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sábado, 21 de marzo de 2015

Un Clásico que puede marcar la temporada



Cada vez que se acerca un Barcelona-Real Madrid, o un Real Madrid-Barcelona, se suele decir, en los últimos años, que se trata del “Partido del siglo”. Hay una necesidad de marketing que es la consecuencia de que los dos colosos de la Liga Española, por poderío económico y futbolístico, aún en un entorno de crisis social y organizativa, se convirtieron en el epicentro, sumado a la enorme rivalidad política que se fue construyendo ante la amenaza constante de la independencia catalana y aún más, alimentado por la tremenda rivalidad individual que los medios y algunas estadísticas forzaron entre Lionel Messi y Cristiano Ronaldo.

¿Este clásico del Camp Nou es definitorio? En principio, no. Porque aún luego del mismo quedará mucha Liga para jugar y matemáticamente no hay tanta diferencia entre uno y otro. De hecho, un empate dejaría la definición del torneo más abierta que en otras oportunidades y el Real Madrid podría irse fortalecido al no caer en campo rival y podría dejar algo tocado al Barcelona, que indudablemente llega al partido como candidato.

¿Por qué es candidato el Barcelona? Porque llega mejor anímica y futbolísticamente que su rival. El Real Madrid fue puntero de la Liga por una rueda entera, pero se fue desinflando entre lesiones, suspensiones y algún problema extra futbolístico de Cristiano Ronaldo, hasta dar con un equipo desganado, tibio,  sin ritmo, soso, con menos presión arriba, menos convicciones y todo eso le fue llegando a la tribuna hasta ir estableciendo una distancia con los protagonistas.

La pérdida del liderato a manos del Barcelona hace dos jornadas y la derrota de 3-4 ante el Schalke 04 en el Santiago Bernabeu iban tirando cada vez más hacia abajo al equipo, pero su entrenador, el italiano Carlo Ancelotti, había diseñado todo un programa para llegar al Camp Nou de la mejor manera y hubo en estos días una esperable reacción desde el juego y la postura con el importantísimo retorno de Sergio Ramos, fundamental en la transmisión de confianza, y de Luka Modric, para darle otra dinámica al mediocampo. Habrá que ver si esto alcanza para jugar en un Camp Nou hostil y que sabe que un triunfo azulgrana aleja a los suyos del alcance de su perseguidor.

¿Lleva mucha ventaja el Barcelona? No tanta como se cree. Sí llega mejor, sin dudas, con un Lionel Messi con algunos momentos brillantes, deslumbrantes, y con tranquilidad para definir con una eficacia tremenda, aunque, insistimos, no es el Messi de 2012. Aquél tenía otra velocidad, regate (que ahora casi no utiliza) y era casi infalible en los libres directos, muy a diferencia de hoy.

Pero sí es un gran Messi, de todos modos, capaz de definir los partidos en cualquier momento y se sabe que está lo suficientemente motivado y que tener al Real Madrid enfrente le da un plus a su rendimiento.

Seguimos creyendo que aunque los triunfos mejoran en lo anímico y fortalecen y dan seguridad a los equipos, este Barcelona no tiene el andar de aquél de 2012 y varios de sus jugadores no son lo que eran. No sólo Messi, sino tampoco Andrés Iniesta (quien conserva, claro, su excelsa técnica, pero participa mucho menos del juego decisivo), y mucho menos Xavi Hernández, a quien el entrenador Luis Enrique Martínez le va quitando paulatinamente el protagonismo en el equipo, hasta depositarlo, casi seguramente en julio, en otra liga menor para ir dando los últimos pasos de su carrera.

Lo cierto es que el punto clave del Barça se trasladó del mágico toque del medio hacia el tridente de ataque, el tío del Mercosur, con un Messi recostado a la derecha aunque con libertad para retrasarse por el medio a buscar el balón o sumarse por “sorpresa” (porque todos saben que lo hará pero nadie logra adelantársele en el campo) en los últimos metros para definir o ayudar a otros a que lo hagan.

Lo acompañan Neymar, algo peleado con el gol en los últimos partidos, y al contrario, el uruguayo Luis Suárez que recién ahora parece irle tomando la mano al juego y al esquema, aunque necesita de mayores espacios para moverse y ser el que brilló en el Liverpool o lo hace en la selección uruguaya.

Daniel Alves alterna buenas con malas, Gerard Piqué y Javier Mascherano dan seguridad a la zona e Iván Rakitic parece retomar su nivel del Sevilla aunque nunca será Xavi, el que mueve los hilos del equipo, el del pase justo o el manejador de los tiempos. Ese lugar parece vacío hoy, y el Barcelona juega a otra cosa, a veces muy buena, otras, no tanto, pero ya no es aquél que deslumbraba sino otro capaz de ofrecer buenos espectáculos que llegan a un clímax en determinados movimientos del genio, Messi.

¿Cuánto influye lo anímico? Mucho. Cada vez más, en el fútbol. Los dos vienen de clasificarse a cuartos de final en la Champions y los dos saben que les tocarán rivales duros en la fase siguiente, tal vez algo peor el Real Madrid aunque en un nivel parejo, y los catalanes remontaron las posiciones en la Liga y acaban de eliminar al Manchester City en un gran partido, apenas cuatro días atrás y en el mismo escenario. No es poco como para llegar a una gala con el mejor vestuario.

Los blancos no llegan tan bien, aunque ya mejorados de aquellos insulsos partidos de Liga y de su muy mala imagen ante el Sckalke. Pero es un clásico.

Y en los Clásicos, es muy difícil basarse en la lógica. Por suerte es fútbol, dinámica de lo impensado, como diría Dante Panzeri. Y esa picazón que sentimos todos los que amamos este deporte cuando está por comenzar el partido, es lo mejor que nos puede pasar.


¿Puede marcar la temporada este Clásico? Claro que sí, pero sólo si alguno de los dos triunfa de modo contundente, porque seguramente desatará una mini crisis (o algo más) en el otro. En el resto de los casos, habrá que esperar más tiempo hasta la definición.

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