Páginas vistas en total

Google+ Followers

domingo, 29 de mayo de 2016

La Champions le sienta bien al Real Madrid (Yahoo)




La Champions League parece hecha a la medida del Real Madrid. En una temporada desconcertante, que comenzó de la peor manera, y hasta con cambio de entrenador al promediarla, lo que implicó también un cambio de sistema y hasta de manejo de vestuario, el club blanco fue creciendo en su seguridad y ayudado por su eterna fortuna en los sorteos de la UEFA, pudo llegar a la final de la copa europea y finalmente, ganarla.

No puede decirse que esta temporada, el Real Madrid haya sido un equipo regular o que nos haya encandilado con su funcionamiento, pero también está lejos de ser un equipo contra el que se pueda salir a jugar con la tranquilidad de que se le ganará con facilidad. Todo lo contrario.

El Real Madrid cuenta con una plantilla de excelentes jugadores a los que Rafa Benítez, el entrenador elegido por el presidente Florentino Pérez para esta temporada (así como decidió no renovar el contrato anterior de Carlo Ancelotti, ganador de la Décima en 2014), no supo sacar su mejor rendimiento y ya estaba defenestrado el día de la categórica derrota ante el Barcelona por la Liga 0-4 en el Santiago Bernabeu.

Así fue que Pérez acudió a una estrella de la casa, Zinedine Zidane, ayudante de Benítez que no había tenido ninguna experiencia como entrenador de Primera División y éste, de a poco, fue cambiando cuestiones básicas, sencillas, pero de tremenda importancia, como otorgar seguridad en condición de local, no dar atosigantes indicaciones que molestan a los jugadores, y se fue ganando al vestuario con humildad, sin tener que sacar a relucir su pasado glorioso con el balón en los pies.

Con el temible ataque de la BBC liberado, sin las presiones anteriores, y aunque en algunos partidos no se comprobó demasiado aceitado el funcionamiento colectivo, también fue mérito de Zidane cambiar al único sector de la cancha en el que el equipo demostraba problemas, el mediocampo.

Zidane tomó una medida drástica pero necesaria, y no le tembló el pulso. Quitó de la titularidad tanto a Isco como a James Rodríguez para liberar a Toni Kroos más cerca de los delanteros, y dejar ahora a Casemiro como mediocentro puro, función que el alemán nunca sintió.

Pese a todo, el Real Madrid no parecía candidato a ganar esta Champions, cosa rara tratándose de un club con tanta historia en esta competencia, pero las irregularidades y los cambios de la temporada no hacían pensar en otra cosa.

Llegó casi por inercia a los cuartos de final y allí, como tantas otras veces, desafiando casi a las leyes de la probabilidad, el Real Madrid se vio favorecido ampliamente, teniendo al Schalke 04 como rival y definiendo en el Bernabeu, y lo mismo en semifinales contra otro conjunto irregular como el Manchester City, que además participaba ya sabiendo que su entrenador Manuel Pellegrini se iría al final de la temporada, igual que muchos de sus jugadores.

De repente, los blancos se vieron en la final, con la Copa del Rey dejada atrás hace muchos meses, y la Liga peleada más por un bajón del Barcelona que por regularidad propia.

Enfrente, un Atlético Madrid cada vez más sólido, con un duro y constante trabajo de Diego Simeone, ajustando cada vez más las piezas de un entramado que conoce a la perfección pero que tiene un punto débil: apostar al error adversario, porque en el fútbol, el gran problema de la dependencia táctica ocurre cuando el rival no se equivoca, o cuando cuenta con mejores herramientas técnicas para administrar el balón.

El Atlético Madrid es un equipo que se siente más cómodo cuando sale con el resultado a favor, cuando puede utilizar el contragolpe, o cuando enfrenta a equipos de menor valía técnica. En todos esos casos, aprovechar el error y marcar con espacios puede ser esperable y por eso, con su orden táctico, llegó tan lejos con mucho mérito.

Pero en la final de Milán no pudo desarrollar su juego. Se encontró con un Real Madrid que sin ser brillante y con un Cristiano Ronaldo sensiblemente disminuido, tuvo la confianza para disponer del balón, ponerse en ventaja (con un gol en fuera de juego de Sergio Ramos) y luego, conservarlo por casi toda la primera parte.

Cuando los blancos cambiaron su esquema y decidieron retroceder y darle espacios al Atlético apostando a los espacios para aprovechar la potencia de la BBC, hicieron crecer a los de Simeone, que no sólo fallaron extrañamente un penal por parte de Griezmann (tal vez, un presagio), que era posible acercarse de lleno hasta Keylor Navas.

Zidane, sereno pero claramente en su primera temporada como entrenador de una magnitud importante, se equivocó en medir los cambios. Obligado a uno en la primera parte por lesión, que de por sí le varió el esquema (Danilo por Carvajal), no sólo no esperó para el siguiente, sino que al quitar a Kroos, que era el mejor jugador hasta entonces con el portero Oblak (fundamental para que la diferencia en el marcador no fuera bastante mayor) y colocar a Isco, ya su equipo no tuvo el mismo peso y le costó sostener el partido.

En cambio, Simeone sí acertó al colocar a Ferreira-Carrasco, quien cambió parte del paisaje y empató la final cuando no faltaba tanto para que concluyeran los noventa minutos.

Luego, en el alargue, parecía que todo se daba vuelta. El Atlético no sólo llegaba psicológicamente más arriba que el Real Madrid, por el empate alcanzado, sino que disponía de dos cambios más contra ninguno de su rival, en el que varios jugadores, especialmente Modric y Bale, se mostraban exhaustos.

Pero el Atlético siguió fiel a su libreto tradicional. Mantuvo el tipo, la máquina del sistema no hizo cambios, no arriesgó lo suficiente acaso apostando a los penales, y en la lotería de los mismos, como en todo lo que tuvo que ver esta temporada con el azar, no sólo Real Madrid se quedó con la undécima Champions, sino que hasta se dio el lujo de que fuera su goleador y estrella, Cristiano Ronaldo, quien convirtiera el remate del título.

En tiempos de dominio futbolístico y cultural del Barcelona, haber ganado dos Champions en tres años, no está nada mal y menos, en una temporada que venía tan mal proyectada.

Es que la Champions parece hecha a la medida del Real Madrid. Y Mil´çan fue un nuevo testigo de ello.


1 comentario:

sisi zhuang dijo...

La llegada de Zidane fortaleció la mano del Real Madrid, con el entendimiento tácito entre el entrenador de jugadores. Él ganó el título de la Liga de Campeones. La próxima temporada será lograr mejores resultados. Hola Real Madrid!