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sábado, 24 de abril de 2010

La misteriosa llama de Samaranch



"La Coca Cola venció al Partenón". La afirmación de la actriz y ex ministra de Cultura griega, Melina Mercouri, dejaba en claro lo que estaba ocurriendo con el movimiento olímpico por esos años, en los que curiosamente la ciudad estadounidense de Atlanta superaba en votos a la clásica Atenas, postulantes ambas para organizar los Juegos Olímpicos de verano de 1996, justo los del Centenario de los primeros Juegos, llevados a cabo en Atenas. Era acaso el corolario de lo que venían insinuando los continuos cambios introducidos en el deporte olímpico por el dirigente fallecido esta semana, el catalán Juan Samaranch, quien fue recordado y homenajeado casi como un héroe cuando su vida fue demasiado larga y llena de matices de distinto tenor como para dejarla pasar así nomás, y rendirse ante tanta letra oficial.
Lo cierto es que Samaranch combinó el arte de la más fina diplomacia -presidió la diputación provincial de Barcelona, y la entidad bancaria La Caixa, y fue embajador español ante la extinguida URSS en una época complicada, la de la dictadura franquista cuyos crímenes ahora se quieren ocultar y se enjuicia por eso al mismo juez Baltasar Garzón que intenta investigarlos- con un ideario falangista (que luego sus adláteres se dedicaron a sepultar en el olvido) y con otro que sería interesante debatir sobre su real contribución al deporte, visto desde el ángulo de quien reintrodujo los Juegos, Pierre Fredi, el barón de Coubertin.
Es que aquello de "Citius, altius, fortius" parecía poco al lado de lo que fue la introducción del marketing al deporte, dando ganancias impensadas, siempre con Adidas de fondo, la marca que nunca dejó de acompañar (y de influir) en el movimiento olímpico,y con ella, la introducción de los deportes profesionales, con los que se profundizó en la carrera de la locura de los records, las competencias nacionalistas, y la gran mentira de vencer al otro, en muchos csos de la manera que sea, antes que superarse a uno mismo. Todo valió, desde entonces. Si el dinero podía formar parte del circo del deporte, ya costaría mucho descifrar dónde quedaba el romanticismo, y no sólo en los atletas, sino también en la misma dirigencia, cuestionada éticamente por ejemplo como citamos con el caso de Mercouri, ante cada elección de una sede, como el escándalo que estallara cuando se supo que la elegida para los Juegos de Invierno de 2002, la ciudad de Sant Lake City, se valió de sobornos a los miembros del Comité Olímpico Internacional (COI).
El presidente no era entonces otro que Samaranch, ya veterano (dejaría el cargo en 2001 a manos del actual mandatario, Jacqies Rogge), y tal vez haya sido la mancha más difícil de quitarse de encima desde que asumiera en 1980, y aunque para mucha prensa quedara en la historia por aquella frase con la que anunció en 1986, que los Juegos de verano de 1992 se le otorgaban "a la ville de Barcelona".
También es cierto que Samaranch aprovechó como pocos cada uno de sus pasos anteriores para volcarlos en el olimpismo y pocos influyeron como él. Su paso como embajador en la URSS le permitió negociar hasta conseguir unos Juegos despojados de Guerra Fría, y el hecho de haber sido jugador y entrenador de equipos de hockey sobre patines, y hasta periodista deportivo, o el haber practicado boxeo, hipismo, vela o esquí, le permitieron ir anudando relaciones que luego serían vitales para su crecimiento como dirigente, hasta presidir la delegación española en los Juegos de Invierno de Cortina D'Ampezzo en 1956.
Si Umberto Eco pudo escribir "La misteriosa llama de la reina Loana", acaso la referencia de Samaranch y sus llamas olímpicas pase por otros libros, "El señor de los anillos" y "El nuevo señor de los anillos" del periodista Andrew Jennings, quien investigó los extraños movimientos de Samaranch, y el golpe de timón que significó el paso de los últimos vestigios del romanticismo en el deporte, al negocio puro y duro, al que muchos intentan resistirse en vano en tiempos complicados como estos.
Samaranch se va con sus misterios, sus contradicciones y como un pope del deporte de los últimos años, con homenajes de todo tipo y la pompa que rodea estos casos. Pero su vida tiene demasiada tela para cortar como para adherir así nomás a un hecho semejante. Hasta nos atreveríamos a decir que surgirán muchos más elementos con el paso del tiempo. No todo puede llevarse a la tumba, apenas algunos secretos valiosos.

2 comentarios:

NoTe dijo...

Muy buen post. Abrazo!

Anónimo dijo...

necesidad de comprobar:)