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lunes, 26 de abril de 2010

¿Podrá el Inter de Mourinho destronar al Barcelona? (Yahoo)



“Acuérdate de San Mamés”, le dijo mirándolo a los ojos Josep Guardiola, el entrenador del Barcelona, a su colega del Inter, José Mourinho, cuando había terminado el partido de ida de semifinales en el estadio de San Siro, olvidando que pocos días antes, el catalán había catalogado al portugués como “el mejor del mundo” en su profesión.

Todos los halagos previos a la serie semifinal habían quedado en el camino cuando Guardiola pudo estudiar el panorama para el partido del próximo miércoles en el Camp Nou, que sin dudas marcará a fuego a su equipo: o pasa a la final esperada en el Santiago Bernabeu, y eso lo empuja anímicamente para ganar la liga también, o queda hundido para ambas cosas y puede que no aguante la presión que ya comienza a ejercer el Real Madrid, situado a un punto en el campeonato español cuando pocos imaginaban un escenario semejante.

Guardiola conoce demasiado a sus dirigidos y a la mentalidad del mundo del Barcelona y por eso, prefiere no ocultar sus sentimientos, al manifestar que “esta semana se define todo” y hasta le da al partido contra el último, el Xerez, por la liga española, la importancia que se merece: sabe que en otro momento, no sería un rival a considerar, pero entiende que su equipo saldrá a la cancha pensando en el Inter. Y eso puede atraer algunos fantasmas de ligas pasadas como la que increíblemente su club perdió contra el Real Madrid de Favio Capello.

Cuando al final del partido de San Siro Guardiola le gritó a un sorprendido Mourinho, quien calificó que esa actitud (y otros reclamos del Barcelona a los fallos arbítrales como el dudoso penal no cobrado al brasileño Daniel Alves, o la evidente posición adelantada de Diego Milito en el tercer gol de los italianos) como “poco cercanos al comportamiento habitual del Barcelona”, el catalán le recordaba lo ocurrido el 24 de noviembre de 1996, cuando el Athletic de Bilbao, dirigido por el francés Luis Fernández, recibía al Barcelona en un clima pesado armado contra los catalanes.

Fue entonces cuando Guardiola, aún jugador, se acercó al banco de suplentes local para reclamarle a Fernández que no se burlara del cuerpo técnico del Barcelona, compuesto por el fallecido Bobby Robson y su entonces ayudante, José Mourinho. “Mister, esas cosas no se hacen”, le dijo Guardiola a Fernández. Cuando finalizó aquel partido, que los vascos ganaron 2-1, Mourinho dijo en el vestuario: ““Luis Fernández ha hecho del partido una guerra de perros. Yo hablo de hombres, no de niños maleducados”.

Para aquellos que gustan de los partidos calientes, pocas veces encontrarán tantos motivos. Por primera vez en mucho tiempo, el Barcelona se encuentra en real peligro de quedar eliminado, lo que además enterraría el sueño dorado de levantar la cuarta Copa de Europa en el terreno enemigo del Bernabeu, mientras que se ha instalado definitivamente el duelo de entrenadores Guardiola-Mourinho.

A su vez, el Inter se presenta en el Camp Nou ante su gran oportunidad histórica porque no sólo no gana una Champions desde los tiempos del férreo argentino Helenio Herrera (1964-65) con aquel mítico equipo de Sarti, Facchetti, Jair, Mazzola o Luis Suárez, sino que ha vivido de frustración en frustración. Por eso, aún con tantos títulos de liga consecutivos, tuvo que marcharse Roberto Mancini, porque no alcanza con los scudettos, y por eso, Mourinho no tenía mucho más crédito si en esta temporada no conseguía llegar lo más lejos posible en la gran competición europea.

Pero el portugués ha dado en la talla una vez más, como ocurriera con el Porto en 2004, cuando nadie imaginaba un desenlace de este tipo, y los aficionados del Inter, y sus jugadores, saben demasiado bien que se encuentran a noventa minutos de la posible gloria y es una ocasión única para no derrocharla por lo preciado: incluso con una derrota por un gol, los italianos se verán en la final y contra un rival que parece accesible, tanto si es el Bayern Munich (con mayor tradición) como el Olympique de Lyon.

Mientras esto ocurre, y la prensa mundial juega también con el extraño y posible enfrentamiento de Champions entre los hermanos Milito (Diego, delantero, del Inter, tal vez deba ser marcado en su sector por Gabriel, defensor del Barcelona, ante la ausencia de Carles Puyol por acumulación de tarjetas amarillas de éste), el Barcelona se llena de dudas: descartado también Andrés Iniesta por otra recurrente lesión, algo que lo viene atormentando, tampoco Lionel Messi parece estar en su mejor momento. Luego de distintas exhibiciones con sucesivos hat-tricks, ha experimentado un pronunciado bajón en su juego, al punto de desaparecer prácticamente en los dos últimos partidos, ante el Espanyol por la liga (algo entendible si era pensando en darlo todo en Champions) como especialmente ante el Inter en Milán.

¿Puede el Inter soportar el asedio al que seguramente se verá sometido en el Camp Nou el próximo miércoles? Experiencia y jugadores para eso, desde ya que posee, sumado a que es evidente que Mourinho no mentía cuando en la previa de la primera semifinal afirmaba que este equipo italiano “es mucho más que cuando jugamos en la primera fase”, cuando el Barcelona se impuso con claridad por 2-0, luego de empatar 0-0 en Milán.

Desde la seguridad de Julio César y de sus dos centrales, Lucio y Samuel, la potencia de Maicon y la ductilidad de Zanetti en los laterales, la excelente marca de Cambiasso y Motta en el medio, acompañados de Pandev y un fino enganche de gran remate como Snaijder, y los temibles Milito y Etoo, que podrán atrasarse y contragolpear como les gusta, el Inter parece tener una buena fórmula para obligar al Barcelona el máximo esfuerzo, si quiere regresar a una gran final, como en Roma en 2009.

La mesa está servida.

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