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jueves, 24 de mayo de 2007

Milan, campeon por coherencia (Columna en Yahoo)

Milan, el triunfo de la coherencia y la defensa del buen juego

Por Sergio Levinsky


El Milan no sólo ha ganado su séptima Copa de Europa en Atenas, sino que ha logrado algo sumamente difícil, que es tomarse revancha tan pronto de su vencedor de dos años atrás en Estambul, el Liverpool, y colocándose definitivamente en la lucha cabeza a cabeza con el Real Madrid por la supremacía histórica del viejo continente, sino que ha podido revertir una temporada complicadísima, que incluso comenzó con chances de encontrarlo en segunda división, luego del affaire del “Moggi-gate”.

En la conferencia de prensa posterior al partido, un muy tranquilo (acaso muy acostumbrado a los éxitos antes como jugador y ahora como entrenador) Carlo Ancelotti recordaba este asunto de vital importancia a la hora de encontrar un razonamiento al éxito final, que incluso logra tapar la liga que por fin ganó el Inter en el césped en el calcio.

“Carletto” recordaba que para noviembre pasado, y con un Milan que apenas si había podido lograr no recalar en segunda división, pero que arrancó con un importante descuento de puntos, todo era incertidumbre. La máxima ambición parecía ser la de llegar a clasificarse entre los cuatro primeros para la próxima Champions, siempre y cuando no se complicara el arranque mismo del torneo italiano, y hubiera que pelear para no descender. “El ir levantando eso, fue el detonador para pensar en cosas mayores, para demostrar que somos el poderoso Milan”.

Eso, y la facilidad insólitamente dada por un club “enemigo” como el Real Madrid, para que se fichara a una superestrella como Ronaldo en el invierno por una módica suma (si bien el brasileño estaba impedido de jugar Champions por haberlo hecho vestido de blanco) fue motivando al plantel de tal modo, que rapidamente se colocó en la zona Champions en la liga (finalizará entre los cuatro primeros), y fue dándose cuenta en la Champions que el camino estaba expedito para la finalísima y que encima de todo eso, el rival sería nada menos que su vencedor de 2005. ¿Qué mejor motivación podía tener?

Pero hay que detenerse en aspectos que también hacen a lo intrínseco del Milan, sin tomar solamente el contexto de esta temporada o la motivación de la rivalidad con el Liverpool. Los rojinegros vienen teniendo una coherencia destacable en cuanto a cómo encarar el fútbol. Así como en la política Silvio Berlusconi fue siempre un más que discutible premier italiano, y hasta con causas judiciales importantes, no puede negarse su excelente gusto por el buen fútbol y es así que siempre apostó por jugadores de “buen pie” y trato prolijo de la pelota. Son conocidas sus polémicas con el propio Ancelotti cuando incluso en 2003, aún habiendo ganado aquella Champions, el dirigente discutió acidamente con el entrenador porque sólo colocaba un atacante y hasta se propuso armarle el equipo con la consigna de que debe haber “por lo menos dos” delanteros en un conjunto de la prosapia del lombardo.

El Milan es, sin dudas, el menos italiano de los equipos de su país. Aún siendo acaso junto con la Juventus y con el Inter, uno de los tres equipos más representativos, es innegable que su juego no es el tradicional de marca y contragolpe en todo momento, sino que a veces se adecúa a las circunstancias, pero siempre ha tenido en sus filas jugadores de excepcional nivel técnico, como ahora defensores de la talla de Paolo Maldini (cinco veces campeón de Europa y uno de los mejores defensores de la historia del fútbol mundial), o Alessandro Nesta (según Pelé, el mejor defensor mundial de la actualidad), sino volantes creativos como el holandés Clarence Seedorf (tres veces campeón de Europa con tres equipos distintos), o Andrea Pirlo (recientemente campeón mundial, junto a su compañero del medio, aunque de marca, Genaro Gattusso), un mediapunta de altísimo nivel, acaso el mejor jugador de la actualidad, el brasileño Kaká, y delanteros implacables como Filippo Inzaghi o Alberto Gilardino.

Pero no es de ahora sino que desde finales de los años ochenta, cuando el dúo Berluconi-Adriano Galliani decidió el fichaje de Arrigo Sacchi como entrenador y la llegada de los tres holandeses Rikjaard, Gullit y Van Basten, sumados a los Ancelotti, Donadoni, Virdis, Maldini o Evani y el respaldo de Franco Baresi, el Milan fue generando un imperio que pudo continuar con Fabio Capello, hasta ya promediar los noventa, y hoy mismo mantiene aquella idea: se puede defender, se puede ser rígido a la hora de conservar un resultado, pero esto es fútbol, no hay que olvidarlo, y es, ante todo, un espectáculo en el que ganar es lo principal, pero de ninguna manera lo único.

También es bueno recordar algo que la crítica de algunos países (en especial España o Inglaterra) olvida cuando recae duramente sobre el fútbol italiano: una cosa es “jugar feo” y otra cosa distinta es “jugar mal”. Justamente no es el caso del Milan esto de “jugar feo” pero aún cuando en la historia del fútbol hay muchos equipos italianos ganadores con un fútbol defensivo, a veces hasta la exasperación, esto no significa que la estrategia no haya sido la adecuada para conseguir un objetivo, ni implica que aquellos jugadores que la llevan a cabo, son técnicamente poco dotados.

Al contrario. Podría decirse que por conocer sus propias capacidades, muchas veces el fútbol italiano ha resuelto con facilidad compromisos complicadísimos. Sin ir más lejos, en la pasada final del Mundial, muchos olvidaron que el equipo italiano llegaba de jugar un partido mucho más complicado de semifinal que su adversario francés. Aún así, cuando Zidane concretó el penal e Italia tuvo que salir, no tardó demasiados minutos en empatar para luego, sí, graduar el partido. Nos preguntamos cuántos equipos en el mundo podrían haber empatado a Francia tan pronto…

El Milan, en cambio, se encuentra a mitad de camino. No especula tanto como la selección italiana, ni ataca tanto como un equipo inglés o español. Acaso sea la justa medida de estos tiempos sobre lo que debe hacerse en un campo de juego aunque claro, lo primero es lo primero, y es saber elegir bien a qué jugadores fichar, trabajar bien en la base de juveniles, e inculcar a sus integrantes una idea de identidad propia. El mejor ejemplo son los Maldini: Césare, campeón de Europa en los sesenta, y posteriormente exitoso entrenador, Paolo, quíntuple campeón de Europa en estas dos décadas, y su hijo, ahora en la cantera, a la espera de emular a su padre y su abuelo.

No por nada el Milan es el club europeo con más títulos en los últimos veinte años. Está muy lejos de ser una casualidad.

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