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jueves, 19 de septiembre de 2013

Fútbol y Antifascismo


 
Gracias a la gentileza del colega y amigo Rubén Costa, reproducimos este artículo publicado en la web del Colegio de Periodistas de Cataluña.
Esta fue una de las temáticas abordadas durante las últimas jornadas de Unitat contra el Feixisme i el Racisme celebradas el pasado mes de junio en el Centre Cultural Islàmic Català del Clot, en Barcelona, visto desde la particular perspectiva de Carles Viñas, historiador, y de Natxo Parra, abogado y miembro del Fanclub Catalunya del F.C. Sankt Pauli.
 
 Nos gusta el fútbol....
 
 
"Quiero aclarar que me gusta el fútbol, soy futbolero y por eso creo que hemos de ser críticos y los aspectos que no nos gustan los hemos denunciar. Por ejemplo, la violencia, los casos de racismo y xenofobia que son una lacra para el fútbol, para así poder mejorarlo””, así comenzó la intervención de Carles Viñas, un apasionado del fútbol que sigue a la distancia, al igual que Viggo Mortensen y el Papa Francisco, las vicisitudes del San Lorenzo de Almagro de Argentina.

Casi toda su intervención navegó entre el entusiasmo y la desazón, por los claroscuros tan evidentes que muestra el fútbol en estos casos y por las reacciones tan dispares que suelen dar las instituciones y los gobiernos frente a este fenómeno. Historiador y autor del libro “"El mundo ultra. Los radicales del fútbol español (2005)", Viñas considera que “Ultras no es un buen nombre para explicar estos grupos, no es un termino que engloba la totalidad de los seguidores que hay en el estado español. Por qué? Porque muchos se llaman anti ultras, porque la palabra ultra, en esencia, tiene reminiscencias históricas vinculadas con la ultra derecha que muchos de estos grupos rechazan - por ejemplo: en el País Vasco, los seguidores del Athletic de Bilbao se llaman anti ultras. Por lo tanto, desde mi punto de vista, creo que radicales, seguidores radicales es un termino más exacto para referirnos a este tipo de agrupaciones”

Los inicios en España

En el estado español este fenómeno tuvo su origen durante el Mundial 82, cuando con la llegada de los “tifosi” italianos y los hinchas ingleses, muchos jóvenes se sintieron atraídos por la animación, el color, los cánticos y las banderas. Los pioneros, entre otros, fueron los Boixos Nois del Barça y los Ultrasur del Real Madrid. Las primeras imágenes de las gradas no dejaban de ser llamativas, en el caso de los Ultrasur convivían punks, heavys, banderas anarquistas y neofascistas, un conglomerado de opciones que luego cambió.
Según Viñas existe “una pluralidad pseudoideológica. Hablar de estos grupos y vincularlos a una ideología o política determinada es muy complicado. La mayoría de estos grupos reproducen eslóganes, cánticos, una cierta parafernalia y simbologia, pero que no va más allá de esto. No tienen formación política, por lo tanto, no los puedo vincular a la política”

Durante la década de los años 80' y 90', la estética de muchos de estos grupos se hizo más definida (cabezas rapadas, botas) y se le sumó la espiral de violencia con los primeros muertos en enfrentamientos entre grupos. Ante ello, el desconcierto de autoridades y policía minimizando la situación. Pero, al final, en el marco de la Ley general de Deportes (1990), se termino por generar operativos especiales para el fútbol, como es la Unidad Control Operativo (UCO) que está presente en todos los estadios de primera y de segunda división del estado español.

A finales de los años 90' y comienzos de este siglo asistimos a un nuevo cambio debido a la presión policial, social y a la falta de relevo generacional. Muchos de los integrantes son, como dice Viñas, “veteranos, con muchos antecedentes policiales, y por eso disminuye la violencia”. La nueva moda, estética y pseudopolítica, tiende hacia los denominados “grupos de animación" no políticos que fue una tendencia común, prácticamente en la totalidad de Europa”.
El racismo, una doctrina que va muy de la mano con el fascismo, fue otra de las grandes problemáticas abordados en estas jornadas.

Y con el racismo, ¿qué pasa?

“La mayoría de las medidas y acciones contra el racismo en el fútbol son liderades por Inglaterra, que es el país en el que hay más tradición en este tipo de acciones. También son las que tienen más fuerza porque involucran a la gran mayoría de los estamentos del fútbol: desde el Sindicato de Futbolistas Profesionales a la Federación Inglesa como es el caso de la campaña Kick it Out”. Pero en España, tal como indic Viñas, "Hacer esto es muy difícil, aquí tan sólo son algunas figuras públicas, o sea, los jugadores profesionales que se implican, como Piqué, Messi, Keita, que como gesto es importante, pero se necesita una mayor implicación de todos los actores institucionales del fútbol español”.

