domingo, 12 de enero de 2014

Empate a cero, empate a cincuenta (Por Fernando Vara de Rey)



En el alboroto feliz que la grada del Vicente Calderón desprendía en el partido de anoche, pude escuchar de súbito una voz que varias filas atrás de mi asiento se preguntaba: “¿cómo es posible que nosotros le estemos disputando la Liga a esta gente?”.

“Esta gente” no es otra que la del FC Barcelona. Coleccionistas de títulos, millonarios de chistera, nutridos de campeones del mundo y de jugadores de fama universal. Capaces incluso de dejar en el banquillo al más grande del siglo XXI –Messi- y al ídolo de la mismísima “canarinha” –Neymar-.

“Nosotros” se refería al Atlético de Madrid, que con una diferencia abismal de presupuesto ha sido capaz de igualar toda la primera vuelta al FC Barcelona. Sabíamos de la pegada de los colchoneros a un asalto –Chelsea o Real Madrid ya lo padecieron- pero aguantar una carrera de fondo de cinco meses con una sensible diferencia de recursos entraña desde luego toneladas de mérito.

 Así es el rostro de este Atlético refundado por Diego Pablo Simeone, que en su discurso no negocia la humildad como en sus planteamientos no negocia el combate. Sus jugadores, incluso los más técnicos, saben que la condición para vestir la rojiblanca es pelear cada balón y poblar cada centímetro. Así sucedió en este duelo en el que más que dilucidarse la honorífica mención de “Campeón de Invierno” se escenificaba la confirmación de las aspiraciones atléticas.

 Y la respuesta es que todas son concebibles y todas son legítimas. La propia contención del todopoderoso rival, desde la alineación a su ritmo de juego, evidencia un respeto máximo a un equipo que en la década precedente parecía haberse desligado de su tradición ganadora.

 El FC Barcelona colocaba a Mascherano y a Piqué en el centro de la defensa y por delante a un Busquets siempre seguro y siempre firme. Los laterales –Alves y Jordi Alba- moderaban sus incorporaciones al ataque, y la ilustre línea formada por Iniesta y Xavi naufragaba ante la mordiente de sus rivales. Alexis no fue el futbolista temible de las últimas jornadas, en tanto que las mejores acciones de ataque fueron protagonizadas por el artista antes conocido como Pedrito. Además del tinerfeño en la segunda parte saltaron Neymar, bien marcado por Juanfran, y Messi, que intimidó más a los espectadores que a los zagueros rivales.

 El Atlético jugó a lo que sabe, con el soporte de un portero –Courtois- y dos centrales –Godín y Miranda- que se erigen en pararrayos de todas las ofensivas. Tampoco los laterales atléticos se prodigaron en ataque, misión que correspondió al centro del campo. En tanto que Koke apenas se dejaba ver en acciones a balón parado y Gabi recorría su parcela espada en mano, Tiago y Arda se convertían en los jugadores más notables de entre los locales. Fenomenal el portugués prolongando el trabajo de los centrales pero también iniciando las transiciones de ataque, mayúsculo el turco en un recital de regates y de pases  que hasta incluyó algún disparo envenenado.

A imagen de su adversario, la delantera local no puedo desarmar los ingenios defensivos del rival. Villa pelea pero no es ya el 9 fabuloso que fue, y Diego Costa estuvo siempre vigilado y a veces se vio obligado a arrancar desde muchos y muchos metros de la portería de Valdés.

Atlético y Barcelona firmaron un partido de escasas ocasiones, y de un ritmo menos vivaz de lo esperado. Fue un trabajo de mutuo desgaste, un coloquio entre dos gigantes de pies de plomo que se fueron al vestuario con la común satisfacción de saberse dueños de 50 puntos de entre los 57 posibles. Restan ahora otros 19, entreverados con la máxima exigencia de Champions League y Copa del Rey. Tal vez en el caso del FC Barcelona mantener tal racha ganadora resulte una obligación o un hábito. En el caso del Atlético resulta, verdaderamente, una hombrada o más bien un prodigio. Por fortuna, en el Vicente Calderón raramente escasea la fe.


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