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domingo, 24 de agosto de 2014

El Atlético sigue haciendo historia (Yahoo)



¿Qué podría esperarse de un equipo desacostumbrado, en los últimos tiempos, a pelear por títulos importantes, y que de una temporada a la otra pierde jugadores como Thibaut Courtois, Filipe Luis, Diego Costa, David Villa, o Diego Ribas, y tiene lesionado a Arda Turán?

Seguramente, con la competencia de rivales como Real Madrid y Barcelona, que gastan fortunas en renovarse y que cuentan con jugadores de primer nivel, muchos podrían haber apostado a que para el Atlético, la primavera iba a llegar pronto a su final.

Sin embargo, no fue así, y hasta muchos otros intuyeron pronto que la historia podría continuar con una lucha de a tres, en España, por los grandes títulos en la temporada 2014/15 que acaba de comenzar.

¿A qué se debe esta apuesta por el más débil, en apariencia, de los tres? Mucho más que por los jugadores, por su cuerpo técnico y en especial, por su entrenador Diego Simeone, ídolo absoluto de la afición “colchonera”, parte del himno moderno del club, que canta el magistral poeta madrileño Joaquín Sabina, campeón en sus tiempos de jugador y generador principal de los éxitos en esta brillante primera etapa a cargo de la plantilla.

Si estuvo a segundos de ganar la Champions League pasada hasta el cabezazo de Sergio Ramos en Lisboa, el Atlético logró la Liga en el Camp Nou remontando ante un Barcelona que ganando en casa era campeón, la Supercopa europea, la Copa del Rey (también ante el Real Madrid) y la Europa League, a lo que ahora sumó, otra vez ante el Real Madrid, la Supercopa de España, empatando en el Santiago Bernabeu en la ida, para ganar 1-0 en la vuelta.

¿De quién es el mérito? Por supuesto que los entrenadores, preparadores físicos, médicos o entrenadores de porteros, no marcan goles ni pueden salir a los campos de juego. Sin embargo, hay una impronta, una marcada influencia de carácter en Simeone y sus colaboradores, que transmiten un carácter ganador y muy especial a sus jugadores y que pese a los cambios y las enormes sangrías en cada temporada (como antes cuando se fue Radamel Falcao y se pensaba que allí se terminaría todo) se mantuvo el espíritu ganador.

No es casual que, por ejemplo, Simeone haya tenido un problema con un línea y lo hayan expulsado. Por más que luego del partido reconozca su error o esté dispuesto a aceptarlo, esta forma de ser conforma un todo en su carácter, como su movimiento con sus manos provocando un mayor aliento al Vicente Calderón, o cuando ya en la vuelta olímpica filmaba a la hinchada, concediéndole todo el protagonismo, con su propio teléfono móvil desde el césped victorioso. Todo un símbolo.

Pese a algunos cambios, Simeone logró mantener la estructura del equipo que tuvo tanto éxito en la pasada temporada. Moyá reemplazó al excelente Courtois (también se espera por Oblak), pero se mantienen los dos centrales (Miranda y Godín), el lateral derecho (Juanfran), los volantes Gabi, Koke, Raúl García, Mario y Thiago, y como titulares, en el ataque, asoman Griezmann y Mandzukic, mientras que Siqueira o Ansaldi aparecen como novedad como posibles laterales izquierdos.

La sensación es que entre el dinero de los premios por los resultados de la temporada pasada, y algunas pocas salidas, el Atlético volvió a rebuscárselas para armar un nuevo equipo con el que pelear todo otra vez, con el mismo orden, una estructura sólida, un férreo marcaje pero un buen destino para cada uno de los balones en juego.

Además de maniatar a un Real Madrid que cada vez apuesta a mayor tiempo de posesión de balón con Carlo Ancelotti de entrenador y con los fuertes fichajes de tres figuras mundialistas como Toni Kroos, James Rodríguez y en menor medida el portero Keylor Navas, el Atlético jugó en el Vicente Calderón un partido soberbio en la administración del juego y los espacios, haciendo correr la pelota y el tiempo, desorientando y por momentos desesperando a su rival, hasta minimizarlo por completo, aún con jugadores no tan cotizados como los blancos.

Allí radica, una vez más, el mérito de un equipo que no se conforma con un par de buenas temporadas y apuesta a la mejor utilización de los recursos para los fichajes, manteniendo el espíritu ganador, un orden táctico cada vez más profundizado, y jugadores que entienden perfectamente las funciones que deben cumplir, con una afición completamente rendida a lo que genera la plantilla y a su cuerpo técnico.

Por todas estas razones, y con el éxito de la reciente Supercopa de España, al Atlético no le produce ningún temor ni este Real Madrid de grandes estrellas, ni este renovado Barcelona, que amenaza su hegemonía.

Cada vez es más claro que esta Liga será de tres, una vez más, y que el Atlético Madrid es también candidato en la Copa del Rey y en la Champions League y que nadie puede quitarlo entre los candidatos porque volverá a ser tan competitivo como en los últimos años.


La Supercopa de España fue el primer botón de la muestra.

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