domingo, 9 de febrero de 2014

Messi y las polémicas inevitables (Yahoo)

A esta altura de su carrera, con más de una década en Primera División de la Liga Española, aún siendo muy joven, Lionel Messi ya sabe desde hace mucho tiempo, pero lo comprueba día a día, que debe convivir, como mejor jugador del mundo que es, con la eterna polémica sobre su voluntad o no de jugar, y ante tres o cuatro partidos bajos, o en los que se esperaba más de su parte, que ya no es el mismo o que no volveremos a verlo en aquél nivel deslumbrante que mantuvo demasiados años como para dudar de su producción.
Eso no significa que Messi no sea humano, que no le pasen cosas como a cualquiera (estar en un mal día, haber sido padre y tener más preocupaciones, temer una lesión a pocos meses de un Mundial que marcará buena parte de su carrera y tal vez, su imagen definitiva para los aficionados de su país) y que no esté inmerso en un contexto complicado, como es por estos días el entorno del Barcelona.
Es que si bien es cierto que resultaba inusual la poca cantidad de goles de Messi desde que volvió de su última lesión, sumado al hecho de que comenzó a jugar de asistente para los atacantes de su equipo, esto es, detrás de Pedro y Alexis, también hay que recordar que el Barcelona estuvo muy cerca de perder no sólo el liderato en la Liga, luego de mucho tiempo, sino también el segundo lugar, si se toman en cuenta los primeros veinte minutos en el estadio Sánchez Pizjuán, dominado bajo la lluvia por un Sevilla que extrañamente le llegó tantas veces al área, con balón dominado, como tal vez nunca le llegaron en tantos años.
Y en muy buena parte, si el Barcelona acabó un partido que tenía para perder, goleando 1-4, se debe fundamentalmente al genio argentino, que apareció en el segundo tiempo con todo su esplendor, no sólo con dos goles de muy buena factura, sino con una asistencia en el primer tiempo a Alexis Sánchez (aunque éste se encontraba fuera de juego) y participando e interactuando en muchas otras jugadas que pudieron aumentar el marcador.
Hay que recordar también el contexto que mencionábamos del actual Barcelona, que vive una crisis institucional desde lo dirigencial, no sólo por la salida de su anterior presidente Sandro Rosell (al fin de cuentas, el que resultó electo con un altísimo porcentaje de votos), reemplazado por Josep María Bartomeu, sino porque éste también podría tener que irse si la Justicia aumenta la presión por el polémico contrato de fichaje de Neymar.
Pero el Barcelona atraviesa otra crisis que es la futbolística, porque hasta el partido del domingo ante el Sevilla, y aún con él mismo, se ha transformado en un equipo que, a diferencia de los cinco años anteriores, no pesa en las dos áreas, que son justamente los “espacios de la verdad” en el fútbol: de nada vale tener una larguísima posesión de balones si luego, a la hora de establecer las diferencias, no se concreta o no se mantiene lo conseguido.
En esta columna venimos dando cuenta desde hace tiempo de esta crisis en el juego, que fue generando un equipo cada vez más “normal” y menos espectacular, con jugadores que no parecen estar en su máximo nivel en muchos casos, lejos de sus tiempos de esplendor, y entonces resulta muy difícil que Messi pueda ser el que era si no tiene un acompañamiento acorde en el resto del equipo.
Uno de los especialistas en estadísticas de la Liga Española, el reconocido “Mister Chip” daba a conocer, en medio del partido y tras un pase recibido de Andrés Iniesta, en profundidad, que esto mismo, que parece una simpleza, no ocurría desde hacía poco más de un año. Reiteramos: pasó poco más de un año para que se pudiera ver que Messi recibía un pase en profundidad de su compañero Iniesta. Todo un indicio.
¿No hay nada, entonces, de responsabilidad en el propio Messi? Claro que sí. Aún con lo relatado y con la ausencia del Brasileño Neymar, uno de los que más lograba congeniar con el argentino en el último tiempo, es cierto que también habrá que revisar si es aceptable, o posible en una alta competencia, que alguien que llegó a marcar más de noventa goles en una temporada, un día decida jugar retrasado, cuando el equipo no tiene un goleador de área que lo reemplace.
Pero también hay que preguntarse qué podría hacer Gerardo “Tata” Martino, el entrenador del Barcelona, si un genio como Messi le pide jugar en esa posición, sea porque quiere cuidarse y no participar de roces físicos que le puedan truncar el Mundial, o sea porque retorna de una lesión y quiere darse el tiempo justo para recuperarse.
Bastó entonces que aparecieran tres o cuatro declaraciones de aquellas que gustan tanto a personajes que no pueden dejar de hablar en los medios, atraídos por ellos patológicamente, para despertar en el genio la sed de demostración de que nada le ocurre, que sólo atraviesa grados, etapas de recuperación, que no juega precisamente en un edén en este momento, pero que tiene su talento y su voracidad intactos, como si hiciera falta saberlo.
No necesitó muchos minutos, Messi, para demostrar que no tiene ninguna dificultad y que si juega más retrasado por momentos, es porque lo necesita en ese momento en particular, y nada más.
Eso sí: la genialidad de Messi, sus goles y sus asistencias no alcanzan para disimular que este Barcelona sigue lejísimo de aquel que hizo enamorar al planeta futbolístico.
El fútbol, aún con genios como Messi, sigue siendo un deporte colectivo.

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