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martes, 15 de noviembre de 2016

La Selección está enojada… con la prensa (Jornada)




La selección está enojada. ¿Qué tendrá la Selección? Parece que está enojada con “la prensa”, aunque nadie lo manifiesta porque, justamente, ningún jugador habla con los periodistas, pero lo dice su entorno y hasta Jorge Miadosqui, dirigente sanjuanino, presidente de San Martín y responsable del departamento de Selecciones Nacionales, además de anfitrión futbolero del partido de esta noche ante Colombia.

Miadosqui dice que los jugadores dicen que están enojados porque cierta prensa (a la que no identifican) magnificó, exageró las críticas o bien “faltó el respeto” a alguno o varios jugadores del equipo del “Patón” Edgardo Bauza.

Lo cierto es que el domingo, cuando todo indicaba que dos jugadores hablarían en la típica conferencia de prensa previa a los partidos, no aparecieron y tras situaciones de tensión,  el técnico entendió que tenía que hacerse cargo de la situación y poner la cara por ellos, y volvió a usar su sonrisa y sus respuestas preelaboradas para explicar que todo está demasiado bien, y que si el equipo es el segundo menos goleador del grupo, aún con los máximos atacantes del fútbol europeo, lo que preocupa “son los goles en contra”.

No hay crisis, y por supuesto, no hay necesidad de psicólogo, aunque cada foto del entrenamiento denote rostros tensionados, compungidos o preocupados, miradas recelosas, ganas de escabullirse ante los preguntadores bajo cualquier excusa, y llegada en silencio y con miradas hacia adelante, o teléfono celular en mano, al llegar al hotel provenientes de Buenos Aires.

Es que la Selección está enojada con la prensa, pero pagan todos. Desde el primero hasta el último periodista, al no acceder a las declaraciones (desde las más sinceras hasta las últimas de casette), pero también el público esperanzado, que nunca ve a las estrellas, pero éstas tienen cerradas las cortinas de las ventanas en el bus, y nadie siquiera mueve un brazo hacia los gritos en la pasarela a la puerta del hotel. Apenas Gonzalo Higuaín agita un poco una mano a los que gritan su nombre desde los costados y Emmanuel Mas parece el más animado, aunque claro, ha jugado en San Martín de San Juan.

Sólo Lionel Messi, siempre Messi, se encarga siempre de diferenciarse un poco y mostrarse cerca de la gente, saliendo a caminar en una zona accesible o mostrándose abierto a alguna entrevista con algún colega (especialmente televisivo) que pase cerca.

Algunos pensaron que acaso Bauza, con mucha experiencia en sus espaldas, traería muchos otros jugadores que alteraran un poco el viejo orden, pero no. El técnico que esta noche cumplirá su sexto partido en el banco, también parece que acabó sometido a las reglas de este tiempo: aunque Sergio Romero no ataje en ninguna de las cuatro competencias anuales con el Manchester United, ataja Romero. Aunque lleva casi cuatro meses sin jugar en China, es convocado Ezequiel Lavezzi y va al banco. 

Aunque haya deslizado que tal vez necesitara aire por un tiempo y admite que está jugando mal, no sólo es convocado Angel Di María sino que juega como titular. Lo mismo para Pablo Zabaleta y no importa siquiera que Lucas Biglia haya dicho tras la paliza en el Mineirao que “tras el primer gol, nos caímos y ya no pudimos recuperarnos”. Todo está bien. Todo sigue bien.

Bauza se dio cuenta ya desde hace semanas que si quiere dirigir a este equipo, las cosas no pueden cambiar demasiado de cómo estaban. Recuerda a aquella frase de Alejandro Sabella cuando ante la pregunta sobre las chances de ser convocados algunos jugadores, respondía “los estoy siguiendo” pero consultado sobre Carlos Tévez, la contestación era que “el grupo está cerrado”.

Al fin y al cabo, Bauza fue descubriendo lo que muchos ya experimentamos, tras años de partidos amistosos por el mundo, Copas América y Mundiales: que cualquier excusa es válida para enojarse con la prensa.

Este cronista fue testigo repetido de paseos por los lobbies de los mejores hoteles del mundo esperando en vano por las estrellas, que no tienen ganas de hablar antes de los partidos, porque hay que prepararse, los días de partido, porque no hay tiempo, y los días posteriores a los partidos, porque ya hay que viajar de regreso.

Observó cómo algunos jugadores de segundo orden, de estos que eran citados hoy pero que no sabían si repetirían mañana, dejaban esperando por tres días a periodistas de los mejores diarios europeos bajo la promesa de una vana entrevista, y tras ser advertidos por un viejo jefe de Prensa, decirle, mientras seguían bromeando con el compañero de al lado, que “siga esperando” a las tres de la mañana, y no había mediado un insulto o ni siquiera un desliz.

Es que, como bien le señaló Carlos Bilardo a este cronista en una extensa e imperdible charla en otro de los lobbies, en Roma, hace dos años y medio, se trata de una generación de futbolistas con “demasiado dinero en los bancos” y “acostumbrados a hacer lo que quieren” a muy corta edad.

Se trata, también, de una generación cada vez más distante de la sociedad argentina, tanto en lo geográfico como en lo cultural, sin conocimiento de la historia pasada, con absoluto desinterés por lo cultural (salvo escasísimas excepciones) y sin inquietudes como para, por lo menos, establecer algún tipo de vínculo con la Argentina aunque más no fuere por curiosidad.

A esta generación de la tecnología, a lo sumo puede llegar a interesarle la TV porque es el medio que los legitima y los populariza ante los suyos, familiares, amigos, allegados, y los famosea, aunque probablemente las preguntas sean centros a la cabeza y en la previa, un franeleo conveniente.

Además, como los canales de TV tienen altos presupuestos, las entrevistas suelen ser menos perturbadoras porque se llevan a cabo en el mismo hotel en el que se alojan y basta con bajar un par de pisos y de manera interna, sin que los depredadores del lobby, sin el mismo montante y alojados en otros hoteles más mundanos,  puedan enterarse.

Es que los jugadores, preocupados por los suyos, su grupo de amigos, y su propia performance, ya no sienten que se deban a nadie: ni a la gente que, ñata contra el vidrio quiere aunque sea un saludo, una sonrisa, como premio que los libere aunque sea por minutos de una vida con tantas privaciones, ni a un periodismo visto como “el enemigo” (en términos passarellianos) y que de todos modos, no preguntará nada que los motive.

Al final de cuentas, entonces, estos jugadores operan con enojo contra casi todos escudándose en la crítica exagerada de algunos, como si hubiesen obrado distinto en otro contexto.

La diferencia, entre cuando pierden y cuando ganan, es ínfima. En todo caso, existe para aquellos que siguen desesperados por un corte de un minuto en el que la mayoría de estos muchachos que se plantan con la nariz para arriba, dirán lo que ya sabemos que van a decir, para que publiquemos lo que la gente intuye que dirán. O por un entrenamiento “a puertas abiertas” para que la AFA se conmisere y permita tomar diez minutos de la nada misma, porque jamás se le mostrará a la prensa lo que se prepara tácticamente como si fuera un secreto de estado que se desmorona a los tres minutos del primer tiempo.

Ellos se sienten en el derecho de estar enojados, pero pareciera que nosotros no pudiéramos tener ese mismo derecho, pero lo tenemos y lo ejercemos. Pero que no nos engañen.  No busquen el enojo como excusa para guarecerse. Este cuento ya lo conocemos, ganando, empatando o perdiendo.



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