martes, 5 de enero de 2016

Adiós a Rafa Benítez en el Real Madrid y debut de Zidane como DT (Jornada)



Pocos le creen ya al poderoso empresario Florentino Pérez cuando comienza a negar rumores crecientes sobre el Real Madrid, al que preside. Se suele decir que cuando el río suena es porque agua trae y cuando hace pocos días desmintió rotundamente que Rafa Benítez podía ser destituido como director técnico, rápidamente el foco se centró sobre el ex crack Zinedine Zidane, y no hubo error.

Efectivamente, el franco-argelino que supo darle con una extraordinaria volea un título de champions League a los blancos en 2002 ante el Bayer Leverkusen, que es considerado uno de los diez mejores jugadores de la historia del fútbol, y que dirigía al Real Madrid Castilla, la reserva,  fue designado entrenador del equipo tras el empate del pasado domingo de los “merengues” ante el Valencia en Mestalla 2-2.

En verdad, el empate del domingo fue apenas la gota que rebalsó el vaso. Todo comenzó desde el inicio de la temporada, cuando al Real Madrid le costaba marcar goles aún con uno de los tridentes más fabulosos del planeta,  la llamada BBC (Bale, Benzema, Cristiano) y ni siquiera algunos buenos resultados pudieron tapar el descrédito de este director técnico madrileño más ligado a lo conservador que al buen espectáculo.

Así fue que Benítez fue perdiendo girones porque se le empezó a escapar el vestuario, especialmente su líder Sergio Ramos, y su falta de convicción por un juego de ataque hizo que fueran perdiendo fuelle tanto el talentoso Isco (ahora pretendido por el Manchester City, al perder lugar en el primer equipo) como el colombiano James Rodríguez, considerado uno de los mejores (si acaso el mejor) jugadores del Mundial 2014.

Benítez obtuvo el 74,6 por ciento de los puntos disputados oficialmente en los 25 partidos que dirigió a los blancos, con 17 triunfos, 5 empates y apenas 3 derrotas, pero éstas son sólo estadísticas. En cuanto al juego, nunca conformó y su futuro quedó pendiendo de un hilo cuando fue destrozado por el Barcelona en el propio estadio Santiago Bernabeu, en noviembre pasado por 4-0 y con los azulgranas dándose el lujo de hacer ingresar a Lionel Messi en el segundo tiempo porque regresaba de una larga lesión.

Se sabía que todo debía cambiar mucho si Benítez quería seguir hasta el final de la temporada en junio, y no pudo maquillar la situación  ni siquiera una tremenda goleada como el 10-2 a Rayo Vallecano porque el partido era más que parejo hasta el 2-2 en el Bernabeu, cuando los visitantes quedaron con nueve jugadores y un penal mal cobrado.

Muchas veces en los últimos partidos, las sensaciones fueron recurrentes: Real Madrid ganaba cómodamente los partidos fáciles, se complicaba mucho ante rivales medianos y terminaba favorecido por algunos arbitrajes polémicos, o directamente no podía ganar los difíciles o con alguna dificultad mayor, como ocurrió el domingo ante Valencia, que al final por fin parecía que se llevaba los tres puntos y casi de movida le empataron los locales, que de casualidad no ganaron en el final.

Ante el Sevilla, en el Sánchez Pizjuán, también el Real Madrid sufrió en el juego una humillación aún mayor que la amplia derrota y esa imagen, en un club con tanta tradición de títulos, se paga caro.

Zidane, que estará acompañado por el argentino Santiago Solari (también reconocido ex jugador blanco y muy querido por los aficionados) hará así su debut como entrenador de un equipo de Primera División en un momento clave porque comienza la segunda parte de la temporada 2015/16, la que define los dos títulos que le quedan disputar al club, luego del esperpento de la mala utilización del delantero ruso Denis Cheryshev ante el Cádiz por los dieciseisavos de final de la Copa del Rey, que sacó al club de la competición.

Con los octavos de final de la Champions League por delante y peleando la Liga española desde atrás, con el Atlético Madrid y el Barcelona por encima cuando queda media competición, el tímido Zidane, símbolo de la Francia campeona mundial de 1998, sólo prometió “darlo todo y trabajar” cuando el presidente Pérez lo presentó casi como si fuera una publicidad de su indumentaria deportiva auspiciante: “Para ti, no hay nada imposible”.

Zidane es el undécimo entrenador de Pérez como presidente desde que asumiera por primera vez en 2000 y no respetara ni siquiera el gran título de Liga conseguido por Vicente Del Bosque en 2002/03, para reemplazarlo por el mucho más elegante (en el vestir) portugués Carlos Queirós, con Jorge Valdano de director deportivo. 

Del Bosque, con pronunciado abdomen, poco cabello y bigotes clásicos, no daba con el tipo, aunque luego lo ganara todo con la selección española y recibiera el título de marqués. Pero no era apto para el marketing y sí su sucesor, tostado por el sol y ropa de marca, aunque no llevara ningún título a las vitrinas de Chamartín.

Tampoco el gran volante de contención francés Claude Makelele continuó en el plantel. No importó su gran oficio sino que por falta de carisma no vendía las camisetas suficientes entre los aficionados. Real Madrid necesitaría años para encontrarle un reemplazante.

Queirós sería reemplazado por una gran figura del club, José Antonio Camacho, quien apenas duró cuatro meses, y ni siquiera comenzó la temporada 2004/05 al citar que los jugadores no aceptaban, como el Milan y otros equipos europeos, trabajar en doble turno y generó una crisis que Pérez no pudo sortear en todo el ciclo anual: llegaron el ex arquero del club mariano García Remón (4 meses), el brasileño Vanderlei Luxemburgo (un año, hasta la mitad de la temporada 2005/606), Juan Ramón López Caro (3 meses),  pero hasta el propio mandatario terminó yéndose y dejando a la entidad al borde del caos.

Ya a su regreso a la presidencia, en la temporada 2009/10, no le tuvo paciencia al chileno Manuel Pellegrini pese a la potencia atacante, tras la impresentable derrota ante el humilde Alcorcón (4-0) por la Copa del Rey y así llegó la era del portugués José Mourinho, hasta el final de 2012/13, cuando el club se colocó en el rol del malo de la película del fútbol mundial y acabó con el vestuario dividido, acusaciones de topos entre los jugadores y polémicas por doquier.

Pérez, entonces, optó por un conciliador, el italiano Carlo Ancelotti, con quien por fin pudo ganar la anhelada Décima Champions League en una vibrante final en Portugal ante el Atlético Madrid en 2014 pero ya la segunda temporada no fue como la primera y una vez más, el presidente optó por el volantazo, contratando a Benítez en un nuevo cambio de rumbo, y con los resultados a la vista.

Zidane pone su prestigio en juego. Seguramente tendrá al vestuario de su lado y posiblemente recuerde sus tiempos de brillantez con Del Bosque como entrenador. Tal vez sea el momento de volver a lo sencillo, a planteos más simples, en volver a recuperar aquel señorío perdido que caracterizó siempre al Real Madrid y que lo llevó a ser considerado por la FIFA como mejor equipo del siglo XX.



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