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jueves, 6 de marzo de 2014

La selección acumula dudas (Jornada)



La selección argentina se fue de Bucarest con dudas nuevas tras un partido insípido, incoloro, ante un rival sin muchas luces y alejado desde hace tiempo de los Mundiales como es el equipo rumano, que con muy poco, le planteó un partido parejo a los de Alejandro Sabella.

A estas alturas, a tres meses de la cita máxima de Brasil, el resultado importa sólo para el envión anímico. Hay que detenerse entonces en el rendimiento, que es lo que a la larga ayuda a corregir errores y a profundizar en las virtudes.

Y la selección argentina apareció, tras los dos partidos en Estados Unidos de noviembre pasado, con algunas novedades. Una, es la buena actuación del arquero Sergio Romero, por más que tenga escasa continuidad en su equipo, el Mónaco, en el que apenas juega en la Copa de Francia. De cualquier modo, no hay que exagerar y una de sus intervenciones fue más por reflejos que por estirada, debido a que la pelota iba hacia su cuerpo, pero no deja de ser una agradable novedad.

Otra, es una defensa que no da señales perfectas de seguridad, aún cuando una pequeña lesión dejó afuera a Ezequiel Garay, uno de los titulares en una zaga central en la que junto a Federico Fernández, viendo siendo fija en el equipo argentino. En esta línea, el lateral Marcos Rojo (con algunos problemas personales extra futbolísticos en la semana, que fueron noticia en los medios) sigue generando inquietud por la izquierda, por sus bajos rendimientos.

Pero sin dudas una de las peores noticias pasa por la confirmación del muy mal momento que atraviesa Fernando Gago, uno de los jugadores clave en este equipo, por representar el nacimiento de la elaboración desde la recuperación del balón hasta la distribución.

El mal momento de Gago, evidente en un Boca Juniors que no tiene claridad en el juego, determinó que Javier Mascherano tuviera que multiplicarse en el medio, generando algunos huecos y pelotas perdidas, y que un Lionel Messi inexpresivo tuviera que bajar casi hasta la mitad de la cancha, repitiendo viejas problemáticas de etapas anteriores, cuando no le llegaba el juego y la única manera de encontrarlo era retrocediendo muchos metros, obligándolo luego al tradicional slalom ante varios adversarios.

El caso de Messi debe ser analizado en un contexto parecido al del Barcelona. La sensación en el 2014 es que la superestrella del fútbol mundial sabe que éste debe ser su Mundial y apunta todos los cañones en este sentido y se cuida todo lo posible, evitando los roces o las faltas que puedan ocasionarle cualquier daño. En consecuencia, no es posible observarlo en un cien por ciento, y es difícil objetarlo y cada uno sabe cuál es su prioridad. En todo caso, se podrá establecer un juicio de valor más exacto en julio.

Angel Di María resultó el jugador más claro en el ataque, confirmando el muy buen momento que atraviesa en el Real Madrid, mientras que Sergio Agüero mantiene su talento de siempre, recuperándose de su segunda lesión en un mes, aunque desperdiciara ocasiones claras, igual que Gonzalo Higuaín y luego Ezequiel Lavezzi o Rodrigo Palacio, cuando les tocó entrar.

De todos modos, el problema del equipo argentino no pasa por allí y esto es claro. Si hay algo que corregir, pasa por una defensa que ya parece cerrada a nuevas convocatorias y que no parece encontrar un marcador sólido que garantice tranquilidad entre los que están, dejando abierta la pregunta sobre si no hubiera sido mejor una última posibilidad para Martín Demichelis, de muy buen presente en el Manchester City, o un lateral como Milton Casco, de Newell’s Old Boys, con capacidad de llegada y gol, algo poco común en jugadores en esa posición.

El otro gran tema, aunque ya parece que inútil, aunque creemos que más que nunca válido tras la prueba de Bucarest, pasa por preguntarse qué haría la selección argentina si le tocara enfrentarse a equipos de mucha posesión de balón, que no lo pierden con facilidad, como Alemania, España, Holanda y hasta Brasil en algunas facetas.

Porque el equipo argentino es claramente frontal, dinámico, veloz, pero para poder tener este juego hace falta, vaya descubrimiento, tener la pelota. Y el gran tema es cómo recuperarla ante rivales que la saben tener y que no estarán dispuestos a prestarla.

Muchas dudas. Más, aún, que antes de Rumania, lo que no es poco decir. Ahora quedan dos amistosos de forma, en Argentina, y más para la despedida pre-mundialista que de prueba, y luego, el momento de las definiciones.

 


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