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lunes, 25 de noviembre de 2013

Una tarde con Götze (Por Fernando Vara de Rey)

 
 
Antes, durante, y después del nuevo clásico de la Bundesliga, la Liga española regresaba del parón internacional con una verdadera catarata de goles. 4 del Barcelona, 5 del Real, 7 del Atlético que son números que nos hablan con entusiasmo de grandes equipos y con inquietud de la extensión de un abismo entre los grandes y los demás incluyendo los digamos medianos. Como el Getafe, que navega por puestos europeos y fue vapuleado en el últimamente temible Vicente Calderón.
 
Sin embargo era Alemania el centro de la Europa futbolística durante el fin de semana. Borussia Dortmund y Bayern de Münich, dos de los más grandes del planeta en los vaivenes de esta década, se medían de nuevo tras su alternancia en la conquista de los dos últimos títulos, la victoria sin paliativos de los de Baviera en la final de Champions, y el consuelo no tan pequeño de los del Rühr en la última Supercopa.
 
Las bajas considerables en uno y otro bando podían ser  menoscabo de espectáculo pero en modo alguno de expectación. No estarían Hummels ni Gundogan, no estarían Schweizteiger ni Ribery. Pero son muchos los astros del fútbol que militan en Bayern y Borussia, y entre ellos el más aunque menos esperado: Götze, la estrella del Dortmund que anunció su pase al enemigo Bayern en vísperas de la final de Wembley.
 
Pep Guardiola decidió que de salida Götze presenciara el partido en el banquillo. Desde luego el español conocía la defensa de circunstancias que presentaban los locales en lugar de los siempre seguros Subotic y Hummels: Papastathopoulos y Friedrich. El primero abonaba el inventario de nombres extraños que visten la camiseta amarilla –Blasczylowsky, Lewandowsky, Mkhitaryan, Grosskreutz- en tanto que el segundo volvía a los terrenos a los 34 años y después de permanecer retirado durante varios meses. Siempre astuto, Guardiola dispuso un esquema destinado a encerrar a los locales en su feudo y a buscar las fisuras de su defensa de ocasión.
 
Así, el Bayern alineó un once muy agresivo: Lahm se colocaba en el medio centro, los laterales –magnífico Rafinha, imperial Alaba- desdoblaban una y otra vez. Javi Martínez desempeñaba todos los oficios y sus compañeros de medular –Kroos, Robben, Muller- buscaban las artes goleadoras de Mandzukic.
 
Desde luego la mayor parte del peligro corría a cuenta del Bayern. Pero el Borussia fue sacudiéndose el dominio rival con una buena combinación de disciplina y buen trato del balón: y cuando se juega con Reus y Lewandowsky, todas las opciones de victoria son razonables.
 
Cero a cero fue el resultado de la primera parte, y de los 20 primeros minutos de la segunda. Minutos antes Pep puso en marcha su plan menos secreto, el toque, dando entrada a dos especialistas: uno era Tiago y el otro… Götze. El hombre del día calentó en el túnel de vestuarios, ajeno a las iras de sus antaño seguidores devotos. Tomó nota sin duda Lewandovsky, muy tentado a emular su discutido tránsito.
 
Cambió enseguida el tono y el ritmo del equipo bávaro, que buscó la velocidad y las jugadas colectivas. Una de ellas acabó –no podía ser de otra manera- en la bota de Götze, que volvía a romper los corazones de los hinchas del Signal Iduna Park. Era el 0-1.
 
El Borussia, a siete puntos virtuales del líder, no tenía más remedio que atacar. Adelantó líneas, buscó desesperadamente la pólvora de su excepcional ariete. Pero inevitablemente abrió huecos, uno de ellos convertido en vía de tránsito en un delicioso pase largo de Tiago a un hasta entonces desaparecido Robben. Era el 0-2.
 
El holandés, siempre vehemente, colaboró de forma decisiva en el 0-3 que estallaba escasos minutos después. Robben cede a Lahm, y este a Müller que remata con pierna derecha: esta vez sí, los centrales del Borussia demostraron que tan solo pasaban por ahí.
 
El Borussia se retiró con la herida de un goleada sufrida en su casa y contra su más temido rival –no el más detestado, tal dudoso honor corresponde al Schalke 04-. Pero cuando uno cae en fútbol como cuando uno cae de un caballo, lo más recomendable es cabalgar cuanto antes: este miércoles, frente al Nápoles, será otro tarde de esplendor o de desaliento. Afortunadamente no hay tiempo de que fichen a Götze.
 
 
 
 

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