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martes, 11 de enero de 2011

Mejor futbolista del mundo, Olimpia de Plata en Argentina (Jornada)



Tal vez con un dejo de sorpresa para quienes esperaban un premio ligado a la producción colectiva y dentro de un panorama que mostró con claridad el absoluto dominio del Barcelona...


... el futbolista argentino Lionel Messi volvió a ser consagrado oficialmente por la FIFA como mejor jugador del mundo de 2010, galardón que consigue por segundo año consecutivo.

Sin dudas, en lo general, el premio “Balón de Oro-FIFA World Player”, que decidieron unificar la revista francesa France Football y el organismo rector del fútbol, tuvo como destinatario final al brillante juego que desde hace ya varias temporadas viene desplegando el Barcelona, y es por esta razón que la terna final estuvo compuesta por tres de sus principales jugadores, Messi, Xavi Hernández y Andrés Iniesta. Y por si esto fuera poco, el encargado de entregar el galardón fue nada menos que el propio entrenador, Josep Guardiola.

El gran interrogante estuvo centrado en cuál sería el motivo que primaría a la hora de elegir al mejor, entre todos los votantes. Pudo haber sido el oportunismo de un gol histórico y el notable juego de Iniesta, o la cintura mágica, la precisión en los pases, la visión de juego y hasta el hecho de haber sido, además del Barcelona, el eje de la propia selección española campeona del mundo en Sudáfrica, Xavi, pero terminó ganando la racionalidad por tratarse de un título individual y en este punto, no hay mayor genio que Messi.

El futbolista argentino, ya dos veces seguidas mejor del mundo de manera oficial, sigue siendo un rara avis. Para los propios compañeros del Barcelona, integrantes de la selección española, es por lejos el mejor, y lo mismo ocurre con la prensa internacional, pero no consigue terminar de cerrar en su propia tierra, donde es resistido por una parte de los seguidores del deporte más popular, y por otra ligada al consumo de los medios de comunicación, que fueron construyendo una imagen distante de su país y de cierta desidia en la compenetración por un objetivo colectivo cuando se trata justamente de todo lo contrario.

Para este cronista, que lo trata con asiduidad en la Liga española o en la selección argentina, ya es tradicional encontrarse con la queja de los periodistas catalanes, que lo conocen muy bien, por no entender qué ocurre en la Argentina con semejante monstruo del fútbol.

Para la reconocida periodista del diario deportivo catalán Mundo Deportivo de Barcelona, Cristina Cubero, Messi es “el más argentino de todos los jugadores nacidos en ese país que he conocido en treinta años de trabajo. Vive con la mente en la Argentina, consume comida argentina, TV argentina, chatea con argentinos y hasta conserva el acento de su país, pero allá creen que tiene mayor interés por Cataluña”.

En la gala de la presentación de su fundación, días pasados en Los Cardales, provincia de Buenos Aires, el dirigente del Barcelona Gabriel Masfurrol subió al escenario para reclamar un mayor apoyo al genio argentino, “que estoy seguro que regresará a su país cuando termine de jugar porque ama su tierra”.

Sin embargo, no sólo muchos lo contraponen a Diego Maradona, como si no jugaran en tiempos y en contextos distintos, sino que tienen caracteres diferentes y fueron criados en familias diferentes y con necesidades distintas.

Pero Messi no logra, como antes le ocurrió a otro gran campeón como Guillermo Vilas (que nunca pudo dirigir al equipo argentino de Copa Davis y jamás fue tenido en cuenta desde lo institucional cuando en el mundo del tenis todos se paran para aplaudirlo ante su sola presencia), ser profeta en su tierra y no ha conseguido, con lo que significa su representatividad de lo nacional en el mundo, ganar el Olimpia de Oro, el premio al mejor deportista nacional del año.

Por estos días, las primeras planas son para la rebeldía de Walter Erviti, quien quiere jugar en Boca, y por lo tanto se planta y no viaja a la pretemporada con Banfield, o para Ariel Ortega, echado por River con casi 37 años por sus conocidas adicciones.

Messi, lejos, como si fuera otra galaxia o hubiera nacido en Brooklyn, ocupa unos pocos párrafos, acaso una foto-epígrafe en la prensa nacional, cuando en el mundo entero se le rinde pleitesía por su genialidad, por su simpleza, por su humildad y por su ética en los campos de juego.

Sin embargo, de a poco, buena parte de los argentinos de a pie comienza a darse cuenta de que aquel discurso que les bajaron no tenía basamento y que Messi, genio aclamado en el mundo entero, es tan argentino como Piazzolla, Borges, Cortázar, Maradona, Fangio, el churrasco, o el mate. Y de pura cepa.

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