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lunes, 27 de junio de 2011

River es el caso testigo del desastre del fútbol argentino


Ya está. Se acaba de consumar lo impensado. El mundo al revés del fútbol argentino. River Plate, los Millonarios, el club rico por excelencia del fútbol argentino, el que por momentos hizo alarde de la opulencia en supercracks. El que alimentó con mayoría de jugadores a los seleccionados nacionales. El del estadio sede de la final del Mundial 1978 y escenario de escenas brillantes y de las mejores del mundo, descendió por primera vez en 110 años.
Nadie puede decir que River empezó a descender ayer. Es un largo proceso, iniciado hace años, que termina ahora, como consecuencia lógica de tantos hechos aberrantes ocurridos dentro del club, pero con la anuencia del contexto de una mezcla de incapacidad y deshonestidad de los dirigentes políticos y deportivos.
River descendió ayer, con todo el escándalo posterior, con algún muerto, heridos y detenidos por doquier (algo que se intuía que pasaría porque esta sociedad argentina no tiene un alto grado de tolerancia a la frustración), porque en la Argentina, el fútbol está siendo saqueado desde los cuatro costados, como por tantos momentos lo estuvo (y en cierta manera lo sigue estando) el país y somos pocos los que lo alertamos desde los medios de comunicación, mientras la gran mayoría de la prensa hace negocios empresariales o se dedica a comentar si el equipo jugará con un 4-4-2 o un 4-5-1 o un 4-6-0, o persiguiendo jugadores para que digan obviedades.
El que se sorprende hoy, en la Argentina, por el descenso de River, estuvo fuera de este mundo en los últimos años, cuando proliferaron los agentes de jugadores metidos en el club para todo tipo de maniobras, con una gestión más que sospechada como la de José María Aguilar, que da la sensación de haberse pasado de la raya de lo “normal” hasta para ese mundillo, con triangulaciones con el Lucarno de Suiza, jugadores transferidos al exterior sin haberse puesto nunca o casi nunca la camiseta oficialmente (Menseguez, Musacchio), y otros importados sin nombre, ni antecedente, y que suena a que llegaron por ser amigos de tal o de cual.
Siempre nos llamó la atención, como a un pequeño grupo de colegas que desde hace años que batallamos en lo mismo, cómo en tiempos de grandes negocios, y de supuestos grandes conocedores de la gestión de clubes, en tiempos de tantos ingresos (marketing, publicidad estática y en la camiseta, derechos de TV crecientes, nacionales e internacionales, torneos internacionales, invitaciones desde el exterior, abonos de palcos y plateas, cuota societaria, y vista gorda del Estado en sus economías), las cuentas den negativo y se llegue a una situación tal que hasta un campeón mundial con Italia, hincha de River, como Camoranesi, tenga que terminar fichando para Lanús, un club que no hace milagros. Lo que no hace es desfalcos, que es diferente.
Cualquier industria argentina a la que se le proponga exportar en millones de euros y vivir en pesos, navegaría en la más absoluta abundancia. La del fútbol es, tal vez, la industria soñada: se pueden generar en las divisiones inferiores los mejores cracks del mundo (como Mascherano, Carrizo, Falcao, Saviola, Crespo, Higuaín) y luego venderlos en millones de euros y encima, abajo ya aparece otro que los reemplace, sin haber ocasionado gastos grandes en su mantenimiento, en su ascenso de división en división hasta llegar a la primera.
Entonces, si se alimentó desde la novena a un jugador de la casa, que se supone que es bueno, que tiene condiciones, ¿para qué recurrir a fichar a uno de mediana edad, que viene de afuera, que no siente los colores, que no conoce sus instalaciones? Por una sencilla razón: en la mayoría de los casos, porque es la manera de que el dinero circule y los dirigentes pueden morder, y sus agentes amigos, o representantes, también.
Entendiendo esto, puede terminar de entenderse esta industria que vive del fútbol y no para el fútbol, y que se fue tomando la leche de los clubes desde los grandes negociados, entre los que hay que contar la tragedia de que River tenga que regresar ahora, muy posiblemente, a las garras del Grupo Clarín, que asociado a TyC, por décadas amos del “Fútbol de Primera”, nunca dio a conocer los ingresos totales por la cantidad de abonados al cable, y el recién cuando las transmisiones pasaron al Estado, pudo recuperarse parte de lo perdido, irrecuperable.
Es que bajando al Nacional B, River deberá ser transmitido por TyC Sports, es decir, volver, como destino trágico, a depender de uno de sus máximos verdugos.
