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jueves, 4 de noviembre de 2010

La hora de Batista y de volver a las fuentes (Jornada)



Al cabo, Sergio Batista fue designado como director técnico de la selección argentina, algo que caía de maduro y que contrariamente a lo que se trató de demostrar, no significó debate alguno en los estamentos del fútbol, como indica la tradición. Apenas basta, como siempre, con la anuencia de Julio Grondona, el hombre fuerte del fútbol nacional, quien ideó una comisión a tal efecto que simplemente acatara su requisitoria. Ni soñando iban a integrarla dirigentes disidentes como los de Lanús o Vélez Sársfield, más proclives a votar a quien realmente lo merecía y ganaba en todas las encuestas, Carlos Bianchi. Pero se sabe, Argentina es un país muy especial y ya en el Mundial costaba explicar a los periodistas de todos los continentes por qué quien ganó cuatro Copas Libertadores y tres Intercontinentales (dos de ellas al Milan y una al Real Madrid), ni siquiera integra una lista de candidatos, sólo por llevarse mal con quien dirige la batuta.
¿Batista sí o Batista no? No parece ser un debate conducente, a esta altura. Batista llega desde la misma lógica que operó en su momento para el arribo de José Pekerman, aunque éste lucía más títulos juveniles cuando fue designado la primera vez (que él desechó para sugerir a Marcelo Bielsa, en 1998). El confirmado entrenador argentino, que para muchos no reúne una trayectoria justificante, tiene en su haber un título que no fue valorado aún en su justa medida, el de la medalla dorada de los últimos Juegos Olímpicos, en Pekín, no sólo por este logro, o por haber dejado en el camino a un fuerte equipo brasileño en semifinales (3-0), sino por haber conseguido armonía en un grupo compuesto por superestrellas que en muchos casos, se miraban con recelo. No es fácil hacer congeniar a Juan Román Riquelme con Lionel Messi, por ejemplo.
Batista tuvo que soportar también varias situaciones duras, como haber sido señalado como “desleal” por un iracundo Diego Maradona, sólo por tener un diálogo aceptable –sólo eso- con Carlos Bilardo, el inexplicable manager de los seleccionados nacionales, al punto de negarle protagonismo a sus juveniles para practicar con el equipo de Tristán Suárez, de la zona en la que manda su amigo Alejandro Granados, el intendente de Ezeiza cercano al poder. Y ahora, en los días previos a su designación, otra vez el “diez” dio a entender que el nuevo técnico argentino lo es por aceptar que Messi maneje los hilos, algo que parte de la prensa difunde no sin intereses y con poco sustento.
Más allá de algunos cuestionamientos, la idea de Batista, cuyo padre, José, es el factótum de uno de los grandes formadores de cracks, como el club Parque, pretende una cierta vuelta a las fuentes, con palabras que iluminan a quienes gustamos del buen fútbol, del que la Argentina se fue alejando a través de la falta de proyectos y al convertirse nada más que en un país exportador. El hecho de mencionar palabras como “posesión”, “pausa”, “manejo” o frases como “más pelota y menos pesas”, hace pensar que el rumbo es bueno y lo mismo con cuestiones que no se generaban desde los tiempos protohistóricos de César Luis Menotti, cuando se conformaban distintos equipos de diversas categorías o zonas para finalmente llegar a una síntesis con los veintitrés mejores para participar en un Mundial, en este caso, Brasil 2014.
La idea de colocar una oficina en Madrid y/o Milán para seguimiento de los jugadores “europeos” o los chicos con pasaporte argentino diseminados en las divisiones inferiores de los clubes europeos para que no sean tentados para jugar por otros seleccionados, parece más que aceptable, pero no debe soslayarse de que todo proyecto de selección debe insertarse, preferentemente, en un proyecto global del fútbol, cosa que no ocurre. Porque no se han fabricado punteros y porque faltan marcadores de punta, lo cual no es casual en un fútbol que, siguiendo los dictados tacticistas de los últimos años, produjo “laterales-volantes” que van y vuelven, pero que ni atacan ni defienden, o “dobles cinco” que quitan un jugador en el ataque para que dos hagan en el medio lo que antes hacía uno solo, alto y pesado.
Ahora bien, Batista sostiene, con muy buena fe, lo de regresar a la posesión, al mejor estilo de la España campeona del mundo, o como el espectacular Barcelona. ¿Es éste el estilo argentino de siempre? Sólo a medias. Porque el fuerte español radica en el medio, en los volantes, mientras que el argentino radica en sus delanteros. Entonces, ¿por qué copiar un modelo parecido pero que no es exactamente el argentino?
En todo caso, son puntos que irán definiéndose, como la base del trabajo, con el correr de los partidos.
La gran pregunta de la selección argentina, por estos días, es si efectivamente la dirigencia de la AFA (o sea, Grondona) tiene claro un rumbo, o si Batista apenas si es garantista de buena relación entre las partes y de paz con vistas a futuro, y poco importa lo que piense o quiera hacer. Al menos, la falta de debate serio, y la creación de la “comisión” que no parece haberse tomado mucho tiempo en debatir lo que, parece, ya estaba definido de antemano, aún cuando el candidato sea, en efecto, potable.
El tiempo será el que defina estas cuestiones.

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