la tabla de posiciones de la Liga Española al empatar un Clásico que parecía perdido en el Camp Nou, pero más que todo, dejó cierta idea de justicia por lo ocurrido ante el Barcelona.

El Barcelona tuvo una gran oportunidad el pasado sábado. Porque no encontraba las vías para llegar hasta la portería de Keylor Navas, a partir de que una vez más, no tenía respaldo en un sistema táctico para atravesar la valla interpuesta por el Real Madrid. Y sin embargo, y al contrario de siempre, Luis Suárez pudo definir con un cabezazo, ganándole por un segundo la posición a Varane.

Por lo que fue el partido, jugado como si fuera en un tablero de ajedrez y con un equipo local limitado por la falta de creatividad y obligando a Lionel Messi a bajar demasiados metros para tomar contacto con el balón, y un Real Madrid con un esquema en el que Lucas Vázquez también volanteaba y se sumaba a Kovacevic, Luka Modric y a Isco,  Cristiano Ronaldo y Benzema quedaron muy aislados y quedaron con muy escasa participación.

Era claro que el empate favorecía mucho más al Real Madrid que al Barcelona no sólo por la diferencia de seis puntos en la tabla de posiciones, sino porque además en la vuelta, se debe jugar en el Santiago Bernabeu cerca del final del torneo y allí los blancos podrían sacar una venta específica en el posible enfrentamiento de cada temporada entre ambos en la lucha por el título.

Pero si bien el Real Madrid no pudo contar ni con Gareth Bale ni con Toni Kroos, y son dos jugadores muy importantes en sus líneas, la ausencia más trascendente era la de Andrés Iniesta, en el banquillo a la espera de tener algunos minutos tras una lesión de un mes de duración.

Y fue la ausencia más notoria porque la falta de Iniesta ha resentido mucho más el andamiaje del Barcelona, que la de Bale o Kroos el del Real Madrid.

Los blancos, como se dijo en esta columna en otras ocasiones durante esta temporada, tienen una estructura simple, sin darle al sistema táctico una importancia desmedida, y en cambio su entrenador Zinedine Zidane ha entregado una enorme dosis de confianza mientras ha quitado a sus jugadores buena cantidad de presión y todos juegan más sueltos.

En cambio, el Barcelona se fue desdibujando, no sólo porque ahora tiene como punto más fuerte el ataque, sino porque a su vez, salvo en el caso de que Messi retroceda muchos metros (por lo cual acaba perdiendo fuerza porque lo obliga a un gran desgaste), depende mucho de la magia de Iniesta para la generación de juego y para que el balón llegue a los componentes del tridente sudamericano, y cuando éste no está en el campo, los azulgrana sufren y no han encontrado un reemplazante acorde.

Sumado a esto, el entrenador Luis Enrique ha optado en todos estos partidos sin Iniesta por reemplazarlo por el portugués André Gomes, quien rinde mucho más como interior, ya sea como mediocentro adelantado o como nueve muy retrasado, pero que no siente la posición de armador de juego, como bien pudieron ser Rafinha o Arda Turán.

Así es que más allá de un par de goles perdidos por poco tanto por Messi como por Neymar, las llegadas del Barcelona habían sido escasas en un partido apenas discreto, cuando tras aquel cabezazo de Suárez que marcó la diferencia, se produjo, por fin, el ingreso de Iniesta, aunque por Iván Rakitic y no por Gomes, como era de esperarse.

Y con Iniesta, todo fue regresando a una cierta lógica en el juego del Barcelona, porque el crack de Albacete, con su simpleza y su talento, fue ordenando el juego, liberó a Messi de su doble trabajo de ida y vuelta por tantos metros, y el equipo regresó, en esa segunda mitad de la segunda parte, a una cierta cantidad de movimientos tradicionales.

Claro que Iniesta no puede modificar por sí mismo, y en esos minutos, tantas inseguridades que el Barcelona viene arrastrando en esta temporada, y entonces a falta de diez minutos, el equipo se fue retrasando naturalmente para conservar un marcador muy estrecho, en vez de persistir en el juego que había mejorado desde el cambio mencionado.

Y el Real Madrid, que no había logrado acercarse a un Ter Steggen muy errático con los pies, y pese a una defensa muy poco sólida en las últimas semanas, encontró en el final los espacios que le permitieron adelantar sus líneas y pensar, de la forma que fuere, en un empate que podía saber a gloria.

Y lo terminó encontrando, como tantas otras veces en partidos trascendentes, en la cabeza de Sergio Ramos, lo que parece mucho más castigo para la actitud temerosa del Barcelona que por méritos propios.

Aún así, en los noventa minutos el partido había sido parejo, y en el que pudo evidenciarse el gran momento de Luka Modric, muy importante en el traslado aunque poco acompañado del medio hacia adelante.


Falta mucho para terminar la Liga, pero el Barcelona deberá mejorar mucho para poder aspirar a ganarla. Tal vez el regreso de Iniesta lo ayude para recuperar el juego perdido y para enderezar el rumbo, porque de momento navega con destino incierto.