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domingo, 13 de noviembre de 2016

La psicología y la táctica, las debilidades de la selección argentina (Yahoo)




De a poco, la selección argentina comienza a complicarse en su camino hacia el Mundial de Rusia 2018, y no es que sus jugadores no tengan la calidad suficiente. Sin embargo, la enorme frustración por los tres títulos consecutivos perdidos en las tres finales desde Brasil 2014 y la toma de consciencia de esta generación liderada por Lionel Messi de que se está ante la última oportunidad, opera como una presión insostenible.

La selección argentina, de hecho, afronta diferentes problemas, aunque el principal, hoy, es sin dudas el psicológico. El entrenador Edgardo Bauza, que lleva apenas tres series de dos partidos en el cargo, desde que tras el receso veraniego reemplazara a Gerardo Martino (quien dirigió la otra mitad en el grupo sudamericano clasificatorio) sigue sosteniendo que no es necesario un profesional para que ayude a los jugadores a despejar su mente o sus pensamientos negativos, y en cambio, es de la idea de que todo se puede solucionar dialogando con ellos, y buscando que “larguen todo lo que les pasa” para lo cual hay que crear el clima de confianza.

Sin embargo, muchos jugadores que son grandes estrellas en el mundo del fútbol, y que son absolutamente indiscutidos en sus clubes (Sergio Agüero, Gonzalo Higuaín, Angel Di María, Pablo Zabaleta), no pueden soportar la presión por la necesidad de que la selección argentina deba obtener la clasificación para el Mundial porque nadie podría entender que cuando hay cinco plazas para Sudamérica en Rusia 2018 (cuatro directas y una quinta que sería una repesca ante la débil Nueva Zelanda) sobre diez posibles, y cuando Venezuela, Bolivia y Perú están muy cerca de ser eliminados, todo sea tan complicado para un equipo que fue finalista del Mundial de 2014 y de las Copas América de 2015 y 2016.

Basta con tomar declaraciones de varios de los jugadores de la selección argentina a poco de haber finalizado el clásico ante Brasil (con derrota 3-0 en el estadio Mineirao, el mismo del desastroso 1-7 de los locales ante Alemania en la semifinal del Mundial pasado) para entender de lo que estamos hablando.

Lucas Biglia recordaba que el partido “era parejo” (en verdad que lo era) hasta que a la media hora de la primera parte llegó el primer gol de Brasil. “Allí nos desmoronamos y ya no nos pudimos recuperar”. El propio Lionel Messi, quien participó muy poco, muy lejos de los cuatro volantes, y sólo acompañado por Higuaín en un ataque muy pobre, admitió que “somos los jugadores los que tenemos que atravesar esta mierda que estamos viviendo” y hasta llegó a pedirle “paciencia” a los aficionados argentinos. Y por si fuera poco, Javier Mascherano sostuvo que la situación del equipo argentino “es cada vez más preocupante”.

Pese a todo lo expuesto, Bauza no cree en la psicología, aún cuando se trata de jugadores de élite, con los mejores médicos, los mejores lugares de entrenamiento, los mejores hoteles, viajes en charters o rodeados de todo un sistema acorde a deportistas de su clase, pero no hay psicólogo. Apenas hubo para Alemania 2006 y a distancia: no viajó con el equipo y se manejaba por chat desde Buenos Aires.

Juan Carlos Alvarez, psicólogo que asesora al entrenador  de la selección española, Julen Lopetegui, destaca por estos días que los jugadores de élite sienten presiones “como cualquier persona” y que al contrario de lo que se cree, a veces de manera superior “porque están más expuestos ante cada error”.

Alvarez sostiene que un jugador “puede estar bien técnica o tácticamente, entender el juego perfectamente y en un excelente estado físico, pero si pierde la concentración, o tiene preocupaciones o no cree lo suficiente en él, se puede ir del partido. Y puede tener un despiste que puede provocar una situación de riesgo o de gol que afecte a todo el equipo”.

Pero no todo es la psicología. La selección argentina viene teniendo otros problemas desde hace tiempo y uno de los más graves, relacionado con lo psicológico, es el pánico a perder, por lo que suele tomar muy pocos riesgos y los sistemas tácticos que se utilizan son, por lo general, rácanos.

Así es que Messi tiene que soportar el hecho de jugar muy solo adelante, con un delantero más, y muy lejos de la línea de cuatro volantes de los que tres de ellos (ante Brasil, Biglia, Mascherano y Enzo Pérez) son mucho más de marca que de construcción de juego. Esto ya ocurrió durante el Mundial de Brasil, cuando Alejandro Sabella colocó una línea de cinco defensores para jugar en el debut…¡ante Bosnia!

Entonces, ocurre que grandes goleadores en sus ligas como Higuaín o Agüero, no sólo deben pelear por la misma posición sino que no suelen tener compañía en las llegadas a la portería contraria, y Messi, desesperado por no tener contacto con el balón, debe bajar demasiados metros a buscarlo y termina agotado cuando quiere llegar al otro lado, tras un enorme despliegue físico que se parece muy poco a lo que por años viene haciendo en el Barcelona.

Pero ni siquiera aquí terminan los problemas. Bauza (cuyo puesto comienza a peligrar y ya hay rumores de que tras el partido ante Colombia, en el receso de cuatro meses antes del regreso de la clasificación para el Mundial en marzo de 2017, la AFA irá a buscar a Jorge Sampaoli, entrenador argentino del Sevilla) apuesta no sólo a jugadores que no están en actividad (Sergio Romero no participa en ninguno de los cuatro torneo que juega el Manchester United, Martín Demichelis apenas si lo hace en el Espanyol, Ezequiel Lavezzi lleva cuatro meses inactivo por una lesión), sino que deja de lado a otros que toda la sociedad argentina reclama (Fernando Belluschi, de San Lorenzo, es el mejor caso).

Muchos creen que Bauza ha caído en el mismo problema de sus antecesores Sergio Batista, Sabella y Martino: en no animarse a dar por terminado el ciclo de muchos jugadores que ya son muy cuestionados para convocar a otros que reclaman más oportunidades, desde Paulo Dybala, Lucas Pratto, Gabriel Mercado o Gerónimo Rulli (en el plantel pero sin titularidad), Mauro Icardi (Inter) o Franco Vázquez (Sevilla), por citar algunos.

Claro que ni Bauza está seguro de seguir, no sólo porque le busquen reemplazantes, sino que en la AFA hay una intervención de FIFA que podría terminar en marzo para llamar a elecciones en la entidad. ¿Y si un nuevo presidente quiere otro entrenador?

También esta situación de transición es generadora de stress. Pero en la selección argentina, siguen sin querer saber nada de psicólogos.


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