lunes, 10 de octubre de 2016

En La Roja, el gran tema es la efectividad en la posesión (Yahoo)




Demasiado pronto, apenas con tres jornadas cumplidas sobre las diez totales, el Grupo G de clasificación mundialista para Rusia 2018 parece irse definiendo, y la selección española de Julen Lopetegui tiene demasiados boletos como para quedarse entre las dos primeras y sus chances son muy altas.

Sin embargo, hay varios puntos que todavía deben debatirse y que no parecen tan claros en cuanto al juego desplegado por “La Roja” desde que ha comenzado el nuevo ciclo, pero que en lo profundo, se mantienen desde los anteriores tiempos de Vicente Del Bosque.

Es que el esquema táctico utilizado por la selección española en los tres primeros partidos, pero que pudo notarse con especial énfasis en estos dos de la serie que acaba de finalizar, ante Italia y ante Albania, vuelve a mostrar algunos déficits que luego pueden llegar a pagarse muy caro en la máxima instancia y que sin embargo pueden quedar disimulados ahora, en este grupo clasificatorio, ante rivales sustancialmente menores.

Ya con Del Bosque, y en especial en el Mundial de Brasil 2014, se había notado un equipo cansado, con un ritmo lento, con toques cortos, y con demasiados volantes y escasos delanteros, algo que ahora parece repetir Lopetegui, acaso con la idea de monopolizar la tenencia del balón.

Eso de por sí no es malo, es lógico que con la calidad de volantes que tiene el fútbol español, se pretenda tener el balón todo lo posible. El problema es que sumando jugadores de buen pie pero sin tanta capacidad de gol, acabó ocurriendo que la selección española plantea todos los partidos por igual: largos dominios, por momentos hasta abrumadores, pero que no llegan a demostrar en el marcador, en el resultado, la diferencia de juego que se apreció en el campo.

Es decir que el mayor déficit que encuentra hoy la selección española es no poder concretar ese dominio en goles, en una diferencia real, y acaso esto podría solucionarse volviendo al 4-3-3, con dos extremos, un nueve goleador, dos volantes de buen pie por detrás de la línea de ataque, y continuar con un mediocentro de la calidad contrastada y la experiencia de Sergio Busquets.

En principio, con Busquets y los cuatro del fondo (habitualmente Carvajal, Ramos, Piqué y Alba), la defensa suele estar bien parada y garantiza seguridad y hasta capacidad para sumar gente en ataque si hace falta, ya sea por proyección de los laterales o la capacidad en el juego aéreo de los centrales.

Entonces, la cuestión más importante por resolver es desde el medio hacia arriba. La suma de volantes, si bien garantiza el buen trato del balón, al mismo tiempo genera menos profundidad y cuando se trata de jugar ante equipos que se saben muy inferiores, cuesta penetrarlos cuando se cierran completamente, con sus once jugadores en campo propio, y parece bastante claro que la mejor forma de abrirlos es con extremos, máxime si se cuenta con ellos como es el caso de España, que puede disponer de Nolito, Callejón, Lucas Vázquez o eventualmente, Pedro.

Es decir que Lopetegui no tiene el problema de tener que adaptarse a cierta limitación de jugadores, sino que dispone de una enorme riqueza en el momento de tomar decisiones, pero ha optado por colocar en el campo, además de Busquets, a otros tres volantes creativos (por lo general se mantienen Iniesta y Silva, y se suma Thiago Alcántara, Koke o Isco), y ha dejado en el ataque solamente a Vitolo y a un nueve como Diego Costa.

Especialmente en los dos últimos partidos, ante Italia y ante Albania, ambos fuera de casa, la situación ha sido parecida: un dominio abrumador de España, teniendo siempre el balón, pero si no fuera por sendos errores defensivos más ligados a lo accidental que al mérito de los de Lopetegui, probablemente el empate no se habría alterado en los noventa minutos.

En el primero de los casos, Italia (que sorprende por la actitud temerosa y defensiva ante España luego de haberla eliminado de otra manera apenas tres meses antes en la Eurocopa) venía cerrándose bien para conservar el empate cuando extrañamente, el experimentado portero Gianluiggi Buffon cometió un grave error que permitió la apertura del marcador, y aún así, con la necesaria aparición de espacios cuando los azzurros tuvieron que salir a buscar el empate, “La Roja” pareció no aguantar físicamente los embates hasta que llegó el empate como demasiado premio para los locales.

Ante Albania, la superioridad fue aún mayor que ante Italia, pero otra vez un error defensivo local permitió, por fin, que Diego Costa sacara la diferencia y aunque también el partido se facilitó por la supuesta apertura de los rivales a los que no les servía el empate, tampoco la diferencia fue tan grande en el marcador como la que hubo en el partido.

Basta ver cualquier partido de la selección alemana para entender a lo que nos referimos. Hoy, la selección española se encuentra, en ritmo y táctica, muy por debajo de ésta, y no se trata de la calidad de sus jugadores, sino de la idea general de juego.

El equipo de Joachim Low practica el mismo fútbol que España pero con mucha mayor movilidad, la misma o mayor posesión de balón, pero ocupa distinto los espacios y llega mucho más a posición de gol. Es decir que hay caminos alternativos para conceptos parecidos.

No parece que haya problemas en el grupo ni con la clasificación mundialista, que está encarrilada, pero una cosa es la matemática y otra distinta, el juego. Y en cuanto a éste último, si la selección española no cambia desde ahora, muy probablemente lo pague más tarde.


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