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domingo, 21 de mayo de 2017

Los fundamentos del título del Real Madrid (Yahoo)




Con total merecimiento, luego de ganar inobjetablemente también al Málaga en La Rosaleda 0-2 y desde el primer minuto de juego, el Real Madrid se consagró campeón de Liga luego de cinco años y con sólo tres títulos en una década de escasa cosecha.

El equipo blanco fue líder durante casi toda la competencia de treinta y ocho jornadas, lo cual habla de su regularidad, pero también, como ya hemos señalado en esta columna al principio de la temporada, quedó claro que esta vez, el Real Madrid iba a por este título, justamente por lo que en estos años le ha costado conseguirlo, y porque en el contexto internacional ya había conseguido muchos laureles y ahora mismo está por jugar la tercera final de Champions League en cuatro años.

Tras la cómoda victoria ante el Málaga y luego de haber sido levantado en andas por sus jugadores en los festejos dentro del campo de juego, un muy sereno Zinedine Zidane, entrenador del equipo, manifestó que ser campeón de Liga “es serlo en un torneo en el que lo importante es el día a día, el de la regularidad, y entonces aunque pasas por algunos malos momentos, como es lógico en un año tan largo, significa que has sido el mejor de todos”.

Rescatamos lo de la serenidad de Zidane porque creemos que ha sido fundamental y una gran revelación por parte del francés, quien en verdad es la primera temporada completa que se encuentra a cargo de un equipo de estrellas, que ha tenido que reemplazar en la 2015/2016 a Rafa Benítez tras un mal comienzo, y que sin embargo no se ha desesperado, mantuvo siempre motivados a sus jugadores, supo rotarlos sin muchos inconvenientes (más allá de alguna queja puntual de James Rodríguez por falta de chances, que posiblemente lo hagan emigrar) y en especial, ha logrado que dieran lo mejor de sí con bastante armonía en el vestuario.

Esta serenidad de Zidane es importante para señalar que no siempre es necesario gritar y gesticular al borde del campo de juego, sino saber gestionar un vestuario con muchos egos, con tantos jugadores con deseos de jugar y de saltar al campo y más aún en un Real Madrid repleto de cracks del mejor nivel mundial.

En cuanto a la plantilla, hubo puntos muy altos del Real Madrid, en especial tres de sus cuatro defensores. Sergio Ramos, por su carácter, su presencia y sus goles decisivos de cabeza en los minutos finales, pero también sus dos laterales, Dani Carvajal y Marcelo, que han hecho una temporada excepcional transformándose en dos atacantes profundos y clausurando sus bandas en muchos casos, ante sus rivales.

Zidane también encontró en Casemiro a un mediocentro justo para apoyar en la marca a la defensa, teniendo en cuenta que la construcción de juego comienza desde Luka Modric pasando por un gran Toni Kroos, quien ya desde la temporada pasada y con el ingreso de Casemiro, se liberó para acercarse más a los atacantes en la creación.

Y no hace falta comentar mucho sobre el trío atacante, la famosa BBC (Bale, Benzema y Cristiano Ronaldo), de un gran poderío, si bien Bale tuvo lesiones importantes que le quitaron muchos minutos, pero otro de los factores fundamentales de esta temporada, acaso el mayor, para diferenciarse de su principal competidor, el Barcelona, pasó por el banquillo.

Si hubo una diferencia entre el Real Madrid y el Barcelona en esta temporada estuvo en dos factores claves: la posibilidad de los blancos de poder contar siempre con reemplazos del mismo nivel, o muy cercano, a los titulares, y que los azulgranas no pudieron tener esta misma posibilidad, y no precisamente por un hecho puramente económico sino por las políticas de fichajes de cada uno.

Un ejemplo de ello son los laterales. Si Carvajal o Marcelo han ganado partidos por sus bandas, el Barcelona nunca consiguió reemplazar a Daniel Alves. No acertó con Douglas en su momento, tampoco con Aleix Vidal, y había dejado ir a Adriano y a Montoya, para tener que improvisar allí a Sergi Roberto, y hasta en algunas oportunidades a Javier Mascherano o tirar de tres centrales para cubrir ese hueco. Demasiada diferencia entre los dos.

El otro factor es el de los entrenadores. Si sostuvimos que Zidane manejó de manera sencilla un vestuario complicado y a su vez mantuvo el esquema táctico que le arrojó muy buenos resultados en la temporada pasada, Luis Enrique, quien dejará el cargo tras la final de la Copa del Rey de la próxima semana, no ha podido mantener la misma regularidad y este Barcelona pasó a ser un equipo demasiado vertical, muy dependiente de su tridente sudamericano con Lionel Messi, Luis Suárez y Neymar, pero no ha podido contar en muchos partidos con el mejor Andrés Iniesta, y hay varios jugadores que tuvieron muchos altibajos, pero el punto más flaco estuvo precisamente por los la banda derecha, ya sea por ausencia de un lateral puro, como por la irregularidad en Iván Rakitic.

Entonces, si bien en el tramo final el Barcelona pudo acercarse más que todo gracias a un clásico ganado en la última jugada en el Bernabeu, que no sólo le dio tres puntos sino el average en caso de empate en puntos al final del campeonato, siempre dio la sensación de que los blancos sortearon mucho mejor la mayoría de sus compromisos que su competidor y hasta consiguieron marcar en todos, un hecho histórico que no deja de ser otra muestra de su enorme poderío, al punto tal de que va por una segunda Champions consecutiva, algo que ningún equipo europeo ha conseguido de momento.

Párrafo aparte para la temporada del Atlético Madrid, que si bien no pudo mantenerse en la lucha por el título, sí ratificó su condición de tercer equipo de la Liga desde hace un lustro, lo cual tiene un enorme mérito, y en especial, ahora con la ratificación de que su entrenador Diego Simeone, fundamental en el crecimiento de estos años, continuará en sus funciones ya cuando en la próxima temporada deba jugar como local fuera del Vicente Calderón.


También hay que destacar la temporada del Sevilla con la dirección técnica del argentino Jorge Sampaoli, que ahora se marcha a la selección de su país. Los andaluces, que no han podido conseguir títulos, se han podido colar en la cima de la tabla pero sostenidos por esquemas dúctiles y osados, ofreciendo, especialmente en la primera rueda, muy buenos espectáculos.

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