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domingo, 28 de agosto de 2011

River inicia el camino del retorno con muchas ayudas (Yahoo)


Desde lo futbolístico, el torneo Nacional B argentino, la Segunda división, comenzó con toda la lógica luego de disputadas tres fechas de las treinta y ocho totales, y aunque reste mucho hasta su finalización, es claro que River Plate, único puntero y debutante en esta división, parece ir claramente hacia el retorno a la Primera para la temporada 2012/13, con los nueve puntos obtenidos.
Sin embargo, lo que debería ser algo puramente deportivo, termina no siéndolo porque la dirigencia deportiva, y la política, buscaron todas las variantes posibles para ayudar a River a llegar a la máxima división incluso sin tener que pasar por el extenuante torneo de Segunda, que lo obliga a un gran desgaste por los larguísimos viajes por toda la Argentina y a enfrentar a equipos que en varios casos, no está acostumbrado a hacerlo.
Cuando River descendió a Segunda por primera vez en sus ciento diez años de historia, en junio pasado, sus seguidores más violentos protagonizaron dos hechos que ameritaban un duro castigo disciplinario por parte del Tribunal de Penas de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), que sin embargo, dio muchas vueltas sin tomar una decisión concreta.
River debió jugar un repechaje ante Belgrano de Córdoba, primero como visitante y luego, a los cuatro días, como local. En el primero de los dos partidos, y cuando su equipo se encontraba en desventaja 2-0 y desorientado en el campo de juego, sorpresivamente una decena de sus hinchas violentos rompió el alambrado de la tribuna e ingresó al césped para exigir a sus jugadores más voluntad para cambiar la situación.
Ni el árbitro del partido, ni las autoridades policiales ni las de la AFA suspendieron el partido ni le dieron por perdido a River, sino que luego de negociaciones y de espera de unos minutos, el partido se reanudó sin mayores variantes.
Aún más nervioso fue el partido de vuelta en Buenos Aires, en el estadio Monumental, sede de la final del Mundial 1978 y de la reciente Copa América ganada por la selección uruguaya.
River necesitaba ganar por dos goles de diferencia para permanecer en Primera y luego de un primer tiempo en el que se imponía por 1-0, en el descanso, según se supo más tarde, cuando un diario deportivo local difundió las imágenes, otra vez sus seguidores violentos se filtraron por el túnel que conduce a los vestuarios, pasaron sin problemas los controles del club y llegaron hasta el árbitro internacional Sergio Pezotta, a quien amenazaron para que favoreciera en el segundo tiempo a su equipo y exigieron que al menos cobrara un penal.
Pezotta hizo constar esta denuncia en su informe, avalado por los jueces de línea del partido y por el vocero de su sindicato, el ex árbitro y abogado Guillermo Marconi, y llegó a marcar un dudoso penal para River, que de todos modos malogró el delantero Mariano Pavone, aunque de nada le hubiera servido. El partido estaba 1-1 pero no llegó a finalizar porque a pocos minutos del epílogo, nuevamente los violentos invadieron y esta vez rompieron todas las instalaciones del club.
Sin embargo, todos estos graves hechos no tuvieron sanción por más de cuarenta días, todo el tiempo transcurrido entre que finalizó el torneo de Primera y comenzó el de Segunda, aún cuando hubo más novedades sobre lo ocurrido en aquel entretiempo del partido decisivo ante Belgrano y se supo que estos violentos contaron con el aval de buena parte de la primera línea de la dirigencia de River, algunos de cuyos miembros se encuentran procesados por la Justicia.
No sólo no hubo sanción para River en ese tiempo. Mientras el club transfería a uno de sus mejores jugadores, Erik Lamela, a la Roma por 12 millones de euros y con eso reforzaba su equipo con miras al Nacional B que se avecinaba, ya resignado por el descenso de categoría, la AFA apareció con una sorpresiva idea de remodelación de los torneos, uniendo insólitamente Primera A y Nacional B en un campeonato de 38 equipos casi sin tiempo de prepararlo como correspondía, y con varias entidades humildes que no estaban en condiciones, tan pronto, de meterse en semejante gasto y con poco presupuesto y estadios sin las condiciones para participar en semejante desafío. Sumado a esto, el otro problema fuerte que aparecía era que la TV estatal, que en la Argentina emite todos los partidos de Primera A, debía pasar a transmitir nada menos que diecinueve cotejos por fin de semana, y todos en horarios que permitieran ser vistos sin que los aficionados tuvieran que pagar.
Todo esto se relacionó con que el pasado 14 de agosto hubo elecciones primarias presidenciales en la Argentina y River moviliza millones de votos y esto generó que para cualquier medida, se esperara que pasaran los comicios aunque la idea del nuevo torneo fue abortada inmediatamente porque los seguidores del fútbol estallaron ante la ayuda que significaba para River que se evitara directamente su descenso con algo tan improvisado.
El propio titular de la AFA, Julio Grondona, quien a los 79 años está a punto de ser electo por octava vez en octubre próximo, se dio cuenta de que el proyecto del nuevo torneo, para salvar a River, no tenía el menor consenso popular y antes de una masiva marcha que se estaba preparando en su contra, a último momento decidió volver para atrás con la medida y dejar todo como estaba.
En cuanto a las medidas disciplinarias, si todo iba por los carriles normales, la AFA debía castigar a River con jugar sin público y fuera de su estadio por toda la temporada, y hasta con quita de puntos, como hizo en temporadas pasadas con Nueva Chicago o Almirante Brown.
Sin embargo, el poder mediático e institucional de River es tan grande, la cantidad de votos que representa River es tan fuerte, que los días pasaban y al comenzar el Nacional B aún no se le había suspendido el estadio, por lo que se llegó a la situación de que jugara la primera fecha de Segunda en el estadio propio y con público alentándolo, y recién esta semana pasada, y a dos días de volver a jugar como local, se resolvió que por cinco partidos, deba hacerlo sin público y en otro estadio.
No termina allí el poder de River. Hace cuatro años, tras los graves incidentes entre Nueva Chicago y Tigre, por el mantenimiento de la primera categoría, la AFA había decidido que para evitar nuevos problemas (en aquella ocasión asesinaron a Marcelo Cejas, hincha de Tigre), todos los torneos de ascenso (Nacional B, Primera B, Primera C y Primera D) se jugaran sin hinchas del equipo visitante.
Todo eso se rompió en el primer partido que River jugó como visitante en el Nacional B, ante Independiente Rivadavia de Mendoza, cuando el presidente de este club decidió destinar doce mil entradas para el “público neutral” (eufemismo para burlar el reglamento) para beneficiarse económicamente, desafiando a la AFA.
Las consecuencias de ese partido fueron que la AFA decidiera que en el Nacional B se aceptara que los hinchas visitantes ingresaran, al contrario de l resto de las divisiones.
Como bien dice Mónica Nizzardo, titular de la ONG “Salvemos al Fútbol”, esta medida de la AFA “significa que por solo un equipo, River, se puede cambiar todo y que el Estado acepta ahora lo que por cuatro años no aceptó. Es decir que no hay ningún proyecto para evitar la violencia en los estadios”.
Todo esto generó River fuera de las canchas, cuando dentro de ellas, por lo que se ve, no lo necesita.

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