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viernes, 22 de junio de 2012

Boca es hijo del rigor

www.sergiolevinsky.com


Boca Juniors llegó a su décima final de Copa Libertadores. La sexta en los últimos trece años, con lo cual se acerca a un promedio de una cada dos años, una cifra espectacular que lo convierte, por lejos, en el principal protagonista del fútbol sudamericano del siglo XXI.

No hay dudas de que Boca fue siempre un equipo “copero” y que en los últimos tiempos lo ha ratificado ante cualquier clase de rival. Sin embargo, este Boca de Julio César Falcioni reúne un aspecto extraño y es que aunque pelea en los tres frentes, Copa Libertadores, Torneo Clausura y Copa Argentina, no ha jugado de la misma manera en todos ellos. Al contrario, el nivel fue absolutamente diferente, casi opuesto en muchos casos.

¿Por qué ocurre esto? Se ha debatido mucho sobre que en Sudamérica, por las distancias geográficas que implican viajes largos, aclimataciones, desgastes, jugar un torneo continental no es lo mismo que hacerlo en Europa, en la Champions League y puede ser aceptable, pero en el caso de Boca, cuenta con un largo plantel, con dos jugadores por puesto, y con la posibilidad de optar por distintos protagonitas para las diferentes competencias.

Es el entrenador (Falcioni en este caso) el que debe decidir cómo utilizar sus recursos y en qué momentos. La sensación, entonces, es que en la Copa Argentina, en muchos casos con el equipo de gala, con sus titulares, Boca apenas superó a equipos muy inferiores en planteles y en recursos (deportivos y económicos) y que en el Torneo Clausura, tuvo la chance de cortarse solo en la punta y que justamente puede perder el título, tras haber sido el principal protagonista (y con sus rivales privilegiando en voz alta el salvarse del descenso), tras haber resbalado, otra vez con sus titulares, ante un muy débil Bánfield, hoy metido en la lucha por salir de la Promoción y que de los últimos ocho partidos perdió siete y sólo empató con un flojísimo Boca, con los mismos jugadores que ahora llegan a la final.

Entonces, ¿qué le sucede a Boca? Tal vez, que psicológicamente apuntó tanto a la Copa Libertadores, que en los otros dos torneos avanzó casi sin darse cuenta, por ser tuerto en tierra de ciegos, por la absoluta crisis del resto de los grandes y el desgaste de Vélez Sársfield que sufrió el mismo trajín pero con menos plantel, con menos recursos. No es casual que los dos rivales en el Clausura sean Tigre y Arsenal. El primero, necesitado de puntos en la temporada para no descender, acaparó tantos que ahora se encuentra a las puertas de un título que nunca buscó. El otro, con buena planificación y tranquilidad, fue sacando puntos con la calculadora y ahora se encuentra con la cosecha de su larga siembra. Pero ninguno de los dos tuvo ambición concreta de ganar el campeonato. Y aún así, Boca puede perderlo ante ellos.

Pero todo cambia en la Copa Libertadores. Aunque la prensa haya sobrevalorado (como en la Copa Argentina, como contra Bánfield en el Clausura) un magro empate ante un débil Zamora de Venezuela. Boca pudo recuperarse de eso, y de una derrota como local ante Fluminense en la fase de grupos y como tiene con qué, puso todo su esfuerzo allí y demostró que cuando se lo exige, cuando los partidos son ante rivales complicados y a veces en escenarios complejos, aparece la mayor calidad, la firmeza defensiva, la concentración, con un gran Riquelme y pese a un Mouche tan errático que hace recordar a los tiempos de Rodrigo Palacio, aunque con mucho menos solidaridad y equilibrio.

Cuando a Boca se lo exige de esta manera como la del Fluminense o la Universidad de Chile, está ahí, responde, se afirma, mata y apunta a lo más alto. Cuando el compromiso parece fácil o cuando aparece como claro ganador, ahí es que los problemas se suman, el equipo no aparece tanto, y responde en cuentagotas.

¿Un caso de psicólogo o simplemente hijo del rigor? Parece más lo segundo que lo primero. Tiene para una cena opípara y se conformó con el mejor plato de los tres. Así es este Boca, que tranquilamente puede ser campeón de América por justicia y por tradición copera.


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