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domingo, 28 de mayo de 2017

Una Copa que cierra un año de transición en el Barcelona (Yahoo)




Acaso los tibios festejos en el Palco de Honor del estadio Vicente Calderón de Madrid, en su último partido oficial antes de ser demolido, sean la mejor muestra para explicar lo que ocurrió con el Barcelona en esta temporada: un único título en el partido que cerraba un año complejo, en el que siempre fue a remolque, y a poco de cambiar de entrenador y con muchos jugadores que se irán y serán reemplazados en la plantilla.

El Barcelona cerró la temporada 2016/17 con un título de Copa del Rey ganado sin muchos obstáculos al muy buen Alavés del entrenador argentino Mauricio Pellegrino, que poco pudo hacer ante la enorme diferencia de talento y de presupuesto ante los azulgranas y de hecho, el partido estaba ya resuelto al terminar la primera parte y en la segunda, Lionel Messi y compañía, aún sin el goleador uruguayo Luis Suárez, suspendido, se dedicaron a administrar el balón hasta que llegara el pitido final.

Al Barcelona, esta Copa del Rey le sirve para no quedar vacío en esta temporada, asegurarse al menos cinco Clásicos en la que viene ante el Real Madrid (un amistoso en el verano en Estados Unidos, dos de Supercopa de España y dos de Liga Española), para volver a colocarse como equipo copero, con un nuevo triplete consecutivo, pero para muy poco más.

Por eso, acaso, tras pasar por el Palco a saludar a las autoridades,  los jugadores bajaron al césped para la foto y dejaron nada más que a su capitán Andrés Iniesta para levantar el trofeo desde lejos, y el hecho de no hacer declaraciones posteriores al salir de los vestuarios, acentúa la idea de que tal vez se escondía en estas actitudes un disconformismo con el manejo institucional de la Liga de Fútbol Profesional (LFP), que condude Javier Tebas Medrano, siempre muy pitado en el Camp Nou.

El Barcelona tuvo una temporada de quejas, protestas y justificaciones, pero lo cierto es que su entrenador saliente, Luis Enrique Martínez, nunca encontró recambio en una plantilla corta, mal diseñada, y con enorme distancia entre los once titulares y los suplentes, a lo que se sumaron algunas lesiones, como los dos llegados en el invierno de 2016, Aleix Vidal y Arda Turan, como Rafinha, y el hecho de no haberle encontrado reemplazante nunca a Daniel Alves, a punto de jugar como lateral derecho la final de la Champions League con la Juventus ante el Real Madrid.

El Barcelona, aún con un tridente sudamericano espectacular, con el mejor jugador del mundo en sus filas (un Lionel Messi a punto de llegar a su gol 1000 entre oficiales y no oficiales, con 975 en este momento), tiene que mirar desde afuera cómo su eterno rival, el Real Madrid, jugará su tercera final de Champions League en cuatro años, lo que indica que hay algo que no funciona bien y que no termina de arreglarse.

Y esto es que el Barcelona empieza a trajinar los campos con la imagen de un equipo que mantiene su técnica, que cuenta con un ataque demoledor, pero que fue obligando a un sistema cada vez más vertical y con menos tránsito en la mitad de la cancha, además de una paulatina disminución de las ideas colectivas para depender cada vez más de Messi.

La gran incógnita es lo que puede cambiar con la llegada de Ernesto Valverde en el lugar de Luis Enrique. Si el nuevo entrenador va a modificar aspectos sustanciales del juego o si respetará los elementos básicos para darle un retoque al sistema, y qué jugadores requerirá para reforzar un equipo que necesita un recambio que pueda mantener el nivel sin la sensación actual de que sin los titulares ya no es lo mismo.

Es evidente que el Barcelona no cuenta con un portero desequilibrante, que no ha contado con un lateral derecho puro, y que necesita más movilidad en el medio y un banquillo mucho más fuerte que el que dispone.

Si ante el Real Madrid, el genio de Messi le dio un triunfo en el último minuto del Clásico de Liga que le dio chances de pelear el título hasta el final, fue claro que tuvo que remontar la cuesta en forma permanente, ante los blancos en el torneo largo, ante el PSG, al que superó en un partido histórico pero casi irrepetible, o ante la sólida Juventus en la Champions.


Por todo esto, el Barcelona ha atravesado una temporada de transición, y ahora que todo terminó y llega el verano, también es tiempo para los interrogantes y las posibles soluciones.

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