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martes, 23 de mayo de 2017

Aquella lejana cena en Puerto Olímpico



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Corría 1998. Durante el mes de abril, un amigo brasileño, periodista, se alojaba en nuestro departamento de Barcelona, rumbo al Mundial de Francia. Había venido con su novia centroamericana y pasaron varios días allí.

El colega, políglota, llegó a tener mucha influencia en el mundo del fútbol en aquel tiempo.

Un cierto día, quien esto escribe atendió una llamada al teléfono casero. Una voz en portugués preguntó por el colega brasileño y para nuestra sorpresa, al preguntarle de parte de quién, del otro lado se escuchó “Roberto Carlos”.

El lateral izquierdo, uno de los mejores de todos los tiempos, y nuestro amigo, dialogaron por largo rato, se rieron, y en un determinado momento, escuchamos que se planteaban cenar esa misma noche en algún lugar de la ciudad.

Roberto Carlos se encontraba allí porque el Real Madrid jugaría en esos días ante el Espanyol en el estadio Olímpico de Montjuic.

Al escuchar que estaban marcando una cita, hicimos claros gestos de pedido de sumarnos, a lo que el colega inmediatamente propuso al jugador, y por lo que dedujimos, hubo aceptación, organizar una cena para esa misma noche.

Efectivamente, pocas horas más tarde estábamos cenando en un hermoso restaurante de la zona de la Barceloneta y el Puerto Olímpico llamado “Salamanca”, el colega brasileño, quien esto escribe, Roberto Carlos y una cuarta persona que nos fue presentada, y que respondía a una edad parecida a la nuestra, que en ese momento representaba a la firma Nike y aunque era catalana, estaba vinculada a la selección brasileña.

Más allá de trivialidades aparecidas durante la cena, y referencias a jugadores, entrenadores y hasta periodistas brasileños, y alguna también a la FIFA, en determinado momento apareció el nombre de “Ronaldo”, por Nazario, el “Gordo” que aún no era tan gordo.

Cuando se mencionó a Ronaldo, las sonrisas fueron desapareciendo, el tono subió mucho, y Roberto Carlos acabó discutiendo con el catalán, a quien le dijo, textualmente, “si esto sigue así, van a terminar matándolo y lo van a enterrar en un cajón que diga “Nike”, ante el silencio de los interlocutores.

Apenas dos meses más tarde, este periodista recordó aquella cena en el Puerto Olímpico de Barcelona cuando llegó la final del Mundial de Francia y se produjo aquel episodio por el que Ronaldo no aparecía en la lista de titulares ante el equipo local, pero acabó jugando.

Ante el primer centro al área de Francia, el arquero local Fabien Barthez descolgó la pelota y en el envión cayó encima del cuerpo de Ronaldo. En ese momento, y desde la mitad de la cancha, Roberto Carlos corrió para ver si su amigo, que había tenido una noche muy difícil, se encontraba bien.

Al cabo, Francia derrotó a Brasil 3-0 en la final y fue campeona del mundo por primera y única vez. Y con los años, una comisión parlamentaria investigó la relación entre la CBF, Nike, el Caso Ronaldo y otros relacionados con la corrupción.

Ah, el catalán de la cena era Sandro Rosell. Recién cuando su nombre trascendió y lo vimos en los medios, descubrimos que era la misma persona de aquella cena. Ahora, detenido en Barcelona por presunto blanqueo de capitales junto a su esposa, Marta Pineda, el empresario libanés Shahe Ohanessian, al que el ex presidente del Barcelona le vendió su empresa Bonus Sport Marketing, el socio de Rosell en Andorra, Joan Besoli, y otro ganadero amigo del dirigente deportivo,  Andreu Ramos, dentro de la llamada “Operación Jules Rimet”.

Esta Operación determinaría cobros ilícitos de comisiones por derechos audiovisuales de la selección brasileña, depositadas en paraísos discales. También Rosell habría ayudado en su momento a su amigo y ex presidente de la CBF, Ricardo Texeira, para que se estableciera en Andorra para huir de la Justicia de su país.


Todo parece tener que ver con todo. 

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