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jueves, 13 de noviembre de 2014

La selección sigue con el cerrojo puesto (Jornada)



                                            Desde Londres

Cuando finalizó el Mundial de Brasil, no sólo terminó una etapa para el director técnico Alejandro Sabella, sino que también decidió jubilarse Andrés Coco Ventura, el anterior responsable de Prensa, tras haber trabajado con el equipo nacional desde que finalizara Francia 1998.

Sin embargo, todo sigue igual en cuanto a la relación de la selección con la prensa y los aficionados en general. Una vez más, y como viene ocurriendo desde hace mucho tiempo, el equipo nacional pareció esconderse en un lujoso hotel,  lejos del mundanal ruido de una ciudad tan cosmopolita como ésta, y hablar con los jugadores de una manera que no sea por segundos y casi con monosílabos ya es una tarea titánica.

No sólo nosotros ya nos hemos referido a estas dificultades de la selección argentina en otro tiempo, sino que ahora la situación ya es retratada por diarios como Clarín o revistas como El Gráfico, que dedicó nada menos que su contratapa del número siguiente al Mundial de Brasil para preguntarse hasta cuándo todo va a continuar como de esta forma.

No sólo con la prensa. Ya en la pasada Copa América 2011,  organizada en la propia Argentina, resultó casi imposible conseguir que los jugadores saludaran a su público al llegar a Córdoba, Santa Fe o La Plata. Gente que esperaba por horas ante la inédita oportunidad de tener al conjunto nacional en su ciudad, ni siquiera consiguió un mínimo saludo protocolar.

En Marsella, anteriormente a la Copa América, en una oportunidad le preguntamos a un dirigente cuánto costaba realmente satisfacer a los veinte argentinos que se habían acercado a la concentración (siempre lo más lejos posible de todo el mundo, y si no hay transporte público para llegar, mucho mejor), si por la cantidad que había, hasta daba para sacarse una foto con cada uno y se tardaría menos de media hora de trámite, pero ni así.

Para un periodista extranjero, las posibilidades de concretar una entrevista con cualquier jugador albiceleste son directamente nulas, y los nacionales pueden tener más fortuna si es para la TV o para los diarios más grandes del país. Caso contrario, se requiere una habilidad especial y una cantidad de cabriolas sumadas a algún guiño del destino como para llegar a buen puerto.

En este caso, la selección eligió hospedarse en el Radison Blu Edwardian New providence Wharf, en la zona sureste de Londres, a la que para llegar hay que realizar una buena y larga combinación de trenes, y para poder arribar al entrenamiento de la tarde de ayer, hubo que ir casi de los Apeninos a los Andes hasta llegar al Rush Green, donde el director técnico Gerardo Martino dio su conferencia de prensa.

La sorpresa de este cronista se produjo cuando llegó a la zona tras varias combinaciones de tren, y ya al final, por si faltara poco, otro bus de los típicos ingleses de doble piso y color rojo, número 103, el conductor pidió precisiones: “OK, usted va a Rush Green, pero es enorme. ¿A qué parte va?”. Ni idea. El departamento de Prensa de la selección había informado taxativamente “Rush Green”, pero al descender, 
exhaustos, faltaban algunas paradas porque la dirección correcta era Ford Sports & Social Club, Rush Green Rd, Romford. Una vez que conseguimos esos datos, gracias a un salvador mensaje de texto del amigo y colega Jason Pettigrove, todo se simplificó.

Consultado uno de los nuevos funcionarios de Prensa Nicolás Novello, sobre cómo será la forma de conseguir entrevistas individuales con los jugadores, la respuesta es que “hay mandarles mensajitos y de acuerdo al feeling que haya entre ellos y cada uno de ustedes, se pondrán de acuerdo para decírmelo y así haremos”.

Al insistirle en que de esta forma, muchos medios sin tantos recursos que no pueden viajar no tendrán oportunidad en el futuro porque esos medios no tienen trato cotidiano con los jugadores, Novello nos observa resignado y nos da el ejemplo de Angel Di María. “Para hablar con él, primero tienen que dirigirse a su agente”, es decir, nada menos que con el poderoso portugués Jorge Mendes o alguien de su equipo de Gestefute. No parece nada fácil.

En todo caso, lo que hay que preguntarse es si ésta es la tarea del área de Prensa de una selección poderosa como la argentina, la de dejar en manos de agentes, representantes, o del propio jugador y su feeling con el cronista, para que haya entrevistas, con lo cual, definitivamente los que no viajen con el equipo, no podrán acercarse a las estrellas. Todo queda para los medios grandes, más claro que nunca y ahora, ya puesto en palabras oficiales.

Novello, incluso, sorprende en el borde del campo de juego de “Rush Green”, en diálogo con este cronista,  cuando afirma que el hecho de que los jugadores tengan que hablar con la prensa “figura en el contrato” pero aclara que por ejemplo Carlos Tévez “ya habló” para estos diez días de trabajo en Inglaterra porque cuando llegó el lunes al hotel de su viaje desde Italia, “estuvo como siete minutos con todos los que se le acercaron”.

Para este tiempo en Inglaterra, la selección argentina apenas si contempla zonas mixtas tras los dos partidos y un entrenamiento en Manchester pero tampoco habrá muchas más ruedas de prensa de a dos jugadores.

Como antes de Ventura, cuando en la concentración de L’Etrat, el entonces director técnico Daniel Passarella decía que “ahí viene el enemigo” cuando se acercaban los periodistas, todo sigue como entonces o peor.

La selección argentina sigue escondiéndose de todos y de todo. Si pudiera pasar desapercibida, tanto mejor. Si nadie puede acercarse por el tránsito o las largas distancias y la incomunicación, mejor aún. Si el periodismo se mantuviera a kilómetros, bienvenido. Cada tanto, alcanza con alguna sonrisa para que por TV, muchos crean que los jugadores son muy simpáticos, mientras radios y medios gráficos seguirán horas y horas en los lobbies buscando cinco minutos a solas con alguno.

Nada ha cambiado. Al contrario, la distancia entre la selección y la gente, es cada vez mayor. Y ni siquiera es accidental. Es absolutamente voluntario.


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