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domingo, 14 de septiembre de 2014

¿Dónde jugaría el Barça en una Cataluña independiente? (Perfil)


El próximo 9 de noviembre, si no se interpone el Gobierno español de Mariano Rajoy, los catalanes tendrán la oportunidad de votar en un referéndum para determinar si quieren o no la independencia, y el Fútbol Club Barcelona, desde su dirigencia, formó parte activa de este proceso basado en el lema de “Más que un club”, dando lugar a un interesante debate que ya se plantea en los escenarios europeos. ¿Qué pasaría con el Barcelona en el caso de que Cataluña se independizara? ¿Jugaría en la liga catalana, seguiría en la española o podría aceptar una invitación, por ejemplo, de una liga francesa en crecimiento y con equipos con inversiones millonarias en jugadores?
¿Se acabarían los Barcelona-Real Madrid, el clásico por excelencia, hoy por hoy, del fútbol mundial?

Lo cierto es que estos cambios posibles plantean interesantísimos y hasta apasionantes desafíos jurídicos, en lo político-deportivo.
Ya con Joan Laporta como presidente (2003-2010), el Barcelona había comenzado su apoyo cada vez más explícito a la independencia, que se incrementó aún más en este tiempo con Sandro Rosell en el poder. No es casualidad, por ejemplo, que en muchos partidos el equipo juegue con la “señera” (la camiseta con los colores de la bandera catalana) aunque de visitante le canten la tradicional “Que viva España” desde las tribunas.

Rosell suele defender el derecho a la autodeterminación de Cataluña, se sumó a manifestaciones independentistas en la Diada del 11 de setiembre (Día Nacional de Cataluña) y hasta llegó a ceder el propio Camp Nou para multitudinarios actos soberanistas, en tanto que la Junta Directiva en pleno apoya la campaña de la Generalitat para que las selecciones catalanas participen en competiciones oficiales.

El Camp Nou es escenario, desde hace tiempo, de gritos a favor de la independencia en los dos tiempos de cada partido del Barcelona, en el minuto 17 con 14 segundos, en referencia al año 1714 y a la capitulación de Barcelona del 11 de setiembre de ese año tras la resistencia a Felipe V de Borbón.

También Josep Guardiola aparece siempre apoyando cualquier acto independentista y aún cuando se encuentra en el exterior, como en su año sabático en Nueva York o actualmente en Munich, dirigiendo al Bayern, envía videos de adhesión.

El actual entrenador de la selección española, Vicente Del Bosque, campeón europeo y mundial, suele decir que no se imagina a su equipo “sin los jugadores catalanes” que son prácticamente la base del juego de su equipo, con ocho integrantes de “La Roja” que ganaron la pasada Copa del Mundo en Sudáfrica y que, tal vez, participen por última vez de un torneo de esta magnitud con esa camiseta. En efecto, Víctor Valdés, Jordi Alba, Gerard Piqué, Carles Puyol, Sergio Busquets, Xavi Hernández, Cesc Fábregas y Joan Capdevila, integraron aquel plantel y muchos de ellos podrían seguir jugando, pero defendiendo otra camiseta en el futuro.

Sin embargo, Rosell insiste en que el Barcelona seguirá jugando, pase lo que pase, en la liga española. ¿Es realista su criterio?
El valenciano José Del Olmo, titular del Centro de Investigación e Historia del Fútbol Español (CIHEFE) sostiene que la independencia de Cataluña perjudicaría al Barcelona, porque “dejaría de ser más que un club” pero sí beneficiaría al fútbol catalán.

En una ponencia en el foro Félix Martialday sobre selecciones autonómicas en España publicada por el CIHEFE, Del Olmo intenta despegarse de distintas especulaciones y artículos periodísticos que van y vienen desde Madrid y Barcelona, para basarse en la reglamentación vigente de la FIFA y la UEFA, que suelen proteger las Ligas Nacionales.

“La UEFA no admitiría que el Barça jugara en otra liga que no fuera la catalana, dentro de un país soberano, con su selección nacional y sus clubes participando en torneos europeos”, sostiene Del Olmo, algo con lo que coincide el presidente de la Federación Catalana, Andreu Subiés, que ya se relame: “lo más lógico es que el Barça y el Espanyol jueguen en la liga catalana”.

El Barcelona estaría en la Federación Catalana de Fútbol y allí competiría, lo que provocaría una reducción en el sentimiento actual de identificación entre el club y Cataluña, pues ese papel le correspondería a una selección nacional que en un principio tendría el nivel de un país medio como Hungría, Bulgaria o Noruega", señala Del Olmo.

