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domingo, 4 de abril de 2010

¿Puede descender River Plate a Segunda división? (Yahoo)



Si cualquier lector analizara una alineación de un equipo que tuviera a jugadores como Carrizo, Mascherano, Cambiasso, Aimar, Saviola, D’alessandro, Cruz, Crespo, Ayala, Cavenaghi, Demichelis o Higuaín y que apenas cinco o diez años después estuviera seriamente amenazado en descender a Segunda división por primera vez en su centenaria historia, es probable que pensara que el columnista está loco.

Sin embargo, esto (y podría decirse que muchísimo peor) ocurre nada menos que en River Plate, el club argentino que acaso haya generado al fútbol argentino más jugadores-estrella para su selección en toda la historia, y en cuyo estadio Monumental se jugó nada menos que la final del Mundial de 1978.

El presente de River es sencillamente dramático porque corre serio riesgo de descender al Torneo Nacional B (Segunda división) en la próxima temporada si no logra armar un gran equipo en el descanso de junio a agosto, de la mano de su nuevo presidente, Daniel Alberto Passarella, ex jugador y entrenador del club, y elegido en diciembre pasado en tan reñidos comicios que se impuso por apenas dos votos.

Muchos descreen de la capacidad dirigencial de Passarella, acostumbrado a otras ludes pero no tanto a las dirigenciales, y el hecho está en que los cuatro fichajes posibles de media temporada, ya con su mandato corriente, no fueron positivas y aunque hizo bien en darle continuidad y respaldar al entrenador del equipo, Leonardo Astrada (símbolo como capitán de cuando fuera entrenador en los años noventa), los resultados continuaron sin llegar.

Los descensos en la Liga argentina (dos por temporada) se deciden por un sistema de promedios que ocurre en muy pocos países del mundo, y que toman en cuenta las últimas tres temporadas completas, es decir, seis torneos cortos (a dos torneos jugados por año, el Apertura y el Clausura). Lo que se calcula es la cantidad de puntos que sumaron los equipos divididos por la cantidad de partidos que han jugado, porque algunos equipos no han participado en las tres temporadas por haber jugado antes en Segunda, y hay quienes dividen por dos temporadas y por una sola temporada.

El presidente de la Federación Argentina (AFA), Julio Grondona (también vicepresidente senior de la FIFA), suele afirmar siempre que con este sistema, desciende mucho más el club que el equipo. Es decir que no puede atribuirse demasiado a la mala suerte, o a una mala temporada, un descenso de categoría, sino que estos descensos por lo general son productos de malas políticas o de no saber cambiar a tiempo una situación negativa o no tener la suficiente previsión.

Si es como sostiene Grondona, el caso de River es elocuente. Porque la crisis que atraviesa este club comenzó hace una década (al menos, la crisis más profunda) cuando el anterior presidente, el joven abogado José María Aguilar, llegó al cargo y comenzaron muchas operaciones económicas confusas, como triangulaciones de venta de jugadores a clubes uruguayos (donde nunca terminaban jugando) para pasar directamente desde allí a clubes europeos, y en otras oportunidades, los jugadores de River pasaban por el extraño club suizo Locarno (de poca incidencia en su país) para de allí pasar a los grandes de Europa.

Otro elemento extraño es que en estos años, como se escribió en las primeras líneas de este artículo, River no sólo exportó a los que hoy son grandes estrellas del fútbol europeo sino que también desperdició inexplicablemente a jugadores que son hoy ídolos en el mundo y que no han podido siquiera jugar en su equipo, como Darío Conca (Brasil), o Juan Carlos Menseguez (hoy en San Lorenzo, pero pasó por el fútbol inglés y el fútbol alemán) o Matías Mussachio (en el Villarreal Español), cuyos partidos con la camiseta blanca con la banda roja cruzada pueden contarse con los dedos de una mano.

¿Qué sucedió para que con tanto dinero que supuestamente había llegado a sus arcas, y con pases de jugadores con los que bien podrían armarse tres seleccionados argentinos completos, River esté con un pie en Segunda y sin dinero para reforzar su equipo, apelando a sus estrellas pasadas para que regresen sin pretensiones económicas para darle una mano a la entidad?

Sin dudas, una enorme corrupción, que incluye a los violentos “barras bravas”, que llegaron a mantener combates entre ellos, y en medio de los socios del club, para quedarse con parte del botín de la transferencia de Gonzalo Higuaín al Real Madird en diciembre de 2006.

La falta de jugadores gravitantes, y de dinero en la entidad, sumado a otros problemas como la actual suspensión por dopaje de su volante Rodrigo Archubi, los reiterados problemas de alcoholismo de su acaso mejor jugador, Ariel Ortega (36 años), y la baja cada vez más pronunciada del veterano volante creativo Marcelo Gallardo, por problemas físicos, lo dejan a su entrenador Astrada sin muchas variantes.

Ni hablar, ahora, de participar en las copas internacionales, a los que hasta hace muy poco era un animador frecuente (aunque con escasos buenos resultados). Hasta su actuación en la Copa Sudamericana, a la que accedía por invitación, fue cancelada porque la Confederación Sudamericana determinó que ahora todos los equipos deben llegar por mérito deportivo desde 2009.

Si la temporada 2010/11 comenzara hoy, River sería el último de los dieciocho equipos que jugarían en la primera división, con 74 puntos, a cinco de Rosario Central (79), a siete de Gimnasia y Esgrima La Plata (81), y a ocho puntos de Racing Club (82), y se podrían sumar a esta lucha los os equipos que ascenderían desde la Segunda división a la Primera.

River, junto a Boca Juniors y a Independiente, es uno de los tres clubes argentinos que nunca bajaron a Segunda, además de ser el equipo con más títulos argentinos. ¿Podrá evitar la catástrofe y cambiar a tiempo?

1 comentario:

NoTe dijo...

Sumamente terrible. La gestión de Aguilar pulverizó décadas de gloria. Ayer parecía imposible esto, hoy es una posibilidad concreta. Saludos!