domingo, 18 de diciembre de 2016

Innovaciones y sorpresas en el Mundial de Clubes (Yahoo)





Antes de comenzar el Mundial de Clubes de Japón de esta temporada, para la gran mayoría era claro que la final la jugarían, como casi siempre, el Real Madrid, campeón de la Champions League europea, y el Atlético Nacional de Medellín de Colombia, ganador de la Copa Libertadores de América, dado el dominio que las entidades de los dos continentes han ejercido hasta ahora desde que comenzara a disputarse la Copa Intercontinental en 1960.

Desde aquel entonces, cuando Real Madrid, campeón de Europa, jugó ante Peñarol de Uruguay la Copa Intercontinental, hasta el cambio de formato hacia el actual Mundial de Clubes en 2005 (con un ensayo que quedó sin continuidad en 2000), se disputaron 57 torneos para definir al mejor equipo del mundo, y en 54 de ellos los dos finalistas fueron europeos y sudamericanos.

Sin embargo, y no parece ya casual, es la tercera vez en la última década en la que un equipo sudamericano no llega a disputar la final porque Atlético Nacional de Colombia, no sólo campeón de la Copa Libertadores sino finalista de la Copa Sudamericana que no pudo determinar un campeón en el campo de juego por la tragedia del Chapecoense brasileño, fue derrotado por el elocuente 3-0 por los locales del Kashima Antlers.

Por primera vez, entonces, un equipo asiático llegaba a la final de un Mundial de Clubes, porque en las otras dos ocasiones, habían arribado el Mazembe de Condo en 2010 (había eliminado en semifinales al Inter de Brasil) y el Rajá Casablanca (Marruecos), que había dejado fuera de la definición al Atlético Mineiro, también brasileño, en 2013.

Sostenemos que no parece casual tanto a favor del equipo japonés como en contra de los equipos sudamericanos. En el caso del Kashima Antlers, no sólo pudo comprobarse en la semifinal, ganada por amplitud ante un equipo que en 2016 ejerció notable dominio en el continente sudamericano, no sólo ganando partidos o torneos sino también habiendo sido claramente el que mejor jugó en esas competencias, sino que luego volvió a demostrar su enorme crecimiento técnico y táctico en la final ante el Real Madrid, gran candidato para todos, por la calidad de su plantilla.

Kashima Antlers jugó en un altísimo nivel de gran paridad con el Real Madrid, lógicamente sufriendo durante el partido momentos de total dominio blanco y parado de contragolpe, pero también ha generado importantes llegadas y posibilidades de gol que convirtieron en figura al portero costarricense Keylor Navas, algo impensado antes de disputarse la final.

Notables figuras como Gaku Shibasaki, autor de los dos goles de su equipo, que por un momento estuvo incluso arriba en el marcador, pero también el portero Hitoshi Sogahata, de brillantes paradas, se pudieron mezclar con estrellas del fútbol mundial como Sergio Ramos, Marcelo, Luka Modric, Toni Kroos, Karim Benzema o el portugués Cristiano Ronaldo, autor de cuatro goles en el torneo y tres de ellos en la final, elegido mejor jugador y futuro Balón de Oro del año en curso.

Acabó imponiéndose el Real Madrid tan sólo en el alargue porque ya transcurrido cierto tiempo, el desgaste para cualquier rival en el mundo es mucho mayor, y la potencia de tamaños jugadores hace la diferencia, pero ha sido una enorme sorpresa el desempeño del Kashima Antlers, que abre las puertas a un cambio de paradigma: el futuro ha llegado.

Desde el punto de vista del fútbol sudamericano será necesario un amplio replanteo de la situación para la disputa de futuros mundiales de clubes (el próximo será en Emiratos Arabes) porque hay un evidente retraso en el juego y especialmente en cuestiones administrativas.

Anteriormente, las Copas Intercontinentales o luego los primeros Mundiales de Clubes eran tomados como el principal objetivo en el año, incluso superior al de las entidades europeas, pero el calendario y la situación económica conspira contra esto.

Si la Copa Libertadores termina a mediados de año, y luego de finalizada se abre el mercado de verano de Europa y Sudamérica es en fútbol un continente exportador por naturaleza, acaba ocurriendo que los sudamericanos no llegan a diciembre con la plantilla ganadora sino con un remiendo de la misma y con varios cambios, mientras que los europeos llegan aún más reforzados a la cita de fin de año, y la diferencia es demasiado amplia entre unos y otros, algo que comenzó a evidenciarse desde 2004, pero que ya en el último lustro determinó que los sudamericanos ya ni siquiera puedan llegar a la final.

En cuanto al cambio por el uso de la tecnología, lo ocurrido en el partido por la semifinal entre el Kashima Antlers y el Atlético Nacional de Colombia, cuando el árbitro húngaro Víktor Kassai convalidó con mucho atraso el penalti para el equipo japonés (en el que hasta se discutió si previamente no había fuera de juego del jugador Daigo Nishi, quien fue objeto de falta por el defensor Faryd Díaz), marca un antes y un después .

De todos modos, la forma en que fue cobrada la falta que dio lugar al primer gol del Kashima Antlers, da lugar a serios replanteos porque no puede transcurrir tanto tiempo hasta resolver una jugada, porque el público entra en una considerable confusión y a su vez debe haber claridad sobre los puntos del reglamento que quedan afectados en la consideración del video ref, porque como en este caso pudo haber ocurrido, el sistema no tomaba en cuenta a las posiciones adelantadas y esta situación, en caso de haber ocurrido, era previa a la del penalti.

El uso de la tecnología en el fútbol siempre será bienvenido  cuando ya estamos pasando el promedio de la segunda década del siglo XXI y cuando otros deportes llevan mucho tiempo accediendo a lo más moderno para los fallos polémicos, pero también hay que evaluar el contexto del deporte con más aficionados en el planeta.

Sería casi impracticable si para cada determinación con video ref se perdiera tanto tiempo y en determinadas culturas pasionales como la latina, ese tiempo sin decisiones sería fatal, además de dar lugar a todo tipo de presiones, por lo que una posibilidad sería que por ejemplo los capitanes de cada equipo acompañaran al árbitro a observar la repetición en una cámara de control.


En fin, el uso de la tecnología puede ser fundamental pero todo indica que la experimentación en las fases iniciales daba más para un torneo sub-17 o de menos importancia planetaria que un Mundial de Clubes, pero puede servir  como experiencia para el futuro.

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