"El Barcelona perdería su status y pasaría a estar al nivel del Ajax holandés o el Anderlecht belga como club predominante en un fútbol en el que equipos que actualmente militan en Segunda División B pasarían a ser de Primera y el Espanyol, opina, pasaría a ser el segundo club, con mayor peso en su liga, aunque ésta sería menor", agrega.

También consideró que en una primera fase, Cataluña exportaría jugadores porque los futbolistas de mayor nivel serían fichados por clubes de ligas más competitivas y recordó que la reglamentación actual permitiría a los futbolistas formados en la cantera del Barcelona elegir si juegan con Cataluña o con España, en un proceso similar al que se produjo tras el desmembramiento de Yugoslavia.

El jurista José Luis Pérez Triviño, director de Fair Play, profesor titular de Filosofía del Derecho de la prestigiosa universidad Pompeu Fabra de Barcelona, y miembro de Iusport, también investigó el tema con profundidad y en una enumeración de clubes que podrían participar en una Liga Catalana, encuentra suficientes equipos, pero comparte el diagnóstico de que sería una liga devaluada que acarrearía serios problemas con los ingresos y en especial, por uno de los rubros más importantes: la venta de derechos de TV, “lo que provocaría un probable éxodo de estrellas y disminuiría el potencial económico y deportivo del Barça e iría en perjuicio de la Liga Española”.

El otro punto es que para poder llegar a tener una selección nacional, la Federación Catalana debería ser aceptada en la UEFA, que establece como condición previa que Cataluña sea reconocida como Estado miembro de la ONU, algo que no parece sencillo en una primera etapa.

En cambio, Pérez Triviño especula con las otras dos posibilidades: seguir en la liga española o participar como invitado en una tercera competición europea.
Para seguir en la liga española, el requisito es que el Barcelona y el Espanyol deberían recibir el permiso tanto de la UEFA primero como de la Real Federación Española de Fútbol, después, pero advierte que el mayor problema sería que a partir de allí, el Barcelona pasaría a ser un equipo extranjero en la Liga y se encontrarían como visitantes con ambientes muy posiblemente más hostiles aún que en este tiempo, tal vez peor que en muchos partidos de Champions League, aunque mantendría a flote el negocio así como la rivalidad con el Real Madrid, la gran basa del torneo.

El tercer punto es aún más complejo y pasa por la posibilidad de jugar invitado en otra liga como la francesa o la italiana, lo cual, como en el caso de España, requiere de la autorización de la UEFA y la federación correspondiente.

Algunos analistas han llegado a comparar la situación del Barcelona con la actual del Mónaco en la liga francesa pero hay una diferencia sustancial: el Mónaco no tiene federación, ni es miembro de la UEFA, ni tiene selección nacional.

Una última instancia, aún más compleja y que rompería todos los moldes, pasaría por saltar a una Superliga Europea, tantas veces soñada y conversada por los dirigentes de la poderosa Asociación de Clubes Europeos (ECA), pero eso barrería con el futuro de las ligas nacionales, que perderían todo atractivo y se convertirían en una competición de segunda categoría.

The Catalan Project, una plataforma que se dedica a “crear y compartir ideas para decidir entre todos la Cataluña del futuro”, también tiene en estudio lo que podría pasar con el fútbol en el caso de la independencia, y compara la situación de los clubes catalanes con los de Andorra y San Marino, reconocidos por la ONU y la UEFA, tienen seleccionados y federaciones propios, pero sus principales equipos, a diferencia del Barcelona o el Espanyol, juegan en categorías inferiores de España e Italia, respectivamente y aclara que “no es cierto” que los clubes escoceses no jueguen en la Premier League inglesa por veto de la UEFA sino de la propia Federación Inglesa.

También tomaron como ejemplo la posibilidad que se barajó de una gran liga escandinava pero la Royal League Scandinavian, que reunía a los principales clubes de Dinamarca, Suecia y Noruega, duró apenas tres años, mientras que la Federación Finlandesa no aceptó formar parte “porque quizá los finlandeses no querían una liga conjunta en la que sus clubes jamás tendrían la opción de ganarla”, sostiene la entidad catalana, que concluye que entonces siempre fueron “razones políticas” las que impidieron el armado de una nueva competición.

