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lunes, 2 de septiembre de 2013

Supercopa de Europa, un feliz regreso (Por Fernando Vara de Rey)



El final de las vacaciones y el retorno al imperio de lo cotidiano se va volviendo más dulce o más soportable con la irrupción de la nueva temporada futbolística. El preludio cada vez más exótico de las giras de pre-temporada encuentra su prolongación en las supercopas locales que abren las distintas ligas (salvo en el caso español, inoportunamente programada iniciado el Campeonato). En espera de un nuevo carrusel de partidos los medios de prensa se disfrazan de revistas del corazón anunciando los penúltimos fichajes, bosquejando portadas en las que las estrellas lucen –como nuevas amantes- sus nuevos colores, fraguando onces que tal vez serán.
 
Las playas se vacían del rastro de los veraneantes al tiempo que se traban los nuevos desafíos: la Premier con Mourinho y sin Fergusson, el Scudetto del emergente Nápoles, la Liga en la que Bale y Neymar duplicarían el talento de Cristiano y Messi, la Bundesliga de Guardiola versus Klöpp. El fútbol nos aguarda a la vuelta del último baño, brindándonos una intensa temporada que nos devolverá a otra playa esta vez brasileira en las orillas del próximo Mundial.

Europa vivió con expectación el sorteo de la inminente Champions League. Al día siguiente y esta vez no en Montecarlo sino en Praga se citaban los dos campeones continentales en pos de una nueva edición de la Supercopa: el Bayern de Münich que izó la Champions League, el Chelsea que se impuso en la UEFA League. Un grande de todos lo tiempos y una potencia emergente en las dos últimas décadas, dos gigantes cuyo rutilante paso en Europa no fue suficiente para mantener a sus respectivos entrenadores. Bayern dio por concluida la etapa de Heynckes sin prever la triple corona con que cerró el curso pasado, Chelsea se desprendió de un Benítez que nunca fue aceptado por la grada “blue”. Sus respectivos sustitutos ya triunfaron en otras latitudes, ya ganaron en más de una ocasión la ansiada Champions League y ya se midieron fieramente al sol de la liga española. Pep Guardiola, José Mourinho, dos caracteres fuertes, dos estilos innegociables, dos almas ganadoras.
 
Felizmente todas las expectativas tuvieron fruto en un duelo que augura una Temporada memorable. Tal y como cabía esperar los dos equipos encarnaron el ideario futbolístico de sus generales: Mourinho confería su credo táctico a los jugadores que ya tuvo en su primera etapa en Londres (Ivanovic, Cole, Lampard,…), Guardiola encomendaba su juego de pase rápido y corto a los hombres más habilidosos (Lahm, Robben, Müller,…).

En los primeros compases el juego estaba donde deseaba Mourunho: presión inicial, superioridad en el centro del campo, y un gol de ventaja que -porqué no- podría ser suficiente. Tras una brillante incursión del belga Hazard marcó Fernando Torres, el más discutido de los indiscutibles, y el Chelsea se afirmó entonces en un juego sin fisuras con el que cerró la primera parte.

 Sin embargo apenas iniciada la segunda parte marcó Ribery, festejando su reconocimiento como mejor jugador de la Champions 2012-13. Fue entonces más perceptible la apuesta de Pep: velocidad, toque, despliegue. A falta de Xavi e Iniesta o mejor dicho de Tiago y de Shweizteiger, Toni Kroos pivotaba en medio del cada vez más nutrido ataque bávaro gracias a la incorporación de Javi Martínez y Götze. El marcador no se movió y condujo a la prórroga, condicionada por la expulsión de Ramires por doble amarilla en el minuto 85.

 Porque Mourinho introdujo en el campo a Terry y a Obi Maikel, una doble propuesta defensiva. Entremedias Hazard rubricaba su sensacional actuación marcando el 1.2 que esta vez si parecía definitivo. El Bayern estiraba líneas, atacaba por el centro y por los flancos, y se estrellaba ante la maestría de Cech bajo los palos. La última bala de Guardiola fue incorporar a la delantera al bravo Javi Martínez, quien fue capaz de batir al imbatible en una jugada épica. 2.2, sentenciaba el marcador.

Y llegó la tanda de penalties, en la que nadie se acordó, pese a disputarse en su patria chica, del intrépido Panenka. Disparos implacables a la red, muy lejos de los guantes de los porteros. Los primeros nueve lanzamientos se convirtieron el gol, el décimo correspondía al “blue” Lukaku que había sustituido minutos atrás a Torres. Mourinho le hizo una señal, Lukaku colocó el balón, emprendió una carrerilla que nos transmitió cierta inseguridad, y su tiro blando y sin malicia terminó en las manos ya campeonas de Neuer. El Bayern de Munich se alzaba con la Supercopa, el Chelsea perdía su segunda final consecutiva en este torneo, y la afición de toda Europa se frotaba las manos en el excelente prólogo de la nueva Temporada. Es el fútbol, que ya está de regreso.

 

 

 

 

 

 


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