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lunes, 8 de diciembre de 2014

Estadísticas (Un cuento de Marcelo Wío)



Me estaba preguntando qué escribiría sobre el partido que acaba de terminar, sentado en mi butaca en la tribuna de prensa. Estaba terminando de decidir, además, no bajar a la zona mixta ni a la sala de prensa, harto de escuchar las mismas frases, excusas y triunfalismos. En eso estaba, mi ordenador con la página de Word en blanco y el cursor latiendo como despertador, cuando un colega, que estaba sentado a mi derecha se inclinó hacia mí y me preguntó, con esa mirada propia del que está por ofrecer una información extraordinaria: ¿Sabés cuánto recorrió el portero? No sabía muy bien qué quería decirme. No, le respondí. Seis punto tres kilómetros, y volvió a su ensimismamiento.

¿El portero caminó, corrió, salticó, resbaló seis punto tres kilómetros? El aburrimiento y los nervios en esa zona patibularia a las que algunos eligen desterrarse, puede llevar a un portero a caminar un poco, a dar un trotecito… ¿Pero seis punto tres kilómetros? ¿Cuánto embole podía tener? Una salida para achicar el ángulo, los pasitos para acomodar la barrera, una salida con la pelota al pie para patear un poco más lejos… ¿Seis kilómetros?

Pero, más importante aún, ¿qué carajo me dice esta estadística? ¿Que se movió mucho? El tipo se comió los dos goles que le dieron la victoria al rival – uno, por querer salir jugando; al intentar darle un pase al tres que ya empezaba a cabalgar por su punta (para tirar un centro a nadie), le pifió y se la regaló al delantero que se la puso por arriba; el otro, por arrepentirse a medio camino de un achique, reculando llenó de posibilidades a la definición, que fue a su palo más lejano. Eso me dice algo de su actuación. Pero que se trasladó seis kilómetros y pico, no me dice absolutamente nada.

Últimamente hay un frenesí estadístico que no alcanzo a entender (que si el técnico se levantó X veces del banquillo; que si el delantero le pegó Y veces con la pierna izquierda y Z veces con la derecha; si menganito se toma tres botellitas de agua por partido, etcétera). En el afán por informar o por acumular datos, se ha confundido lo relevante con lo superfluo y, además, se ha introducido un ruido molesto que no le permite al tipo que el lunes agarra el diario aprehender y entender la información importante. La estadística de cuánta distancia acumula un portero en su ir y venir patibulario, es ruido; no aporta nada, aclara menos, y oscurece mucho.

El portero hoy le fabricó dos goles al contrario. ¿Qué carajo tiene que ver que haya acumulado tal o cual distancia antes, entre y luego de esos dos eventos funestos?
Madre mía… A lo que hemos llegado…

Este es el partido 483 que cubro como periodista. ¿Dirá algo de mí esa cifra; más allá de evidenciar una veteranía que nunca negué?

  

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