Recuerda también que el Standart de Lieja, al notar que Holanda y Bélgica no se ponían de acuerdo en unificar sus torneos, sondeó la Liga Francesa, y que hasta el Celtic y el Rangers, al no ser aceptados por los ingleses, pidieron que se estudiara la posibilidad de una liga holandesa-escocesa-belga y que actualmente las ex ligas soviéticas estudian unificar un torneo patrocinado por Gazprom.

“Es curioso –resalta- la Europa sin fronteras vive en el decimonónico nacionalismo de sus ligas cerradas” y especula con la posibilidad hasta de una “Liga Ibérica” que incluya equipos de España y Portugal, mientras recomienda al Barcelona que pase a jugar en la Liga Francesa, aunque no descarta jugar en la Mayor League Soccer con una franquicia, y con el Barcelona B en la liga catalana, a la espera de una definición política, y proyecta que “serán los clubes, de manera privada, los que terminarán resolviéndolo en Europa”.

Si hay un periodista especializado en temas de fútbol internacional y conoce los vericuetos de la dirigencia política ligada a este deporte y especialmente la UEFA y la FIFA, es el columnista del diario “Mundo Deportivo” de Barcelona, Francesc Aguilar, quien no encuentra demasiados obstáculos a una Liga Catalana siempre que Cataluña sea reconocida por la ONU, según la reglamentación vigente, pero advierte sobre un nuevo escenario jurídico.

Los jugadores catalanes tendrían la posibilidad legal de seguir jugando con España o hacerlo con Cataluña. Pero una vez hubieran escogido su selección, no podrían cambiar. Actualmente, ya se ha vivido con las diversas federaciones de la extinta URSS y de Yugoslavia. Cada jugador ha podido escoger a su nuevo equipo”, escribió hace poco en un artículo para su diario.

Otro aspecto que casi nadie ha tenido en cuenta, dijo, “es la posibilidad de que mientras Cataluña no fuera admitida en el seno de la Unión Europea como nuevo miembro (en el caso probable de que Cataluña lo solicitara como sería lo lógico), sus futbolistas serían extracomunitarios en el caso de jugar fuera del nuevo territorio independiente, salvo aquellos que hubieran elegido seguir jugando con la roja que mantendrían el 'status' de comunitarios como jugadores 'españoles'. Bien es cierto que se podría negociar con la propia Unión Europea un tratado bilateral de carácter temporal para los futbolistas catalanes del nuevo país europeo”.

Aguilar cita como un hecho “interesantísimo, que puede dar un vuelco absoluto”, la aceptación del Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) y su ratificación en mayo pasado en Londres por la UEFA de la aceptación de Gibraltar como miembro pleno número 54 pese a la rotunda oposición española, “porque la UEFA no debe dejar que se la utilice con fines políticos”.

Michel Platini, titular de la UEFA, respondió a la Real Federación Española que debe aceptar lo decidido por el TAS y que desde 2001 el organismo se rige por la norma que establece que deben ser aceptadas las federaciones de países que son aceptados por la ONU y que esto no aplica para Gibraltar, porque pidió antes su inclusión en la UEFA, en 1997.

“La UEFA, tras el mandato del TAS sobre Gibraltar, está estudiando seriamente todo el tema relacionado con los nuevos territorios que pidan su inclusión en el organismo europeo y posteriormente o a la vez, en la FIFA. La independencia de Escocia o Catalunya abriría unos escenarios verdaderamente apasionantes para cualquier experto en derecho deportivo”, concluyó Aguilar.

El prestigioso abogado y experto en temas futbolísticos, Ariel Reck ve factible que el Barcelona siga en la liga española y pese a los cambios políticos, en el caso de que Cataluña sea independiente, todo siga como está.

“El Barcelona necesitaría del acuerdo con la Federación Española para seguir jugando allí, como sucede en otros casos, incluso, hasta con los equipos canadienses en la Mayor League Soccer (MLS), pero hasta pesarían cuestiones históricas de pertenencia a la RFEF y la liga española”, agrega.

En efecto, el reglamento de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), que organiza la liga española, establece que "los clubes que deseen participár en competiciones oficiales deberán estar afiliados a la RFEF o integrados en ésta".


Reck recuerda que el estatuto de la RFEF tiene varios artículos (del 6 al 10) que se refieren a la relación con las federaciones autonómicas “que podrían aplicarse en este caso”.

“Jurídicamente hay herramientas para todo, pero la decisión será principalmente política”, sostiene Reck, en lo que parece un resumen perfecto de la situación.






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