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sábado, 3 de junio de 2017

Cardiff está demasiado desbordada por una final tan grande (La Voz del Interior, Córdoba)



                                         Desde Cardiff, Gales

En la Unión Europea de Fútbol (UEFA) es un secreto a voces: esta vez, la elección anticipada de la sede de la final de esta edición de la Champions League, en el estadio Millennium de Cardiff, no fue la mejor idea teniendo en cuenta lo que le tocará albergar hoya las 15,45 de la Argentina (19,45 de Gales), cuando se enfrenten acaso los dos mejores equipos del mundo de la temporada, el Real Madrid, vigente campeón, y la Juventus.

Basta con descender del autobús que depositó a este cronista en Cardiff, en la mañana de ayer, proveniente de la vecina y más amplia Bristol (aún en tierra inglesa), para comprender que esta coqueta ciudad, perteneciente a otro país dentro del Reino Unido, puede reunir condiciones de belleza y de extraordinaria atención de su gente, pero en cuanto a infraestructura, está lejos de lo necesario.

Desde la estación de buses de Cardiff, en una zona parquizada que parecía entrever una lejanía hasta el destino final, hasta el propio estadio, ubicado en el centro comercial de la ciudad,  basta con una caminata de cuatro cuadras.

Y no sólo eso: en medio del andar, aparecerá toda clase de gente, pero en especial con camisetas del Real Madrid, preguntando por alguna entrada, casi sin importar lo que se pida por ellas, por la sencilla razón de que no abundan. Más bien, faltan.

Es que justamente Real Madrid y Juventus tienen legiones de simpatizantes porque no sólo son clubes de gran poderío, sino que tienen la característica de ser nacionales, es decir, con hinchas en todo su país, y con peñas en todo el mundo, lo cual agrava la demanda para un estadio construido para el Mundial de rugby de 1999 y que acepta una capacidad máxima para 74.500 espectadores.

La UEFA destinó igual cantidad de entradas para cada equipo y quedó un muy escaso remanente para distribuir al resto, a lo que hay que sumar que la exigencia de la entidad europea para una buena cobertura de prensa hace disminuir los espacios tribuneros para el simpatizante de a pie.

Sin embargo, Cardiff no sólo está desbordada por una infraestructura hotelera menor, que determina que muchísima gente tenga que alojarse en la cercana Newport o en la ya más grande y populosa Bristol, famosa por su gran universidad, sino también por lo futbolístico.

Pocas veces, una final fue tan esperada por muchas razones. Desde que la Champions League se juega con este formato (temporada 1992/93), ningún equipo pudo repetir consecutivamente el título, y el Real Madrid está a las puertas de conseguirlo.

También está en juego el contraste entre un club acostumbrado a ganar todas sus finales, como los blancos españoles, que van por la duodécima “orejona” (como se llama a esta Copa, por su forma), ante otro que llegó a ocho finales europeas y sólo pudo ganar dos, como la Juventus. O con historias cruzadas de algunos jugadores, como Sami Khedira o nuestro compatriota Gonzalo Higuaín, ex madridistas y ahora “juventinos”, o el director técnico francés del Real Madrid, Zinedine Zidane, símbolo de ambos clubes como jugador.

Sobre la enorme cantidad de derrotas en finales, o la chance de Higuaín de reivindicarse, por fin, justamente ante su ex club, el director técnico de los italianos, Massimiliano Allegri, nos respondió en la conferencia de prensa que el goleador argentino “no tiene nada que demostrar” y relativizó el pasado esquivo del club. “Cada partido es diferente”, pero eludió nuestra pregunta sobre si hubo tratamiento psicológico del planteo o no.

Hay en juego dos estilos. El de uno que no para de marcar goles en forma consecutiva, como el Real Madrid, o el que recibió apenas tres goles en toda la Copa, y sólo uno de jugada, como la Juventus. Hay cracks de los dos lados, desde el cuatro veces Balón de Oro, Cristiano Ronaldo, o nuestro Paulo Dybala, al que Zidane aludió al señalar que la Juventus “tiene ahora jugadores muy muy buenos en ataque”.

Y por si quedara poco, Cristiano Ronaldo se puede jugar parte de su quinto Balón de Oro, con el que alcanzaría a Lionel Messi, pero también lo aspira Gianluiggi Buffon, el excepcional y veterano arquero de la Juventus (39 años), quien reflexionó que sería “una despedida casi perfecta” porque lo ganó todo, menos la Champions.

La mesa está servida para una gran final, con pocas dudas en cada equipo. El local Gareth Bale (cuyas gigantografías aparecen en toda la ciudad) o Isco en el Real Madrid, Juan Cuadrado o Barzagli en la Juventus.

Cardiff desborda de gente, de demandas de entradas y hoteles, de gente comprando banderas, gorros y bufandas alusivas en los mercadillos de la peatonal St Mary, pero albergará, además, una final soñada, más para una gran metrópoli.


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