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martes, 30 de mayo de 2017

Que Sampaoli se concentre en su trabajo



Mañana se anunciará oficialmente algo que ya se sabe desde hace mucho tiempo: que Jorge Sampaoli se convertirá en el nuevo director técnico de la selección argentina. El tercero en esta fase clasificatoria sudamericana en dos años, tras Gerardo Martino y Edgardo Bauza.

Todo el circo que rodeó a su contratación, a partir de las primero de bajo perfil, luego ya levantando polvareda, con una cláusula de rescisión incluída para arrancárselo al Sevilla, vino contaminando su llegada al país, más allá de que apenas poner los pies en Ezeiza inmediatamente se dirigió a observar tres partidos del fútbol argentino, lo que corresponde a su trabajo.

Notamos que a Sampaoli lo rodean demasiados elementos extrafutbolísticos con los que debe tener mucho cuidado para no caer en una trampa, la de que se hable cada vez menos de fútbol y más de sus tatuajes, su sentido del humor, la grieta entre sus admiradores y sus detractores, sus gustos políticos, su militancia en tiempos juveniles.

Lo que ocurre con Sampaoli nos lleva como referencia a la construcción de personajes como César Luis Menotti, afecto a hablar de Goyeneche, Piazzola o Mercedes Sosa, o de trazar una línea para colocarse del lado del progresismo con lo cual se deja a otros fuera del mismo por no simpatizar con algunos de sus movimientos, y como Marcelo Bielsa, muy propenso (más allá de sus innegables conocimientos) a complicar los discursos hasta cientifizarlos a un nivel cuyo entendimiento queda para pocos como si el fútbol no fuera el fenómeno popular por excelencia.

Cuando Bielsa, a quien Sampaoli admira, sostiene que el nuevo director técnico argentino “es mejor que yo” por ser más dúctil, no hace otra cosa que seguir su entronización, que es lo que menos necesita un DT que no tiene un pasado que haga de paraguas ante el gran público local, que espera básicamenrte resultados pero respaldados por un juego sólido y para eso se necesitan primero ideas claras.

Y a esto queremos llegar. Sin ser Gardel, ni cerca de ello, Sampaoli sí ha dado algunas muestras interesantes de conocimiento táctico, como pudo observarse en la Copa Sudamericana ganada por la Universidad de Chile, o por la Copa América ganada por Chile en 2015, o también, con un estilo bastante distinto, en el Sevilla que acabó cuarto la temporada de la Liga Española, detrás de los tres grandes.

Aún así, se ha endiosado una muy buena campaña del Sevilla, que venía de ganar copas europeas y que fue eliminado por el Leicester (que no el Manchester United, Manchester City o el Arsenal o el Chelsea) en los octavos de final de la Champions, es decir, tampoco fue que hizo la temporada de la vida de los de Nervión.

Sí, en cambio, Sampaoli ha hecho una convocatoria audaz, por ser la primera, con varios jugadores sin pasado en la selección, a otros los quiere reconviertir (Mascherano, Di María), otros estarán en estudio (Romero) y luego vendrá el esquema que utilizará en los partidos importantes (léase el crucial de Montevideo ante Uruguay por la clasificación mundialista).

Por todo esto, resulta menester que Sampaolin deje de lado inmediatamente todo debate sobre si es bielsista, menottista, progresista o ricotero, para que se dedique de lleno y sin tanta parla a su tarea específica, porque hay mucho en juego y no hay mucho margen para estas cosas, más cercanas a tiempos en los que la selección argentina tenía otras preocupaciones, más elevadas.

De nada sirve que algunos salgan en defensa de Sampaoli sólo porque los que siempre estuvieron del otro lado, llegaron a decir que hasta se iban del país si asumía (aunque creemos que siguen viviendo en la Argentina, hasta donde sabemos), porque allí comienza a construirse una de esas tantas burbujas que en todo orden social no distinguen en matices y convierten a todos en “buenos” (o sea, los que están de nuestro lado) y “malos” (los que están del otro y no se llevan bien con nosotros, o no nos caen simpáticos).

Esa era, en todo caso, una polémica de tiempos de opulencia. Hoy, todo se encomienda a San Messi, aunque el DT, más terrenal, Sam-Paoli, debe dedicarse a que el genio se sienta más cómodo y tenga más compañía en ataque, que no se siga frustrando porque la táctica que lo rodea es la del miedo a perder.

Para eso, es necesario Sampaoli. Y no para ver qué tatuaje usa. Que se dedique de lleno a su trabajo para que lo juzguemos pura y exclusivamente por eso.

Luego vendrán los tiempos de las evaluaciones. Ahora, dejemos que haga su trabajo sin contaminaciones,.


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