“Aquí se actúa a golpe de reacciones”, asegura Viñas. “Pasa algo, como el caso de Samuel Etoo en el campo del Zaragoza, en el año 2010, donde el jugador fue recibido con los gritos de mono, y entonces se crea un Observatorio contra la Violencia, el Racismo y la Intolerancia en el fútbol. Es un Observatorio que existe en teoría, ya que desde aquel año, a su presidente Javier Duran no lo han convocado a ninguna reunión del Consejo Superior de Deportes. No hay voluntad de acabar con los casos de violencia, racismo y xenofobia en el fútbol. Se tiende minimizar y banalizar los hechos y este sentido el caso Aragonés fue paradigmático". En octubre de 2004, Luis Aragonés fue grabado durante una sesión de entrenamiento diciendo a José Antonio Reyes que él era mejor 'que ese negro de mierda', refiriéndose a su –en su momento- compañero de equipo en el Arsenal, Thierry Henry. Un hecho como este en otro país habría acabado con un cese fulminante - aquí, no.

Para Viñas no se encara el fenómeno porque, por un lado, “hay un gran desconocimiento, se desconocen las raíces sociales de lo que pasa”; por otro, las respuestas que se suelen dar están cargadas de hipocresía “porque se tiende a criminalizar a los grupos de jóvenes seguidores y eso es un error. Es cierto que hay seguidores radicales que muestran comportamientos racistas (“abusos racistas”, le dicen en Inglaterra), pero también hay grupos que hacen campaña contra el racismo. Por ejemplo, los seguidores del Bilbao hicieron un acuerdo con SOS Racismo para facilitar que las personas inmigrantes pudiesen asistir a un partido determinado y así poder participar de una jornada de hermanamiento”. En realidad, estos grupos se convierten en los chivos expiatorios de una acción racista que comparte el resto del campo, pero que si se denuncia la respuesta es, invariablemente, 'yo no soy racista, son esos chicos que son unos descerebrados'. Las conductas racistas no son patrimonio del fútbol, tienen sus raíces en nuestra sociedad y su cultura. El fútbol, como deporte mediático, sirve a estos grupos de inmejorable escenario para su actuación.

Entre otras acciones a nivel europeo, rescató también Viñas el caso de “Alerta Network, creada en el año 2007, que es un red de hinchas europeos que pretende luchar contra el racismo y la violencia en el fútbol y que es la primera organización de seguidores radicales. Otra experiencia a la que hizo mención fue el Mundial Antirracista que se disputa desde 1997 en Italia, en Reggio Emilia, “donde participan equipos formados por seguidores radicales, refugiados políticos, inmigrantes, escuelas, etc. En su primera edición participaron ocho equipos y unas ochenta personas. Esta iniciativa ha ido creciendo, en la edición del 2012 participaron 190 equipos de futbol, sumaron otras disciplinas deportivas, totalizando un participación de seis mil personas. En Catalunya se está intentando consolidar una idea similar: el Mundial Antirracista que organiza en Barcelona, desde hace dos años, el Fanclub Catalunya del Sankt Pauli.

F.C. Sankt Pauli

A Natxo Parra, abogado y miembro del Fans Club del Sankt Pauli también le gusta el fútbol, solo que matiza que se acerca a él desde una determinada perspectiva política (extrema izquierda), desde el antifascismo y el antiracismo. Por eso valora la existencia de un club como F.C. Sankt Pauli, de la segunda división de la Bundesliga, “un club del barrio rojo de Hamburgo, hecho desde abajo, desde la graderia y que es el único club del mundo que en sus estatutos se declara contra el racismo, el fascismo, el sexismo y la homofóbia.

Es de tal magnitud el peso de la hinchada del Sankt Pauli, que en los últimos años hicieron retirar del campo dos campañas publicitarias por su carácter sexista: una de la revista FHM y otra de una cadena de sex-shops. El club perdió sin duda una inversión, pero la oposición de la grada desde el primer momento tuvo más peso que las razones económicas.

Tanto Parra como Viñas coinciden en que hoy, ante la falta de implicación institucional y política en España para luchar contra estas lacras, adquieren mayor importancia acciones y experiencias como los torneos antirracistas, las jornadas como las de Unitat y el trabajo de divulgación en redes, entre otras acciones. Viñas lo resume de la siguiente manera: “recomiendo la asistencia a los mundialitos, como el que se organiza en la Reggio Emilia (Italia) porque es una gran experiencia, tanto de logística como de hermanamiento, para poder ver y comprobar que no estás solo en la lucha contra estos comportamientos en los campos de fútbol”.

 

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