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jueves, 2 de abril de 2015

Un seleccionado cada vez más argentino



Este tipo de partidos amistosos, como ante Ecuador y El Salvador, son de una medida relativa. El segundo rival no es lo exigente que necesita un seleccionado como el argentino, y es más a lo que se expone, ante un posible mal resultado, que lo que puede sacar de rédito. Contra el seleccionado ecuatoriano, en cambio, la experiencia puede tener utilidad por la cercanía con la Copa América de Chile para la que faltan dos meses.

Sin embargo, siempre hay conclusiones que sacar de estos dos partidos del seleccionado argentino, sin interesar tanto los triunfos, sino el funcionamiento colectivo e individual.

Un elemento que ya había comenzado a aparecer y el que nos parece medular, es el cambio de sistema. Desde la llegada de Gerardo “Tata” Martino a la dirección técnica, el equipo albiceleste comenzó a parecerse mucho más a lo que tradicionalmente fue la forma de pararse, unos metros más adelante que durante el buen ciclo de Alejandro Sabella, y dándole mucha más importancia a la posesión de la pelota.

Estos dos conceptos son muy importantes. En este blog hemos reiterado, hasta días antes del Mundial, la inquietud acerca de jugar verticalmente, en un ida y vuelta, por más que se tuviera una de las mejores (sino la mejor) delantera del mundo.

Porque jugar de manera vertical implica, en buena medida, depender de lo que haga el rival especialmente en cuanto a la creatividad. Nos preguntábamos qué haría el equipo argentino en el caso de un posible rival con jugadores que tuvieran buen pie y que retuviesen mucho el balón sin que los atacantes nacionales pudiesen participar en el juego por no poder ser habilitados. Debían bajar a buscarlo o bien resignarse a confiar en que los volantes lo recuperaran ante rivales muy hábiles.

Si bien esto no terminó ocurriendo mucho durante el Mundial, sí aparecieron dos elementos: como primero, rivales débiles en la primera fase (y aún así, el equipo argentino padeció ante Irán, salvado por el genio de Lionel Messi, ante Suiza en octavos de final, y ante Holanda en semifinales) y que recién en la final, en la que tuvo claras oportunidades ante Alemania, dio contra un conjunto de gran pie y contra el que acabó sucumbiendo en el tiempo suplementario. Y como segundo, que por lesiones diversas, ocurrió lo impensado: que el punto fuerte ya no lo fue tal y hubo que recurrir al armado de una estructura defensiva.

Es decir, de alguna manera aquella preparación de tantos meses para el “toma y daca” en el Mundial, acabó sin poder efectuarse, debiendo recurrir, a último momento, a un recurso que no era la base del trabajo y que apareció durante el torneo cuando justamente antes no daba ninguna seguridad.

Con Martino, esos aspectos se revirtieron porque el concepto de intentar tener la pelota genera una dependencia mucho mayor de lo propio que de los rivales. El hecho de contar siempre con un organizador de juego, como Javier Pastore, ayuda mucho en esa búsqueda y más allá de la intermitencia, como en buena parte del primer tiempo ante Ecuador, en el segundo el dominio fue claro, nítido, y la diferencia en el marcador pudo ser mayor.

El otro hecho importante de cambio es que este seleccionado argentino arriesga mucho más y se adelanta unos cuantos metros en el campo, con un claro 4-3-3, que deja lugar para un delantero más y reserva para Javier Mascherano y Lucas Biglia la tarea defensiva en el medio, para apostar mucho más al ataque como ambición.

Claro que esto, como sucede en el fútbol y en la famosa idea de la “manta corta”, requiere de una defensa sólida, de jugadores de buen pie, en lo posible, un arquero (no es casual la convocatoria de Nauhel Guzmán) que tenga buen juego por abajo, y una línea de fondo que pretenda salir jugando hasta conectar con los volantes.

Claro que falta lo que más desean los entrenadores, que es contar muchos días con el plantel como posiblemente ocurra antes de la Copa América, y que algunos recuperen su nivel perdido, como Angel Di María, mientras que sigue la incógnita sobre el aporte de los jugadores del torneo local (Mancuello no convenció demasiado ante Ecuador, más allá de clavar un lindo tiro libre ante El Salvador).

Pero ya se observan algunas señales saludables de este equipo que pese a que viene de jugar una final de un Mundial, ha decidido arriesgar y buscar acercarse a una identidad que mantuvo durante gran parte de su historia.


No es poco. Parece muy saludable, en principio.

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