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domingo, 17 de junio de 2007

Este articulo no tiene titulo

Antes de someterse a la dura y nunca limpia campaña electoral para su reelección, en este caso para Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se le descubrió a Jorge Telerman que el título de licenciado que utilizaba, no era cierto, lo cual demuestra desde el vamos, el criterio ético y moral de buena parte de nuestros dirigentes, que ya veremos cómo es que no salen de un repollo.

Poco antes de finalizar esta misma campaña, pero ya a la altura de la segunda vuelta, un diario de Buenos Aires, “Página 12”, investigó al supuesto ingeniero Juan Carlos Blumberg, en carrera para ser el candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires por el macrismo, y descubrió que tampoco quien por tantos años fue así reconocido, lo era en la vida real, sino que simplemente, “vio luz” en la posibilidad de usar este lindo título que engalanaría su nombre, y subió a buscarlo y a agregarlo en sus tarjetas de presentación y en su reputación.

Claro que en este mismo diario, pero en la sección Deportes, uno de sus columnistas más defensores de una supuesta ética y moral, no sólo participó de la película “La fiesta de todos” de Sergio Renán, que se refería a los festejos de la gente en la Argentina durante el Mundial 1978 (de lo que el fallecido colega Néstor Ibarra se arrepintió y nos lo dijo en el libro “El deporte de informar”, Editorial Paidós, 2002), sino que uno de sus hermanos trabajaba por años en un hospital sin el título de médico, y cuando se descubrió esta situación, fue relevado de su cargo, aunque un poco tarde.

El tema de los falsos títulos en la Argentina es ya una costumbre que se va agigantando. En el área de quien esto escribe, la sociología, se ha dado el caso de un “opinólogo” (muy buscado por los medios en tiempos de “todólogos” que pueden opinar de todo y sacan recetas de sus bolsillos con una pasmosa facilidad), quien llegó a firmar columnas de todo tipo, artículos de diarios y revistas, asistió a canales de TV, y fue consultado por programas de radio, en su extraña faceta de “sociólogo” (nos referimos a un tal Pablo Blablablarces), cuando si bien tenía un título en su poder, éste era de Letras, pero no de la carrera a la que hacía alusión. Recién muchos años después, y con un curso de postgrado, pudo rescatar lo que por muchos años colocó indebidamente en su currículo, pero que el “progresismo vernáculo” que tanto ve en lo ajeno cuando le conviene, prefirió omitir, ignorar, o jamás investigar, tratándose de un “gomía”.

No sólo esto. En este caso, que tocó de cerca de este cronista, que perdió lugares en la Universidad de Buenos Aires (UBA) tomados por este sociólogo sin título alguno, así como tantos otros colegas que en vano estudiaron y aprobaron cada una de las materias de la carrera (27 materias, 4 seminarios de 50 horas de investigación, y 6 niveles de idioma, además de una tesis final), el personaje de marras fue apoyado y designado como investigador, siempre sin título, por las propias autoridades de la Carrera de Sociología o del Instituto de Investigaciones Gino Germani, siempre de la UBA, sin que a nadie se le moviera un pelo.

Asqueados por esta situación, es que un día de 1997 decidimos emigrar al exterior, para buscar oportunidades más limpias en un país que fuera más normal y no aceptara estas ilegalidades dignas de uno bananero.

Pero al regresar una década después, notamos que no sólo hubo un caso, sino que ahora en el deporte pululan los falsos sociólogos que escriben libros, comentan partidos, o consiguen que por ser psicólogos, o psicólogos sociales de muy buenas, buenas, mediocres, malas o pésimas escuelas, sean por eso nombrados sociólogos, sin que ninguna institución haga algo para ponerle freno.

En una oportunidad, nos invitaron a la misma casa en la que supimos cursar periodismo, para dar una conferencia en la cátedra de Sociología. El docente que nos formuló la invitación, de muy buena fe, nos llamó de parte de un sociólogo por el que sentimos una amistad y que resultó un compañero de estudios, muy ligado al fútbol aún en el presente. Por eso accedimos a la invitación no sin antes recibir también un pedido para que recomendáramos bibliografía para la cátedra. Ante este pedido, se nos ocurrió consultar al docente sobre cómo arribó a ese trabajo. Su respuesta, que nos dejó atónitos, es que simplemente él no es sociólogo sino profesor de educación física, pero que en el INEF donde cursaba, vio un aviso en la cartelera, solicitando gente para hacerse cargo de la cátedra de Sociología del Deporte en el curso de Periodismo, y que ese pedido estaba formulado por el mismo Colegio de Graduados de Sociología.

Pasando en limpio lo que comentamos, esto que nos decía el profesor de educación física que tiene a su cargo una cátedra de Sociología del Deporte de una de las principales casas de estudios de Periodismo, es que él mismo llegó a esta cátedra, sin tener el título correspondiente, por ver un anuncio, para profesores de educación física, colocado por un Colegio de Graduados en Sociología que supuestamente vela por los intereses...de los sociólogos.

Es decir, pasándolo aún más en limpio, que el Colegio de Graduados en Sociología, pone avisos pidiendo...profesores de educación física.....para dar clases....de sociología!

Si el Congreso Nacional se dio el lujo en una oportunidad de que un “diputrucho” como Juan Kenan pudiera aparecer votando leyes entre los parlamentarios electos por el pueblo, ¿por qué entonces no pensar que en la Argentina un día nos desayunemos descubriendo que el licenciado o el doctor de nuestro lado, no tenga título alguno y nos estuvo engañando cual costureritas?

También podemos dar fe de que en más de una obra faraónica, en la misma Buenos Aires, y trabajando para organismos oficiales, se puede encontrar a más de un falso arquitecto.

Recuerda este cronista la envidia sana que le generaba en España cada referencia de algún periodista de ese país a algún colega suyo. “Es que fuimos compañeros de la facultad”. En Buenos Aires, la UBA no tenía carrera de Ciencias de la Comunicación hasta 1985….

Los Telerman y los Blumberg no son entonces una casualidad.

(*) Sociólogo, graduado en la UBA en 1989.

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