Desde ya que hay una pata deportiva, futbolera, en todo eso. Porque al margen de todo el saqueo que vivió, tampoco las decisiones tomadas para dentro de la cancha fueron acertadas, ni con la mayoría de los entrenadores, ni con muchos de los jugadores contratados en los últimos tiempos, cuando paradójicamente, ayer mismo se cumplieron quince años de la obtención de la segunda (y última) Copa Libertadores, con jugadores que hoy parecen, casi, de la prehistoria.
Pero que se entienda bien: si River en estos años no pudo tener cracks, es por su economía, por el saqueo que vivió. Sólo por eso, no pudo mantener a los Belluschi, Lucho González, Higuaín, Falcao, Alexis Sánchez. Puede ser que año a año pudiera haber transferido de a uno a Europa, por la propia necesidad de los jugadores de participar de ligas con tanto dinero en juego y tanto glamour.
Y tenemos que volver a los tiempos del monopolio, cuando el fútbol fue saqueado. ¿Por qué Vélez, Lanús, Estudiantes, Godoy Cruz, no están como River, como Boca, como San Lorenzo o Independiente? Porque se puede tener un club funcionando sin dificultades grandes si se los administra con honestidad y conocimiento, si sucede como el presidente de Vélez, Fernando Raffaini, que quiere regresar urgentemente a su estudio de abogado porque necesita recuperar el tiempo perdido para mejorar su economía, dado que en el club no gana dinero.
¿Cuántos dirigentes del fútbol argentino conocen de coaching, de gestión deportiva? ¿Cuántos de ellos hicieron algún curso para entender de qué se trata, en vez de pensar en acomodar amigos en cargos, o de traerse sus propios agentes al club? ¿Cuántas veces escuchamos a los directores técnicos que no necesitan psicólogos en los planteles, sin saber específicamente, para qué están o cuál es la diferencia entre psicología social y psicología aplicada al deporte?
Ni hablar de las barras bravas y la complicidad dirigencial. En River se llegó ya a la situación de estar tomado efectivamente por las distintas facciones, y el clímax llegó en aquella “Batalla de los Quinchos”, a principios de 2007, con los socios comiendo un asado en medio del tiroteo, para disputarse el botín de los millones de euros que ingresaron por el pase de Higuaín al Real Madrid.
¿Cómo puede un club, en este caso River, salvarse de todo eso, sin descender? Sería un milagro, o casi. Y no creemos en milagros. No es casual que Vélez, Estudiantes, Lanús, Godoy Cruz, estén donde estén. Y tampoco, que River, como Boca, San Lorenzo, Independiente, Gimnasia y Huracán, también.
Por eso el título, lo de River como caso testigo, o en menor medida, Huracán. Pero atención porque en la próxima temporada, Boca, Racing y San Lorenzo están separados por dos puntos, y todos bordeando la Promoción. Porque las causas de fondo son las mismas, y lo que le sucede a River es aplicable a ellos. Hoy es River, mañana Boca, Racing, San Lorenzo, Independiente.
Porque si Boca no está en la misma no es por Mauricio Macri, precisamente, sino porque entre tantos entrenadores, en la lotería de las concentraciones, llegó Carlos Bianchi. Pero no siempre se tiene esa suerte.
Y porque ni en la AFA (coto cerrado que no admite intromisiones y da pie a todos los negocios imaginables, entre ellos el saqueo anterior, la llegada del Estado y los saqueos que pudieran venir), ni en el Estado (sin controles serios, con muchos dirigentes ineptos aún si probaran buenas intenciones), hay ningún cobijo.
Por todo esto es que River desciende a lo desconocido, abriendo una nueva etapa en el fútbol argentino.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buena tu nota Sergio, como siempre.
Quisiera saber tu opinion con respecto a los ingresos , a partir de ahora, de River. Como siguen los contratos,etc.
A este respecto creo que va a ser una buena oportunidad para el club, para deshacerse de los barras que vivian de los arreglos con los dirigentes, el curro de la reventa, etc.
Desde ya te envio un abrazo.

alan dijo...

excelente

Anónimo dijo...

Qué suerte que no tenga que ver esto mi abuelo, que era socio de toda la vida, que iba cada domingo de local a ver a River con su radio y su audífono con un cablecito.

Ya hace unos años que no vivo en Argentina y lei el equipo que jugo, no conocía ningún nombre de ningún jugador actual de River, salvo Buonanotte y Lamela (el piola que hace cuatro o cinco años no quiso venir al Barça... un verdadero visionario...).

A la distancia de kilómetros y más que nada, del tiempo, duele ver esto que pasa con un club como River.

El Acrobata