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viernes, 2 de diciembre de 2016

El Chapecoense y los misterios del vuelo de la selección argentina




A medida que van pasando las horas y que de a poco el mundo del fútbol va poniendo los pies en la tierra tras la brutal caída de la aeronave de LaMia que costó 71 vidas, muchas de ellas de jugadores del Chapecoense brasileño y de veinte periodistas de ese país, que iban a viajar el pasado martes 29 de noviembre a Medellín para la primera final de la Copa Sudamericana, también van apareciendo muchos nuevos elementos para el asombro, relacionados con aquel vuelo de la selección argentina a Belo Horizonte para jugar ante Brasil por la clasificación al Mundial de Rusia 2018.

La selección argentina no sólo tomó también un vuelo de la compañía de chárters boliviana LaMia, piloteada también por el boliviano Miguel Alejandro Quiroga, a su vez también dueño y que utilizaba la única nave en condiciones de las tres que posee la empresa (las otras dos se encuentran en reparaciones), sino que en el caso del viaje de Buenos Aires a Belo Horizonte y su regreso, genera dudas muy serias en cuanto a su legalidad.

Aquel vuelo CP 2933 del pasado 7 de noviembre, tomado por el plantel de la selección, y en el que al inicio encontró a Quiroga entre los pasajeros saludándolos y deseándoles “buen viaje”, se realizó con un chárter boliviano cuando la Ley de Chárters de Brasil, según la ANAC (Asociación Nacional de Aviación Civil), sólo permite que sean o brasileños o del país de origen o destino, por lo que en este caso, los únicos chárters permitidos habrían sido de Argentina o Brasil.

El diario OGlobo, en su edición del miércoles pasado, 30 de noviembre, es explícito en la materia y cuenta cómo en los últimos días, precisamente tres chárters de LaMia ingresaron al país pese a que la ANAC no los permitió, entre octubre y noviembre, y sobrevolaron Minas Gerais (casualmente, donde se encuentra Belo Horizonte), Natal y Brasilia, en horario pico y sin permiso internacional. Demasiada casualidad.


En aquel vuelo del 7 de noviembre, de Buenos Aires a  Belo Horizonte, viajaron, además del cuerpo técnico de la selección argentina, asistentes y siete futbolistas: Marcos Acuña, Emmanuel Mas, Fernando Belluschi, Angel Correa, Nahuel Guzmán, Guido Pizarro y Ezequiel Lavezzi.

Omar Souto, el gerente de Selecciones Nacionales, aporta datos muy interesantes sobre este vuelo y otros de los equipos argentinos en el pasado.

“Nosotros no pedimos ningún permiso a Brasil ni a nadie para volar en el chárter ni a nadie, y tampoco la Conmebol intervino en ninguna cotización de chárters ni nada. Tuvimos cinco a seis presupuestos, de Aerolíneas Argentinas, una aerolínea chilena, otra española, la agencia Rotamund (viejo proveedor de los tiempos de Julio Grondona en la presidencia de la AFA) y decidimos al final más por confianza con el operador y con el vuelo”, recuerda el funcionario.

Souto, al contrario de lo que se dice de las posibles quejas de los jugadores tras el vuelo, sostiene que el de LaMia “fue el mejor vuelo, incluso el que mejor nos dio de comer”.

También Souto recuerda que en 2001 “Nosotros volamos con el sub-17 (en el que se encontraba entre otros Carlos Tévez) al Mundial de Trinidad Tobago, desde Estados Unidos, el día anterior al atentado a las Torres Gemelas de Nueva York y hasta tomamos el mismo vuelo que uno de los que al día siguiente (11 de setiembre) se estrelló. Por suerte, fue un día antes”.

Souto ironiza con este cronista cuando es consultado acerca de la responsabilidad dirigencial por haber viajado en el chárter de LaMia y apunta: “¿Te fijaste si la rueda del remisse que cada día te lleva al trabajo tenía bien los tornillos?” para rematar que los dirigentes “no sabemos nada, confiamos en la gente que contratamos, para eso pagamos un servicio”.

“Además –insiste- ¿vos te creés que a alguien le interesaba mirar el avión al regreso de perder 3-0 contra Brasil? Ese vuelo era un velorio. Trascendió solamente por lo que le pasó al Chapecoense. Si no, no pasaba nada”.

Souto insiste en que la Conmebol “no tiene nada que ver con los vuelos de la selección argentina porque nosotros mismos nos encargamos de toda la logística. Creo que la Conmebol y la empresa Offside (http://www.offsiderio.com.br), es para los equipos, pero no para nosotros. Me imagino que si el avión partió a destino, sería porque tenía permiso, pero no lo sé”.


Souto cuenta que para los partidos de clasificación para el Mundial, la AFA tiene convenio con el resto de las federaciones sudamericanas, excepto con la venezolana, que no quiso firmar: cada federación local provee de hotel, policía de seguridad, ambulancia, coches, canchas de entrenamiento, aceleración de trámites de migraciones, y cada una se hace cargo de los gastos. Y unos días antes de cada partido como visitante, generalmente los viernes a la noche, viaja al destino del partido un miembro de la oficina, alguien de Seguridad, un integrante del cuerpo técnico y hasta de la cocina para observar todo.

Souto también recuerda casos anteriores como el del ex entrenador de la selección argentina Marcelo Bielsa, “que le tenía miedo a los aviones. Una vez viajamos a Perú con los equipos, la absoluta y la sub-20 y por un desperfecto, hubo que esperar y nos dijeron que lo arreglarían, pero ya el DT no quiso seguir. Entonces vino el capitán, le mostró la foto de la esposa y sus hijos pequeños y le dijo “¿usted cree que si yo no estuviera seguro, me subiría a pilotear?”…pero hubo que esperar a seguir hasta el día siguiente y Bielsa viajó otra vez”.

La gran pregunta es si este es el contexto para que jugadores de èlite viajen a partidos importantes de clasificación para un Mundial después de los hechos conocidos, no sólo por la tragedia del Chapecoense sino por todo lo que ahora se sabe del propio vuelo de la selección argentina.

¿Es posible que los clubes de élite permitan situaciones de riesgo extremo que los jugadores que ceden atravesaron en este tiempo, más allá de que muchos no han tomado consciencia de ello?

Pero no todo termina allí: aparece ahora la extraña relación entre la empresa de logística Offside y la Conmebol, que deberá ser explicada, como también, si efectivamente el chárter de la selección argentina a Belo Horizonte fue legal o no.

Pero aún hay otro interrogante que se cierne sobre el fútbol sudamericano. ¿El negocio real es el traslado de los jugadores o hay algo aún mayor, que reditúa muchísimo más, y que hace que sean determinadas las empresas elegidas para volar “por la confianza que nos brinda”?.

Continuará.


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