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martes, 24 de septiembre de 2013

Lombardos y partenopeos (Por Fernando Vara de Rey)



Comenzó el Calcio, con algo menos de esplendor que en lustros anteriores pero con una chispa de competitividad que se echa de menos en algunas de las grandes ligas. La crisis económica ha ido minando el poder de Inter y de Milán, aspirantes tradicionales a lucir el scudetto, y ha dejado como dominador a una Juventus que va dejando atrás el azufre de su penitencia en la Serie B. La Vecchia Signora resulta la gran favorita para alzarse con el título por tercer año consecutivo: con un equipo sólido en defensa, con un armonioso centro del campo en el que brilla el todoterreno chileno Arturo Vidal, con una delantera que cuenta con todos los recursos tras la incorporación de Tévez y Llorente. A falta de problemas la prensa italiana se cuestionaba por la ausencia continuada del delantero español (“Llorente, e solo bello?”, titulaba Tuttosport) de modo que entrenador y futbolista hubieron de reaccionar: Conte alineó a su flamante 9 frente al Hellas Verona, y Llorente zanjó la cuestión con un cabezazo a las mallas.

Roma o Nápoles son según la prensa algunos de los escollos que la Juve habrá de burlar en pos de su tercer scudetto consecutivo. Por el momento ambos comparten liderato y pleno de victorias, imponiéndose además en dos clásicos repletos de dificultades.
 
La Roma se enfrentaba a su eterno rival, el Lazio. Un derby siempre desbordante, inmenso. Uno y otro equipo se presentaban sin demasiados retoques con respecto al pasado año y con dos futbolistas que forman ya parte del escaparate de la historia: a un lado la magia luminosa de Totti, al otro el olfato voraz de Klose. Pero el nombre del día fue el de un semi-desconocido, un lateral izquierdo de nombre Balzaretti que en el día más señalado conseguía el primer gol de su carrera. Fue una jugada de fe, un doble remate que tuvo su expresión más hermosa cuando segundos después Balzaretti rompía a llorar sin desconsuelo. Su felicidad y la de la hinchada romana fueron totales cuando Ljajic marcaba el 2.0 de penalty, y dejaba a la Roma como líder en solitario.

Tal liderato no tardó sin embargo en ser compartido. Al caer la noche comenzaba en San Siro el duelo entre Milán y Nápoles, norte contra sur. El Milán presentaba un once repleto de jugadores jóvenes, y además de la baja de El Sharaawy padecía o tal vez no la ausencia de un repescado Kaká en la última oportunidad de su vida deportiva. Frente a los lombardos se alineaban los partenopeos, uno de los equipos de moda en el Viejo Continente. Lejos de amedrentarse por el traspaso de Cavani, el Nápoles parece haberse reforzado con tino en el cada vez más exportador fútbol español: llegaron Reina, Albiol, Callejón, Rafa Benítez como máximo responsable y sin duda decidido a vengar su mísero y breve período al frente del Inter.

Y llegó Higuain, quien pese a sus números y su espíritu de trabajo nunca contó con el aliento del inmisericorde Bernabeu: decían que fallaba demasiado, decían que se evaporaba en los grandes duelos. Pero si las cámaras no engañan Higuain se ha liberado de toneladas de tensión y está llamado a ser una de las revelaciones del Campeonato. Sus virtudes parecen encajar y multiplicarse en un equipo a su medida, dotado como es propio en los equipos de Benítez de orden táctico y presión asfixiante. Con tales armas la defensa local titubeaba en la salida del balón -¿dónde estará Thiago Silva?, parecían preguntarse- y la posesión visitante culminó en un primer gol por mediación del uruguayo Britos. 0-1 y sólo unos minutos después una bonita combinación suponía el 0-2. Gol, naturalmente, de Higuain.

Las posibilidades del Milán parecían esfumarse, máxime cuando Ballotelli abandonaba el campo con una cojera. Sin embargo alguno de sus complejos circuitos se recompuso y volvió, más grande y más combativo que nunca. El ex del City capitaneó la reacción rossonera, y en sus botas tuvo una gran ocasión que se quebró en el travesaño y más tarde dispuso de un penalty a favor. Corría el minuto 61 y se disponía a chutar con la confianza de haber transformado 21 de sus 21 lanzamientos como futbolista profesional; pero esta vez no pude ser, Pepe Reina adivinó y despejó el lanzamiento, con arrestos para enojar a un tipo temible. El mismo que aún tuvo tiempo de marcar el 1-2 con un remate extraordinario, el mismo que vio su segunda tarjeta amarilla ya camino de los vestuarios y que tuvo que ser contenido por sus compañeros.

Venció el Nápoles y la victoria supone su cuarta victoria en cuatro partidos y la confirmación de un equipo de hormigón que juega para ser alternativa. Venció el Nápoles y escribió una de sus páginas más felices tras 27 años sin poder derrotar a los rossoneri en su ilustre cancha. Ya no nos acordamos de aquel triunfo, pero si del capitán general de aquel equipo: era un tal Maradona, el de las botas aladas y la mano de Dios.

 

 


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