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viernes, 12 de septiembre de 2008

El futbol que le gusta a la gente

¿Cuántas veces, en la Argentina, habremos escuchado esta frase de distintas bocas supuestamente progres, ya sea de entrenadores o periodistas? Esta serie de partidos del seleccionado argentino (hago hincapié en la palabra "seleccionado" porque "selección" es un sustantivo utilizado para cuando ya se puede explicitar un plantel sin experimentación, lejos de lo que ocurre en estecaso), sirve mucho para evaluar ciertas frases hechas, muchas veces expresadas sin un claro sentido, o sólo basadas en la eterna e infantil división que el falso progresismo hace de "los buenos y los malos".
Para poder continuar con este artículo, antes conviene volver a discutir qué es el fútbol (además de un deporte, ya lo sabemos). ¿Está más cerca del arte o de la ciencia? porque a partir de esos parámetros cambia el eje de la discusión. Si está, como creemos, más cerca del arte, porque para ver un partido profesional hay que pagar una entrada, o los sponsors pagan por publicitar sus productos, o la TV paga derechos de emisión, es porque hay "algo" que interesa a la gente que va más allá del resultado final. Porque si fuera distinto, bastaría con comprar el periódico al día siguiente, o consultar en internet al instante, o escuchar el resultado en la radio y sería suficiente. Es decir, por la causa que fuera, la gente mira los noventa minutos de un partido, se apasiona, analiza, discute, se alegra, se entristece, castiga, acepta, elogia. Y es porque el fútbol nos atrae por sus riquísimas características.
Pues bien, si el fútbol tiene cierta relación, aunque más no fuere, con el arte, con la creación, aunque no sea sólo eso y se trata desde ya, de un deporte competitivo, y el entrenador del seleccionado nacional (como antes, otro como él, César Luis Menotti), Alfio Basile, dice que él intenta que su equipo practique "el fútbol que le gusta a la gente", analicemos entonces esto mismo sin tomar en cuenta el resultado.
Porque no tiene sentido, aunque ya sean cinco los partidos que el seleccionado argentino no gana en una clasificatoria contra rivales supuestamente más débiles, caer en esta serie de dislates de los grandes medios que cada vez que los malos resultados aparecen, resulta que todos están peleados, nadie sirve, todo es un desastre para pasar a que todo es fantástico y Riquelme automáticamente pasa a ser"Román" cuando se obtienen buenos resultados. Por eso, casi todos estos medios pierden autoridad a la hora del análisis serio.
El tema sigue pasando por saber a qué juega el seleccionado argentino. Y no lo sabemos aún. Insistimos con lo del irritante doble (y a veces hasta triple) cinco. Y también con la comparación con los volantes centrales hasta los ochenta, cuando un Claudio Marangoni o un Sergio Batista (innegables buenos jugadores), siendo más pesados y con menos dinámica que éstos de hoy, no necesitaban al lado a otros que cumplieran su mismo trabajo, y siendo que tenían que marcar a más jugadores de ataque y con mayor técnica. Pero también cabe preguntarse "para marcar a quién" es que Argentina, como local, juega con doble cinco, y con una línea de cuatro que a lo sumo, se permite que Javier Zanetti y sus eternas calesitas se suma al medio pero jamás termine una sola jugada en ataque y le ganen las espaldas dos de cada tres veces.
Tampoco hemos observado ningún razonamiento táctico desde lo que pasa con el fútbol argentino a niveles estructurales. Pero notamos que aquellos puestos iniciales que se perdieron por la sempiterna "europeización", ahora nos pasa factura. No en vano, el fútbol argentino, respetado y hasta temido en todos lados, ha perdido los dos punteros, los dos marcadores de punta, el ocho de complemento de ataque, y ahora va perdiendo los números diez, los nueve cada vez juegan menos y se parecen a los tanques europeos y los mejores jugadores salen tan jóvenes a Europa que regresan disciplinados pero con menos buen pie, acostumbrados al orden y los laboratorios de la mayoría de los entrenadores del Viejo Continente, salvo honrosas excepciones (Wenger, Del Bosque, y alguno más).
Si con todos estos problemas estructurales, además el seleccionado argentino sale a cada partido con siete jugadores en posición defensiva, a veces ocho, y sólo un enganche y dos delanteros, es muy probable que luego, si el técnico no es muy seguro, o no sea muy trabajador, o no tenga ni tiempo ni ganas de encontrarle la vuelta a un panorama complicado y que lo excede, terminemos apelando al talco, cambiando de saco, o jugando al misterio para decirle al ayudante que le diga al ayudante del ayudante, que le diga al preparador físico, que le diga al suplente que se quite el buzo porque va a entrar a los cuarenta minutos del segundo tiempo, y juguemos al misterio.
Porque al fútbol, hace rato que vamos dejando de jugar.

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